Regalo a Bellk del "Intercambio Navideño 2015-16" del foro de InuYasha Hazme el Amor.
Gracias a: roxanamatarria96. Bellk, te amo, ya casi termino jaja.
3.
Las semanas habían pasado y las celebraciones Decembrinas habían cesado junto con el año nuevo. Enero estaba en todo su esplendor y aunque todavía hacia frio, las mañanas eran hermosas para Ayame quien no era una fanática del frio pero tenía fuerzas renovadas por sus planes nuevos para conquistar a su tío. ¿Tan mal se escuchaba? Ella no lo pensaba así, se había sentido mal cuando se había dado cuenta de lo que sentía pero después había desechado esos sentimientos. El amor no era malo y menos cuando ella lo sentía como lo sentía, era profundo, puro y verdadero, en serio verdadero.
Ayame estaba un poco triste de no poder ver a su tío tan seguido como siempre lo hacía todas las vacaciones de invierno, pero Enero había entrado y junto había entrado el trabajo para todo Japón y el regreso en los sistemas educativos. Ayame empezaba su penúltimo semestre en diseño de moda y con ello se venían encima las pasarelas en donde era requerida por alumnos de último año que estaban a punto de graduarse y debían presentar sus trabajos finales en una pasarela en donde ella era una de las modelos favoritas para modelar.
Si bien no se estudiaba para ser modelo, Ayame había encontrado su pasión en modelar cosas bonitas además de diseñar un buen conjunto de lencería. Varias marcas conocidas en Japón la habían requerido para modelar en pasarelas pero ella había declinado, tenía muchas pasarelas en puerta en la universidad y debía enfocarse en terminar su carrera como diseñadora. Ayame pensaba no dedicarse al diseño mientras fuera joven y dejarlo para cuando sus años fueran pasando y la edad no la dejara modelar más, pero aunque fuese de esa forma, ser una diseñadora y modelo le ganaría fuerza y fama en el mundo del diseño japonés.
Su tío, por su parte, había comenzado el trabajo en su despacho y ella no estaba contenta con eso. Eso significaba verlo menos y era cuando estaba más ocupado. Por alguna razón u otra, la gente tenía más problemas que nunca en los primeros meses del año y ella se llevaba la peor parte porque significaba ver menos a su tío. Por eso es que había decidido dejarle comida varios días a la semana en su despacho. Si… bueno, no era la mejor táctica, pero era algo, y aunque no pudiese verlo, su comida estaría allí, él comería algo que ella haría.
Esa mañana se levantó con más ganas, era un sábado y sabía que su tío estaría en su despacho. Conociéndolo, tal vez habría dormido ahí. Había preparado mucha comida, su madre la había visto raro pero había reído, sabiendo bien el amor que le tenía a su tío, bueno, no ese amor… pero su madre sabía más de lo que Ayame creía que sabía. Se preparó con todas sus cosas, se despidió de su madre y se metió en su auto, un regalo de entrada a la universidad. El día era bello aunque muy frio para su gusto, había desayunado y tenía que regresar a hacer algunas tareas, nada que requiriera mucho de su tiempo.
Lo importante ahora era su tío.
…
― ¿Ayame? ¿Eres tú? ―preguntó una mujer entrada en años y muy bonita.
Ayame sonrió a la secretaria de su tío, esa mujer llevaba trabajando para su tío desde hacía más de diez años. Ayame la recordaba en sus memorias de pequeña, antes había sido una mujer joven muy hermosa y Ayame quería ser como ella, una japonesa común y corriente con largo cabello negro y ojos cafés.
― ¡Yuna! ―gritó emocionada, ignorando las miradas de varias personas que había por ahí.
―Por el cielo, mírate niña, estas enorme. Apenas te vi el año pasado pero has crecido tanto ―exclamó, saliendo de su escritorio y yendo a abrazar a la pelirroja.
