Los personajes son propiedad de S. Meyer. La trama es de mi autoría.
"No reconozco más tu rostro.
Ni siento las caricias que adoro.
Es solo un lugar que estoy buscando.
Podríamos ser extraños en otra ciudad.
Podríamos estar viviendo en mundos diferentes.
Somos extraños en un espacio vacío.
No entiendo a tu corazón,
Es más fácil estar separados
Por todo lo que se de ti ahora."
We might as well be strangers- Keane.
Bien podríamos ser extraños.
Con el té en mano, la pesada mochila al hombro y escuchando la voz de Tom Chaplin cantar en mis oídos una de mi canciones favoritas, me abro paso entre la gente que camina apresurada hacia diferentes direcciones temiendo que una nevada los agarre de sorpresa, esquivo el mar de abrigos y hago caso omiso de la forma en que algunos me miran al empujarlos para intentar pasar. Mis nervios tampoco ayudan. Desde que me levante no he dejado de pensar en lo que haré al estar frente a él.
Rosalie dijo que era una pésima idea. Emmett insistió en hacerlo. Pero en ambas ocasiones, lo negué sabiendo a ciencia cierta el porqué.
En el fondo, solo quiero volver a verlo y asegurarme aunque sea una última vez, si sus ojos ya no resplandecen ni un poco por mí. Es masoquista, lo sé. Pero debo hacerlo. Tengo que saber si ya encontró a alguien más y devolverle lo último que lo aferra a mí.
"¿Y luego que harás?" –había preguntado Rosalie después de escuchar mi plan. "El querrá saber porque lo sigues buscando y no creo que seas capaz de decirle que aún no lo has olvidado… espera, eso ya paso ¿Quieres que te recuerde lo que dijo?... Por tu bien, solo entrégale sus cosas y vete"
Por su puesto que temo que vuelva a pasar lo mismo de la fiesta y termine peor que aquella vez, pero tampoco puedo quedarme para siempre con la duda, así que tratare de seguir su último consejo esperando no encontrarme con alguna sorpresa.
El puente vehicular al frente, me asegura que he llegado al edificio correcto. Este consta de al menos diez pisos construidos a base de ladrillo rojo y ventanas rectangulares de marcos negros, lo cual le da un aspecto como si se trata de viejos almacenes. No hay portero, por lo que entro con facilidad hasta llegar al piso número cinco.
Al estar frente a la puerta de aluminio negra que en el centro marca el número de departamento, tomo aire nuevamente preparándome para enfrentarlo una vez más a pesar de que por dentro esté deshaciéndome. Le doy un último trago al té verde en un intento de calmar los latidos frenéticos de mi corazón, antes de enderezar la espalda y tocar la puerta sin tratar de hacerlo muy fuerte.
Nada.
Vuelvo a tocar acercando el oído ligeramente a la puerta para intentar escuchar algún ruido que me asegure que se encuentra allí. Pero de nuevo nada. Extiendo la mano y toco esta vez con la palma más fuerte y en esta ocasión, alcanzo a oír el sonido del arrastre de una silla contra el piso seguido de unos pasos acercándose.
Me alejo de la puerta rápidamente sintiendo como mi corazón late desbocadamente como si de pronto fuera a salirse de mi pecho, en el mismo momento en que noto que la perilla se mueve y a continuación la puerta se abre, revelando a un Edward con pantalones de mezclilla y usando una playera blanca de cuello en v, de mangas cortas que se le ajusta perfectamente a sus tonificados brazos. Esta descalzo.
Sus ojos esmeraldas se abren por la sorpresa un segundo antes de fruncir el ceño.
—Bella… —suspira, pasando la mano por su cabello cobrizo despeinándolo aún más— ¿Qué haces aquí? —inquiere recargándose contra el marco de la puerta y cruzándose de brazos. Por un instante mi vista se fija en las venas que resaltan de sus bíceps en cuanto flexiona el brazo. Ha estado haciendo ejercicio.
—Vengo a dejarte lo que faltaba que te llevaras —aclaro bajando la mochila de mis hombros para luego mostrársela.
—Creí haberte dicho que ya había quedado con Emmett —me mira fijamente y estoy casi segura que algo sospecha.
—Como sea. Aquí está el resto de tus cosas, incluyendo los relojes. Ya tienen pila —le tiendo la mochila. El la agarra evitando rozar su mano con la mía, provocando que ese simple acto erice la piel de mi nuca.
—¿Cuánto te debo? —alzo la ceja sin comprender a lo que se refiere.
—¿Disculpa?
—Por las pilas, ¿Cuánto fue? —aclara llevando una mano hacia la parte trasera de sus jeans.
—¡Oh!, déjalo así. No fue nada —niego con la palma— Ya debo irme, quede de verme con Garrett…—acomodo las mangas de mi abrigo abrochando los botones de este, luego deposito el vaso en el cesto de basura antes de dirigirme por última vez a él— Adiós, Edward —rendida, doy media vuelta.
