Disclimer: Por desgracia Lucius, Snape, Narcissa y compañía son propiedad de gente más importante que yo que tiene más dinero que yo y que escribe mejor que yo. Así que yo sigo estudiando, llegando pillada de dinero al final de la semana y escribiendo cosillas pa divertirme y divertiros. ):

Y sin más La Bruja Lola (güena de verdá) productions, en asociación con Istel S.A., con el apoyo del Foro de Hogwarts y sus integrantes más pintorescos... presentan:

Amor Concertado

Capítulo 3. Algo cambia

- ¿Quién es?

- Soy Severus Snape, un amigo del señor Malfoy. Avise a la señora.- dijo la voz desde el otro lado de la puerta- Dígale que quiero que me reciba.- Severus escuchó el sonido de la cerradura de la puerta y acto seguido la misma Narcisa salió a recibirle.

Estaba tan preciosa como Severus la recordaba. Llevaba un vestido azul cielo que conjuntaba con sus ojos. Tenía una falda amplia y sencilla con detalles en blanco. El vestido se ajustaba al torso de la mujer y dejaba un sugerente escote que era levemente tapado por unos tirantes transparentes que caían sobre sus hombros sin sujetar nada. El verdadero soporte del vestido residía en dos finos tirantes blancos que atravesaban sus blancos hombros. Adornados graciosamente con un par de bucles que se escapaban del recogido. Éste era simplemente una especie de cola de caballo cuya parte de abajo se sujetaba a la superior y el resto de la cola caía como una cascada sobre su espalada. Ella aún miraba a Severus fijamente.

En ese preciso momento Severus Snape odió a Lucius con todo su corazón. Tenía una casa preciosa, una mujer hermosísima e inteligente, era rico, de buena familia… Lo tenía todo y sin embargo no aprovechaba nada. Narcisa le seguía mirando interrogativamente. Y de repente hizo un gesto que nunca había visto en su cara. Encogió la nariz como si algo la produjese una infinita repulsión; apenas tuvo dos segundos el gesto, pero Severus la miró extrañado. Finalmente ella le preguntó

- ¿Qué quieres?

- ¿Puedo pasar al menos?

- Perdóname.-se disculpó ella- Pasa.

Se dio la vuelta Y Severus observó embobado sus andares… Los adoraba. Siempre se había movido así, daba igual si llevaba la túnica del colegio o uno de sus costosos vestidos… El vestido, tenía un escote por detrás que dejaba libre gran parte de la mitad superior de su espalda. Y esos hombros que él había besado aquella noche… "Contrólate" se dijo "Es la mujer de Lucius. Llevan siete meses casados, respétale"

- ¿Qué has venido a hacer aquí?- dijo ella tomando asiento en el sofá de uno de los saloncitos de abajo, mientras extendía la mano ofreciendo asiento a su invitado.

- Me envía Lucius. – Contestó él sin quitarse la capa de viaje

- ¿Qué quiere? – Respondió ella con evidente malhumor

- ¿Por qué me has abierto tú? – Dijo él evitando el tema por el que venía a la casa. "Lucius debería estar aquí"

- Llevo dos meses sin elfo doméstico y las criadas me duran una semana… No hay ninguna que a Lucius le agrade. – Explicó mientras ponía una evidente cara de disgusto

- Oh… Pues eso él no me lo mencionó. Solo me dijo que hoy iba a tardar más en venir, que tenía asuntos que atender y que si podía hacerte compañía… Le dije que por supuesto.

- No necesito que me mande a gente para que me haga compañía- contestó enfadada.

- Seguimos siendo amigos¿No Cissa?- dijo él repentinamente. Ella le miró sorprendida. El tono que había utilizado no le hacía pensar precisamente en que había una amistad que les unía… Parecía que les unía algo más. Y no era así. Recordó ella

Narcisa estaba casada con Lucius, eso le tenía que quedar muy claro a Severus. La verdad el matrimonio era una farsa, pero Narcisa estaba empezando a no sentirlo como tal. No sabía si en ese momento sentía celos de pensar que Lucius podía estar por ahí con otras mujeres. Y aunque se sentía halagada por lo que le acababa de decir Severus tampoco se sentía bien al respecto. Como si estuviese intentando engañar al hombre al que amaba… ¿Amaba¿Desde cuando utilizaba ese termino para referirse a Lucius? Estaban casados y eran… Amigos desde hacía dos meses. Unos amigos un tanto peculiares, pero amigos a pesar de todo… ¿O no?

