Declaración: Los personajes de Naruto no me pertenecen, lo único mío aquí es la historia. –
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Genie II
Capítulo 3: Realidad.
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Luego de beber todo el whisky que tenía en el vaso, una camarera de naranjas cabellos y curvas exuberantes se había acercado hasta él con cierto temor.
– Señor, vamos a cerrar. Le pido que se retire por favor.
Por alguna razón él se negó rotundamente y en el acto casi le arroja el vaso a la mujer a la cara impactando por suerte en el muro detrás de ella, por supuesto, en menos de diez segundos tenía a dos gigantones guardaespaldas del lugar intentando tomarlo con su monstruosa fuerza. Con todos sus conocimientos de artes marciales que había aprendido desde joven intentó zafarse de esos dos, pero de igual manera terminó con el labio roto y en la calle.
Volvió como pudo y a lento caminar hasta su residencia, había hasta olvidado la razón por la que bebió tanto. Sus ojos le pesaban y su labio seguía escurriendo sangre, la que al contacto con el frío de la noche daba una sensación de ardor horrible.
– Mierda… – Comentó mirando hacia el oscuro cielo nocturno.
Una vez en la puerta de su departamento, buscó las llaves incesantemente ya que estas parecían no estar por ningún lugar de su vestimenta. Antes de que bufara por haber sido tan idiota como para dejar las llaves del inmueble adentro, la puerta de roble se abrió lentamente. Un par de ojos color jade se acercaron y miraron con curiosidad al recién llegado, abriendo de golpe la puerta una vez supo quién era él.
– ¡Sasuke-kun! – Se alegró ella, tanto que no reparó en que sus brazos rodearon el cuello del pelinegro en menos de tres momentos. Cuando notó que el cuerpo ajeno se había tensado, ella se separó de inmediato. – ¿Sucede algo? ¿Te duele algo? – Preguntó curiosa.
Por su parte, los ojos oscuros la miraron completamente sorprendidos y luego, una sonrisa socarrona adornó sus facciones. Sakura perdió el aliento al ver un humano tan perfecto.
– ¿Sasuke-kun…?
El pelinegro entró al departamento casi empujándola, cerrando de golpe aquella puerta marrón. Sakura lo vio entrar y perderse en la oscuridad de su habitación, ella no lo entendía… Y a pesar de ello, tomó aire lo suficiente para darse ánimos y caminó a paso decidido hasta la habitación oscura en la que su invocador había desaparecido.
Aun permaneciendo fuera de esa oscuridad y mirando a algún punto dentro dijo:
– Antes yo… No alcancé a presentarme bien. – Dijo prestando atención al nulo sonido que provenía de ese cuarto. – Soy Sakura, una genio y tú tienes derecho a tres deseos. – Se reverenció a modo de saludo, una costumbre de su parte cuando se presentaba a un invocador.
La figura del moreno apareció frente a ella repentinamente, tan rápido que ni ella pudo moverse. Él estaba muy cerca de ella, tanto que podría sentir su respiración. Entonces notó el olor a alcohol que despedía de él frunciendo el ceño, la nariz y la boca detestando el olor. Sasuke acercó la boca hasta su oído y susurró:
– Tu nombre…
El corazón de Sakura comenzó a palpitar de manera estrepitosa, preocupándola, alarmándola.
– Mi nombre… – Repitió mirando aturdidamente al rostro del Uchiha. – S-Sakura, soy Sakura. – Respondió tratando de calmarse.
– Eres preciosa Sakura. – El calor se agolpó en sus mejillas, su corazón no dejaba de latir desenfrenadamente y su respiración cada vez se hacía más pesada. ¡¿Qué clase de cosas era capaz de ocasionarle ese hombre con tan solo una frase?!
