Capitulo 2

Una última risita se escapó de la dulce boca de Elena antes de que Damon empezara a deslizarse por su cuerpo.

- No, no, por favor… - siguió riendo, mientras se revolcaba por la cama.

Damon también rió. Como dos críos, jugando al amor.

- Estate quieta.

La sujetó por la cintura y besó su barriga. Elena se escabulló de él. Damon la siguió.

- Nena, ¿vas a dejarme que te haga el amor tranquilamente?

Damon siguió las risas, hasta el amplio cuarto de baño. Un chorro de agua fue directo a parar en su pecho, salpicándolo en la cara.

- Ven aquí… - dijo Damon riéndose. – eres mala, muy mala.

- Oh… castígame, agente, soy tuya. – se rió Elena, colocándose contra la pared de la ducha, de cara a la pared, con las manos por encima de la cabeza. Y con el trasero apuntando vacilando a Damon, provocándolo.

- Verás si te voy a castigar.

Damon dio un suave bofetón en una de las nalgas de Elena. La erección de Damon rozó su trasero. El firme tacto hizo que a Elena se le pasaran las ganas de jugar, de escaparse. Se giró y besó a Damon, sintiendo ahora como su total masculinidad se clavaba en su bajo vientre.

Damon la cogió de las piernas, colocándolas alrededor de sus fuertes caderas. Su pene pulsaba contra la entrada del sexo de Elena. Sin dejar de besarla, buscó el encaje de la alcachofa de la ducha. Ahora el agua, seguía cayendo, pero encima de los dos. Elena lo acarició, adoró el tacto, sentirlo tan mojado, dejar que sus manos resbalaran por la espalda, por el pecho, por los bíceps y por los abdominales de él.

- Te deseo… - murmuró contra su boca, y la volvió a besar, comiéndoselo.

Damon apretó fuertemente su culo, contra su pene, para sentirla más.

- Y yo a ti… mucho… muchísimo. – Le mordió uno de los hombros – dime lo que quieres.

Elena murmuró algo en voz baja.

- No te oigo… - le susurró Damon en la oreja.

- Fóllame. – dijo ahora arqueando la espalda, aplastando sus pechos contra el torso de Damon – por favor, házmelo, hazme tuya.

Damon sonrió.

- ¿No crees que me toca a mí jugar, ahora? – dijo apretándose más contra ella. Elena ansiaba tenerlo dentro. Estaban totalmente empapados por el agua de la ducha, pero Damon, sabía perfectamente que el calor que sentía allí abajo, aquella humedad que él adoraba tanto provocar en Elena, no era del agua.

- No… por favor… - Elena lo cogió de las mejillas, le dio otro beso, ansiosa, con ganas de él. Se elevó un poco, incorporándose mejor. Aun que sus pies no tocaban en el suelo, adoraba que Damon la tuviera así cogida. Parecía que estuviera aún más cerca de tocar el cielo, cuando Damon la hacía llegar tan y tan alto.

Él besó su cuello. Aun que pareciera mentira, Damon también estaba ansioso por meterse en ese apretado cuerpo, ansioso por hacer que Elena se corriera con él dentro, en sus entrañas, ansioso por que ella hiciera que él se corriera, que se desahogara a borbotones, como solía pasar siempre que tenía tanta tensión en los huevos, de tanto que lo excitaba su querida novia.

Damon la embistió, de una sola vez, sin dejar de besarla. Sintió el gemido, salido de la garganta de Elena, contra su boca. Él tampoco pudo evitar gemir al sentir como las paredes del coño de Elena se adaptaban tan bien en torno a él. Adoraba esa sensación, adoraba hacer el amor con ella. Adoraba quererla, adoraba amarla. Adoraba a la misma Elena. Hasta sus defectos.

- Por favor… - gimió Elena, apoyando su frente contra la de Damon.

- Dime… - susurró él, en contra de su boca, agarrando mejor a Elena del culo para penetrarla profundamente.

- Más…

- ¿Más qué?. – dijo Damon sonriendo y acariciándole el labio inferior, mientras que con el otro brazo, la aguantaba a ella, contra la pared.

