XXX HOLIC
BESTIA
Brillaban en la oscuridad con la potencia de las ascuas ardientes de una caldera, cada Halo de Luna, cada que Irumizu nadaba por las olas celestiales y se cruzaba en el camino de Shachihika; la sombra de ella se proyectaba enorme comparada con su tamaño real y solo dejaba a la vista un aro luminoso en el cielo. Eso pasaba cada veintisiete días. Era entonces que el Ookai aparecía y sus ojos amarillos como el aro luminoso del cielo ardían en la noche de día y desaparecían en el día de noche. Los Tsukumi se encerraban en sus casas temerosos de que la Bestia los atrapara al descampado, tres cazadores que intentaron dar muerte a la criatura habían desaparecido en la espesura del bosque, el Gran Sacerdote finalmente tuvo que recurrir a una antigua leyenda: la Invocación de la Bruja Dimensional que, decían, se encontraba mucho más allá de donde Irumizu y Shachihika tenían su sitio. Tal vez ella podría detener al Ookai…
Era un lluvioso día de verano, el cielo estaba plomizo y grandes horquillas se dispersaban en las nubes resplandeciendo por un instante y tras extinguirse el retumbar del trueno llegaba a oídos del mundo; la lluvia caía en grades gotas que golpeaban con fuerza todo a su alcance dejando a los pocos transeúntes empapados en un segundo. Eien estaba sentada ante un mesilla de largas patas y que hacia juego con la silla que ella ocupaba, delante de ella estaba un espejo en el que se reflejaba todo su rostro; alrededor del marco había muchos símbolos arcanos y letras desconocidas para Kimihiro quien estaba parado directamente detrás de ella con una gran petaca a sus pies con las cosas que Eien le había pedido empacar. Ahora parecía que estaban esperando algo…o a alguien. Repentinamente el espejo pareció empañarse y dejo de reflejar lo que había delante de el, ahora se podía mirar el pálido rostro de un anciano de largo cabello blanco y ojos color escarlata.
-Estaba segura de que llamarías- dijo Eien
-Te ves…diferente- dudó el anciano
-Han pasado muchas cosas desde la última vez que nos vimos-
-¿Sabes lo que nos esta pasando?-
-Anoche había sangre en la luna, esa jamás es una buena señal-
-Se trata de un Ookai-
-Oh y los Cazadores de la Noche no han podido con él-
-Te necesitamos-
-El precio será alto-
-Te daremos lo que sea-
-Cuidado con lo que ofreces, no lo hagas irreflexivamente, sabes que después no hay marcha atrás-
-Estamos desesperados-
-Ahí estaré- la visión se desvaneció e Eien se volvió a Kimihiro- será un viaje algo azaroso-
-¿Iré contigo?-
-Si, debes conocer que hay muchas más cosas ahí afuera que las de este mundo- Eien se puso de pie, Maru y Moro se adelantaron entregándole una katana y un abanico que tenía dibujado un eclipse de sol- estén atentas porque podría necesitarlas-
-Si- dijeron al unísono las niñas
-Vámonos Mokona-
-¡Que emocionante!- exclamó Mokona con mucho entusiasmo encaramándose en la cabeza de Kimihiro
Eien se agarro con fuerza al brazo de Kimihiro y agito el abanico cuatro veces con lo que una luz los envolvió mientras ella pronunciaba unas palabras:
-Donde la noche es día y el día es noche, sol frío y luna cálida llévenos más allá de donde la Orca y el Delfín nadan en los profundos mares del universo- al terminar de recitar las puertas se abrieron y se desvanecieron en un destello de luz hacia Hachigatsu.
A Kimihiro le pareció que él e Eien flotaban en un medio indefinido, las ropas de ambos ondulaban como si un viento inexistente las moviera o una corriente provocada por ese medio misterioso. Ella iba tranquila, con la vista clavada en el horizonte donde unas luces brillaban y se le ocurrió mirar a su alrededor: vio millones de estrellas lejanas apiñadas unas con otras hasta formar una especie de collar universal, por debajo de ellos un cometa de larga cola incandescente pasaba a toda velocidad y por doquier brillaban astros cercanos o a distancia contra el oscuro terciopelo de la noche perpetua del espacio. Mientras admiraba todas aquellas cosas que tal vez nadie más vería se habían estado acercando a las luces distantes que parecían guiar a Eien; ahora estaban casi al alcance de la mano y Kimihiro pudo ver que se trataban de dos estrellas una mucho más enorme que la otra pero con luces potentes y ambas se movían en torno a un planeta de color verde pasto envuelto en algodonosas nubes, sin embargo lo hacían en direcciones opuestas y de esta manera era que cada veintisiete días se encontraban dando lugar al evento del Halo de Luna. Repentinamente el planeta verde pareció acercarse más rápido que la luz y antes de que Kimihiro pudiera siquiera gritar de espanto se posaron suavemente en tierra firme.
