Notas del Autor: El tercer capítulo de mi humilde fanfic está aquí. Espero que sea del agrado de todo aquel que lo lea.

Importante: Debo explicar algo antes de que la historia parta para que no haya ningún tipo de confusión: En todo momento la historia es narrada por Flaky, a excepción de la Introducción (la muerte de Mime) y cuando se diga lo contrario (cuando antes del contenido haya un nombre, por ejemplo "Splendid").

Espero se entienda y disfruten del capítulo.

Disclaimer: Happy Tree Friends pertenece a sus creadores, al igual que sus personajes, no a mí. Sólo la historia me pertenece.


3

Splendid

-No entiendo cómo pudo haber pasado esto. No entiendo como nadie sabe quién es el culpable de todas estas atrocidades. No logro entender cómo nadie sabe nada –vuelvo a contemplar las carpetas desordenadas. Están casi, casi vacías. Vacías de cualquier cosa relevante para el seguimiento del caso.

Llenas de fotos de cadáveres quemados: pacientes, enfermeras, médicos y personal de limpieza. Nadie, absolutamente nadie se salvó de las llamas. Tenemos más de mil personas muertas, centenas de familias presionándonos para obtener respuestas y solo una pista acerca de quién puede ser el culpable.

Es una foto borrosa. En ella hay un individuo de cabello verde y ropas totalmente ensangrentadas caminando hacia otro sujeto. Pero no se alcanza a apreciar nada del segundo.

-Sr. Splendid, hemos hecho todo lo posible por hallar a este sujeto. Pero por ahora solo contamos con la información que supone su aspecto físico. Y que tiene un cómplice.

Mi mirada fulmina al pobre sujeto que habló. Por un segundo pienso en quemarlo con el poder de mi vista, mas descarto inmediatamente la idea. Yo no soy así y no hago ese tipo de cosas, no importa que tan ineptas sean las personas con las que trabajo.

-Evidentemente todo lo posible no es suficiente contra este individuo. Debemos hacer más. Mucho más. Por otra parte, no podemos decir que tenga un cómplice, aquella otra persona podría haber sido amenazada de una u otra manera o algo por el estilo. No podemos asegurar nada.

Todos en la sala de reuniones guardaron silencio. Sabían que tenía razón. Después de todo no estoy en el puesto en el que estoy por nada. A menos que "nada" sea otra forma de decir "castigo".

Me pongo a recordar el día en el que se me informó que no podría utilizar más mis poderes, no sin una autorización previa de los altos cargos de Happy Tree Town .Se dijo que eran muy peligrosos, que debía dejar de hacer uso de ellos. Acepté con resignación no volver a emplearlos. A cambio me ofrecieron un puesto de importancia en la policía de Happy Tree Town, pero no es lo mismo.

Y de todos modos sigo aquí, porque algo es algo.


Ok, ha llegado el momento de hacer un paréntesis. Ha llegado el momento de cerciorarse de si la cordura sigue conmigo o ya me abandono. Aunque en este punto creo que la pregunta sería cuánta cordura me queda. Es que mi madre no está en casa. Y yo estoy sentada, vistiendo únicamente un pijama, sobre la lavadora –correcto, ese pijama rosado que lleva un listón rojo en el cuello y con bordes de diseños floreados. Ese mismo-. Y muevo mis pies siguiendo el compás de una melodía que tarareo. Pero me da frío y me pongo encima el abrigo gris de esta mañana sin mucho trámite

Las pantuflas amenazan con abandonarme. Es obvio que no las dejaré ir.

Y la compuerta de la lavadora, circular con bordes plateados y un vidrio en el centro, está abierta. Y Flippy, semi desnudo, mete sus pantalones, calcetines y camisa a lavar. Digo semi desnudo, pero el concepto está bastante mal empleado, pues podría decirse con bastante certeza que está noventa por ciento desnudo y un diez por ciento vestido. Talvez un poco menos…

La luz del Sol crepuscular cae sobre su espalda y sus ojos resplandecen fulgurosos. Finjo no mirarlo, mas cada cierto tiempo desvío la mirada a su cuerpo… Y creo que me gusta lo que veo.

