Hola hola... como el fenix... volviendo a surgir de sus cenizas, y no sola, sino con un nuevo capitulo que espero que les guste.


Había pedido que el lugar de su descanso fuera el pequeño cementerio que mantenía la familia, donde ya descansaban sus padres. La casa de campo se mantenía casi vacía en esa época del año, así que no era problema usarla sin ser vistos. Solo estaban ellos tres: Michael, Yuka y Natsumi, y otros sirvientes que habían llevado el féretro hasta el lugar. Con cuidado comenzó el descenso hasta tocar la tierra en el fondo. Natsumi apretó los puños hasta que sus nudillos blanquearon y con eso intento reunir el valor y la fortaleza para no llorar, pero la sola idea del cuerpo de su hermano estar ahí la hacían temblar. Michael tomó un poco de tierra y caminó hasta el ataúd que yacía en el fondo, mientras los sirvientes tomaban unas palas y se disponían a enterrar el ataúd.

-Natsumi- Michael deposito su mano sobre el hombro de la chica y la hizo reaccionar. –Es hora-. Ella asintió y caminó hasta el borde de la excavación, para observar el negro ataúd que contenía el cuerpo de su adorado hermano. Aspiró y dejó caer el ramo de rosas blancas que llevaba.

FEUDAL – ALMA GEMELA

Capitulo 3

Un cambio

-Es hora de irnos- le dijo esa tarde Michael. Natsumi abrió sus orbes esmeraldas y giró a mirar a su amigo que entraba en la habitación. – ¿Has dormido?

-Sí. Ya me siento mucho mejor- se incorporó y observo a Michael caminar hacia ella, con una apariencia más fresca.

-No quisiera quedarme mucho mas rato, temo que pueda llegar tu tío y te lleve de regreso a casa-

-No me importa- dijo deprimida.

-Pues a mí sí, me importa y me preocupa. Dios sabe que te podría hacer ese…- guardo sus ofensas para sí mismo, mientras ella (sin levantarse de la cama) lo observaba.

-¿Qué es lo que te causa tanto miedo?-

-Que pueda lastimarte- se acercó hasta ella y le tomó una de sus manos, mientras se sentaba a su lado –Sabes que te quiero mucho (como hermana) y no me gustaría que nada malo te sucediera-

-No entiendo a que te refieres- ella lo miró, mientras él acariciaba sus manos, delirando y jugando con cada dedo.

-Sobre Arizuka ¿Él ha intentado acercarse a ti, más de lo que está permitido?- Natsumi abrió los ojos sorprendida y volteó hacia otro lado.

-Sí… no sabía que tú estuvieras enterado de eso-

-Pues, lo estoy, y no permitiré que algo malo te suceda; ahora que no está Soubi- le tomó las manos y la obligó a levantarse –Yo seré tu hermano, y te cuidare, a si tenga que salir del país contigo-

-Exagerado- lo abrazó con fuerza y pudo sentir los músculos de su amigo bajo la tela. –Pero… no es solo por eso por lo que estas nervioso ¿o sí?-

-No- los dos se sentaron sobre la cama (nuevamente) –Es sobre Soubi, sobre lo que le sucedió-

-¿Qué?-

-¿No te lo comentó?- preguntó preocupado, mientras la miraba fijamente.

-No-

-Sobre sus sospechas-

-¿Sospechas de que? ¡Habla de una vez, Michael! Me estas asustando- no pudo auricular palabras, se quedo mirándola con temor, mientras la mirada de ella le exigía respuestas inmediatas.

-No… yo, bueno él-

-¿Él qué? ¡Dímelo!-

-Él pensaba que alguien lo iba a asesinar- soltó rápidamente, sin darle tiempo a ella, siquiera de respirar. Natsumi se quedo mirándolo con sorpresa, mientras se dejaba caer sobre la cama.

-¿Qué?- dijo, apenas audible.

