Hola! Finalmente terminé el tercer capítulo :) En primer lugar me gustaría aclarar ciertos puntos.

1. El tiempo: pienso publicar cada 4-5 días, máximo una semana. Cuando pueda intentaré publicar más rápido pero entre las clases y mi vida personal no me da para escribir un capítulo de más de 20 págs en word. Así que me gustaría saber que prefieren (Que publique capítulos entre 12-15 páginas de word o más largos)

2. Si en algún momento me extiendo más del tiempo que dije será porque estoy acabando el capítulo y mejorándolo, ya que pienso esforzarme cada vez más con cada cap y hacer más interesante la historia tomando en cuenta las críticas constructivas y consejos :)

3. Por favor, pásense por esta pág: http: / laserpienteylapantera . blogspot . com / (sin los espacios) Ahí verán imágenes de cómo me imagino los personajes y tener una idea más clara de mi visión de ellos. También intentaré poner videos y otras cosas que puedan ser de su interés.

Emma-Monroe: Muchas gracias por tu apoyo y comentarios :) Me alegro de que te guste tanto la historia e intentaré explicar más detalladamente las cosas para que se les haga más fácil entender todo!

RoseMalfoy: Ya se verá pronto quién es Maya, todo tiene su tiempo! Muchas gracias por leer el fic y por tu comentario, valoro muchísimo sus palabras!

ClarisseMalfoy12: La realidad es que la pequeña Rose es demasiado tierna como para vengarse realmente! Jaja, así que digamos que todo entre Scor y ella irá desarrollándose lentamente, así que tengan paciencia.

Aquí va el capítulo, espero que les guste:

Capítulo III

Serpientes

1.-

Albus S. Potter

Albus se quedó completamente hipnotizado por esos ojos amarillos. Ni siquiera cuando la directora McGonagall les pidió que la siguieran, conduciéndolos hacia su despacho pudo desviar la vista. No fue hasta que entraron en el lugar que pudo concentrarse en lo que estaba sucediendo, había sido elegido para la competencia de supervivencia mágica. Al entrar, automáticamente recorrió los cuadros de los directores, pasando primero por Albus Dumbledore y finalmente por Severus Snape. Su mente volvió nuevamente atrás en el tiempo, recordando la primera vez que había entrado en el despacho de la directora.

Recordaba que lo primero que había pensado era que Severus Snape no tenía la apariencia que había imaginado. Los ojos del ex-director de Hogwarts se clavaron en los suyos con una expresión fría y hostil.

- Vaya, vaya. Había escuchado los rumores, pero verlo por mis propios ojos es algo diferente. ¿Un Potter en Slytherin? Esto sí que es el fin del mundo. – Dijo Snape, sarcásticamente.

Esta vez, Severus Snape no lo observaba con hostilidad como lo había hecho la primera vez. Simplemente lo miraba en silencio, con marcada curiosidad. McGonagall los hizo sentarse en un círculo alrededor de ella y sacó una pequeña caja que contenía unos brazaletes de plata, con un diseño relativamente sencillo.

- En primer lugar, les explicaré las reglas de la competencia. – Dijo, y sacó un pergamino, desenrollándolo con destreza – Hemos decidido junto a los demás profesores que los seis deben permanecer en Hogwarts. Deberán asistir a clases especiales de entrenamiento avanzado, de las cuales se encargarán los profesores seleccionados entre las tres escuelas.

Albus clavó sus ojos verdes y brillantes en Maya Leveque, quien tenía una expresión de fastidio.

- Deberán convivir aquí durante cuatro meses de preparación, con la oportunidad de volver a sus casas para las vacaciones de navidad, únicamente. Una vez termine el período de entrenamiento, se les enviará a un lugar remoto cargado con protecciones mágicas en el que deberán sobrevivir a las distintas pruebas que se les envíen. Por un mes. – Dijo.

Alexia Poulet abrió los ojos. La miró como si hubiera dicho una locura.

- ¡Un mes! ¿Acaso están locos? – Dijo la rubia, exaltada.

- Señorita Poulet, si no le gustan las reglas puede rechazar la competencia. Pero tenga en cuenta que estas reglas se han mantenido durante siglos y han funcionado perfectamente.

