Disclaimer: los personajes de esta historia son todos propiedad de la genialísima Suzanne Collins. El resto es producto de mi cabeza y de mi aburrimiento.

¡Nos leemos abajo!


Wherever you go, whatever you do, I will be right here waiting for you.

Whatever it takes, or how my heart breaks, I will be right here waiting for you.

La voz de Richard Marx procedente de mi teléfono me despierta a las seis de la mañana. Maldigo a quien ose tocar los cojones a estas horas, pero cuando veo que el que llama es Finnick, decido perdonarlo. Solo porque este taxista me cae demasiado bien.

-¿Sabes que a esta hora las personas suelen estar dormidas?- pregunto, con una voz tan ronca que no parece la mía.

-Buenos días a ti también, Kat.

-Perdona, ayer me quedé a dormir tarde y no he descansado mucho.

-Ah, entonces supongo que no te apetece visitar la ciudad con un servidor, ¿no?

Esta propuesta me despierta del todo.

-¿Bromeas? Iba a llamarte yo para pedírtelo, pero a una hora normal.

Oigo su risa al otro lado del teléfono, y yo también me río. Por esta vez lo perdono, pero como vuelva a llamarme a estas horas, no respondo ante el juez.

-Vale, pues paso por ti a las 8. ¡Ponte guapa!

-¿Yo? ¿Acaso me has visto fea alguna vez?- pregunto, bromeando.

-La única vez que te vi ibas de pantalón corto y camiseta sin mangas cuando estábamos a 10 grados.

-Ja, ja, ja. Que chispa tienes. Pues que sepas que tengo que ir de compras, porque solo he traído ropa de verano.

-Hoy no creo que te haga falta. Parece que va a hacer calor. En fin, te dejo. Nos vemos luego.

-Adiós, Finn.

Y cuelgo.

Voy hacia la ventana y descorro las cortinas. Está amaneciendo, y los primeros rayos del sol del día bañan mi piel dejando un calor agradable. Voy al baño y me doy una ducha. No me doy prisa, porque hasta las 8 Finnick no llegará, así que me quedo dentro media hora. Cuando salgo, me pongo la ropa interior, y cojo de la maleta un vestido blanco con algo de vuelo. Me calzo unas sandalias negras y dejo el pelo suelto. Bajo a desayunar y me encuentro a mi hermana en una mesa tomando un café y un trozo de tarta.

-¡Buenos días, patito!- la saludo con el apodo que le puse con 5 años.

-Buenos días, Kat. Y, por favor, no me llames así, que ya no soy un bebé. Tengo 18 años.

-Lo sé, pero tu mentalidad es de 5.

Me echa la lengua y yo le sonrío. Voy hacia la barra y pido el mismo desayuno que mi hermana: un café con leche y un trozo de tarta de Santiago, que tiene muy buena pinta. Me siento con Prim y le cuento mis planes para el día de hoy.

-¿Finnick Odair?- me pregunta. Yo asiento.- El nombre es sexy. ¿Está bueno?

-¡Prim!- le grito, pero no puedo evitar soltar una carcajada mientras le describo al taxista. Pelo castaño cobrizo, ojos verde mar y un cuerpo... ¿Por que no decirlo? Un cuerpo de escándalo.

Mientras reímos y hablamos de temas sin importancia, me doy cuenta de que ya son las ocho. Le doy un beso a Prim y me dice que "no haga cosas de las que me pueda arrepentir". En otras palabras, que no me líe con Finnick. Niego con la cabeza. Esta chica no tiene remedio. Me despido de Sae, que ya está en recepción, y salgo del hotel. Allí me encuentro a Finn apoyado en un mercedes rojo descapotable. Me acerco y le doy dos besos mientras observo el coche con admiración.

-¿Es tuyo?

-Sí, ¿te gusta?

-¿Cuánto cobráis los taxistas?

-Hey, no flipes. Esto no me lo he comprado con mi sueldo de taxista, si no con mi sueldo de abogado.

-¿Abogado?- lo miro levantando una ceja.

-Sí- me tiende una mano y dice- Finnick Odair, abogado y taxista los viernes por la mañana. Encantado.

