3. - Whatever you are, be a good one

La soprano cantó el tono más alto divinamente, Sebastian se reacomodó los audífonos y sonrió, mirando despreocupado hacia el paisaje que ofrecía el autobús, el centro de Londres era una locura a esas horas.

Tenía ya seis meses trabajando para James Moriarty y todo iba bien, bueno, más que bien, Seb sentía que se estaba convirtiendo en algo así como la mano derecha de Jim y por Dios, sería mentir si Sebastian dijera que no disfrutaba el empleo.

Después de aquel día en la ópera, James comenzó a darle más trabajo, algunas veces lo acompañaba a cerrar negocios, otras veces tenía que hacer equipo con Saunders o algún otro tipo para borrar del mapa a gente incómoda para los negocios de Moriarty; o como en esta ocasión, recogía misteriosos paquetes, sobres o portafolios y los llevaba a un punto acordado.

Al principio esos encargos le irritaban, en todo caso que James contratara un servicio de paquetería, joder, él era, según palabras del mismo Moriarty, el mejor francotirador de toda Inglaterra, ocuparlo en entregar cosas era una tontería, sin embargo no estaba para contradecir a su jefe y aunque le costara admitirlo, comenzó a tomarle gusto a esos paseos, sobre todo después de bajar las canciones de Madama Butterfly en itunes.

Bajó del autobús y miró alrededor para ubicarse, continuó su camino escuchando a la maravillosa María Callas, sintiendo las miradas de las personas sobre él, bueno, eso últimamente pasaba mucho, sobre todo con las chicas, Sebastian suponía que era gracias al abrigo que escogió Moriarty, no pudo evitar una sonrisa.

El edificio que buscaba era de apartamentos modestos, muy parecido a donde vivía antes, tocó el timbre rotulado con el apellido Swift y le abrieron enseguida, subió los escalones de a dos, estaba impaciente por terminar aquello y volver a su cómoda casa.

- De parte de Moriarty- dijo, entregándole el portafolio al tipo que le abrió – envía sus saludos-

- Y nosotros a él- respondió el sujeto.

Salió sin decir más, afuera la ciudad seguía en movimiento, estaba por ponerse los audífonos cuando sintió el teléfono vibrar en su bolsillo, revisó la pantalla:

"Muy bien, tigre

Ve a la librería que hay en la esquina y espera mis instrucciones

xoxoxoxoxoxoxoxoxo

xxJim"

Bueno, el trabajo aún no estaba terminado, siguió la indicación y fue a la librería, aprovechando para curiosear entre los libros.

" ¿Seguro que vas a comprar ese?

xx Jim"

No pudo evitar mirara a su alrededor, no vio a Moriarty y decidió responder.

"¿Qué tiene de malo Esperando a Godot?

- SM"

"Naaada,

Pero, ¿qué tal si nunca llega el señor Godot?*

:P

xx Jim"

Soltó una carcajada.

"Entonces, según usted,

¿qué debería llevarme?

-SM"

- Lleva éste- dijo James.

Sebastian no pudo evitar un sobresalto, ¿cuándo demonios había llegado?

- Además, a estas alturas, creo que puedes llamarme por mi nombre y dejar la formalidad-

Moran tomó el libro que le ofrecían y sonrió, tratando de serenarse.

- Puedo hablarte de tú si eso quieres- siguió Sebastian – ¿Cartas a Lord Alfred Douglas?**-

- Bueno, a mí me gustan- dijo Moriarty, encogiéndose de hombros.

Ahora que se fijaba bien, James no iba con sus elegantes trajes de siempre, llevaba jeans, converse negros, camisa a cuadros y un cardigan color beige; vestido así no se veía tan intimidante, sin embargo debía admitir que le sentaba muy bien.

- ¿Piensas mirarme toda la tarde?- preguntó Jim, sonriendo.

- Perdona- respondió Sebastian, girándose de inmediato para que James no viera su sonrojo – me llevo los dos libros-

Pagó los libros sonriéndole a la cajera, la muchacha correspondió el gesto regalándole dos separadores con citas célebres, además de su teléfono celular y el nombre "Jenny" con un corazón al lado.

- Hombre popular- le dijo James, mientras salían de la librería.

- Es el abrigo- respondió Seb.

- Y lo hicieron- siguió Moriarty, mirando hacia el edificio donde Sebastian acababa de entregar el paquete – idiotas, en fin, Moran, tendrás que matar a alguien hoy-

- Vaya, qué pena-

El tipo que recibió el portafolio caminaba nerviosamente calle abajo, Moriarty y Seb no tardaron en darle alcance.

