Como siempre, los personajes no son mios, son de Meyer... :)


CAPITULO III


Bella POV

Me tomó con fuerza por el cuello y me acercó a su boca ansiosa. El beso fue violento, y a pesar de mi deseo, quise alejarme de él. Por supuesto, no me lo permitió, y no hizo más que afianzar su agarre. Sus manos se deslizaron bajo la corta falda y lancé un gemido de sorpresa.

¿Así que ahora si quería algo conmigo? ¿Porque estaba frustrado? Los celos volvieron a dominarme y pataleé furiosa, tratando de que me soltara. Pero lo único que gané fue una advertencia.

- Si sigues poniéndote difícil, solo lo harás peor para ti. Compórtate. Tú te buscaste esto, ahora asúmelo.

Y tenía razón. Todo esto era mi culpa, el me lo advirtió, trato de alejarme y yo aun así insistí. Me lo busqué completamente.

Pero la brusquedad de su agarre me puso en alerta, y para cuando me arrastró hacia la puerta de salida, solo para cerrarla con seguro, supe que estaba perdida. Y por primera vez, realmente me dio miedo.

Volvió a besarme, obligándome a darle una respuesta. Yo apreté mis labios, dominada por un renovado deseo de auto conservación. El bufó y se separó de mí, molesto, y en cuanto tuve mis labios libres de nuevo, chillé lo más fuerte que pude. Eso fue un error.

Un fuerte golpe me cruzó el rostro y me hizo casi caer y pude sentir en mi boca el sabor salado de mi propia sangre. Lo mire con ojos asesinos, pero dejé de chillar.

- ¡Pendejo de mierda…! – siseé

El me devolvió una mirada fiera y temí lo peor. Juraría que lo oí gruñir.

Me alzó en sus brazos y casi sin darme cuenta estaba sobre una cama y todo el peso de su cuerpo sobre mí. No volví a gritar, pues no quería otro golpe y la mejilla, realmente me ardía. Con una agilidad sorprendente, el me tomo los brazos por sobre mi cabeza y los ató con firmeza a las barras de la cama. Esta posición tan expuesta me aterró y me dio nuevos ánimos para seguir luchando, sin importarme si me hacia algo.

Volví a patear y esta vez di en el blanco, golpeándolo en el estomago y lanzándolo hacia atrás con fuerza. Sonreí triunfante, aunque no podía zafarme del agarre de las cuerdas con las que estaban atadas mis manos. Tire de ellas con furia, dañándome la piel de las muñecas con la fricción. Pero no conseguí soltarme. La frustración me dominó por completo y una lágrima traicionera descendió por mi mejilla. Escuche la suave risa de Edward, y sentí que se acercaba a mí, con estudiada lentitud.

- Ni creas que eso que acabas de hacer te saldrá gratis. Te lo advertí pequeña-

Su voz sedosa me estremeció y me sentí furiosa de permitirme siquiera pensar en la posibilidad de excitarme. "Maldito puto bastardo" pensé, mientras lo veía quitarse la camisa con estudiada calma. No pude evitar que mis ojos volaran sobre su pecho desnudo, firme y bien formado y mi mente volvió a traicionarme, y me pude ver a mi misma acariciando su plano vientre. Lo volví a mirar a los ojos y estos ya no estaban furiosos. Había otra chispa, diferente. Casi podía decir que era deseo.

Mi cuerpo era un maldito traidor. O yo era una maldita depravada, porque en cuanto vi esa chispa en sus ojos, mi entrepierna lo registró y comencé a humedecerme. Jadeé desesperada por las abrumadoras sensaciones. "Es un enfermo, un desquiciado y te va a hacer daño" me dije, tratando de quitarme el deseo del cuerpo.

Lo vi acercarse mientras sonreía y me examinaba con sus ojos verdes. Se relamió mientras acariciaba una de mis piernas y mi cuerpo tembló ante el tibio contacto. Y para mi desgracia, el temblor no era de miedo, precisamente.

Con un movimiento firme y certero me despojo de mi falda.

- ¿Todo esto es para mí?- pregunto apretando la falda en su mano, mientras seguía mirándome.

- Olvídalo lunático- siseé, tratando de mostrarme enojada todavía.

- Bella- dijo el riendo- nadie va vestida así a estas horas de la madrugada… además te recuerdo que tú te metiste a mi casa.

Bajé la vista y recordé la ropa interior que me había puesto. Gruñí frustrada. El maldito tenía toda la razón. Volvió a acercar su mano a mí y sin ninguna delicadeza me despojo de la suave blusa, rasgándola.

Mi cuerpo tembló ante el toque furioso de su mano. Esto no era correcto. Y no me refería al hecho de estar atada de manos y semi desnuda en la cama de un casi desconocido. No. Me refería a que por alguna extraña y retorcida razón, esto me gustaba.

El pareció notar mi estado de duda repentina. Volvió a sonreír.