-Pensé que te lo habría dicho, pero ahora me doy cuenta que quería evitar… que tú te preocuparas más de la cuenta-

-Por dios- susurró atónita –No es lo más importante. En ese caso, era mejor que él hubiese confiado más en mí. ¿Mi seguridad, mi bienestar? ¿Y el suyo?- se tapó la cara con sus manos y comenzó a llorar –Dios mío-

-No te pediré que te calmes, pero quiero que sepas que él no querría verte en ese estado, por eso lo evitó-

-Lo sé, lo sé ¿pero qué quieres que haga?-lo encaró -¿Qué sienta como si no me pasa nada, que me ponga a reír? Alguien intentaba matarlo y yo era la única que no lo sabía-

-Ya lo había comentado contigo, que cuando le dispararon lo atacaron antes de solo asaltarlo-

-¿Piensas que ese fue el hombre que trataba de matarlo?-

-No, quiero decir: sí, pero no por algo personal, quizás contrataron a alguien para que hiciese el trabajo-

-¿Trabajo?- se levantó y comenzó a dar vueltas por la habitación.

-Es una hipótesis apresurada, pero si es así; Si alguien estaba esperando el momento de hacerle un mal-

-¿Y Quién? ¿Quién querría dañarlo?-

-Piénsalo tú- le dijo, pero Natsumi entendió que él tenía un nombre – ¿Quien se beneficiara de que Soubi muriera?-

-¿Quién podría…?- se quedo en silencio un momento pensando en un nombre que se le vino a la cabeza

-Parece que hay un candidato-

-Pero, no creo que él se atrevería- lo miró dudosa.

-¿A quién te refieres?-

-A… mi tío Arizuka. Es la única persona que conozco que se beneficiaría, un poco, si Soubi no estuviera-

-¿Un poco?- dijo con sarcasmo –Es a la persona que más le conviene si Soubi no está, porque no podrán reclamarle la herencia que tu padre les dejo- se detuvo frente a su amigo.

-Entonces, yo también estaría en peligro, porque yo también soy heredera-

-Pero quizás piensa que tú eres más manejable-

-¡¿Más manejable?-

-Es solo una hipótesis, no te guíes por eso-

-Mentira- lo encaró y en sus ojos se podía notar la ira que llevaba dentro –Tu lo sabías, eso, todo ¿Te lo dijo Soubi?-. Natsumi no apartaba la vista de sus ojos, e incluso se vio reflejado en las esmeraldas de la chica; no pudo mentir, asintió con nerviosismo por la siguiente reacción de ella.

-Sí, él pensaba eso, que era Arizuka quien lo amenazaba- Natsumi apretó los puños con fuerza y dio un paso atrás, desesperada por los acontecimientos. Michael la dejó, que ella liberara toda la furia que llevaba dentro, sin importar las consecuencias.

-¿Qué quieres que haga?- preguntó un rato después, cuando ya se hubo calmada un poco –Yo, no sé que pueda hacer; En este momento no tengo la fuerza necesaria para luchar-

-Natsumi, a pesar de una mujer y de este tiempo, tu eres una persona muy fuerte, que tiene mucha voluntad (y fuerza)- la última palabra fue con una sonrisa, que también hizo reír a la chica –tu puedes seguir adelante, puedes reclamar lo que te pertenece y desenmascarar al asesino de tu hermano. Si fue una persona de la alta sociedad entonces puedes sacar mucha más ventaja y atacarla de diferentes modos-

-¿Y si no lo fueras?-

-Yo creo que sí. Yo estoy convencido de que fue él-

-¿Y cómo? ¿Qué puede hacer una mujer? Tú sabes cómo somos miradas por la sociedad-

-Quizás, lo que te diga, puede ser un poco intrépido, temerario, pero… si lo hicieras como, vestido de hombre podrías obtener mejores resultados-