- ¿A dónde vas con eso, Tadder?- preguntó James, con voz cantarina – Moran…-

- Sí-

Tomó al tal Tadder fuertemente del brazo y lo arrastró hasta un callejón, Moriarty iba detrás de ellos.

- ¿Qué te dije de traicionarme?- siguió Jim- sabías lo que iba a pasarte, ¿de verdad creíste que esos imbéciles podían protegerte?, qué ingenuo, querido Tad, tu ingenuidad te costará muy cara…-

- ¡Por favor, no me mate!- suplicó Tad, temblando como loco – por favor, por favor…-

- Te lo advertí- dijo Jim – lo dejé muy claro y no hiciste caso, esto es culpa tuya… Moran-

No necesitaba decirle más, Sebastian apuntó su arma directo en la cabeza de Tadder y disparó, el silenciador hizo su trabajo y el desdichado Tadder ni siquiera pudo reaccionar.

- Dios mío, amo cuando haces eso…- dijo James, sonriendo – larguémonos, los policías estarán aquí en unos 20 minutos-

Sebastian asintió y fue tras Jim, no pasaron ni cinco minutos cuando un auto blanco los recogió, Seb suspiró de alivio, sintiendo cómo su corazón volvía a latir normalmente.

- Mira, hasta parece el destino- dijo James, había tomado la bolsa con los libros sin que Seb se diera cuenta – lee esta cita-

Era uno de los separadores que la dulce Jenny le había regalado.

- La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo…- leyó Seb – del bendito Epicuro***, vaya, vaya…-

- ¿Quién lo diría, no?, Sebastian Moran, el hombre que va por ahí creando quimeras…-

La mano de James se deslizó por el muslo firme de Sebastian, suave, lentamente hasta llegar a su entrepierna; Seb buscó los labios de James, uniéndose en un beso que sintió duró siglos, sin embargo apartó la mano de Jim con delicadeza, llevándola hasta su boca y depositando un beso en los nudillos, mirando fijamente a los ojos de Moriarty.

- Es terreno peligroso, jefe- dijo Moran, soltando la mano de Jim.

- Ya deberías saber que me encanta el peligro- dijo James, sonriendo.

Y de nuevo esa mano traviesa en su sexo, Sebastian gruñó cuando James apretó, consiguiendo hacer reír a su jefe.

- Relájate-

- Me hablas como si fuera una virgen-

- Oh, lo siento, coronel, no quería herir su orgullo de macho-

Las caricias de James eran tortuosamente lentas, sintió cómo se ponía más y más duro, Jim le mordía el lóbulo de la oreja sin miramientos, Sebastian tenía qué hacer esfuerzos para no soltar un gemido.

- Sebastian…- susurró Jim a su oído.

Seb miró a Jim a los ojos, el consultor parecía divertirse de lo lindo con él, no supo cuándo se le escapó el primer gemido, trató de controlar el volumen pero era difícil al ver a James mordiéndose los labios de esa forma tan sexy.

Las caricias se hicieron más y más rápidas, Sebastian echó la cabeza hacia atrás y soltó un ronco gemido cuando sintió el orgasmo, ese era él, Sebastian Moran, el coronel, el francotirador más letal de toda Inglaterra viniéndose en los malditos pantalones.

- ¿Te sientes más relajado?- preguntó Jim, con maliciosa sonrisa.

- Sí- respondió Seb – ¿Y tú?-

- Me siento genial-

¿Cómo habían pasado de algunos besos a…pues a eso?, Sebastian trató de pensar en otra cosa pero no pudo, sin embargo las palabras de Saunders volvieron a él, Jim sólo jugaba.

Él mismo había sido testigo de los besuqueos de Moriarty con cuanto tipo se le antojara, no sólo con Saunders, incluso alguna vez había contado con alguna compañía femenina, siempre chicas que no decían nada, se limitaban a reír y complacer.

- Aquí te bajas- le anunció James.

Sebastian se cubrió lo mejor que pudo con el abrigo, todo ante la mirada divertida de Moriarty, "claro, porque él no tiene los putos pantalones llenos de semen", pensó Seb con amargura "este maldito sólo está jugando conmigo, midiendo mis límites".

