Disclaimer: Los personajes del Smash Brothers utilizados en esta historia no son míos, si no de la compañía Nintendo y/o sus respectivos creadores. No obtengo ningún beneficio monetario con esto, mi único propósito es el de entretener. Lo único que es mío, es la trama.
Aclaraciones al final.
...
.~Un Nuevo Comienzo~.
CAPITULO III
Cena
por Zeldi-chan de hyuuga
Al llegar a su cuarto designado, el 132, lo primero que hizo fue dejar sus maletas de lado, y dejarse caer de espalda en la mullida y pulcra cama. La alcoba era sencilla, pero con un toque de elegancia, con una vista sumamente hermosa. Era muy acogedora, haciéndola sentir una gran paz en el interior.
Suspiró cansada.
Ahora su mirada estaba concentrada en alguna parte del techo. Giró su cabeza, observando su bolsa de mano a unos cuantos metros de ella, recordando lo que había en su interior.
—¿Llevas todo lo que necesitas? — esas habían sido las palabras de su hermano, quien la llevó en su lujoso Jaguar XF esta mañana al punto de encuentro: El instituto.
—Sí—aseguró, mientras su hermano hizo alto en una esquina, para dar paso a otro auto. Su hermano tenía 19 años, y era de cabello rubio. Vestía un traje negro, de confección italiana, uno de los mejores si debía agregar, y una gabardina del mismo color, resaltando lo nívea de su piel. Se dirigía a una de esas juntas importantes de trabajo. Lucía muy bien, y no solo lo decía porque era su hermano.
—Dos semanas ¿cierto? — esa pregunta sacó a Zelda de sus cavilaciones, pero entendió que se refería al tiempo en que se quedaría allá. Su hermano piso levemente el acelerador, para proseguir con su camino.
—Sí— era extraño que su hermano estuviera haciendo tantas preguntas, cuando el normalmente era muy callado. Estaba consciente de que no habían hablado en todo el camino, aun así, Sheik solía ser muy reservado, solo preguntando lo necesario.
El semáforo cambio a color amarillo, para después cambiar a rojo, haciendo que Sheik frenara calmadamente.
—Antes de que te vayas— comenzó Sheik, captando la total atención de su hermana. Sheik seguía mirando hacia el frente, por lo que Zelda lo miraba de perfil. Se había dejado crecer el cabello, cubriéndole uno de sus ojos color escarlata. Los mismos ojos de su madre…
Tan entretenida estaba Zelda, de nuevo, que no se dio cuenta que Sheik había girado su cuerpo, extendiendo su brazo, al parecer para alcanzar algo en el asiento trasero. Al tener lo que buscaba en mano, se lo extendió a Zelda, esperando que ella lo tomara.
—¿Qué es eso? — preguntó con evidente confusión, tomando el objeto, observándolo detenidamente. Sheik rió.
—¿No los conoces? — inquirió sarcástico.
—Sé que es— aclaró irónica, los conocía a la perfección—. Es solo que…
—Es un libro, más bien un diario— confiesa. El semáforo cambio a verde, por lo que Sheik puso sus ojos en el camino.
—¿Un diario? —La castaña observa el libro en sus manos. Lo abrió, confirmando lo dicho por su hermano. Las hojas tenían renglones impresos. Cerró el libro, apreciando con más detenimiento el grabado en la pasta de cuero verde olivo, acariciándolo con sus pequeños dedos pulgares. Podría jurar que estaba hecho a mano. Giró el libro, notando que todas las hojas tenían unos finos brillos, haciendo que la parte donde normalmente se veían las hojas, brillara al estar bajo cualquier reflejo.
—Hermoso ¿No es cierto?
—…Sí — El rubio la miró por el rabillo del ojo, notando el brillo especial en los azules ojos de su hermana. Una sonrisa se posó en su rostro. Sin embargo, el rostro de Zelda tomo una expresión afligida.
—¿Sucede algo..?
—Sabes que no me gustan las cosas ostentosas— reprochó tímidamente la castaña, provocando que su hermano ahogara una risa. Para que uno de esos libros fuera tan hermoso a simple vista, debió costar mucho más que uno de los diarios comunes que venden en módicas librerías, sobre todo si este portaba un bordado exclusivamente de una de los editoriales poco accesibles.
—Por favor, no es para tanto— aclaró llanamente—. Después de todo… no te veré por dos semanas, debía darte algo para que no te olvides de mi.
—¿Olvidarte? — Interrogó divertida—Claro que no. Eres mi hermano, nunca te olvidaré —. El mayor bufó una sonrisa, divertido.
Estaban a unas calles de llegar a la escuela. A lo lejos, se podía apreciar a todos los jóvenes en el patio del mismo, vistiendo ropa invernal debido a la estación en la que estaban. Algunos recién iban llegando en sus automóviles, ostentosos y nada discretos obviamente.
—Sé que no te gusta mucho escribir— admitió, haciendo un nuevo alto—. Pero… si lo analizas bien— el coche avanzó—, es una forma muy relajante de expresar todo lo que sientes— Sheik giró levemente el volante, para así poder estacionarse. Al terminar, movió la palanca de cambios, dejando el auto el completo mutismo—. No te obligare a usarlo— La mira, brindándole una sonrisa, dejando a la joven muy sorprendida. Eran pocas veces las que lo veía sonreír—. Sin embargo, no pierdes nada con intentarlo.
