Estaban otra vez fuera, en las frías calles.

-¿Para donde vamos ahora?-Preguntó Voldemort, ya que en el cielo se veía que la noche amenazaba con traer tormenta.

-Mi señor, su casa en el bosque prohibido, debe de estar desabitada en este momento, ¿no?-

El brujo se detuvo a pensar….

-Si, creo que si.-

Ya que la casa solo fue habitada durante 2 por quienes la construyeron año y 15 años antes que el naciera fue abandonada, siendo el lord el segundo y ultimo dueño de la mansión.

-¿Qué haremos con el? ¿Cómo lo llevaremos?-

-Lo tele transportaremos con nosotros, claro-

El chico escuchaba la conversación de estos dos extraños en silencio, pero no podía entender nada.

Bellatrix le asintió con la cabeza a su amo y sacó su barita.

Tomó la mano del niño, le sonrió simpáticamente y li dijo.

-Daremos un paseo, no te sueltes de mi mano. ¿Entendiste?-

El chico movió la cabeza en señal de haber entendido.

En cosa de un segundo se transportaron.

El viaje fue corto, pero muy movido para el chiquilín, que nunca lo había hecho.

Ahora los 3 se encontraban parados en medio de un bosque tenebroso, rodeados de una espesa niebla y frente a una gran mansión envuelta en enredaderas.

-Entren-Dijo el señor oscuro.

Ya había comenzado a llover torrencialmente.

La casa se veía intacta, lo único que tenía es que estaba cubierta de polvo.

Estaban en el salón principal de la casa, la sala de estar.

Voldemort se sentó en uno de los empolvados sillones.

-Ven aquí.-Le dijo al chico llamándolo con su dedo.

Pero el chico no se movía, ni siquiera hablaba.

Bellatrix, ya que aun lo tenía sujeto de la mano lo llevó ante el y se sentó al lado del mago oscuro.

El lord lo contempló por unos segundos y acto seguido lo abrazó.

-¿Sabes quien soy yo?-

-No señor-Dijo por fin el chico.

-Soy tu-

Tom no entendía nada.

-Eso debe ser imposible señor, ya que yo estoy aquí.-

-Nada es imposible.- Agregó Bellatrix.

-Somos magos-Le susurró Voldemort.

-Demuéstralo.-Desafió el crío, que se negaba a creer sin pruebas.

Frente a sus ojos, Bella apuntó con su barita hacia la chimenea y gritó

-Incendio-Y en la misma se formó una llamarada de fuego.

Tom quedó estupefacto, con los ojos abiertos de par en par.

-Y tu también lo eres.-Le respondió la bruja sentándolo en su regazo.

-¿Yo?-

-Si tu, o a caso últimamente no has experimentado extraños acontecimientos que no puedes explicar.

El chico asintió silencioso y pensativo.

-¿Y tu quien eres? ¿Su novia?-Preguntó.

Bellatrix le sonrió un poco incomodada por la pregunta.

-No mi cielo, yo soy simplemente… como explicarlo…su servidora y tuya también desde luego. Mi nombre es Bellatrix Black.-

-Mucho gusto señora.-La saludó cordialmente el niño.

Es que recién se estaban presentando realmente.

-¿Tienes hambre pequeño?-Le preguntó la bruja con voz infantil.

-Si un poco.-

La mortífaga, ante el asombro del joven, hundió su brazo en su bolso de cuentas y sacó de allí un pastel de mora envuelto.

De el cortó 3 pedazos y los repartió.

-Muy bien, es hora de ir a dormir-Bostezó Voldemort cuando todos terminaron de comer.-Este a sido un día largo para todos.-

El lord, quien obviamente conocía la mansión, guió a todos hasta el 2º piso y le indicó a cada uno su habitación.

-Ocuparemos estas 3. Tom, la tuya es la del medio. Bellatrix, la tuya es la de aquella punta y yo ocupare esta esquina.-

El niño entró en aquella habitación, era enorme, exageradamente más grande de la que tenía en el orfanato.

Apoyó su maletita en la enorme cama, la abrió y sacó de allí el pijama.

Se cambió, cerró la maleta, la guardó debajo de la cama y se acostó llevando las sabanas y frazadas hasta debajo de sus ojos. Intentó dormir, sin pero los ruidos de los truenos y la luz de los relámpagos lo asustaban.

Puede que el fuera Tom Riddle, pero tenía 10 años, era solo un niño pequeño.

En eso alguien toca la puerta.

-¿Si?-

-Perdón Tom, venía a ver si estaba todo en orden.-Era Bellatrix.

-Si-Titubeó el chico, tratando de ocultar el miedo que le provocaba la tormenta.

Bella se acercó a la cama, le besó la frente y se dirigió a la puerta para volver a su recámara.

Ella podría ser una acecina, psicópata, odiosa y embustera, pero mantenía bien guardado en el fondo un amor maternal piadoso, ya que siempre había querido ser madre, pero no podía tener hijos.

-Perdóneme señora…-Llamó el niño tembloroso.

-¿Si?-

-¿Podría quedarse hasta que me duerma?-

-Claro que si cariño.-Le respondió esta cerrando la puerta y retrocediendo.

Caminó rodeando la gran cama y se acomodó junto a el.

El chico se recostó contra ella, la sentía como una madre, especialmente porque nunca tubo una.

-¿Te sabes algún cuento?-Le preguntó.

-Mmm...…Solo uno. "El vuelo del fenix". ¿Quieres que te lo cuente?-

-Si por favor.-

-Muy bien.-

Bella pasó su mano por detrás de la cabeza del niño, para que este se pudiera recostar.

Sin embargo el chico la abrazó y apoyó su cabeza sobre el pecho de la bruja.

La mortífaga comenzó a contar la historia, pero cuando llegaron a la mitad de la misma ambos se durmieron.

Uno abrazado al otro.

A altas horas de la noche y sin avisar, el lord entró al cuarto, para ver si todo estaba en orden.

Los vio a los 2 durmiendo.

Como vio que todo estaba bien se dispuso a retirarse para ir a acostarse de nuevo.

Pero la puerta rechinó e hizo que la bruja se despertara.

-Mi señor yo…, es que me pidió que me quedara un rato, estaba asustado por la tormenta.-

-Si Bella, no importa.-

Ambos magos salieron del cuarto de Tom y se fueron a dormir, cada uno a su habitación.

No sin que antes el lord le agradeciera a su vasalla por haberlo ayudado a "rescatarse" de ese lugar tan espantoso.