-¿A qué te refieres? Vestido como…-

-Soubi. Natsumi…- le tomó las manos y antes de que ella protestara continuó –…Tú, en varias ocasiones te has hecho pasar por tu hermano, porque no hacerlo durante estos días-

-Pero, Michael, nosotros somos muy distinto; la apariencia, la voz, la personalidad, todo. No creo que pueda-

-Y si yo te ayudo a perfeccionar tu actuación-

-Sé que Soubi estaría de acuerdo conmigo. Así podrías desplazarte fácilmente por la alta sociedad y obtener muchas más información de la que yo podría recaudar, solo-

-Y si alguien me descubriera-

-En ese caso que tendrías que perder, no más de lo que ya has perdido- Natsumi se quedo en silencio, pensando las palabras que su rubio amigo le decía. Era una buena idea; como él había dicho, podía moverse con total libertad y sin contar que podría quedarse en casa de Michael sin preocuparse de que su tío la viera. –Te dejo para que lo pienses- se iba a levantar, pero Natsumi lo detuvo y lo obligó a mirarlo.

-¿Y hasta cuando duraría?-

-Hasta que encontráramos al culpable del asesinato-

Se removió una y otra vez en la cama, hasta que las colchas y sabanas quedaron enredadas en su cuerpo. No podía dormir a pesar del cansancio que su cuerpo sentía. Había viajado cerca de dos horas en un incomodo carruaje que se balanceaba para todos lados y donde se le revolvió el estomago. Michael en cambio había viajado muy bien; "él estaba acostumbrado"- pensó de mala gana, mientras ella miraba su estúpida sonrisa. Se habían movilizado hasta la casa de campo de Michael para que su tío no llegara a descubrirla si es que iba a la finca de los Tokaurin.

"Las cosas estaban más tranquilas" pensó cuando él le dio un fuerte abrazó cobijador; el dolor por la pérdida estaba amenguando, un poco, muy poco, pero pronto desaparecerá "eso espero". Por el momento tenía que ser fuerte, por ella y por Michael que estaba llevando una gran carga sobre sus hombros: Una carga propia y la de ella.

Observó el techo y suspiró. La oferta que él le había hecho era buena, desde el punto de vista que la viera, no era mucho lo que tenía que perder. Si llegaban a descubrirla entonces podía volver a su casa como siempre; después de todo ella nunca perteneció u dependió de la sociedad.

-"Que te pasa Natsumi Tokaurin. Te has vuelto una magdalena, llorando todo el día y no teniendo ganas de nada. Tú no eres así"- se dijo así misma. Y aunque las cosas dolieran y le quitaran la fuerza que tenía podría soportarla. Ya lo había hecho y había personas que estaban peores. Niños solos en el mundo, ancianos que eran una carga para su familia y por ese siempre hecho eran abandonados. Lo de ella era doloroso, pero podría soportarlo. Si podría.

Cerró los ojos y se tocó la frente, estaba sudando mucho y otra vez tenia nauseas. Se removió hasta el cuarto de baño y esperó a que su estomago devolviera todo lo que había recibido, durante ese día. –"debe ser por el viaje"- pensó, y se lavó la boca y la cara. –"ella podría hacerlo fácilmente, el papel de Soubi. Lo había hecho frente a su tío y a su padre. Aunque él supo distinguirlos fácilmente por sus ojos.

Suspiró –"si era capaz de engañar a su tío cuando lo viera entonces podría hacerlo, las demás personas no importaban"- cerró los ojos y gimió por el malestar que tenia encima. Tenía un poco de jaqueca y calor. Su cuerpo sudaba como nunca. –"¿Esto también será del viaje?"- Se lavó nuevamente la cara y volvió a la cama, mientras se secaba con una toalla.

Mañana se lo diría a Michael: su plan. Por ahora… dormiría.

