Capitulo 3
La decisión correcta
La madre de Kagome pudo ver en el rostro de su hija que no estaba tan feliz de regresar. Pudo ver que aunque no lo decía, ella estaba sufriendo y mucho.
-¿Qué pasó con el amigo orejas de perro?- le preguntó Sota, Kagome desvió la mirada.
-Él no pudo venir- y después de un momento miró a su madre.
-¿Puedo retirarme a mi habitación?-
-Claro, hija- Kagome caminó con un paso cansado a su habitación y al llegar, se tumbo sobre la cama y lloró a lágrima suelta.
-Sango, cuídate bien de este monje pervertido- dijo Inuyasha de pie junto al pozo. La cara de Sango se enrojeció.
-Pero que dices... Inuyasha-
-¡No hay nada de qué preocuparse!- Exclamó Miroku -Yo cuidaré muy bien de Sango-
Pero su mano maldita decía todo lo contrario y como de costumbre Sango le estampo el hiraikotsu en la cabeza.
-Todavía no, su excelencia- le dijo exasperada.
-Aun no aprende- dijo Shippo moviendo la cabeza negativamente pero luego el zorro miró a Inuyasha.
-¡Y tu cuida muy bien de Kagome!- le gritó -¡Si no iré a buscarte y te daré tu merecido!- Inuyasha se agachó, hasta quedar a la altura de aquel curioso zorrito.
-Shippo, sabes muy bien que no puedes pasar a través del pozo de los huesos-
-¡ESO NO IMPORTA!, ¡SI LE HACES ALGO TE DARÉ TU MERECIDO!- le gritó amenazadoramente.
-Como si pudieras- le dijo Inuyasha alzándolo de su ropita mientras que el pobre de Shippo luchaba para alcanzarlo.
Luego Inuyasha lo dejó en el suelo y miró a sus amigos otra vez.
-Entonces nos vemos- les dijo y luego dio un paso dentro del pozo.
-Inuyasha- la voz de Miroku lo detuvo, así que el hanyou lo miró antes de meter el otro pie. Miroku dio un paso adelante y luego le sonrió.
-¿Qué te pasa, monje?- preguntó Inuyasha, extrañado.
-Eres muy valiente- el monje le respondió, Inuyasha no respondió nada pero en su rostro apareció una expresión agradecida. Miroku le dio unos golpecitos en el hombro y luego, sin previo aviso empujó a Inuyasha dentro del pozo.
Mientras caía Inuyasha miró arriba y vio a Sango, Shippo y Miroku asomarse.
-¡Lo sentimos Inuyasha!- dijo este último –Pero teníamos que estar seguros de que irías- Cuando Inuyasha abrió la boca para responder se dio cuenta de que ya estaba del otro lado del pozo.
-¡Maldito monje!- se quejó. Se sobó la cabeza y cautelosamente se asomó desde el pozo, como para ver si había alguien. Entonces brincó afuera y corrió a la casa de Kagome. Al llegar ahí miró por la ventana. Vio al abuelo, a la madre de Kagome y a Sota.
¿Por qué sería que Kagome no estaba ahí? Hizo una mueca y se alejó, cruzó los brazos. Y miró hacia otra parte de la casa. De un solo salto se colgó de la ventana y miró dentro del cuarto de Kagome. Ahí estaba, tendida en su cama. Estaba dormida pero él pudo sentir el olor se sus lágrimas.
-Kagome…-murmuró. La observó dormir por unos momentos pero entonces Kagome abrió los ojos lentamente, lo primero que vio fue la figura en la ventana. No podía ver su rostro pero reconoció su vestidura y sus cabellos de plata, iluminados levemente por la luz de la luna.
-Inuyasha…- Se incorporó de la cama y lo observó por un momento.
El medio-demonio entró a la habitación y sin esperar más Kagome se puso de pie y lo abrazó.
-Creí que...ya no volvería a verte- Kagome sollozó, Inuyasha no le dijo nada pero la envolvió en un abrazo fuerte, sosteniéndola contra su pecho.
-No podría estar sin ti- él le dijo. Kagome se ruborizó.
-Ya he decidido que es lo que quiero- le dijo él.
-Quiero quedarme aquí contigo- Kagome se apartó de él, rompiendo el abrazo y luego miró a otro lado al darse la vuelta.
-Inuyasha…- dijo ella –Yo no quiero que estés aquí conmigo porque me parezco a Kikyo- Luego se sentó sobre la cama, sin mirarlo.
-Yo no quiero que..que estés conmigo porque te recuerdo a ella- pero Inuyasha caminó hasta ella y le apartó el cabello de la cara con sus garras.
-Luego se agachó frente a ella para verla a la cara.
-No vine porque me recuerdes a Kikyo – le dijo – Si no porque quiero estar contigo, con Kagome. Solo con esa mujer-
Luego Inuyasha se puso de pie.
-Por esa razón he traído esto- le mostró la perla de Shikon.
-Porque me he decidido a estar contigo- Kagome lo abrazó una vez más. Y justo entonces Inuyasha cerró los ojos y la sostuvo contra él. Sintió que una cálida brisa lo envolvía de los pies hasta la cabeza.
Cuando abrió los ojos lo primero que vio fueron los cabellos negros de Kagome y las diminutas chispas rosa desvaneciéndose en el aire. Ella alzó la mirada.
-Inuyasha…- Él miró sus garras pero ya no las tenía, ahora eran dedos, largos y suaves y alcanzaba a ver que su cabello se confundía con el de Kagome.
-ha funcionado…- dijo él pero luego sintió algo entre sus dedos de la otra mano, cuando él la acercó para mirar. Su corazón dio un vuelco al ver lo que era: un fragmento de la perla de Shikon aun estaba ahí.
¿Había sido la decisión correcta?..¿El deseo adecuado?
N/A: Espero que te haya gustado este capítulo. Dedico este capítulo a kagomekatheryne por haber puesto en alerta esta historia, gracias!
¡Gracias de nuevo por leer! Y si no es mucha molesta ¿me dejarías un review?.
¡Hasta la próxima!
