Fuente: Anime
Rômaji - Español: Saikai - Reencuentros
DENSETSU MAJIKKU NAITO
CAPÍTULO 03
Saikai
- ¡Vamos Dôshi Kurefu no puedes quejarte! Ferio ha hecho un increíble trabajo desde que asumió el mando y las cosas en Sefîro sólo van en mejoría - decía una armera mientras caminaba junto al Mago Supremo de Sefîro por una de las aldeas del planeta.
- No es que me queje Puresea, pero me preocupan sus excesivas salidas del castillo, sé que el espíritu del rey siempre ha sido aventurero y vagabundo pero tendrá que refrenarlo si no quiere meterse en problemas.
- Pues yo no le encuentro nada malo, el planeta se encuentra en perfectas condiciones… - le dijo la Sôshi de Sefîro y como para respaldar su observación, señaló uno de los rosales que se encontraba fuera de un puesto de ropa - …mira Kurefu, hasta las flores de esa maseta han extendido sus pétalos más de lo normal para que dejes de quejarte de nuestro apuesto rey.
- ¿Más de lo normal?… - ¡Mucho más de lo normal! Kurefu observaba atónito aquel suceso, no era que las flores de Sefîro no abrieran sus pétalos todos los días, lo que le sorprendía era ver la increíble velocidad con la que en este momento lo estaban haciendo y el radio con el que extendían dichos pétalos.
Sólo en una ocasión anterior lo habían hecho a esa velocidad y de esa forma. Dirigió instintivamente su mirada al valle que tenia al frente, las copas de los arboles comenzaban a llenarse de más hojas verdes con rapidez, como si estuvieran compitiendo unos con otros a ver cual tenía más.
- Escucha Kurefu pongamos justa la balanza, tu pación a la magia no podría refrenarse, ¿por qué pretendes que otros refrenen los suyos? Además debes considerar que… - atinó a decir Puresea manteniendo la defensiva a favor de su rey, y hubiera continuado de no ser por la abrupta orden que exclamó su interlocutor ahora con apariencia de hombre mientras hacía girar su báculo.
- ¡Criatura os convoco! - gritó Kurefu después del sorpresivo impacto que le causó el sentir esa presciencia una vez más… no, no esa presencia ¡ESAS presencias! La naturaleza había sido más rápido que él esta vez.
- ¡ ¿Qué sucede Kurefu, todo está bien? ! - preguntó Puresea ansiosa al notar la cara atónita que portaba el Dôshi.
Por su parte Dôshi Kurefu se debatía entre regresar a su antigua forma infantil o quedarse como estaba. Después de la partida de las niñas Karudîna lo había persuadido a cambiar de aspecto siguiendo el ejemplo de Asukotto: "Así la gente te verá más profesional, esa apariencia de niño era necesaria cerca de la Princesa Emerôdo, pero ahora con el nuevo sistema honestamente, ¡luces RIDÍCULO Kurefu!" Le había insultado tantas veces que el mago terminó sintiéndose estúpido y decidió "crecer" ¿Cuál será la reacción de las niñas cuando lo vean?
- ¿Me vas a contestar o no? - demandaba Puresea mientras le entraban unas ganas enormes de aplicarle el tan famoso castigo que su hermana gemela empleaba a Mokona de "jalar-tus-orejas-para-ver-que-tan-largas-son" ya que el mago no daba señas de ponerle ningún tipo de atención.
- ¡Volvieron!... - exclamó finalmente alegre y un tanto nervioso - …¡Las niñas del Mundo Místico están en Sefîro!
Kurefu había conservado a Fyula lista para este momento. Dentro de su corazón no había perdido la esperanza de volver a verlas y expresarles su infinito agradecimiento, muchas veces en las noches antes de dormir su sentido común le decía que diera por terminado ese deseo, pero su inconsciente se resistía a creer que Sefîro fuera tan cruel con ellas e instruyó a Fyula para que apareciera justo debajo de las guerreras para el momento de su regreso. Aunque esto nunca lo había comentado con nadie a excepción de Rantisu para no crear falsas ilusiones, honestamente hasta a él se le habían olvidado las indicaciones que le había dado al pez volador tantos años atrás.
- ¡ ¿Donde están, DONDE ESTÁN? ! - ahora la que se debatía era otra, Puresea corría de un extremo para volver al otro tratando de encontrarlas y abrazarlas en el primer instante que tuviera oportunidad.
- Escúchame Puresea, necesito que te dirijas inmediatamente al palacio y les des la noticia a todos… ¡no mejor no! Sólo reúne al consejo privado del rey en la sala de conferencias de lo contrario todos dispararán hacia fuera y la desesperación por verlas únicamente nos dispersará… - ordenó el mago mientras se imaginaba semejante fallido de propia recepción - …ve y diles que tengo algo urgente que decirles ¡que no salgan de ahí hasta que yo llegue!
Acto seguido convocó una criatura más para que transportara a Puresea lo más rápido posible al castillo. Ésta por su parte giraba su cabeza 180 grados al horizonte para ser la primera en divisar a las chicas, pero las alas de la criatura bloqueaban su visión constantemente. Apenas si contenía el gusto y la emoción ¡las chicas habían vuelto!
- Dirígete a la sala de conferencias Asukotto ¡YA! - fue todo lo que pudo escuchar el joven al ver a Puresea asomar su cara en la biblioteca y desaparecer tan rápido como había aparecido.
- ¿Y ahora que monstruo se le apareció?... - se preguntaba mientras obedecía las órdenes - …supongo que mi visita al templo de Seresu tendrá que esperar para más tarde - decía mientras colocaba los libros nuevamente en sus estantes.
Asukotto había adquirido el hábito de visitar diariamente el templo del Dios del Agua aunque fuera por corto tiempo. Ese era el único consuelo que el Invocador de Bestias tenía. Ahí es donde más cerca se sentía de la chica que lo había cautivado no sólo con su belleza si no con su forma tan particular de ser. Al principio le costó mucho trabajo localizarlo, lo había logrado una vez en el pasado cuando su misión bajo las ordenes de Zagâto había sido eliminar a las chicas, y aunque en estas nuevas ocasiones su intención era completamente distinta aun así le costó trabajo encontrar el templo pues la magia ahí era inigualable. Sin embargo al insistir el dios parecía haber accedido y toleraba sus breves visitas, esto era suficiente para Asukotto ya que sólo se presentaba ahí para hincarse, meditar, y así lograr sentir la vibra que Umi había dejado en el templo del Mashin del Agua.