—Muchas Gracias, hermano— agradeció, con una evidente sonrisa en el rostro.
Ambos salieron del llamativo auto, abrigándose debido al cambio de temperatura. Como todo un caballero, Sheik abrió la cajuela, sacando la gran y pesada maleta color morado de su hermana, junto con otra más pequeña, aunque para él no fue un contratiempo.
—Diviértete— concede el rubio, para finalmente abrazar a su hermana y darle un beso en la frente.
Poco a poco, abrió sus ojos, trayéndola a la realidad, mientras tenía una ligera curvatura en sus labios.
¿Acaso se había quedado dormida?
Observó su reloj de muñeca. Efectivamente se había quedado dormida, pero nunca se imagino que hubiera dormido dos horas y media.
Haber recordado lo de esta mañana la había puesto feliz. Ojala y a su hermano le haya ido bien en la importante reunión. Elevó las piernas, para darse vuelo y poder levantarse de un salto de la cama. Lo primero que hizo fue cargar, como pudo, la enorme maleta morada, y ponerla sobre una mesa que estaba en su cuarto. Sabrán las Diosas como Sheik cargo su maleta con tanta naturalidad.
Se quitó la pesada chaqueta que traía consigo, colgándola en el armario color chocolate, dejando al descubierto su delgado cuerpo. Se deshizo de sus botas invernales, cambiándolas por unas pantuflas en forma de botín que había sacado de su maleta.
En fin, se quiso poner un poco más cómoda.
Finalmente, fue por su bolsa de mano, sacando de esta el regalo de su querido hermano, junto con una de sus plumas favoritas. Fue inevitable no sonreír al volver a ver el libro. Tomó asiento en una silla de por ahí, situando el libro frente a ella sobre la mesa. Sin querer, volvió a pasar una mano sobre el exquisito bordado, procurando no maltratar el costoso libro.
Suspiró resignada. Su hermano nunca entendería que prefería algo mucho más sencillo y rústico, aunque de vez en cuando disfrutaba cuando lo venía llegar de la Universidad con un regalo en manos—lo que no disfrutaba era que eran igual de costosos—. El último regalo fue precisamente la bolsa de mano que traía consigo. Una bolsa de diseñador color crema, con detalles en rosa y morado, con un llavero precioso amarrado al cierre de la bolsa, que no se consiguen fácilmente y en cualquiera lugar. Le quiso dar taquicardia cuando vio la etiqueta del precio que su hermano olvido quitar.
Destapó la pluma, colocando el tapón en la parte trasera de la misma. Ansiosa, abrió el libro, saltándose la primera página en color crema, para así poder empezar a escribir. Entonces las palabras no tardaron el fluir.
Día 1:
No soy de las personas que acostumbran escribir uno de esos "diarios," ... pero pienso que siempre hay una primera vez para todo. Además, supongo que no pierdo nada con intentarlo
Tampoco soy de las personas que gusta demasiado el hacer viajes de grupo. Y mírenme ahora.
Si no hubiera sido por mis amigos, Pit y Marth, tal vez no se me hubiera pasado por la cabeza el venir, y pienso que Sheik también influyó en la decisión. Como ellos dijeron: Es bueno distraerse de vez en cuando.
Bien… todo comenzó aproximadamente en Noviembre; recién acabábamos de terminar exámenes. Todos estábamos sumamente agotados. Por todas las Diosas ¿Ocho exámenes, de tres hojas cada uno? Creó que se estaban poniendo muy estrictos en cuanto a la teoría se refiere. Losé, losé, debo recordar que el instituto donde estudiamos no es normal.
"Smash Brothers" no era escuela cualquiera. Sólo acepta a ciertas personas, con los requisitos y capacidades requeridos, uno de ellos es un promedio de nueve en adelante.
La escuela es pequeña. No demasiado, pero tenía lo suyo. Sin embargo, no eso no le quitaba lo exclusiva que esta puede ser.
La mayoría, queramos o no, tenemos un pasado que nos "clasifica", por así decirlo. Por ejemplo: Los hermanos Bros: Mario y Luigi, futuros dueños de la cadena bancaria de su padre. Fox McCloud, sucesor de la empresa de aviación de su padre: James McCloud, y socio de los Lombardi.
La mayoría tiene ese "algo" que los identifica de los demás, si no es que todos. Con eso me refiero a, si te ven caminando por la calle, te identifican como :"Mira, ahí va el, su padre es el dueño de esto o aquello".
Incluyéndome…
Al haber terminado todos los exámenes restantes, a Peach se le ocurrió una gran idea. Normalmente sus ideas son algo descabelladas, pero esta había sido bien recibida
"¿Qué les parece unas vacaciones invernales en la montañas? ¡Les prometo que será divertido!" Y esa fue la oración con la que todo esto dio comienzo "¿Qué mejor que un descanso con todos tus amigos cerca de las montañas?" Al cabo de unos días, situaron el día y la hora indicada para que el autobús pasara por nosotros. Obviamente, todo esto fue cortesía de Peach, nosotros solo contaríamos con nuestra presencia. Fue muy considerado de su parte.
Hasta ahora, todo va bien.
Hoy fue un día tranquilo, gracias a las Diosas.
