"La vida y el pasado de Severus Snape"


Disclaimer: Nada en la historia nos pertenece, sólo nuestras ideas. Personajes, ambientes y demás son de la obra de JK Rowling. Fanfic sin fines de lucro y solo por diversión. Atte. Drama_&_Romance.


Capitulo 3:

La mañana se sintió muy diferente a las anteriores vividas dentro del dormitorio. Aunque apenas había dormido unas pocas horas, Hermione amaneció feliz en cierta forma. Incluso cuando Ginny la levantaba alarmada ya que iban a llegar ambas tarde a clases, incluso cuando intentó cepillarse el cabello y este pareció encontrarse electrificado, y hasta aunque; Snape la hubiera castigado.

No le importaba mucho que Snape la hubiese castigado, aunque tenía intriga sobre lo que sucedió después de que Lily lo dejara en aquel pasillo obscuro, suponía que lo había rechazado, aunque le dio tristeza por Snape... en aquel recuerdo al principio parecía tan feliz y cuando termino estaba destruido.

- ¡Debes dejar de estudiar hasta tarde Hermione, te va a hacer mucho daño! ¡No estás durmiendo como debes!- exclamó Ginny ante una descompaginada Hermione que bostezaba lentamente.

- Está bien- musitó la chica, reservándose los motivos de su insomnio. Ginny hizo una mueca de desdén mientras caminaban bajando las escaleras hacia la sala común.

- Supongo que irás a mirar el partido de Quiddicth de esta tarde.-Le dijo Ron esperanzado, a la castañita cuando estuvieron con ellos en la sala común.

-Pues...-Hermione lo que quería hacer esa tarde era ir a la sala de los Menesteres, pero si les decía que iba estudiar no la dejarían tranquila hasta que aceptara ir al partido.-Esta bien.

-Si.-Dijo Ron alegremente. Salieron de la sala común en dirección al gran comedor para desayunar.

Al llegar ahí, Hermione se sentó al lado de sus amigos que la observaron con cierta curiosidad, ella trató de mostrarse serena aunque su mente estuviera en otro universo. Harry bebió un pequeño sorbo de su jugo de calabaza y se giró para hacerle una pregunta; que ella ya esperaba.

- ¿Te sientes bien Hermione? Estás regresando muy tarde de la biblioteca, de hecho; dudo que esta esté abierta hasta la hora en que dice Ginny que regresas...-Su tono de voz era de preocupación.

- Pero tú estabas durmiendo Gin- dijo la Gryffindor con sorpresa, Ginny se encogió de hombros- Sucede que, a veces me quedo en los pasillos; repasando mis textos y no me doy cuenta.

- ¿Pero eso no está prohibido?- preguntó Ron mordiendo una tostada- Si justamente hoy notamos que nos habían quitado treinta puntos. Menos mal; no fuiste tú.

-Bueno...-Dijo Hermione nerviosa.-De hecho si fui yo, anoche cuando volvía a la sala común, apareció Snape quitándome los treinta puntos y bueno me castigo hoy a las ocho en su despacho.-Los dos chicos la miraron con lastima.

- ¡Rayos Hermione, usualmente en pociones Snape suele quitarnos ese equivalente!- se quejó Ron apenas masticando- ¡Vamos a dejar que Slytherin nos sobrepase!- Mientras lo decía; una risa queda se escuchó cerca. Malfoy y su grupo caminaban hacia la puerta del comedor.

- Y lo haremos- exclamó el chico mientras pasaba por la mesa de los leones, junto a sus amigos- ¿Relajados por el partido de esta tarde?.

- Vamos a patearte hasta que pierdas el sentido- le espetó Ron mirándolo con odio desmesurado. Malfoy sonrió ante la afirmación del chico.

- Sí, supongo que de tanto caerte no sentiré mis mandíbulas por la risa. ¿O es que vas a caerme encima mientras; demuestras tus pocas habilidades?.-Dijo con ironía Malfoy, mientras comenzaba a caminar hacia la puerta de salida seguido por sus gorilas.