- Fue divertido, deberíamos hacer esto más seguido-

- ¿El qué?, ¿Qué me masturbes en el coche o repartir quimeras?-

- Las dos cosas, tigre, las dos son deliciosas-

No pudo corresponderle la sonrisa a James, el buen humor se le había ido por completo, dio la vuelta y entró a su edificio.

En casa pudo respirar, se quitó la ropa y metió todo en la lavadora, después se dio una ducha rápida, se puso la pijama sin importarle que fueran las cuatro de la tarde y se tiró en la sala a ver telebasura mientras bebía cerveza y fumaba.

Estaba a mitad de su tercera cajetilla de cigarros cuando lo recordó: aún tenía el teléfono de Jenny.

La llamó, ¿qué podía perder?


Oh, Jenny temía los pechos más grandes que Sebastian jamás hubiera visto, y eso que Sebastian había visto muchísimos senos en su haber; se divirtió de lo lindo acariciándolos, mordiéndolos, besándolos…

Además, Jenny guardaba montones de juguetitos en su mesa de noche, Sebastian se encargó de darles un buen uso a todos.

Estaba muy ocupado chupando el clítoris de Jenny cuando sonó su celular.

"Ven ahora

xx Jim"

Había una dirección que ubicó enseguida, un vecindario de clase alta con casas enormes.

- Me tengo que ir- anunció Seb, suspirando – lo siento, guapa-

- Lo pasé increíble, ¿quedamos otro día?-

- Te llamo- respondió Seb, sonriendo - ¿te importa si uso tu baño?-

- Para nada-

Se dio una ducha rápida y se cambió, se acercó a Jenny y le dijo adiós con un profundo beso; Sebastian no acostumbraba repetir polvos pero la tetona y traviesa Jenny lo valía.


Bajó del taxi y aguzó la vista en la oscuridad, distinguió cuatro figuras masculinas y se acercó al grupo, estaba Saunders y también James, a los otros dos no los conocía.

- Moran- dijo Jim, acercándose.

- Jefe, ¿qué…?-

Moriarty lo jaló de la chaqueta hasta que sus rostros quedaron a la misma altura, James tenía más fuerza de la que aparentaba.

- ¿Por qué tardaste tanto?- siseó Jim – te envié el mensaje hace media hora, ¿con quién crees que estás tratando?-

- Lo siento, jefe, no estaba en mi casa-

- Eso ya lo sé, imbécil, te apesta el aliento al coño de esa golfa-

Los otros tres hombres se rieron, Sebastian tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no sonrojarse.

- Que no se repita- dijo Jim, besándolo suavemente en los labios- si llegas tarde de nuevo le pediré a Saunders que te ponga una bala entre las cejas, ¿sí?-

- De acuerdo-

- Muy bien- siguió Moriarty, sonriendo y besándolo de nuevo – así me gusta, bueno, Saunders, infórmale todo a Moran, los espero en el sitio acordado, no me fallen-

- Sí, señor- respondió Tom.

Un auto se detuvo y Jim lo abordó, no sin antes dirigir una última sonrisa a Seb.

- Moran- le llamó Tom, haciendo reaccionar a Sebastian.

Saunders le mostró el plano de una casa, memorizó todo rápidamente, tenían que sacar a la persona del cuarto principal y llevarla ante Moriarty, el sistema de alarma lo desactivarían Chow y Steffan, los otros dos tipos que Seb no reconoció.

- Entraremos tú y yo- siguió Tom – Moriarty dijo que no quiere muertos-

- No habrá- respondió Seb.

- Ok, también dijo que estabas a cargo- aclaró Saunders – cuando tú digas-

Era como volver a estar en el ejército, Sebastian sintió la adrenalina correr, la euforia llenarle las venas y dibujar una sonrisa en su rostro.

La casa en cuestión estaba dos cuadras más abajo, Saunders le dijo que Moriarty les había facilitado una camioneta con el equipo necesario, Sebastian sonrió al verla pintada con anuncios de una tintorería, James cuidaba de todos los detalles.

Ordenó que esperaran hasta las tres de la mañana, hizo que Chow apagara el alumbrado público, después encargó que desactivaran la alarma, Saunders lo siguió en la oscuridad, entrar a la casa no fue difícil.

La alfombra ayudaba a disimular sus pasos, Saunders iba detrás de él, le hizo una señal con la mano para indicarle el camino, abrió la puerta con extremo cuidado, en la enorme cama descansaba lo que Sebastian creyó una mala pasada de su mente, era una muchacha hermosísima, de cabello castaño y labios rojos, se veía tan menuda, tan inocente, por un momento dudó pero la mano de Saunders en su hombro lo hizo reaccionar.