Al entregarnos las llaves, cada quién tomo su rumbo hacía su habitación. Yo tomé el ascensor con Marth y Pit — Sí, la cabaña tenía ascensor— para llegar al piso con la numeración 130. Eso no quiere decir que tuvimos que subir 130 pisos, no. Cada piso tenía 12 habitaciones, que empezaban desde el número 100. Aunque no lo crean, la cabaña tenía cinco increíbles y enormes pisos. El último piso solo contaba con dos habitaciones, que ahí era donde Peach dormía.
Si mal entendí la explicación de Peach, estaba cabaña-mansión-hotel fue especialmente construida para recibir exclusiva y únicamente a familia Toadstool. Una vez al año, por lo menos, venían a esta residencia enorme hecha de madera, solo para pasar un buen rato con los suyos. Esta vez hizo una excepción, y así poder invitarnos a todos nosotros. De nuevo, pienso que fue muy considerado de ella el invitarnos.
Al llegar al piso correspondiente, comenzamos a buscar los números en las puertas, después cada quien se fue al cuarto designado. Marth se ofreció a llevarse mi maleta, pero les dije que yo sola podía. Además del hecho que soy un poco orgullosa para pedir ayuda, no era como si estuviéramos tan lejos uno de otro.
Tuve dificultades para insertar mi tarjeta en la bendita abertura de la puerta, pero con la ayuda de Marth lo logré. No me gustan mucho ese tipo de "llaves", siempre acabo metiéndolas al revés…
Entré y contemplé todo el lugar, sobretodo la hermosa vista proveniente de la ventana. La habitación es grande, tanto como para albergar a cuatro personas más.
¡Cierto!, Antes de recoger mi maleta, me paso algo muy… cómico, ahora que lo pienso.
A pesar de todo lo que ha pasado estos últimos años, me es muy agradable la época de frío. Me distraje con el precioso Árbol de Navidad, que la mayoría ya se había ido a la otra estancia, si no hubiera sido por Marth, tal vez me hubiera quedado ahí todo el día. Nos encaminamos hacia donde Pit nos señalo, y entonces se cayó mi bufanda.
Sí, soy muy torpe.
Cuando la recogí, no me di cuenta, y choque, al parecer, con el muchacho de nuevo ingreso.
Si no me equivoco, su nombre es Ike… Greil; Dueño de una cadena hotelera, con demanda al parecer. Nunca había escuchado hablar de esos hoteles. (…"Royal Mist"…)
De nuevo, el típico pasado que te "clasifica"
...
—¿Qué habitación te toco a ti?
—140, ¿Qué número es la tuya?
—145
—¿Qué tal? No quedamos tan lejos— responde el de orejas puntiagudas.
Ambos escucharon el típico sonido de un elevador al abrir sus puertas, dando a indicar que podían ingresar al mismo. Las puertas se cerraron, por lo que Link pudo presionar el botón con el número cuatro. El ascensor comenzó a moverse, señalando que ya estaba subiendo.
—Veo que ya conociste a Zelda— comienza el rubio, ahora que se encuentran solos.
—¿…Zelda? — lo miró, confundido. Si no lo conociera, juraría que había hecho un tono tunante al hablar.
—Sí, con la que hablaste hace rato— aclaró amable el rubio, o al menos lo intentó. Ike arqueó una ceja, confundido.
—Yo no conozco a ningu…— No pasaron ni dos segundo antes de que recordara. Con que así se llama…—. ¡Ah! ella— dijo Ike—. De hecho, no sabía su nombre, hasta ahora— confiesa, por un instante dudando si contarle lo siguiente—. En el momento en que estaba respondiéndole a mi madre, ella chocó conmigo. Me disculpe, y luego se fue.
Las facciones de su amigo se relajaron.
—Oh, creo que eso no lo sabía— menciona, un poco más para sí mismo—. Discúlpame, parezco un novio celoso…
—¿Es tu novia? — esa pregunta había salido tan en automático, que hasta se cuestionó el mismo si lo había dicho en voz alta. Por suerte, Link solo comenzó a reír.
—Jajajá ¡No! ¿Cómo crees? — el de cabello ocre intentó detener su escandalosa risa, que casi hasta se podía oír fuera del ascensor.
Internamente, el de cabellera azulina se sintió avergonzado. ¿Qué le pasa? nunca había reaccionado así, metiéndose en temas que no le incumben. Fue inevitable que la imagen mental de su amigo abrazando a… Zelda interrumpiera su pensamiento, eso le hizo que desviara su mirada, y que sus mejillas tomaran un ligero tono carmín, casi invisible. Su rubio amigo ya se había recuperado del ataque de risa.
—Verás… — pero su semblante cambió a uno serio, llamando más la atención de su distraído compañero— Su… —vacilo—, padre y mi padre eran familiares, primos mejor dicho, así que eso nos convierte en primos, o algo así.
—Oh…— Ahora entendía el por qué ambos tenían esas orejas.
—Lamento si te incomodé— reitera Link, apenado—. Suelo ser… un poco sobreprotector.
Esa última frase resonó varias veces en su cabeza. Comenzó a analizar las cosas. Aquel golpe en la espalda que Link le dio no fue para apurarlo, si no por haber hablado con Zelda. En cierta manera, le causó algo de gracia, él a veces también es muy protector con su hermana: Mist.
En ese momento, que las puertas del elevador se abrieran había sido de mucha ayuda, dado que Ike no sabía que más decir. Los dos salieron del ascensor, con sus maletas en mano. Link no tardó nada en encontrar el número 140, después de todo era el primer cuarto. El de Ike solo estaba a unos cuantos pasos.
—¿Nos vemos en la cena? —inquirió Link, casi en tono de duda.