Cuando Kimihiro finalmente salió de su estupor por el viaje se dio cuenta de que él e Eien estaban parados en una gran planicie de hierba, que a la luz de las lunas se veía verde oscuro. Atrás de ellos estaba el linde del bosque y al frente, no muy lejos, se hallaba una aldea apretada de casas diversas con techos a dos aguas, sobresalía de entre todas una torre con su campanario e hilachos de humo flotaban en el aire provenientes de las numerosas chimeneas. Kimihiro levanto la vista al cielo y pudo observar las lunas colgadas de un cielo como nunca antes había visto: profundo y oscuro como un retazo de satín en el cual destellaban collares, anillos y prendedores de diamantes, zafiros y rubíes; podía distinguir con toda claridad los colores de las estrellas y algunas se veían tan grandes como si pudiera alcanzarlas con las manos. Pero lo más bello y sobrecogedor eran las dos lunas que parecían descansar sobre las montañas que se adivinaban en la lejana línea del horizonte; la más pequeña estaba ligeramente por delante de la más grande, una era de color azul agua y la otra de un tenue gris plata.
-Son Irumizu y Sachihika- dijo de pronto Eien y Kimihiro bajo la mirada hasta ella quien observaba las enormes esferas
-¿Ya has estado aquí?-
-Si-
-¿Has recuperado tus recuerdos?-
-No todos. Vienen poco a poco…mi alma estuvo sola mucho tiempo. Imagina que de repente una presa se revienta ahogándote con un torrente demoledor: te mataría. Eso mismo pasaría si todos mis recuerdos heredados de Yuuko volvieran de golpe, vienen conforme los necesito-
-Tienes razón… ¿Qué vinimos a hacer?-
-Puedo detectar la presencia de algo que no debería estar aquí-
-¿Y que haremos?- insistió Kimihiro tocando distraídamente a Mokona que había saltado a su hombro
-Eso depende de las personas que nos pidieron venir- Eien comenzó a caminar en dirección del pueblo y Mokona se bajo del hombro de Kimihiro para seguirla andando entre el pasto
Kimihiro iba a avanzar en pos de Eien cuando un escalofrío lo recorrió de pies a cabeza y un sudor helado hizo que la ropa se le pegara a la espalda; se volvió con rapidez hacia el bosque y le pareció que desde las sombras algo clavaba su mirada en él taladrando su alma en su busca, la sensación le horrorizó pues le recordó a una fiera que escarbaba en las entrañas de su victima. Quiso moverse pero sus pies no le respondían y todo su cuerpo temblaba incontrolablemente, una ráfaga de viento putrefacto llegó hasta él y supo que esa cosa se aproximaba. Kimihiro cerró los ojos esperando la muerte… y cuando creyó estar perdido un sonido metálico lo sacó de golpe del mortal éxtasis, abrió los ojos y vio a Eien con la katana desenvainada frente a sí: la hoja tenía una sustancia parecida al lodo de olor nauseabundo.
-¡Kieta!- murmuró Eien- todavía no nos corresponde enfrentarnos- agregó en dirección al bosque y la pesadez del aire desapareció tan pronto como llegó- ¿estas bien?- inquirió Eien abandonando su posición de ataque y haciendo con la mano un movimiento brusco para limpiar de sangre la espada y a continuación la enfundó de nuevo en la vaina que le sostenía la pequeña Mokona.
Kimihiro la miró con una mezcla de sorpresa y miedo en los ojos ¿Quién era esta mujer que sabia manipular una katana? Jamás vio a Yuuko blandir un arma y al mirarla a los ojos observo en ellos algo nuevo que no supo precisar.
-Kimihiro- llamó suavemente ella y finalmente él se relajó
-¿Qué fue eso?-
-Un Ookai-
-Sentí…sentí…- Kimihiro se crispo de nuevo de miedo, Eien se acercó a él y lo abrazó, solo entonces el joven recupero por completo la calma- sentí terror, jamás me había pasado…y eso que me asusto con facilidad- logró aceptar
-Yo también tuve miedo- dijo con sencillez Eien
-No lo parecía- dijo él sonriendo irónico
-El miedo no es importante, lo importante es no dejarse dominar por el…tuve miedo de no llegar a tiempo frente a ti para repelerlo…y perderte- aclaró estrechándolo un poco más y Kimihiro se sintió mucho mejor
Minutos después reanudaron la marcha rumbo al pueblo atravesando el descampado que no tenía senderos, piedra o árboles desperdigados; estaban totalmente desprotegidos de forma que cualquiera podía verlos desde el pueblo…o desde el bosque.