Se acercó a la muchacha y la sacó de la cama tan suavemente como pudo, sin embargo la chica se despertó, abriendo sus bellos ojos grises, Seb le tapó la boca y le puso el cuchillo en el cuello.

- Si gritas te mueres aquí mismo- la amenazó.

Sintió las lágrimas de la chica, qué pena, no le gustaba hacer sufrir a las mujeres pero el trabajo era el trabajo.

Todo salió perfecto, cuando la pequeña princesita estuvo dentro de la camioneta, Chow regresó el alumbrado y activó la alarma, Saunders condujo hasta un local del centro, fueron por la parte de atrás a lo que Seb supuso era una bodega.

Tomó a la muchacha del brazo, no sin antes amenazarla de nuevo, y entraron al lugar, James Moriarty estaba ahí, tecleando a toda velocidad algo en la computadora y con cara de fastidio, sonrió al verlos.

- Vaya, me comenzaba a aburrir aquí- dijo Jim, poniéndose de pie – señorita Ferraz, espero que mis amigos la hayan tratado bien-

La muchacha apretó los puños y soltó un sollozo, James rodó los ojos y bufó, tomó el rostro de la chica y la obligó a mirarlo.

- Puedes culpar a tu papi de esto, querida Caroline, normalmente trato mejor a las mujeres hermosas pero déjame aclarar algo, ya que no estás aquí para satisfacerme te sugiero que cierres la boca y evites los lloriqueos, no querrás hacerme enfadar, ¿verdad, Carrie?-

- Sí- respondió la chica.

- ¿Sí, qué?- le insistió Moriarty.

- Sí, señor-

James despidió a Steffan y Chow, diciéndoles que les llamaría si los necesitaba, luego ordenó que ataran a Caroline, proporcionando para la tarea una especie de cinta plástica sin pegamentos, Sebastian de nuevo se sorprendió al notar lo mucho que Jim cuidaba los detalles, esa cinta no lastimaría tanto a la muchacha.

Seb revisó la hora, eran cerca de las seis de la mañana, Saunders tomó su celular y llamó a su mujer.

- Sí, tuve trabajo, lo siento, ¿todo bien?, sí, hmmm no lo sé, espero terminar pronto…claro, amor, sí, ehh, sí, no hay problema, te amo, nos vemos después, sí, te amo, te amo, adiós-

- No podrías ser más cursi, Saunders- bufó Jim, sonriendo.

- Perdone, señor, pero la mujer es la mujer, si no la cuido puedo darla por perdida- respondió Tom, sonriendo.

- Ehm…- comenzó Caroline – yo…eh…-

- ¿Qué quieres?- gruñó Jim – te dije que cerraras la boca, a menos claro que quieras que te abra las piernas y me divierta un rato contigo-

- Tranquilo, jefe- intervino Sebastian, acercándose a Caroline – ¿necesitas algo?, ¿quieres ir al baño?, ¿tienes frío?...-

- Hambre- dijo la chica, temblando – tengo hambre…-

- Dios mío…- masculló Jim, sacando un fajo de billetes que entregó a Seb – ve a comprarle algo de comer a la princesita, de paso compras algo para todos-

Seb tomó el dinero y asintió, salió de la bodega y buscó algún lugar abierto, ubicó un pequeño café y se acercó, parecía que comenzaban actividades.

- Buenos días- le saludó un muchacho.

- Buenas- respondió Seb.

- ¿En qué le puedo servir?- siguió el chico.

- Ehh, dame cuatro para llevar de lo que sea que tengas recién hecho-

- A la orden- respondió el muchacho casi cantando.

Lo vio trabajar, debía tener al menos 20 o 23 años, era un chico pequeño, delgado y de rasgos agradables, le entregó una bolsa blanca con su pedido, dedicándole una amable sonrisa.

- ¿Quiere café, señor?-

- Sí, cuatro-

- Enseguida- dijo el chico – así que… ¿trabajando temprano?-

- Algo así-

- Entiendo- respondió el muchacho – me llamo Sam Miller-

- Sebastian Moran-

- Vaya, las mismas iniciales, qué coincidencia- siguió Sam, sonriendo – o tal vez es el destino-

- O tal vez era la única cafetería abierta-

Sam le regaló una risa alegre y clara.