-¡Perfecto!- sonrió su amigo. -Así conocerás todo lo que te falta y no tendrás que volver a la casa de tu tío-. Le sonrió ampliamente y se acercó a ella. –No tendrás que usar Kimonos y lienzos, podrás vestir como tu hermano. ¿Trajiste la ropa que te pedí, Verdad?-. Michael había ido a despertarla esa mañana, pero cuando llegó a su habitación ella ya estaba en pie. Estaba frente al espejo mirándose atentamente, sin apartar la vista de su rostro. Pero su mirada era seria y fría, que preocupo un poco al chico. Cuando le había preguntado que le sucedía, ella le había respondido con un simple "Yo seré Soubi"

-Bien. Tendremos que hacer algunos cambios ¿No te importa?-

-No. Haré lo que sea- peino su cabello, mientras se miraba en el espejo de la habitación; Vestía un Mofuko* completamente negro, su cabello estaba tomado en un moño que mantenía cada mechón bien afirmado y un poco de maquillaje en los labios para que se vieran mas rosados. –Michael, desde hoy seré Soubi; Natsumi murió y en su lapida se pondrá el nombre de Natsumi Tokaurin-

-No seas tan drástica-

-Renuncio a mi nombre para convertirme en Soubi Tokaurin, y encontrar al asesino de mi hermana-. Michael se levantó de su asiento y la observo atónito, por su forma de actuar.

-¿Natsumi?- preguntó preocupado.

-Necesitare la ropa que está en casa. Tendré que ir por ella lo más rápido posible-

-Espera un momento- observo sus ojos que observaban todo, con frialdad.

-Y ordénale a tus hombres que el nombre que se coloque sobre la lapida sea el de mi hermana, no el mío- sacó los últimos pinches de su cabello y este cayó sobre sus hombros.

-¿Estás segura?-

-Seguro- corrigió –Si, lo estoy. Desde ahora tú también tendrás que cuidar como me llamas-

-Natsumi… intenta tomarlo con-

-Soubi- volvió a corregir –ahora necesito a Yuka, quiero viajar a la ciudad lo antes posible y necesito que se deshaga de este cabello. Lo llevare corto, más corto que de costumbre.-

Yuka se paró detrás de ella y acercó peligrosamente la navaja hasta su cabeza.

-Yuka, si estas muy nerviosa yo puedo hacerlo- dijo Michael a un lado de ellas. Natsumi estaba sentada en una de las sillas mirándose fijamente al espejo, mientras la joven sirvienta intentaba cortarle el cabello.

-No es eso, ósea, estoy un poco nerviosa, pero es que me da mucha pena cortar su cabello señorita; es que esta tan bien cuidado que-

-No me vuelvas a llamar señorita, y date prisa en cortarlo- retó seriamente. La chica asintió más nerviosa que antes y tragó un poco de saliva. Michael agudizó su mirada sobre Natsumi, quien estaba actuando realmente extraña.

El cabello castaño comenzó a caer sobre el piso de cerámica, mientras iban pasando los minutos.

Natsumi se levantó y se acercó al espejo para verse mejor. Sus ojos verdes no mostraron ninguna alegría o tristeza por su actuar. Volteó sus talones hacia los dos y sonrió levemente.

-Bien hecho. Ahora necesito un poco de ropa y algunas clases-

-Al parecer, estas más tranquila-

-Tranquilo- corrigió. –Acostúmbrate a tratarme como hombre-

-Bien, bien- dijo el rubio con una sonrisa. –Oye, Soubi- lo llamó –Ven te enseñaremos algunas cosas sobre la vida de los hombres, para que dejes de ser el niño mimado que eres-. Sin decir nada, Natsumi asintió y lo siguió, pero Yuka los detuvo.

-Antes que nada –Interrumpió la chica –Tiene que cambiarse de ropa, un joven no puede andar con Kimono- Michael asintió y se despidió con la mano.