- Nunca hemos sido exactamente amigos- dijo Narcisa dando por zanjado el tema. Severus se acercó a ella- Pero aquello se acabó Severus. Estoy casada. Fin de la cuestión.

- Todo esto es una farsa Cissa. Tú no le quieres – Se atrevió a decir Severus apelando a su más profundo deseo.

- Eso no te importa Severus.- se levantó con rapidez y mientras señalaba la salida dijo- Ahora te pido por favor que te marches de mi casa, tu presencia me incomoda. Y si ves a mi marido le dices que no mande a amigos suyos a cumplir sus funciones. –

Le acompañó hasta la puerta y la cerró con un portazo dejando al moreno fuera. Se apoyó en ella y suspiró resignada. ¿Por qué Lucius tenía que ser tan difícil?


Lucius entró a la habitación y se sorprendió de no encontrar a Narcisa en la cama, era una costumbre verla allí. A veces se levantaba en medio de la noche solo para observarla. Pero no estaba… Se angustió¿Acaso le podía haber pasado algo¿Habría ido Severus ha hacerla compañía como él le había dicho? Recorrió la habitación con la mirada y de repente la vio.

Estaba dormida en la mecedora que había comprado un mes antes… A él le encantaba esa mecedora. Estaba preciosa. La miró con atención, parecía profundamente dormida y de repente se dio cuenta de que ni siquiera se había quitado la ropa. Esa mañana no la había visto vestirse, pero estaba espléndida. Él adoraba ese vestido y solía pensar que ella secretamente lo sabía y se lo ponía para agradarle. Tenía el pelo suelto, rubio cayendo suavemente sobre sus hombros desnudos, supuso que el tocado de aquella mañana le había molestado al recostarse. Estaba realmente hermosa, aquellos labios rosados entreabiertos suavemente y el pecho subiendo y bajando acompasadamente. De repente ella tembló.

Lucius se acercó a ella costosamente. Se sujetó unos segundos el costado… Aquella maldita herida dolía. Llegó hasta la mecedora y la cogió para llevarla a la cama. Entonces ella sujetó su mano y abrió los ojos. Primero le miró aliviada, y acto seguido furiosa

- ¿Sabes qué hora es¡Son las tres de la mañana! Lucius, sabes que odio estar sola y no has aparecido en todo el día– Estalló.- ¿Se puede saber dónde has estado¿De donde vienes?

- Tranquilízate.

- ¿Qué me tranquilice? Lucius son las tres de la mañana. Me parece que llegar a esta hora no es normal- Le miró de arriba abajo y reparó en la mancha de sangre de su abdomen- ¿Qué… Qué es eso Lucius?- dijo angustiada- ¿Qué te ha pasado ahí?

- No es nada- dijo tercamente mientras se acercaba a por una bata.

- ¡Te ordeno que me lo dejes ver!

- Eres una niña caprichosa.

- ¡Estás herido!- dijo con lágrimas en los ojos- ¡Lucius por favor déjame ayudarte!- el corazón del rubio se enterneció ante ella. ¿Cómo le iba a negar nada a ELLA, a SU Narcisa?

Desabrochó los botones de su camisa y dejó al descubierto la herida del abdomen. Narcisa negó con la cabeza y acto seguido entró corriendo al baño, de donde salió un minuto después portando unos cuantos frascos.

- ¡Túmbate en la cama!- ordenó

- ¿Qué me vas a hacer? – Dijo él con evidente inseguridad

- Lucius, entiendo de pociones… Iba a ser boticaria¿Recuerdas? Confía un poco en mí.- El chico hizo lo que ella le ordenaba y acto seguido la rubia comenzó a aplicarle algunos ungüentos y pomadas. Sacó su varita y lanzó un hechizo a la herida. Retiró las cremas y milagrosamente en el torso desnudo de Lucius solo quedaba una fina cicatriz aún enrojecida. Ella la recorrió con sus manos produciendo una extraña sensación en el hombre.

- Si hubiese venido antes ni siquiera te hubiese quedado cicatriz- se lamentó la joven inútilmente.

- No te atormentes, ha sido culpa mía. Gracias- y en un repentino impulso acercó la mano de ella a sus labios y la besó.