– Yo…
El muchacho unió sus bocas en un posesivo y agresivo beso, rodeando con sus brazos su delgada cintura. La pelirrosa estaba en shock, sumida en un mar de sensaciones nuevas y desconocidas, no teniendo la menor idea de lo que debía hacer. Posicionó sus manos en el pecho de él para empujarle, pero como si leyese su mente se apegó aún más a ella. Para cuando las masculinas manos comenzaron a moverse a lo largo de su espalda Sakura terminó por agotar su paciencia y golpeó con todas sus fuerzas al moreno, en una columna de humo se encerró en su recipiente y la babosa solo la siguió.
Sasuke tocaba su mejilla ahora completamente roja, comprendiendo por el dolor que nada había sido un sueño.
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Cuando el sonido de la ciudad afuera se hizo presente en sus oídos, un dolor gigantesco en su cabeza lo atormentó de golpe. A consecuencia de haber bebido tanto la tarde anterior en esos momentos sufría una horrible jaqueca. Frunciendo de inmediato el ceño intentó tranquilizarse, sabía que aquel dolor no se iría incluso si tocase con delicadeza para apaciguarlo. Chasqueó la lengua deseando poder seguir durmiendo otro rato más, pero al mirar el reloj a su lado indicando las tres de la tarde, tragó grueso al pensar en la cantidad probable de llamadas perdidas que tenía del trabajo. Y cuando en la pantalla solo indicaba la falta de carga del aparato, recordó que era domingo.
Se tendió nuevamente sobre la cama esperando poder dormir otro rato más.
Cinco segundos después y en una reacción tardía de su cuerpo, la mejilla que había rozado la almohada para descansar sobre esta le dolió. Su mano tocó con lentitud la zona comprobando que un golpe había sido depositado ahí. Un golpe tan doloroso como los que le daba Naruto en la adolescencia cuando de vez en cuando peleaban por tonterías. Un golpe hecho por una genio.
Sus párpados se abrieron con prisa.
Llegó en menos del tiempo esperado hasta el baño tratando de entender que no había soñado aquel golpe, y el color oscuro e hinchado que tenía su cara le demostraban lo verdadero que había sido todo. Comprobó que lo que llaman realidad era lo que sus ojos veían y la visión de la chica de cabellos rosados era tan real como su vida.
– Sakura… – Recordó el nombre de la muchacha. La genio se llamaba Sakura.
Recordando aquellas historias de lámparas mágicas y genios conceden deseos se acercó hasta el recipiente y lo acarició con algo de brusquedad. El silencio reinó el lugar como siempre. La gran babosa salió desde el fondo de la reliquia y Sasuke tuvo que aguantar sus ganas de soltar el objeto para aplastar al animal.
– Sakura-san no quiere verlo en estos momentos. – Dijo en un tono totalmente cordial y profesional.
Entonces él miró serio y determinado al insecto alegando: – Tengo tres deseos que pedir.
La conocida columna de humo rosa apareció en el instante en que la frase fue dicha, el Uchiha sonrió de lado habiendo logrado su objetivo, mientras que la ojiverde trataba de ignorarlo con su postura de brazos cruzados y su mirada concentrada en un lugar aparte de él. Solo en ese momento, Sasuke se fijó en ella por primera vez; ella era bella, dueña de un exótico cabello rosado y unos ojos jade que atraían indudablemente. Su vestimenta era una yukata rosada con una cinta de rojo y negro color en su cintura.
– Puedes comenzar… – Tomó el habla una vez se sintió demasiado observada.
– Quiero que me perdones. – Su verde mirada se encontró con la de él. – No, deseo que me perdones. – Dijo con un aire completamente impasible.
Katsuyu comprendía lo mucho que debían significar para su dueña aquellas palabras, que con tanta simpleza el moreno dejó salir de su boca. En toda la historia conocida, jamás alguien utilizaba un deseo en su propia genio, ni mucho menos si esto agregaba a los sentimientos.
Al ver tanto silencio alrededor, Sasuke agregó: – Te quedarás conmigo, quiero hacer unas cuántas cosas antes de pedir los otros dos deseos. ¿Entendido?
Sakura, que aún no salía de su sorpresa inicial asintió.
– Entendido.
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