Sentí que mi corazón casi se detuvo cuando saco una navaja y la hizo brillar ante mis ojos. No quería ni imaginarme lo que pretendía hacer con eso. Volví a tirar de las cuerdas frenéticamente, repentinamente ansiosa. Lógicamente no logré más que aumentar el daño de mi piel. Mierda.

Jadeé cuando acerco la navaja a mi piel. Estaba fría. Se me erizó la piel al contacto.

Lo miré a los ojos, pero no vi furia en ellos. Solo un destello brillante de malicia y lascivia. Comenzó a deslizar la hoja sobre mi piel, y bajó hasta mi vientre, hasta llegar al borde de la tanga negra. La confusión volvió a hacerse cargo de mi cuerpo, cuando sentí la navaja cortar mi tanga, sin hacerme daño alguno. Más humedad. Maldita sea. Bufé molesta por mis reacciones y el levanto la vista. Sus ojos me miraron y luego se posaron en mi sexo expuesto. Quitó los restos de mi ropa interior y los tomó, para olerlos con deleite.

Mi respiración se aceleró y una sensación de cosquillas se apoderó de mi vientre, enviando oleadas de placer contenido. Esto estaba muy mal. Sus manos se apoderaron de mis caderas y las apretó con fuerza, para comenzar a subir por mi cuerpo.

Un gemido bastante comprometedor se escapo de mi garganta, delatándome. Suspire agradecida cuando el siguió avanzando en su recorrido sin mirarme, y pareció no notar mi desliz. Para cuando hubo llegado a la altura de mi sostén, mi corazón ya latía desbocado. Mordí mi labio inferior, anticipando.

Con dos movimientos rápidos de su navaja, me había quitado ya toda la ropa. Su mirada penetrante a mi cuerpo desnudo me hizo sonrojar furiosamente. Esto no me podía estar pasando… a pesar de habérmelo buscado. Tenía que buscar la forma de salir de allí.

- Por favor- rogué con voz enronquecida – Déjame ir-

El rió, sonoramente, mientras se quitaba el cinturón y se abría los broches de su jean.

- Intenta otra cosa Isabella – murmuro con voz suave.

- No lo hagas por favor- rogué de nuevo, sin mucha convicción esta vez

Lo vi negar y llevarse las manos a su despeinado cabello.

Entonces, se quito los pantalones y vi que no traía nada debajo… y mis ojos se prendaron a su desnudez.

- Oh- escuche que escapo de mis labios

El estaba en frente mío con una enorme erección. Más de lo que recordaba al menos. Sinceramente, nunca había visto una tan grande. Abrí los ojos asombrada y un cosquilleo familiar se asentó en mi entrepierna, azotando mi raciocinio.

Esto estaba condenadamente mal. Y yo estaba condenadamente excitada.

"Mierda" balbucee antes de encontrarme una vez más con los labios de Edward, que me buscaban lujuriosos. Me sorprendí a mi misma devolviendo el beso con ansias, delirante. La lengua de Edward se introdujo con violencia entre mis labios, recorriendo mi boca y yo gemí, sobrepasada por sus ansias. El maldito besaba muy bien y mi humedad, ya abundante, creció aun más. Sentía que ya mojaba la cama.

Se separo de mi demasiado pronto. Lo mire y lo único que pude ver eran sus labios rojos, entreabiertos.

Dirigí mis ojos a su muy erecto miembro y en dos segundos lo tuve frente a mí. Pude olerlo y sentir su calidez palpitante. Volví a gemir audiblemente. Edward tomo su miembro y delineó mi boca con su punta, tanteando. Yo abrí mis labios, golosa y su miembro se enterró de una sola vez, hasta mi garganta. Me sentí demasiado llena y tosí un poco, ahogada. Pero a Edward eso no pareció importarle en lo absoluto.

Me tomó del cabello con fuerza y no me dejó sacarlo de la boca. Me revolví incomoda, pero pronto me di cuenta de que eso lo hacía peor. Edward no cesaba de darme estocadas, mientras me jalaba del cabello.

Decidí relajarme, en vista de lo absurdo de mi negación. Era inevitable…y ¡a la mierda! yo iba a disfrutarlo. De todas maneras, era lo que yo quería, quizás no así exactamente, pero en fin. Si él pensaba que yo me quejaría o chillaría, estaba muy equivocado. Ya le demostraría yo quien era Bella Swan.

Relajé mi garganta y comencé a succionar con nuevos ánimos. Había fantaseado con esto desde que lo vi por la ventana, de todas formas. Su pene era exquisito. Eso no podía negarse. Lamí y trague con ímpetu, igualando su ritmo. Vi con deleite como su rostro pasaba de la concentración al asombro y luego… éxtasis. El cerró los ojos, sin creérselo. La mano que tenía en mi cabello cedió en su agarre y lo sentí temblando, mientras sus estocadas siguieron rítmicas y mi boca lo estrujaba, impetuosa.

De pronto, salió de mi boca de golpe, dejándome deseosa por más. Pasé mi lengua por su longitud, ganándome un quejido estremecedor, el primero que conseguía arrancarle. Era excitante escucharlo quejarse y en un minuto me volví adicta al sonido. Me deleité lamiendo y besando la suave piel del hinchado y rojo glande, mientras mi lengua pasaba delicada por su punta, probando su sabrosa humedad.