Al llegar al lugar indicado por la armera Asukotto se encontró con Rafâga y Karudîna.
- ¿Ahora qué sucede? - le preguntó a su querida hermana adoptiva.
- No lo sabemos aun, pero Puresea nos indicó que Kurefu tiene algo urgente que decirnos, y por como sonaba debe ser algo realmente de suma importancia.
- Nos aseguró que todo estaba bien y que Dôshi Kurefu estaba en camino, después salió apresuradamente para localizar al Rey Ferio. Honestamente no sé si logrará encontrarlo a tiempo, el rey salió del palacio desde muy temprano - comentó Rafâga como dato extra de información.
- Mmm… - fue todo lo que escapó de la boca de Asukotto, después vieron a Puresea ingresar a la sala de conferencias con un gesto de absoluto fracaso.
- No creo que Ferio llegue a tiempo, pero le envié una nota para que se presentara lo más pronto posible, espero que se esté dirigiendo hacia acá… - dijo y les indicó a los presentes tomar asiento - …ahora sólo queda esperar la llegada de Kurefu - finalizó caminando de un lado a otro intentando controlar sus propios nervios, moría por ver a las niñas nuevamente. Tuvo que mentirle a su "publico" presente ignorar el motivo de la junta, de lo contrario la atacarían con miles de preguntas y Karudîna tenía la cualidad de ser altamente persuasiva…. de haberles dicho lo contrario hubiera terminado "soltando la sopa".
Inmediatamente después de haber rebotado sobre Fyula una intensa luz las segó a las tres y por unos instantes temieron ser transportadas de vuelta a la Tierra, no obstante la inminente luz se concentró frente a Hikaru y destelló con más brillo apagándose en una de sus manos. La espada con la que trece años atrás había abolido el Sistema del Pilar se encontraba en su mano derecha. La empuñadura era justa para el tamaño de su mano, como si el tiempo hubiera afectado al arma de la misma manera que afectó su anatomía.
La Guerrera del Fuego sintió una ola de sensaciones y de repente logró sentir muchas vidas, muchas voces, muchos pensamientos. Sefîro le estaba entregando un reporte de su condición actual. Cuando el efecto disminuyó, en su pecho se concentró algo nuevo, como si un segundo corazón se hubiera colocado junto al suyo para latir a un mismo tiempo ¡la sensación era increíble!
Después de unos segundos de la espada salieron dos más que fueron a parar a las manos de Umi y Fû y un nuevo brillo desprendió de cada una, y la misma energía que cada una experimentó aquella primera vez que accedieran a los templos de los Dioses Guardianes las inundó una vez más. Los Dioses Guardianes de Sefîro: Mashin Enjin Reiâsu, Mashin Kaijin Seresu y Mashin Kûshin Windamu acababan de darles la bienvenida a su modo, sin palabras, sólo reconociéndolas como las aun constantes certificadas a portar sus armas y sus elementos. Las espadas intuitivamente se sumergieron en las piedras de los guantes que aparecían ahora rodeando sus manos derechas, el resto de sus antiguas armaduras permanecían en ausencia. Fyula por su parte seguía su vuelo como si nada de aquello hubiera pasado.
- ¡Criatura Regresa! - se escuchó a lo lejos. Las chicas estaban que se desmoronaban de la emoción y ni siquiera cuestionaron el porqué el pez volador había decidido "despacharlas" olímpicamente en las orillas de una aldea.
Umi observó el paisaje que se presentaba frente a ella pero no divisaba a nadie cerca.
- Estoy segura que la voz que escuché era la de Dôshi Kurefu - y mientras le decía esto a sus dos amigas se disponía a devorar sus uñas de los nervios. ¿Estaba realmente lista para verlo de nuevo? ¿Se atrevería esta vez a terminar la frase que comenzó hace trece años?
- Si no mal recuerdo esta es la aldea que visitamos junto con Ferio cuando estuvimos aquí por primera vez… - anotó Fû con un dedo en su barbilla - …definitivamente Sefîro luce hermoso, ¿por qué creen que hayamos logrado regresar después de tanto tiempo? - se preguntaba más para sí misma que para el grupo.
- ¡No lo sé pero estoy feliz! Vamos, en algún momento tendremos que encontrarnos con alguien - más tardó en decir Hikaru que en lo que Umi se adentraba a zancadas en la aldea dejando a las otras dos seguirla a corta distancia.
Fyula le indicó que ya estaban en tierra y el mago no dudó en llamar a la criatura para saber en qué dirección se encontraban las niñas y así dirigirse a ellas. La presencia de las Guerreras Mágicas se notaba a gritos en el clima del planeta. Los arboles bailaban con el viento como nunca, ya todas las flores extendían sus pétalos a plenitud como abrazando el aura de sus heroínas. Incluso la gente que pasaba enfrente de él parecía sentir algo porque todos portaban una sonrisa de oreja a oreja y las bestias como nunca cooperaban con las actividades de los aldeanos. ¡Es como si gritaran que su Pilar está en casa! ¡El planeta entero anuncia que las salvadoras de Sefîro están aquí! Cavilaba el mago mientras seguía caminando.
La presencia de la Guerrera del Agua empezó a sentirse con mayor fuerza indicándole que ésta estaba más cerca de él que el resto de las chicas. Umi… pensó el mago, después de tanto tiempo por fin la volvería a ver. De repente ante sus ojos cruzó una mujer a velocidad como buscando algo. ¿O a alguien? Su aura le indicó que era la Guerrera del Agua pero sus ojos le mostraban a una mujer que él no había visto antes, pero si sus sentidos no estaban mal ¡Esta mujer tenía que ser ella!
- ¡ ¿Umi? !... - exclamó dudoso, quizá la estaba confundiendo después de todo - …¡Soy yo Umi, Dôshi Kurefu!
