Capitulo 2: Identidad revelada.

-Sí, ese es mi nombre.

La capitana lo miraba curiosa, algo en él llamaba su atención, pero uso toda su fuerza de voluntad para dejar de pensar en eso y dio gracias cuando oye a un miembro de su tripulación llamándola, voltea y ve a una chica castaña, su cabello era liso y largo hasta la cintura, sus ojos eran blanco con negro y por último, su cabello tenía de accesorio una hermosa flor de Vainilla.

-¡Aquí esta capitana! – Grita. Una vez frente a ella, apoya sus manos en sus rodillas para recuperar el aire, había corrido por mucho tiempo. – ¿Está bien?

-Sí, gracias Vainilla.

-¿Eres capitana?

-¿Algún problema con eso? El que sea mujer no significa que sea tonta.

-Yo no dije eso.

-Pero parecía. – Se cruza de brazos y da media vuelta, obsequiándole su espalda. – Si me disculpas… Debo volver a mi barco. – Comienza a caminar. – ¡Vamos Vainilla!

-¡S-Sí! – Se inclina ante Shinichi por respeto ya que no tenía ni idea que era príncipe y se va corriendo para alcanzar a su capitana – ¿Quien era él capitana?

-Alguien que me saco de un problema… Se llama Shinichi – Estaban llegando a su barco, se podía ver la tripulación a lo lejos, reuniéndose.

-¿Shinichi? – Se quedo sorprendida. – ¡¿Y hablo con él así como así?

-¿Eh? ¿Qué quieres decir? – Pero Vainilla no pudo responder ya que cuando llegaron al barco, Jodie y Sato saltan de este, quedando frente a ellas – ¿Qué ocurre?

-¡Capitana! – Grita Sato con una sonrisa. – Hemos descubierto algo.

-¡Look! Esta noche será el cumpleaños de la Reina Yukiko – Continúo Jodie – Y el rey le regalara nada menos que "La Sirena de Diamante".

-¿Qué? Esa joya es de nacionalidad de Fairy Land.

-¿Que haremos? – Preguntó Sato, la cocinera.

-¿Qué no es obvio? Iremos… – Una sonrisa irónica se le dibuja en el rostro – a robarla.

-La fiesta será de mascaras – Prosiguió Jodie mientras lanzaba un suspiro, ya se esperaba esa respuesta por parte de su capitana.

-¿Cuales son sus órdenes? – Pregunto Kazuha al reunirse con ellas.

-Jodie, reúne la tripulación… Tengo un plan.


El Príncipe Shinichi llegó a su palacio sin dejar de pensar en la misteriosa y en aquellos hermosos ojos azules, aquellos ojos que lo hipnotizaron de inmediato y que no puede sacar de su mente. Lanza un suspiro mientras pasa su mano por su cabeza, metiendo los dedos por su cabello. Y en eso, escucha una voz llamándolo, voltea y ve a un anciano de gafas y que lucía alegre, acompañado de un hombre de larga cabellera rubia que nunca fue del agrado de él, desde que tenía uso de razón, aquel rubio nunca le agrado, siempre desconfiaba de él y se preguntaba como su padre lo eligió de General.

-Hola Agasa – Viendo al anciano. Mueve un poco su cabeza para ver al otro individuo. – General Gin.

-Hola Shinichi. – Dijo Agasa mientras levantaba su mano.

-Su Majestad – Prosiguió Gin con una expresión fría y se inclinaba ante él.

-¿Emocionado por el cumpleaños de tu madre? – Preguntó Agasa, el consejero del Rey.

-Por supuesto… ¿Sabrás por casualidad que le regalara mi padre este año?

-Por supuesto que lo se, La Sirena de Diamante, una joya genuina de Fairy Land.

-Cuyos habitantes y Sus Majestades descansen en paz – Murmuro el príncipe.

-Y es una joya que pienso poseer – Pensó el general.

-Será mejor que vayas a cambiarte príncipe Shinichi.

-Tienes razón, ahora voy… Agasa… General Gin. – El rubio vuelve a inclinarse ante él – Nos vemos en la fiesta. – Y se retira.

-Es un buen chico… de seguro será un gran Rey a futuro, ¿no lo crees Gin?

-Por supuesto Agasa. – Le aseguro.