Ayame rio cuando Yuna la tocó por todos lados, no creyendo que esa fuera la sobrina pequeñita de su jefe.
―Yuna, basta ―dijo riéndose.
Yuna también rio.
―Lo siento, cariño. Estás hermosa. ¿Y qué tienes ahí? ―preguntó echando una mirada a las bolsas que Ayame tenía en mano.
―Sé que es sábado y que me tío durmió aquí… ―dijo viendo a Yuna, quien asintió, rodando los ojos―. Y bueno, les traje comida a ti y a él. Sé que hoy salen temprano pero ya es casi mediodía.
― ¿Para mí también? Gracias, mi niña, no debiste molestarte.
Ayame se encogió.
― ¿Está ocupado? ―preguntó echándole una mirada al gran pasillo que conectaba a la oficina de su tío.
Yuna negó.
―Entra y sorpréndelo, gracias por la comida ―le sonrió.
Ayame le dio una bolsa a Yuna y se quedó con otra para llevársela a su tío. La firma de abogados en el que su tío trabajaba no era muy grande ya que era muy exclusiva e importante. Su abuelo paterno había iniciado esa firma y se la había dejado a su padre, quien ahora trabajaba desde casa porque no había soportado tantas horas lejos de su esposa, oh sí, sus padres eran muy cursis. Ahora su tío Kōga era el dueño y tenía cinco socios más haciendo aquella firma de abogados una de las más importantes en todo Tokio.
Ayame agradecía que ninguna mujer abogada trabajara ahí, porque si fuera de esa forma…
Toc, toc, toc…
Ayame abrió la puerta apenas, notando que su tío veía atento a la puerta, sin saber porque Yuna no había anunciado que alguien se había presentado.
― ¿Ayame? ―preguntó parándose de ahí.
―Hola, tío ―saludó entrando por completo a su gran oficina. Kōga tenía el cuarto piso junto con otro abogado, no era una vista espectacular de Tokio como los rascacielos tenían pero era una vista bonita en uno de los barrios de negocios más importantes de Tokio―. Traje comida ―dijo levantando la bolsa.
Kōga la escrudiñó con la mirada pero aceptó la comida que Ayame había preparado, tenía hambre y no había comido nada porque había dormido en el sofá de su oficina.
―Dormiste aquí, ¿cierto? ―preguntó Ayame viendo el sofá con una sábana doblada al final.
Kōga se encogió.
―Preferí hacerlo, tendría que regresar temprano en la mañana de todas formas.
Ayame suspiró y dejó la bolsa en un espacio que había en el escritorio de su tío.
―Tienes un desastre, voy a limpiar ―dijo hablando para sí misma.
Kōga la observó con atención y después de varios minutos, Ayame le urgió a comer y empezó a hacerlo mientras que ella recorría la oficina levantando cosas, ordenando otras y sacudiendo aquello. Kōga pudo sonreír pero su mente se encontraba en una posición bastante confusa en ese instante, no sin mencionar que sabía el porqué de Ayame ahí. Claro, había ido a su oficina antes… pero nunca en un sábado tan temprano y con comida en manos. Esa niñita se traía algo entre manos y no le gustaba para nada.
― ¿Qué pretendes? ―dijo mientras terminaba de comer.
Ayame, quien estaba terminando de acomodar unos papeles, volteó a ver a su tío con ojos inocentes.
― ¿De qué hablas?
Kōga entrecerró sus ojos, oh sí, él tenía esa mirada de abogado que a Ayame le gustaba. Era sexy.
―Sabes bien de lo que hablo, Ayame. Te permití estar a mi lado, no te permití insinuárteme ―acusó con severidad.
Ayame arrugó el ceño y sus ojos verdes destellaron llenos de furia.
― ¿Disculpa? ¿Traerte comida es insinuarme? ¿Estás loco? ―exclamó poniendo ambas manos en sus caderas.
