Advertencias: Los personajes de Rurouni Kenshin no me pertenecen. Lo primero, perdón ya que hace mucho tiempo que no escribo nada y sigo sin beta. También quería dejar claro desde el principio cinco advertencias: es un AU, con todo lo que ello conlleva; y como no puede ser de otro modo, yo elijo el papel que juega cada personaje en esta historia; los capítulos serán cortos, no es negociable y en gran medida es por haber perdido la costumbre de escribir; dudo que sean más de seis o siete, sin una trama grandiosa o fuera de lo ordinario, puede que incluso sin final claro, atar cabos está bien, cerrar una puerta, no tanto; y por último, actualizo una vez a la semana.


Una partida amañada


3. Jaque

Desde su ventana miraba hacia la calle sin soltar el cigarrillo, a sus espaldas uno de sus subalternos le recordaba a modo de regañina que estaba prohibido fumar en el interior de las dependencias policiales. En un gesto meditado, Saitou sacó la mano por la ventana y enarcó una ceja, sin perder de vista a las dos sombras que acababan de salir de la comisaría. Y sonrió. Era su turno de cumplir la parte que le tocaba.

El oficial dio por imposible la tarea de reprochar la mala costumbre de su superior y antes de poder irse, la voz profunda de aquel viejo lobo lo detuvo con una última orden.

–Quiero un coche patrulla siguiendo los pasos de Himura noche y día, ¿entendido?

Saludó y salió de la estancia dejándole solo nuevamente. La chica se había desenvuelto con soltura a pesar de llevar un tiempo más que prolongado sin haber aparecido por allí, o mejor dicho, atender casos de su especialidad, pero hay cosas que nunca se olvidan. Sonrió. Pronto puso en su sitio a los dos policías más jóvenes y dejó aturdido a su cliente. Ah, ese momento en el que se transformó a pesar de las inseguridades y empezó a mandar y demandar a diestro y siniestro sobre el trato hacia su cliente con bombas de humo para conseguir tiempo, para poder marcharse de allí sin siquiera pagar fianza; hasta Himura pareció impresionado, y él mismo podía poner la mano en el fuego que aquel bastardo había pasado por aquella miserable situación veces suficientes como para darse cuenta de que había encontrado una joya de abogado. Aunque en realidad, su sonrisa se amplió, no sabía dónde se había metido.

–Deberías estar orgulloso de tu hija –susurró mientras escupía le humo antes de tirar la colilla por la ventana–. Y de este modo, yo sigo manteniendo mi promesa.

Tampoco ella sabía bien de los lodos por los que ahora caminaba. Al menos le había dado tiempo antes de que la chica llegara a leerle bien la cartilla a Himura para que no soltara palabra, y sabía de sobra que Kamiya era un apellido en el que el maldito confiaría sin dudar, no por nada estuvieron en el mismo bando: el de los perdedores. Y si había tenido dudas ella misma se las había despejado. También le alertó que no debía soltar ni una palabra de la misión que le había encomendado mientras durara esta partida en la que estaban metidos, aunque al principio estuvo receloso de querer involucrar a alguien ajeno, era cuestión de tiempo que descubriera que ella también sacaría ventaja de todo ese lío en el que de un modo u otro estaba ya involucrada, sí ella también. Aceptó. Por el pasado, por los viejos tiempos, por el honor y la gloria, recitó inconscientemente a fuerza de costumbre esas palabras que muchas veces escuchó en boca de otros y en las que nunca creyó. Por otro lado, si la chica era lista, cosa que no dudaba después de todos aquellos años jugando al ratón y al gato por los juzgados juntos y enfrentados, aquello sólo podía definirse de una manera: matar dos pájaros de un tiro. Y que los tres lo supieran era esencial para sacar adelante la partida, porque «a buen entendedor, pocas palabras basta» y ella entendió perfectamente en lo poco que cruzaron antes de empezar aquella mano, y más iría entendiendo a medida que hablara con su cliente. Es más, aquel cambio en su estado de ánimo, en su espíritu era más que suficiente para estar seguro que llegarían hasta el final, fuera cual fuera el desenlace. Aunque… recordó las últimas palabras que ambos intercambiaron en la sala de interrogatorios, hasta él empezaba a creer que todo era posible.

Ya sólo quedaba cerrar el caso. Los casos. Nadie le aseguraba que fuera a ser fácil, tampoco que en el siguiente recodo se complicara más, o que hubiera otros efectos colaterales desafortunados durante el camino, porque los habría, estaba seguro, sólo esperaba que ellos aceleraran el proceso, no lo ralentizaran más. Debía estar preparado. Como era habitual en él, Saitou no daba un paso sin antes preparar los cuatro siguiente, pero también debía esperar que ellos hicieran su parte, y así poder alcanzar una meta clara que los tres conocían bien.

Encendió otro cigarrillo, él seguiría con sus pesquisas, esperando que de todas las cañas que había tirado, alguna picara con el pez que le acercaría más a ganar la competición, no por nada era un viejo lobo. Cerraba su mano y asentía orgulloso, no era para menos.

Volvió a mirar por la ventana para ver cómo ella tiraba de él hacia el autobús de línea que les conduciría de vuelta al bufete del puerto, luego comprobó como al ponerse éste en marcha, un coche de los suyos imitaba el gesto. Podía haberles dado la dirección para ahorrarle el camino, para camuflar más a sus investigadores, pero esa no era su intención: era necesario que ambos se dieran cuenta que estaban vigilados. Ellos y ellos. Final de su mano.

–Jaque. Te toca mover pieza, Takeda.

Lo iba a conseguir. Esta vez no se le escaparía. Atraparía a Takeda y haría que todo el peso de la ley cayera sobre él y los suyos.

En su escritorio la sonrisa fija de su esposa le miraba condescendiente, a su lado el informe del caso Himura. Apenas una página y media repleta de datos circunstanciales cogidos con pinza y orientados a un fin, todo en ese documento indicaba claramente que todo había sido orquestado para que lo ficharan una vez más. Takeda no se habría dado cuenta de su trampa hasta que fuera demasiado tarde, mientras tanto, una de sus alas estaba cortada y como pocas veces sucede en el ajedrez, el precio que él había pagado por perder esa pieza había sido mínimo comparado con el daño que le iba a causar. Battosai ya no era una opción en el tablero, y él estaba dispuesto a demostrarle que con un simple peón, una torre y un rey podía ganarle en pocos movimientos.

–Con el debido tiempo, el más simple peón puede convertirse en una peligrosa reina... –Sonrió antes de coger el expediente y tirarlo a la basura –. Ojalá poder ver cuando la niña descubra que el gatito perdido que cree haberse llevado a casa es más bien una vieja hiena. No me decepciones, Himura.


N/A: Si os apetece, no os olvidéis que podéis comentar, poner en favoritos, activar alertas y todas esas cosas que me hacen sonrojar y que agradeceré hasta la eternidad.

También acepto amenazas, pero sólo si están recubiertas de chocolate :3

¡Muchísimas gracias por leer!

PL.