No podía comparase con sus hermanas, en tamaño, en ninguna de las categorías, sus senos recién iniciaban a formarse, sus piernas y cadera no estaban tan bien delineadas, ni si quiera podía decirse que tenía la inocencia o la dulcera de su parte.

Lamiéndose sutilmente sus labios, moviendo seductoramente su cuerpo, recordándose todo lo que había pasado para llegar a este momento, después de todo comparada con todo ese harem de pecados del cual su amado podía elegir, ella se había impuesto al final, observo complacida la cama, en la que yacía acostado su premio aguardando su llegada como recordatorio de su triunfo.

Se dejó tocar como muestra de cariño, adoraba cuando él jugaba con esa capa, en medio de una habitación repleta de velas, era tan fantasmagórico, la mordió sutilmente en el cuello arrancándole un gemido de placer culposo, siendo sus piernas temblar ante la necesidad de más atenciones de parte de su amado.

— — Mámamelo — ordeno con una sonrisa dominante, su amo, mientras jugueteaba con la cadena que tiraba levemente del collar que usaba en esos encuentros, donde todas las reglas carnales quedaban en la puerta, todos los pecados olvidados, donde él era su amo, y ella su sirvienta de la oscuridad.

El sabor dulzón le recordó su primera vez, el primer encuentro, donde al final se había impuesto sobre Luna, dolor y placer por igual en esa ocasión al sentir el miembro de Linc en su interior palpitando, mientras llenaba todo su ser con su semilla, marcándola como suya, la mirada de sus hermanas, el aire desafiante al lucir las mordidas y chupetones que la nombraban su mujer.

La dulce semilla no tarda en salir, ante sus pequeñas atenciones, podía decirse que conocía cada centímetro de su pequeño pasatiempo, cada maña y gesto que su hombre sutilmente hacía, abrió la boca y trajo la misma, mostrándole una boca vacía, llena de morbo y seducción a su hermano mayor.

— — Recuéstate a mi lado — susurro el chico mientras tomaba una copa de vino — la noche es joven — sonrió seductoramente — ya abra tiempo de divertirnos amor mío — la atrajo a sus brazos, mientras la chica sentía sus mejillas arder, mientras la pasión los envolvía en medio de esa tenue luz de las velas, que invitaba a seguir sumergiéndose en sus más bajas pasiones.