-Iremos a ver al Chaman de los Tsukumi- comentó Eien
-¿Dónde aprendiste a manejar la espada?-
-Cuando era una niña, antes de caer en coma mis padres pagaron clases de kendo, esgrima y karate: todo en preparación para poder proteger a otros y enseñarte a ti a hacerlo-
-¿Insinúas que tengo que aprender a manejar la katana y artes marciales?-
-Lo afirmo-
-¿Por qué?-
-Porque enfrentamos enemigos muy poderosos y no siempre podré protegerte, la mejor opción es enseñarte-
-No creo que sea capaz-
-Morirás si no lo haces…o peor morirá alguien a quien ames-
Kimihiro lo pensó el resto del trayecto. Pasó por su mente la imagen de Himawari, Kohane, hasta de Doumeki y la Sashikiwarashi…y Eien…no, no quería que ninguno de ellos muriera o fuera herido por su causa y sabía que si no se protegía a si mismo ellos sufrirían preocupándose por él. No. Aprendería aunque le tomara mil años.
Finalmente alcanzaron las primeras casas del pueblo, en torno a este no había ninguna clase de protección: ni fosos, rejas, bardas u otra forma de impedir el paso, tampoco había centinelas o guardias apostados estratégicamente. Al internarse comenzaron a encontrarse más y más gente que platicaba en los portones de sus casas o barría, otros caminaban con prisa o compraban en las tiendas que exhibían su mercancía en cajones de madera o estantes, algunas mujeres regaban las flores de las ventanas mientras los niños correteaban tras una pelota o un aro pulido, las voces y las risas resonaban por doquier y Kimihiro se extrañó pues para él era de noche ¿no deberían estar durmiendo? Así se lo hizo saber a Eien y esta le dijo:
-Los Tsukumi viven de noche y duermen de día…o lo que para ti y para mí sería noche y día. Mira esas lunas, tienen luz propia, no son como la nuestra que necesita del sol para brillar y son tan grandes que ni siquiera necesitan antorchas para las calles o las casas, su fisonomía la deben a este modo de vida- Kimihiro supo a que se refería pues los Tsukumi eran de piel pálida, cabello plateado y ojos color borgoña; su figura era esbelta en las mujeres y recia en los hombres sin llegar a ser particularmente robustos
Llegaron al centro del pueblo y ya mucha gente los miraba con curiosidad y un poco de desconfianza; empero ahí donde se alzaba una enorme fuente con la estatua de una mujer muy hermosa que blandía una espada por encima de su cabeza como si se hubiera vuelto piedra en el instante de declarar una victoria; ya los esperaba un hombre vestido de negro y plata, detrás de él tres hombres armados hacían guardia.
-Cuanto tiempo sin vernos Shiro- dijo Eien deteniéndose a unos pasos de la comitiva, la gente se paraba a mirar formando un corro de caras pálidas y ropajes multicolores
-Hubiera preferido que siguiera así- la mirada del interpelado cayó en la katana y un leve rictus de desagrado curvó sus labios
-Seguro que no fue fácil aceptar que necesitas ayuda, independientemente de que provenga de mí o no-
-Vamos- dijo Shiro volviéndose bruscamente y empezó a caminar hacia el otro extremo del pueblo con sus guardias a la saga
Eien se encogió de hombros con una leve sonrisa y junto con Kimihiro los siguió hasta la construcción que tenía la torre y el campanario.
En el frente de la construcción de un color como el de la paja había unas breves escaleras que conducían a unos portones que casi iban de piso a techo, los tres guardias tuvieron que empujar una de las hojas juntos para poder moverla, en tanto esperaban otro anciano llegó corriendo por una calle lateral; este vestía de azul oscuro y plata, su rostro denotaba mucho cansancio. Se detuvo ante Eien mirándola un tanto extrañado en lo que recuperaba el aliento, luego se fijo en Kimihiro y un destello de comprensión iluminó brevemente su rostro.
-Kurobake- dijo Eien a modo de saludo y reconocimiento
-Yuuko Ichihara- respondió el otro- ¿o debo decirte de otro modo?-
-Eien Yorume-
-Puedo ver que has cambiado mucho para llegar hasta aquí- estas palabras fueron dichas en un tono enigmático y Kimihiro intuyó que aquel anciano no estaba refiriéndose a la distancia entre su punto de llegada y el pueblo
-Pase por la más oscura de las noches, muy lejos de cualquier alcance, ayuda o luz…morir lo cambia todo… pero tenía que hacerlo-
-¿Por él?- dijo Kurobake señalando a Kimihiro sin vergüenza
-Si-
El gesto del anciano se contrajo como si le hubiesen golpeado, pero casi al instante se recuperó y una sonrisa sardónica distendió su boca como si acabara de comprender la mejor ironía del universo, luego le tendió una mano a Eien y esta se la estrechó con fuerza.
