Hola, lamento la espera pero tengo la esperanza de que haya merecido la pena.
InFamous: Second Son es propiedad de Suker Punch Productions.
Cuando Delsin regresó a la habitación la pelirroja ya estaba en la cama de espaldas a él con la respiración profunda y constante. El plan era esperar a que la noche cayera pero el moreno no era un chico paciente. Mirando a Riley quien parecía agotada murmuró una disculpa mientras abandonaba el apartamento.
Las calles que hacía poco menos de un año habían presenciado su cruzada contra el D.U.P. ahora lo volvían a ver con un nuevo propósito, destruir Curdun Cay el símbolo del miedo para cualquier conductor. Entraría allí, se llevaría a su amigo y reduciría ese lugar a cenizas. En la mente de Delsin ese era un plan, uno muy bueno según su opinión, pero la realidad era muy distinta a las fantasías del moreno.
Volar por la ciudad era sencillo, podía recargar sus poderes con relativa facilidad, en cambio en medio de unas montañas nevadas lo que le quedaba era caminar mientras trataba de recordar por qué le había parecido una buena idea ir a través del bosque.
El sol se empezaba a poner cuando vislumbro el horrendo edificio de hormigón, que le pareció una bendición caída del cielo mientras se frotaba con insistencia las manos y trataba de mantenerse caliente moviéndose constantemente. Estaba helado, le dolían los pies y por si fuera peor no tenía ni idea de cómo entrar discretamente en un lugar tan vigilado. Borrando eso último de su cabeza sonrió al ver una maravillosa y práctica rejilla de ventilación por la cual se coló sin percatarse de que le estaban esperando.
Riley se despertó con el molesto sonido de la alarma taladrándole los tímpanos. Con un suspiro derrotado se incorporó buscando el origen de ese ruido infernal a la vez que se pasaba una mano por el cabello en un intento de verse presentable. Buscando con la visión borrosa al moreno se levantó desperezándose una vez estuvo en pie. Salió de la habitación frotándose los ojos dándose cuenta del silencio inusual que la rodeaba. Despejándose súbitamente al encontrarse sola en el apartamento se apuró en vestirse saliendo del piso con tanta prisa que fue terminándose de atar las botas por las escaleras, resbalando en el último tramo casi cayendo de morros al suelo si no hubiera sido porque pudo apoyarse en la pared a tiempo.
Con el moreno cabeza hueca desaparecido la chica se temía lo peor y no fue hasta que empezó a oír jaleo entre los transeúntes que su corazón pareció detenerse. No muy lejos de ella se había aglomerado una gran cantidad de personas en un bar mirando fijamente la televisión. Sin perder un segundo se unió a la multitud silenciosa que escuchaba atentamente lo que un capitán de la policía anunciaba.
—No solo atacó unas instalaciones pertenecientes al orden público sino que además asesinó a tres policías, uno que le pidió que se marchara y a otros dos que intentaron reducirlo. Esto prueba que es necesario mantener un estricto control sobre los conductores quienes no solo poseen unas capacidades que amenazan a la población sino que además guardan un gran rencor a la mayoría de la ciudadanía por su anterior aprisionamiento en Curdun Cay siendo muestra de ello el ataque de hace unas horas.
La de ojos azules no podía dejar de mirar incrédula a la pantalla mientras el sonido parecía desaparecer de su alrededor. No solo habían perdido una importante batalla además Delsin había perdido toda la simpatía y credibilidad con la que ella se disponía a ganar la guerra. Saliendo del establecimiento se quedó inmóvil en la calle ignorando el frío que se apoderaba de ella mientras permitía al viento herir su piel. El vacío que la invadía parecía llevarla rápidamente a la desesperación y no vio venir el peligro hasta que fue demasiado tarde. Un grupo de hombres vestidos de gris la inmovilizaron obligándola a subirse en un coche. Reconociendo rápidamente el metal del cañón de la pistola sobre su sien dejó de retorcerse esperando a que alguno de sus asaltantes hablara.
El tiempo se le hacía eterno con la amenaza de muerte sobre su cabeza y el silencio mortuorio que inundaba el vehículo. En todo el rato que había durado el trayecto nadie había dicho nada como si se tratara de una marcha fúnebre. Tragándose el nudo que se había apoderado de su voz trato de pensar las palabras adecuadas que pronunciar ante sus captores sabiendo que su vida podía depender de ellas. Sabía quiénes eran y porque se la habían llevado así que solo tenía una única pregunta coherente que hacer.
—¿Por qué sigo con vida?—trató de articular sus palabras sin reflejar el terror que sentía.