Narcisa la apartó sonrojada. Se levantó, cogió los frascos y fue al baño. Cuando volvió Lucius se había quitado los pantalones y se ponía los del pijama. La miró unos segundos y se anudó su batín verde.

- Vamos a la cama- le dijo.

- ¿Dónde has estado? – Dijo Narcisa que ya que se había despertado pensó que se merecía algunas explicaciones.

- Narcisa, no me apetece hablar de ello. Métete en la cama y tengamos la noche en paz.

- Vale- dijo ella.

Acto seguido y con grandes pasos se acercó a la puerta de la pared. Lucius lo vio todo como una película, y de repente saltó de la cama y la agarró de la muñeca antes de que ella pudiese salir de la habitación.

- ¿Se puede saber qué haces?- dijo el enfadado.

- Me voy a MI cama. Esa es MI habitación- dijo señalando la habitación que se veía a través de la puerta entreabierta.

- Llevas sin dormir ahí desde hace dos meses.

- Sí, el mismo tiempo que llevo intentando formar parte de tu vida- le replicó la chica.

- ¿Acaso no te dejo?

- No… Ni siquiera te preocupas por mí. Estoy aquí todo el día, sola en esta gran mansión…

- ¿No ha venido Severus a hacerte compañía?- contestó sorprendido

- Claro que ha venido. Yo misma le eché. No necesito a Severus, te necesito a ti¿No lo puedes entender?- El corazón de Lucius se paró unos segundos tras la revelación y la miró embobado. -¿Qué?

- Lo siento- se disculpó- He sido un estúpido.

- ¿Dónde has estado esta noche Lucius¿Quién… Quién te ha hecho esto?- preguntó mientras ponía su mano sobre la cicatriz de él.

Lucius se estremeció por el contacto. Esa mujer le intimidaba tanto… ¿Por qué¿Cómo había conseguido lo que ningún otro ser humano había conseguido? Su madre le había enseñado a no tener miedo a nadie excepto a si mismo. Y ahora estaba aterrorizado con Narcisa allí delante, recordando la angustia que le había embargado minutos antes cuando no la había visto en la cama. Sujetó la mano de la mujer con fuerza y la subió poco a poco por su abdomen y su pecho hasta llegar al rostro y besó la palma de la mano.

Ella abrió los ojos desmesuradamente y se soltó. La cara decepcionada de él fue más de lo que pudo soportar. Acercó sus manos al rostro del chico y lo sujetó con fuerza mientras se ponía de puntillas y le besaba. El que abrió los ojos sorprendido esta vez, fue Lucius. Y de repente respondió al beso. Exploró con su lengua la boca de ella y de repente quiso saciar su sed de Narcisa.

Beso su barbilla y bajo poco a poco hasta su cuello, mordió levemente éste mientras deslizaba sus manos por su espalda. Narcisa gimió suavemente y Lucius siguió muy despacio como si no quisiese destruir la perfección del momento. Besó los blancos y cremosos hombros de su mujer y de repente notó que las manos de ella se estaban deslizando por su pecho. ¿Cómo podía tener esa piel tan suave? Esa piel que parecía haber sido hecha para torturarle durante las sesenta y dos noches que había dormido con ella. Aquellos hombros le obsesionaban y de repente cayó en la cuenta de que el precioso vestido que levaba solo era un estorbo. Con pericia desanudó las tiras que lo mantenían atado mientras seguía besándola. No sabía como estaba disfrutando tanto, deslizó los finos tirantes por los brazos de ella y muy pronto el vestido quedó olvidado en el suelo. Sujetó a su mujer y la llevó a la cama para depositarla sobre ella con sumo cuidado. No quería dañar la perfección.

Desató el corsé y al fin pudo ver su cuerpo… Aquel cuerpo que le atormentaban cada vez que escuchaba como se metía en la ducha, o cuando llevaba aquel sugerente escote. Besó de nuevo su cuello y mordió con delicadeza el labio inferior de Narcisa. La joven soltó un suspiro de satisfacción y él se dio cuanta de su propio estado… Estaba perdiendo el control. Narcisa le quitó la bata y poco a poco los pantalones. Se quedo quieta y asustada cuando de repente él paró y se le quedo mirándola.

- ¿Qué pasa Lucius?