Edward tomo su sexo por la base y para mi asombro, lo deslizó por toda mi cara. Paso su punta por mis mejillas, mis parpados, la curva de mi nariz, mi frente. Luego volvió a introducirse en mi boca, dejándome impregnada en su aroma. Gemí extasiada y él me respondió con otro gemido.

Mis ojos subieron a su rostro. Tenía los ojos obscurecidos por el deseo, con los rojos labios entreabiertos y el rebelde cabello revuelto, con algunos mechones pegados en la frente, que comenzaba a perlarse de sudor. Apreté más su sexo, succionando con pasión y deslizando mi lengua por su longitud cada vez que salía. Pronto sentí el temblor de sus piernas y sus dos manos se aferraron con desesperación a mi cabello. Escuche un fuerte y profundo gemido, seguido de una sacudida y luego, calidez líquida en mi boca. El orgasmo en todo su esplendor.

Sentí los espasmos y pulsaciones de su miembro en mi boca, mientras el seguía dando gemidos bajos. "Toma maldito" pensé "seguro tu otra zorra no hubiese sido capaz de esto"

Suspiré y me relamí, codiciosa. No era primera vez que hacia esto y me gustaba hacerlo. El salió de mi boca, tembloroso y con una cara que me pareció de sincero asombro. Pero aun seguía erecto. Vaya sorpresa. Vi como una gota de semen aun escurría de su punta. El miembro húmedo y palpitante me llamaba y me revolví en la cama, ardiendo entre las piernas.

Pero no sería correcto, no de esta forma. Suspiré con decepción cuando lo vi volverse.

Probablemente ahora que se había saciado me soltaría y dándome una nalgada me enviaría a casa, dejando todo hasta allí.

Pero estaba equivocada.

Edward no me soltó de mis amarras. Me miro anhelante y me dio una palmada en mis senos, apretándolos con devoción. Gruñí por el contacto y levante mis caderas.

"No es correcto, no es correcto… no así" pensaba como una oración, tratando de convencerme, mientras mis piernas se abrían inconscientemente. Edward mordió mis pezones, haciéndome lanzar un pequeño grito de dolor. Apretó con fuerza, masajeando y jadeando descontrolado. El aun n estaba satisfecho. Mierda.

Gemí mordiéndome el labio. Sus caricias eran demasiado bruscas y me dolían, pero de todas formas me gustaba. Una de sus piernas separo del todo la mías repentinamente. Un jadeo de asombro escapo de mi garganta. Nuevamente la boca de Edward estuvo sobre la mía, mientras sus manos descendían por los costados de mi cuerpo, apretando, tocando.

Retuve la respiración al sentir en mi boca la suavidad de su lengua, esta vez, besándome con más suavidad, aunque no menos apasionada. Su lengua se enredo en la mía, febril y contesté su beso, temblorosa y expectante. Mis brazos se tensaron y sentí el dolor en ellos. Las amarras me estaban matando. Gemí adolorida, pero Edward no me escucho. Su lengua fue bajando por mi cuello, mordiendo la piel, lamiendo y besando. Se detuvo en la suave piel de mis senos y volvió a morder, haciéndome gritar. El respondió con un gruñido y el palpitar de su sexo. Maldito degenerado. Le gustaba que gritara.

Siguió bajando por mi vientre, jugueteando con su lengua en mi ombligo, succionando y deslizándola con maléfica lentitud y estudiada lascivia, haciéndome temblar y jadear desesperada. Toda mi piel temblaba. Su respiración acelerada golpeaba mi piel, la cual comenzaba a perlarse de sudor.

"Maldita sea, no puedo desear a este maniaco" trate de auto convencerme, ahogada en un mar de deseo apabullante. Definitivamente esta no era la forma en que había planeado tener mi primera vez. Esto era… mucho mejor.

Edward abrió mis piernas al máximo. Gemí avergonzada, por saber que descubriría mi vergonzosa humedad. Bajo hasta que su rostro quedó a la altura de mi sexo y entonces lo escuche maldecir.

- Mierda Bella, tan mojada y tan lista…- alcancé a oír entre muchas maldiciones.

Sin preámbulo alguno hundió su lengua en mi sexo, completamente. Esto era el maldito cielo. Me perdí a mi misma, sobrepasada por la gloriosa sensación. La lengua de Edward viciosa, entraba y salía de mí rápidamente, haciendo que mi cuerpo se retorciera, mientras yo prácticamente me ahogaba en placer. Nunca había sentido nada igual.

"Maldito y exquisito cabrón" pensé, mientras Edward decidió cambiar el ritmo, ascendiendo y descendiendo por toda la longitud de mi hendidura, mordisqueando mi clítoris y succionándome completa, limpiando toda la humedad que destilaba de mi.

Delicioso.

¡Oh mierda!

