Anteayer, 20 de junio, fue mi cumpleaños número 17. Así que he decidido regalar esto.
Stephenie Meyer es propietaria de los personajes de Twilight.
Soundtrack:
Rock and Roll Part 2 – Gary Glitter (para la primera parte)
Takin' Care of Business - Bachan-Turner Overdrive
O0O0O0O
Un reemplazo para los movimientos pélvicos de Clifford
Benjamin me rogó a que fuera con él a ver zapatillas. Dijo que yo lo ayudaría a camuflarse, cosa que me causó gracia. ¿Camuflarse de qué?
Estaba por preguntarle pero no pude, porque él empezó a sacarse la ropa, y yo me sobresalté.
Si. Se sacó la ropa. En frente mío. Quedó en bóxers.
Como miré a todas partes menos a él, noté que en el suelo había mucha ropa apilada. Cuando miré hacia el campo, vi que todos, absolutamente todos, estaban en ropa interior, y con los botines puestos. Los suplentes llevaban puesto el chalequito fosforescente.
¿Qué demonios estaba sucediendo aquí?
Cuando quise preguntarle a Galeb, él ya se había ido corriendo hacia la cancha.
Los únicos que no estaban en bóxers eran Clearwater, Cliff y Angus, quienes estaban a un costado de la cancha protegidos de la lluvia por sus paraguas. Aún estupefacta, fui y me senté en las bancas, resguardada por el techo.
¿Qué demonios estaba sucediendo aquí?
- ¡De acuerdo, playgirls! – gritó el DT para llamar la atención – Quiero un cinco-dos-tres, porque Everton siempre usa y abusa de sus atacantes. Veremos cómo sale esto, hoy. Gingadet, Galeb, Uley, Cheney, Gathegi: a sus posiciones. – ellos eran defensores, así que fueron al área – McCarty y Cabré: al mediocampo, vamos – apuró – que no tengo todo el día –. Whitlock, Pace y Biers, ya saben.
No fue necesario decirle a Masen que vaya al arco.
Masen.
¿Acaso él era modelo de Calvin Klein? Porque lucía como tal…
¡Basta Bella!
Su novia había estado aquí, y se habían dado un beso francés digno de película. No podía permitirme pensar en él, de ninguna manera.
Bueno, podía mirar…
¡No!
No podía mirarle, a él ni a los otros veintiuno. Aunque estuvieran solteros. Eran del trabajo. No puedes fijarte en gente del trabajo, es una regla no escrita en el código del mundo laboral. Siempre termina mal. Así que no miraré a los ardientes hombres en bóxers que estaban calentando en medio de la lluvia, cuestión que me seguía preguntando.
Clearwater estaba indicándoles a los suplentes su manera de jugar para recrear el tipo de juego que Everton solía tener.
De acuerdo, no pude aguantar más y fui hacia el equipo técnico a preguntarles por qué jugaban en ropa interior.
- No quieren mojar sus ropas, y dicen que es más divertido – contestó el DT con rostro aburrido.
- Pero hace frío, y está lloviendo a mares, podrían enfermarse.
- Están acostumbrados – me contestó encogiéndose de hombros.
El amable Angus me dejó estar bajo su paraguas.
Clearwater pitó el silbato y el juego comenzó.
Tal vez era la lluvia, el césped mojado, o el hecho de que estuvieran en ropa interior… o una combinación de todo eso. El punto es que todo esto era brutal.
No recuerdo así al futbol cuando, de niña, iba a The Kob a ver los partidos con mi padre. Habrá cambiado en casi veinte años, supuse. Cheney y Pace recuperaban la pelota con jugadas limpias, ellos eran listos. Las jugadas de Gathegi y Gingadet, por otro lado, eran discutibles, ellos llegaban hacía el que tenía el dominio y lo hacían a un lado a base de empujones, y otras estrategias que en un juego real les hubiera hecho ser merecedores de tarjeta amarilla. Si pasabas cerca de Emmett… bueno, ni siquiera pasabas, él no permitía llegar al área. Clearwater lo notó también por lo que hizo que cambiara de lugar con Sam Uley.
