Capítulo 3: Una luz funesta

Ciudad Luminalia impresionaba aún más en su interior que vista de fuera, cada zona parecía más animada que la anterior y no había ni un solo lugar dónde no hubiera muchedumbre. Aquel tipo de lugar no era precisamente lo que me más me gustaba, pero debía admitir que se respiraba un ambiente agradable, aunque quizá se debía a haber pasado las últimas horas en una repugnante ciénaga.

El sol comenzaba a ponerse, había gastado casi todo el día en aquel pantano y ahora debía buscar un Centro Pokemon donde poder dormir, algo que en cualquier otro lugar habría sido coser y cantar, pero Luminalia era otro mundo, demasiado grande y con numerosas calles y barrios en los que era realmente sencillo perderse. Caminé hasta lo que parecía el típico mapa de "está usted aquí" y observé que había un Centro no muy lejos de donde me encontraba, sólo tenía que caminar un poco al Este en dirección recta. Conforme avanzaba las luces de Luminalia comenzaban a hacer su trabajo, las cuales parecían ser el origen de su nombre y con razón, aquella iluminación comenzaba a molestarme en los ojos, puede que por no estar acostumbrado ya que en Ciudad Romantis la única fuente de luz eran las pocas farolas que había repartidas por las calles. Cuando al fin llegué al Centro Pokemon me quedé contemplando el edificio que se erigía justo enfrente, parecía ser el famoso laboratorio del profesor Ciprés, según había oído se encargaba de dar a los entrenadores que comenzaban su aventura un Pokemon inicial y una Pokedex. Inicial ya tenía, pero no me iba a venir mal una Pokedex, de modo que decidí ir al laboratorio al día siguiente, pues ya se había hecho muy tarde.

En el Centro dejé a mis Pokemon con la enfermera y yo me fui a dormir a la habitación que me habían proporcionado, una simple y pequeña pero barata, un servicio de bajo coste si eras entrenador, era una de las ventajas que teníamos.

A la mañana siguiente recogí a mis dos compañeros y me fui directo al laboratorio. Lo cierto era que desde fuera no parecía precisamente un centro de investigación, sino más bien una casa normal, algo grande y con tres pisos, aunque su estilo chocaba con el resto de edificaciones, pues todo lo demás eran rascacielos y hoteles gigantescos, y aquel lugar desentonaba completamente. Al llamar a la puerta me recibió un chico joven vestido con una bata de laboratorio.

-¿En qué puedo ayudarte? -preguntó mirándome de arriba abajo.

-Pues… soy un entrenador nuevo y he oído que todos los nuevos suelen pasar por aquí así que… -hablaba bastante nervioso, pues nunca había estado en un lugar así y me daba algo de corte pasarme de esa forma, quizá había que pedir cita o algo así.

-Ah, está bien, puedes pasar -contestó alegremente mientras se apartaba un poco de la puerta para que pasara-. El profesor está en la parte de atrás, puedes llegar ahí por esa puerta de ahí.

-Vale, gracias.

Fui hasta la puerta que el ayudante me había señalado y la abrí con cuidado. Me maravillé al ver aquel hermoso lugar, una especie de invernadero con un frondoso bosque, la hierba más verde que había visto nunca y un pequeño riachuelo que terminaba en una charca donde jugaban diferentes Pokemon de tipo agua. El lugar estaba repleto de Pokemon que jugaban esparcidamente los unos con los otros, había de muchas especies distintas y en diferentes fases evolutivas. Entonces me di cuenta que a unos pocos pasos había alguien más, y me sorprendí al ver que estaba junto a lo que parecía un gran Pokemon dragón

-H-hola -intenté llamar su atención.

-¡Oh, perdona, no te oí entrar! No te asustes, Garchomp es muy pacífico y no haría daño ni a una mosca.

-¿Eh? Yo no estaba asustado, sólo un poco sorprendido de ver un Pokemon así en este sitio.

-Este pequeñín y yo llevamos juntos mucho tiempo. Por cierto, no me he presentado, mi nombre es Ciprés y soy el encargado de otorgar a los entrenadores su primer Pokemon.

-Yo me llamo Vector y vengo de Ciudad Romantis.

-Ya veo. ¿Vienes en busca de tu primer Pokemon?

-No, yo ya tengo uno –mencioné para a continuación sacar a Yatsu de su pokeball, el cual salió volando hasta posarse en el brazo del profesor.

-Hmm… Este Murkrow parece muy bien entrenado, desde luego no es lo más convencional para comenzar una aventura, pero lo importante es que ambos se compenetren bien y fortalezcan sus lazos. ¿Entonces qué te trae por aquí?