La joven giró la cabeza y sus miradas se encontraron, inevitablemente Umi sintió burbujas invadiéndole el estomago. Kurefu sintió que sus alrededores giraron pero el gusto de volverla a ver fue tal que el mismo Dôshi se sorprendió así mismo al encontrarse caminando a gran velocidad para abrazarla y darle la bienvenida.
La imagen de sus sueños se aproximaba hacia ella con los brazos extendidos y paso definido para recibirla en un fuerte abrazo… Definitivamente como en mis sueños… ¡No como en mis recuerdos! Lo zafiros de Umi comenzaron a disminuir su brillo cuando sus parpados aminoraban la distancia entre ellos, cambiando drásticamente de una expresión de asombro a una de definitivo enfado.
- ¡Suficiente! - gritó furiosa con su propia imaginación.
Cuando estaba justo enfrente de ella para obsequiarle el único de los abrazos que en su vida había dado el mago sintió como algo firme, plano, fuerte y rápido se estampó en su cachete izquierdo haciéndole perder el equilibrio.
- ¡ ¡PAZZZZZ! ! - retumbó por todo el lugar mientras Umi encomendaba sonora cachetada a su "sueño".
- ¡ ¿Pero qué demonios….? ! - fue todo lo que salió de Dôshi Kurefu mientras su mano se posaba en su ahora herida mejilla. ¿Qué esta joven no era Umi?
Hikaru y Fû se habían congelado al instante; no podían creer la actitud de su amiga. ¿Se habría vuelto loca? Kurefu volvió a mirar a Umi y encontró justo detrás de ella a dos jóvenes más que observaban aquella escena con miradas desencajadas. ¡Si eran ellas! ¡Esto que sentía eran definitivamente las auras de Umi, Fû y Hikaru! Umi por su parte comenzaba a sentir el ardor que provenía de la palma de su mano tras tremendo bofetón. ¡Hay no, hay NO!
¡INCREÍBLE! Umi se sentía como el peor de los bichos en estos instantes, esta no era la manera que ella había planeado volver a ver a su mago, pero Tokio le había regalado estas imágenes tantas veces cuando pensaba en él que estaba convencida de que su imaginación estaba jugándole uno de sus tantos trucos… ¡Pero tenía lógica! ¡El Kurefu que ella dejó era uno con apariencia de diez años! ¡El Kurefu que ella soñaba desde que cumplió dieciocho años lucia tal como el que tenía en frente en estos momentos! ¡Era fácil confundirlo con el de sus sueños!
- ¡ ¡MIL PERDONES DÔSHI KUREFU! ! ¡Perdóname por favor, te JURO que creí que eras un reflejo de mi imaginación! - fue todo lo que atinó a balbucear mientras atacaba nuevamente las uñas de sus dedos.
¿Reflejo? ¿Imaginación? ¿Qué diablos estaba pasando aquí? Se preguntaba el mago una y otra vez.
- ¡Dôshi Kurefu no sabes el gusto que nos da verte! - escuchó de parte de la joven rubia que se adelantaba para quedar al mismo nivel de Umi. Sin lugar a dudas era Fû, quien había decidido intervenir al rescate de su amiga. Hikaru todavía estaba en shock.
- Pues yo no creo que a Umi le dé tanto gusto – dijo volteándola a ver y después de un pequeño rato cayó en la realidad nuevamente al mirar la expresión de vergüenza en la cara de la Guerrera de Seresu. ¡Se suponía que venía a darles la bienvenida a las chicas con las que se sentía tan en deuda no a hacerlas sentir mal! Se regaño mentalmente y fue ahí donde el mago más poderoso de Sefîro comenzó realmente a observar a las niñas del mundo místico frente a él. El golpe de Umi lo había noqueado por unos momentos pero…
¿Niñas?... no, estas ya no son unas niñas. Especialmente la que estaba justo enfrente de él.
Umi deseó que Sefîro se la tragara completita, pero después de unos segundos la expresión del mago atenta en ella comenzó a cambiar y la heredera a la fortuna Ryûzaki comenzó a sentir otro tipo de vergüenza (la que se siente cuando alguien que te gusta está mirándote cuidadosamente, MUY cuidadosamente).
El deseo de Hikaru se vio cumplido cuando observó en primera fila como la cara de Dôshi Kurefu cambiaba de confusión a admiración ante Umi. Kurefu inconscientemente la había recorrido de pies a cabeza con sus ojos. Si, Hikaru había estado en lo correcto: después de todo, el hechicero más poderoso de Sefîro no era tan indiferente a la belleza femenina. Y tanto Hikaru como Fû ¡estaban felices por su amiga! Todo parecía indicar que el previo saludo a cachete limpio había sido degradado definitivamente, al departamento "Alzheimer" en la compañía: "Recuerdos Kurefu S.A. de C.V."
Una tras otra el mago se desconocía a él mismo. ¡ ¿Cuando en su antaña vida había recorrido con la mirada a una mujer de arriba abajo? ¡ Pero un reflejo desconocido le exigía a sus ojos no apartarse de esa imagen. ¡Umi estaba bellísima! Dôshi Kurefu se obligó finalmente a desviar su mirada de ella, y al encontrarse con el del resto de las jóvenes comprobó gustoso que también las otras dos guerreras desbordaban hermosura.
- ¡Pero cómo han crecido! ¡Ya no son unas niñas!
- Tú también creciste mucho Kurefu – dijo Hikaru, para el mago era difícil aceptar que las niñas que tanto recordaba eran ya todas unas mujeres.
- Sí supongo que sí… es una larga historia que estoy seguro Karudîna disfrutará contárselas. Hablando de Karudîna, todos están listos para recibirlas en el palacio, hay muchas cosas de que hablar – y de su báculo salió una burbuja que los envolvió a los cuatro y se dirigieron al castillo.
Se van a llevar la sorpresa de su vida. Pensaba Kurefu mientras él mismo trataba de digerir el nuevo físico de las chicas y su presencia en Sefîro una vez más.
