Nota de autora: Gracias por todos los comentarios, en vista de ellos es que nuevamente me he decidido a subir capitulo antes de la semana.

Saludos, envíen sus comentarios para que siga subiendo capítulos

Lección tres:

Al mal tiempo, buena cara.

Dos semanas después

Todo seguía exactamente igual, Yamamura parecía no entender que ella no era un maldito blanco, que no era un maldito pushimbal al que podía golpear a su antojo. Pero seguía de pie, aguantado y devolviendo con todas las fuerzas que tenía.

En clases las cosas no habían cambiado demasiado, Taisho al que no había visto jamás llegar ni un minuto tarde ni un minuto después seguía tan monosílabo como lo había sido en un principio, sus hermosos ojos desteñidos por las responsabilidades y su accionar casi mecánico en todo lo que hacía era lo único que se podía reflejar en él, como si fuera apático, como si el entorno no pudiese afectar ni uno de sus hermosos cabellos platinados.

Lo único que podía ver de el cada vez que llegaba era su cabellera blanquesina antes de sentarse y su amplia espalda al terminar las clases, siempre a la hora siempre presuroso.

Definitivamente debía aceptar que parte de su éxito al aguantar esas dos semanas se lo debía a Koga, ya que por alguna razón cada vez que estaba a su alrededor ningún incidente sucedía.

Koga era un lugar seguro para ella. Y el parecía disfrutar con revolotearle alrededor todos los días, por alguna razón se había tomado muy enserio el trabajo de cuidarla, demasiadas molestias para cuidar a alguien al que apenas conoces, pero casi ninguna para un Koga que al parecer siempre se encontraba dispuesto a ayudar.

Debían ser cerca de las ocho de la mañana, Koga seguramente ya la esperaba en la entrada del colegio, apresuró el paso para no hacerlo esperar y justo como se lo había imaginado. Ahí estaba el carismático Ishikawa bajo un paragua negro, con su elegante y bien arreglado abrigo y una bufanda en el cuello, perfecto como siempre. Entraron juntos hasta el colegió y una sensación de despreocupación le inundo el cuerpo, porque cuando estaba con Koga malo podía pasar. Definitivamente Koga estaba siendo muy bueno con ella.

Caminaron a través de los pasillos del colegio. Ella no sabía exactamente a donde se dirigían pero se conforto solo con seguir el paso seguro de Ishikawa. Y antes de que se diese cuenta, sólo tras cruzar unas puertas innecesariamente amplias se encontraban los patios traseros del Shikon no Tama en toda su inmensidad.

Las dos semanas que había pasado ahí habían sido un completo caos, sus compañeros sinceramente eran una peste y el lugar era tan grande que quizás se perdería en el si andaba muy distraída pero gracias a Koga todo parecía sinceramente mucho más liviano, mucho más divertido de lo que seguramente Yamamura pensaba de su estadía.

Era la primera vez que estaba en ese lugar del colegio, y si lograba quedarse ahí por más de un mes, seguramente se convertiría en su lugar favorito. Era sencillamente hermoso. Seguramente eran hectáreas y hectáreas de bosques las que se desplegaban ante sus ojos, el pasto perfectamente cortado, las flores que parecían combinar entre sí. Las bancas la hermosa pileta, esas pequeñas bancas que reposaban como una estructura más en aquel lugar inundado de naturaleza.

-Así que tu curso es muy distinto al mío. –dijo ella para iniciar la conversación mientras, pese a la lluvia se sentaba sobre su mochila en una de las bancas.

-No todos somos malas personas en este lugar, lo que sucede es que a Inuyasha le gusta jugar con las personas y no mide las consecuencias.

Ella hizo un mohín cuando escucho el nombre de Yamamura y el pareció notarlo.

-Él no es tan malo Kagome, pero puede hacer temblar hasta el más fuerte de sus adversarios porque tiene un apellido de los mil demonios. –veía como Koga de una u otra manera fruncía el ceño al referirse a Yamamura.

-Ojos bonitos, puedo hacerte una pregunta. –ella asintió mientras se abotonaba aún más su abrigo.