-Ahora entiendo- dijo Kurobake
-Me alegra ver que no has perdido tu capacidad de observar a lo lejos-
-¿Ya terminaron?- increpó de repente Shiro con cara de disgusto y sobresaltando a todos, sin esperar respuesta entró en el edificio
Todos accedieron a otra dimensión…o eso les pareció a los visitantes pues el interior del templo era muy diferente del exterior austero y sin ningún adorno o inscripción: estaban de pie ante un caminillo de ladrillos blancos como la cal, a ambos lados había un jardín de proporciones demasiado grandes para lo que marcaba los límites de la construcción. Toda clase plantas y flores crecían ahí como en un invernadero que pretendiera preservar una muestra de cada especie del universo, Kimihiro pudo apreciar plantas totalmente desconocidas empero también conocidas como las rosas o las azucenas, los arboles eran altos como en un bosque y numerosos arbustillos delineaban el contorno del camino, el musgo crecía en algunos troncos o piedras repartidas aparentemente al azar. En aquel entorno hacia un calorcillo agradable y se respiraba una atmósfera perfumada sin llegar a ser opresiva…nadie diría que estaban en una habitación cerrada. Una misteriosa luz llegaba desde el techo y a los lados a Kimihiro le pareció ver destellos de colores como si un arcoíris iluminara el sitio. Sin embargo lo más maravilloso era el árbol que estaba al final del camino, tan enorme, tan basto y con tantas ramas que era totalmente imposible que no estuviera en el exterior en lugar de resguardarlo en un espacio donde pudiera seguir creciendo; su tronco era muy ancho y alto, liso, de color rojizo con unos extraños símbolos grabados en su corteza, las hojas tenían forma de estrella y por un lado eran verde esmeralda y por el envés rojo sangre. Brillaba como si tuviera luz propia y su sola presencia denotaba una voluntad sobrecogedora.
-¿Qué es este lugar?- murmuró Kimihiro en el oído de Eien
-Te encuentras en Kino, una de las fuentes de la fuerza vital de este mundo y que esta directamente bajo el cuidado de los Tsukumi-
-¿Ese…ese…ese árbol esta…vivo?-
-Todas las plantas lo están ¿o creías que la vida era algo solo humano?-
-No me refiero a eso, se siente como…-
-Como si fuera una persona- completó Kurobake- así es-
-¿Ese árbol es una persona?-
-No una, muchas- enfatizó Eien
-¿Qué?-
-Los Tsukumi creen que al morir se reúnen con la Fuerza Vital de Hachigatsu, lo que le da vida a todo y a todos, si dañas el mundo te estas haciendo daño a ti mismo- explicó Eien- esa es la filosofía de los Tsukumi y todas las razas existentes aquí pues en ese árbol llamado Kanojo se encuentra la conciencia de todos los que han muerto, en ese árbol y todos los otros repartidos en los Lugares Sagrados-
-Esta muriendo- dijo de pronto la voz de Shiro y las palabras cayeron como una loza sobre los presentes- puedo sentirlo cada vez que me acerco y todo es culpa del Ookai-
-Explícamelo- pidió Eien con voz suave
-Desde que esa criatura terrible apareció Kanojo perdió una enorme cantidad de energía y ya no recibe las almas de los que mueren porque el Ookai las devora…si muere el caos se desatara en todo Hachigatsu- las palabras de Shiro resonaron con un eco amenazador
-¿Qué quieres de mí?-
-Que destruyas al Ookai-
-Eso requerirá una acción directa y sabes que el precio debe ser equivalente-
-Nada es más importante que Kanojo-
-Que así sea- Eien se dio la vuelta para salir de nuevo al exterior- vámonos Kimihiro-
Kimihiro siguió a Eien hasta la calle de nuevo y mientras avanzaban otra vez por las callecillas la gente los miraba temerosos, asustado el joven caminó a un lado de Eien y preguntó para distraerse:
-¿Quién es la mujer de la estatua?-
-Kanojo-
-¿El árbol?-
-Hace mucho tiempo Hachigatsu estaba en caos, la guerra asolaba cada centímetro de tierra y no solo guerra entre personas, la naturaleza en general parecía estarlo también, como si la voluntad de los seres vivos se reflejara en ella. Fue cuando Kanojo apareció, nadie sabe de donde vino pero con su energía espiritual y férrea voluntad logró poner orden en este mundo-
-¿Cómo?-
-Se convirtió en el primer Árbol Vital-
-¿Quieres decir que una persona se convirtió en árbol?-
-En realidad se fundió con él e influyó para que la naturaleza dejara de batallar y por extensión las personas, muchos creen que las raíces de los Arboles Vitales sostienen este mundo con sus raíces profundamente enterradas en su corazón para mantenerlo vivo y en paz-
Tras estas palabras Kimihiro se quedó elucubrando en un pensamiento tan "enorme" como el de un árbol sosteniendo un mundo o que una persona pudiera fusionarse con una planta. Entre tanto salieron del pueblo caminando tal y como habían llegado, dejaron atrás las últimas casas y se adentraron en la noche sin luz artificial del valle que separaba el pueblo del bosque donde se ocultaba el Ookai. El silencio le pareció repentinamente opresivo a Kimihiro, acostumbrado como estaba al sonido incesante de la ciudad y sus luces falsas que iluminaban las calles por temor a lo que pudiera ocultarse en las sombras; estaba a punto de abrir la boca para quebrar aquello que se le adhería a los oídos con la pegajosidad de una telaraña cuando Eien se le adelantó…