Arthur Dawlish se inclinó sobre su asiento y le dirigió una mirada de evidente confusión.

- Directora... ¿Ha muerto gente en esta competencia? – Preguntó.

McGonagall se tomó su tiempo para responder.

- Sí. Ha muerto mucha gente. No es una competencia fácil en absoluto. – Dijo la directora. – Ahora debo hacerles la pregunta. Estos brazaletes se quedarán adheridos a su muñeca como símbolo de que son participantes de la competencia. Les recuerdo, una vez acepten no habrá marcha atrás.

McGonagall se acercó primero a los chicos de Dumstrang. William aceptó sin ninguna duda, con una expresión de excitación. Como si se hubiera preparado toda su vida para entrar en la competencia. Arthur también aceptó con seguridad, aunque Albus pudo notar un atisbo de miedo en sus ojos. La siguiente en responder la pregunta fue la rubia de Beauxbatons, Alexia. Por un momento el moreno pensó que la chica diría que no quería participar, pero sorprendentemente también aceptó, aún cuando era evidente que estaba muerta de miedo. Luego McGonagall se acercó hacia Maya, la chica pelirroja de ojos amarillos, y le colocó un brazalete en la muñeca.

- Maya Leveque, ¿Juras participar en la competencia de supervivencia mágica, aún cuando esto signifique arriesgar tu vida y enfrentarte a situaciones extremas? – Preguntó la directora.

Maya clavó sus ojos amarillos en Albus, desafiándolo nuevamente. ¿Acaso ella había leído su intención de rechazar la competencia? El moreno estaba completamente confundido, no entendía por qué la chica lo observaba de esa forma, como si lo conociera y lo odiara con intensidad. Jamás había experimentado una situación semejante, ya que por alguna razón parecía simpatizarle a la mayoría de las personas. La pelirroja le dirigió una media sonrisa y respondió con seguridad.

- Sí, lo juro. – Dijo.

El brazalete pareció fusionarse a su muñeca, adhiriéndose completamente a la piel. La misma pregunta fue realizada por la directora hacia Emiliana Bones, quien aceptó con indecisión. Por último, McGonagall tomó el último brazalete y se acercó a Albus, con una mirada preocupada. El moreno agradeció el gesto y le sonrió.

- Albus, ¿Juras participar en la competencia de supervivencia mágica, aún cuando esto signifique arriesgar tu vida y enfrentarte a situaciones extremas? – McGonagall lo miró a los ojos – Piénsalo bien antes de responder, Potter. – Dijo la directora.

El moreno volvió su mirada hacia Maya, que lo observaba directamente. Las dudas que le habían asaltado antes desaparecieron por completo, y esta vez, sin titubeos, respondió:

- Sí, lo juro. – Dijo.

Albus sintió como el brazalete se unía a su cuerpo, y una sensación extraña recorriéndole las venas, una especie de adrenalina. Cerró los ojos momentáneamente, mareado por el torrente de emociones que lo habían sorprendido con la guardia baja. Una vez todos pudieron recomponerse, la directora volvió a reunirlos, hablando con mucha seriedad.

- Este juramento que acaban de pronunciar es inquebrantable. A partir de este momento, no importa lo que encuentren o las situaciones que vivan, no podrán abandonar la competencia. – Albus se estremeció ligeramente. – Su primera tarea será investigar sobre la historia de la competencia en las tres escuelas, sus ganadores y las pruebas que se han vivido anteriormente. Mañana encontrarán el nuevo horario en sus habitaciones. – Dirigió la mirada hacia Maya, Alexia, William y Arthur. – Representantes de Beauxbatons y Dumstrang, deben hablar con sus profesores, ellos los guiarán hasta sus nuevos dormitorios y les explicarán todo lo que necesiten saber con respecto a Hogwarts.

La primera en salir del despacho fue Maya. Albus pensó en seguirla para confrontarla y preguntarle cuál era su problema. Pero se vio detenido por el agarre de Emiliana, que lo observaba con expresión de terror. El moreno se sintió conmovido, ya que probablemente la chica había aceptado por orgullo, por el hecho de no dejar en mala posición a Hogwarts, pero era evidente que estaba muerta de miedo. La Hufflepuff era bastante pequeña para ser alumna de séptimo, se asemejaba en Albus en el color de cabello y ojos. Su piel era pálida, blanca, y sus facciones eran delicadas.