- Lo siento, trataba de romper el hielo, ¿alguna vez te han dicho que tienes unos ojos bellísimos?-

- Eres el primero que lo dice-

- Pues las demás personas deben estar ciegas o idiotas, porque realmente son ojos bellísimos-

- No tienes edad para coquetearme, Sam- respondió Seb, sonriendo.

- Soy completamente legal- respondió Sam, riendo de nuevo – te lo aseguro, soy estudiante de diseño gráfico, trabajo aquí para pagar las cuentas y matar el tiempo, ¿a qué te dedicas que te levanta tan temprano?-

- Algo de esto y de aquello- respondió Sebastian – ¿los cafés?-

- Listos- contestó, entregándole las bebidas – me encantaría volver a verte, Sebastian-

- Adiós, Sam-

No era la primera vez que un hombre se le insinuaba, pero jamás alguien tan joven como Sam, no pudo evitar sentirse un poquito halagado.

Regresó a la bodega, recibiendo una mirada escrutadora por parte de Moriarty, trató de ignorarlo y fue a desatarle las manos a Caroline para que pudiera comer; después de llenarse el estómago Jim recibió la primera llamada.

- Hola, querido Paul, ya pensaba que nunca llamarías- respondió James, sonriendo – sí, aquí está tu pequeña princesa, y déjame decirte que está intacta, ¿quieres hablar con ella?- acercó el teléfono a Caroline – es para ti, tesoro-

- ¿Papá?- habló la muchacha – estoy bien, papá, tranquilo, sólo…sólo haz lo que dicen, ¿sí?, no, nadie me ha hecho daño, no llores, papá, por favor…-

- Suficiente- dijo James, poniéndose el teléfono en el oído – ya escuchaste a la pequeña princesa, haz lo que digo, entrégame lo que te pedí y ve solo…sí, nos vemos ahí y más te vale no intentar nada estúpido o tu querida nena terminará muerta-

Una hora más tarde estaban en un campo fuera de Londres, Sebastian y Tom custodiaban a la atemorizada Caroline, James parecía muy confiado, a los pocos minutos arribó una camioneta negra de la cual bajaron cinco hombres.

- Este imbécil…- bufó James – lo siento, Carrie-

Tom y Seb se encargaron de los guardaespaldas antes de que pudieran reaccionar, Caroline gritaba y lloraba de terror.

- Te dije que nada de idioteces- dijo James, acercándose al que debía ser Paul, padre de Caroline - ¿por qué nunca hacen lo que ordeno?, sinceramente me saca de mis casillas…-

- Aquí está lo que me pidió, por favor, regréseme a mi hija…- suplicó el hombre, entregándole a Jim una USB – Caroline…-

- Me siento generoso, te puedes llevar a la pequeña Carrie- contestó Jim, guardando la memoria en su bolsillo – bueno, entreguen a la niña-

James no había dado la media vuelta cuando Paul sacó un arma de su abrigo, Sebastian ni siquiera lo pensó, la bala debió destrozar parte de la mano de Paul quien soltó un terrible alarido, el arma cayó al suelo, ya no era una amenaza para Jim.

- Eres tan estúpido, Ferraz- suspiró Moriarty – no puedo hacer nada por ti, pensaba dejarte marchar pero…-

Seb se acercó, recibiendo un asentimiento por parte de James, lo sentía por Caroline, de verdad que lo sentía, sin embargo no le tembló la mano al disparar directo al pecho de Paul, murió a los pocos minutos, boqueando como pez fuera del agua y escupiendo sangre.

Caroline no dejaba de temblar y gritar, James se acercó a ella y le dio una bofetada que la dejó sin aliento.

- Escucha, pequeña idiota, no pienso tirarte a la calle para que andes a tu suerte, eres demasiado rica y mimada para sobrevivir sola, pero no creas que lo hago por compasión, para algo servirá esa carita de ángel, ¿cuántos años tienes?-

- 18…- respondió Carrie, ya no temblaba.

- Bien, ahora debes aprender unas cuantas reglas, ¿me estás entendiendo?-

- Sí-

- Genial, primero, y creo que ya te lo dije antes, odio a las mujeres lloronas, así que evita tus berridos en mi presencia; segundo, no hables idioteces frente a mí, limítate a obedecer y tercero, no rompas ninguna de las dos anteriores reglas y nadie te hará daño, ¿de acuerdo?-

- Sí-

James sonrió, acariciando suavemente la mejilla herida de Caroline.