Odio tener que admitirlo. Si me preguntan, odio todo lo que tiene alguna vaga relación con él. Por ende lo odio. Mucho. Pero ya no le temo. No al menos como lo hacía esta misma mañana. Ahora solo temo cuando sus ojos son dorados, cuando parece frío y distante. Cuando no es el chico que tengo en frente, el cual aunque me parece demasiado despreocupado y travieso para mi gusto, sé que es una buena persona.

Se da cuenta de que lo estoy mirando y sonríe. Quizás en qué estará pensando…

Me ruborizo, pero como la luz del atardecer cae sobre mi rostro pasa inadvertido. De todos modos, ahora que sé que él sabe que lo miro ya no desvío la vista. Más le vale irse enterando de que todo esto ha pasado sólo porque me pidió ayuda. Tomaré la contemplación de su cuerpo como retribución.

Me pregunto por qué estoy tan calmada. Entonces me doy cuenta de que es porque no hay manera alguna de que Flippy en su estado actual pueda hacerme daño. Incluso si pretendiera ahorcarme, estoy bastante segura de ser más rápida que él.

Es obvio que si él no me diese cierta seguridad ahora nunca lo dejaría entrar a mi hogar. Intento encontrar dentro de mí la respuesta a una pregunta que yo misma me planteo; ¿Esa seguridad deriva de la culpa que siento por haberle apuñalado o es algo más?

Entendiendo que no encontraré las respuestas que estoy buscando, al menos no por ahora, cambio de tema.

Decido romper el silencio del ambiente.

-Flippy, hay algo que quiero preguntarte…

-Adelante –dijo sonriendo amablemente-. Sin miedo.

Tranquilo, ya no te tengo miedo. Creo…

-¿Por qué tu ropa estaba manchada con sangre cuando volviste del hospital?

Noto confusión en su mirada. Piensa un poco en la respuesta.

-Yo… no sé.

-¿No sabes? –me confundo yo también

-No lo recuerdo… -pero el está mucho más confundido que yo.

Es extraño. Muy extraño.

-No lo recuerdas… -decido creerle- Entonces, ¿Qué recuerdas?

-Recuerdo cuando me apuñalaste –ríe, evidentemente divertido producto de los hechos acontecidos hoy. La culpa, que me había dejado tranquila luego de decirme a mí misma que lo estaba ayudando, vuelve a pesar como una gran carga-. Y luego recuerdo caminar hacia ti, abrazarte y pedirte ayuda.

Él no tiene recuerdos de más de la mitad de la historia. Es, de alguna forma, sorprendente. Sigo su juego… Hay preguntas que aún necesitan respuestas.

-Ya veo… Es extraño –Flippy asiente lentamente-. ¿Y qué hay con esa especie de heterocromía ocular?

-¿¡Heterocromía ocular!? –pregunta sorprendido. Tal y como pensé, tampoco sabe acerca del hecho de que sus ojos cambian de color en determinadas ocasiones. Por lo visto, ojos dorados representan para él lo mismo que laguna mental- ¿Q-quién tiene heterocromía ocular?

En mi mente río para mí misma. Así de sorprendido y tartamudeando me parece lindo. Espera un momento… ¡No! ¿Qué estoy pensando? Despejo rápidamente mi cabeza. Pensar esas cosas, definitivamente no está bien.

-Bueno, ahora mismo, tú tontito –con mi mano tomo un espejo que estaba cerca y se lo enseño-. Observa tu ojo izquierdo… Es dorado.

No me di cuenta de cuando sucedió, pero entre que empezamos a conversar y le conté acerca del cambio de color de sus ojos, uno de ellos había cambiado. Mas no su personalidad.

Él no lo había notado y sorprendido dio un pequeño salto. Era obvio, se veía muy lindo confundido. Se tocaba el ojo con nerviosismo. No sé que pretendía con eso; no iba a cambiar nada, su ojo seguiría dorado.

-¿¡Cómo!? ¿¡Cuándo!? ¿¡Por qué!? –preguntaba alterado

-No sé la respuesta a ninguna de esas preguntas, creo que lo único que podemos hacer es buscar la causa de que tu ojo haya cambiado de color. Eso también nos podría llevar al por qué tienes lagunas mentales.