―Soy un abogado, conozco a las mujeres como t-
Kōga guardó silencio de inmediato al ver la expresión dura de Ayame, dándose cuenta de su error maldijo por lo bajo y se restregó el cabello.
―Lo siento, pequeña, no quería decir eso…
―Está bien ―Ayame inhaló y exhaló―. Lo entiendo.
Kōga la observó con arrepentimiento y Ayame se tuvo que repetir mil veces que Kōga en realidad no había querido decir eso.
Está bien, está enojado y confundido, tengo que ser más sutil. Tengo que…
―Sé que piensas que estoy… eso, pero no es así ―mintió con descaro―, solo te traje comida, es todo.
Kōga se sintió como un patán y no supo que decir. Últimamente las palabras se alejaban de su boca cuando Ayame se encontraba en el mismo espacio que él. Era humillante y una sensación tan incómoda y desconocida para él. Ciertamente un abogado siempre tenía algo que decir. Pero no él, no cuando Ayame lo veía con sus ojos, no cuando él sabía los sentimientos tras esas miradas y esas sonrisas, ya nada era como antes y no le gustaba. Ya no podía pensar en Ayame como en solamente su sobrina, ahora también era la chica que lo amaba, la sobrina que lo amaba y que estaba dispuesto a conquistarlo.
― ¿Tío? Está bien, ¿escuchaste lo que dije?
Kōga salió de su transe y asintió de inmediato.
―Sí, lo sé. Lo siento, yo-
―Olvídalo ―dijo Ayame de inmediato, no queriendo escuchar excusas tontas―. Hoy tengo muchas cosas que hacer, así que quería verte por un momento ―admitió viéndolo como siempre lo veía.
Kōga no reaccionó ante esa mirada aunque muy en el fondo, una parte de él quisiera hacerlo.
― ¿Qué tienes que hacer hoy? ―preguntó mientras que Ayame recogía en donde él había comido.
―Tengo una pasarela a las seis y un after party después de eso ―se encogió.
Kōga asintió no muy convencido de aquello.
― ¿Una fiesta? ―preguntó.
―Si.
― ¿Habrá alcohol? ―preguntó como quien no quiere la cosa.
Ayame entrecerró los ojos.
―Sí, siempre hay alcohol.
Él arrugó el ceño.
― ¿Vas a tomar?
―Siempre tomó ―dijo como si aquello fuese obvio.
― ¿Habrá hombres? ―preguntó, esta vez un poco más fuera de lugar, sus facciones duras y su tono otro, ni el mismo sabía que le sucedía.
― ¿A dónde va todo esto? ―preguntó confundida.
―Solo no quiero que pase algo como paso en Navidad y termines haciendo algo de lo que te arrepientas ―dijo con su tono de abogado.
―Por favor ―bufó―, no soy uno de tus clientes. Y créeme, me sobró mucho de lo cual arrepentirme esa noche como para hacer otra tontería más y doblar la dosis de arrepentimiento… ―susurró con desganó.
Kōga era un hombre cuerdo, centrado en su futuro, sabía lo que quería y a donde se dirigía, podría decir que se encontraba en un punto de su vida muy favorable en donde disfrutaba de su trabajo y de su vida diaria en general. Pero no en ese momento, Ayame decía cosas y actuaba de formas que lo volvían loco. Algo dentro de él, desde esa noche, se había encendido y ahora se encontraba enojado todo el tiempo porque no parecía poder apagarlo. Era exasperante.
― ¿Te arrepientes? ―preguntó sin querer hacerlo, pero tenía que hacerlo, aquello lo involucraba a él y eso le había molestado; el saber que ella se arrepintiera de confesarle sus sentimientos.
―Si. Estaba ebria y no debiste subir, yo… olvídalo, me tengo que ir. Que tengas un buen día, tío ―le sonrió sin ganas y empezó a caminar a la entrada.