- Que no me pudo creer que algo tan hermoso esté delante de mí y yo pueda dignarme a tocarlo-

Ella le sonrió complacida por el halago y besó de nuevo sus labios. Él la atrajo hacia sí profundizando aún más el beso. Se deshicieron de la poca ropa que les quedaba entregándose a sus caricias. Lucius recorrió cada rincón del cuerpo de Narcisa, maravillándose de lo perfecta que era. Apostaba que ninguna mujer tenía esas piernas blancas y perfectas, ni ese vientre que parecía esculpido para ser besado, ni sus maravillosos senos, aquellos que ni las obras maestras de los pintores o escultores había conseguido plasmar. Narcisa sintió como su cuerpo despertaba ávido de algo que nunca había tenido. Quería sentirle a él. Y supo de inmediato lo que iba a pasar a continuación. Cerró los ojos y sintió como sus labios y los de Lucius se rozaban provocativamente. Le besó dulcemente dándole a entender que estaba preparada y él respondió al beso para demostrarle que no había nada que temer. Y así la hizo finalmente suya. Sus gemidos se entremezclaron de manera deliciosa y ambos se miraron a los ojos mientras mil chispas saltaban a su alrededor. Después del clímax, Lucius cayó sobre ella, exhausto. De repente se dio cuenta de lo pesado que le debía resultar y se apartó, notando como la cara de ella se tornaba en una triste decepción, como si se sintiese apartada de él. Acto seguido la atrajo hacia sí y la acomodó sobre su pecho besando dulcemente sus cabellos.

- Vaya- dijo ella mientras depositaba un leve beso sobre el pecho de su marido.- Ah sido…- se quedó callada sin poder encontrar palabras para definir la experiencia.

- Increíble- finalizó Lucius.

Él estaba cansado, pero no quería que Narcisa pensase que era de esos hombres que dormían después de acostarse con una mujer porque no le daban importancia a lo que había ocurrido. En el fondo Lucius se preguntaba como había llegado a esa situación. Ninguna persona había conseguido acercarse tanto a su corazón, y menos una que le desafiase. Pero ella lo había conseguido, de alguna manera había conseguido cambiarle, y al estar a su lado Lucius no se sentía solo. Solo como había estado la mayor parte de su vida. Estando con Narcisa, Lucius no se sentía él mismo. O al menos no se sentía como el Lucius que había aparentado ser todos esos años. Tal vez solo ella era capaz de sacar a su yo verdadero. Y sintió pavor por estar tan desprotegido cuanto estaba con ella. Aquella coraza con la que había convivido durante años, había sido una gran defensa frente a los demás, y a los daños que le podía haber producido el mundo. Pero se dio cuenta de que con ella perdía todo eso. Se dio cuenta de que su corazón, aquel que él creía inexistente, había vuelto a latir, y de un modo u otro ella se había convertido en su dueño. Comenzó a hablar sobre mil cosas mientras su esposa cabeceaba, al final acarició su pelo y dijo- Te quiero

- Yo también- le contestó antes de quedarse dormida definitivamente


Narcisa abrió los ojos lentamente, y de repente le vino a la memoria todo lo ocurrido la noche anterior. Comprobó que aún estaba desnuda… Aquello no había sido un sueño. Aspiro el olor que desprendía el hombre que la abrazaba protectora mente. Estaba guapísimo, su pelo rubio platino caía desordenadamente por la almohada y algunos mechones de su flequillo caían por su frente haciéndole parecer un verdadero ángel. Le encantaba el pelo largo y tremendamente suave de Lucius, que éste solía recoger en una coleta baja… Como recordaba el contacto de esos hilos platinados entre sus manos y todas las sensaciones de la noche anterior. Le miró de nuevo y cerró los ojos unos segundos, al abrirlos chocó de repente con unos ojos grises que normalmente eran fríos y que en ese momento la miraban fijamente.

- Buenos días- le dijo

- Buenos días- contestó ella sonriendo mientras se acurrucaba aún mas contra él. Lucius la miró unos segundos y la abrazó fuerte mientras acariciaba suavemente sus hombros.- Fue mi primera vez¿sabes?- le confesó Narcisa sonriendo.

- ¿Te hice daño?- preguntó preocupado él. Solo una vez en su vida se había acostado con una virgen, y no recordaba como se tenía que tratar a las mujeres, para él todas eran simples objetos… Pero Narcisa no.