-Que maravilloso silencio- murmuró tan bajo que Kimihiro apenas pudo oírla- bueno un silencio plagado por los sonidos naturales de este tipo de lugares- y una vez más Kimihiro estuvo a punto de preguntar a que se refería cuando reparo en un sonido musical parecido al que hacen los grillos en verano pero más melodioso y en algún lugar lejano el reclamo de un ave nocturna le hizo volver la cara y un movimiento repentino cerca de él le hizo levantar la vista para ver a un zorro que tenía un color negro azuloso y la cola anillada como la de un lémur corretear por entre la hierba- en casa nos hemos acostumbrado tanto a la luz y ruidos constantes que ya no tenemos una idea clara de que es el silencio o la noche cerrada hasta el punto que nos da miedo experimentar esas sensaciones-
-Es cierto…yo mismo me sentí de esa manera hace un instante-
-A Mokona no le da miedo la oscuridad-
-No es una cuestión de miedo, al menos no a algún monstruo como tal si no a nosotros mismos, tenemos terror de reconocernos en el silencio y averiguar nuestros temores en medio de la noche así que llenamos el espacio resultante con ruido sin sentido y luces parpadeantes- Eien sonrió y agregó- disfruta de sitios e instantes como este Kimihiro, respira hondo y no temas en conocerte porque de esa manera sabrás tus alcances y debilidades-
-Desde ahora apreciare la noche natural y el silencio-
-Bien-
Mientras sostenían esta breve conversación cubrieron la distancia hasta el bosque e Eien se detuvo en el linde, Mokona bajó de su hombro y se quedó de pie junto a Kimihiro.
-¿Qué hacemos?- inquirió el chico
-Esperamos que nos señalen el camino- dijo ella
Por espacio de unos minutos se quedaron ahí mirando el muro de arboles ante sus ojos esperando que algo ocurriera. Repentinamente un brillo llamó la atención de Kimihiro y levantó la vista al cielo a tiempo de ver una estrella fugaz precipitarse desde el cielo. La masa luminosa cayó y cayó sin decrecer jamás como normalmente lo haría en la Tierra si no que, por el contrario, conservó su tamaño y se estrelló más allá de donde ellos se encontraban iluminando un gran tramo de bosque con una luz extraordinariamente brillante, en ese preciso instante un aullido reverberó en el alma de Kimihiro al percibirlo con los oídos.
-Vamos- dijo Eien pero ella ya se había puesto en movimiento dejando atrás al joven
Kimihiro corrió en pos de Ella con Mokona brincando a la saga por entre los arboles sin pensar en nada más que el espeluznante aullido de hacia un instante y la terrible criatura que lo producía, alrededor de ellos una lluvia de hojas en todos los tonos de amarillo, rojo y anaranjado caían con ligereza produciendo la impresión de una nevada de vivos colores. Los pasos de Kimihiro crujían cada vez que se hundían en la hojarasca, su respiración se volvió trabajosa tratando de alcanzar a Eien, empero perdió su rastro entre la maraña de árboles que se volvían cada vez más cerrada, bajó inevitablemente el ritmo hasta que incluso Mokona saltaba a su lado sin dificultad. Y repentinamente los arboles se apartaron, Kimihiro y Mokona entraron de sopetón en un breve claro despoblado de cualquier tipo de planta, el suelo era de tierra negra y tenía un olor dulzón que le pareció extrañamente familiar provocándole un escalofrío de algo tétrico recordado a medias; en el centro de aquel circulo había una única piedra igual de negra que la tierra, en cuya superficie se apreciaban una especie de arañazos. Mokona trepo a la cabeza de Kimihiro y al igual que él observó el lugar con el impulso de salir corriendo de ahí creciendo en el corazón, como si algún instinto primitivo les dijera que un predador los acechaba desde las sombras. Resistiéndose con cada célula de su cuerpo Kimihiro se acercó a la piedra y contempló de cerca los arañazos hasta que se dio cuenta de que eran letras, unas que sabía de sobra que no conocía y que sin embargo podía leer…
-Watanuki…esas palabras…-
-Dice: Yamitsume no Jigoku- Kimihiro tragó saliva sintiendo que aquellas palabras eran una maldición pronunciada en voz alta y en ese preciso instante un aullido quebró el silencio que hasta ese segundo se había apoderado del bosque, se dio cuenta de que el Ookai los observaba en los límites del lado contrario del claro, sus ojos amarillos estaban fijos en ellos- e-e-está aquí…e-e-el Ookai o como se llame…-dijo Kimihiro en un murmullo de terror
-No te muevas- le dijo Mokona al oído a Kimihiro al ver que estaba a punto de salir corriendo
Era difícil seguir la instrucción de Mokona ya que la presencia del Ookai llenaba todo el claro de tierra negra y mientras observaban esos ojos iracundos por encima de ellos se formó un circulo de luz con letras que Kimihiro no conocía y símbolos arcanos, el aro encerraba a su vez más círculos concéntricos que giraban en sentidos contrarios como si buscaran la combinación correcta entre su simbología.
