Summary: Este fic participa en el "Reto de Halloween" del foro de InuYasha: Hazme el amor. Como desearía que los seres sobrenaturales fuesen como en los cuentos, buenos y siempre listos para ayudar, en lugar de ser esos seres despiadados ansiosos por quitarte un trozo de carne.


Disclaimer: Los personajes le pertenecen únicamente a Rumiko Takahashi, yo sólo los tomo prestados para narrar esta historia :3.


Número de palabras Capítulo III: 1,181

Bien!, aquí está el capítulo III que espero que les guste :D!, gracias por sus reviews a:

- Alex Taisho
- Guest
- SweetDark12


Capítulo III. Aunque no quieras

— ¡Suéltame! —gritó Kagome intentando zafarse de aquél repugnante beso o eso se quería repetir mentalmente— ¡eres un pervertido! —gritó furiosa, no entendía ni siquiera en dónde estaba y de pronto ese degenerado venía y la besaba de esa forma tan, tan… ¿apasionada?

La criatura se alejó sólo lo suficiente para ver claramente el rostro de la sacerdotisa mientras sonreía de lado, no sabría decir si se estaba burlando o si esa era simplemente su forma de sonreír.

— ¿Quién eres? —preguntó Kagome de mala gana, intentando sobreponerse a lo que acababa de ocurrir, había sido… bochornoso, por no decir otra cosa.

— ¿Quién soy? —frunció el entrecejo y volvió a sonreír, aquella muchacha le agradaba, aún después de perturbarla con ese beso, era claro por el rubor en sus mejillas, se atrevía a hablarle en ese tono malcriado, intentando no darle la menor importancia a sus acciones. Aunque claro, su cuerpo gritaba otra cosa.

Kagome no sabía por qué, pero aquel ser le recordaba a alguien, se parecía mucho a…

— Soy quien gobierna todo el mar, soy el Emperador de las Sirenas, su Amo y Señor… —dijo con vehemencia como si todo aquello debiera impresionar a la mujer frente a él.

— ¿Emperador?... creí que las que reinaban el mar eran sirenas mujeres… —dijo Kagome confundida, según la historia que había escuchado de los aldeanos, los mares eran reinados por Sirenas con rostro de mujer, siendo Atargatis quien tenía el poder sobre todas las demás, a menos que los aldeanos estuviesen mintiendo o todo lo que supieran era mentira, ¿sería verdad que ese ser que tenía enfrente, fuese quien reinaba los mares?

— Tonta… —dijo molesto, no tenía intensión de tener que explicarle nada a nadie y mucho menos a una mocosa sacerdotisa, que al fin y al cabo poco importaba si comprendía o no quien era él, lo único que debía interesarle es que le ayudaría a reunir los fragmentos de la Perla quisiera o no—, da igual si no lo entiendes, tú me ayudarás a reunir los fragmentos de la Perla de Shikon.

Perla de Shikon, fue lo que resonó en la cabeza de Kagome, era verdad se habían adentrado en el mar en busca de uno de los fragmentos de la Perla de Shikon, y después por la noche aquellas ancianas las habían atacado, atacaron a Sango hiriéndola y después alguien, algo, una ¿sirena? salió de entre las aguas marinas enredándola con algas y le quitó los fragmentos de la perla que llevaba consigo.

Ahora lo entendía, quería decir que esa cosa fuese lo que fuese la había secuestrado para que así ella les ayudara a reunir los fragmentos de la perla, pero estaban muy equivocados por ningún motivo les ayudaría a reunir los fragmentos, sólo tenía que ser fuerte. Inuyasha seguramente ya vendría a rescatarla en cualquier momento…

— Él no vendrá —dijo con roña, como si le hubiese estado leyendo los pensamientos—, y claro que me ayudarás a reunir los fragmentos, te lo dije, no necesito de tu aprobación… por ahora sólo debes quedarte aquí mientras termino de preparar todo lo necesario.