- Pues no… Te portaste muy bien conmigo Lucius, al principio me dolió un poco, pero luego todo estuvo bien- dijo ella tranquilizándole.- ¿Te has acostado con muchas?

- ¿Mujeres?

- No, águilas- dijo sarcástica ella.

- Con unas cuantas- contestó sin querer dar detalles¿A qué venía esa pregunta?

- ¿Y desde que estamos casados también?- Lucius la miró a los ojos. Y finalmente dijo:

- No.

- ¿Por qué?- él se retiró como ofendido por la pregunta, pero finalmente contestó:

- Porque estamos casados.

- Pero si no me querías… Ha sido un matrimonio horrible hasta hace a penas dos meses…

- ¿Tú has estado con otros hombres desde que nos hemos casado?- dijo como contestación.

- ¡Por supuesto qué no!- dijo Narcisa ofendida- ¿Cómo me puedes preguntarme algo así?

- Igual que tú me lo has preguntado- dijo él dolido por la poca confianza de Narcisa. Se levantó de la cama y se puso los pantalones aún enfadado. Narcisa se incorporó con rapidez y le abrazó por la espalda.

- Lo siento mucho, no quería ofenderte- depositó un dulce beso sobre él consiguiendo que su marido se diese la vuelta. La agarró de los hombros y la obligó a mirarle a los ojos.

- Nunca- comenzó a decir- Te he respetado durante el matrimonio porque… Nunca he conocido a nadie como tú.- la sonrió dulcemente y en su rostro se dibujó la nostalgia de algo que ella no comprendía. A continuación dijo- Aún recuerdo la primera vez que te vi escapándote de tu casa… Pensé que eras la sirvienta más bonita y más audaz que había conocido. Y cuando nos casamos, llevabas el traje de novia, en ese momento entendí cómo los hombres podían sentirse afortunados de tener una esposa.- ella sonrió halagada y abrió la boca para decir algo, pero él no le dejó- Escúchame bien Narcisa, desde que has entrado en mi vida yo… Ya no soy el mismo¿Entiendes? No se lo que has hecho pero me has cambiado totalmente¿Qué tienes¿Acaso me lanzaste un hechizo¿Un filtro amoroso¿Cómo lo has hecho?

- He aprendido a quererte- dijo ella con esa dulce inocencia que le caracterizaba. Estaba allí, tan atractiva, pura… Lucius la besó de nuevo y recorrió su cuerpo desnudo macándola toda ella con sus manos.


- ¿Sabes qué hora es?- dijo ella sobresaltada.- Creo que nos hemos saltado hasta la comida.

- ¿Lo lamentas?

- No- contrastó Narcisa acurrucándose entre sus brazos- Pero ni siquiera está encendida la chimenea, y te recuerdo que estamos en invierno. Cuando salgamos hará frío.

- No te preocupes por el frío- dijo con una pícara sonrisa su marido. Ella se incorporó, tiró de la sábana envolviéndose en ella y se dirigió hacia el baño. En la puerta se giró y le dijo:

- Por una vez me puedes dejar el baño primero.

- Supongo que no pasará nada.

Lucius la observó antes de que se cerrase la puerta. Suspiró e intentó vaciar su mente de todo pensamiento. No había ninguna razón para que no se acostase con su mujer, y no tenía que dar más vueltas al asunto. Pero lo cierto era que en ese momento se sentí casado de verdad. Nunca hubiese creído que aquella maldita noche iba acabar tan bien. Cuando se lo contase a Severus…

¡Severus! Debía estar esperándole¿Por qué no se había quedado el día anterior a hacer compañía a Narcisa si esa había sido la orden que él le había dado? Tal vez había sido Narcisa la que le había echado. Lo cual no le extrañaría mucho sabiendo el genio que su mujer se gastaba… Su mujer, sonaba bien hasta en su cabeza. De repente la puerta del baño se escuchó y la joven salió envuelta en un gran albornoz verde con las insignias de Lucius bordadas en plata.

- Me gusta- dijo ella mientras se cubría aún más- Es muy suave…

- ¿Te gusta? Pues es tuyo.

- Lucius, pone tus iniciales, es tuyo.

- Yo no le he usado ni una sola vez en mi vida- contestó el rubio- Bueno sí una, cuando me lo probé por primera vez, me gustan más las toallas. A ti te queda…

- Enorme- finalizó Narcisa.