Cuando las puertas del cuarto de conferencias se abrieron todos los ahí presentes se pusieron de pie para recibir a Dôshi Kurefu. Lo último que el Invocador de Bestias hubiera imaginado y lo que más había deseado estaba aconteciendo en ese instante. Seguido del Mago Supremo entraron tres mujeres e indudablemente Asukotto supo de quien se trataba ¡Era ella!
"Seguridad…"
"Porte…"
"Carácter…"
"Orgullo…"
"Belleza…"
"Elegancia…"
Sólo una persona en todo Sefîro podía conjugar esos meritos en una sola entidad… ya sea como niña o como mujer. La subyuga de Kaijin Seresu estaba aquí, con la misma belleza arrebatadora que torturaba los sentidos del invocador.
- Hola a todos, no saben lo mucho que los echamos de menos – saludó amablemente la rubia haciendo una reverencia.
- ¡Por fin logramos volver! – gritó la pelirroja emocionada levantando triunfantemente los brazos. El público presente todavía no entendía nada, a excepción de Asukotto claro que estaba paralizado. Puresea por su parte se preguntaba: ¿Donde estaban las niñas?
- ¿Qué no les da gusto vernos? ¡Somos Hikaru, Fû y Umi! ¡Y nosotros que los extrañamos tanto! – regaño la peli-celeste colocando los puños sobre sus caderas.
¡No se dijo más! Inmediatamente la pasiva recepción cambió de un extremo al otro. Fue tal el alboroto que generó la "presentación" de Umi que a Karudîna se le atoró el chal que siempre portaba con la pata de la silla y su intento de recibirlas se vio sustituido con una estrepitosa caída que le hizo perder hasta el zapato izquierdo. Kentôshi Rafâga ignorando por primera vez un accidente que envolviera a su amada morena se aproximó a abrazar y a cargar a Hikaru cariñosamente mientras Puresea corría para abrazar a Fû con todas sus fuerzas, pero la caída de Karudîna cerca de ella la hizo perder el equilibrio también, así que el resultado de todo aquello fue una delicada Guerrera del Viento "planchada" en suelo.
¡Era su turno de abrazar a Umi! Pero el desmayo que Asukotto sentía aproximarse lo mantenía paralizado. Umi por su parte se quedó estática cuando lo vio. Este tenía que ser… ¿pero?... ¿sí era?
- ¿Asukotto?... - el mencionado solamente atinó a inclinar la cabeza. Los colores que creyó haber superado hace años empezaban a invadir nuevamente sus mejillas - …¡qué gusto verte Asukotto! - y diciendo esto la Guerrera del Agua se le abalanzó en un efusivo apretón que el Shôkanshi de Sefîro rezó: ¡No terminara nunca!
¡Umi, SU Umi estaba de regreso, con él y abrazándolo a él! Esto era más de lo que Asukotto hubiera podido desear. Tendría que dirigirse al templo de Mashin Seresu en la primera oportunidad que pudiera para agradecerle personalmente a la deidad que el deseo que le había pedido estaba haciéndose realidad. Con nerviosismo rodeó la cintura de la chica mientras ésta lo apretaba con gusto.
¡Mmm que rico huele! Sus brazos… mmm sus brazos están musculosos, su pecho… su pecho se siente firme… su espalda… su espalda es ancha y fuerte… ¡ ¿PERO QUE DEMONIOS ESTOY SINT…? ! Afortunadamente Karudîna ya se había recuperado de su reciente "aterrizaje forzoso" y exigía abrazar a Umi en ese momento arrebatando literalmente a esta última de los brazos del muchacho.
¡Asukotto no lucia ASÍ cuando ella partió! Aun entre el abrazo efusivo de Karudîna, Umi no pudo evitar observar esos ojos de un verde puro que la veían tímida pero tiernamente, la actitud contrarrestaba con el resto del sujeto que debajo de aquel atuendo de hechicero aun se podía apreciar una anatomía discretamente atlética, y que hace unos segundos ella misma había sentido con sus propias manos. El rostro del muchacho estaba cincelado entre lo pueril y lo viril como los que ella constantemente buscaba para las portadas de la revista para la que trabajaba. Ese rostro y ese cuerpo conjugados, definitivamente hubieran roto el número de ediciones vendidas ese mes...
- ¿No piensas contestarme Umi? - insistía Karudîna. ¿En qué momento la había arrancado del abrazo de Asukotto?
- Disculpa, ¿qué decías? - contestó Umi volviendo a la realidad, pero sin querer de reojo seguía enfocando aquel modelo.
- ¡Te preguntaba que cómo habían logrado crecer tanto y ponerse tan hermosas!
Después de haber entrado al castillo y saludado a los ahí presentes Hikaru era la más activa en las conversaciones. Sus orejas permanecían atentas para ver si entre tanto "güiri-güiri" se filtraba el paradero del Mahôkenshi Sefîrano que hasta ahora no había sido mencionado.
Fû después de escuchar que el rey no tardaría en llegar sentía que en cualquier momento vería a Ferio y no sabía ni cómo reaccionar, ni cómo comportarse, ni cómo disimular su ansiedad, ni cómo la recibiría su ex príncipe (ni muchos otros "CÓMOS").
Umi por su parte seguía tratando de asimilar por completo que aquel joven guapo al que había saludado sí era realmente Asukotto. Simplemente no le cabía en la sien como había logrado una vez más alterar tanto su físico. Y de una manera definitivamente grata para cualquier pupila femenina… Lo peor era que entre su actual estado de entre admirar lo atractivo de Asukotto y ver los favorables cambios de Kurefu que era un sueño materializado, Umi sentía que no estaba valorando la compañía del resto de sus amigos que estaban presentes.
Karudîna y Puresea las bombardeaban con preguntas referentes a su mundo, la primera en particular quería saber todo detalle sentimental y personal de las chicas quienes al proveer medias respuestas debido al público masculino del salón, fueron sentenciadas a una "Noche de Chicas" dirigida claro, por la bailarina.