Y sin más salió de la burbuja y los pies que tenía se transformaron en una cola de pez, ¿era una sirena? ¿había hombres sirena?

Mientras tanto Inuyasha seguía en la balsa junto con Miroku, seguían pensando en una forma de llegar hasta el fondo del mar donde suponían se encontraban las muchachas, lo habían intentado nadando, pero no llegaban ni siquiera a una cuarta parte de lo que suponían era el fondo cuando ya no podían aguantar más la respiración.

Miroku se rompía la cabeza pensando en alguna solución, seguramente era algo obvio pero no podía ver cómo lograrlo ahora mismo, el sólo hecho de recordar los gritos de Sango lo ponían mal; Inuyasha no dejaba de mover el pie sin saber que hacer tampoco, viendo a Shippo que se negaba a despertar, aunque daba igual no tenían idea de qué hacer para ayudar a las jóvenes.

Seguían a la deriva, sin saber qué hacer, ya era más de mediodía y apenas se estaba despertando Shippo y Kirara, quienes en el momento comenzaron a buscar a Kagome y Sango, al final se quedaron quietos al escuchar la explicación tanto extraña como asombrosa, intentando también pensar en una forma de bajar hasta el fondo del mar.

Inuyasha pensaba en utilizar Colmillo de Acero para hacer el Bakuryuha, pero se dio cuenta que si no tenía cuidado probablemente el ataque fuera a parar directo a donde se encontraba Kagome, no tenía caso no había forma de bajar hasta el fondo del mar.

Debía confiar en que Kagome y Sango fuesen capaces de mantenerse a salvo en lo que encontraban alguna forma de ayudarlas.

Lejos de ahí se encontraba un youkai que caminaba con parsimonia seguido de un pequeño demonio verde, el viento soplaba refrescando un poco a los viajeros, esta vez habían estado viajando durante un buen tiempo, había dejado a la pequeña humana junto a Ah-Un hacía unas dos horas, debía inspeccionar la zona pues estaba seguro de que por la noche había sentido un aura demoníaca que nunca antes había sentido, aquello le había intrigado, sin embargo ahora al estar ahí parecía que estaba todo en calma.

Al volver la mirada hacía el inmenso mar logró ver a lo lejos una pequeña embarcación, supuso que serían humanos, pero el inconfundible aroma de su medio hermano le dijo lo contrario, era él y su extraño grupo, parecían perdidos… ja!, siempre tan inútil su hermano.

Se preguntó entonces que estaría haciendo en medio del mar y tomando lo que parecía ser té caliente con ¿sangre?, o su hermano se había vuelto loco o a él le estaba fallando el olfato, era claro que Inuyasha se estaba volviendo loco.

Ahora que lo pensaba por la noche al tiempo que el aura demoníaca desapareció se empezó a esparcir un aroma peculiar, era té caliente estaba seguro, pero no sabía qué clase de té… se preguntó entonces si habría sido Inuyasha el causante del aroma y de esa presencia.

Un aullido lo sacó de sus cavilaciones, Jacken casi brinca del susto al escuchar aquel sonido, el demonio verde se tapó la boca para callar sus gritos de miedo que sin darse cuenta estaba soltando, si seguía gritando seguro que su amo bonito le daría una buena razón para hacer más que gritar como un cobarde.

La playa estaba desierta, la marea bajaba, lo que parecía inusual a esas horas, el youkai simplemente observaba como se dejaba ver donde antes había sólo agua un cuerpo de mujer, con la cara cubierta de sangre y con una soga o planta alrededor del cuello.

En cualquier caso no parecía tener demasiado tiempo en el agua, quizá aún siguiera viva, pero daba igual aquello no le importaba, lo que le impresionaba era que la marea hubiese bajado tanto hasta el punto en que pareciera que la playa se encontraba dos metros por encima del mar.

— ¡Ay amo bonito!, qué extraño es todo esto… —decía el pequeño demonio picando con su báculo al cuerpo recientemente descubierto.


•Nenny de Borrego•

16 · Octubre · 2014