El orgasmo vino avasallador, enorme y devastador. Colapsé en el ritmo de sus embestidas, lanzando un ahogado grito de placer. Se me olvidó el dolor de mis muñecas, mis brazos y las mordidas en mi cuerpo. Me deshice como un hielo al sol.

Edward gruño sobre mi sexo, sin detenerse en su faena, a pesar de mis gimoteos de piedad. Siguió lamiendo y embistiendo, recorriendo cada milímetro de mi sexo tembloroso, volviendo a succionar mi clítoris, sin pausa alguna. Gemí desesperada, muy fuerte, así que me mordí la lengua para evitar gritar.

Sentí como introducía su lengua muy dentro de mí, curvándose en un punto mágico. No pude más. Otro orgasmo tan arrollador como el primero me sacudió como un choque eléctrico. Su lengua ahora se había vuelto dócil, acariciando con lamidas suaves mi hinchado y palpitante clítoris, haciendo que mi orgasmo se extendiera en forma increíble. "Santísima mierda" pensé, mientras gemía como loca, sudando y las manos de Edward me fijaban por las caderas a la cama.

Sentí que todo giraba y daba vueltas en la habitación y una suave sensación de bienestar se extendía por todo mi cuerpo… excepto por mis adoloridos brazos. Tiré de las cuerdas una vez más, inútilmente. Mis tensos músculos no daban mas ¿Ahora terminaría todo?

Otra vez equivocada.

Lo vi posicionarse de rodillas entre mis piernas. Esto se comenzó a poner algo serio. No se atrevería a hacerlo ¿o sí?

Vi la decisión en su mirada y la lujuria total en sus ojos. Un pequeño atisbo de cordura hizo que cerrara las piernas en forma instintiva. No. Así no lo quería. Aunque decididamente, mi cuerpo no opinaba lo mismo. Solo conseguí ganarme un doloroso apretón en las piernas, en donde seguro me dejaría marcas. Volvió a abrirme las piernas con furia y muy a mi pesar eso hizo que volviera a mojarme. ¡Qué puto cuerpo traidor era el que yo tenía!

- Ahora tendrás lo que querías Isabella- murmuro Edward- Se que te mueres porque entierre mi miembro en ti… lo veo en tus ojos, lo huelo en tu cuerpo… ¿y sabes algo? Yo también deseo sentirte Bella. Te llevo deseando muchísimos días, pequeña granuja-

- ¡No!- grite, algo asustada, por el tono de voz intimidante que utilizo – no quiero así… ¡tú, maldito degenerado!

- No es una opción – murmuró mientras acariciaba mi sexo con uno de sus dedos- Además tu cuerpo dice otra cosa pequeña, mira como estas de mojada para mi… tu misma me dijiste que querías sentirme… pues lo harás, tu conocerás de una vez quien es Edward Cullen-

Temblé al sentir su toque. Realmente me asuste. ¿Cómo podía estar deseando ser prácticamente violada? Algo tenía que estar muy mal en mi cabeza…

Me estremecí cuando me tomo por las caderas, alzándome a su altura.

Con una mano tomo su miembro mientras me sujetaba con la otra. Casi salte cuando sentí su pene duro y caliente en mi resbalosa entrada. Me revolví en un último atisbo de cordura, tratando de evitar lo inevitable.

Como todo, fue peor.

Edward me miro enfurecido frunciendo el ceño. Me apretó más de la cuenta y solté un gemido bajo. Llevo la punta de su miembro a mi clítoris y se restregó en el, haciendo que mi cuerpo temblara de puro placer. Siguió jugueteando, deslizando la punta de su miembro por mi entrada de arriba a abajo, haciéndome desear cada vez más que me penetrara de una puta vez. Mi humedad mojó toda su punta, y podía sentir los jadeos temblorosos que Edward emitía. Se estaba conteniendo.

De pronto, no pudo más. Me miro un instante y susurro algo que no pude escuchar. Sin piedad, enterró su duro miembro en mi sexo, hasta las entrañas. Un grito desgarrador salió de mí, mareada por el punzante dolor que me dejo casi sin respiración. Edward no se movía, se quedo quiero y podía sentir como su miembro palpitaba en mi interior, enterrado hasta los testículos. De pronto y sin previo aviso, volvió a salir, hasta casi quedar completamente afuera, solo para volver a entrar tan violentamente como la primera vez.

Chillé, el dolor era abrumador. Lágrimas saladas corrieron por mi rostro, mientras mis manos atadas se crispaban en puños. "Maldito hijo de puta" pensé, mientras comenzaba con sus descontroladas embestidas y varias lágrimas mas se escurrían de mis ojos.

Centré mi atención en su grandes y finas manos, aferrando mis caderas con fuerza, lo escuche gemir por lo bajo, mientras su pene se perdía una y otra vez dentro de mí. Estaba siendo penetrada por Edward Cullen., Tal y como yo lo quería.

Y entonces, lo volví a sentir. Abrumador. Deseo. Excitación. E inmediatamente, mis paredes vaginales aprisionaron al intruso, haciéndolo jadear.

"Tan grande y duro… mierda, como lo hace bien este maldito"pensé.