Los chicos se quedaron en silencio mientras Draco terminaba de salir. Por un momento, Harry observó el pálido rostro de su amigo y se imaginó que los malintencionados comentarios de Draco habían conseguido disminuir su confianza.

- ¿Crees que pueda hacerlo Harry?- musitó, Ginny asintió firmemente como respuesta, al igual que Hermione.

-Vamos Ron, tú eres mucho mejor que el idiota de Malfoy, recuerda que él en el primer partido que jugó termino cayendo de su escoba.-Trata de animarle Harry.

- Sólo tienes que salir y demostrarle que es un gusano asqueroso, que debe tragarse sus palabras.-Le dijo Ginny a su hermano, tratando de que sacara una sonrisa y que volviera a su humor habitual.

Ginny y Harry esperaban que Hermione también le diera su apoyo al pelirrojo, pero la castañita estaba con la vista perdida en dirección a la mesa de los profesores.

Snape no la miraba, hablaba con Dumbledore y en cuanto sintió que lo observaban posó sus ojos sobre ella por unos instantes. A Hermione no le importó, su concentración iba más allá de los niveles normales

-Hermione.-Le llamo Ginny, ella no contesto. Al ver directamente a los orbes obscuros pudo percibir algo que nunca antes había notado, en ellos había tristeza y melancolía. Ella lo asocio al recuerdo del baile.

-¡Hermione!.-Dijo Ginny ya sacudiéndola para que la castaña volviera en si.-¿Que te sucede?.-Hermione noto la mirada preocupada de sus tres amigos.

-Nada.-Mintió.-Estoy un poco preocupada por el castigo de Snape, ya saben, nunca me había castigado antes.

-Pues tranquila.-Le dijo Ron.-Lo más que te puede obligar, es a limpiar calderos.

-Gracias por esas palabras Ron.-Dijo Hermione sarcástica.

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-Lo siento Severus.-Dijo una pelirroja de ojos verde esmeralda.-Pero lo nuestro no puede ser… yo amo a James.-Diciendo esto se dio media y comenzó a caminar por un pasillo obscuro iluminado apenas por unas cuantas antorchas.

-¡No!.-Grito Severus desesperado, tratando de seguir a la pelirroja pero por más que corría no podía alcanzarla.-¡Lily! ¡Por favor!...

En eso apareció una sombra delante de la pelirroja, lanzándole un rayo verde desde su varita y una risa maligna se escucho por todo el pasillo.

-¡No! ¡Maldito bastardo! ¡Dijiste que no la matarías!...-Gritaba Snape desesperado, mientras sentía que era absorbido por las tinieblas.-¡No! ¡Lily!...

-¡NOOO!.-Grito Snape despertando de la pesadilla. Se incorporo de la cama sudando y jadeando como si hubiese corrido una maratón. La sabana cubría hasta su cintura y dejaba su pálido pecho, el cual estaba lleno de cicatrices, al descubierto.

Otra vez había soñado eso… desde la muerte de su amada Lily que tenía ese sueño en que Voldemort la mataba y después el era absorbido por la obscuridad.

Se levanto de la cama, llevaba puesto unos pantalones de seda negros, fue en dirección al baño, necesitaba una ducha para despejar su mente. Al llegar echo a correr el grifo del agua y se desprendió de su prenda de vestir, se metió debajo del chorro de agua, sus músculos tensos por la pesadilla se fueron relajando de a poco, su mente iba quedando poco a poco en blanco, su rostro no tenía emoción alguna.

Después de salir de una larga ducha, se encamino a su habitación para vestirse, llevaba puesta una toalla alrededor de su cintura y con la otra iba secando su cabello.

Se vistió con sus clásicas túnicas negras y salió de sus aposentos en dirección al gran comedor para desayunar, en el trayecto recordó que había castigado a la señorita "sabelotodo" Granger, bueno ya pensaría en un castigo para ella.