―Ayame ―la llamó―. Espera ―ella volteó―. Aunque sabes que no estoy de acuerdo con lo que pasó, no quiero que te arrepientas de lo que me dijiste ―admitió con sus ojos pegados a los de ella.
Ayame lo observó por un momento con un rostro seco de emociones.
― ¿Por qué?
El silencio se extendió y él mismo se hizo esa pregunta. ¿Por qué? Ni el mismo lo sabía. O tal vez si lo sabía y no quería admitirlo; admitir que todo ese asunto le empezaba a provocar una emoción nueva, algo que no quería sentir. No solo era la desesperación y frustración de saber que ella se sentía de esa manera, también era otro sentimiento desconocido, foráneo, algo un poco agradable.
―No lo sé.
Ella asintió apenas, no sabiendo como sentirse y le sonrió antes de salir.
Rendición
― ¡Voy a llegar tarde! ―gritó al tráfico.
¿Por qué había tanto tráfico? El evento empezaba en tres horas y las pasarelas de su universidad eran pasarelas grandes, serias, en donde llegaban a ir diseñadores bastante importantes para sacar talentos nuevos. La oportunidad de tener una pasarela y que un diseñador se acerca a ti con una proposición de trabajo, era increíble y un giro inesperado, pocos habían tenido esa oportunidad, incluyéndola. Ayame había rechazado a muchas casas de diseño que no se rendían e iban por ella cada vez que modelaba para una pasarela. Y bueno… no era que no quisiera modelar para ellos, pero temía que su carrera en la universidad terminara truncada por empezar a disfrutar lo que todavía no le tocaba. Su mamá la regañaba pero ella se sentía bien de esa forma.
― ¡Ayame! ―le gritaron―. ¡Donde estabas! Necesitamos ensayar por última vez, tenemos que probar ropa, maquillaje, peinados.
Ayame suspiró.
―Lo siento, Eri. Ya estoy aquí, haz conmigo lo que quieras ―dijo dramáticamente, echándose una mano a la frente.
Eri rodó los ojos.
―De acuerdo, entonces vamos ―la arrastró por toda la universidad hasta el gran salón que era usado exclusivamente para pasarelas. Era gigantesco, con techos altos y todo montado, haciéndolo parecer como una pasarela profesional.
Eri, una de las estudiantes de comunicaciones que ayudaba siempre en las pasarelas ordenando todo y sentando a las personas más importantes en sus lugares respectivos, la aventó con el equipo de maquillaje y se fue a hacer varias rondas.
― ¿Dónde estabas, Yame? ―le preguntó una de las estudiantes de cosmetología.
Ayame suspiró y se dejó hacer.
―Tráfico.
Ayame fue maquillada, peinada, y vestida al antojo del diseñador, un chico que siempre la escogía para todas sus pasarelas. Juro que tienes el cabello más hermoso que he visto jamás, siempre le decía. A Ayame podría molestarle el hecho de que su tío prefiriese a una japonesa común y corriente sobre una exótica irlandesa como ella, pero cuando la escogían para las pasarelas… bueno, no se podía quejar mucho.
― ¡Todos listos! ¡Empezaremos el último ensayo! ―gritó Eri con un auricular, una tableta electrónica en manos, y una cara que Ayame conocía muy bien.
La música empezó a tocar y la fila de modelos se hizo mientras que chicos de otros grados que no se graduarían, estaban ayudando tras bambalinas. El diseñador estaba viendo el desfile desde las sillas y gritaba órdenes y últimos detalles a las modelos. Fue su turno, esa vez estaban desfilando lencería y era una de las pocas veces que la había desfilado. Desfilar lencería era un sentimiento tan libre, las piezas eran como obras de arte pegadas a su cuerpo, encaje, elástico, fibras delgadas, todo era diferente a modelar ropa.
Había sopesado la idea de invitar a su tío Kōga al desfile pero no había tenido las agallas de hacerlo, modelando lencería era diferente a modelar ropas comunes… ella prácticamente estaría en… ¡ropa íntima! Literal. Pero era un sábado y su tío no tenía nada que hacer… además tenía que hacer todo en su poder porque el cayera ante ella. ¡Lo lograría!