Todo fue un espectáculo de cuerpos mojados, choques, empujones, patadas y gritos. Y lo disfruté.
No me malinterpreten, no me refiero a que disfruté de ver hombres en forma en casi todo su esplendor, había más que eso, había fuerza, velocidad, inteligencia, emoción… Harry Clearwater dejaba pocas cosas al azar.
Inglaterra es la cuna de futbol, nací y crecí con él. Es solo que verlo desde dentro reafirma este hecho: me fascina el futbol.
O0O0O0O
- ¡¿PODRÍAN DEJAR DE MASTURBARSE UN MOMENTO Y PRESTARME ATENCIÓN?!
Benjamin Galeb me pidió que le esperara afuera de los vestuarios, mientras él y los demás se daban una ducha. Y yo me encontraba con la espalda pegada a la pared esperándolo, repasando todo desde el comienzo de mi día. Estas horas aquí dentro fueron demasiado intensas, y una parte de mi mente aún se negaba a creer que estuviera aquí, como si todo lo que había visto y escuchado hoy solo hubiera sido un muy intenso sueño.
Ese grito fue de, como no, el DT Clearwater, pidiendo atención. Escuché que el agua dejaba de correr.
Clearwater estaba hablando, y se oía un murmullo de voces.
Un minuto después, oí un grito ahogado, y a varias personas maldecir.
Un Angus sin aliento salió por la puerta con sus ojos desorbitados mirándome.
- Cliff resbaló. ¡Cliff resbaló! Entra, vamos…
- ¿Quieres que entre… ahí? – pregunté incrédula, y mirando a la puerta con algo bastante parecido al terror. – Oh Dios, que estúpida soy – pensé en voz alta.
Dejé de lado mi vergüenza y entré al vestuario como un rayo. No me fijé en el lugar, solo fui directo hacía Cliff, a quien no vi porque los jugadores se habían reunido a su alrededor. Logré abrirme paso hacía él a base de empujones, pedir permiso no me sirvió de mucho. Tyler y Ben intentaban poner a Clifford de pie.
- ¡No, no, duele! – chilló el hombre sacudiendo la cabeza.
Pedí que le dejaran en el piso, y me agaché junto a él.
- ¿No puede pararse? – él sacudió la cabeza de un lado a otro, su rostro, sus orejas y su cuello completamente colorados, incluso había lagrimas brillando en sus ojos. Sentía dolor, eso lo podía asegurar - ¿Dónde le duele? Tiene que ser muy especifico – insistí mientras sacaba mi celular del bolsillo de mi cintura, donde estaba el elástico de mi pantalón.
- Aquí. Duele muchísimo – dijo trabajando en seco, mientras apuntaba a su cadera.
Comencé a palpar su cadera, del lado que él me había apuntado. Clifford no podía aguantar su peso, le dolía justo en la cadera, y el hueso tenía una inusual rotación hacía afuera.
- Es muy posible que se haya fracturado la cadera, - le dije lo más serenamente posible, mirándole a los ojos, si hablas con tranquilidad a un paciente, ellos están más tranquilos – el tronco cerca del fémur. – expliqué – Hay que hacer una radiografía para confirmar, así que llamaré a una ambulancia y…
- Yo ya llamé – informó Emmett - ¿Qué? – cuestionó a las enarcadas cejas de sus compañeros – Creí que se estaba muriendo y me asusté.
- ¡No, no! Aún hay que explicar las tácticas…
- Tienes que ir al hospital. – insistí suavemente.
- ¡No las he anotado aún! ¡No hice la lista de pedidos y la chica pequeña puede venir en cualquier momento! – chilló desesperado – Puedo hacerlo ahora, voy a hacerlo ahora.
Clifford trató de levantarse y solo ganó más dolor. Puse mis manos en sus hombros para mantenerlo acostado en el piso.
- Quédate quieto, Cliff, o traeré a Malvavisco para que te arranque el maldito fémur. – gruño de mala gana el entrenador.
Pude que ver que detrás de toda esa fachada de hombre impaciente e irascible, a Harry Clearwater le afectaba toda esta situación.