—Claro— sonrió Ike. De todos modos, no tenía a nadie más con quién ir.
El rubio insertó su tarjeta en la abertura de la puerta, pudiendo así entrar a su habitación. El de cabello azulino retomó el camino, buscando así la puerta con la numeración 145.
...
No lo sé, pero me siento algo extraña. Hacía años que no viajaba en grupo. Casi siento como si fuera algo nuevo para mí.
Además…
Unos golpes en la puerta hicieron que Zelda saliera de sus pensamientos y dejara de escribir. ¿Quién podría estar llamando la puerta?
—Ya voy—cerró el libro de pasta verde olivo, dejando la pluma de un lado. Se levantó de la silla para ir a atender la puerta, no sin antes darse una mirada en el espejo y acomodarse un poco su rebelde cabello.
—¿Quién es? —exclamó Zelda, antes de abrir la puerta.
—¡Soy yo, pastelito!
—¿Peach? — dudó, aunque ese tono de voz era inconfundible. Tomó la perilla y abrió la puerta, encontrándose con una sonriente rubia con un gorrito y guantes rosas.
—¡Hola querida! ¿Cómo va todo? — inquiere alegremente.
—Pues, bien…
—¡Esplendido! Bueno, solo me aseguró de que todo esté en orden por aquí— aclaró, brindándole una gran sonrisa a la castaña. Era increíble como Peach pudiera mantenerse de tan buen ánimo —. Cualquier cosa no dudes en llamarme, la cena no tardara en servirse, ¡Hasta luego cerecita!
Tan rápido como vino, esta se fue, dejando a Zelda parada en el umbral de la puerta.
Lentamente, cerró la puerta. Tenían tiempo de conocer a Peach, más de un año si era específica. A simple vista, se notaba que era una persona muy dulce, sin mencionar el buen gusto que tenía al vestir, eso le había dado la confianza como para entablar una conversación con ella.
Sin embargo, pese a que eran contadas las mujeres en el instituto, ambas tenían gustos diferentes.
La rubia era muy popular entre los jóvenes, luciendo su hermosa cabellera como el sol y unos ojos que el mismo cielo envidiaría, siendo la perfecta definición para la palabra glamur. Todos vestíamos uniforme, pero ella siempre le daba ese brillo especial a su ropa, colocando prendedores, y usando accesorios verdaderamente finos.
Claro, eso no quería decir que era una de esas típicas "muñecas de plástico." Tenía unas excelentes resultados de las materias, sobre todo en Química. En cierto modo, la llegaba a admirar, no solo por la belleza natural que ella poseía, sino también por la seguridad de sus acciones y de sus palabras.
Peach prefería hablar de maquillaje, de cosas que lee en revistas y artículos de moda, de cómo combinar los colores de la ropa, y no se diga de los extras como lo son los accesorios. Ella prefería hablar de la literatura, documentales de la televisión y de artículos de revistas informativas. Ciertamente, no compartían nada en común, solo en algunas cosas, como por ejemplo: zapatos. Con quién más se llevaba la rubia era con su mejor amiga: Jigglypuff. Era una joven delgada, de estatura pequeña, con unos enormes ojos azul turquesa, y con el cabello extrañamente de una coloración rosa pálido. Muy tierna si debía agregar.
La luz del cuarto había bajado, estaba anocheciendo, lo podía notar al mirar por la ventana. Cerró las cortinas, para después ir a encender la luz e iluminar la habitación. La luz tenía ese efecto cálido, contrastando con los colores crema de la habitación, cosa que le gustaba mucho. Eran las 8:00 y fracción, probablemente ya estarían cenando. No tenía mucho apetito, pero su doctor le había dicho que era malo saltarse las comidas.
Se colocó las botas que se había quitado, y se situó su bufanda favorita. Tomó la tarjeta-llave, y la metió en uno de los bolsillos de sus jeans. Abrió lentamente la puerta, saliendo hacia el pasillo de escasa iluminación, cerrando la misma. Tomo dirección hacia el ascensor, pero el gritó de una voz ya conocida para ella la hizo detener.
—¡Zeldiiiiiii! —al momento voltear, el pequeño pero gran abrazo de su querido Pit casi la hace terminar en el suelo.
—¡Wou!,¡Pit!
—¡Lo siento Zeldi! Pero no te podías ir sin nosotros— declara el menor, siendo seguido por Marth unos cuantos pasos atrás.
—No hay problema, chicos— sonrió ampliamente—. Yo pensé que ya estarían cenando.
—Bueno, bueno ¡Pero corran, que me muero de hambre! — exclamó Pit mientras corría ni si quiera dejando al de cabellera azulina comentar algo, retomando el camino por el pasillo alfombrado.
Marth sonrió, observando a Pit mientras se alejaba. Él también tenía hambre, la diferencia era Pit lo expresaba a su manera. En eso, observó a Zelda, quien sonreía igualmente.
Siempre les llamó la atención la manera de ser del pequeño joven, era como una especie de niño, pero en grande.
Los faltantes comenzaron a caminar por el pasillo, a paso lento. Tampoco era como si el ascensor les quedara tan lejos. Pit fue el primero en llegar, presionando el botón del lobby, por así decirlo.
—Vamos, vamos, vamos, vamos, vamos… — Pit miraba ansiosamente los números del elevador, cada uno se iluminaba mediante el piso en que pasaba. El tiempo de espera del número cinco al número tres… se le hizo eterno.