- Rápido…

Damon volvió a sonreír. A ella le encantaba verlo sonreír. Volvió a colocar la otra mano en ambas nalgas de Elena y la elevó, clavándose en ella. Se retiró, casi totalmente y volvió a entrar. Lentamente, al contrario de lo que Elena quería. Pero así también le gustaba. Lento e intenso.

- ¿Te gusta así? – dijo Damon apartándole un pelo, posándolo en el hombro contrario del que él se había apoyado. A este, lo besó.

- Si… si…

- Entonces quiero oírte.

- ¿MMh? – dijo Elena sonriendo, contra su cuello. Lo mordió. Damon no pudo evitar gemir al contacto de sus dientes.

- ¡Grita! – la embistió con más fuerza. Eso provocó un escalofrío a Elena. Todo su cuerpo dio un respingo, y Justin tubo que atenerse a las consecuencias. Obtuvo un fuerte apretón de polla que casi hace que se corra. – Ahh… Elena... – jadeó él contra su oído, haciendo que las palpitaciones de Elena se aceleraran más.

Damon empezó a moverse con más rapidez, sin poder contenerse las ganas. Al borde del colapso, del orgasmo. Elena empezó a sentir como sus dos cuerpos se unían, como las caderas chocaban. Dios, sensaciones nuevas. O no tan nuevas desde que conoció a Damon. Sintió como el pene de Damon latía dentro de ella, de la presión, de la fricción... del placer.

- Si… si… ah… dios, ¡Damon!

Damon sintió como Elena empezó a correrse. Con fuerza. Brutal. Él tampoco pudo contenerse. Gimió, al mismo instante que lo hizo Elena. Y ella lo sintió, caliente, como se desataba, hasta la última gota, adentro, muy adentro en su cuerpo.

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- Mmh… - gimió Elena tragando – es el mejor arroz a la paella que he probado jamás. Está riquísimo. – Miró tierna a Damon – Bueno, cualquier cosa después de hacer el amor contigo me sabría a delicia.

- Qué bonito… - Damon sonrió, al otro lado de la mesita. Le acarició la mejilla, en un suave pellizco con los nudillos del dedo índice y corazón. – Adoro verte cariñosa después de una buena cardada.

- ¿Sí? Aun que no me pueda sentar… - se rió Elena.

- Vaya, ahí dentro de la ducha, no te quejabas para nada. – Damon se limpió con una servilleta – Oh, Damon, si, no pares… - dijo poniendo distinto tono de voz.

Elena se sonrojó y le tiró un trozo de pan.

- Eh, si empiezas así… - dijo Damon balanceándose sobre su silla y abriendo la nevera, detrás de él. Cogió un bote de nata – Supongo que yo tendré que continuar.

- No… Damon, nos acabamos de duchar y ya quieres…

- ¿Quién dijo que era para ti? – dijo Damon irónico, y se llenó la boca de nata.

Elena frunció el ceño.

- Que, ¿está buena la nata con la paella?

Damon asintió. Trago y le enseñó la lengua, burlándose más de ella.

- Serás… - un estruendo se oyó. Y Elena terminó de decir la frase entre carcajadas. – Tonto… ¡Tonto!

Se levantó, observando a Damon que se había caído de la silla. Más bien, la silla se había tirado hacia atrás haciendo que él cayera también.

- ¿Estás bien? – dijo con lagrimas en los ojos, poniéndose en cuclillas a su lado.

- Eso… ríete de mí y de mis desgracias.

- Oh… - Elena se levantó de nuevo. – que hombre…

- Oh… qué mujer. – dijo, imitándola para pincharla. Damon se levantó.

- ¿Qué no te dijeron en la escuela que no se balancea encima de una silla? Apuesto a que cuando ibas a primaria te castigaron muchas veces.

- A primaria… a secundaria… hasta en bachillerato. – Damon se rió.

- Porque sería… - dijo Elena girándose, sonriendo, imaginándose a Damon en la escuela. Sintió como sus brazos la abrazaron, como su cuerpo se juntó a su espalda. Y como siempre, un último comentario, de él.

- Algunas veces me riñeron por empalmarme en plena clase. – La apretó más contra él – por qué no lo haces tú ahora… - le apartó el pelo del cuello y se lo besó desde atrás. – venga… castígame… enséñame la diferencia entre lo correcto y lo que no. Y lo quiero con ejemplos, señorita… demostraciones en vivo.