Disclaimer aplicado.

.

Capítulo 2

.

"Si conocieras mi verdadera esencia, ¿acariciarías mi rostro con ternura?"

.

Después de pasar una noche en el hospital, Ino Yamanaka se levantó de la cama a la mañana siguiente, muy temprano; se vistió, empacó su mochila y se dispuso a alistar su viaje de retorno a Konoha, tal como lo hubiera querido hacer el día anterior, a no ser por la rotunda orden de Kazekage de mantenerla en reposo. Esta vez no permitiría que él se entrometiera en sus asuntos, y haría lo que más deseaba en ese momento: volver a casa.

Sin embargo, en la puerta de la habitación, apareció una delgada castaña. Ino alcanzó a ver su sombra. Encaró a la persona, y al reconocer que era la asistente del Kage de Suna, se desconcertó. Por alguna razón, creyó que se trataría de alguien más. De cualquier manera, no le sorprendió del todo ver a Matsuri ahí.

—¿Está bien, señorita Yamanaka?

—Perfectamente, ¿no lo parece?

Ino sonrió tan falsamente y su tono de voz sarcástico resonó con tanto impulso, que logró hacer sonrojar a la castaña. Pero en ese momento, la rubia no se sentía nada amable. No durmió bien, y en ese tiempo se encargó de pensar sobre lo que había sucedido. Tenía la certeza que pretenderían culparla por el atentado terrorista, y por lo mismo no le permitían la salida de la aldea. Sabía que era extraño ser la única herida en aquel ataque, aunque no era su problema. También estaba el raro caso de su supuesta participación como líder médico de la misión al País del Rayo, y ese caso estaba perdido entre los archivos de la aldea. Era una coincidencia horrenda. Aún así, odiaba la idea que la consideraban sospechosa, y no permitiría que alguien se lo dijera en su cara.

—Lo siento —Se disculpó la castaña sin saber con exactitud porqué—. Tengo un mensaje para usted —A la rubia le disgustó el "usted", y por eso le dirigió una mirada filosa; no era una vieja para que usaran esa, apenas había cumplido veinte años. Quizá le molestaba porque era una adolescente quien se lo decía. Era una cortesía de lo formal, pero Ino no se consideraba nada formal en ese momento. Y tal pareció que Matsuri comprendió su error—. Lo siento —Insistió, e intentó decir lo que era urgente—. El Kazekage vendrá a verla en un momento. Necesita hablar con usted. Quería que supiera para que no la tomara por sorpresa.

El tener qué esperar la visita de Gaara al hospital, pudo haber hecho enfadar más a Ino, pero ocurrió lo contrario. Era una oportunidad excelente para exponer su última decisión, y decirle que no tenía planes para quedarse a ser tratada como si fuera una criminal.

—Qué amable de su parte, aunque no será necesario. Iré yo misma a buscarlo.

Matsuri tuvo que hacerse a un lado para evitar que Ino la arrollara al atravesar la puerta. De inmediato, no supo qué hacer. Quería decirle a la rubia que era mejor que siguiera reposando, pues el accidente era reciente y podía haber alguna afección física. Asimismo, quería pedirle que no interrumpiera abruptamente en la oficina del Kage porque él había pedido estar solo. Pero no logró ni una ni la otra, tal sólo corrió detrás de la mujer de coleta platinada.

-0-

Sabaku No Gaara tenía aún la correspondencia abierta sobre su escritorio. Él era el único que había leído su contenido. La carta no había llegado de la manera habitual, simplemente había entrado por la ventana, con el soplido del viento. No había remitente ni señal de su procedencia. Fue un riesgo abrirla por su propia mano, sin la ayuda de un especialista, pero algo le decía que no debía dar registro de la existencia de dicho papel. Era seguro que él era el destinatario.