En lo poco que sus nervios, emociones y ansiedad les permitía expresar coherentemente; ni Umi, ni Hikaru ni Fû se habían atrevido a cuestionar directamente el "status social y sentimental" actual de los tres objetos de su afecto. Las tres estaban consientes que al partir a la Tierra por última vez ninguna de las tres "relaciones amorosas" (si es que se les podía denominar así) había quedado clara y pública para el resto de los Sefîranos, y no iban a ser ellas quienes empezaran con tan sospechosas preguntas referentes a los sujetos en cuestión. Además, existía esa latente posibilidad de que por más "solos" que estuvieran eso no significaba que aun sintieran algo por ellas, si bien era cierto que de las tres Umi era la que más incertidumbre tenia debido a que nunca tuvo la oportunidad de confesarse, Fû tampoco había expresado textualmente sus sentimientos con un "te amo", por lo tanto su realidad no estaba muy lejos de caer en la misma incertidumbre que la de su peli-azul amiga. Incluso para Hikaru que de las tres era la única que había logrado hacer su confesión y obtenido una respuesta positiva, el largo transcurso de trece años gregorianos ponía a dicho dialogo amoroso en la misma charola que en la de las otras dos, con la única excepción de que los protagonistas de dicho intercambio verbal tendrían que verse próximamente en una de dos realidades:
Una: Recordar esas palabras como el principio de un romance que superó los años.
O dos: Fingir demencia definitiva en caso de que el miembro masculino ya haya encontrado a alguien más con quien intercambiar ese tipo de frases empalagosas.
La amenaza de Karudîna para esta noche no liberaba de ningún modo la inquietud que en este momento sentían. Rafâga por su lado no dejaba de sonreír de la sorpresa y el gusto, por su parte Asukotto mantenía un altercado interno entre permanecer de pie o rendirse al desmayo del "puritito" gusto que sentía de tener a su musa ahí. Kurefu se sentía complacido con él mismo pues no se había equivocado, la cara de todos se lo había comprobado. Nunca se esperaron ver tan crecidas y hermosas a nuestras protagonistas, el tiempo había sido bondadoso con ellas. No es que no lo fueran cuando las vieron por primera vez, es sólo que habían florecido para convertirse en unas bellas mujeres dignas de portar a los Dioses Guardianes del planeta.
Y mientras nuestras chicas peleaban por mantener su concentración en las platicas, un personaje no muy lejos de ahí también peleaba con su mente…
El mensaje decía: "Dôshi Kurefu te solicita urgentemente en la sala de conferencias. Atentamente: Sôshi Puresea"
¿Y ahora que más quería Kurefu? Se preguntaba Ferio seguro de que este era otro intento más por parte del mago de regresarlo al castillo donde el hechicero insistía Ferio pertenecía. Hacía años que Ferio le había informado al mago que estaba listo para subir al trono. Ya había concedido el deseo de su maestro ¿no? ¿También tendría que refrenar su instinto vagabundo a capricho de su reino?
Lo que el Dôshi no acababa de entender era que Ferio no pertenecía al palacio sino al pueblo, toda su vida se la había pasado merodeando por todo Sefîro y por más tiempo que pasara no superaría este habito suyo de vagar por ahí. El Bosque del Silencio en especial, era el recordatorio constante para el rey de su encuentro con aquella dulce chica, y cada vez que se encontraba entre estos árboles su imagen aparecía con mejor nitidez que cuando estaba en cualquier otro lugar. Hoy por ejemplo el lugar se llenó de magia y comenzó a reaccionar de una manera formidable, su mente constantemente divagaba en ella pero hoy… hoy había sido especial porque los arboles parecían haber leído su mente y se habían movido al compas de la canción del viento que empezó a soplar melodiosamente de un momento a otro. Tan grata fue la armonía que se sintió en el lugar que por primera vez y sin reusarse, la escolta personal del rey obedeció las órdenes del monarca de dejarlo ahí solo sin su protección. Y la presencia de su amada guerrera se sentía como nunca; su recuerdo era el consuelo de este hombre todos los días.
Si bien era cierto que el hermano de Emerôdo había estado con otras mujeres, eso no quitaba que la única con la que le gustaría estar era con ella, con la Guerrera de Kûshin Windamu, y si físicamente no podía estar con ella porque los dividía toda una galaxia por lo menos estaría con su recuerdo.
- ¿Qué pensaría Fû si supiera que he compartido el lecho con otras mujeres?... - se preguntaba en voz alta - …¿me lo perdonaría? y ¿ella habrá estado ya con otros hombres? - ¡Esta pregunta sí que dolía!
Ferio sabia que en la dimensión de Fû también el tiempo había transcurrido y que probablemente su querida niña ya era toda una mujer. ¿Cuántas veces en los brazos de otras había deseado sentirse con ella? Muchas, demasiadas, en realidad con todas lo había intentado pero por más que lo siguiera intentando su mente y su corazón le decían que estaba perdiendo el tiempo simple y sencillamente porque nadie nunca jamás se asemejaría a ella ¡debido a que no eran ELLA! pero y ¿Acaso Fû habrá logrado superarlo…? Imaginarse a Fû en los brazos de otro hombre realmente lo descomponían y lo regresaban a su solitaria realidad de una cruel manera.
- Supongo que es hora de regresar - se dijo para dejar de pensar en cosas que lo hacían sentirse impotente, además sabía que ya no tenía otra alternativa, el Mago Supremo enojado no era muy atractivo que digamos, especialmente si su báculo lo acompañaba en dichos regaños. Siempre había sabido darle otro uso aparte del mágico, los constates chichones en la cabeza real eran la fiel prueba de esto. Así que sin más demoras se dirigió a "su" castillo sin una pizca de sospecha de lo que le esperaba allí y más bien preocupado de lo que le esperaba si el Dôshi se enteraba que se había despojado de su escolta.
- ¡Su alteza el Rey de Sefîro ha llegado al palacio! - se escuchó en todo el recinto por parte de un guardia justo después de que el Rey Ferio cruzara la puerta principal del lugar. Fû sintió un hueco en el estomago. ¡Había llegado el momento de la verdad!
- ¡Por fin se aparece! - dijo Puresea recordando la plática que había tenido en la mañana con el Dôshi.
