¡Hola! De nuevo yo (¿Quién carajos más podría ser? :v). Perdonen el retraso del capítulo ¡Pero ya está aquí! Gracias por esperar.

- Disclaimer: Durarara le pertenece a Ryohgo Narita, Tokyo Ghoul le pertenece a Sui Ishida. Yo solo poseo éste capítulo. -


Capítulo 2 : Desconocidos

Los penetrantes ojos carmesíes de Izaya observaban con ferocidad al inspector, el cual instintivamente retrocedió unos cuantos pasos hasta pisar una charca de agua opaca, tal vez de las cloacas. Se giró para mirar con rapidez lo que había sentido con la planta de sus botas. Kururi, quien miraba atenta lo que sucedía, aprovechó su descuido como una excelente oportunidad de dejar libre su kagune, un ukaku, cristalizándolo al instante, lista para atacar.

Inmediatamente, los proyectiles hechos de su propio ukaku salieron disparados hacia el aterrorizado hombre.

"Novato." Pensó Kururi.

Sin embrago, Mairu observaba estupefacta lo que sucedía. Aquellas personas eran totalmente diferentes a los simples humanos que ella solía dar palizas si la molestaban. Estos estaban altamente entrenados especialmente para matar ghouls como ella, y lo hacían todos los días, como si fuera tan normal como ir al supermercado.

Izaya suspiró, aún sin reparar en su conmocionada hermana. —Eso estuvo bastante cerca.— Dijo, tomándole el pulso a la nueva persona que yacía inerte en el asfalto y asegurándose de que estuviera muerto. —De todos modos, acaba de dar el aviso de que estamos aquí. Debemos irnos.— Dio media vuelta, completamente listo para abandonar aquel callejón.

—Pero...— Protestó Kururi, levantándose del suelo y caminando hacia su hermano.

—Ya han tomado lo suficiente ¿No?, yo comeré después.— Aseguró. —Y... ¿Mairu?— Llamó en cuanto se dio cuenta que una de sus hermanas no lo seguía.

—Es mi culpa...— Susurró. —¡Es mi culpa!— Repitió con más fuerza. —Si no hubiera tenido la estúpida idea de salir tan temprano...

—No lo es.— Una suave pero segura vocecita se escuchó. —Es culpa de ellos.

Un desconocido olor a ghoul llenó sus fosas nasales. Izaya se giró hacia una niña de una apariencia que no pasaba los 10 años. Aunque no quisiera hacerlo, recordó que no estaba solo y tenía a quienes proteger, y se vio obligado a activar su kagune: un rinkaku. Aquella especie de tentáculos de color rojo sangre envolvieron a la pequeña sin estrujarla, pero a modo de advertencia. Mientras lo hacía, miles de preguntas rondaron su cabeza, como ¿Qué hacía ella en su territorio? ¿Vendría con más ghouls que él no lograba detectar? ¿Sería aquella una trampa de esos ghouls? ¿O tal vez de la CCG?

Y otra vez, estuvo preparado para lo peor que pudiese pasar.

—¿Quién eres?— Habló finalmente, notando como la desconocida comenzaba a temblar de miedo por su fría voz. —¿Qué haces aquí?— Interrogó nuevamente, sin esperar respuesta de la pregunta hecha con anterioridad.

—M-mitsuki...— Dijo temerosa, toda la valentía que se escuchaba antes en su hablar se había ido casi por completo. —Estoy s-sola.

—¿Sola?— Esta vez fue Kururi quien tomó la palabra.

—M-me dejaron aquí... Dijeron que me escondiera...— Aclaró. —Hasta ahora ellos no regresan.

—¿Quiénes son "ellos"?— El pelinegro cuestionó, suavizando su agarre en la menor, pero aún sintiendo su incomodidad al estar atrapada en su kagune.

—Mis padres...— Miró con sus grandes ojos verdosos hacia otra dirección, como si de repente toda su atención estuviera llamada a observar atentamente el detallado graffiti que se podría apreciar en una de las paredes del callejón.

Izaya pareció comprender la situación, o al menos se veía que trataba arduamente de entenderla.

Todo el lugar calló en un silencio absoluto por algunos minutos, ninguno de los tres hermanos tenía idea alguna de lo que deberían de hacer. Bueno, eso fue hasta que múltiples pisadas se oyeron en el sepulcral mutismo de las calles de Shinjuku, indicando que la notificación de aquel inspector muerto, que logró ver sus rostros pero no vivir lo suficiente para contarlo, había llegado sin ningún problema.

—Es hora de largarnos ¡Pero ya!— Susurró fuertemente el informante, al mismo tiempo que soltaba rápidamente y con cuidado a Mitsuki y la tomaba entre sus brazos, subiendo a un amplio y apestoso contenedor de basura y saltando hacia el techo de una casa de no más que un solo piso. —Corran.— Se giró hacia sus hermanas.

Los cuatro llegaron a la cima de la edificación, escondiéndose tras el pequeño muro que no permitía que los localizaran desde la calle cerrada de abajo. Izaya, quien apoyaba la palma de una de sus manos en el cabello de la niña para que se mantuviera con la cabeza agachada, observaba alerta a través de una grieta todos los movimientos que realizaban los hombres armados, mientras que Mairu y Kururi contenían la respiración.

Uno de los inspectores corría a verificar si el que yacía ensangrentado en el suelo seguía con vida, mientras que otros examinaban minuciosamente el lugar en busca de pistas o algo que diera con el paradero de los ghouls.

—No hay nada que hacer, mas que llevarnos el cadáver e informarle a su familia los hechos.— Anunció con algo de lástima por su compañero caído.

Esa era la parte que no le gustaba para nada de su mundo. No quería escucharlo, pero no podía moverse de ahí aunque lo desease con todas sus fuerzas, los descubrirían si es que huía ahora. Sabía que la matanza tenía que ser normal para él, pero hasta la actualidad, con veintitrés años de edad, seguía sin acostumbrarse en su totalidad. Por otro lado, le encantaba observar lo que hacían sus queridos humanos, pero a la vez infringía un extraño miedo en él.

Los humanos fueron abandonando poco a poco del callejón, y el pelinegro, junto con sus hermanas y Mitsuki, también.

Rumbo a casa.


Muchas gracias por leer y también a quienes le pusieron +Follow, +Favorites y dejaron un review. Disculpen nuevamente la tardanza del capítulo, con algo de suerte el próximo estará listo y publicado hoy :D

Espero que hayan pasado una Feliz Navidad, en mi país en estos momentos son casi las 6 pm del 25 de diciembre.

¡Que tengan un bonito día/tarde/noche! nwn

-Akira No Mirai.