El pequeño timbre del elevador se dio a conocer, al tiempo en que las puertas de este se abrían, mientras la castaña y el de cabello azulino aparecían detrás de su compañero.
—Hola, enanos
Zelda, quien antes iba mirando sus pies, levantó su mirada, mientras un escalofrío recorría su espalda. Marth solo enarcó las cejas, sin dejar su mirada apacible.
—¡Hola Bowser!, ¡Hola Ganon! — exclamó el pequeño castaño, al tiempo en que ingresaba en el ascensor
—Buenas Noches joven Koopa— Marth inclino ligeramente su cabeza— joven Dragmire.
—Tiempo de conocernos y aun sigues llamándonos tan formal— comentó llanamente el pelirrojo más bajo. El otro solo se limito a observarlo.
—Buenas Noches…
—Buenas Noches— respondieron al mismo tiempo los de pelo escarlata. Si era sincera, le daba un poco de miedo ver a ese par de pelirrojos. Rumores se decían que eran muy malos cuando se lo proponían. No eran tan brabucones, pero eso no le quitaba el temor que les tenía a los dos.
Con el mismo cuidado como si de unos grandes tigres se tratase, Zelda entro a la cabina, lo más alejado posible de ellos.
Ya dentro del ascensor, a la joven le pareció que el espacio se hacía más y más pequeño. Casi sentía como si se estuviera sofocando.
Las puertas se cerraron, y se tuvo que contener para evitar tragar pesado. A diferencia de ella, sus amigos estaban muy tranquilos. En seguida, comenzaron a descender.
—¿Ya escucharon los rumores? — las miradas de los más pequeños se centraron en Bowser, quien estaba recargado en una de las paredes del elevador. Ganondorf no estaba muy al tanto de lo que decía.
—..¿Qué rumores? — inquirió el de cabello azulado, viendo que nadie más sacaría el tema adelante.
—Tenemos otro "niño de papi" con nosotros— hizo énfasis en esa peculiar palabra. La imagen del susodicho se posiciono en la mente de algunos.
—Eh, así parece— aclaró Marth, al tiempo en que se acomodaba si flequillo.
—Su nombre es Ike Greil— intervino animado el castaño, pero sus fracciones cambiaron a una de duda—. Eso creo…
— …¿El de los hoteles esos? — todos voltearon confundidos hacia Ganondorf. Normalmente, nunca hablaba, muchos menos hacía preguntas.
—Eso suponemos— argumentó Marth, metiendo las manos en sus bolsillos de su chaqueta; Zelda solo se limitó a mirar a cada uno conforme hablaban, intentando esconder su rostro en la bufanda que portaba.
—¿Y tú como sabes? — inquirió de forma agresiva el acompañante de Ganondorf.
—Sé muchas cosas que tu no. — respondió llano, causando que Bowser chasqueara con fastidio su lengua.
El tintineo informó que las puertas se abrirían, tomando la iniciativa los pelirrojos.
—Nos vemos— finalizó Bowser, colocando dos dedos en su frente y moviéndolos hacia adelante, en señal de despedida.
...
Mientras terminaba de acomodar sus pertenencias en los cajones y en el ropero, escuchó que tocaban la puerta, imaginándose quien podría ser. Detuvo todo lo que estaba haciendo para ir a abrirle a su amigo de cabellera rubia.
—Hey— saludó Link con una sonrisa, adentrándose a la habitación de su nuevo amigo. —Lindo lugar, ¿No?..
—Yo pensé que jugabas cuando me dijiste que la residencia de la señorita Toadstool sería enorme— expresó el de cabello cobalto, cerrando la puerta mientras veía como su amigo se dejaba caer en la cama. A decir verdad, la habitación tenía cierta similitud con las del Hotel que el manejaba, pero sin duda esta tenía un toque especial, tal vez la vista invernal es lo que lo hacía diferente.
—¡Qué día! Y pensar que hace unas semanas acabamos de salir de aburridos exámenes— manifestó llanamente Link, observando algún lugar del techo. Entre tanto, Ike prosiguió guardando sus cosas— ¿Cómo te has sentido?...
—Aun no conozco a nadie… además de ti, claro— confesó el de cabellera azulina, mientras doblaba una de sus camisas—. Pero supongo que todo va bien.
—Es bueno escuchar eso— Link torció sus labios, formando una sonrisa —. No te preocupes, harás amigos en seguida— aseguró el de cabello ocre —. Puedo presentarte algunos si quieres.
La boca de Ike también se curveó, se sentía agradecido por tener alguien como Link de camarada. Aun recordaba el primer día de clases en que Link le advirtió que se cuidara al sentarse en la silla del pupitre. Tenía algo pegajoso sobre de esta, si se hubiera sentado sin si quiera divisar aquella cosa, hubiera sido el hazmerreír de todo el instituto. Ese fue el comienzo de su amistad.
—Muchas gracias— manifiesta Greil—. Tal vez en el transcurso de estas vacaciones.
—De acuerdo— sonríe el de suéter verde—. Ike, ¿Tienes hambre? — inquirió mientras se levantaba de la cama, acomodándose la chaqueta de cuero —. Ya va siendo hora de ir a comer.
—Sí, algo— La verdad no tenía tanto apetito, pero sería descortés no ir con Link y rechazar su invitación. Si su madre estuviera presente, le reprocharía su actitud, diciéndole que por eso estaba tan delgado —. Será mejor ir.