- ¡Pero Harry, hay tanto por hacer! – hasta que alguien había dicho un "…pero" a la amenaza del famoso Malvavisco – El partido contra los malditos Everton ya viene, ¡Tenemos que ganar a los malditos Everton! – la expresión de Clifford era pura desesperación - ¡Y los entrenamientos! ¿Quién va a supervisar a los mocosos mientras tú estés ocupado? ¿Quién?
- Ya encontraremos a alguien, a quien sea, no te preocupes.
- ¡Deja de hablarme como si me estuviera muriendo, idiota!
Eso fue sorprendente para mí. Había visto a los jugadores temerle al entrenador de tal manera que nunca, ni en broma, ellos le faltaban el respeto. En respuesta a la queja de Clifford, Clearwater solo rodó los ojos.
La ambulancia llegó y los paramédicos entraron cargando una camilla. Mientras lo revisaban, expliqué que su hueso estaba algo desviado y del dolor del pobre hombre que ni siquiera podía mantenerse en pie, y que yo supuse que era una fractura de cadera. Él paramédico asintió, y junto con su otro compañero lo subieron a la camilla. Alguien debía ir con ellos. Doc no estaba por ningún lado, lo llamé. Resulta que estaba en el hospital, había ido para afiliarme a la cobertura médica ahora que yo trabajaba allí. Él esperaría en la guardia. Yo iría como acompañante en la ambulancia.
Clifford nunca dejó de gritarle desesperado a Clearwater sobre todo el trabajo que dejaba pendiente. Este último le dio poca importancia a ello.
- Solo enfócate en mejorarte, Cliff, yo lo tengo todo cubierto. – él dijo antes de ver como subían al viejo a la ambulancia.
El hospital no quedaba lejos, y era un centro médico de prestigio. No cualquiera podía pagarse una cobertura médica de esta clase. El viaje fue un poco raro, ya que por un lado escuchaba los lamentos de Clifford, y por otro, la música alegre del estéreo. Nuestro conductor condujo moviendo sus hombros al ritmo de la música.
Cuando llegamos, ellos empujaron la camilla a trote, ordenando a la enfermera que precisarían una radiografía inmediata, que buscara al traumatólogo. Doc llegó cuando le estaban haciendo la placa a Clifford.
- Le dije que estaba demasiado viejo para seguir trabajando. – murmuró Doc a mi lado – Es como hablarle a la pared.
- ¿Cuántos años tiene?
- Cumplió setenta y uno el mes pasado.
- Vaya.
- Bella, iré a hablar con el traumatólogo. Cuando terminen, ¿podrías quedarte con Cliff un rato? Hazle compañía, estoy seguro de que te lo agradecerá.
Doc no me dio tiempo a contestar, él solo se fue. De todas maneras hubiera dicho que si. En mis prácticas, amaba pasar tiempo con los pacientes, los ancianos y los niños eran los mejores, eran amables y simplemente podían matarte de ternura. Así que luego de que terminaran de hacer la radiografía, fui a su lado mientras llevaban a Cliff a la habitación que le habían asignado. Me senté junto a él y le oí maldecir a su suerte durante un buen rato hasta que se percató de mi presencia y los ojos se le iluminaron como dos lamparitas al encenderse.
- ¡Niña! ¡Estás aquí!
Asentí insegura, ¿qué tenía de alegre que yo estuviera aquí?
O0O0O0O
Una hora después, aún seguía allí, con un bloc de notas en mi mano y una birome – que fui a comprar a una librería que me costó varias calles encontrar – anotando las tácticas e indicaciones que él me dictaba. Uno creería que me lo estaba pasando fatal y muriendo del aburrimiento, pero todo lo contrario; la compañía de Cliff era agradable, interesante e instructiva. Cuando me dictaba, hacía una pausa para explicármelo todo, y terminaba contándome anécdotas que se remontan a treinta años atrás. Lleva trabajando para Liverpool desde hace más de cuarenta años.
