Amanecía en las tierras de Slythering, el cielo se mostraba tan gris como el estado de ánimo de los ocupantes del castillo. Cada uno enfilando la corte fúnebre que les guiaba hacia las exequias del rey.
Las puertas de las casas del pueblo se habían decorado con telas oscuras mostrando su luto ante la pérdida de su monarca y mientras cruzaban por el pueblo hacia el lugar de entierro, se fueron uniendo diferentes personas que acompañaban a la familia real.
Al llegar a la cima de la colina en donde sería enterrado el rey, les esperaba el Fraile encargado de la ceremonia, al que se unieron los demás clérigos de la iglesia. Cada uno fue tomando su posición alrededor del cuerpo del monarca.
La reina se había mantenido serena mientras caminaba hacia el lugar de descanso de su esposo. Su hijo, fielmente a su lado la abrazaba. Ariadna iba a una distancia prudencial de ellos; al verles juntos, fue más consciente de lo cambiado que se encontraba Baltazar, no solo por su altura, ya que su madre apenas llegaba a su hombro, sino también en sus facciones y actitud protectora hacia su madre.
Ariadna no había tenido oportunidad y valor de preguntar "¿Cómo murió el rey?" Hasta donde ella recordaba, era de la edad de sus padres, una persona atlética y de buena salud. Estaba consiente que hay enfermedades que no avisan, pero hasta donde ella sabía el monarca no padecía ninguna.
Al dar una mirada más escrutadora a los asistentes, se pudo percatar de la presencia de los soldados alrededor de todas las familias de la realeza de la alianza. Una muy sutil línea de soldados se entremezclaba con la gente del pueblo que les acompañaba. Que los hacia parecer como el soporte ante algún ataque. Ariadna despertó una sospecha ante las evidencias, la muerte del rey fue provocada.
Arthur se dio cuenta que Ariadna miraba hacia diferentes lugares, sutilmente haló la manga de su vestido para que regresara la vista al frente. Ella encogió su seño molesta hacia él, se acercó lentamente más a su hermano y levantó su rostro para hablar a su hermano al oído para evitar que más gente escuchara: "Una espada no es un buen accesorio en un funeral".
Su hermano se enderezó rápidamente y frunciendo el ceño, miró a su hermana intensamente. Ella no se amedrentó y le sostuvo la mirada, hasta que el giró su rostro, cruzo sus brazos a su pecho y miró al frente donde las oraciones previas al entierro habían finalizado.
Ella no apartó la mirada de su hermano hasta que Lyra tomó fuertemente su brazo, se pudo percatar que su mirada era de angustia y muchas lágrimas bajaban por su rostro. La abrazó y dirigió la mirada al frente donde Hermione y Baltazar le daban unas últimas palabras a su esposo y padre; colocando unas rosas sobre el cuerpo. El joven príncipe abrazó a su madre con fuerza, cuando el llanto de ella fue más intenso y su hijo con lágrimas bajando por sus mejillas le daba palabras de apoyo y fortaleza.
Ariadna giró su rostro al percatarse que otros brazos la abarcaban a ella y a Lyra por la espalda, dándose cuenta que su tío Sirius estaba junto a ellas, giró al ver a su abuelo acercarse a su padre, Su prima soltó su brazo y se abrazó con fuerza al joven a sus espaldas. Él le devolvió el abrazo, mientras Ary se sentía un poco ajena a ese dolor.
Lyra era empática, ya que recordaba la muerte de su madre, Arthur y sus padres habían convivido mucho en Slythering con sus reyes por ser amigos y los padrinos de Baltazar, obviamente El príncipe de esas tierras junto a su madre lloraban al hombre que fue un gran pilar en sus vidas. Y ¿ella?
No estaba segura de que sentir, talvez pena por todas las personas a su alrededor, pero ella nunca fue muy sentimental. Si por algo Ariadna era muy conocida en su reino, era por lo fría que la gente la consideraba. ¿Qué culpa tenia ella por no poder llorar? Sentía una presión fuerte en su pecho al ver a la gente que amaba sufrir, pero ninguna lágrima rodaba por su mejilla. Se sintió observada, miró a su alrededor y se percató que Baltazar la miraba intensamente mientras apoyaba su quijada en la cabeza de su madre.
Nuevamente ella sostuvo la mirada sin amedrentarse a la intensidad que le daba por medio de sus ojos. Ariadna respiró fuertemente, cerro sus ojos un momento y nuevamente miró a Baltazar; quien aún le veía, se sintió incomoda y se abrazó a sí misma. Repentinamente un reflejo como el de la luz que golpea en una espada le distrajo, ella giró el rostro buscando la fuente de su distracción. Pero nadie había sacado ninguna arma. El reflejo era de algo brillante que se encontraba en otra colina.