-Como es que entraste en este colegio, es decir sé que no eres de este tipo de personas y que…

-Tranquilo, no me molesta –el pareció aliviado. –es más simple de lo que crees. Vi unos anuncios de becas para este colegio, participe y quede. Siempre fui perfecta en todo ¿sabes?, calificaciones, personalidad, desplante… etc.

-No te veo como… ese tipo de personas –dijo el volviéndose serio de pronto. Volteo su cuerpo hacia el bosque y miró algo que no pudo captar en ese momento.

-Ni yo ahora… es como si… -como era esto… intentaba pensar pero se le hacía imposible. Nunca se imagino que en dos semanas todo volviera a ser… como antes. –como si hubiese despertado de un largo sueño.

Los cabellos de ella… oscuros y brillantes, se escapaban rebeldes por entre la capucha de su abrigo.

-Y cual es la verdadera Kagome, señorita Higurashi –le pregunto el mientras se acercaba y la tomaba de una mano para comenzar a hacerla girar despacio y con gracia.

-La que usted ve ahora señor, Ishikawa.

Ella rio y entonces Koga pareció petrificado por un segundo.

-Realmente tienes una sonrisa encantadora, Kagome.

Y ahora fue ella quien se quedo de piedra por el halago, los halagos que siempre recibía la perfecta Kagome, jamás hacía la natural, la Kagome expresiva y emocional, un poco boba y bastante espontánea, esa que siempre era negada, no recibía halagos, no al menos hasta ahora.

-Gra...gracias –le murmuro mientras se soltaba de su mano. La campana del colegio retumbo en todo Shikon no Tama. Era el anunció que la separaría de lo único seguro que había ahí.

-Es hora de volver.

-Lo sé –dijo el con una de esas sonrisas despampanantes. Porque no podía haberse demorado un poco más esa maldita campana.

Llegaron hasta su salón y Koga prometió estar ahí en el siguiente recreo y cuando salieran de clases.

Entró a la sala y todo estaba inusualmente en orden.

Eran las ocho y veinte, y la profesora recién entraba al salón. Se levantó y saludo como todos lo hacían y volvió a sentarse. Había podido observar un poco y no había distinguido a Inuyasha, tal vez ese buen día había decidido no ir a clases.

-Eto… Taisho ¿Podrías moverte un poco? –él la miró con ojos de saturación y le hizo caso.

Serio y malhumorado, tan frío e impenetrable como siempre, carente de expresión y prácticamente mudo.

-Supe lo que hiciste la semana pasada en la cafetería –le dijo el seriamente y sin mirarla, mientras acomodaba uno de sus cuadernos sobre la mesa.

-he… si la verdad es que yo –dijo mientras sonreía nerviosamente… porque tal vez, sólo tal vez él estaría de su parte.

-Realmente debes ser estúpida–casi le regañó y la miró por segunda vez en ese día, algo bastante inusual si tomábamos en cuenta que rara vez dedicaba tanta atención a algo que no fuesen sus cuadernos. Quizás rechazaría la cuota de atención de Taisho y ya no le volvería a hablar en toda la vida.

Sus ojos de pronto se cruzaron con los de ella, y por al menos dos segundos fue incapaz de pensar en nada. Pese a la frialdad, seguían siendo los ojos más hermosos que había visto en su vida. Espabilo de pronto con esa cruda expresión en el rostro de Taisho. Los ojos de Seshomaru casi siempre miraban así, como si estuviesen vacios.

Si hablaba para insultarla era mejor que no le dirigiese la palabra. Comenzó a fruncir su delicado entrecejo de apoco.

-Inuyasha puede sacarte de acá en cinco segundos, puede aplastarte y pisotearte si eso es lo que desea. –Estaba hablando demasiado, mucho más de lo que había escuchado en dos semanas. O estaba muy enojado, o demasiado asustado.

-Desde un principio su intención fue sacarme –le dijo ella enojada.

-Pero ahora tiene motivos para hacerte pedazos.

Apretó sus puños. Que demonios se creía para decirle eso, y peor aún, porque se empecinaban en asegurar que ella no podía hacer nada contra ese maldito de Yamamura, ¡¿Sólo porque no tenía el suficiente poder?