-Lo dejo en tus manos, Yuka-

-¡No se preocupe, joven Michael!- le sonrió la sirvienta mientras el rubio las dejaba sola en la habitación. –Veamos- soltó el obi y las telas del Kimono se abrieron dejando expuesta la enagua que llevaba debajo –Tendremos que disimular su figura- tapó el cuerpo volviendo a unir las capas del Mofuko, sin atarlas, mientras iba a uno de los cajones.

Natsumi se estremeció cuando la tela gruesa aprisiono sus pechos. Yuka estaba haciendo muy bien su trabajo, pero si seguía apretando entonces no podría respirar.

-¿Esta muy apretado?-

-Demasiado- respondió, con un hilo de voz.

-Voy a soltarlo un poco- Natsumi asintió. Lo único que hacía era dejarse guiar por las órdenes de Yuka, quien parecía muy experta en ese tipo de cosas.

Se puso las botas negras y se abrochó los cordones, para terminar de completamente su transformación. Levantó la vista y observo su reflejo en el espejo, o mejor dicho, el reflejo de la persona que quería aparentar.

Yuka se movilizó hasta la puerta e invitó a entrar a la habitación a Michael, quien había estado esperando pacientemente. El joven de ojos azules se quedo paralizado al ver a su amigo frente a él. Natsumi estaba de pie, observándose a sí misma sobre el espejo, maravillada por la transformación. Su traje, que se le había visto muy diferente hace algunos días ahora parecía encajar a la perfección. En la camisa no se notaba ningún relieve, porque los pechos habían sido, perfectamente, disimulados por las fajas. El fajín apretaba su cintura y como ya estaba planeado se veía recto sobre su cuerpo, sin enmarcar el cuerpo. El cabello corto, la mirada seria y fría, y la piel pálida daban la viva imagen de su difunto.

-Vaya, Yuka… te mereces que te aumente el sueldo-

-Cuando quiera señor- dijo con una sonrisa la joven, deleitándose por su trabajo.

-¿Dónde aprendiste a hacer eso?-

-Se dice el pecado, pero no el pecador- respondió la muchacha con una sonrisa. Michael asintió y puso su mano sobre la cabeza de la joven.

-Bien hecho, cariño-

-¿Y?- preguntó Natsumi, con su voz ligeramente masculina.

Michael rió al escucharla -No te diré que te ves encantadora, porque no creo que sea bueno que un hombre alabe a otro en lo referente con su apariencia, pero si, te ves normal. Te ves como tú, Soubi- la joven delineó una leve sonrisa y lo encaró.

-¿Y ahora, que sigue?-

-Lo básico. Tu postura. No inclines los hombros, mantenlos firmes y rectos- la retó, mientras ella obedecía –piensa que todo el mundo te vera chueca. Las personas de la alta sociedad, como nosotros, siempre deben mirar hacia él frente, en un ángulo de noventa grados, no menos. Tu eres un hombre, no tienes que mirar al piso, no debes avergonzarte de nada- lo rodeó como si se tratara de un animal al acecho. –Los demás ven esa debilidad, no tienes que mostrarla-

-Bien-

-Tú forma de hablar. Soubi es sarcástico, su mirada inspira miedo y respeto. No es uno más del grupo-. La hizo caminar por el borde de la pileta de la entrada de la casa –Si das un paso en falso, caerás al agua- le dijo, cuando la vio tambalear. -Soubi no te pedirá un favor, lo ordenara-

-Yo no conocí esa faceta de mi hermano-

-Por lo mismo, porque él era tu hermano; afuera era muy diferente- Natsumi miró el margen de la pileta -No bajes la mirada- la retó. –Si algo pasa, mantén siempre la distancia y la compostura. Nosotros no nos menospreciamos ante nadie- Michael la empujo, para que perdiera el equilibrio. Natsumi perdió el equilibrio y cayó al agua dando un grito con su voz. -De nuevo. Levántate, Soubi-. Natsumi, con su mirada enojona, se paró en el borde de la pileta y continuó caminando.