Su curiosidad le hizo ver con mayor atención hacia ese lugar, parecía que había alguien, pero por la distancia era difícil distinguir. -¿Ary?- la voz de su tío la sobresaltó y giró su rostro para verlo. –Es momento de regresar- miró a su alrededor y mucha gente ya se había retirado. Su tío Ron llevaba a Hermione abrazada diciéndole que necesitaba descansar, mientras sus padres regresaban al castillo junto a su abuelo, prima y hermano. Ella asintió a su tío quien comenzó a caminar colina abajo.
Regresó la mirada a su alrededor y se percató de la solitaria figura de Baltazar que se había quedado junto con los sepultureros cubriendo la tumba del rey. Nadie se había quedado junto a él. Posiblemente él lo pidió así. Vaciló un momento pensando en si él deseaba compañía o no, dio unos pasos dudosos y lentos para acercarse. Pero se detuvo. Seguramente quería estar sólo, comenzó a girarse para seguir a su tío, pero pisó una rama que se rompió al contacto de su pie y él se giró a verla.
Ella regresó su mirada a él, quien le miró fijamente, ella se sonrojo un poco, pero se compuso rápidamente –Disculpa, no quería interrumpir- se acercó solo u paso más hacia él. Como no dijo nada continuó. –Me imagino que quieres estar sólo, no te preocupes, ya me voy- y comenzó el camino que hacía unos momentos su familia cruzaba.
-No- fue un susurro, Ary pensó que había escuchado mal, miró dubitativa hacia el joven que en ese momento le miraba –quédate si quieres- la oji azul vio la tristeza reflejada en el blanco rostro del príncipe, quien quitó su mirada de ella y la regresó hacia los hombres que casi terminaban de cubrir la tumba del rey. Ary caminó hacia él hasta colocarse a su lado.
Cuando los sepultureros terminaron su labor, Baltazar los despidió con una inclinación de su cabeza. Cerca de ellos se habían quedado dos guardias, pero se mantenían a una distancia prudencial para no molestar al príncipe. Ariadna comenzó a sentirse un poco incomoda por el silencio entre ellos y no sabía que hacer o decir.
-parece que los rumores de ti son ciertos- Ariadna giró al oírlo hablar, él le miraba intensamente.
-¿Qué rumores?- dijo la princesa.
-la famosa "princesa de hielo" la que no tiene sentimientos- la miró con una sonrisa de lado, ella frunció el ceño, cruzó los brazos a la altura de sus pechos.
-Así como tú el famoso "Príncipe picaflor, fiestero, borracho y arrogante"- el joven al escuchar todos los calificativos que ella le daba comenzó a reír a carcajadas.
-se te olvido el "hermoso príncipe de Slythering"-
-¡Ja! Por favor- dijo irónica la princesa –pensé que querías compañía, pero solo querías burlarte de mí… como siempre- comenzó a girarse y a caminar lejos de él –no has dejado de ser el mismo chico inmaduro de hace cinco años. No tengo tiempo para esto- continuó su camino con mucha más rapidez de la que esperaba para alejarse de él y llegar pronto al castillo.
Parecía que a pesar de los años en que habían dejado de verse, Baltazar seguía siendo tan odioso como cuando era niños. Cuando llegó se encerró en su habitación para continuar con el libro que había dejado a medias. Esperaría hasta la hora de comer para preguntarles a sus padres cuando regresarían a su casa, no se sentía cómoda y quería regresar… "princesa de hielo" pensó. "Estoy harta de que la gente saque conclusiones erróneas de mi". Con este último pensamiento se concentró en su lectura para dejar atrás la conversación con el príncipe.
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Para la hora de la comida, Ariadna se dio con la sorpresa que debería quedarse un tiempo más en Slythering, ya que su padre ayudaría a preparar a Baltazar para que ascendiera al trono. Esta noticia no alegró mucho a la joven. Baltazar se encontraba serio mientras Harry le explicaba los próximos pasos a realizar y la importancia de coordinar todo con Severus, como concejero del reino, y lo que implicaba ser más responsable de lo que hacía o decía. Ya que como monarca, tenía un deber con su pueblo y asegurarles que sería un buen soberano.
-Nos reuniremos todas las mañanas con Severus para explicarte todo el proceso de administración y responsabilidades que tendrás a tu cargo- explicaba Harry a Baltazar, el rubio solo respiró fuertemente y asintió a lo que su padrino le decía.
Ariadna no le miraba, se sentía muy molesta por lo que él le había dicho en la mañana. Hermione, comía en silencio junto a Ginny, el rey James platicaba alegremente con Arthur y Sirius, mientras Lyra hablaba en susurros con su padre.
-¿Ary, estás bien?- La oji azul miró a su madre que le observaba atentamente, la princesa se limpió su boca con la servilleta antes de contestar.
–si madre, solo estoy un poco cansada- se percató que todos habían dejado sus conversaciones para mirarla. Al sentirse el centro de atención le sonrió a su madre para tranquilizarla –Anoche me quedé leyendo un libro y se me pasó el tiempo-
-¿Qué lees hija?- preguntó su padre interesado.