-Soy fuerte, se resistir. No me destrozara. Y… porque demonios me dices todo esto tan de repente.

-Porque no estoy de acuerdo con la política de Inuyasha.

Ahora sí que no entendía.

-Y entonces, porque no haces algo para remediarlo.

-No es de mi incumbencia, yo no lo molesto el no me molesta. No tengo porque gastar tiempo en gente como tú.

Eso sí que no tenía sentido. Era un mal educado, aburrido, cara de hielo y el hombre más condenadamente estúpido que le había hablado hasta hoy. Aunque podía aceptar que Inuyasha era mucho peor.

-Tal vez eres tú Taisho el que le tiene miedo a Yamamura.

La miró con burla.

¿Que había dicho?

-Soy un Taisho, descendiente del clan Taisho y futuro heredero, Yamamura es inteligente, jamás me haría algo.

Todos ahí eran unos petulantes. Le miró con el seño fruncido. Si no estaba de acurdo con las idioteces que hacía Inuyasha quedarse tranquilo era tan repugnante como estar de acuerdo. Ishikawa parecía ser el único que valía la pena en ese maldito lugar. Saldría de ese mundo podrido tan pronto le demostrase a todos esos idiotas que tener dinero no te hacía más importante.

-Pues entonces ¡Oh! Gran señor Taisho, no se moleste hablar con una sirvienta como lo es esta humilde Higurashi. –le dijo mientras le hacía una reverencia.

-Estúpida.

-Cobarde.

Agarró su lápiz azul y lo presionó contra sus dedos con fuerza. Ya no le parecía tan mono.

Eran las 10 de la mañana ya, y su cabeza permanecía sumergida en su cuaderno mientras escuchaba el ruido de todo el salón. La profesora había dejado unos ejercicios de matemáticas, algo en lo que justamente no era extremadamente perfecta y no sabía porque pero justo esos ejercicios le parecían más difíciles de lo que jamás le habían parecido antes.

-Grrr –gruñó mientras se sacudía su cabello y tendía su cabeza sobre la mesa. Taisho la volteó a ver con una ceja alzada. Bingo, primera vez que veía alguna expresión en esa cara bonita.

-¡Que miras! –le dijo rudamente. Tal vez no era necesario, pero la personalidad pasiva de Seshomaru le reventaba los nervios.

-Eres extraña Higurashi –le dijo y sonrió disimuladamente. –te has dejado corto el cabello por lo del otro día y aun así parece no molestarte.

Quizás no era tan malo como ella pensaba.

-Aun así esa energía no te durara mucho. –volvió a sonreír casi imperceptiblemente.

Parpadeo un par de veces, esperaba cualquier reacción de él menos esa. El color le subió rápidamente a las mejillas y se volteó con rapidez.

-Idiota –murmuró. Tasiho Seshomaru era hermoso, no podía negarlo y era más hermoso aún cuando sonreía, nunca lo había visto reír, pero esa diminuta sonrisa fue lo suficientemente perfecta como para que ella se diese cuenta que la sonrisa de Taisho era incluso mejor que la de Ishikawa.

-Lo mismo digo –dijo él tranquilamente mientras seguía desarrollando sus ejercicios de matemáticas. Pero tenía una personalidad extremadamente exasperante.

Escuchó la campana y antes de que alguno de los alumnos pudiese siquiera comenzar a guardar sus cosas uno de los inspectores entró por la puerta. Parecía algo nervioso pero... que sabía ella de esas cosas. Comenzó a juntar sus útiles. Ahora tocaba Química y debían trasladarse hasta el laboratorio.

-Muchachos... escuchen –dijo la profesora de matemáticas –por motivos de fuerza mayor las clases del día de hoy han sido suspendidas. Así es que pueden retirarse todos a sus respectivos hogares.

¿A? Ella creía que esas cosas sólo ocurrían en su escuela. Jamás pensó que pasarían en un colegio como el Shikon no Tama. Sin embargo se sentía feliz, volvería a casa temprano.