Ninguno de ellos le ofreció una respuesta limitándose a ignorarla como si nunca hubiera abierto la boca. Sin molestarse a volver a intentarlo dirigió su mirada a las ventanas asegurándose de no hacer ningún movimiento en un intento de averiguar donde la estaban llevando en un desesperada búsqueda de calma en su conocimiento teórico de situaciones peligrosas repitiéndose una y otra vez lo que debía hacer como un extraño mantra.
El coche se detuvo en seco ya bien entrada la noche dejando alrededor del grupo una absoluta oscuridad. A empujones la llevaron hasta unas escaleras que no parecían tener fin en la espesa negrura de la bajada. El eco de sus pasos resonaba por las gruesas paredes de hormigón aumentando la sensación de Riley de estar yendo a las profundidades del infierno. Cuando el hombre que iba delante de ella se detuvo estuvo a punto de chocarse con él y tras un breve momento de confusión una potente luz la cegó durante unos instantes.
—Llévala a su habitación—ordenó fríamente un hombre imponente que parecía estar al mando de aquel lugar subterráneo.
Únicamente con un ligero asentimiento de cabeza dos de los hombres que la habían secuestrado la escoltaron por los grises pasillos de la instalación hasta llegar a una pesada puerta de metal. Tras empujarla al interior encerraron a la pelirroja dejándola sola y completamente a oscuras.
Guiándose solo por su sentido del tacto intentó hacerse una idea de en qué clase de lugar la habían encerrado. El lugar era pequeño, sin más salidas que la puerta por la que había entrado, en una de las esquinas más alejadas de la puerta había notado una extensión de la pared que ocultaba un excusado y en el medio de la sala un colchón. Dejándose caer en este trató de ignorar el olor a moho que emanaba y cerró los ojos en un intento de alejar la mente de ese lugar.
Delsin se retorcía violentamente tratando de liberarse de su cautiverio pero todo su esfuerzo era inútil. No podía usar sus poderes con esas dichosas esposas amarillas ni tampoco levantarse de la silla a la que lo tenían atado. La potente luz blanca que venía del techo era cegadora incluso hasta cuando se le acostumbró la vista a ella siguiendo siendo molesta. No había visto a nadie, el último recuerdo que rondaba su mente era el de haberse introducido en los conductos de ventilación y después nada, un gran vacío hasta encontrarse en el lugar actual. Había probado a gritar, insultar, chantajear y contar chistes solo con el propósito de saber que no estaba solo, que no lo habían abandonado a morir.
Cuando la pesada puerta de metal se abrió un ápice de esperanza apareció en la mente del moreno al ver entrar a un hombre uniformado de cabello negro y ojos azules. Su mirada fría llena de superioridad escudriñaba a Delsin como si se tratara de un despojo.
—Oye, ¿de qué vas?—le preguntó el de la gorra roja al recién llegado harto del silencio y su pedantería.
—Tus modales son tan refinados como un puerco en una reunión del té, pero no estoy aquí para enseñarte algo debido a tu deficiente educación—argumentó el oficial apoyándose en la pared de hormigón—. Soy el Capitán Shepard, y te he traído aquí debido a tu relación con la liberación de los conductores al igual que a tus amigos.
—¿Dónde están? ¿Qué les habéis hecho, hijos de puta?—exigió Delsin mirando al capitán con odio.
—Deberías aprender a comportarte, no estás en posición de exigir nada. Los de tu tipo me repugnan, solo sois una lacra para la sociedad y por si fuera poco eres un monstruo. Llegaste muy tarde al reparto de virtudes.
—No sé que es peor estar atado o tenerte que escuchar. ¿Nunca te han dicho que eres un pesado?
El de cabellos negros lo miró con desprecio mientras abandonaba la habitación dejando caer su última frase con una naturalidad que parecía utilizarla todos los días.
—Disfruta del poco tiempo que te queda. Este sitio será tu tumba.
El sonido de la cerradura sacó a la pelirroja de su trance poniéndola en alerta. Mirando fijamente el punto donde se encontraba la puerta vio una silueta que reconoció enseguida. Su sangre empezó a hervir a la vez que su rabia la hacía apretar los dientes con fuerza tratando de contenerse y no saltar sobre él.
—Es una pena que tengamos que reunirnos así después de tanto tiempo sin vernos, cariño—le dijo el capitán a Riley mientras las luces de la habitación parpadeaban varias veces antes de encenderse—. Me hubiera gustado traer algo con lo que pudieras pasar el rato pero no te preocupes cuando vuelva a Seattle me asegurare de comprarte algún libro.
Acercándose a la chica se agacho a su lado sin apartar su tierna mirada de ella haciendo ademán de abrazarla pero se retracto cuando la de ojos azules se apartó bruscamente de él. Si las miradas mataran ella lo hubiera convertido en cenizas.
—Sé que fue duro pero lo hice por tu bien, por el de todos. No podía dejar que mi propia casa se llenará de monstruos. Nos engañaron a los dos y sé que algún día lo entenderás pero hasta entonces no puedo dejar que sigas poniéndote en peligro por culpa de sus mentiras.