Cuando el ensayo terminó, Ayame tomó su celular y mandó un mensaje a su tío.
Ayame: Hola… olvidé invitarte a mi pasarela. Hoy desfilo en el salón de siempre, ya sabes el de las otras dos veces. Empieza a las siete así que trata de llegar medía hora antes. Espero verte aquí.
Ayame se mordió los labios y envió el mensaje con los nervios de punta. El mensaje de Kōga llegó unos minutos más tarde.
Tío Kōga: Claro, ahí estaré.
Nada más, solo eso. Ayame suspiró y siguió preparándose para el desfile con ayuda del personal.
…
Una pasarela… era lo menos que podía hacer después de haberle hablado de esa forma. Ayame no se merecía nada de eso y sin embargo, él no le estaba poniendo las cosas fáciles porque no tenía idea de cómo tratar con esa situación. Mucho menos con una Ayame que lo veía como lo veía y le daba esas sonrisas solo a él.
Había llegado del trabajo a su condominio a hacer ejercicio y después había terminado para tomarse una ducha. Había visto el mensaje de Ayame y también la hora, el desfile empezaba en dos horas y decidió comer algo ligero antes de arreglarse. No tenía cabeza para pensar en Ayame, ni siquiera quería tener que verla en vario tiempo aunque sabría que la extrañaría. La relación con Ayame era tan estrecha que un problema así lo ponía de mal humor, lo irritaba y le dejaba la cabeza vacía solo para rabiar y no pensar en una solución. Claramente hablar con ella y decirle que eso no podía pasar no era suficiente para la pelirroja. Conocía a Ayame, claro que la conocía, era terca, desobediente, y hacía lo que le venía en gana. Se había dado golpes contra la pared pero había aprendido su lección a su manera. Tal vez dejaría que esta vez se diera cuenta por si misma que eso era un error.
…
El desfile estaba a punto de comenzar, Ayame estaba nerviosa y Kōga había sido puesto en primera fila a petición de Ayame a Eri, quien también había reconocido al famoso abogado Ōkami y no había dudado en ponerlo en uno de los mejores asientos. Era la primera vez que su tío la vería en ropa interior. Estaba nerviosa, ansiosa y emocionada. Pero ante todo, la seriedad con la que tomaba su labor era lo más importante de todo. Era centrada, profesional y era una de las razones por las que todos los años modelaba en casi todas las pasarelas; los diseñadores no solo la querían por su físico y su apariencia exótica, pero por su profesionalismo al tomar tan en serio las cosas.
Ayame sabía que aunque en la audiencia estuviese toda su familia, aquello era más importante y su cuerpo lo sabía. Aun así, el que su tío estuviese ahí era importante para ella.
―Listo, Yame. El señor Ōkami está sentado en un lugar perfecto ―anunció a Eri.
Ayame sonrió.
―Gracias, Eri. Te lo agradezco.
Eri se encogió.
―Todo por mi modelo favorita.
Ayame rodó los ojos.
Una voz anunció el comienzo del desfile y el diseñador presentó su línea. Ayame se frotó las piernas desnudas y tomó una bocanada de aire antes de tomar una mirada y un rostro del todo profesional. La pasarela comenzó y ella dio su todo.
…
Kōga agradeció a la chica que lo guio hasta su lugar, la recordaba vagamente de desfiles anteriores. Sabía que Ayame tenía que ver en ese arreglo, no podía negar que su sobrina era igual de atenta que como él con ella.