Todos comenzaron a salir del salón a paso pausado.

-Uno de los amigos de Inuyasha me dijo que el salón de química había explotado, o por lo menos las primeras dos divisiones de él. –escuchó decir a una muchacha mientras salía con su amiga del salón.

Suspiró decepcionada. Y justo cuando ella había deseado conocerlo. Agarró sus cosas y salió del salón. Koga no estaba en la puerta como le había prometido. Lo esperó durante un buen rato, con sus cosas en una mano y su cuerpo recostado en la pared del salón, pero Ishikawa Koga jamás llego. Se puso su abrigó, su mochila y comenzó a caminar. No era que le molestara su ausencia, pero debía aceptar que se sentía un poco desilusionada de no verlo.

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Afuera estaba helando, sus pies se entumecían sobre el pasto. Había estado parado ahí esperando durante mucho tiempo. La falda plisada del colegio Shikon no Tama que le sobresalía del abrigo se mecía con suavidad gracias al viento.

Ella era hermosa, nadie que tuviese el suficiente tino o criterio podría negarlo y él era un Yamamura su vida giraba en torno a un buen criterio.

Su tez blanca, su rostro ovalado sus pómulos medianamente prominentes, hacían de su rostro casi una escultura, sus labios rosa y sus ojos castaños eran otra combinación perfecta. Su cabello largo había sido precioso y debía admitir que el cabello corto la hacía lucir más infantil pero no por eso menos encantadora… encantadora. Que estupidez estaba diciendo, Higurashi podía ser cualquier cosa pero jamás encantadora. Se reclamó mentalmente por estar pensando estupideces y se volteó hacia los demás.

-Es hora –le dijo a los adolescentes que estaban junto a él. Y como si aquello fuese una orden, los tres caminaron con rapidez hacia la muchacha. Él no se movió, no tenía porque hacerlo cuando había gente que se movía por él. Era demasiado importante como para hacer el trabajo sucio.

Vio como los tres tomaban a Higurashi torpemente. La amenazaban de antemano como él les había ordenado. Acomodó sus lentes sin mucha prisa, metió sus manos en sus bolsillos y caminó hacia donde estaban ellos sin apuro.

Antes de llegar a la bodega el chillido estridente de Higurashi se sintió por todo ese maldito bosque, con un tono insoportable, tan insoportable como todo en ella. Avanzó con rapidez porque tenía deseos de ver que era lo que hacía gritar a la condenada de Higurashi pero grande fue su sorpresa al encontrarla como una fiera con los dientes sobre Mamoru y aventando patadas a diestra y siniestra mientras este intentaba atarla.

No lloraba como el suponía que debía estar haciendo. Maldita mujer.

-Haaa! Condenada mujer.

-Mamoru, no puedo creer que ni siquiera para esto sirvas -vio con regocijo como se asustaba. El llamarlo inútil podía significar no tener más beneficios gracias a su compañía.

-Inuyasha!, menos mal que has llegado, ha estado así desde que la trajimos. –dijo él mirando a Higurashi.

-¡Idiotas! Como demonios no pueden atar siquiera a una condenada mujer. ¡Que no hacen nada bien! -les dijo mientras fruncía el ceño.

-Pues… pues esa mujer es una bestia Inuyasha -continúo diciendo Mamoru mientras sus ojos no dejaban de agrandarse ante el asombro de ver a Higurashi revolverse en los brazos de esos dos inútiles y patear a cuanto tipo se le pusiese enfrente.

-¡Kenshi, Chojiro! –les hablo con tono duro y dictatorial. –no dejen que una estúpida mujer como esta les arme problema, ¿Qué acaso son unos idiotas? ¿Que acaso no son lo suficientemente buenos como para seguir mis ordenes?

Kagome aún se retorcía como una culebra pero él conocía a sus hombres y sabía que uno de ellos por lo menos reaccionaría ante lo que había dicho. Y dio en el clavo como siempre. Kenshi quien al principio hacía verdaderos esfuerzos por jalar de ella y atraerla mucho más hacia su cuerpo ahora la empujo y con la fuerza de él, más toda la fuerza que estaba ejerciendo Higurashi para librarse segundos antes, planto su cara en el frío cemento.