El Ookai salió disparado desde el extremo en el que se encontraba levantando terrones de tierra con sus grandes uñas y por primera y única vez Kimihiro contemplo a la abominable criatura: corría a cuatro patas de una manera que sugería que también podía tenerse en dos, lo cubría de pies a cabeza una piel peluda del color de la sangre coagulada, el pelo estaba apelmazado en varios lugares y parecía roñosa e hirsuta, en general su figura era humanoide pero la cabeza recordaba las combinaciones egipcias de hombres-animal pues parecía alargada a causa del prominente hocico de nariz húmeda y orejas puntiagudas con unos mechones de pelo al final, sus colmillos eran amarillentos pero afilados y podían ver todos y cada uno de ellos ya que la piel del hocico se contraía en una mueca de furia como la de un perro rabiosos dispuesto a morder a la menor oportunidad. Cuando la bestia estaba a centímetros de Kimihiro Eien se atravesó una vez más en su camino y la tarascada terminó en la hoja afilada de la katana, la criatura la soltó casi instantáneamente escurriendo sangre por entre los dientes, retrocedió unos pasos chasqueando las mandíbulas como si quisiera librarse del sabor de su propia savia; miró enojado a Eien pero no se atrevió a volver a atacar de frente.
Retrocediendo un poco en el tiempo, mientras Kimihiro avanzaba corriendo con Mokona hacia donde creía que se encontraba Eien, esta última estaba tomando precauciones en contra del Ookai: se detuvo ante un árbol que se veía casi tan antiguo como Kanojo, pero tenía un hueco en medio del tronco, a su alrededor colgaban las ramas de hojas esmeraldinas mecidas por una leve brisa, ante las raíces grandes y nudosas que se hundían en la tierra profundamente muchas personas habían dejado ofrendas de fruta y objetos hechos por ellos mismos y una que otra vela consumida dentro de un cuenco con agua. En torno a las ramas más bajas colgaban innumerables papelillos con peticiones de ayuda, bendiciones y agradecimientos; era obvio que muchos consideraban a aquel árbol como sagrado. Eien sacó de entre sus ropas un Sello Sagrado, lo dejo flotar hacia el suelo y desenfundando rápidamente la katana lo atravesó clavándolo en el suelo, al instante una explosión de energía ascendente levanto las ramas del árbol y en el hueco se formó una especie de espejo donde se reflejaron los rostros de Maru y Moro. Desde el otro lado ellas veían el rostro de Eien dentro del Jarrón de los Lirios.