¡Esto por nada me lo pierdo! Pensaba traviesa Karudîna "remolcando" a Fû hasta al centro de la sala justo al frente de la puerta para que ella fuera lo primero que viera su jefe al llegar.
La delicada criatura estaba tan ensimismada en su nerviosismo que crecía con cada instante que ni cuenta se dio en qué momento quedó en el centro del salón parada ahí sola. No sabía si arrancar a correr en dirección opuesta, los nervios la estaban traicionando, sentía como sus rodillas chocaban ligeramente una con la otra mientras sujetaba sus manos sobre su pecho. Sentía que en cualquier momento iba a colapsar y comenzaba a ver borroso ¡Mis gafas! ¡ ¿Donde están mis gafas? ! Se repetía sin acordarse de que hacía varios meses que no las necesitaba.
Ferio caminó por los pasillos del palacio para dirigirse al lugar indicado por la nota, estaba seguro que la junta esta vez se trataba del viaje que se realizaría a Ôtozamu en un par de días. ¿Habrá sucedido algo con Rantisu? Se preocupó al pensar que algo malo le hubiera pasado a su "concuño", aunque estaba seguro que si alguien podía cuidarse solo ése era Rantisu. Tan ensimismado estaba en este tema que cuando quiso reaccionar ya estaba llegando a la sala de conferencias.
Después de ver como las puertas del salón se abrieron la mirada de Fû se ajustó en la silueta que se aproximaba, su mente borró todo lo anterior y lo único que pudo hacer fue posar sus ojos en el joven príncipe que se acercaba… no, el hombre rey que se acercaba…
Las puertas le dieron acceso al soberano real y fijó su mirada en el interior del salón. Al principio la luz que provenía de la habitación no le habían dejado ver desde lejos quienes se encontraban ahí, pero en cuanto cruzó la entrada lo que Ferio vio lo tomó por total sorpresa.
¡No puede ser cierto! Ferio sintió como sus piernas se debilitaron instantáneamente, el suelo comenzó a temblar bajo sus pies…
¡Ni un millón de veces la hubieran preparado para lo que sus ojos le mostraban! Ferio, su querido Ferio ya tampoco era un jovencito. El soberano de Sefîro había permitido que el tiempo lo afectara tanto como a su amada y ahora se presentaba un hombre de apariencia con no más de veintiocho años, un cuerpo que en la Tierra sólo se obtiene con rutinas en el gimnasio, en su rostro un discreto candado enmarcaba su boca y las cicatrices que partían su nariz y su mejilla eran visibles únicamente porque el tono bronceado que se esparcía por su cuerpo era débilmente más claro en esas zonas. Sus ojos seguían siendo de un hermoso color ámbar que en estos momentos destellaban una mescla de asombro e incredibilidad, y aunque el exclusivo color verde de su cabello se admiraba en un corte casquete, la fachada de pícaro aventurero que tanto derretía a la Guerrera del Viento era evidente.
¿Y Ferio?, bueno Ferio… efectivamente Hikaru no se había equivocado en esta tampoco. El ex príncipe y ahora rey se fue "patas" arriba en cuanto vio a Fû. ¡Benditas columnas flotantes Sefîranas! Que de no ser por una de ellas nuestro pomposo monarca hubiera mostrado lo gastado de las suelas de sus zapatos y todo ante dicho acontecimiento.
Intentando aun mantener el equilibrio con la palma de sus manos presionadas en la columna a sus espaldas, el Rey Sefîrano no apartaba los ojos de la joven. El cuerpo femenino frente a él lo impactó al reconocer aquellas cualidades:
"Dulzura…"
"Arte…"
"Fragilidad…"
"Delicadeza…"
"Lindura…"
"Fineza…"
Las manos de la joven mujer se encontraban entrelazadas sobre su pecho y sus ojos lo veían fijamente con inseguridad, timidez, ternura… El mismo comportamiento de hace años que lo estimulaban a protegerla… abrazarla, protegerla… besarla, protegerla… amarla, protegerla…
Con esta mujer precisamente había soñado traviesamente tantas noches. Su descendencia de sangre azul no se hizo esperar, ahí frente a él estaba su niña… su princesa… su mujer… su reina. Y como la reina que era y con un gesto que derritió a todos los presentes, Ferio se aproximó a una Fû que tenía los ojos ya llenos de lagrimas amenazando con caer en cualquier momento. Al llegar ante ella no pudo más y se rindió al deseo de sus piernas, colapsó sobre sus rodillas y la abrazó de la cintura recargando su cabeza sobre el plano vientre de la chica. ¡El también quería llorar!
- Si esto es un sueño no me despierten - dijo tratando de absorber aquel momento para que no se lo quitaran nunca.
- ¿Vez que no soy la única que tiene esta clase de alucinaciones? - susurró en defensa propia Umi al oído de Hikaru.
- Pero esta tampoco es una alucinación Umi. Estamos siendo testigos del reencuentro de nuestra amiga con Ferio ¡ ¿no es romantiquisimo? ! - contestó Hikaru con brillo en sus ojos, la emoción que sentía era apenas descriptible.
Fû miraba al rey y no podía evitar sentir una incontrolable dicha esparciéndose en su corazón, ahí con ella finalmente estaba él, las manos de la chica rodearon la cabeza del rey con delicadeza y ternura. ¡Ella tampoco quería soltarlo! Ferio levantó cuidadosamente el rosto con temor a no encontrarla ahí pero para su goce la chica seguía viéndolo con los ojos llenos de amor. Como pudo, Ferio atinó a sacar algo de sus bolcillos.
Fû sintió que las manos del monarca le entregaban temblorosamente un artículo que no tardó en reconocer, ¡el comunicador que le había obsequiado dos veces antes estaba nuevamente en sus manos! La joven lo estrechó con fuerza sin intentar seguir reteniendo las lagrimas que desde hace rato invadían sus ojos. ¡Como había deseado sujetar nuevamente aquel objeto! Las noches en vela llorando por su príncipe vinieron a su mente y su corazón la consolaba ahora diciéndole que: "La espera había terminado".
Repetidos y largos suspiros se dejaban escuchar procedentes de los testigos de aquel momento tan especial.