Salieron de la habitación caminando por el pasillo alfombrado, y en unos minutos ya se encontraban frente al elevador, que ya se había tardado más de la cuenta en abrir sus puertas para dejarlos pasar. Seguramente porque no serían los únicos que bajarían a la cena. Después de unos cuantos minutos, el tintineó se dio a conocer y pudieron entrar al ascensor, presionado el botón del primer piso.
Al llegar a la estancia donde se serviría la cena, presenciaron que la mayoría ya se encontraba ahí, sirviéndose de la gran barra del buffet o tomando asiento en una de las tantas mesas estilo Café.
—¿Qué te parece si nos sentamos allá? — sugiere Link, señalando con la mirada una mesa un poco alejada con dos personas en esta; una joven de cabellera dorada atada a una coleta alta, y un joven bastante serio de cabello azulino —. Son buenos amigos míos.
—Claro— asiente el mayor, ambos tomando rumbo hacia la mesa señalada. No pensó que lo de "puedo presentarte algunos si quieres" sería a la de ya. Pero obviamente no podía reprochar.
—¡Que tal chicos! — saludó Link, haciendo una seña con la mano a las personas en la mesa, atrayendo la atención de las mismas—. ¿Podemos sentarnos con ustedes? —Ike solo se había limitado a observar a los sujetos en la mesa, uno de ellos jugando con su teléfono móvil y el otro leyendo un libro, deteniendo lo que estuvieran haciendo para mirar a Link con una sonrisa —. Les presentó a Ike, es de nuevo ingreso, estará con nosotros de ahora en adelante.
Entonces Ike sacó las manos de sus bolsillos para presentarse.
—Un placer, Ike Greil—extendió la mano primero a la joven, como su madre siempre le había dicho que debía ser un caballero.
—Samus Aran— la joven correspondió el saludo con una sonrisa, mirando al presente a sus almendrados ojos azules. Debía admitir que era bastante apuesto—. El gusto es mío.
Después del saludo, Ike extendió su mano hacía el otro sujeto.
—Mucho gusto, Ike Greil— estrechó su mano con la del otro sujeto, sin inmutarse por que este poseyera unos brillantes ojos de color rojo y mirada penetrante.
—Llámame Lucario— respondió serio, pero con tono amable.
Acabando las formalidades, Link se dispuso a hablar.
—Bien, ¿Y van a ir a servirse algo o se quedan? — esa pregunta fue más para la rubia y el de ojos escarlata que para Ike, quienes aún seguían de pie.
—Yo iré por algo, muero de hambre— expresa la joven, levantándose de su lugar y guardando su móvil en su chaqueta —. ¿Vienes, Lucario? — el susodicho no dijo nada, solo se levantó de su lugar cerrando el libro que estaba leyendo, dejándolo sobre la mesa. Samus lo tomó como un sí.
Así entonces los cuatro llegaron a la larga barra de comidas. Suerte que Ike estaba ensimismado intentando decidirse por algo para cenar, y que así no se diera cuenta que la rubia llevaba viéndolo por largo rato, por poco derramando su café en la ropa de Lucario.
Samus nuevamente lo miró. Nunca había visto a alguien tan apuesto como él en su vida. Es decir, ¡Tenía que ser una broma!, tenía un perfil demasiado bueno para ser real. Su rebelde cabello azulino contrastaba perfectamente con su nariz respingada y lo nívea de su piel, sin mencionar que era alto y con una complexión nada mal. Definitivamente tenía que conocer más a Ike. ¡Cómo nunca se lo había topado en el instituto! Ni si quiera estaba al tanto de nuevos ingresos. Luego mataría a Link por no habérselo presentado antes. Ahora tenía un hambre que no aguantaría ni un segundo más, bien se pondría comer toda la barra, pero no quería quedar como una "cerda" frente a Ike, más cuando solo él se sirvió un croissant y un café.
Posteriormente los cuatro se sentaron en la mesa donde Lucario había dejado su libro, comenzando a comer lo que estaban en sus platos.
—Y… ¿De dónde eres, Ike? —inquirió amablemente Samus, colocando sus codos sobre la mesa formando una coqueta sonrisa mientras este le dirigía la mirada, extrañado que le hubiera preguntado algo.
—Soy de Tellius, más específicamente de la ciudad de Crimea— este dio un sorbo a su café, sin sorprenderse el gesto proveniente de las facciones de la rubia.
—¿Tan lejos…? — cuestiona la joven, Ike solo hizo un gesto con sus labios, que bien le pudo sacar un suspiro a la de ojos azules. No era la primera vez que le hacían esa pregunta, ni el primer gesto de "¿De tan lejos vienes?" que ponían los rostros quienes le preguntaban.
—El instituto donde estudiamos tiene fama por ser uno de los mejores del país— aclara Ike, dejando su café en la mesa en lo que se limpiaba las manos con una servilleta. Por un momento dudó si contarle la verdadera razón por la estaba en esa escuela, pero se retractó, pensando que sería demasiado pronto como para hacerlo—. Por eso estoy aquí— finalizó con sutileza.
—Bueno, yo soy de la cuidad de Metroid, a unas millas de Delfino City— continua la joven sin dejar de sonreír, dándole una mirada fugaz a Lucario para que él también continuara la conversación.
