Se pasaron el resto de la mañana ordenando sus cosas y hacia el mediodía una aroma deliciosa ya llenaba toda la casa de las exquisiteces de la señora Weasley. Solo sentir ese olor a Harry se le quejó el estómago y por primera vez noto que estaba muerto de hambre. Bajaron como un rayo hasta la cocina donde se encontraron a las chicas poniendo la mesa y el señor Weasley sentado en una silla mientras su mujer tarareaba con un calderón humeante. A Harry le pareció que el señor Weasley miraba a Ginny y a él intermitentemente con cara de pocos amigos. Solo esperó que no se hubiera enterado de lo sucedido esa mañana.

-Que bien huele señora Weasley!- le dijo Harry intentando evitar la mirada del padre de Ron. Le pareció que el ambiente tenso que había en el momento se destensaba un poco.

-Eres encantador Harry! Y llámame Molly, creo que después de todo ya no hacen falta las formalidades.-le dijo la mujer sonriente.

Harry agradeció esas palabras de la señora Weasley ya que hicieron que su marido relajara un poco la mirada. Al cabo de un rato estaban todos comiendo tranquilamente. Nadie quiso hablar mucho y las pocas conversaciones que salían eran de banalidades y cortas. Cuando acabaron de comer, Harry salió con Ron al jardín y se sentaron en un banco de madera. Se quedaron en silencio cada uno sumergido en sus pensamientos. Harry pensó en lo que había dicho Ron, que las mujeres son más complicadas y necesitan más trabajo. Aunque no quería demostrarlo, él también estaba nervioso por si llegaba el momento lo sabría hacer bien. Paso lo que pareció al chico moreno una eternidad, solo lo despertó de su trance la llegada de Ginny. Ron, se levantó y le dijo que iba a hablar con George para después dejarlos solos. Se giró para ver como desaparecía su amigo por la puerta y le pareció ver al señor Weasley observando por la ventana hacia ellos sentado en su butaca del salón.

-Qué le pasa?-le dijo Ginny.

-Nada, cosas de él.- dijo Harry haciendo reír a su compañera.

-A veces parece muy inocente aunque no lo sea.- dijo Ginny mirando hacia el infinito.

-Solo está preocupado por Hermione.-le contesto Harry intuyendo que Ginny se había dado cuenta de por qué quería hablar con su hermano. Era una de las cosas que más le gustaban de ella, sabia anticiparse antes de que nadie le contara nada.

-Tu no lo estas verdad?- le dijo la chica mirándolo ahora a él.

-Nnno….en absoluto-mintió Harry.

-Harry, a mí no me engañas. Pero no tienes nada que preocuparte, esas cosas se aprenden solas.- contesto Ginny sonriente. –Además, Hermione dice que besa muy bien y que le gustó mucho la escapada de ayer por la noche-se rio con una gran carcajada.

-Ginny, por favor, no te rías de él, está muerto de miedo. La quiere mucho y no quiere decepcionarla.

-El problema Harry, es que los hombres no veis lo importante.

Harry se quedó confuso. No sabía que quería decir Ginny con eso. La miro a la cara esperando que llegara la respuesta. Ginny noto la confusión de su chico y le complació.

-Cuando estamos enamoradas, cualquier cosa que nos hagáis con amor nos llena y nos satisface completamente. Tus besos, Harry, son perfectos para mí, porque los haces con amor y pasión. Y sigue la misma teoría todo lo demás.- dijo volviendo a mirar hacia el horizonte. El chico se quedó pensando un momento, eso era toda una revelación y, de repente, le entro la duda de como sabia eso Ginny. No sabía si preguntárselo o no, le daba vergüenza y miedo de que le sentara mal. Aun así, se armó de valor y lo soltó.

-Ginny, como es que…tú ya…-empezó Harry. Pero Ginny lo detuvo.

-No, nunca he hecho nada más íntimo que besar. –contesto tranquila. Harry estaba asombrado con la seguridad que lo decía, no parecía nerviosa. Se sintió contento a rabiar de oír esas palabras, nadie había hecho el amor a su novia y él sería el primero como lo había soñado siempre.