- ¡Para que aprendas Rafâga! ¡Si sí se puede ser romántico cuando se quiere! - dijo Karudîna reprimiendo a su fortísimo general rompiendo finalmente el silencio. Las lágrimas habían alcanzado al resto de las mujeres ahí, y la bailarina tratando de minorar la invasión de aquel momento tan emotivo entre los dos protagonistas, fingió regañar a su amado (porque honestamente su rubio militar siempre había sido romántico con ella cuando estaban a solas, eso nos consta a todos).
Asukotto se sonrojó y cambió la mirada de la escena protagónica. ¡Como le hubiera encantado ser él y Umi los que estuvieran compartiendo tanto amor en ese momento! Sin embargo estaba feliz por su amigo Ferio, todos habían sido testigos mudos de cómo el monarca había rezado por este momento. Kentôshi Rafâga sólo se aclaró la garganta y Puresea se limpiaba las lágrimas de los ojos entre sonrisas.
Umi y Hikaru se apretaban fuerte de la mano y se mordían el labio inferior compartiendo silenciosamente la felicidad de su amiga dejando también escapar sus propias lágrimas de emoción. Kurefu por su parte presentía que si Sefîro y el Mundo Místico lo permitían, en un futuro no muy lejano sería testigo gustoso del asenso al trono de una de las reinas más ecuánimes e inteligentes que haya tenido el planeta. Una exquisita adición a los atributos de su actual rey.
Dos días después de su llegada la gente caminaba de un lugar a otro por todo el castillo. Ya todo estaba casi listo para su viaje a Ôtozamu en donde verían al resto de sus amigos. Sefîro lucia más bello que en aquellos doce vistazos previos que habían tenido del planeta, por lo que hasta ahora habían hablado con Dôshi Kurefu, el rey y el resto de los presentes del consejo personal de Ferio, todo parecía indicar que esta vez no tendrían que pelear con nada ni nadie, y aunque el motivo de su regreso no estaba claro aun, la felicidad que todos sentían rebasaba cualquier pensamiento pesimista. El reencuentro de las chicas con sus amados, estaba por concluir.
Ôtozamu, año 11723.
Llovía… le gustaba ver llover. En Sefîro él podía provocar esos sucesos y lo hacía al menos una vez cuando se encontraba ahí, pero Ôtozamu no era un planeta en donde la voluntad regia por lo tanto se deleitaba internamente cada vez que por causas naturales este clima se presentaba ahí. A diferencia de la mayoría de la población de Ôtozamu él disfrutaba este fenómeno porque le recordaban viejos tiempos, tiempos difíciles sí, pero en los que estuvo cuerpo a cuerpo con ella. Fue justamente bajo la lluvia cuando esa jovencita le había anotado una daga a su inalterable comportamiento. Después de abandonar Sefîro a Rantisu nada parecía conmoverlo lo suficiente al grado de expresarlo con gestos, pero esa vez, esa vez había sido diferente…
"¿Rantisu… No te sentías muy solo viajando así?" Había sido la interrogante de la chica. Lo había preguntado con tanta nostalgia en la voz que al joven le fue imposible reprimir un susurro de desarreglo y voltear a verla reflexivamente. La luz que irradiaba aquel rostro lo mantuvo preso varios segundos, los ojos de la guerrera reflejaban un sentimiento de interna compasión. Un día anterior esos mismos ojos le habían mostrado arrepentimiento, dolor, culpa, tristeza… y días después mostraron determinación, decisión, fuerza, compromiso. La última vez que los observó había sido de sorpresa, inocencia, ternura… amor. Definitivamente los ojos de su pequeña Hikaru eran dos escarlatas que filtraban los sentimientos y exponían el interior de la chica.
"…muy solo" Sí, la descripción había sido la correcta. Eso sentía el alto peli-negro desde que abandonó a Zagâto. ¿Cómo fue que una adolecente de tan sólo catorce años místicos había logrado leer tanto su interior? ¡Apenas se conocían! Al Mahôkenshi de Sefîro le habían llamado de todo en su pasado y a su regreso:
"Retraído, inexpresivo, impasible, insensible, serio, indiferente, aburrido, amargado, traicionero, raro" pero…
Pero nadie se había detenido a pensar antes de juzgarlo que si en la mayoría de las estancias él actuaba tan hermético era precisamente por lo que Hikaru sí había sido capaz de comprender: Mucha Soledad. Y hasta ahora nadie lo había descifrado como ella. Ese momento fue la primera estocada directa a su inexorable corazón y el comienzo de una colación de emociones que poco a poco fueron invadiendo de calidez sus sentidos hasta quedar acorralado y admitir que el sentimiento del amor hacia esa joven era inevitable.
Este tipo de meditación hacía que las ganas de volver a Sefîro para visitar el cuarto del Símbolo del Pilar aumentaran. Cuando se encontraba en su natal planeta Mahôkenshi Rantisu utilizaba de llave su espada para observar la que en esa habitación descansaba, esa arma había sido el último objeto que había sostenido su pequeña y con la que había decretado una nueva era para su planeta, ya que él no la pudo tocar antes de que se fuera. Pero sus deseos tendrían que esperar, la conclusión de su misión apenas comenzaba.
- Es increíble la manera que luce Ôtozamu ahora, no tenemos palabras para agradecerles todo lo que han hecho por nosotros - escuchó decir a Jeo sacándolo de sus pensamientos mientras se acercaba a la ventana del edificio en donde el espadachín se encontraba contemplando la lluvia. Una de las manos del capitán de la NSX se dirigió a su hombro.
- No tienen nada que agradecer Jeo, esto se lo deben a Îguru y a la Guerrera del Fuego - contestó Rantisu y acto seguido se inclinó con precisión para sujetar a Mokona y sostenerla entre sus brazos. El animalito lo había estado acompañando a todos sus viajes a Ôtozamu. Dôshi Kurefu se había sorprendido de la dependencia que Mokona había desarrollado por el Espadachín Mágico y decidió que Rantisu no podía recibir mejor asistencia en su misión que la de la criatura, y así había sido.