Al entrar al gran comedor fue a su lugar, al lado de Dumbledore, el cual le miro sonriendo, como siempre.

- ¡Muy buenos días Severus!- le miró y él se preguntaba que tenían de buenos- Siéntate junto a Minerva, tengo que hablarte sobre unas interesantes mandrágoras rojas que encontró Hagrid.

Perfecto, sentado junto a Minerva; a quien consideraba insulsa en ciertos aspectos y ahora, debía oír a Dumbledore hablar sobre algo que no le importaba.

- Son gigantes, nunca había visto a Sprout tan alegre (..)- escuchó Snape sin inmutarse, apenas asintiendo a través de la comisura de su labio, no podía imaginar cosa peor que hablar de plantas.

Entonces lo presintió, una mirada sobre él; una mirada que no se despegaba. Giró su cabeza mientras Dumbledore se descuidaba y divisó a la "Sé de hasta lo que no existe" mirándolo.

Sus acaramelados ojos lo observaban como si se tratase de una pieza de raro valor. Por alguna extraña razón sintió vivir un deja vu a través de ellos; como si una vivencia del pasado regresara hasta él. Una vivencia femenina que no alcanzó a definir correctamente; pero que le hizo sentir un profundo vacío que parecía no tener fin.

Recordó haber sido visto así, aquella vez; en aquel momento cuando decidió interponerse en la vida de Lily y arruinarla. Quizás no lo hizo con intensión, pero ciertamente; él se llevaba la mayor parte de la culpa. Dumbledore lo miraba de esa misma manera mientras; él se rebajaba pidiéndole clemencia. Clemencia que no le sirvió de mucho y, observando que; lo poco que tenía, se le esfumaba de las manos.

Pasó observándola varios segundos, pero aún así; ella seguía manteniéndole la vista. ¿Qué le parecía tan interesante? ¿Estaba buscando otra excusa para ser castigada? No pudo pensarlo en demasía, su amiga, la chica Weasley la zarandeaba y con ello; se perdía el contacto visual.

- Vaya que estás extraña Hermione- resopló Ron con desdén- Tanto estudiar ya debe de estarte afectando el cerebro.

Sus dos amigos aguardaron el golpe. Pero notaron con sorpresa, como la chica ni se inmutaba ante el comentario.

-Hermione.-Dijo Harry preocupado.-¿De verdad te sientes bien?.

-Sí chicos.-Dijo Hermione volviendo a la realidad.-No se preocupen.

- Será mejor que nos vayamos- dijo, apenas prestando atención- tenemos clase y no queremos llegar tarde.

- Esa es la Hermione que conozco- suspiró Ron levantándose del asiento, aliviado de no haberse encontrado en una discusión con la chica.

Durante las clases del día Hermione su pudo concentrar en otras cosas que no fueran el pasado de su profesor. Pero todo termino a la hora de la cena...

-Bueno chicos me tengo que ir.-Dijo Hermione cuando vio a Snape salir del Gran Comedor. No deseaba darle motivos para que le descontara más puntos.

-Que te vaya bien en el castigo.-Le dijo Ginny a su amiga. Hermione solo movió la cabeza en señal de que la había escuchado, salió del Gran comedor a paso lento... todavía se le hacía extraño que Snape pudiese sentir tanto amor por alguien y que se alguien fuese la madre de su mejor amigo. Sin saber porque al pensar eso se le hacia un nudo en el estomago.

Llego a las frías y obscuras mazmorras, "Como él" pensó Hermione, fue a la puerta que tenía la inscripción Prof. Snape, toco la puerta y escucho un seco adelante.

Hermione se introdujo con parsimonia dentro observando la total oscuridad en la que se encontraba. No divisaba a Snape y sus ojos no se acostumbraban a la poca luz. Creyó que aunque le había pedido que pasara, éste no se encontraba cerca de ella.