- Albus... ¿Podemos hablar? – Preguntó la morena con timidez.

El slytherin le dirigió una media sonrisa, con la intención de tranquilizarla. No supo que expresión había logrado, ya que la realidad era que él también estaba aterrado.

- Por supuesto, ¿Qué pasa?

Emiliana pareció dudar momentáneamente, respondiendo sin mucha seguridad.

- ¿Crees que podamos ayudarnos mutuamente? – La morena se sonrojó – Por lo menos mientras estemos aquí, en Hogwarts, y tengamos que prepararnos para la competencia.

Albus respondió instintivamente, sin pensarlo demasiado.

- Eso sería perfecto. – La morena sonrió, alegre – Tendríamos más oportunidades si trabajamos todos juntos. – Dijo.

Emiliana se despidió con amabilidad y Albus empezó a caminar hacia su sala común, intentando serenarse. Fue entonces cuando una figura femenina salió de la oscuridad. Sintió una presión en la espalda y en un abrir y cerrar de ojos se vio aprisionado por Maya Leveque contra la pared. Sus ojos se clavaron en los del moreno con intensidad. De repente, ocurrió lo impensado. Los labios de la pelirroja se fusionaron con los suyos en un beso apasionado.

Albus sintió una corriente eléctrica recorriéndole el cuerpo y no pudo evitar responderle con la misma intensidad. Su mente se quedó en blanco mientras disfrutaba del mejor beso que había tenido en su vida. Instintivamente, rodeó la cintura de Maya y fue en ese preciso instante cuando la pelirroja se separó. Sin decir una palabra, desapareció en la oscuridad del pasillo. Como una pantera cazando a su presa.

Le tomó varios minutos recomponerse. Primero intentó ordenar las ideas que se encontraban dispersas en su mente. ¿Qué demonios había ocurrido? Lo que más le impresionaba era la reacción que había tenido su cuerpo. Había besado a una chica anteriormente, pero jamás había experimentado el torrente de emociones descontroladas. Siempre intentaba ser racional y apaciguar sus instintos, pensar antes de actuar. Pero todo había ocurrido de manera tan rápida que lo había tomado totalmente desprevenido.

Intentó respirar pausadamente sin éxito. ¿Acaso conocía a Maya de antes y no la recordaba? Era la única razón que podía justificar el comportamiento de la pelirroja.

En ese momento, Albus no tenía idea lo que estaba a punto de atravesar, y más precisamente, que se había convertido en la presa de una pantera.

2.-

Rose W. Granger.

Todos en el comedor se quedaron en silencio, petrificados por la noticia. Ni siquiera cuando McGonagall les permitió retirarse y abandonó el gran comedor junto a Albus y los otro cinco seleccionados hubo algún movimiento. Nadie habló.

Aunque Albus era un slytherin, era muy querido por todas las casas. Poco a poco se había ido ganando el cariño de Hogwarts, siendo humilde, amable y un excelente estudiante. Siempre prestaba su ayuda para todo el que lo necesitara, además de que nunca se había metido en un problema con nadie. Además, si había logrado ganarse la confianza de Scorpius Malfoy era capaz de ganarse a cualquiera, pensó Rose. Se sentía muy afortunada de tenerlo como primo, pues siempre la defendía y apoyaba en todo. La pelirroja contuvo las ganas de llorar. ¿Por qué a Albus? Ella hubiera preferido tomar el lugar de su primo.

- Esto tiene que ser una broma. – Dijo Lorcan en la mesa de Slytherin, rompiendo el silencio.

Scorpius respondió con indiferencia.

- Evidentemente no lo es. – Dijo el rubio.

En la mesa de gryffindor, Rose se puso de pie y caminó a paso rápido, alejándose del gran comedor. Tenía que estar junto a su primo en ese momento tan difícil, era lo menos que podía hacer; apoyarlo. Scorpius lo notó y corrió a toda prisa para alcanzarla. Una vez la pelirroja estuvo en el pasillo, sintió una mano agarrándola del brazo. Se encontró con que era Scorpius Malfoy, respirando de forma agitada.