¿Cuándo era que su sobrina había crecido tanto? Ahora modelaba y hacía cosas que jamás había hecho cuando era una niña, se había tenido muy bien guardado lo del modelaje. Había sorprendido a todos con su elección, sobre todo a su padre quien juraba a todos y a si mismo que Ayame trabajaría con él en su firma de abogados. Cuál había sido la sorpresa para todos cuando Ayame había entrado a una universidad que se especializaba en diseños gráficos, de moda y otras cosas que tenían que ver con la industria del modelaje, de la comunicación, cosmetología y nada que ver con la escuela normal o con la escuela de leyes. Su madre había estado encantada pero su padre… bueno, su hermano había sido otra historia. Él mismo no lo había creído y había tenido una plática seria con su sobrina pero lo había terminado por aceptar al igual que su hermano.
Las luces del salón se bajaron y las de la pasarela iluminaron todo el lugar. El diseñador presentó su línea y una música típica de pasarela comenzó a sonar. Kōga entrecerró los ojos y recapitulo lo que el diseñador había dicho. ¿Una línea de lencería? Y cuando la primera modelo en ropa íntima salió a la pasarela, Kōga abrió la boca y supo que vería a Ayame en ropa interior… por primera vez. Perfecto, esa niñita se las había ingeniado para hacerlo verla en ropa interior, mujer astuta…
La tercera modelo fue Ayame. Su cabello rojo era el más largo y brillante, era más hermoso incluso que la lencería que traía puesta, el pensamiento lo sorprendió y se obligó a no ver mucho a su sobrina pero la imagen seria y sensual que Ayame se cargaba era algo que no se podía dejar de ver. Y ese cuerpo… el cuerpo prohibido de su propia sobrina… esas curvas, esas grandes piernas, Ayame tenía un color tostado que jamás había sabido apreciar bien… por los Dioses, se estaba imaginando cosas que no debía con su sobrina de veinte años.
―Esta vez la vamos a convencer ―escuchó decir a una persona a su lado derecho―. Sé que está a punto de graduarse, no podemos perder esta oportunidad.
―Tienes razón, la necesitamos.
Kōga arrugó el ceño, viendo de reojo a las personas que hablaban de Ayame.
―No podemos dejar que ellos la ganen, ¿escuchaste lo que dijeron? ―susurraron más bajito otras personas a su izquierda.
Todos escuchamos lo que dijeron, pensó Kōga con ironía.
―Sí, llegaremos a ella primero que ellos ―dijo con decisión otra voz.
Kōga observó a Ayame posar al final de la pasarela, a los lados y también a él. Cuando lo divisó, le guiñó un ojo y Kōga sintió con mucho pesar como algo de él saltaba a la vida. ¿Qué demonios? Esa niña, esa maldita niña lo volvería loco.
― ¿Viste eso? Guiñó un ojo. ¿Fue a nosotros? ―dijeron las personas a su derecha.
― ¿Escuchaste lo que dijeron? ―dijo la otra voz a su izquierda, eran más discretos y susurraban entre si―. ¿Guiñarles el ojo a ellos? Fue a nosotros.
Pero claramente ambos eran igual de egocéntricos, suspiró. Bueno, era mejor que pensarán que ella había guiñado el ojo a uno de ellos que a él.
¿Así que esas personas querían a Ayame para contratarla? Era cierto, Ayame le había comentado algo por lo parecido, aunque ella no hablará mucho de su carrera en la escuela, sabía que amaba lo que hacía y que era buena modelando. La había muchas otras veces, también había visto sus diseños pero ella admitía que modelar era para lo que era buena.
Más modelos salieron y desfilaron, él todavía no podía quitarse esa imagen de su cabeza, el cuerpo de Ayame semidesnudo, caminando frente a él. Ayame salió de nuevo con un conjunto en negro y unos tacones matadores, nada parecido al primer atuendo que había sido uno en rosa pálido y unos simples tacones plateados. También tenía el maquillaje diferente, ¿cómo podían hacer todo eso tan rápido? Esta vez, Ayame no le guiñó un ojo o volteó a ver a la audiencia. Sus cabellos rojos contrastaban con el color de su piel y sus senos de tamaño pequeño rebotaban al ritmo de sus piernas. Kōga quiso no querer ver su espalda, pero no pudo hacerlo, sus glúteos descubiertos de tamaño pequeño pero firmes, rebotaban al igual que sus senos. ¿Por qué carajos accedía a modelar prendas tan pequeñas?