- Espero no tenga ningún trabajo que entregar- dijo ponzoñosamente, casi tan cerca de ella; que hubiera podido jurar que lo susurraba en su oído. Dio un brinco y notó que Snape se había detenido frente a unas velas que oscilaban por el paso del viento.

-No... no... señor no tengo ningún trabajo pendiente.-A la luz de esas velas Snape se veía mucho más sombrío de lo habitual.

-Al parecer realmente tendré que cambiarle el nombre a Longbottom.-Dijo sarcásticamente, mientras se iba a sentar detrás de su escritorio.- Siéntese sonorita Granger o ¿es que quiere una invitación?.-Hermione obedeció sin decir palabra alguna.

- Me parece entonces- dijo mientras le observaba con detenimiento- perfecto que no tenga ninguna asignación pendiente, puesta que; estará largo rato aquí.

- Verá, lo que quiero que haga- una sonrisa tiesa se posó sobre sus labios y, Hermione intuyó que sería una tarea molesta y aburrida- es, organizar los ingredientes del almacén de clases. Según sus propiedades.

Pero, ¿que sabía ella sobre eso?. Su respuesta llegó inmediatamente cuando, Snape dejaba caer delicadamente un grueso libro sobre la mesa, como si este fuera a quebrarse de alguna forma.

Hermione le miro sorprendida, por mucho que ella leyera rápido esa tarea le tomaría horas.

-No se preocupe señorita Granger, si no termina hoy, lo seguirá mañana. Ya que no tiene ningún trabajo pendiente.-Dijo Snape ponzoñosamente

Hermione tomo el libro cuidadosamente, mientras pensaba seriamente que Snape sabía que ella veía sus recuerdos en el pensadero y que esta era una forma de que ella mantuviera alejada su nariz de cosas que no le importaban.

Mientras Hermione leía el libro posaba disimuladamente la vista sobre el sombrío profesor, que estaba corrigiendo pergaminos. Estuvo así un buen rato hasta que Snape hablo.

-¿Tengo monos en la cara que me mira tanto?.-Dijo con tono molesto.

-No... no... señor... disculpe.-Balbuceo nerviosa Hermione retomando la vista en el libro. Snape levanto una ceja y volvió a lo suyo.

Al principio pudo ocuparse de la tarea, sin embargo su mente pensaba más allá de lo que ella deseaba permitirse. Lily, había jurado que ella había cedido ante el chico, que había aceptado cuando; éste le había declarado su amor. Pero, no; había terminado en los brazos de James y con un hijo suyo.

Dio un hondo suspiro cuando la situación escapó de su razonamiento y Snape pareció percibir que la chica estaba menos que; concentrada.

- La baba de anguila no va en ese grupo- le dijo, quedamente- Si va a pasarse media hora suspirando, saldrá mucho más tarde. No quiero adivinar, pero no sé por qué Weasley tiene que ver.

-Está equivocado señor...-Dijo quedamente.-"Si supiera que es por su culpa que estoy así".

-Así que me equivoco...-Dijo sin emoción en la voz.-Vaya y yo que pensaba que usted tenía algo con Weasley.

No quiso preguntarle, que le había dado aquella impresión. Sentía que si hacía alguna clase de interrogatorio, terminaría debiéndole puntos a Hogwarts hasta el día de su muerte.

Las horas siguieron pasando su curso, cuando el reloj marco las doce de la noche, Snape dijo con su voz seria.

-¿Termino?.

-No…-Dijo Hermione reprimiendo un bostezo, estaba muy cansada y los ojos le dolían.

-Bien, mañana vendrá a la misma hora a terminar su tarea.-Dijo viendo a la adormilada chica que dejaba suavemente el libro sobre el escritorio.-Y no me interesa que mañana sea Sábado.-Dijo fríamente.

-Esta bien señor.-Dijo sumisa.-¿Me puedo ir?.

-Si, yo la acompañare a su sala común para que no tenga problemas con Filch.-Dijo levantándose del asiento. Salieron del despacho y fueron caminando en dirección a la sala común de Gryffindor.