No obstante, antes de llegar a las escaleras escucho su aterciopelada voz llamarme de nuevo.
—Espera… —me vuelvo a él con sorpresa, sintiendo en el fondo un deje de esperanza— ¿Quieres entrar? —inquiere mirándome con atención.
—No creo que sea buena idea —digo a pesar de que en el fondo estoy tentada a aceptar su ofrecimiento.
—Solo mientras me cambio. Igual pensaba ir a ver a Garrett al bar —aclara.
—Prefiero esperarte aquí afuera —dada mi situación sé que es la mejor decisión.
—Por favor —entonces me mira igual que aquellas veces cuando trataba de salirse con la suya, entrecerrando los ojos y esbozando una sonrisa ladina que logra desarmarme por dentro.
—Está bien —término rindiéndome, consciente que con esto puedo cavar mi propia tumba.
Pero serán solo serán unos minutos, ¿no?
—Pasa —empuja la puerta antes de que dé el primer paso hacia su apartamento.
Una vez estando dentro, su característico aroma a cítricos inunda mis fosas nasales mareándome por un instante. Mis ojos viajan por todas direcciones detallando el lugar, el cual tiene un estilo industrial. Permanecen los pilares de fundición y las paredes de ladrillo, el suelo es de madera con lamas anchas desgastadas, las lámparas y apliques metálicos tienen un aspecto oxidado. Algunas cajas aún permanecen cerradas en las esquinas y los muebles en su mayoría son de tono blanco o negro.
Pero a pesar de la excelente decoración y los detalles, es inevitable sentir el lugar vacío… frío.
—Vuelvo enseguida —alcanzo a asentir antes de verlo desaparecer en el pasillo junto a la cocina.
Decido aprovechar para mirar a detalle, acercándome al mueble de madera donde tiene el equipo de sonido. Su colección de discos de vinilo está acomodada estratégicamente por géneros a un lado, esbozo una minúscula sonrisa al percatarme que todavía conserva los que le regale. Tiene un conjunto de velas con olor a canela en el otro extremo, junto a una serie de marcos que descansan allí. Se tratan de fotografías de la ciudad en blanco y negro, todas menos la última.
A simple vista parece una foto como cualquier otra que ya había visto de Edward, hasta que noto a la otra persona que el abraza. Ambos sonríen ampliamente, como si acabaran de oír un buen chiste y con la impresionante fuente Bethesda de fondo. Mi corazón se encoje cuando vuelvo a ver el rostro de Alice luego de tres años, en especial sus rasgados ojos verdes aun con ese brillo que la caracterizaba y una especie de escalofrió me invade al recordar que quien sostenía la cámara ese día, había sido yo.
Tal vez algún día me perdones.
A continuación, una amplia mano aparece frente a mí bajando el marco, evitando que pueda seguir mirando. Cierro los ojos un segundo al mismo tiempo que inhalo ligeramente, buscando que ese acto no me afecte.
—Vámonos ya —sisea Edward y me veo obligada a adelantarme a la salida esquivando su mirada.
Mientras busco un cigarro en los bolsillos de mi abrigo, por el rabillo del ojo lo veo ponerse su gabardina de cuero negra, la cual resalta todavía más sus tonificados hombros, luego de cerrar la puerta con llave. Suelto una maldición en voz baja por lo bien que luce y de paso porque tampoco encuentro un mísero cigarro justo cuando mis nervios me están matando.
Bajamos las escaleras en silencio hasta llegar a la acera y si no fuera porque se tomó la molestia de abrirme la puerta del taxi, bien pudimos haber pasado como extraños. Incluso soy testigo de la interrogante mirada que nos dirige el conductor por el retrovisor, seguramente al ver que ningún de los dos habla. Por un periquete estoy tentada a decirle que efectivamente, ya no somos nada, pero entonces enciende la radio y como si me leyeran la mente, suena Friends, Lovers or Nothing de John Mayer. No puedo evitar pensar que va a la perfección en este momento y al parecer Edward también, ya que se pasa la mano por el cabello cada vez que se escucha el coro de la canción.
Al finalizar la melodía se vuelve a mí, inquiriendo de sorpresa
—¿Por qué cortaste tu cabello?
Por instinto, llevo las manos a las puntas las cuales apenas rebasan mis hombros sintiéndome por primera vez incomoda con el largo.
—Me fastidió tener que estar desenredándolo a cada instante —menciono recordando lo mal que estaba esa noche. Había agarrado las tijeras para yo misma deshacerme de la larga melena café que tanto le fascinaba, buscando desesperamente olvidar todas las noches cuando solía pasar sus manos por él.
—No debiste hacerlo, Bella —trago grueso ante la penetrante mirada que me dirige.
—Es solo cabello, Edward. Ya crecerá —encojo los hombros restándole importancia para luego volverme a la ventanilla, huyendo del embrujo de sus esmeraldas.