Mis pensamientos desvanecieron cualquier rastro de dolor, mientras mi cuerpo comenzó a relajarse. Y si,… esto finalmente no era malo… nada de malo.

Levanté la mirada para encontrarme con un Edward de ceño fruncido, concentrado y extasiado.

"Maldito, decidiste hacerlo, ahora mírame pelear con tus propias armas…"

Levante mis caderas, al mismo tiempo que el embestía. Obviamente no se esperaba este movimiento, y un gemido muy fuerte se escapó de sus labios. Estaba impactado. La presión de mi cuerpo aumentó y seguí contestando sus embestidas, haciendo que cerrara los ojos, extasiado.

Sentía como toda la extensión de su largo y duro miembro entraba en mí, mientras mi humedad comenzaba a abundar. Sentía que las embestidas eran cada vez más fáciles, y sus rápidos movimientos hacían que mis senos saltaran en cada estocada. Lo oí claramente quejarse.

- Ohhhh- susurró Edward

- Mmmmm- respondí yo, excitada con sus gemidos, mordiéndome el labio

- Bella- lo escuche decir

- ¿Te gusta hacérmelo verdad?-

La pregunta que le hice lo tomó por sorpresa y sus bellos labios se curvaron formando una perfecta "O". Pronto dejo de estar asombrado y me sonrió. Casi tengo allí mismo mi orgasmo. Enredé mis piernas en su espalda acelerando sus embestidas, ganándome otro gemido.

- Ahhhhh-

Lo apreté con furia, llevando yo misma el ritmo de las estocadas. Se sentía tan bien, tan tibio y grande… tan llena. Comencé a sentir los espasmos familiares y el calor insoportable en mi bajo vientre. Edward pareció notar esto, pues se aferró a mis pechos y aceleró sus estocadas, gruñendo sensualmente. Levanté con fuerza las caderas y cerré mis ojos, cuando un nuevo orgasmo me azotó. Esta vez, quede muda. Ni siquiera pude gemir, estaba demasiado extasiada.

Sus embestidas se fueron haciendo un poco más lentas, hasta que repentinamente, salió del todo de mí. Lo mire molesta. ¿No pensaría detenerse o sí?

Note que mojó la punta de su miembro en mis jugos y acarició mi clítoris. Entonces, desvió el ángulo de ataque y en un movimiento totalmente inesperado, me tomo por el culo. Dolor.

- Ahhhhh- grite, por el inesperado asalto trasero.

- ¡Hijo de puta!- le grite, furiosa

Pero Edward por toda contestación, solo levanto mas mis caderas, y se enterró a fondo, haciéndome gemir con descontrol. Embistió varias veces, sudando y gimiendo… y salió de mi otra vez. Y entonces, volvió a enterrarse en mi vagina.

- Mierda- grite asombrada. Realmente, esto nunca me lo imagine

Edward salía de mi centro para entrar en mi ano, y luego volvía al punto de inicio. Una estocada por cada agujero.

No me lo podía creer.

- ¡Bastardo!-le chille, pero estaba totalmente excitada y húmeda.

- Hermosa Bella- me contesto, mientras seguía con su excitante juego.

Cerré los ojos, sin creerme las sensaciones que llenaban mi cuerpo y que Edward me estaba entregando. Su verga durísima entraba y salía de cada agujero fácilmente y mi excitado sexo facilitaba la lubricación para que entrara por mi culo. Malditamente pervertido.

- Ahhhhh- grite sobrepasada, con mi doble penetración

- ¡Ugh!- lo oí gemir, tensándose

Las embestidas aumentaron, entrando por cada uno de mis agujeros y mi cuerpo entró en tensión. No podía con tanto placer.

- ¡Puto bastardo!- chillé, casi vuelta loca

- Me gusta cuando me tratas mal- lo escuche gemir apenas, mientras volvía a apoderarse de mis senos y los apretaba con furia.

"Al maldito le gusta" pensé dentro de mi éxtasis.

- ¡Cabrón de mierda!- le grite, mientras me sentía clavada hasta el fondo.

- Si- murmuró con el rostro contraído en placer

- ¡Grandísimo hijo de puta, me estas matando! – grite en la cima del éxtasis, mientras el orgasmo nos golpeó fulminante, a ambos a la vez. Olas de placer me hicieron temblar mientras sentía la descarga poderosa de Edward, que llenaba de calidez mi culo.

Me sentí tan mareada, que si ni hubiese estado sobre la cama, seguro caigo al suelo de cabeza. Edward estiró sus manos y con rapidez corto mis amarras, lo cual agradecí mentalmente.

Me dolían los brazos una enormidad. Estuvimos ahí, respirando entrecortadamente algunos minutos, sin hablarnos. Gemí de dolor, mientras Edward estaba tendido de espaldas en la cama y… esperen… ¿Aun erecto?

No podía ser… ¿es que usaba algún tipo de medicamento? ¿Cómo es que no se le bajaba nunca?