Harry volvió a mirar hacia la ventana y vio que el señor Weasley ya no estaba. Se giró y beso a su chica pelirroja como nunca jamás lo había hecho. La felicidad extrema de haber oído lo que ella le acaba de confesar le impidió parar. Ella abrió su boca y dejo entrar la lengua de Harry para que jugara con la suya, pensó que era muy suave y muy dulce. Su boca sabia a arándanos del postre y eso le hizo excitar aún más. Puso una mano en la nuca de su chica y la otra en su espalda haciendo que se pegaran más sus cuerpos. Notó los pechos de Ginny, esos que había tocado, y su respiración agitada contra su pecho, donde el corazón le iba a mil. Se separaron para coger aire y Harry le puso un mechón de pelo suelto detrás de la oreja, era la mujer más guapa del mundo, eso estaba claro. Los interrumpió Ron que, con un carraspeo, les hizo entender que no estaban solos y se acercó a ellos. Llevaba tres tazas llenas de té levitando para no derramar nada y las ofreció a los dos amantes que aceptaron encantados y en silencio, un poco molestos por la intromisión. Se sentó junto a ellos y Harry vio que ya no lo hacía poniéndose en medio de Ginny y él. Dio por entendido que su amigo sabía que, aunque no le gustara mucho, ya no podía entrometerse entre ellos. Estuvieron hablando un buen rato pero en ningún momento preguntaron a Ron de que habían hablado con George, al final, Ron dejo ir una idea encantadora para los oídos de Harry. La madre de Ron había aceptado que los cuatro durmieran en la misma habitación.

-Eso es muy buena idea Ron! Hermione se ha pasado toda la mañana sugiriéndolo.-dijo Ginny encantada.

-En verdad ha sido idea suya, he ido a verla a la habitación y me lo ha comentado. Dice que quiere que estemos todos más cerca.

-Que estaba haciendo?-pregunto Harry extrañado por la ausencia de su amiga.

-Leer, como siempre.-dijo Ron poniendo los ojos en blanco.-a veces pienso que los libros son más importantes para ella que yo.

-Ese libro en particular si.-dijo Ginny por lo bajo.

-Cómo?-contesto Ron confuso.

-Nada, nada. Voy a entrar ya que empieza a hacer frio.-contesto y se fue hacia la casa.

Harry se quedó pensado en lo que había dicho la chica y de repente entendió las palabras de ella. No pudo contenerse la risa y se dejó llevar mientras veía la puesta de sol inminente. Cuanto rato llevaban en el jardín?. Ron, a su vez lo miro sin entender nada, Harry pensó que merecía una explicación.

-Ron, no me mires así. No me digas que no has caído con el comentario de tu hermana.-le dijo aun sin parar de reír.

-Pues no, ya sabes que estas cosas no se me han dado nunca muy bien. Como dice Hermione soy muy literal.

-Supongamos que ella también tenga ganas de estar…bueno a solas contigo para decirlo de alguna manera. No crees que también debe tener dudas y miedos? No crees que también quiere haber apaciguado sus dudas? Y que hace Hermione siempre que quiere saber algo?.-dijo Harry picarón.

-En serio? Harry no sé yo, estaba muy tranquila leyendo…

- Sabía que no te fijarías en el libro aunque lo tuvieras delante. A que no has visto que libro era?-le pregunto Harry aunque ya sabía la respuesta.

-Pues no… por Merlín, en serio crees que estaba informándose de…

-Yo creo que sí, y si es así, Ginny también debe saber algo. Después confirmo mi teoría, se lo preguntaré cuando estemos a solas.-le tranquilizo Harry. Y ahora cuéntame que te dijo tu hermano.