Bajo la mirada y su rostro se ensombreció. Camino hacia la puerta de la habitación en la cual nos hallábamos –que además era usada como bodega- y me dijo:

-Hacer eso sería una estupidez y una gran pérdida de tiempo –me miró y pude ver como su ojo derecho poco a poco se teñía de dorado-. Espero que no intentes nada inútil. Estaré en el patio de atrás, por favor avísame cuando mi ropa se haya lavado y secado.

Con una velocidad insospechada, incluso para mí, me quito el abrigo de encima y se lo arrojo. Le cae encima de la cabeza.

-Para cuando eso suceda ya habrá anochecido –digo enojada-. Abrígate idiota. No quiero ser la culpable de que hayas pescado un resfriado.

-Gracias –no logro ver su rostro pues el abrigo lo cubre en parte y lo llena de sombras, mas su voz me dice que el gesto lo ha sorprendido.

-N-no es nada…

Y se va. Veo cuanto le queda a la lavadora y luego me voy a la sala de estar. Me tiro en el sofá. Intento ordenar mis pensamientos.

¿Qué estoy haciendo? Es obvio y muy evidente que él es la definición de problema. Quiero decir, es algo que salta a la vista. No quiero meterme en problemas, no los busco ni los he buscado y, sin embargo, me interesa. ¿Está mal que quiera saber más de él? Sé que terminaré herida, que me hará daño y tendré mucho, mucho miedo.

Sé que derramaré lágrimas como si fuese una maldita cascada. Pero quiero hacerlo. Quiero saber por qué es así. Él es todo problemas y yo estoy totalmente interesada. No me gustaría ser malinterpretada, Flippy no me gusta. No, para nada. Pero me interesa. Mucho.

Finalmente me quedo dormida.


Flippy

Salgo al patio trasero de Flaky en bóxers y con su abrigo. Con su abrigo. No quiero ni necesito tanta amabilidad de alguien a quien le he mentido. Pero sé que no puedo contarle la verdad, porque no me creerá.

¿Quién creería algo así?

"Flaky, en mi interior habitan dos yo. Uno de ellos es malvado y siempre tiene sed de sangre. No dudaría en matar a quien fuera, incluso matarte a ti no supondría mayor esfuerzo para él. Para Fliqpy"

Ni yo lo creería si no fuera porque yo lo vivo.

No recuerdo nada de cuando está él controlándome. Es como si hubiese vivido menos de lo que he vivido. Como dormir en un lugar y terminar en otro completamente distinto.

Yo también tengo un fantasma. Y él provocó que perdiera todo aquello que amaba o quería. Me salvó una vez y luego arruinó mi vida ¿No es comprensible entonces que quiera mantener a toda persona que pueda llegar a querer alejada de la verdad de lo que soy?

La razón por la que me acerqué a ella incluso si era necesario escapar después de que Fliqpy haya asesinado a ese mimo fue esa. Ella, al igual que yo, tiene fantasmas. Y esos fantasmas la intentan consumir, poco a poco. Lo están logrando.

Me gustaría…me gustaría darle a ella ese apoyo que yo nunca recibí. Esa ayuda que nadie me supo dar cuando más la necesitaba. De esa forma ella podría ahuyentar todo aquello que la oprime, que le hace mal.

Me gustaría poder contarle todo, pero no puedo. Porque en mi caso y siempre que se trata de mí, acercarse a la verdad es sumirse lentamente en las sombras.

Ya se está retirando el Sol y se vislumbran esas pequeñas luciérnagas nocturnas atrapadas en la bóveda celeste. Me levanto y entro silenciosamente en su casa. La encuentro durmiendo pacíficamente sobre el sofá. Es hermosa, estoy seguro de que es algo que todos saben menos ella. Me abstengo de despertarla o de hacer cualquier ruido que pueda inquietar su paz. La lavadora ya ha terminado su tarea. Con el mayor sigilo posible saco mis prendas del electrodoméstico y las coloco en la secadora. Una fragancia inunda el lugar, es similar a una mezcla de menta y lavanda. Prendo la secadora y me pongo a esperar que termine su trabajo.

No puedo evitar, cada cierto tiempo, desviar mi vista hacia la pelirroja que yace tranquila sobre el sofá.