-Aún… - Dijo de repente el profesor – No se ha encontrado el cuerpo de la princesa de Fairy Land, ¿no? – Vio que Gin negaba con la cabeza. – Es extraño… ¿Crees que este viva?

-Lo dudo Agasa, quienes atacaron el reino, no dejaron a ninguno vivo. – Con un tono molesto, odiaba hablar del tema y de la misteriosa desaparición del cuerpo de la princesa de Fairy Land ya que algunos juran que sigue con vida.


Shinichi llegó a su cuarto, un lugar enorme que parecía que una cabaña de verano podría entrar sin ningún problema. Camino hacía su cama y al tenderse, la imagen de aquellos preciosos ojos azules volvía a su mente… ¿Qué diablos tenía aquella chica? ¿Qué tenía esos ojos que lo atrapan en un hermoso hechizo y les impedía pensar en otra cosa? Se quedo un buen rato allí tendido hasta que decidió levantarse y después de darse un reconfortante baño, se cambio, poniéndose el traje que usaría esta noche y un antifaz simple de color blanco.

Salió de su cuarto y después de media hora, el príncipe llegó a la puerta principal, viendo como los invitados ya estaban llegando, quienes al verlo, se inclinaban ante él y se dirigían al salón del trono, un espacioso lugar que sería el lugar de la fiesta. Mientras caminaba hacía allá, oía los murmullos de las jovencitas se hablaban de él detrás de sus abanicos y como lanzaba risitas mientras se sonrojaban ante él, era el chico más guapo y deseado de la nobleza y ninguna chica había logrado conquistar su corazón...

Hasta ahora…

Al entrar al salón del tronó, vio al otro lado, sentado en sus tronos de oro a sus padres, saludo a los invitados que se cruzaban en su camino y se acerco a los reyes.

-Padre. – Se inclina y se acerca a la reina. – Madre. – Besa su mejilla. – Feliz cumpleaños.

-Gracias Shin-chan. –Sonríe. Luego lanza un supiro melancólico. – Me gustaría que uno de estos días, de regalo me des un nieto.

-Yukiko, no empieces. – Rogó el Rey cuyo nombre era Yusaku.

-Si madre, no empieces por favor.

-Pero Shin-chan, tienes a un montón de lindas jovencitas a tus pies y aún no te das por ninguna… ¡Ojala esta noche aparezca la chica! ¡Seré la madre más feliz del mundo!

-Vamos, vamos Su Majestad. – Dijo Agasa al llegar por el lado del Rey con Shiho, que resultaba ser su nieta – Deja a tu hijo respirar esta noche.

-Tuvo suficiente con su pérdida de combate – Prosiguió Shiho.

-Y dale. – Exclamo el príncipe – Por cierto, ¿ya te confesaste a Saguru?

-Pero que tonterías dice – Cruzándose de brazos molesta.

-No son tonterías – Divertido.

-No vayan a empezar una pelea ustedes dos – Dijo Yusaku.

-Voy a caminar por el lugar. – Decidió el joven mientras se alejaba.

-¡Búscame a una nuera!

-Mamá. – Molesto por su comentario, lanza un suspiro y continúa con su caminata.

El príncipe de Mistery Earth camino por un largo rato, saludando a la gente, ignorando los murmullos de las chicas y de vez en cuando se metía – Más bien lo metían – a una conversación política. Pero finalmente salió afuera, llenándose de paz. Se sentó en una de las bancas y se quedó allí, siendo la música y las conversaciones lo único oyente en ese lugar.

-Con que tú eres el hijo del Rey. – Oyó a sus espaldas. La paz había desaparecido.

Shinichi voltea y ve a una hermosa joven que vestía un vestido rosa pálido con blanco, unos guantes blancos transparentes y unos zapatos del mismo color y de máscara, usaba un antifaz rosa en forma de mariposa, ocultando su rostro, pero a la vez mostraba unos ojos azules del puro mar, aquellos ojos que sentía…

-Tú… - Se da cuenta – Yo te conozco.

-¿Cómo puedes estar seguro de eso? Puedes confundirme con otra.

-Estabas cubierta, pero se que eres tú.

-¿Y por qué? – Sorprendida y confundida, ¿ya se habían visto?