Los dos amigos se pasaron el resto de la tarde hablando de los consejos que les había dado George. Harry no podía creer la cantidad de cosas que había por entender, muchas de ellas ya se las había imaginado, sobre todo en la oscuridad de la noche, cosas que quería hacer a Ginny y vio que no iba tan mal encaminado. Lo que le asombró fue que las chicas tardan más a llegar al punto máximo y que por eso eran tan importantes todas esas cosas antes que hacer el amor. Fueron debatiendo la información hasta que se hizo escura noche y decidieron dejar la charla para más tarde. Subieron juntos hasta la habitación para irse a duchar mientras se hacia la cena. Los dos se toparon con las dos chicas ya a dentro preparando la habitación para poder dormir los cuatro. Harry pensó que hubiera preferido estar a solas con Ginny pero no le hubiera parecido apropiado pedírselo a su madre, ese era la solución más razonable para estar con ella. Cogió sus cosas y se dirigió hacia el baño para entrar primero él, el agua caliente le sentó como una oleada de bienestar. Se quedó un rato aclarándose las ideas bajo el agua caliente, pero solo le venía a la mente la imagen de Ginny desnuda con él allí dentro. Deseaba tenerla y poseerla más que nada, quería hacerle feliz y que fuera suya, solo suya. Noto que su intimidad se despertaba con esos pensamientos y decidió apaciguarlos con agua fría, no podía salir así del baño. Cuando se dispuso a vestirse, se dio cuenta que le faltaba la parte de arriba del pijama, solo podía salir y acabarse de vestir en el dormitorio, pero cuando ya tenía la mano puesta en el pomo de la puerta, llamaron en ella.

-Si?

-Harry? Soy Ginny, te has dejado la camisa del pijama en la habitación. Puedo entrar?-dijo Ginny.

-Si claro, pasa.

Ginny entro y, por sorpresa para Harry, a parte de su pijama también llevaba su ropa.

-Te vas a duchar ahora? Pensaba que iba Ron.-dijo extrañado.

-Le he pedido que me dejara ir primero, tengo que secarme el pelo y tardo más, él va más rápido.-dijo la chica y se acercó a él dejando solo unos centímetros entre ellos para después susurrarle. –Ya que estas aquí, ayúdame con la cremallera del vestido.-y se giró dando la espalda a Harry.

Harry trago saliva nervioso, miro por la puerta del baño por si había alguien por allí y aparto el pelo de la chica para poder coger la cremallera. Esta, iba des de la nuca hasta al final de la espalda y Harry pensó necesitaría mucho valor para frenarse. El deseo lo poseía e iba aumentando mientras deslizaba la pequeña pieza de metal por la espalda de Ginny. Su piel era blanca y llena de pecas, una piel de diosa, brillante y lisa. Paso por donde tendría que haber las tiras del sujetador pero no había nada, se dio cuenta que debajo de esa ropa Ginny estaba desnuda. Una vez llego al final, entrevió un encaje negro de sus supuestas braguitas y pensó que le gustaría tenerla así esa noche en su cama, solo con sus braguitas. Ginny se dio la vuelta y dejo caer el vestido quedando casi desnuda del todo frente a Harry que se le abrió la boca y se le fue el aliento sin quererlo. No le salía palabra, no sabía tampoco que decir frente a esa imagen, pero volvió a mirar nervioso al pasillo desierto. Ginny lo beso, sus lenguas volvieron a juntarse bailando una sensual danza en sus bocas, saboreándose mutuamente. A su vez, Harry subió las manos por sus brazos acariciando su piel, le masajeó los hombros y pensó que el Quiddich le había sentado bien, estaba fuerte y tersa. Bajo por su clavícula hasta llegar a sus pechos. Los acarició con las yemas de los dedos poniéndole a ella la piel de gallina y dejando que se le escapara un pequeño suspiro. Notó que sus pezones se arrugaban y se endurecían bajo sus dedos. Tenía que parar, si no paraba acabaría haciéndolo con ella allí. Harry se separó de ella y la miró a los ojos.

-Ahora no es el momento, ven conmigo esta noche a tu habitación cuando todos duerman.-dijo Harry y la beso con un beso suave y rápido.

-Tienes razón. No te duermas- le contesto Ginny guiñándole un ojo y sonriendo.

Harry le devolvió la sonrisa, se puso el pijama y se fue del baño cerrando la puerta. No podía creer lo que acababa de pasar, tuvo que pellizcarse para saber si estaba soñando. Ese encuentro con su chica le había hecho sentir más cuanto la deseaba y no perdería ni un minuto más para hacerla suya, le daba igual lo que pasara pero quería hacerle todo lo que había soñado más de una vez en su cama.