- Te daremos algo para el dolor y los nervios, muñeca, tranquilízate, perdóname que te lo diga pero tu papi era un imbécil sin remedio, te irá mejor sin él, te lo aseguro, sólo deja que yo cuide de ti-

Subieron otra vez a la camioneta, Saunders estaba más pálido que el papel, Sebastian, para su sorpresa, se sentía tranquilo; Caroline guardaba silencio.

James le pidió a Tom que se detuvieran, había dos autos esperando por ellos, Jim subió a uno junto con Caroline y les indicó que fueran en el otro, diciéndoles, como de costumbre, que se comunicaría si los necesitaba.

- ¿A dónde los llevo?- preguntó el chofer.

- Moran, ¿te importaría si…?-

- No te preocupes, tomaré un taxi-

Se detuvieron frente a una pastelería, despidieron al chofer.

- Moran…tengo tres hijas, una de la edad de Caroline, hoy es su cumpleaños y…Dios, no sé, sólo…-

- Entiendo- respondió Seb, dando una amistosa palmada en el hombro de Saunders – mejor cómprale un pastel bonito, los dieciocho deben ser especiales-

- ¿Tú tienes hijos?- preguntó Tom – lo siento, creo que no debí…-

- No tengo- siguió Seb, acompañando a su colega dentro de la pastelería – no sé si me gustaría tener uno, la verdad, parece cosa difícil-

- A veces lo es- admitió Tom, mirando todos los pasteles que ofrecían.

Terminó decidiéndose por uno blanco con adornos de flores rosas y amarillas, esperaron mientras la repostera escribía "Felices 18, Annie" con betún celeste.

- Me da miedo terminar como el padre de Caroline, me da miedo que mis hijas…-

- Escucha, no sé de qué sirva, pero te garantizo que mientras trabajemos juntos te cuidaré las espaldas, ¿ok?-

- Gracias-

- Está listo- anunció la chica, entregando la tarta en una caja rosa – gracias por su compra-

Se despidió de Saunders con una sonrisa, aunque no sabía bien qué pensar, el hombre que más había durado al servicio de Moriarty temblaba de miedo por tantos motivos…lo entendía, Tom tenía muchas cosas qué perder, en cambio él no tenía nada más que lo que llevaba puesto, prácticamente.

Tal vez por eso Saunders, a pesar de su buen trabajo, nunca consiguió lo que Seb estaba logrando de a poco, ser el hombre de confianza de Moriarty era un gran mérito, eso sólo podía significar que, de todos, Seb era el mejor.

Paró un taxi y le pidió que lo llevara a casa, estaba cansado, quería dormir y tal vez después visitar a la preciosa Jenny y terminar esos asuntos que dejaron pendientes, estaba por llamarla cuando descubrió que ya no tenía su teléfono registrado en el celular.

Pocos segundos después recibió un mensaje.

"No quiero que vuelvas a ver a esa pequeña puta

Sé sólo mío, Seb, ¿sí?

xx Jim"

Se quedó sin palabras, ¿en qué momento había borrado Jim el teléfono de Jenny?, cuando llegó a casa fue directo a su mesa de noche, había guardado el separador donde Jenny apuntó su teléfono, en su lugar encontró una nota:

"Buen intento, tigre

raaawwwwrrr

xxxxxx"

¿Qué demonios pretendía Moriarty?, Seb se tiró en la cama, totalmente frustrado, no importaba mucho si no volvía a ver a Jenny, podía conseguirse otra chica en cualquier momento, ¿pero por qué James había hecho eso?, ¿era en serio eso de "sé sólo mío"?

" ¿Por qué querrías tenerme?

Es decir, puedes tener a quien quieras,

¿o no?

-SM"

"Porque eres el mejor, Seb

Y a mí sólo me gusta lo mejor

Tranquilo, seré bueno contigo

xx Jim"

"Quiero ver que lo intentes

-SM"

"Oh, querido Sebastian…

Terminarás rogándome, arrastrándote para que te folle…

Te lo puedo asegurar,

xx Jim"


*: Esperando a Godot es una obra de teatro del absurdo, el chiste de la obra es que, bueno, esperan al señor Godot y nunca llega...

**: Cartas de Oscar Wilde a su amante Bosie, o sea Lord Alfred, son muuuy conmovedoras.

***: Epicuro es un filósofo que, entre muchas cosas, hablaba del placer...

Espero que hayan disfrutado el cap, quise mostrar cómo la relación de este par va creciendo y bueeeno, veremos a Jimmy cazando a un hermoso tigre muy pronto ;)