—Provengo de Rota, de la cuidad de Cameran, no es muy conocida— manifiesta Lucario para proseguir comiendo sus galletas de trigo. Ike lo miro atentamente, después de todo tenía Hoteles alrededor del mundo, incluyendo la ciudad natal de Lucario. Recordaba vagamente haber ido una vez.
—Oye Samus, ¿Sabes algo de Roy? — esa había sido la voz de Link, quién ahora podía aclarar la duda sobre si su buen amigo llegaría a la cabaña. Llevaba esa interrogativa en su mente todo el día.
—Escuche algo sobre que estaría de vuelta en Delfino City, tan pronto como terminara la gran reunión de la firma de abogados de su padre — informó la de ojos azules —. Pero no estoy muy segura.
—Roy es un buen amigo mío—habló en dirección a Ike. No quería dejarlo fuera de la plática —. Cuando llegue lo conocerás.
Ike sonrió.
—Comienzo a pensar que estas rodeado de muchos amigos— confiesa Ike, esperando no ofender a su compañero. En realidad, no lo culpaba. A simple vista se podía notar que era una persona amistosa de gran corazón. Nadie se imaginaria que tras la sonrisa del rubio de ojos azules, habría una persona que a corta edad perdió a sus dos padres. Podría decir sin vergüenza alguna que era alguien admirable.
—Si te los presentara a todos… nunca acabaría— ese chiste proveniente de Lucario les produjo una integra risa a los que estaban en la mesa y un sonrojo con una mano tras en la cabeza al susodicho.
La primera cena de las muchas durante dos semanas había pasado sin ningún contratiempo…
Hasta que un estruendoso ruido se dio a conocer entre todo el comedor, causando más de una mirada de alerta.
—¡Por Dios santo!, ¿Estás bien?
—¿¡Bien?!, ¡Qué no ves que la tiraste al suelo, idiota!
—¡Si no hubiera sido por ti no la hubiera tumbado!
—¿Pero qué sucede? — fue la interrogante de Samus cuando esta se paró de su lugar para tener un mejor rango de visión, aunque varios se le habían adelantado impidiéndole ver lo que sucedió cerca de la gran barra. Lucario solo miró desde su lugar algo despreocupado.
—Al parecer hicieron caer a alguien al suelo— mencionó Lucario con tono banal dándole un sorbo a su café. Desde ese punto podía divisar alguien en el suelo, pero no estaba muy seguro de quién.
—Iré a ver— entonces Link se levantó de su lugar dirigiéndose hacia todo el escándalo provocado, al parecer, por un sujeto de alto, de cabellera color plateado y ojos ámbar, y otro tipo de estatura promedio, algo robusto, y con facciones italianas algo toscas, que estaban discutiendo a vociferadas.
—Tan tranquilos que estábamos— suspiró resignada Samus, mientras se dejaba caer ligeramente en su asiento.. Revisó su celular, y lo guardo nuevamente en su bolsillo y, sin que nadie se diera cuenta, dirigió una breve mirada a la persona que tenía frente a ella. Su camisa esta levemente abierta, dejando ver parte de su torso. Claro, Ike estaba más atento mirando el accidente ocurrido, que no había notado su mirada. Bien podría confundirse con uno de esos supermodelos impresos en revistas de moda. No sabía si la que tenía calor era ella o el termostato había elevado su temperatura.
—Derramarás saliva si sigues con esa expresión— advirtió Lucario sin dejar de leer tan ansiado libro. Era predecible notar como esta, con solo habérsele puesto el de nuevo ingreso enfrente, no le quitaba la mirada de encima. Lo sorprenderte era que Ike ni si quiera se diera cuenta.
—¡Cierra la boca, idiota! — Samus golpeó la mesa en señal de amenaza, sin lograr asustar al de ojos escarlata que no paraba con su lectura. Si bien Ike no escuchó el primer comentario de parte de Lucario, el grito de Samus lo sacó de sus cavilaciones, haciéndolo respingar tenuemente, posando la mirada en sus dos acompañantes. Samus rió avergonzada.
—Jeje… No te lo decía a ti— una gotita de sudor resbaló por la frente de la rubia, mirando a Ike—. ¡Se lo decía a este! — cambió de humor de forma drástica cuando miró al otro joven de cabello azul que sostenía el ejemplar con una mano.
En seguida Link volvió, pero con una expresión diferente en el rostro. Se veía disgustado.
—¿Sucedió algo? — inquirió Ike preocupado al ver el semblante de su camarada. Inmediatamente, Link relajó sus facciones, formando una sonrisa fingida.
—El muy idiota de O'Donnell y Wario tumbaron a Zelda— El rubio lucía apacible, pero su tono de voz no lo era.
El de cabello azulino frunció mínimamente el seño, casi nula.
— ¿Cómo esta? —inquirió nuevamente.
—Bien, nada de qué preocuparse— evidencia el rubio, sin dejar de sonreír, dejando escapar un ligero suspiro— Suerte que Marth posee algunos conocimientos en primeros auxilios, al igual que Zelda —ese comentario fue más que nada para Lucario, que también estaba interesando en algo respectivo al área médica, en cualquiera momento ofreciéndose revisar a su media prima. Pudiera ser que Lucario poseyera un semblante serio, pero era muy buena persona si la conocías bien— Tuve que retirarme para calmarle. No me gustaría partirles la cara.