- Te queda muy bien- se levantó se acercó a ella y Narcisa le besó dulcemente en los labios. Él la sujetó sus brazos y profundizó el beso- Un segundo- dijo mientras se separaba- Si seguimos así no vamos a salir de casa en días- ella le miró con una sonrisa juguetona- ¿Quieres quedarte encerrada en esta habitación con el gruñón de tu marido?

- No me importaría mucho- contestó- Pero ahora no- dijo finalmente- Se acerca la Navidad y seguramente lo notarían.

- Diremos que estamos enfermos.- ella le miró suspicazmente- Me voy a duchar que cuando no es el uno es el otro. Puede que aún pueda hacer algo esta tarde. ¿Qué quieres como regalo de Navidad?

- Sorpréndeme


- Pasa Severus, supongo que Narcisa ya estará esperándome, bueno a los dos… No te preocupes, mandé una lechuza para avisar que venías y que no se preocupase por el retraso- Entraron a la casa y Lucius preguntó en voz alta- ¿Narcisa?- de repente la doncella nueva irrumpió en el hall y Lucius la miró sorprendida- ¿Dónde está mi mujer?

- Ha salido- dijo temblorosa la mujer

- ¿Dónde?

- Dijo que iba a visitar a su hermana – Informó evitando mirar a los ojos a su nuevo señor

- ¿A sus padres? – Siguió interrogando Lucius cada vez más molesto con el asunto de la salida de Narcisa.

- A la señora Tonks… - Confesó finalmente la criada retrocediendo un paso por si se desataba la ira del rubio.

- ¿Qué?- bramó Lucius


Narcisa entró silenciosa en la habitación… La verdad es que se había entretenido mucho con la pequeña Nymphadora … Era un sueño de bebé, con tan solo un año y medio era una delicia… A Andrómeda se le veía preciosa, y al nuevo papá radiante.

Habían aprovechado la visita de la joven Cissa para salir a cenar. Hacía mucho que los dos no pasaban un rato tranquilo, le habían dicho. Y Narcisa que quería disfrutar de la niña el mayor tiempo posible no se había podido negar… Pero todo se había alargado demasiado. Confiaba en que Lucius llegase tarde de nuevo y así no notase su ausencia… Pero esa noche los hados no estaban de su parte.

- Buenas noches- dijo una voz tras ella a la vez que encerraba las luces y cerraba la puerta.

- ¡Lucius!

- ¿Sorprendida? Créeme que a mi me ha pasado algo parecido. ¿Qué cara crees que se me ha quedado cuando llego con un invitado a cenar y la doncella me dice que no estás?- Narcisa permaneció callada- Y que para más sorna te había ido a ver a mi antigua prometida… Esa que se casó con un Sangre Sucia y que ha tenido a un mestizo…

- Yo…

- Quiero una explicación convincente Narcisa

- Es mi hermana- dijo la chica – Y quería ver a su bebé… Se acercan las navidades Lucius, dentro de diez días es Nochebuena. Tú te has ido esta tarde y pensé que te quedarías más tiempo atendiendo tus asuntos. Y no me gusta estar sola. Lo sabes demasiado bien.

- ¡He venido antes!

- ¡Pero normalmente no lo haces!- replicó Narcisa molesta por la actitud del hombre.

- ¡Pero hoy sí!- exclamó aún más alto el rubio- ¡Tenías que estar esperándome en casa como una buena mujer!

- ¡No soy un objeto¡Tengo vida propia y me gusta vivirla! No voy a quedarme aquí sola sin hacer nada esperando que te dignes a venir- contestó ella- Y ahora me voy a la otra habitación- finalizó la chica con las mejillas encendidas mientras se acercaba a la puerta de la pared.

- ¡Espera!- gritó Lucius. Ella se paró ante la imperiosa voz de su marido- Lo siento Narcisa, pero no me gusta que salgas sin decirme a donde… Por favor entiéndeme.

- ¿Qué quieres que entienda? – Dijo ella plantándole cara

- Que soy un hombre preocupado por su mujer- dijo con voz pausada.

- ¡Déjame vivir Lucius¡No me voy a escapar! – "Porque te quiero demasiado como para imaginar una vida sin ti" Pensó mientras le miraba y se serenaba un poco

- Lo se- dijo él con voz baja.