Yo río y me meto en el coche. ¡Increíble! Este chico no dejará de sorprenderme. Hablamos de mi vida en Nueva York y de la suya en España, hasta que llegamos a un aparcamiento. Dejamos el coche y caminamos por la calle. Contemplo maravillada los edificios de piedra que se encuentran ante mí. Finnick me explica que estamos en la zona vieja de la ciudad, la zona más antigua. Vamos caminando mientras él me cuenta detalles de cada edificio, de cada plaza, de cada calle. Cuando llegamos a la plaza del Obradoiro, donde está la catedral, yo desvío mi mirada hacia un joven que sostiene una paleta de pinturas y tiene un caballete con un lienzo ante sí. Oigo la voz de mi amigo de fondo, pero yo sigo mirando (pasmada, porque no decirlo) a ese joven rubio. De pronto, su vista también se clava en mí, y me sonríe.

Tiene los ojos azules.

Y una sonrisa preciosa.

Yo le devuelvo la sonrisa, completamente roja. Finnick se da cuenta de mi reacción (y de que no le estaba prestando atención), y mira en la dirección del joven. Sonríe y se acerca a él. ¿Pero qué hace?

-Hey, Finnick- saluda el pintor.

-Hola, Peeta.

¿Se conocen?

Yo me acerco tímidamente, y Finnick hace las presentaciones.

-Katniss, este apuesto joven al que hace unos segundos estabas mirando atontada- vale, quiero matarlo. AHORA.- es Peeta Mellark.

Yo sonrío, roja como un tomate. Finnick, te vas a acordar.

-Peeta, esta guapa jovencita a la que le acabas de sonreír con esa sonrisa por la que muchas pagarían, es Katniss Everdeen.

-Un placer, Katniss- susurra. Dios, su voz es perfecta.

-Lo mismo digo.

-Y, ¿sabéis qué es lo mejor de todo esto?- Miedo me das, Finnick. Miedo me das.- Katniss es la periodista que va a entrevistar a Annie, Peeta.

-¿En serio?

-Em... esto... si, la misma. ¿Conoces a Annie?

-¿Conocerla? Vivimos juntos.

Todas mis esperanzas de poder salir con Peeta se acaban de desvanecer. Espera, espera, espera. ¿Salir con Peeta? ¡Si lo acabo de conocer! Bueno, dicen que el amor a primera vista existe, ¿no?

-No sabía que tuviera novio- consigo decir.

Los dos chicos se miran entre ellos y rompen en carcajadas. Miro mi reloj con impaciencia cuando ya llevan dos minutos riéndose (a mi costa, claramente).

-Perdona, Kat, es solo que...- empieza Peeta, pero en seguida rompe a reír de nuevo.

-A ver, Katniss, deja que te lo explique yo, que si no no salimos de aquí- comienza Finnick.- Annie y Peeta no están saliendo. ¡Son hermanastros!

Instintivamente, golpeo mi frente con la palma de mi mano. ¡Seré imbécil! Y aun por encima, Peeta se sigue riendo, cosa que acabo por hacer yo también.

Cuando ya por fin nos calmamos (sobre todo él), vamos a una cafetería cercana donde venden yogures helados. Yo pido uno natural con fresas y nueces. Peeta, uno de nata con galletas oreo y cerezas. Y Finnick... Finnick pide uno extra grande de chocolate con sirope de chocolate y lacasitos. ¡Será gordo! Nos sentamos en una mesa al final del local y, mientras Peeta y yo hablamos y nos conocemos mejor, Finnick devora su yogur helado con tanta rapidez (y tan mala suerte) que se le cae en su camisa blanca. Sin poder evitarlo, los tres nos echamos a reír mientras el resto de la gente nos mira como si fuéramos lunáticos.

El resto del día promete.


TACHÁN! ¿Os ha gustado? ¡POR FIN HA APARECIDO PEETA MELLARK! Amadme jejeje.

Bueeno, siento mucho no haber podido subir antes, pero es que estuve un poquito liada. De todas formas, aquí tenéis el capi, y espero que os haya gustado.

Quiero aclarar que todo lo que publique en esta historia en cuanto al lugar va a ser REAL. En este capítulo aparece una cafetería donde venden yogures helados. Esta cafetería existe (es el Smöoy). Quiero que todo sea real para que la historia sea más verídica, ¿vale?

Reviews, pleeeasee! (No es tanto pediir :P)

Podéis contactar conmigo vía twitter (Forever_Prim) o por ask ( /ainhoarb)

Un besito, nos vemos en el próximo capítulo.

Ainhoa.