Hermione meditaba mientras caminaba. ¿A dónde se había ido aquel chicuelo temeroso? ¿Aquel, quién, el amor parecía alegrarle la vida de alguna forma?. Mientras meditaba, le mantenía la vista fija, resultando extremadamente incómodo para el profesor.

-¿Que tanto me ve Granger?.-Le hablo ponzoñosamente

Hermione no contestó inmediatamente, se hallaba demasiado concentrada para hacerlo. ¿qué había sucedido con Lily ¿Por qué James había terminado como su pareja Creía que, tenía que ver quizás con lo que; se había convertido. Con su yo adulto, siendo mortifago. Y no dudaría que Lily le odiase por ello.

-¡Granger!.-Dijo alzando la voz. Hermione dio un saltito y le miro confundida.

-¿Que sucede?.-Le pregunto, nerviosamente.

- No sé si se ha fijado, pero lleva horas mirándome con los ojos tan vacíos como el cráneo de Longbottom. ¿O es que tengo algo en el rostro?-Espetó, con el tono inundado de odio. El odio que solía sentir, cada vez que se encontraba frente a ella.

-Pues... yo señor...-Hermione balbuceaba cosas que Snape no entendía por lo que su enfado estaba en aumento.

- Y ahora, le imita. Sin duda, su idiotez es contagiosa.

Hermione enrojeció de vergüenza. Todo era culpa de curiosidad. Si no hubiese pensado en querer ver la razón de porque Snape era tan bastardo y cretino, no le estaría sucediendo esto.

Pero ya no podía hacer nada, había visto esos recuerdos y la curiosidad era mayor. Había visto a Snape que no tenía nada que ver con él que estaba frente a ella en este momento.

Continuaron el recorrido hasta el final del pasillo donde se encontraba la dama gorda. Hermione giró su cabeza y notó que el profesor se quedaba un poco más atrás. ¿Por qué iba a creer que le seguiría? ¿acaso estaba ya acostumbrándose a, querer; seguirlo a todas partes?.

- Entre de una vez- le indicó.

Antes de obedecerle Hermione recordó al Snape que amenazo con quedarse ahí afuera, frente al retrato, y no moverse hasta hablar con Lily. Supuso que estar ahí le traería malos recuerdos.

-Granger... si no quiere que le reste puntos a su casa entre de una vez.-Le dijo con un tono frío.

Hermione asintió lentamente, observando como la luna iluminaba sus sombras. ¿Había sido su vida tan triste y deprimente como para; transformarlo en lo que era? Pues, ya lo pensaría, por ahora sólo entraba por el retrato. Sin volverse a mirar, ya había sido suficiente.

Snape por su parte fue camino a las mazmorras. No le agradaba mucho pasearse por frente al retrato de la Dama Gorda, eso le traía a la mente los recuerdos de cuando le confesó su amor a Lily...

Dio un suspiro de cansancio.

Al llegar a su cuarto se deshizo lentamente de su vestimenta para ponerse los pantalones que usaba para dormir. Se recoso, con las mantas tapando de su cintura hacia abajo. Sabía que no dormiría y pensaría toda la noche acerca de su pasado y de Lily... pero debía intentar dormir un poco.

Se acomodó lentamente sobre la cama, esperando poder alejar aquellos recuerdos de sí. Consideraba una idiotez con todas sus letras, el mantenerse alejado de un lugar, sólo por sus recuerdos. Aunque, él no tenía nada que buscar en la torre Gryffindor. Ya no.

Elevó una de sus manos y la flexionó, recordando, casi sintiéndolo; las manos de Lily. Se preguntó, cuando sus manos se habían convertido en el móvil asesino de sus propios deseos, de Lily en sí misma. Pero, parecía que estaba destinado, estaba destinado a repetir la historia una vez más, a sufrir.

Mientras se maldecía a sí mismo por existir, sus ojos se cerraban ya no pudiendo mantenerse despierto por más tiempo.