-Bueno… he oído que a los entrenadores nuevos también les hace entrega de una Pokedex, y me preguntaba si también podría darme una a mí.

-¡Oh, claro! ¿Tienes pensado participar en la Liga Pokemon?

-Supongo… De momento mi objetivo principal es ganar los ocho gimnasios de Kalos, y si es necesario también me enfrentaré a los entrenadores más fuertes en la Liga.

-En tal caso la Pokedex es parte del registro para participar, así que has hecho bien en venir aquí. Ven conmigo, tengo lo que necesitas en mi laboratorio.

Salimos de allí dejando atrás a todos aquellos Pokemon que parecían vivir felices en aquel lugar, aunque a pesar de lo alegres que se les veía me preguntaba si de verdad les gustaba aquello… permanecer allí encerrados sin poder disfrutar del exterior debía resultarles difícil, aunque parecía que el profesor los cuidaba bien y ellos le adoraban, sólo había que ver lo dócil que se veía el Garchomp, el cual seguía de cerca a Ciprés. Murkrow por su parte se subió volando a mi cabeza, su lugar favorito por excelencia.

Entramos al interior de un ascensor que nos elevó hasta el tercer piso, y cuando se abrió la puerta pude ver al fin lo que hacía que aquello fuera un laboratorio, pues el resto de la casa era como un domicilio normal y corriente, sin embargo aquel piso estaba repleto de máquinas bastante complejas. Fuimos hasta una mesa donde había una especie de tabletas de varios colores, el profesor se puso a un lado y me las señaló.

-Estas son las Pokedex. Como puedes ver tenemos de diferentes colores para que cada entrenador pueda elegir la que más le guste.

El diseño era bastante cómodo y portátil, perfecto para llevarla en el bolsillo, aunque no tenía ni idea por dónde se mostraban los datos si no se les veía pantalla por ningún lado. Cogí la que estaba matizada con un elegante morado oscuro, pues era mi color favorito.

-Bien, ahora que has elegido la tuya déjamela para que introduzca tus datos y te registre como participante de la Liga Pokemon.

Hice lo que me pidió y se la entregué. A continuación la introdujo en la ranura de una máquina y se puso a teclear en un PC, preguntándome a la vez todos mis datos personales. Una vez hubo terminado me la devolvió

-Aquí la tienes. ¿Por qué no la pruebas con tu Pokemon?

Ordené a Yatsu que bajara al suelo, y una vez allí lo apunté con el aparato electrónico, el cual se abrió por la mitad de forma horizontal, mostrando una especie de pantalla holográfica que contenía todos los datos de Murkrow.

-Parece que funciona a la perfección. Ahora tengo otro regalito para ti –se sacó lo que parecía un pequeño estuche de color negro con un pentágono plateado en el centro del bolsillo y me lo ofreció-. Es un estuche de medallas, aquí podrás guardar las que vayas consiguiendo en los gimnasios de Kalos.

-Gracias –contesté recogiendo el obsequio y guardándolo en mi mochila.

-En esta ciudad hay un gimnasio, pero me temo que aún estás muy verde para superarlo. El siguiente más cercano es el de Ciudad Témpera.

-De hecho ese iba a ser mi pri-

Un potente temblor sacudió el laboratorio, haciendo que varios de los que allí nos encontrábamos perdiéramos el equilibrio y diéramos de bruces contra suelo, y cuando creíamos que todo había pasado escuchamos una potente explosión.

-¡Esa denotación se escuchó en el invernadero! –gritó el profesor.

Corrió agitadamente hacia el ascensor, acción que yo también imité, no iba a quedarme allí de brazos cruzados mientras podía haber algún peligro. Una vez abajo intentamos abrir la puerta del invernadero, pero por mucha fuerza que hiciéramos no parecía ceder, aunque era extraño al ser una puerta automática de las que se abren hacia los lados… aunque quizá habían cortado la electricidad en aquel piso.

-¡Garchomp, abre la puerta con garra dragón!

Las zarpas del Pokemon Dragón se iluminaron con un tono violáceo, las introdujo con fuerza donde se abría la puerta y comenzó a hacer fuerza hacia afuera. Poco a poco las puertas se iban separando, hasta que al fin se podía pasar entre ellas. Al pasar al otro lado no pude evitar horrorizarme. La mitad de los Pokemon estaban heridos y tirados por el suelo, y la otra mitad habían sido encerrados en jaulas que estaban siendo remolcadas por Pokemon bastante grandes y fuertes en un gran vehículo que contaba con un taladro con el cual habrían llegado hasta allí sin ser vistos. Usando la Pokedex pude identificar a Machamp, Charizard, Blastoise y Nidoking, pero no estaban solos, ya que unos tipos de lo más raros parecían estar dándoles órdenes. Vestían con unos trajes de color negro, con guantes, botas, cinturón y algunas líneas en las piernas de color pardo; llevaban el pelo al descubierto y los ojos resguardados con lo que parecían unas gruesas gafas de protección muy oscuras, además llevaban grabado en el pecho una especie de logo con una "A" rodeada de dos anillos, como si fuera un planeta.