—Menos mal— no era como si Samus le dirigiera la palabra a la joven pariente de su rubio amigo, pero era bueno saber que se encontraba bien. Una vez la llegó a tratar, aunque no compartían mucho en común. Sin embargo, Link se la pasaba hablando de ella, y podía asegurar que era una joven muy afable. Lo que si sabía era que tenía un hermano endemoniadamente guapo…
Link tomó asiento nuevamente, en lo que acababan de cenar. Ike no volvió a hablar, pero si respondía cuando le preguntaban algo (o cuando Samus le preguntaba algo). Hablaron de varias cosas en esa cena. Supo un poco más acerca de Lucario, de Samus, y hasta del mismo Link.
Lucario era sucesor de una empresa que su padre había adquirido hace poco. Su padre era el famoso Sir Aaron, un agente de viajes conocido internacionalmente. Ahora entendía porque su nombre se le hacía familiar.
El padre de Samus era veterano de Guerra en servicio activo, y pronto sería promovido a Coronel. Ella gustaba mucho de las armas de fuego— y las de cualquier tipo—. Podrías preguntarle acerca de cualquier armamento militar y ella te decía el nombre del arma, número de calibre, modelo, clasificación, el manejo y otras cosas que no alcanzó a analizar bien. En cierta manera, daba miedo.
Mientras los cuatro iban entrando al elevador, hubo algo que no le quedo muy claro, y que aun seguía rondando en su mente.
Cuando estaban a punto de terminar de cenar, Samus hizo mención de una fecha que no recordaba claramente, pero había sido hace algunos años, en esta temporada si era específico. Pero solo él se había dado cuenta de la forma en que el rostro de Link fue tomando un aire triste, melancólico. Este, al darse cuenta de eso, lo miró nuevamente tratando de hacer un gesto sonriente, a lo que Ike solo pudo corresponderlo.
No conocía a Link lo suficiente como para preguntarle qué era lo que había pasado por su mente ese instante, y también debía agregar que no era correcto comprometerse en la vida de los demás, sin el consentimiento de estas, claro.
Llegaron al piso de Samus y Lucario, el primero, ella se despidió de ellos con un adiós con la mano, mirando a Ike con un brillo especial, y que este paso por alto totalmente. Lucario solo dijo un simple "nos vemos," para así acompañar a la rubia.
Las puertas del elevador se cerraron y, por primera vez entre ellos dos, se hizo un silencio incómodo.
—Lamento mi actitud, Ike, en serio— comenzó el rubio con un deje de tristeza en su voz. El de cabellera azul lo miró confundido, aunque el de cabello ocre no despegaba la mirada de las puertas del elevador —. Creerás que soy un aguafiestas.
—Eres lejos por mucho una persona de ese tipo— confesó Ike, viendo la mirada triste de su amigo. Es decir, ¿Por qué le tenía que pedir una disculpa a él? No era como si le estuviera interrogando el asunto.
—Es solo que…— titubeó, e hizo un gesto con la comisura de sus labios—, … no es nada. Me es difícil hablar de ello.
Para que un asunto pudiera hacer sentir de esa manera a su camarada, una persona siempre sonriente, noble en todos los aspectos, fuerte en determinación y con alto coraje… debía ser algo sumamente triste. Si él no se lo quería decir, el respetaba eso.
—No es que no te quiera decir— continuó Link, en lo que Ike cuestionaba seriamente si tenía poderes psíquicos o algo por el estilo. Aunque el rubio tuviera las manos en los bolsillos, Ike lo analizaba detenidamente, y pudo notar como este tensaba los puños—. Solo hay cosas que difícilmente se pueden superar. —finalizó.
Las puertas del elevador se abrieron y Link fue el primero en salir, y Ike solo lo miró mientras se alejaba. Entonces, se prometió una cosa así mismo.
Cualquier pensamiento que estuviera pasando por la cabeza de su camarada, su reciente nuevo amigo, lo ayudaría a superarlo. Porque así son los amigos, ¿No?; Tal vez el no tenía demasiados como quisiera, pero de los poco que tenía, de algo estaba seguro.
El lucharía por sus amigos.
...
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Hasta aquí el capítulo número tres. Fue un poco más largo. Eran de esos días de inspiración que simplemente llega. Claro, lo que fácil llega, fácil se va.
En cuanto al fic, ¿No creen que Sheik es un amor? Creo que tengo un nuevo enamoramiento por este personaje (culpen a Valerie Joan). No se preocupen, Ikey siempre ocupará mi corazón nwn. En realidad, a veces me identifico con Ike en mi fic. Se siente como la gran mierda ser nuevo en una escuela, más cuando no tienes facilidad de no hacer amigos. ¿Ustedes que opinan?. Por cierto, adoro la faceta del Link celoso. Al igual que Sheik, ¡Son un amor!
Espero estar adaptándome bien a los cánones.
Agradezco infinitamente los reviews de:
LucinaLowell
Ensoleillement
AlexLopezGua
Sugar5Star
Al leer siempre sus reviews, me motivan a seguir escribiendo n_n
Se supone que este capítulo iba a ser subido antes, pero traigo una blefaritis terrible… parece como si me hubieran golpeado, y me veo chistosa. Por lo pronto, hasta que me recupere, continuaré con mis demás capítulos. ¡Solo no desesperen!
Cualquier horror de ortografía que se me haya ido, háganmelo saber con un comentario.
Todos los reviews, de cualquier tipo, son bienvenidos nwn (¡Y se agradecen!)
Zeldi-chan de hyuuga.
Sábado 10 de Agosto del 2013