- Ahora no, Rose. – La gryffindoriana se estremeció ligeramente cuando escuchó su nombre pronunciado por el rubio. – Es mejor que lo dejemos solo. Seguramente necesita tiempo para digerir todo esto. – Dijo.

Rose se soltó del agarre del slytherin, colocando una distancia prudencial entre ellos.

- Creo que lo conozco lo suficiente como para saber lo que le conviene y lo que no, Malfoy. – Dijo, con un tono cortante.

Scorpius clavó sus ojos metálicos en los de ella, y respondió con sinceridad.

- Sé que lo conoces, eres su prima. Pero esto lo estás haciendo por ti, porque no puedes soportar la idea de que alguien a quien quieres esté en peligro. – Dijo el rubio.

La pelirroja lo observó con desprecio.

- No pretendas conocerme. – Dijo Rose, con frialdad.

La gryffindoriana le dirigió una última mirada de odio y dio media vuelta, sin dejarlo responder. El rubio reaccionó instintivamente y la interceptó, cerrándole el paso. La tomó por los brazos y la empujó contra la pared sin lastimarla. Acercó su rostro al de Rose, y la pelirroja sintió la angustia crecer en su interior. Él no estaba ejerciendo mucha fuerza sobre ella, sólo la necesaria para mantenerla inmóvil, pero no era eso lo que estaba lastimándola, eran sus ojos, su mirada. Las pupilas de Scorpius se habían dilatado, dejando un mínimo de gris metálico. Su mirada era fría, peligrosa y distante; la misma mirada que había visto años atrás.

Scorpius intentó no dejarse dominar por la rabia que recorría su cuerpo. Pero nadie, absolutamente nadie lo dejaba con la palabra en la boca.

- Weasley. – Rose sintió el aliento del rubio golpeando su rostro – Eres una niña mimada e inmadura. No soportas que alguien te diga la verdad en tu cara porque estás acostumbrada a que te besen los pies, pues bienvenida a la realidad. Yo soy solo uno de muchos que se darán cuenta de que tú eres una chica más; una muy simple y aburrida chica, crece de una vez. – Dijo, venenosamente.

Rose se quedó paralizada. Scorpius había dado justo en el blanco. Contuvo las ganas de llorar y lo empujó con fuerza. Una vez se vio liberada del agarre del rubio empezó a correr, alejándose todo lo posible del slytherin; tenía que alejarse de las palabras ponzoñosas que amenazaban con destruir la poca seguridad que le quedaba. Una vez llego al dormitorio, se lanzó a la cama, cubriéndose la cabeza con la almohada y gritó; gritó hasta que se quedó sin aire y sus emociones se apaciguaron. ¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué las palabras del rubio siempre lograban afectarle más de lo que deberían? Quizás era porque aunque no quisiera aceptarlo, él la conocía, y muy bien. Aunque quizás, se debía simplemente a que Scorpius Malfoy era una serpiente; una serpiente muy venenosa.

3.-

Lorcan

Lorcan se encontraba caminando hacia el campo de Quidditch. Había decidido darse un paseo por el campo para despejar su mente. Aún no podía creer lo de Albus, y no tenía idea de cómo reaccionar. Pensó en sacar su escoba y volar durante algunos minutos, ya que todavía faltaba para que empezaran los entrenamientos, y tomando en cuenta el hecho de que su capitán había sido elegido para una prueba increíblemente peligrosa las posibilidades de que necesitaran elegir a uno nuevo eran altas, y eso seguro les quitaría tiempo. Pero cuando alzó la vista para inspeccionar el campo se dio cuenta de que había una chica que se le había adelantado; Lily Potter.

El rubio la observó volar con agilidad y destreza. La pelirroja incluso lanzó unas cuantas quaffles con excelente puntería, tiros que probablemente hubieran engañado hasta al mejor guardián. Su mente evocó instintivamente la imagen de Lily en la laguna y en conjunto con la visión de la gryffindoriana jugando Quidditch con una habilidad asombrosa empezó a sentir que su corazón palpitaba con más fuerza y un calor allí abajo. Automáticamente, intentó pensar en otra cosa, y en ese momento de indecisión se distrajo, sin darse cuenta de que la pelirroja había aterrizado y se acercaba sigilosamente hacia él.