Cuando despierto está sacando la ropa de la secadora. Me quedé dormida. Mamá aún no llega, pero debería hacerlo pronto. Me acerco a él.

-¿Por qué no me despertaste? – digo después de reprimir con éxito un bostezo. Al parecer fue un sueño reparador. Talvez era lo que necesitaba- yo iba a hacer esas cosas.

Me mira. Sus ojos son de un cálido verde y yo inesperadamente intento refugiarme en ellos. Me lanzo a él y lo abrazo, y tan súbitamente como lo abracé, lo suelto. Mi cara está roja de la vergüenza, de eso estoy segura.

-Porque durmiendo ha sido la primera vez que te veo tranquila y no quería ser yo el que acabara con esa tranquilidad – dijo aún recomponiéndose de la impresión que le causó mi repentino abrazo-. No has estado tranquila en todo el día por mí.

No lo voy a negar. Es la verdad.

-Y tú, ¿Estás bien? –pregunto contemplando la ropa que secó.

-Sí. Estoy bien. No deberías preocuparte por alguien como yo –dice mientras se viste. En frente de mí. Cuando termina vuelve a hablar- Es mejor que me vaya ahora.

Caminamos juntos hasta la puerta de entrada de mi casa. Tomé la manija y la abrí lentamente. Ambos parados en frente de ella.

-Así es –dije sin mucha emoción.

-Adiós –me dijo él-. Nos vemos mañana.

Sí, eso lo sé. Lo que no sé es si debo tomarlo como algo positivo o negativo. De todas formas Flippy no puede irse así como así.

-¿Adiós? –dije algo molesta-. ¿Te irás así?

¿Sin agradecerme?

-¿Qué quieres que haga? –confundido vuelve a verse lindo…

-Agradecerme –respondo sincera

-¿Cómo?

-No sé…–y no sé. ¿Cómo no pensé en eso antes?

-Entiendo… -Ok. Esto es malo porque ahora soy yo la que no sabe de qué va esto.

Entonces con una de sus manos sujeta mi cintura, me lleva hacía él. Hasta estar muy, muy cerca el uno del otro. Con la otra levanta suavemente mi mentón, de modo que lo único que pueden observar mis ojos es a él. Sus verdes ojos, su nariz, sus labios. Se acerca más a mí y me besa.

No es necesario decirlo, me tomó por sorpresa. Desprevenida. Me siento presa de un torbellino de sensaciones y lo más inesperado es que no estoy tan segura de querer de escapar. Después de un tiempo sincronizamos perfectamente nuestros movimientos. Cierro mis ojos, con mis brazos rodeo su cuello para acercarlo aún más a mí de ser posible.

No es como que me esté gustando, pero sin duda alguna me está gustando.

Al cabo de un tiempo –tiempo que supe medir- nos separamos. Él sale de mi casa y cuando está en el límite entre mi jardín y la calle me dice:

-Adiós. Nos vemos mañana…Gracias por todo.

-Adiós.

Y cierro la puerta. Es el momento en el cual me doy cuenta de que las piernas me tiemblan, de que las manos me tiemblan y de que yo entera estoy temblando. Me derrumbo. ¿¡Q-q-q-qué fue eso!? ¿¡C-cómo se atreve!? ¡Estúpido! ¡Idiota! ¡Lo odio mucho! Tanto, tanto… Eso es injusto… besarme así es contra las reglas. Él simplemente no puede…

Me siento extraña. Besada. De repente un rápido flashback con todas mis relaciones románticas se manifiesta en mi mente. Y todas mis relaciones románticas han sido ninguna. Y mi primer beso… y mi primer beso lo di hace un minuto.

Y me siento indefensa, vulnerable. Más que nunca y como nunca antes. Intento pararme y no sé cómo pero lo logro. Subo las escaleras como una versión muerta de mí misma. Hoy no cenaré, no tengo ganas ni apetito como para hacerlo.

Como la versión muerta de mí misma que soy ahora levanto las sábanas y me vuelvo a arropar.

Soy una versión muerta de mí misma, una Flaky zombie. Por eso mismo necesito con urgencia que alguien me diga por qué cuando finalmente me quedo dormida, lo hago con una sonrisa entre los labios.