sigamos...
I
En el andén 9 y ¾
Todo comenzó una tarde de un primero de Septiembre en la estación de trenes de Londres, King Cross en el andén 9 y ¾.
--Apúrate cariño que ya se nos hizo tarde y la madre James nos está esperando –dijo mi madre, esta era una mujer de unos treinta años de estatura media y morena.
--Ya voy, espérame –contesté. Tenía 11 años y corría tras mi madre para alcanzar el expreso Hogwarts que salía a las 11 en punto y al que sólo le quedaban 10 minutos para partir.
Cuando atravesamos el pilar que daba al andén 9 y ¾ nos vimos de frente a una tren enorme de color escarlata, me sorprendí, al ver por primera vez, el majestuoso tren. Mi madre seguía caminado, hasta que paró cerca de una pareja y un niño de mi misma edad.
--Hola, Dora, Charlus, James –saludó cordialmente mi madre a la familia Potter.
--Hola, cariño –contestó Dora, una mujer pelirroja de rasgos finos y hermosos.
--Hola, Amanda –saludó Charlus con amabilidad.
--Hola, tía –saludó James y luego, preguntó –Maylin, ¿Dónde está?
--Viene atrás, querido, ¿la puedes ir a buscar?, por favor – Pidió mi madre a James.
--Si, como no –aceptó alegre para luego salir corriendo en mi búsqueda.
Yo estaba un poco desorientada, no veía a mi madre por ningún lado y esto me provocaba un poco de miedo. Agarré mi baúl, mi lechuza, Ámbar, y salí a buscar a mi madre, pero cuando me disponía a caminar choqué con otro pequeño de cabello negro y grasiento.
--Oh, perdona no fue mi intención –me disculpé con el niño.
El chico me miró con hostilidad y con un desaire se marchó. Yo sólo lo miré un poco extrañada y reanudé mi paso. Un niño de cabello negro y de ojos grises se acercó a mí, ya que se dio cuenta que esta estaba perdida.
--¡Niño! –gritó el pequeño, pero nunca pensé que me llamaba a mi. El Pequeño se extraño de mi comportamiento, así que se me acercó más a mí.
--Oye, te hablo a ti –me reprochó el niño.
Me se giré y vi a un niño más alto que yo que me miraba un poco molesto, pero aun así con una sonrisa en los labios.
--¿A mi? –pregunté un poco confundida.
--Si, a ti –contestó el pequeño.
Yo le mire, y no respondí, me dio vergüenza que me confundieran con un niño, pero quién no lo haría si se llevaba una gorra y ropa deportiva.
--Perdona, ¿Cuál es tu nombre? –me preguntó el niño.
--Me, meeee... –titubeé, tomé un poco de aire y logré calamar un poco mis nervios – Me llamo Maylin Perazzy, ¿y tú? –contesté al fin.
El chico se sorprendió, ya que pensaba que era un niño y no una niña, así que antes de contestarme lo más corrector era que me pediera disculpa.
--Lo siento, te confundí con un niño. –Dijo avergonzado y luego, apuntando la gorra –por la gorra. –Volvió a sonreír y con simpatía se presentó –Mi nombre es Sirius Black –estiró la mano para saludarme ampliando su sonrisa. Yo se la estreche un poco nerviosa, ya que no estaba acostumbrada a socializar y mucho menos con chicos amables y simpáticos. Una voz gritó mi nombre y di un respingon al sentirla cerca
-- ¡May!, ¡May! –gritaba James cuando me diviso entre la gente, fue corriendo a nuestro encuentro, yo al ver que era James, también salí corriendo para abrazarlo, ya que no nos vimos en casi todo el verano, para ser mas exactos dos largos días. Para nosotros era una eternidad inaguantable. El pequeño Black miraba la escena con anhelo, ya que el pobre chico nunca había tenido amigos. Cuando me separe de James y le di la mano para que fuéramos donde se encontraba aun el pequeño Sirius, cuando llegamos ahí fui yo la primera en hablar.
--James, él es Sirius Black, Sirius él es James Potter –los presenté educadamente.
Sirius se extraño al oír el apellido de James, ya que pensaba que éramos hermanos, por el parecido.
--Hola –saludó alegremente Potter
--Hola –contestó Sirius un poco desconcertado, esto para mí no pasó desapercibido y le pregunté:
--¿Qué te sucede, Sirius?
--Es que pensaba que eran hermanos –contestó con sinceridad.
James y yo nos miramos unos segundos y luego, nos echamos a reír, pues no era primera vez que nos decían que eran hermanos.
--Pero no se rían –nos reprochó Sirius.
--No es de ti, si no de la coincidencia –contestamos a coro y al ver lo que había sucedido nos echamos nuevamente a reír, pero esta vez Sirius nos acompaño.
Luego de unos minutos hablando nos subimos al tren escarlata, pero antes nos despedimos de nuestros respectivos padres. Los tres buscamos un compartimiento vació para ir solos y seguir conociéndonos, pero nos encontramos con que ninguno estaba desocupado, así que decidimos quedarnos en el que sólo había un niño de cabello rubio oscuro y de tranquilos ojos dorados.
--Hola, -salude al niño --¿te molesta si te hacemos compañía? –pregunté con una sonrisa amable.
El pequeño de los ojos dorados nos miró examinándonos y luego, de unos segundos, nos asintió con la cabeza y una sonrisa dulce.
--Mi nombre es Maylin Perazzy y él –dije apuntando a James –es James Potter y él –esta vez apuntando a Sirius —es Sirius Black ¿y tú eres? –terminé por preguntar.
--Mi nombre es Remus Lupin –contestó con timidez el aludido.
--Un gusto –dije sencillamente estirando mi mano para saludar al pequeño Lupin quien correspondió al saludo con una sonrisa un poco más segura. El viaje fue lleno de risas, nunca pensé congeniar con ello tan bien, aunque no niego que me sentí alejada de ellos por ser una chica, aun así, en ese momento supe que grandes amistades se estaban formando, algo que muy pocas veces se da y más cuando estás apunto de enfrentarte algo nuevo como lo es Hogwarts.
Ese era el primer año para los tres, sólo teníamos 11 años y nuestros destinos ya estaban unidos por lazos muy fuertes, los cuales ni la propia muerte ha podido romper, porque a pesar de no estemos juntos, sé que James es un ángel que cuida de mi, y Sirius, desde donde está, sabe cuanto lo amo.
continuará...