-Si una joven te dice que eres muy apuesto ¿Qué le dirás?-

-Eh… ¿Gracias?- dudó. Michael caminó hacia ella y la empujo otra vez a la pileta.

-No. Nunca. Una joven de buena cuna nunca te dirá un cumplido, si es así, entonces puede que sea una…- omitió la palabra frente a ella. -¿Tú se lo dirías a un hombre?-

-No- Natsumi se levantó y volvió a caminar por el margen de la pileta, con la ropa empapada.

-Lo mismo. Lo máximo que puedes recibir son alabanzas en el baile- le dijo él y siguió observándola caminar, pero ella se detuvo y lo miró interrogante.

-¿Y si no se bailar?-. El rubio miró al cielo agotado y suspiro.

-Bien, Yuka, tú serás nuestra ayuda- Yuka se paró frente a Natsumi con su sonrisa, caracterizadora de la chica, mientras Michael las observaba. –Primero te enseñare a bailar un vals que esta tan de moda estos días-

-¿Vals?-

-Sí. Para bailarlo tienes que mantener tu postura erguida, sin mover los hombros y las caderas. Ahora- se acercó a ella y le tomó la mano –Tienes que mantener tu brazo erguido- Natsumi obedeció, pero no fue exactamente lo que Michael quería –Con un poco de elegancia- recalcó. –Yuka, ayúdame-

-Joven Soubi, así… levemente doblada- pasó la mano en la posición correcta y sonrió –Ahora, su otra mano sobre mi cintura-

-¡¿Qué?- dio un paso atrás, atemorizada.

-Vamos. No seas aguafiestas. Pon tu mano en la cintura de Yuka- ordenó Michael.

-Pero…-

-Soubi no dudaría- desafió el rubio, lo que le ganó una fría mirada de la oji-verde.

-No se preocupes, solo es un baile-. Le dijo Yuka. Aun con miedo y nerviosismo, Natsumi se acercó a su compañera y obedeció en todo; no pudo evitar que sus mejillas se tiñeran de un leve rosado.

-Seguimos…- dijo Michael divertido –el vals es un baile lento de tres tiempos en un compas. Con gracia y sofisticación. Donde el hombre guía a su pareja. El hombre ofrece su mano izquierda…- Natsumi siguió con cuidado cada una de las palabras de su amigo -…la joven y linda Yuka (en este caso) acepta; y cierran el abrazo, el hombre depositando su mano derecha bajo el omoplatos de su compañera-

-¿Qué es eso?- Michael dio un largo y fuerte suspiró y caminó hacia la pareja que lo miraba interrogante.

-Es esta parte- tocó la espalda de Yuka, a la mitad –a esto se le llama omoplatos-

-¡Ah…! No podías decir la espalda-

-Eh… ¡No!- volvió a su posición y los miró –Bien… continuemos. Ahora el vals es un baile simple, donde el hombre es quien lleva a su pareja, se empieza con una apertura hacia el lado de la toma. Básicamente es eso, un paso al costado y un cambio de un pie a otro. Este es el paso más normal. Les enseñare- Michael se puso juntó a la pareja y realizó los pasos. –Ese mismo paso se realiza, delineando un círculo en sentido contrario a las agujas de reloj- Natsumi y Yuka lo observaron y comenzaron a dejarse guiar por el ritmo del conteo de Michael; aunque en algunas ocasiones se pisaban una a la otra. –Recuerden que el baile se empieza con las puntas de los pies y mientras van bailando, Soubi, puedes hacer girar a Yuka-

-Si- dijo, más concentrada en lo que hacía, que en lo que Michael le decía.

-Bien, chicas- dijo, pero Natsumi lo miró con rabia –perdón, Yuka y… Soubi. Sigamos con la lección… y… un, dos, tres… y un, dos, tres…-

Continuara…

*Mofuko: es un Kimono negro que expresa tristeza. Se utiliza en los funerales, o servicios conmemorativos budistas.


espero que les haya gustado y espero recibir sus review

Bye bye