-Tus ojos azules – Dijo mientras tomaba sus manos – Son difíciles de olvidar… Tus ojos no dejan de invadir mi mente – Y besa su mano derecha.

-Tú… - Sorprendida – ¿Shi…Shinichi? ¿Eres el hijo del Rey? ¿Eres un Kudo?

-Pues sí – Sonríe algo avergonzado. – Soy Shinichi Kudo, hijo del Rey Yusaku.

-Tú… Eres hijo de… - Antes de que dijera una palabra, recordó algo – ¿Por qué dijiste eso de mis ojos? – Quería saber la respuesta, algo en ella quería saberlo.

-Porque son preciosos… Y me hechizaron… Podría pensar en ellos, incluso dormido.

-Yo… - La chica se sorprendió por sus palabras, no se lo esperaba, fue un buen ataque y no pudo evitar ruborizarse – Dejaras de pensar así cuando sepas quien soy.

-¿Qué quieres decir?

-Soy la misteriosa capitana de la tripulación Fairy Paradise. – Tal vez sonaba tonto que se confiese tanto, que se delatara, pero urgentemente quería apartarlo de su lado, que dejase de pensar así de ella porque era peligroso lo que sus "lindas" palabras le ocasionaba… tenía miedo.

-¿Qué? – El muchacho estaba sorprendido, aquella mujer que lucía frágil, ¿era aquella capitana temible por los siete mares? – ¿Tú eres la líder de aquella tripulación?

-Sí… ¿Qué harás ahora? ¿Llamar a tus guardias?

Shinichi estaba sorprendido, su lado como príncipe le decía que lo hiciera, que los llamara y que la capturen, pero su otro lado, su lado como hombre, como ser humano le decía todo lo contrario, que él nunca se perdonaría si enviaba a esa hermosa mujer a prisión. Retrocedió un par de pasos y… Le extendió su mano derecha con una sonrisa.

-¿Eh? – La capitana estaba sorprendida.

-¿Le gustaría bailar conmigo Feather Black? – Llamándola por su alias de pirata, como era reconocida en el mundo de los piratas y de todo el mundo. Se desconocía el nombre que le dieron al nacer.

Feather Black no dejaba de estar estática, sorprendida y una fuerza misteriosa hizo que su mano izquierda se levante y tome aquella mano. Ambos caminaron hacía dentro del lugar de la fiesta, sorprendiendo a los invitados. La tripulación de Feather estaba escondida entre la multitud, con sus trajes y antifaces y estaban sorprendidas al verla con el príncipe de Mistery Earth, el hijo del Rey, miembro de la familia que según ella, odia con todo su corazón.

-¡Estoy feliz! ¡Mi Shin-chan esta con una chica! – Se podía oír el grito de emoción de la cumpleañera, su tono superaba la música de la orquesta.

Shinichi y Feather se detuvieron cuando estaban al frente del salón. Aún con sus manos unidas, la chica tomó el hombro del príncipe con su mano libre y el chico tomó la cintura de la capitana con su otra mano y al momento que oyeron la música, comenzaron a bailar en un ritmo perfecto y hermoso, como si hubiesen bailado juntos miles de veces, no se notaba que era la primera vez y estaban maravillando a la gente con sus gentiles y hermosos pasos.

Estaban atrapados en su propio mundo, sin darse cuenta estaban en un sueño hermoso del cual no querían despertar, querían seguir así por siempre, sintiendo que eran los únicos en el salón, en el mundo.

Y eso en verdad preocupaba a Feather.

-¿Y qué hace Feather en la fiesta de cumpleaños de mi madre?

-Quiero recuperar lo que es mío… La Sirena de Diamante.

-¿Qué? Ese es un tesoro que mi padre le regalara a mi madre.

-¿Piensas impedírmelo?

-Si me vez obligado… Sí – Sonríe – ¿Pero me puedes decir el motivo de tu robo?

-Eso me pertenece… Es de mi hogar, de mi reino…

-¿De tu reino? – Cuando la hizo girar, la apegó a él y no se movió – ¿Quien eres?

-Soy la princesa de Fairy Land – Dijo una vez que volvieron a moverse.

-¿Qué? – Estaba sorprendido – ¿Me estás diciendo que tú…?

-Así es, mi nombre es Ran Mouri, princesa y única heredera legítima del reino caído de Fairy Land.