-¡¿Quiénes sois vosotros y qué hacéis con los Pokemon?! –exclamó el profesor.

-¿En serio no conoces nuestra identidad? –se rio uno de ellos.

-Bueno, es normal, aún no nos hemos hecho notar –contestó otro.

-¿Qué hacéis parloteando tanto? –se escuchó gritar desde el interior de la máquina.

De allí salió una mujer de unos 27 años, agitando su gran melena de un tono amarillo chillón que hacía daño a la vista. Vestía con la misma paleta de colores que los otros, pero ella llevaba una falta bastante corta y una camiseta sin mangas, con el mismo logotipo pero más pequeño.

-¿Quiénes son el viejo y el crio? –preguntó mirándonos asqueada, como si estuviera ante un montón de estiércol.

-No lo sabemos Comandante Rea –contestó uno casi temblando.

-¡Soy el profesor Ciprés y este es mi laboratorio! ¡Soltad a los Pokemon y largaos por donde habéis venido, no sois bienvenidos!

-Vaya, vaya… Para ser una rata de laboratorio tiene agallas para ponerse tan gallito ante el todopoderoso Equipo Atlas -alardeó la rubia-. Parece que ahí tienes un Pokemon bastante poderoso… si no te importa lo vamos a coger prestado.

Se sacó una pokeball del cinturón y la lanzó contra el suelo. Con un gran destello apareció un Pokemon de color amarillo con un collar que según la Pokedex se llamaba Ampharos y era tipo eléctrico. ¿En serio aquella criatura era una oveja?

-¡Os voy a mostrar el inconmensurable poder del Equipo Atlas!

Con un movimiento de cabeza se retiró la melena a un lado y dejó a la vista un extraño pendiente que llevaba con los colores del arco-iris, lo tocó con la mano y éste comenzó a brillar intensamente, y no fue lo único pues la piedra que tenía Ampharos en su collar imitó el resplandor, envolviendo al Pokemon por completo. Una vez desvanecido el potente destello el Ampharos se veía muy diferente, una larga melena blanca crecía desde su cabeza y también de su cola y contaba con más esferas rojas, además de otros cambios más pequeños.

-¿Me-Mega Evolución? -tartamudeó el profesor dando un paso hacia atrás.

-Veo que sabe del tema, profesor. Mega-Ampharos, démosles el privilegio de contemplar tu maravilloso poder. ¡Pulso dragón!

Ampharos abrió la boca y comenzó a acumular una gran cantidad de energía con tonos púrpuras que fue formando una voluminosa esfera, hasta que decidió soltarla y desencadenar un intenso fogonazo en línea recta que dio de lleno a Garchomp y provocó una poderosa explosión que por suerte no nos alcanzó, pero el Pokemon dragón acabó tumbado sobre el suelo debilitado. Me quedé en shock… ¿cómo era posible que tuviera tanto poder? Pero aún así no quería quedarme quieto ante aquella situación.

-¡Yatsu, ataque ala!

-¿Tú también quieres jugar? Mega-Ampharos usa rayo - Murkrow ya se había abalanzado contra el enemigo cuando éste lanzó su ataque.

-¡Esquívalo con doble equipo!

Justo antes de que le golpeara usó su habilidad para adelantarse y crear una copia de sí mismo que recibió el ataque, aprovechando el momento para dar en el blanco con su ataque ala, pero aquel movimiento pareció no hacerle ni cosquillas.

-¿Eso es todo? Y yo que pensé que me divertiría más ¡Destrózalo con doble rayo!

Antes de que Yatsu pudiera reaccionar fue sacudido de lleno con aquella espiral de rayos multicolor, dejándolo fuera de combate. Fui corriendo a socorrerlo, y quise darme cuenta Garchomp también había sido apresado y el profesor malherido en el suelo con varios ayudantes asistiéndole.

-Larguémonos de aquí, ya tenemos todos los Pokemon que valen la pena en este basurero –ordenó la nombrada Rea, la cual parecía ser la líder de aquellos soldados.

Y dicho esto todos entraron en el gigantesco vehículo y se fueron por el mismo agujero por el que habían venido.

-Equipo Atlas… -murmuré decaído mientras sujetaba a Yatsu entre mis brazos.