- ¡Ya todo está listo para la recepción de la gente de los otros planetas!... - notificó Zazu mientras se acercaba corriendo a ellos - …Fâren y Chizêta han confirmado su presencia, en unos cuantos días esto estará lleno de extranjeros.
Zazu ya era todo un hombre aunque desgraciadamente para él su tamaño no había tenido aumentos excesivos, todavía era el elemento más bajito de la tripulación NSX.
Ôtozamu se preparaba para el evento que concluiría la asistencia recibida por parte de los tres planetas vecinos, especialmente de Sefîro. Esa era la manera en la que planeaban agradecerles toda su ayuda y reafirmar su unión. Rantisu y Mokona por fin podrían dejar de viajar de un planeta a otro constantemente. Por una parte el Espadachín Mágico se sentía feliz por lo que el evento significaba: el deseo de Hikaru estaba realizado, su mejor amigo por fin podría descansar en paz y el compromiso de su maestro había sido ejecutado.
Sin embargo, el otro lado le inquietaba un tanto. La tarea de renovar a Ôtozamu lo había mantenido ocupado durante años debido a las deplorables condiciones que presentaba el planeta cuando Sefîro intervino. En sus cortas estancias en Sefîro su presencia era requerida como miembro del consejo personal del rey, luego sus conocimientos eran solicitados en la escuela de capacitación y el poco tiempo que le quedaba lo utilizaba para su investigación. Esa parte era la que le inquietaba… el Mahôkenshi Sefîrano se vería de repente con una gran cantidad de horas disponibles.
¿Y no era eso lo que había querido para concentrarse más en aquella búsqueda? Pues sí, pero hasta lo que ahora llevaba en dicha indagación lejos de darle ánimos lo desmotivaba más, estaba llegando a un punto en donde ya ningún camino parecía abrirse, especialmente después de lo acontecido la última vez en los templos de los Dioses Guardianes…
¿Tendría que admitir definitivamente no estar junto a ella nunca más? ¿Resignarse a estar a su lado sólo después de haber fallecido? Esa opción había sido la misma que rechazó cuando Îguru se negó a seguir sus órdenes de atacar a Regaria con él adentro. ¿Por qué en la muerte? ¿Por qué únicamente en la muerte? Hikaru había solucionado su esclavitud, evitado una desgracia que prometía ser equivalente a la de su antecesora y su hermano y asegurado la tranquilidad de futuras generaciones pero… ninguno de los dos había contado con el apresurado reclamo que el planeta natal de la chica hiciera de ella. ¡Definitivamente él no lo consideró! De lo contrario hubiera buscado otra opción… ¿Cual opción? ¿La misma que Zagâto? No, esa no… tenía que encontrar la manera de verla antes de que cualquiera de los dos alcanzara su último destino. Sabía que la favorecida de Reiâsu seguía con vida porque su imagen aun no aparecía en el árbol del…
- ¿Y cómo van las cosas contigo y Tatora? - Jeo Metoro una vez más lo sacaba bruscamente de sus divagaciones con una breve palmada en su espalda, al parecer el tema del evento próximo había mantenido a los otros dos sujetos ocupados entre sí sin que se dieran cuenta de que él había entretenido su mente en alguien más que en la Princesa Chizêtana por la que ahora le preguntaban.
- No entiendo de qué me hablas - se limitó a contestar Rantisu elevando una ceja.
- No me vas a negar que tienen algo que ver, es la única mujer con la que te veo cerca - Jeo lo veía con una mirada de complicidad.
- El que me veas con ella no quiere decir que tengo algo con ella, nuestras pláticas se limitan al proyecto con tu planeta, eso es todo - contestó con indiferencia.
- ¡Vamos eres impasible pero no ciego Rantisu! Tatora se muere por ti, es más, yo diría que es gracias a tu participación que hemos gozado de la mismísima presencia de las princesas de Chizêta y no de un representante con esto de la unión entre planetas.
-… … … - más un vistazo de reojo fue todo lo que siguió al comentario de Jeo.
- Ya hombre, hablando en serio… - chasqueaba la boca el joven Metoro - …deberías darle una oportunidad y dártela a ti también. Tatora es una buena mujer y muy atractiva, con valores únicos y buen sentido del humor, ahora si tu "pretendienta" fuera Tâta no estaría aconsejándote esto.
- ¡Pero si son idénticas! las dos son igual de atractivas - observó Zazu que hasta el momento se había mantenido neutro en la conversación.
- Pero el carácter de Tâta es capaz de apagar cualquier tipo de atracción que sienta un hombre por ella, compadezco de corazón al tipo que termine como su cónyuge sultán.
- No es bueno juzgar a las personas Jeo, especialmente si no las conoces - comentó el hermano menor del fallecido Zagâto a favor de su análoga Chizêtana.
- Precisamente porque la conozco digo esto y la bilis que produce mi hígado es testigo de eso, pero bueno, no estamos hablando de Tâta sino de su hermana ¿de verdad no te gustaría comenzar algo con ella? - insistió el más alto del grupo.
- No te voy a negar que es una mujer muy atractiva - aceptó Rantisu recordando el pelo de la mencionada; ese color de cabello de las Princesas de Chizêta se aproximaba brevemente a la de una puramente pelirroja con la que SÍ quería tener algo.
- ¿Pero?
- Pero no quiero pensar en esas cosas Jeo, eso es todo.
- Pues se te va a ir la nave querido Rantisu, esa chica lleva esperándote desde antes de que llegaras a Ôtozamu por primera vez.
- Y fue precisamente por eso que salí de Chizêta en aquella ocasión. Y esta plática se termina aquí - sentenció con una mirada tajante. Un "puu puu" con seño fruncido manifestó consecutivamente que el compañero de sus viajes tampoco disfrutaba de aquella conversación.
- ¡Ya pégame! Es una lástima que Îguru no esté aquí. Estoy seguro que disfrutaría mucho hablar del tema - dijo divertido.
- Si, a Îguru le gustaba molestarme con lo que fuera - recordó con una mueca al ex comandante del FTO. ¡Como echaba de menos a su amado amigo platinado! La ausencia de Hikaru sería más fácil con él ahí.