Clifford no tenía familia. Esposa ya fallecida, y no había tenido hijos. Tenía unos sobrinos en Escocia. De todas maneras, él decía que el equipo era su familia. Era adorable.
- … era irreemplazable. Literalmente. No había otro nadie para reemplazarlo, así que el pobre tuvo que quedarse en el arco. ¡Llorando como un bebe! – rio al recordarlo - ¡Tenías que haberlo visto!
Él me estaba contando sobre una vez en la segunda división que el portero se había roto los ligamentos, y no había un suplente, así que tuvo que seguir en la cancha, y se quedó, llorando a mares.
Doc entró seguido por otro médico. Él me miró sorprendido.
- Bella, ya son las seis, podrías haberte ido.
- ¿Las seis?
Eso no podía ser, eran cinco menos cuarto – miré la hora en mi celular, viendo de paso que tenía dos llamadas perdidas – cuando… si, había pasado más de una hora desde que habíamos partido del hospital – Vaya.
- ¿Cómo tencuentras, señor McLaggen?
- Me sentiré mejor cuando me vaya – refunfuñó. El doctor sonrió.
- Me temo que eso no podrá ser posibles en los próximos días...
- ¿Días? – susurró Cliff, horrorizado. El doctor asintió.
El doctor, traumatólogo, le mostró la placa, donde se mostraba su hueso roto. Fractura de cadera.
- Tendremos que operarte, y poner una prótesis, McLaggen, o de otra manera, tu cadera no podrá aguantar tu peso, y por lo tanto, no podrás volver a caminar.
Cliff se mostró horrorizado.
- ¿Operación? ¿Sobreviviré? Soy un viejo, doctor.
- No te preocupes, las posibilidades están a su favor; es una cirugía muy simple. Con reposo y posterior rehabilitación, estarás como nuevo. – le aseguró con una cálida sonrisa.
Los ojos asustados de Clifford buscaron contención y aliento en Doc y… en mí.
Me sentí conmovida.
- Ya programé la operación para mañana a las diez, así que tendrás que pasar la noche aquí. Pídele a alguien que te traiga ropa, y otros elementos personales. – fueron sus últimas indicaciones, se despidió y se fue.
- Yo traeré tus cosas de tu casa, Cliff. Bella, puedes irte a casa.
Asentí, pero miré a Cliff y me derretí. No podía dejarlo solo…
Mi padre me volvía a llamar.
- ¡Bella! Llegué a casa y no te encontré, ¿dónde estás? ¿Por qué no me contestabas?
- Cálmate papá. Hubo un accidente en el trabajo… - comencé a decir.
- ¿Accidente? ¿Estás bien?
- Estoy en el hospital… - quise explicar, fui interrumpida otra vez.
- ¿Hospital? ¿Estás bien?
- ¡Charlie! Escúchame cuando te hablo. Estoy aquí acompañando a alguien –miré a Cliff de reojo – y no me iré aún.
- ¿Quieres que pase por ti? Luego podremos pasar una hamburguesa para cenar.
- Espérame un segundo.
Le pregunté a Doc si Cliff podía comer, supuse que si, generalmente se iba a las operaciones en ayuna, pero no estaba de más preguntar. Doc dijo que si, así que le pregunté a Cliff si quería cenar algo en especial. Él contestó que se le antojaba un gran y jugoso filete con papas. Filete con papas será.
- Papá, trae la cena aquí. De preferencia filete con papas. Para ti, para mí, y para mi nuevo amigo Cliff.- miré a Doc – ¿Usted también quiere cenar, Doc?
- No, yo ya me voy, Bella. Gracias.
- De acuerdo. – Le dije a Doc, y volví a hablar al celular – Habitación cuarenta y ocho.
Doc se fue a casa, prometiéndole a Cliff venir temprano en la mañana a traerle sus cosas. Yo me quedé, y seguí anotando todo lo que él me pedía, y oyendo sus historias graciosas. ¿Cómo es posible querer a alguien al que solo conoces de hace un par de horas? Cliff era bueno, educado, humilde y un amor de persona. Era la persona más dulce que había conocido hasta ahora.
Charlie golpeó la puerta antes de entrar. Cargaba con tres bolsas de comida.