-El Ama nos llama- dijo Moro con tono soñador
-¿Qué desea el Ama?- inquirió en tono amable echándose un poco adelante Maru
-Necesito que salgan de la tienda a través del túnel que esta en la Puerta Sellada y viertan dentro del pozo que hay al final el contenido del odre frente a el-
-Pero nosotras no podemos salir- dijo Maru temerosa
-No tenemos alma- completó Moro
-Lo se- dijo Eien- pero es hora de que empiecen a formar la suya y con esto ganaran el primer fragmento sin salir realmente de la tienda, después podrán empezar a explorar el mundo como se que han deseado por tanto tiempo-
-¿De verdad?- dijo Moro acercándose todo lo que pudo al reflejo
-¿Tendremos un alma?- agregó Maru
-Si-
-¡Tendremos un alma!- gritaron a la vez
-Ahora por favor hagan lo que les digo, Kimihiro necesita nuestra ayuda-
Las niñas cortaron la comunicación con Eien y fueron hasta la parte más lejana de la bodega donde Eien guardaba todos los artefactos que le habían dado en el pasado a cambio de sus servicios, el cuervo Deimos graznó al verlas marcharse y se desprendió de su percha para seguirlas aleteando. Maru y Moro llegaron ante una puerta decorada con una amplia planicie sembrada de hierbas que jamás habían visto y al fondo se apreciaba una construcción escalonada de piedra maciza y que parecía dominar la vista…por un brevísimo instante a las niñas les pareció percibir un aroma que les despejaba los pulmones y la mente, la fragancia flotó en el pasillo como los hilos invisibles de una telaraña percibida a medias sin ser vista realmente, Deimos soltó un profundo y largo graznido aleteando nervioso y casi enseguida la sensación se desvaneció y las niñas retiraron un sello que en lugar de letras tenia unas extrañas figuras, abrieron las puertas corredizas y se encontraron ante un pasaje que parecía el interior de una cueva plagada de estalactitas y estalagmitas, algunos cristales de cuarzo sobresalían del suelo desprendiendo un mortecino fulgor que iluminaba su camino. Deimos voló delante de las niñas y finalmente se posó en una saliente cercana a un agujero en el suelo, en torno a este había algunos hongos de gran tamaño y enredaderas que colgaban por dentro de la boca de la tierra como lianas que descendieran al inframundo, ante el pozo se encontraba una vasija de barro cocido con unos grabados en cenefas con unos dibujillos parecidos a los del sello, de el emanaba un olor parecido al que percibieran antes, pero no tan embriagador. Las niñas se asomaron a aquel agujero pero no se veía nada, solo se escuchaba el leve gotear de agua. Entre las dos tomaron el odre y derramaron su contenido en el interior del pozo, entonces el perfume de aquel liquido se volvió más fuerte que nunca y envolvió a las niñas como si de una capa se tratara, ellas no sintieron temor alguno mientras la vasija se desprendía de sus dedos adormecidos y se hacían añicos contra el suelo, de entre esos fragmentos de cerámica brillaban dos que tenían grabada una especie de llama, que, aunque ellas no lo sabían, representaba el glifo del alma en una cultura casi tan vieja como la Tierra.
Dentro del pozo una luz brilló encegueciéndolo todo con su fulgor y Deimos aleteo para posarse encima de las niñas y el también brilló intensamente, sus alas crecieron hasta poder envolverlo a el junto con Maru y Moro y desaparecer en el aire.
Lejos, en Hachigatsu, Eien percibió que todo estaba a punto de converger así que se puso en movimiento y llegó justo a tiempo para detener al Ookai que pretendía herir a Kimihiro.
Los círculos concéntricos seguían girando en el cielo e Eien blandía frente a ella la katana sin apartar los ojos del Ookai que la miraba un poco más allá de donde la piedra negra se hallaba, sus zarpas arañaban la tierra impaciente por lanzarse otra vez al ataque.
-Kimihiro- dijo en voz alta ella- necesito que te acerques a mí- Kimihiro apartó por vez primera los ojos de la bestia enfrente de ellos y con paso tambaleante se aproximó a Eien- para destruir al Ookai debemos hacer esto juntos-
-¿Qué cosa?-
-Agarra junto conmigo la katana, partiremos esa piedra que es la fuente de un alma malévola y el Ookai dejara de existir-
Kimihiro se coloco junto a Eien y tomó la empuñadura de la katana justo por debajo de la guarda redonda con una mano y podía sentir el calor que despedía la piel de ella pues su mano estaba por debajo de la de él aferrando la empuñadura también.
-¿Listo? Concéntrate Kimihiro porque eres poderoso y es necesario que te des cuenta, yo sola no puedo liberarlos-
-¿Liberar a quien?-
-Pronto lo sabrás- Eien hizo una pausa y luego gritó- ¡Ahora!-
Ambos avanzaron de golpe el par de pasos que los separaban de la piedra con su nefasto grabado y acuchillaron el aire en dirección a la parte superior de la roca, al mismo tiempo el Ookai se precipitó contra ellos en un aparente intento de detenerlos…empero llegó un segundo tarde…
La katana se encajó limpiamente en la roca como una parodia de "la espada en la piedra", el Ookai extendió sus garras como si fuera a abrazarlos y abrió su hocico todo lo que pudo dejando escapar un olor putrefacto entre sus fauces y que hizo que se le aguaran los ojos a Kimihiro. El movimiento se ralentizó tanto que por una fracción de segundo se detuvieron totalmente. Luego todo cobró vida nueva. Los círculos en el cielo dejaron de girar uno tras otro con el sonido restállate de un cerrojo que cae en su lugar, una luz verdosa los envolvió y la piedra negra se cuarteo en grietas plateadas como las nervaduras de una hoja para finalmente estallar en miles de fragmentos. La explosión los hizo retroceder a trompicones a los tres: Kimihiro trastabilló tres pasos para luego caer sentado en la tierra, el Ookai calló de costado y rodó un par de veces antes de detenerse, Eien se inclinó hacia adelante para recuperar el equilibrio, se enderezó y miró al Ookai que yacía en tierra. Mientras yacía en tierra del Ookai se desprendieron una multitud de motas luminosas que salieron disparadas en dirección al pueblo de los Tsukumi.