Primeramente, aunque no quería, pensó en la rubia mentalista de Konoha. Su aparición en Suna aún era un misterio, y los anormales acontecimientos continuaban ocurriendo mientras era un huésped en la aldea. Sin embargo, no quiso especular erróneamente, y se aseguró que ella aún estuviera en su habitación, en su cama, durmiendo. Al comprobar que no había puesto un pie en el suelo, dedujo que Ino no podría estar involucrada como cómplice en el acto terrorista. Ella era una víctima más de este enigma.

La puerta se abrió de golpe, y una situación pareció anterior replicarse casi a la exactitud.

Era Yamanaka Ino entrando muy firme, con el mentón alto y la mirada sin un ápice de simpatía. Gaara la contempló con detalle, aún cuando se plató frente a su escritorio con una expresión solemne. Se fijó en cada uno de sus gestos, e intentó adivinar su pensamiento, pero le fue difícil, ya que parecían correr demasiadas cosas en sus penetrantes y enormes índigos. Tan imponente se miraba ahora, que si alguien no supiera lo que le había ocurrido, no pensaría que estaba reponiéndose de un grave ataque.

—Kazekage —dijo, resonando con su voz—, sé que quería hablar conmigo. Pero yo también tenía algo qué decirle, y considero que debe escucharme antes de cualquier otra cosa —El silencio de Gaara y su mirada fija en ella la desconcertó un poco, no se lo esperó. Se dio cuenta que la analizaba y que intentaba escarbar en su interior. ¿Qué no sabía él que era ella la experta en explorar la mente y desterrar verdades ocultas? Aún cuando su insuperable expresión de póker relucía asombrosamente en su joven rostro, Ino no se inmutó—. Me voy de Suna, ahora mismo. Y creo que tardé mucho en tomar la decisión. Sé que están pasando por una situación complicada, pero esta vez Konoha no puede socorrerlos, y menos yo. Le pido que ordene mi alta y mi salida de esta aldea de una vez.

La respuesta de Gaara fue más silencio. "Qué impulsiva", pensó, sin apartar la mirada de ella. Ino sintió deseos de levantar la voz, como comúnmente lo hacía cuando notaba que no le prestaban atención. En cambio, Gaara se puso de pie y con calma, rodeó el escritorio para quedar frente a la rubia, que no sabía que esperar. Aún así, no cambiaba su expresión petulante. Era una defensa que le funcionaba bien, creía.

—Debo pedirle que no se vaya…

—¿De verdad insistirá con eso? —Le interrumpió Ino al escuchar su contestación—. ¿Es que no puede ponerse en mi lugar un momento? Esto ha escalado a algo mayor que un simple error en una solicitud de apoyo médico, y no creo que deba permanecer más aquí. Ya he dicho todo lo que pasó en mi habitación mientras tuve consciencia. Sé que sospechan de mí, aunque nadie me lo dice de frente. Los ojos de los médicos, las enfermeras y de todo aquel shinobi que se ha presentando en el hospital me lo dicen. Creen que soy cómplice de este atentado. ¡Pues no me interesa! No les he escondido nada. Si quieren reportar mi comportamiento con un superior, les aconsejo que envíen una carta, pero no me retengan un día más en su aldea. No soporto la idea.

Estas palabras habían sido duras para Gaara. "No me retenga más en su aldea, no soporto la idea". Sí, eran crudas, y le hacían sentir que estaba haciendo algo mal. Aunque no podía olvidar que ella había sufrido con todo esto. Notó su desesperación y la creyó real. Aún así, no podía dejarla marchar. Tenía una buena razón para mantenerla en la aldea a su pesar.

—Es necesario que se quede —indicó él, seriamente—. Se lo ruego.

Por primera vez, Ino trató de escucharlo. Fue su tono de voz grave lo que logró despabilarla. Había algo que él no le había dicho, y su curiosidad brotó un volcán en erupción, sin contención. Así que bajó la guardia y relajó su expresión. Ahora parecía preocupada.

—¿Por qué debería quedarme?

Gaara desvió la mirada a la mesa y vio la carta desplegada. Ino frunció el ceño y también observó el papel en el escritorio.