Edward se encontraba respirando con rapidez, recostado sobre su espalda y los ojos cerrados. Casi inconscientemente me acerque a su miembro. Aun estaba duro y rojo, completamente húmedo y palpitaba levemente. Delicioso. Fue mirarlo y decidirlo, en realidad no lo pensé mucho.

"Maldito pendejo, te diste el gusto de violarme como quisiste… ahora me toca a mí" pensé, y antes de que se diese cuenta, me había montado sobre su dureza, hundiéndolo en mi sexo todavía muy mojado.

- Ohhhhh – lo escuche gemir, cuando estuvo totalmente hundido en mi

- A ver que te parece esto pendejo- le dijo, moviéndome sobre él con furia

La cara de asombro que tenía era impagable. Quise tomarle los brazos y aprisionarlo, pero mis brazos estaban muy débiles y solo seguí moviéndome, sin apresarlo.

Pronto había salido de su asombro, para tomarme por las caderas y levantarme hasta casi salirse del todo de mí, solo para volver a dejarme caer con fuerza de nuevo sobre su cuerpo. El sonido que producían nuestros cuerpos al chocar era irrepetible. Cerré los ojos, concentrándome en la sensación.

Edward se aferro con firmeza a mis senos, apretándolos mientras gemía extasiado. Me encantó oírlo quejarse sin tapujos. Sentía ardor en mi sexo, poco acostumbrado a este tipo de batallas, pero no podía importarme menos. Seguí embistiendo sobre él, mientras jadeaba acelerado, mirándome con lujuria y su boca abierta. Tenía el cabello alborotado y el pelo pegado a su frente, y no paraba de mirarme a los ojos. Yo no rompía el contacto y lo miraba con una mezcla de furia y deseo.

"Porque tienes que ser tan sexy maldito" pensaba, mientras me seguía enterrando. Gemí y mi cuerpo se doblo hacia atrás, extasiada.

Y fue entonces que él volvió a tomar el control. No supe cómo me dio la vuelta y quedo de nuevo sobre mí y me beso de forma intoxicante. Su lengua recorrió mi boca, explorando, sintiendo y mezclando nuestros sabores. Sus dientes capturaron mi labio inferior y muy a propósito, me mordió con fuerza. Gemí en su boca por el dolor y pude sentir el sabor metálico de la sangre escurriendo por mi boca. Su lengua lamio mi labio y luego lo sentí succionarlo, probándome. Y eso me excito más si fuera posible.

No quise quedarme atrás y le devolví el golpe. Seguí besándolo y luego, fui yo la que lo mordí. Y también sangró.

Fue increíble sentir el sabor salado de Edward escurriendo por mi boca mientras me embestía con tal fuerza. Sentí como una gota de su sangre se escurrió de mi boca, por la comisura de mis labios. Sonreí al sentirme triunfadora y haberle causado dolor. Edward se separó de mí y me miró. Una suave sonrisa apareció en sus hinchados labios y lo vi sacar la lengua y quitarme la gota de sangre que huía de mí. Volvió a sonreírme. ¡No había como ganarle!

Frustrada, levante la mano y con toda mi fuerza, que no era mucha, lo abofeteé. Me quedo mirando fijamente a los ojos y por toda respuesta no hizo más que enterrarse con más fuerza aún dentro de mí.

- ¡Maldito sádico!- le grite, algo ahogada por el placer

- Pero te gusta pequeña- susurró roncamente

Maldita sea, tenía razón. Toda la razón.

Lo abracé dejándome ir, abandonada a mi sexy violador incansable. Le arañé la espalda con fuerza, ganándome embestidas aun más poderosas. El cielo en la tierra. La cama se remecía con violencia con nuestra batalla, chocando contra la pared, pero a ninguno pareció importarle demasiado. Mis manos recorrieron su cuerpo, apretando sus firmes brazos y su espalda sudada, y luego me apodere de su cabello, jalándolo con fuerza para que su cuello quedara disponible para mí. Lo mordí con fuerza, y él me devolvió la "caricia" jalando mi propio cabello con fuerza. Eso me dolió… y fue estupendo.

Apreté mi agarre y levanté mis caderas.

Sentí el orgasmo llegar con fuerza, y esta vez, me dejó hecha polvo. Edward jadeó con rapidez y deslizo su boca abierta hasta mi cuello, en donde mordió con fuerza. El orgasmo se hizo aun más intenso, y él aceleró las embestidas hasta el límite de la locura, haciéndome gritar de placer.

Mal-di-ción.

Sentí una nueva descarga en mi interior, llenando mi cuerpo con su semilla, lo que me estremeció, haciendo mi orgasmo aun más intenso. Mis oídos se taparon y quede ahogada, abriendo la boca por aire como si hubiese corrido una maratón. El no estaba mejor, tendido sobre mí, sudado y aun temblando, mientras sus manos hacían círculos sobre la piel de mis brazos, en forma inconsciente.

Quede allí, bajo él, cansadísima y respirando en forma entrecortada.

No sabía que decir… ni tenía ganas.

Pasaron así algunos minutos, hasta que me volví hacia mi muy inusual vecino, pero para mi desgracia, su temperamento bipolar surgió de nuevo.