-Criaturas míticas de Ravenclaw- su tío Ronald le dio una sonrisa. –Es mi favorito-
-¿Es de ese libro de dónde has puesto tus pruebas?- preguntó sonriente su hermano, ella asintió devolviéndole la sonrisa -¡Vaya, jamás lo imaginé!-
-¿Qué pruebas?- preguntó interesada Hermione. Harry miró atentamente a su hija y le devolvió la mirada a su amiga.
-Desde el invierno pasado, Ariadna ha tenido al menos cuatro ofertas matrimoniales, las cuales muy diplomáticamente ha logrado eludir- Ariadna resoplo de una manera poco elegante y agitó su mano restando importancia a lo que su padre seriamente contestaba. –Siempre le decía a sus pretendientes que solo aceptaría la mano de quien lograra encontrar un fénix-
-Muchos de ellos al ni siquiera saber "Qué es un fénix", retiraron su ofrecimiento- dijo Arthur terminando el relato que contaba su padre.
-¿de qué me serviría un hombre que ni siquiera lee?- regresó la mirada a su padre –me aburriría enormemente-
-Mi niña, ¿pero debes casarte?- le dijo su abuelo tiernamente –pronto cumplirás diecisiete años y tienes hasta ese día para elegir a tu esposo- Ariadna dejo de comer, alejó su plato de ella y se limpió educadamente su boca.
-¿y qué pasa si no quiero casarme?- todos en la mesa reaccionaron con sorpresa, menos Lyra que solo miró fijamente a su prima, ella le regresó la vista y entre labios la rubia le dijo "cálmate".
-¿Estás loca?- dijo su padre molestó – ¡perderás la corona hija!-
-con todo respeto ¡Padre!, Creo que no todos estamos hechos para gobernar- Ariadna se puso de pie, lanzó con fuerza la servilleta a la mesa y se retiró rápidamente.
-¡un momento señorita, no hemos terminado de hablar!- dijo Harry también poniéndose de pie. la chica no giró a ver a su padre y salió rápidamente del lugar, sin darle tiempo a que él continuara.
-Harry…- Ginny se había acercado a su esposo para intentar calmarlo, le abrazó por la espalda y recostó su cabeza en él –por favor cálmate, no es el momento y lugar para hablar de esto ¿no crees?- Harry miró a todas las personas que estaban a su alrededor, quienes le miraban.
-disculpen mi arrebato- dijo a todos, mientras respiraba profundamente para calmarse y se sentaba a la mesa junto a su esposa. –Desde hace algún tiempo estamos teniendo algunas diferencias-
-No te preocupes hijo, ya le pasará- dijo James comprensivo.
-Tranquilo, ya verás que cuando el elegido llegue, ni siquiera se acordará de ninguna prueba- su cuñado comenzó a reírse –de hecho me acaba de recordar a cierta princesa que tampoco quería casarse- y miró a Ginny que se encontraba frente a él. Hermione se contagió de la risa de Ron, mientras una sonrojada Ginny les miraba seria.
-A mi defensa puedo decir que al principio se me impuso como parte de un acuerdo para la firma de la alianza- y miró a Harry, le tomó la mano sobre la mesa –no te preocupes amor, debemos ser pacientes y cuando menos lo esperes aparecerá ese elegido-
-Bueno, espero que no tarde tanto- comenzó Sirius –Solo le quedan unos cuantos meses para su décimo séptimo cumpleaños-
-Mejor cambiemos de tema- comenzó Arthur –Hablar de los posibles novios de Ary, me dan dolor de estómago- dijo con el ceño encogido.
-Vamos hijo, tienes que aceptar que tu hermana algún día se casará- dijo su Abuelo James.
-Pues lo único que temo… es que por forzarla vaya a ser infeliz- dijo tomando un sorbo de su bebida –para mi…- dijo seriamente mirando a su abuelo y padre –ningún hombre merece a mi hermana. Todos los tontos que aparecieron antes, no tenían ni la décima parte de la inteligencia que ella posee- se limpió y se levantó de la mesa –con su permiso, iré a ver si mi hermana está bien- y caminó tras el rumbo donde Ariadna había salido.
-¡Vaya hermano celoso!- dijo Sirius viendo a su sobrino.
-Ellos en estos últimos años se han vuelto muy unidos- dijo Ginny a su cuñado –no te enojes con ellos…- dijo la pelirroja hablando con su esposo -sabes que no lo hacen por hacerte sentir mal. Simplemente quieren seguir sus ideales, su independencia. Sé que en su momento ellos harán lo correcto-
-Eso espero- dijo Harry suspirando fuertemente. Todos continuaron con la comida, mientras un pensativo Baltazar analizaba todo lo que había escuchado para poder dar su siguiente paso… Disculparse con una princesa enojona y cierto plan comenzó a dibujarse en su mente.
