.Mercy
20 de agosto, 2011; 09.33 a.m., Ville de la Tour de Fer, France
Se sienta a la mesa de la cocina con la taza humeante entre las manos. Sopla para dispersar el vapor, da un sorbo. Se arrepiente enseguida de su decisión: la lengua le quema y le chispea de dolor. Suelta la taza y dice alguna que otra palabra malsonante. Se levanta: el grifo es su objetivo. Gira la rueda del agua y bebe un chorro largo, hasta aplacar el dolor.
Sólo entonces vuelve a la mesa. Y lo ve. Ve al niño (él intenta hacerla creer que ya es un adolescente) en el umbral de la puerta. Tiene bolsas bajo los ojos -enrojecidos-. "Ha llorado", piensa, y al momento: "parece como si no hubiera dormido".
-¿A qué hora te acostaste anoche, enano? -Pregunta, y le da un sorbo a la taza. Pasable. El líquido no abrasa al escurrirse por su garganta. Algo es algo.
-¿A ti qué te importa? -Responde él, alterado. "Ocurre algo", razona ella. "Algo malo de verdad".
-A mí no me importa, pero seguro que a mamá y a papá sí. Tienes unas ojeras terribles -prosigue, con los ojos fijos en su hermano: éste palidece al escuchar sus palabras -. ¿Estás bien?
El otro niega con la cabeza. Restriega la cara con una mano: parece mayor. Mucho mayor, en realidad. Su hermana se preocupa más todavía.
-¿Qué te pasa, Hiroki? -El chico sacude la cabeza de un lado para otro, taciturno. Desvía la mirada. Se sienta enfrente de la chica y deja caer la barbilla sobre la mesa. Se mira las manos.
-Hiroki… -susurra su hermana, insistente. Mira al niño con sus ojos rasgados, estira una mano hacia él. -Hiroki, puedes contármelo, ¿vale? No se lo diré a mamá y a papá: era una broma.
El chico rehúsa el contacto con ella. Se muerde el labio. Alza un poco la cabeza y la mira.
-No me pasa nada -dice -. Ayer dormí mal: tuve una pesadilla, pero ya estoy…
-No dormiste, querrás decir. ¿Qué hacías, jugar con la consola? ¿Es eso? En serio, no se lo voy a contar a…
-¡Yumi, déjalo ya! -Explota el niño. -¡Estoy bien! ¡Me da igual lo que le digas a mamá y a papá! Así que ¡déjame tranquilo de una vez!
Ella no responde. Se queda congelada. Dolida. Antes su hermano pequeño no era así: antes se lo contaba todo. Pero ahora no. Y eso le preocupa. Le molesta. Ya no hacen las cosas juntos, ya no se ríen por cualquier cosa. Desde que empezó el verano, Hiroki está raro, y eso es algo que no puede soportar. Ha crecido demasiado rápido. Y el lazo fraterno que compartían se desvanece ante sus ojos.
-Vale -dice, y se levanta con la taza entre los dedos. Le da un sorbo largo y la deja en el fregadero. Ya la limpiará después. Ahora no se ve capaz: quiere estar sola un rato. Escuchando a "The Sisters of Mercy" con el volumen a tope. Lo necesita. Ya. Ya. Ya.
Con prisas, camina hacia el salón. Y después sube las escaleras. Se mete en su habitación y cierra la puerta; va hacia la cómoda, coge el iPod y enchufa los auriculares. Ahí está, en la lista de reproducción que escucha habitualmente: "Black Planet".
So still so dark all over Europe,
And I ride down the highway 101.
By the side of the ocean headed for sunset.
For the kingdom come.
For the
Black,
Black planet.
Black,
Black world…
Canta la canción. La siente dentro de ella. "Qué asco de mundo, en serio", piensa. Como tantas otras veces. Es su mantra. O lo más parecido a un mantra que tiene. Así que se funde en la hora y media de canciones que tiene de "The sisters of Mercy": le importa poco que su hermano aporree un rato la puerta de su habitación. Quizás se haya arrepentido, piensa. Lo más seguro es que lo haya hecho y que quiera contarle qué demonios le pasaba antes, pero es demasiado tarde para eso.
Yumi se ha sumido en su mundo gótico.