- Vete de aquí- murmuro sin mirarme

- ¿Qué?

No es que estuviera sorda, pero esperen… ¿no es que hace cinco minutos estábamos abrazados jadeando?

- ¡Que te vayas de aquí… ahora!

Su grito me asusto y casi caí de la cama.

- ¿Eres un enfermo de mierda lo sabías? – le grité enojada y confundida, mientras me levante a buscar mi ropa… o lo que quedaba de ella.

No podía encontrarla… de pronto sentí que me lanzaban una camisa a la cara. Supuse que era para mí. Me la puse y el olor de él me envolvió. Y eso me enojo aún más. Bufé mientras busqué mi falda, que milagrosamente era lo único que no estaba roto.

Todavía no alcanzaba a ponerme las zapatillas cuando me sentí jalada de un brazo y empujada con violencia hacia la salida de la casa. Tropecé y me caí lógicamente. Pero Edward me levanto sin mucho cuidado y no pareció importarle.

- Desaparece de mi vista- murmuro dándome un empujón afuera de su casa y cerrando la puerta de golpe.

Mierda. Eran las tres de la madrugada. Menos mal que éramos vecinos.

- ¡Pendejo!- le grite, saliendo de su jardín hacia mi casa.

Maldito imbécil. ¿Qué mierda se creía?

Cruce a mi casa, escale por mi ventana y me cole a mi dormitorio despacio. Reinaba el silencio. Me metí al baño para darme una ojeada… ¡santísima mierda!

Mi aspecto era deplorable. Con cuidado, me quite la camisa, aspirando el aroma Cullen con fuerza. Estaba impregnada de él.

Me pare frente al espejo para apreciar mejor la zona de desastre que era mi cuerpo. El rostro, enrojecido, los labios hinchados, el inferior más que el superior. Marcas de dedos en los pechos y caderas, y mordidas por todo el cuerpo. Marcas de manos en los muslos y las muñecas… tenían la marca de la cuerda y uno que otro dedo. El cabello revuelto y aun escurría liquido entre las piernas… por todos los sitios. Manchas de sangre se observaban también en los muslos, como prueba de la perdida de mi preciosa virginidad.

Una completa mierda.

Me di un corto baño, tratando de mejorar en algo mi aspecto. ¿Cómo explicaría todas las marcas? Al menos el rostro no parecía marcado… me metí a la cama con el cuerpo totalmente adolorido. Y me dormí enseguida. Increíblemente, esa noche no tuve pesadillas.

Al día siguiente decidí seguir con mi supuesta enfermedad. Les dije a mis padres que había pillado un catarro muy contagioso para que no se acercaran y tampoco pensaran que era algo grave.

Una vez que se fueron, volví a mirarme al baño.

Por la noche se había visto peor de lo que era. Los labios ya no los tenía tan hinchados y mi rostro estaba bien. Lo más feo eran el notorio mordisco en mi cuello y las marcas de las cuerdas en mis manos. Ahora no estaba con el pelo revuelto y no tenía manchas de ningún tipo. Debería estar shockeada, furiosa o traumatizada. Pero no. Lo único que sentía era una increíble sensación de cansancio y felicidad. Estaba contenta.

¿Cómo podía estarlo? Pero así era.

Recordé los acontecimientos de la noche anterior y me encontré a mi misma ruborizada y con una estúpida sonrisa en el rostro.

Yo era oficialmente una enferma mental. Estaba feliz de haber sido tomada y penetrada hasta el cansancio. Lo único que me traía triste era que me hubiese corrido de su casa. Lo demás, era todo genial. Y quería repetirlo.

Descanse gran parte del día, y no había nada en este mundo que me hiciese parar de sonreír. En cuanto al incidente de la noche anterior, ya no importaba que me hubiese echado de su casa. Eso no era más que el indicativo de que estaba complicado o arrepentido, pero lo hecho, hecho estaba. Ya me ocuparía yo de que se le quitara ese arrepentimiento. Se me ocurrían algunas maneras.

Por la tarde, mientras dormía, llegaron Alice y Rosalie a casa. Me había olvidado completamente de ellas.

Entraron sin avisar, como siempre y no me dieron tiempo de nada. Apenas y alcancé a cubrirme con la colcha, para que no hicieran preguntas idiotas. Pero ellas no eran estúpidas.

- ¿Por qué no fuiste al instituto? – pregunto Rosalie de brazos cruzados

- ¿Porque estas tapada hasta la nariz? No hace nada de frio – dijo Alice, que era la más perspicaz

- Estoy enferma… tengo catarro, solo eso. Pero quiero dormir- dije algo nerviosa, para que se largaran de una vez.

Alice entrecerró los ojos y con una agilidad que no creí capaz en ella, me retiro la colcha de un solo tirón. Abrí los ojos como platos al verme descubierta. ¡Mierda!

Alice y Rose abrieron la boca y emitieron un par de chillidos horrorizados. Rosalie se sento a mi lado y me tomo las manos, mientras Alice me abrazaba algo alterada.