—Seguro que si —masculla removiéndose en el asiento—. ¿Sabes que me hace pensar eso? —llama mi atención nuevamente. Y por primera vez en el día, lo veo enojado. Su rostro ha adquirido otro color, me lanza dagas con la mirada mientras espera mi respuesta. Niego con la cabeza sintiéndome igual que un pequeño gato indefenso— Que ni siquiera era lo que tú querías y solo lo mantenías largo para complacerme. Haces que me sienta mal conmigo mismo por todo ese tiempo que te estuve obligando a ser alguien que no eras.
—Eso es mentira. Siempre fui honesta contigo y conmigo. Nunca deje de lado mis ideales con tal de no perderte. Pero tampoco negare que algo cambio en mí en el tiempo que estuvimos juntos, aunque haya sido para bien.
—¿En serio piensas que fue para bien? solo míranos, Bella—masculla señalándonos y continua— Nunca debiste acercarte aquel día...
Y con eso último, termina haciéndome sentir un profundo dolor al traer de vuelta aquel pasaje de mi vida. Pero no dejo que lo note.
—Créeme, de haber sabido que jugarías conmigo habría pasado de largo.
Frunce el ceño. Sé que lo he agarrado con la guardia baja, por lo que no vuelve a decir más.
Rosalie estaría orgullosa de mí en este momento.
No tardamos en llegar al bar afortunadamente, lo dejo pagar y mientras me ayuda a salir del taxi caigo en cuenta que Garrett se encuentra cerca de la entrada luciendo igual de confundido que el conductor. Niego con la cabeza haciéndole saber que nada pasa y el asiente.
Me acerco a saludarlo ignorando que Edward está a mi lado. Su espesa barba me raspa la mejilla en cuanto me besa y después me abraza, apretándome contra su fornido cuerpo, asfixiándome por segundos.
—¿Porque no habías venido, caradura? —inquiere con su gruesa voz, haciéndolo parecer como si fuera un regaño. Luego se dirige al cobrizo que tiene cara de pocos amigos— Hola, Edward ¿está todo bien?
—Tu dímelo, Garrett. Por algo me llamaste, ¿no? —sisea antes de entrar al bar como alma que lleva el diablo.
—¿Me preguntó que le habrás hecho esta vez, Bells? —me rodea los hombros con su brazo derecho, conduciéndome adentro.
—Te equivocas, hombre. Tal vez quisiste decir: ¿Qué fue lo que me hizo ahora?
—Como sea. Me alegro que por fin hayas venido a visitarme —esboza una sonrisa, misma que intento devolver pero no llega a mis ojos y él se da cuenta. La última vez que estuve aquí, no había mesas circulares en el centro, tampoco estaba la tarima al frente con el pie para el micrófono y la silla alta de madera. Pero si siguen las paredes repletas de cuadros de todo tipo y la iluminación baja, lo cual le da un tono más íntimo al lugar y deja entre visto el sello de Edward—. ¿Lo mismo de siempre? —me pregunta el moreno cuando está al otro lado de la barra de caoba.
—¡Por favor!—se ríe de mi suplica y asiente. Minutos más tarde, deja frente a mí una Pacifico* bien fría.
Busco a Edward con la mirada entre el vacío lugar, ya que apenas son las tres, encontrándolo cerca de la puerta de emergencia hablando por teléfono, con la mano libre está masajeando su sien y aprovechando que tiene los ojos cerrados, me fijo en cuanto ha cambiado su cuerpo. Ahora está más fornido, se nota por la forma en que sus pantalones se le ajustan en sus piernas y pantorrillas, trae la gabardina abierta lo cual deja entrever un abdomen marcado y la playera en cuello v resalta un esculpido pecho recién rasurado, trayéndome el recuerdo de cuando solía pasar mis manos sobre él hasta el cansancio.
Sin embargo, mi nostálgica burbuja se rompe en cuanto se escucha el sonido de la puerta al abrirse, seguido de unos tacones repicar contra el piso de madera y a continuación todo pasa muy rápido. Edward corta la llamada, sonríe ampliamente y la mujer rubia lo abraza mientras planta sus labios carmín en la comisura de sus labios.
Una especie de celos y pena me invaden al ver la escena. Él la rodea de la cintura atrayéndola hacia su cuerpo, esboza una sonrisa ladina y le guiña un ojo.
¿Tan pronto?
—Ella es Charlotte y sí, Bella. Se han estado viendo desde las últimas semanas —en el fondo escucho la voz de Garrett, al tanto que mis ojos no se despegan de la pareja que me restriega en la cara lo que yo aún no he podido hacer.
*Pacifico- Marca de cerveza.
¿Que tal?
Siento haber tardado en actualizar pero la escuela me tiene un poco ocupada. Espero les haya gustado el capitulo. Gracias a todos los que agregaron la historia a sus favoritos y los que la siguen, tambien a ustedes lectoras silenciosas.
Mil gracias Rkpattzstew y a la chica como invitada por dejar su comentario.
Saludos- Indiansummer7