Y ellos por fin fueron más rápidos que la loca de Kagome. Mamoru presionó su cabeza contra él suelo para que no se levantase de este y justo cuando la iban a atar Inuyasha hizo un leve gesto con la cabeza para que se detuviesen. Quería jugar un poco más con ella.

-¡Suéltame! ¡Con un demonio! –gritó ella entre dientes... mientras su rostro se pegaba al suelo cada vez con mayor brusquedad. Pudo ver desde su postura como un delegado y espeso hilo de sangre corría desde su boca hasta el suelo. Ese maldito le estaba haciendo daño.

-No estás en condiciones de dar órdenes… Higurashi. De hecho… se podría decir que en estos momentos no estás en condiciones de hacer absolutamente nada.

-Siempre supe que estabas tras todo esto –dijo ella mientras seguía retorciéndose en el suelo.

-¿Si? –preguntó el haciéndose el sorprendido. –pues me halaga que pensaras tanto en mí Higurashi.

-No seas payaso… Yamamura – le dijo enrabiada, ya casi ni le salía el habla y el maldito la jalaba de su cabello y la volvía a aventar contra el suelo. Maldita sea le dolía todo el cuerpo.

Se agachó para estar a su altura –no veo que te hagas la valiente ahora Higurashi -se volvió a parar –levántenla.

Se veía frágil en ese estado, con Kenshi sosteniéndole de los brazos, su cabeza inclinada, su sedoso cabello negro cubriéndole el rostro, la blusa un poco desabotonada, y las rodillas manchadas con un poco de sangre. Tal vez no debía jugar más con ella.

Vio como la muchacha levantaba la cabeza y con el seño fruncido le escupía los zapatos.

Se asombró, jamás alguien había hecho eso. Frunció el ceño.

-Eres testaruda Higurashi.

-Y tú un cretino Yamamura, un remedo de hombre.

Él se rió.

-No me hagas reír, sólo porque tú no puedas ser tan afortunada como yo no quiere decir que te pongas celosa.

-Te escudas tras tu poder, pero eres absolutamente vulnerable sin el. No tienes nada realmente Yamamura.

-No seas estúpida… tengo y hago todo cuanto quiero.

-¿Tienes algún amigo…?.

¿Qué pregunta era esa?

-Por supuesto

-Crees que estarían contigo si no fueses el heredero Yamamura.

Apretó sus puños, esa muchachita lo exasperaba. Lo volvía completamente loco, como demonios podía hablarle así!

-No necesito amigos.

-Eres realmente patético –le dijo ella con una sonrisa victoriosa que le reventaba la paciencia. Porque demonios sonreía como si hubiese ganado. Él era quien la tenía a su merced, él era el que podía en esos minutos hacer lo que quisiese con ella… como podía sonreír victoriosa con eso.

Se acercó a ella despacio, aguantado su cólera con cada paso. La tomo del mentón y la obligo a mirarlo.

-Quien te crees ¿he?... Higurashi, no eres mejor que yo… se muchas cosas de ti sabes...

Sintió como Higurashi se tensaba bajo su mano. Touche, había dado en el blanco.

-Pero… he cambiado idiota... tú no puedes hacerlo, porque naciste cretino y morirás... cretino –ella se retorcía del dolor por la presión que ejercía sobre su mandíbula pero aún así no dejaba de hablar, y él la apretaba cada vez más fuerte.

La soltó. Y le dio la espalda. La cara de Higurashi le molestaba.

-Chojiro, Kenshi, Mamoru! –Ellos giraron sus cabezas para verle –hagan lo que quieran con ella.

Y tan pronto comenzó a caminar y sus pisadas dejaron de resonar en ese cuarto frió y oscuro los gritos de Higurashi se hicieron más fuerte.

No le importaba en absoluto lo que le pasaba a esa mujer, de hecho ellos podrían entretenerse con ella como mejor les pareciera.

Más… y más gritos.

Presionó sus manos… algo lo tenía realmente nervioso.