- ¡Sabía que habías sido tu, lo sabia!- chillo Alice casi llorando

- Dios mío, ese lunático- chillo Rosalie, acariciando mis muñecas

Yo las mire sin entender por un segundo, pero luego las piezas encajaron. Me horroricé.

- ¡No!- grite alterada- No es lo que…

- Lo sabemos amiga- me corto Alice

- No tienes nada que explicar, ya sabemos- dijo Rosalie

Parpadee perpleja.

- ¿Qué es lo que saben?

Ellas se miraron en silencio. Alice bajo mi blusa para ver mejor las marcas de mi cuello, y acaricio sobre mi piel con sus dedos fríos.

- Ese idiota lunático es hermano de nuestros novios- murmuro Alice, pausadamente- Estábamos en la casa de ellos cuando llego el… Edward. Entro alteradísimo y gritando algunas incoherencias, traía en la mano una blusa arrugada y rota. Balbuceo algo de una chica y que había vuelto a hacerlo. Emmett y Jasper le dieron un calmante y luego de mucho conversar y llorar se quedo dormido. Reconocimos tu blusa. Y recordamos que lo habías conocido y que te había gustado… el resto fue solo atar cabos. Lo sentimos mucho… Bella, debimos hacer algo… lo sentimos tanto…-

Yo aun no procesaba lo que había escuchado. ¿Por qué todo el mundo hablaba de desgracias y cosas terribles si no hasta hace3 mucho yo era increíblemente feliz? Pero esperen… ¿Edward no estaba bien? Sentí un inquietante peso en el pecho y me desesperé NO, esto no estaba bien. Últimamente, todas mis reacciones eran lunáticas. Pero él pensaba que me había hecho daño. Tenía que hablar con él y explicarle que no, que yo…

Abrí los ojos enormes y mire a las chicas.

- Tengo que verlo- sisee poniéndome de pie y buscando mis zapatillas.

- - Bella, no, sabemos que quieres enfrentarlo y todo eso, pero ahora no es el momento… además te aseguramos que no te molestara mas, el se ira, muy, muy lejos… y no volverá… aunque siempre puedes denunciarlo… no sé, lo que tú quieras…

Estas últimas palabras terminaron por destrozarme. No las de denunciarlo, si no las de que se marcharía. No me di cuenta que estaba llorando hasta que sentí las lágrimas tibias caer a mis manos. No lo vería más. No lo besaría nunca más… ¡No!

Las lágrimas nublaron mi vista y sollocé abrumada por toda la información. No quería que se fuera, lo quería conmigo… Me gustaba todo de él, y yo quería abrazarlo, besarlo… y todo lo demás.

- Se va- murmure ahogada en sollozos

Alice me abrazo al igual que Rosalie, tratando de darme consuelo.

- Si querida, se ira y no veras nunca más a ese hijo de puta… cuanto lamentamos lo que te hizo…pero nunca, nunca, te dañará mas…

Me solté de su abrazo con violencia.

- ¡No! Les grite mientras ellas me miraban sin entender nada mi actitud- ¡Ustedes no entienden nada, no puede irse… ¡No quiero que se vaya! - chille casi desesperada.

Ellas aun estaba perplejas y a decir verdad yo también. Parecía una leona defendiendo sus críos. No me podía creer que estuviera al borde de la histeria, pero lo estaba. Me estaban alejando de lo que yo más quería en este momento… Obviamente no creían que yo realmente quería verlo.

- ¡Bella!- me gritó Rose, tratando de calmarme – El te hizo daño-

- ¡Ese es el punto! – grite- ¡no me ha hecho daño! ¿Es que no lo entienden?

Las chicas me miraron como si estuviese loca o algo.

- Bella, reacciona, ¿cómo dices que no te ha hecho daño? Mira tus brazos, mira tu cara y quizás como está el resto de tu cuerpo… ¿y tu aun así quieres verlo? ¿Eso es algo suicida no crees?

Tome aire profundamente antes de hablar

- No es lo que creen – dije nerviosa – Yo… yo lo busqué. Yo quise todo esto. Yo deseaba todo esto.

- No te culpes – me dijo Alice

Seguían sin entender nada. Bufé molesta

- ¿No están escuchando nada, verdad? – les grite – He dicho que no hizo nada malo, nada excepto lo que ambos queríamos… entiendan, yo lo deseo, quiero hacerlo de nuevo con él, quiero abrazarlo y besarlo y que tiremos hasta quedar idiotas… yo… ¡yo lo amo!

El cuarto quedo en silencio. Eso debieron escucharlo todos en la casa. No podía creer lo que había dicho… ¡estaba enamorada de Edward Cullen!


Vale, espero que no lo hayan encontrado demasiado... me costo una enomidad escribir y subir eso, como que no me atrevia... espero que les guste, dentro de lo posible, se que no es el edward habitual, pero denle una oportunidad... :) Buneo, eso y por favor no me maten... el proximo capitulo comienza con el Edward POV... asi conoceremos un poco mas a nuestro pervertido favorito :)

mordiscos!