- ¡Pues entonces! – Gritó ella, irritada por el tono de voz de su marido

- No grites Cissa- pidió el chico- Severus está durmiendo en la habitación de enfrente.

- ¿Qué Severus?- preguntó aunque sabía antes de escuchar la contestación que la respuesta no le iba a agradar. Su marido solo conocía a un Severus y…

- Mi amigo, Severus Snape. – Ese era Severus Snape. Se dijo mientras sentía que la sangre le hervía

- ¿Qué?- exclamó la chica

- Shhh. Narcisa, te he dicho que no grites.

- ¿Qué hace aquí?

- Su casa está plagada de gnomos, no tiene tiempo para desgnomizar y se le olvidó llamar al desgnomizador… Será una semana como mucho… No podía dejarle en un hotel. Voy a ver si le hemos despertado.

- Haz lo que te de la gana que es lo que haces siempre- Dijo Narcisa antes de que él saliese.

Cuando él volvió su mujer estaba en el extremo de la cama. Acurrucada y mirando hacia la ventana. Se metió y se acercó poco a poco. Acarició su pelo y luego sus hombros pero ella ni se inmutó.

- Narcisa- susurró finalmente- Cissa… Cissy… Se que estás despierta- besó un hombro y por fin consiguió que ella se estremeciese delatando que estaba despierta- Lo sabía… Lo siento, prometo consultarte, pero es amigo mío… No le puedo dejar en la calle y en cuanto a lo de tu hermana. Yo prefiero que no la vuelvas a ver,- tomó aire y finalmente dijo- pero entiendo que es tu hermana, haz lo que quieras.

- En el fondo puedo entenderlo Lucius… - Dijo Narcisa con voz apaciguadora y mucho más tranquila – Pero no me puedes decir esto directamente en vez de gritarme¿verdad?

- Lo siento- la abrazó y comenzó a besarla. Narcisa al principio respondió pero de repente apartó a su marido bruscamente y dijo:

-No

- ¿Por qué? – Preguntó con una irritación que era palpable – Sabía que seguirías enfadada.

- No es eso- susurró mientras le abrazaba- Snape

- ¿Qué pasa?

- Pues que él está en la habitación de enfrente y no quiero que nos escuche- explicó la rubia.

- Vamos Narcisa, Severus no se enterará… Duerme profundamente.

- Pues no pensabas eso cuando te gritaba antes. No me quiero arriesgar a que nos escuche así que…- Le dio de nuevo la espalda a su marido y él suspiró resignado- Si va a ser un problema me voy a la habitación de al lado.

- Al menos te puedes acercar a mí.

- No

- Pero ¿por qué? Si solo quiero tenerte abrazada.

- No es por ti, es que no me fío de mi cuando estoy contigo.

- Bueno, pues quédate en la cama, yo me voy a la mecedora.

- Ni hablar. En todo caso me voy yo a la otra habitación. Pero es mejor que duermas conmigo.

- ¿Por qué?

- Porque necesito dormir contigo.


- ¿Se puede saber de donde vienes esta vez?

- ¡Lucius!

- Sí, tu marido. Esta noche cenamos juntos¿Recuerdas? Mañana tenemos la comida y la cena de Navidad en casa de tus padres.

- Tenía cosas que hacer.

- Ilústrame.

- Ilústrame tú sobre qué hace aún aquí Severus – contestó la rubia malhumorada mientras dejaba el abrigo en la mecedora y señalaba la puerta blanca que se veía a través de la de su habitación.

- Las cosas en su casa se han puesto feas – contestó el hombre – Los gnomos tienen todo lleno de túneles.

- Que hubiese contratado antes al desgnomizador – contestó su mujer de mala manera.

- Soy yo el que tendría que estar enfadado.

- ¿Ah sí¿Por qué? – preguntó Narcisa.

- Para empezar me desobedeces cada dos días y el de en medio. Ni siquiera me avisas cuando te vas, no me dices a donde, no me dices porqué y para colmo…- bajó la voz hasta convertirla en un susurro- Llevo diez días durmiendo contigo sin poder tocarte, y créeme, es insoportable.

- Tú te lo has buscado.

- Haré un hechizo silenciador y uno que selle las puertas. – Continuó él tercamente.

- Te he dicho que el problema no es ese. El problema es Severus. Me voy a cambiar de ropa.