Cuando Ayame ya no estaba más en la pasarela y otra modelo salió, Kōga pudo sentir como todos sus músculos se relajaban, dejó salir aire que no sabía que retenía, y quiso huir de ahí. No quería tener que agregar razones a la caja de razones por las cuales podríamos interesarnos en nuestra sobrina de veinte años. Si, su mente había estado jugándole malas bromas últimamente. Sobre todo después de recordar una y otra vez en su cabeza la imagen de Ayame ebria y arriba de él, besándolo con fiereza. Esos ojos verdes que contenían tantos sentimientos habían sido imposibles de sacar de su mente.
La última modelo fue Ayame, llevaba un conjunto de encaje con medias altas que iban conectadas a sus pantaletas, al parecer era la pieza principal porque la gente empezó a aplaudir y segundos después, todas las modelos empezaron a salir en fila dando la vuelta para regresar a bambalinas y al final de la fila, Ayame y el diseñador venían tomados de la mano. Ayame seguía con esa mirada profesional, pero una pequeña sonrisa invisible se mostraba en su rostro. Los aplausos se hicieron más fuertes cuando el diseñador se quedó solo en la pasarela con Ayame de la mano. Ayame aplaudió al diseñador y el diseñador, a su vez, aplaudió a Ayame quien sonrió, está vez de verdad.
―Esa será la nueva cara de la revista ―dijo alguien tras de él.
― ¿Escuchaste? Será la nueva cara de nuestra revista ―dijeron a su derecha.
―No puedo creer que sigan peleando por ella, es claro que Kakazu nos escogerá a nosotros ―dijo la voz de su izquierda.
Kōga sonrió, orgulloso de su sobrina, olvidándose un poco del hecho de que Ayame había aparecido en lencería y le había hecho tener un paro cardiaco en plena pasarela. También aplaudió, parándose al igual que los demás invitados. Quería correr a ella y felicitarla, tomarla de los brazos y apretarla contra su cuerpo, quería sentir… sacudió su cabeza de inmediato, junto con sus sentimientos y los pensamientos impuros que se empezaban a formar dentro de su cabeza.
―Vamos, tenemos que ir rápido ―dijeron voces detrás de él.
―Imagino que la fila para verla es larga, esta vez conseguiremos que nos dé una exclusiva ―dijeron las voces de la derecha.
Aquellas personas que habían estado hablando de ella, se alejaron y él decidió seguirlas. Si ellas sabían en donde estaban Ayame entonces el las seguiría para felicitar a su sobrina. La chica que lo había sentado estaba en la entrada tras bambalinas. Las personas que deseaban hablar con Ayame se encontraban haciendo fila, toda esa fila hablaba de Ayame, Ayame esto, Kakazu aquello, era un mormullo interminable acerca de su sobrina. Kōga sabía que era popular pero no sabía que era tan popular. ¿Por qué se había callado eso?
― ¿Señor Ōkami? ―Eri lo llamó.
―Ah, hola. ¿Puedo pasar a ver a mi sobrina?
Varias cabeza ahí y allá se dispararon contra él y Eri asintió de inmediato.
―Por favor, pase por aquí ―Eri dejó su puesto y alguien más lo ocupó―. Rápido, esas personas son lobos.
Kōga rio.
―Lo sé. Escuché bastantes comentarios acerca de mi sobrina.
― ¿Buenos comentarios?
Kōga asintió.
―Excelentes. No sabía que tenía tanta fama.
Eri asintió.
―Es la modelo más concurrida de toda la universidad. La han querido contratar para varias marcas y ha tenido la oportunidad de firmar con varias compañías de modelos pero siempre las rechaza.