La luz verde burbujeaba en todo el claro como si estuvieran metidos en un cilindro de agua, en la distancia la luz del alba se insinuaba. El Ookai flotó en aquel medio totalmente flácido y un vapor negro comenzó a manar de todos los poros de su cuerpo hasta envolverlo en una especie de nube tormentosa.
-Mokona- llamó Eien y la pequeña criatura saltó a la parte alta de su cabeza, abrió la boca casi tan grande como ella misma y jaló aire; como resultado la nube comenzó a acercarse a ella y a desaparecer dentro de su cuerpo hasta que no quedó rastro de aquella cosa
-Gracias por la comida- dijo Mokona haciendo una leve reverencia con las manos juntas
-De nada- contestó Eien, luego Mokona se bajó de su cabeza y ella caminó hacia donde había estado la nube
Kimihiro miró en esa dirección otra vez y se dio cuenta de que todavía había "alguien" ahí: aun tenía una forma peluda más parecida a un animal que a un hombre pero se tenía en dos patas y su pelo tenía el color achocolatado de los granos de cacao, ya no estaba apelmazado si no que flotaba en el medio como si una corriente acuosa lo moviera, sus ojos eran dorados como la miel y ya no despedía esa aura maligna que le rodeaba anteriormente. Eien se detuvo a un paso de él y dijo:
-Eres libre, lamento que te hayas perdido-
-Gracias, no ha sido culpa de nadie, cuando me di cuenta ya estaba aquí y esa mixtli invadió todo mi cuerpo- la voz resonó profunda y grave por todos lados, dando la impresión de que estaba dentro de uno mismo aunque la criatura frente a Eien no movía las mandíbulas al hablar
-Cruzaste sin querer un portal en algún sitio por el que pasabas y tu poder lo atrajo-
-¿Qué era? ¿Lo sabes?-
-Un espíritu que no podía descansar en paz porque había sido maligno, pero ya no puede dañar a nadie-
-Mi fuerza…se esta desvaneciendo…solía ser un Nahual…moriré ¿no es cierto?- agregó con tristeza la voz
-No podía salvar tu cuerpo pues la mixtli ya lo había consumido, pero regresaras al sitio que perteneces aunque perderás al animal en tu interior puedes pasar tus conocimientos a otros-
-Gracias otra vez… ¿Cuál es tu nombre?-
-Eien… ¿y el tuyo?-
-Tenoch-
-Buen viaje Nahual Tenoch-
Después de ese breve intercambio la luz verde se hizo más intensa y la criatura empezó a alejarse del suelo atraída por los círculos, mientras subía a Kimihiro le pareció que iba perdiendo los rasgos animales hasta que quedó un hombre con la piel de un color cobrizo claro y el cabello negro como la noche ondulaba en torno a su cabeza como una bandera acicateada por el viento, sus ojos oscuros fue lo ultimo que Kimihiro vio antes de que entrara en el centro de los círculos y con un estallido final de luminosidad todo regresara a ser silencio en el bosque. Aquellos ojos irradiaban paz. Se puso de pie y llegó hasta donde estaba Eien contemplando el cielo donde ya solo se podía ver a Irumizu y Shachihika un tanto difusas en el alba de aquel mundo.
-Creí que aquí no había sol- comentó Kimihiro
-Lo hay, pero no tiene nombre porque los Tsukumi no lo consideran importante, sin embargo este amanecer será un nuevo comienzo para ellos, ya no tienen nada que temer-
-¿Qué es un Nahual?-
-Un humano capaz de transformarse en un animal-
-¿Un hombre lobo?-
-Los nahuales pueden adoptar cualquier forma animal que elijan, no solo la del lobo-
-¿A dónde lo enviaste?-
-A su sitio en el universo, este no era su lugar y ya no podía volver por si mismo-
-¿Qué eran esas luces brillantes?-
-Los espíritus que el Ookai había absorbido, ahora ya están con Kanojo y la Corriente Vital de este mundo-
-¿Murió el Nahual?-
-¿Qué es la muerte Kimihiro? ¿Te refieres a la desaparición de la vida? Para muchos la muerte es otra cosa y la muerte misma no necesariamente es mala, son nuestros miedos lo que nos hacen temerla como el final de todo lo que conocemos- Eien bajó la vista del cielo y agregó- es hora de que nosotros también volvamos a nuestro sitio, Maru, Moro y Deimos nos esperan- Eien levanto al cielo la katana y desaparecieron cuando la luz de un sol desconocido ascendía para comenzar su carrera a través del espacio para luego dejarle su sitio a las lunas de Hachigatsu en un ciclo sin fin.
DOS VIDAS
Por: Yael Xin Malkav Utkena Página 8