Riley ignoró completamente sus palabras y se negó a responder a sus intentos de acercarse a ella como un animal herido que está dispuesto a defenderse pese a su desventaja. Jamás le perdonaría y si creía que el tiempo sanaría sus heridas estaba muy equivocado, pues nunca olvidaría lo que hizo. Despidiéndose de ella con una mirada amable el capitán Shepard abandonó la habitación dejando de nuevo oscuridad tras de sí.
Lentamente sus ojos volvieron a acostumbrarse a la negrura de su prisión. El tiempo en ese lugar parecía un lujo del que jamás podría disponer. Era incapaz de calcular cuánto llevaba encerrada en ese húmedo y frío lugar. En su mente era una eternidad mientras que su razón le decía que no podían ser más que unos pocos días. Casi no era capaz de recordar ningún otro olor que no fuera el de moho que invadía sus fosas nasales y se había pegado a su piel, los pocos minutos de luz eran un tormento para sus ojos adaptados a la oscuridad por no hablar de las insípidas raciones que solía traerle el capitán.
El moreno sentía la boca completamente seca tras horas encerrado en aquel horrible lugar. No quería morir y mucho menos de ese modo. La desesperación recorría su cuerpo arrasando con cualquier rastro de esperanza que hubiera tenido. Nadie le ayudaría, su hermano estaba muerto y sus amigos parecían haber corrido la misma suerte. Estaba completamente solo en ese oscuro y frío lugar.
Cerrando los ojos en un intento de encontrar algún consuelo en su memoria trato de recordar los felices días en los que sus padres y su hermano estaban con él pero poco a poco los recuerdos se fueron distorsionando. Reggie lo miraba suplicante mientras él lo sujetaba con todas sus fuerzas tratando de ignorar el peso cada vez mayor que arrastraría a ambos al fondo del río. Esa imagen tan dura para Delsin fue el último recuerdo que le quedaba de su hermano.
El jaleo del exterior perturbó la concentración del moreno, la cual no era mucha, tratando de centrarse en los sonidos que se colaban a través de la gruesa puerta de metal. Los disparos cada vez se oían más claros y el chico de la gorra roja recordó unos fríos ojos azules que solían mirarlo como si fuera el ser humano más estúpido de la tierra. Sin pensarlo dos veces empezó a gritar tan fuerte como sus pulmones le permitieron.
—¡Estoy aquí! ¡Estos pirados me tienen atado a una silla!—cuando el sonido se detuvo la preocupación se apoderó de él pero la puerta empezó a ser forzada pocos momentos después—¿Hola?—preguntó Delsin al oír unos pasos acercándose deteniéndose justo detrás de él—. ¡No debería haber venido solo, lo reconozco! ¿Contenta?
—¿En serio? ¿Nos reencontramos y me confundes con una mujer?—dijo una voz juvenil claramente decepcionada—. Tío, eso duele.
—¡Eugene!—exclamó el moreno sorprendido a la par que aliviado—. No sabes cuánto me alegro de verte.
—¿Esperabas a otra persona?
—Nah, siempre supe que serías tú, mi héroe—respondió de modo burlón mientras se frotaba las muñecas después de que el castaño lo liberara—. ¿Sabes donde se han llevado a Fetch?
—Sí, antes de venir a buscarte me he pasado por el ordenador central. La tienen en algún lugar en Seattle.
—Sabes que eso no nos ayuda, ¿verdad?
—Está en algún lugar del centro, el D.U.P. autorizó la creación de unos túneles subterráneos para poder moverse libremente por la ciudad sin que el ejército pudiera observarlos poco después de su creación pero los militares les impidieron terminar. Cuando el D.U.P. iba a pasar sus competencias a los militares estos terminaron su construcción. Pero después de nuestro escape quedaron relegadas y olvidadas.
—A ver si lo he entendido bien. ¿Estos tíos están en un laberinto subterráneo justo debajo de la ciudad y nadie se ha dado cuenta?—preguntó el de la gorra con incredulidad.
Eugene se limitó a encogerse de hombros y a salir por la puerta que acababa de abrir haciéndose invisible poco después.
—Ve a un sitio abierto y te mandaré a uno de mis ángeles para que te lleve a la ciudad.
—En marcha—se limitó a responder Delsin absorbiendo el humo de la primera máquina escacharrada que encontró.
El camino hacia el exterior fue duro estando poco acostumbrado a pelear en sitios cerrados pero tras lo que le pareció una eternidad dando vueltas por los mismos aburridos y grises pasillos logró salir al claro cielo del alba. Estirando los brazos dirigió su mirada al cielo respirando profundamente el puro aire de las montañas.