― ¿En serio?
Eri asintió.
―Por aquí, Ayame está sola. Tiene su propio espacio.
― ¿De verdad? ―preguntó sorprendido.
―Si.
Kōga tocó a la puerta mientras que Eri se despedía.
― ¿Eri? ¿Qué te dije? Estoy cansada y no quiero ver a nadie ―se escuchó su voz mientras que abría la puerta, Kōga estaba parado ahí, su mirada no pudo evitar recorrer todo su cuerpo que se encontraba cubierto por una bata negra de seda que no estaba cerrada, solo le daba un toque más… ― ¿Tío? ¡Qué bueno que viniste a verme! Pasa, pasa ―dijo tomándolo de la mano y arrastrándolo a su pequeño camerino.
―Felicidades, pequeña ―dijo tomándola entre brazos, no quería hacerlo, pero… ―.No sabía que tenías tantos admiradores.
Ayame sonrió y abrazó a su tío quien no pudo protestar. Sentir los pequeños senos de Ayame contra su pecho era algo que quería evitar, pero esa mujercita… se restregó lo más que pudo y le pasó las manos por la espalda antes de colocarlas tras su cuello.
―Si… ¿y tú eres uno de ellos? ―le preguntó seductoramente, viéndolo a los ojos con un claro sentimiento sexual que Kōga no pudo evitar sentir bajo su propia piel.
―Eh… sí, claro, pequeña ―carraspeó.
Ayame sonrió y se acercó peligrosamente a él, sus labios estaban a centímetros de los suyos y la fragancia cara que él le había regalado estaba en el aire.
―Ayame… ―advirtió, pero no encontró el coraje para quitarse del enredo de esa bruja―. Te advertí…
Pero antes de que Kōga pudiera decir nada más, Ayame lo besó levemente en los labios, haciéndolo tenso en su lugar pero viendo los ojos verdes de Ayame verlo fijamente.
―Lo siento ―susurró contra sus labios―. ¿Te gusta lo que traigo puesto? ―dijo sin soltarlo.
Kōga, quien todavía tenía sus manos contra los brazos de ella, negó con enojo.
― ¿Me puedes explicar porque no me dijiste que iba a ser una pasarela de lencería? ―preguntó, levemente enojado―. ¿Y que dijimos acerca de insinuarte? Me besas…
Ella rio, una risa inocente que le hizo perder los estribos; su agarre se intensificó en sus brazos y la hizo jadear.
― ¿Tío? Yo… lo siento ―dijo de repente, dándose cuenta de que a él le había molestado―. Yo…
―Basta ―sus sentidos se habían intensificado y sus pensamientos se habían ido a la mierda, el cuerpo de Ayame y esos ojos que tanto amaba eran lo único que estaban delante de el en ese instante―. ¿Es una de tus tácticas para seducirme? Dijiste que no te apartara de mi lado y que me olvidara de que tenías sentimientos por mí. ¿Qué significa esto? ―preguntó.
Sus manos bajaron hasta su cintura y ella jadeó con los ojos bien abiertos al sentir algo contra su entrepierna.
―Tío… ―dijo con sorpresa.
Kōga estaba tan duro como una piedra, esa maldita bruja no le estaba haciendo las cosas fáciles.
―No soy de madera, Ayame. Soy un hombre de carne y hueso. No me puedes hacer esto ―siseó pegándola más a su erección.
Ayame no sabía que decir, no sabía que sentir, solo podía sentir a su tío duro contra su pierna y esos ojos cafés penetrando su alma con intensidad. Él era un hombre intenso, ¿en que se había metido?
―Estás jugando con fuego, Ayame ―le advirtió―. Te felicito por la pasarela. Si no me voy no sé qué pase ―dijo entre dientes antes de darle un beso sonoro en la frente y salir de ahí, dejando a Ayame con la boca abierta.