—Se trata de una misión secreta. Necesito que me acompañe.

La noticia fue inesperada. La petición del Kazekage aún más. Ino intentó mantener la postura, pero estaba asombrada.

—¿Una misión secreta?

—Es en el País del Rayo.

Sorprendentemente, Ino dejó la antipatía y la depresión atrás, y al escuchar a Gaara, todo su entorno cambió; prestó atención y quiso escuchar todo lo que él quería decirle.

—¿Qué ha sucedido?

—Es confidencial, y necesito un médico con sus habilidades.

—No entiendo…

—La misión que usted iba a comandar, fue quizás una trampa. Hay demasiadas personas involucradas, y una amenaza que requiere una estricta discreción. No le pediré que complete toda la misión, sólo quiero asegurarme que nadie ocupará de su servicio —Ino lo asimiló lo más pronto que pudo—. Podría darle detalles ahora, pero será mejor que vuelva al hospital, y esta noche prepararé lo necesario para nuestra partida —Gaara guardó silencio y esperó que ella terminara de acomodar las ideas en su cabeza—. ¿Puede hacerlo?

Ino asintió con la cabeza, más pronto de lo pensado, cosa que logró impresionar a Gaara. Más tarde se preguntaría por qué le pidió a una kunoichi tan impetuosa como Yamanaka Ino que fuera su acompañante en aquella misión. Sin embargo, en ese momento, ambos estuvieron de acuerdo con lo que se preveía. No fue una sonrisa o una afirmación en lenguaje corporal, sino un contrato mental que ambas miradas sellaron.

Y de nueva manera, la puerta de la oficina del Kage se abrió con violencia. Tanto Gaara como Ino viraron el rostro para encontrar a Temari con la perilla aún en la mano. Si no hubieran acordado salir de la aldea clandestinamente, les hubiera desconcertado la mirada que la mujer del abanico acababa de dirigirles, pero en ese instante cada uno de los dos estaban pretendiendo ser cautos y no dar sospecha.

En cambio, Temari aún no podía apartar la vista de la imagen que tenía frente a ella.

Primeramente, ¿qué hacía Yamanaka Ino de Konoha en la oficina de su hermano, el Kage de Suna? Y segundo, ¿por qué parecía que ambos escondían un secreto?

Un terrible presentimiento golpeó a la rubia de la Arena.

—¿Ino? —cuestionó, sólo para asegurarse que no era una visión o un engaño de su mente cansada por un precipitado viaje de retorno a su aldea. Y confirmó que no lo era, cuando ella se despidió de Gaara como si algo inconcreto hubiese quedado en el aire. Temari palideció. La Yamanaka se plató frente a ella e intentó sonreír. La de cuatro coletas no logró imitarla, y en vez de un cordial saludo, dijo con tono desconfiado—: ¿Qué haces en Suna?

Obviamente, este recibimiento tan seco no pasó desapercibido para la Yamanaka. Alzó una ceja, incrédula. Jamás había sido pasiva ante un comentario con tal tosquedad. Y no iba a empezar a serlo en la Aldea de la Arena.

—Aparentemente, causándole disturbios a más de un habitante del desierto.

Sin esperar respuesta, Ino guardó un poco de su aire elevado, y levantando el mentón, abandonó la oficina.

A Temari le tembló la mirada, desconcertada, quizá asustada, y al posarla en Gaara para tratar de descubrir qué pasaba entre ellos dos, observó cómo el Kazekage parecía pensativo al ver cómo se marchaba la rubia de Konoha. Sin duda alguna, Yamanaka Ino era una kunoichi fuera de estándares.


¿Que creían que no volvía? ¡Pues se equivocaron!

Este fic debe terminar como el Dios de los Fics manda: co capítulos más y la leyenda de "complete". Esa es mi misión en la vida.

¿Empiezan a imaginar el trasfondo de esta historia? Espero que sí, aunque sea un poco.

Gracias por sus reviews.

Nos leemos en la próxima entrega.

Lux