- Alto ahí – dijo Lucius mientras sujetaba a Narcisa del brazo. La pegó contra su cuerpo y dijo - ¿Se puede saber de qué va todo este asunto?

- No se de que me hablas – Contestó ella esforzándose por hacer que la voz no le temblase.

- No quieres desayunar conmigo, ni comer, ni cenar, ni verme a excepción de cuando estamos en el cuarto. ¿Se puede saber por qué? Yo te he tratado perfectamente en este tiempo, y tú te estás comportando como una mujer fatal haciéndome sufrir- Narcisa reprimió una sonrisa… La verdad es que lo de mujer fatal tenía su gracia. Pero al ver que la cara de su marido no era de chiste, adoptó una postura seria

- Lucius, no es por ti. Eso te tiene que quedar bien claro¿ok? – Dijo finalmente mientras le acariciaba el rostro con infinita ternura - Ahora vengo y hablamos. En privado. Así que quiero que insonorices toda la habitación¿de acuerdo?

El rubio hizo caso. Se cambió de ropa y se tumbó en la cama mientras revisaba un periódico de esa tarde. Escuchó la puerta del baño y acto seguido miró a su mujer que llevaba un minúsculo camisón de encaje y seda, color azul. El pelo rubio le caía ondulado enmarcando su rostro. Ella sonrió tras ver la reacción de su esposo y se acercó hasta la cama.

- Feliz Navidad – dijo mientras le daba un beso. Su marido respondió con avidez, pero ella se soltó – Lucius, yo… He ido a comprarte esto – De repente sacó un paquete alargado que estaba oculto en el interior del abrigo y se lo dio a su marido. – No sabía qué comprarte – Lucius desenvolvió el paquete y cogió la que había en su interior: un precioso bastón, de madera de ébano, la punta en plata y la empuñadura del mismo material con forma de serpiente y dos esmeraldas en los ojos.

- No tenías que molestarte, además… Me lo podías haber dicho y nos ahorramos la bronca

- No podía, no hubiese sido una sorpresa, pensaba dártelo mañana, pero me parece que ahora es el mejor momento para dártelo – Dijo Narcisa acariciando a su marido – Quiero que Severus se vaya, Lucius.

- Es que no entiendo qué tienes contra Severus. Tenéis que haber coincidido en Hogwarts, él era un año mayor que tú – Dijo Lucius acomodándola en su pecho - ¿Qué te hizo¿Te pegaba?

- ¿De qué hablas¡No! – Dijo Narcisa evitando soltar una carcajada. – Verás… - "O Lucius le mata o al menos le echará de casa" Hizo acopio de valor y dijo – Es que él me mira…

- ¿Te mira? – Dijo Lucius sin entender nada – ¿Y qué? Yo también te miro, y el elfo, y la sirvienta y…

- Lucius – Le cortó Narcisa – Me mira de manera poco decorosa – Dijo acompañando la frase de un gesto más que obvio – Y por eso os evito a los dos. Aquel día que le mandaste…

- ¿QUÉ?- Bramó Lucius interrumpiendo a su mujer y poniéndose de pie en la cama.

- Lucius por favor – Le dijo mientras tiraba de la manga para sentarle de nuevo – No quiero que te enfades con él. Solo decirte que es un hombre y que al estar solo se fue a fijar en mi – Mintió Narcisa acariciando a su marido apaciguadoramente.

- Mañana va a casa de su madre a comer – Dijo Lucius algo más convencido con la excusa que su mujer le había dado – Le diré que tengo problemas conyugales y que si por favor podría quedarse allí hasta que solucionase lo de los gnomos – Besó la cabeza de Narcisa que sonrió ampliamente – Se lo diré a primera hora de la mañana, antes de que te despiertes – Narcisa se dio la vuelta con una sonrisa radiante y le besó.


Y eso es todo de momento. Que si, que ya publico el capi 3 de La Venganza y ya sabeis que ando con otro fic más, pero bueno, espero que este os esté gustando. Si, está lleno de pastel, pero estoy intentando cambiar eso en el capítulo cuatro. Para los que os gusten esta pareja y los Merodeadores os advierto que mi nuevo proyecto anda por esas guisas.

Y lo dicho que muchas gracias por todo y nos vemos pronto, porque normalmente cuando vuelvo a tener que hacer muchas cosas me vuelve la inspiración (Ni idea de por qué)