- Cliff, él es mi padre, Charlie Swan. Papá, él es…
- ¡Cliff McLaggen! – papá dio tres pasos, me dejo la comida a mi, de manera brusca, debo agregar, fue hacía Cliff y le estrechó la mano muy emocionado – Es… es… un honor conocerte.
Por favor, Charlie, no llores, supliqué mentalmente.
- Mi padre es hincha de los Reds – expliqué a Clifford.
- Oh, entonces es honor conocerte, policía Charlie. – dice mirando el uniforme de mi padre.
Me emociona decir que allí nació una buena amistad.
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A las nueve, vino una enfermera a decirnos que debíamos irnos. Habíamos pasado horas hablando de todo. Al tomar el block de notas, Clifford me recordó todo lo que debía hacer mañana. Le prometí que no le fallaría.
También le prometí que vendría a verle después del trabajo. Le deseamos suerte en la operación, y nos fuimos a casa.
Mientras íbamos a casa en auto, Charlie me interrogaba como si quisiera arrancarme una confesión. Quiso saberlo todo. Él estaba más emocionado por mi nuevo trabajo que yo misma.
Le conté cómo era el lugar, de lo agradable que era Angela, el carisma de McCarty, que Garret Pace estaba recuperado.
Lloró.
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Cuando desperté, el primer pensamiento de mi adormecida mente fue que había tenido un extraño y lindo sueño muy relacionado con el futbol.
Luego vi el cuadernillo de notas encima de mi mesita de luz y volví a la realidad.
Me lavé los dientes, me di una ducha, me puse mi recién lavado uniforme de enfermera, tomé mi bolso y bajé a la cocina a desayunar. Pegada a la nevera por un imán, estaba una nota de Charlie. Le habían adelantado el horario, entraría más temprano, y saldría más temprano, también. Así que desayunaría sola de ahora en más.
Salí antes de casa, y llegué antes a Melwood. Charlé con Angela mientras veíamos llegar al equipo. Cuando el entrenador llegó en su modesto chevy, me despedí de la recepcionista y fui hacia la cancha.
Harry Clearwater me dedicó una muy fría y severa mirada, como siempre, me sentí insignificante ante él.
- Señor, le traje las notas de Clif… Ford – no me sentí capaz de nombrarle cariñosamente, se sentía incorrecto frente a Clearwater. Este tomó el cuaderno y me miró de arriba abajo.
- ¿Vas a trabajar conmigo usando eso?
- ¿Disculpe, señor? – No entendí a qué se refería. ¿Qué tenía mi uniforme?
- A mí no me molesta, pero no te lo recomendaría. – murmuró mientras hojeaba el cuaderno.
- Este es mi uniforme de enfermera, señor. – dije yo alisando la parte de arriba nerviosamente.
- Sí, eso veo. Pero mis ayudantes no usan uniformes de enfermera. Usan ropa deportiva y cómoda para poder trabajar bien.
- ¿Sus ayudantes?
Clearwater bufó y cerró bruscamente el bloc.
- ¿Acaso tengo que explicártelo todo, Swan? – pregunta retorica detectada – La próxima vez, ven a trabajar con ropa adecuada. Lo que trato de decirte es que con esas alpargatas – apuntó a mis zapatos – no podrás correr, y esos pantalones – apuntó a mis rodillas – se partirán en dos si trotas diez metros. ¿He sido claro?
- Completamente, señor. – asentí. – Es solo que…
- ¡Compórtate como mi asistente entonces!
Qué. Demonios.
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Acerca de jugar en ropa interior. En el pueblo donde suelo vacacionar, hay una plaza con cancha de futbol de arena. Cuando llueve, en el centro de esa cancha se forma un charco enorme. Los chicos juegan en ropa interior de todas maneras.
Llegamos a Bella parte del equipo técnico. En el próximo capítulo ya habrá más interacción con… ejem… la estrella masculina de este fic. ¿Les gustó? ¿Qué les parecieron las canciones, acertadas o erróneas? ¿Un review por mi cumpleaños?
Eva