- Scamander. – Lorcan dio un salto por la impresión – ¿Ahora no sólo espías a menores medio desnudas si no también vestidas? – Preguntó, esbozando una sonrisa divertida.

Lorcan no pudo evitar sonreír.

- ¿Cómo es que no sé nada de ti y prácticamente convivimos en la misma casa todas las vacaciones? – Preguntó el rubio.

Lily se cruzó de brazos y adoptó un aire pensativo.

- Es una familia muy grande. - Hizo una pausa – Además, soy una chica misteriosa. ¿O acaso no has escuchado los rumores? – Preguntó, dirigiéndole una mirada intensa.

Ambos soltaron una carcajada y fue en el momento en el que la pelirroja rió genuinamente cuando Lorcan entendió porqué era tan popular en Hogwarts. Era mucho más hermosa cuando reía. Su sonrisa era perfecta y se hacían unos pequeños hoyuelos en sus mejillas que la hacían ver incluso más sensual. El rubio se sentía completamente intrigado por conocerla y saber quién era en realidad.

- Creo que tendremos una gran competencia este año. – La pelirroja adoptó una expresión de profundo interés – Vuelas bastante bien. – Dijo el rubio, con sinceridad.

Lily enarcó una ceja.

- Te equivocas, serpiente. – La gryffindoriana le dirigió una media sonrisa juguetona – Conmigo en el equipo, Gryffindor no tendrá competencia. – Dijo, con seguridad.

La pelirroja se dio media vuelta, dispuesta a dar una salida triunfal y misteriosa. Pero Lorcan la detuvo y clavó sus ojos color avellana en los de ella.

- ¿Quieres que te demuestre lo que es un verdadero equipo de Quidditch? – El rubio se acercó y le susurró en el oído. – Nos vemos mañana a las cuatro en punto, en este mismo lugar.

La más pequeña de los Potter lo observó marcharse y pensó en hacer lo mismo que había hecho siempre, rechazar su invitación. Pero si había algo que la intrigaba totalmente era el Quidditch, y se moría de curiosidad por ver lo que el slytherin quería mostrarle. Además, la gryffindoriana era una leona que sabía jugar, y si la pequeña serpiente pretendía que podía enfrentarse a ella saliendo ileso, estaba por estrellarse contra su propia pared. Lo que Lily Potter no sabía en ese momento, es que la curiosidad había matado al gato, y en este caso, terminaría aplastando al león.

4.-

Yo, Albus.

Albus se despertó con un grito, empapado en sudor y con la respiración agitada. Al principio sus sueños se habían dirigido en la misma dirección que lo habían hecho antes, los ojos amarillos que se transformaban en una pantera. Pero luego la pesadilla había dado un giro radical, esta vez era él quien perseguía a la pantera gritando y con una angustia que crecía rápidamente en su interior; angustia de perderla y quedarse solo mientras ella desaparecía en la oscuridad del bosque.

Automáticamente, su mente revivió la escena del día anterior; el beso que le había dado Maya Leveque. Albus intentó apartar la imagen de la pelirroja de su mente. Se levantó, tomó una ducha rápida y bajó velozmente al gran comedor. Cuando se sentó en la mesa de Slytherin junto a Scorpius, sintió la mirada de todos clavándose en su espalda. ¿Miradas de compasión? ¿Miradas de admiración? No lo sabía, pero la realidad era que nunca le había gustado ser el centro de atención, situación con la que había tenido que lidiar constantemente por ser el hijo de Harry Potter y Ginny Weasley.

El moreno intentaba que no le afectara demasiado, pues sabía que existían cosas mucho peores. Notó que su mejor amigo tenía la mirada perdida y una expresión indiferente. En su mente se formó una idea bastante clara de lo que podía estar pasando por la cabeza del rubio.

- Scor. – Le llamó Albus.

Scorpius se mantuvo en la misma posición, sin inmutarse. Parecía encontrarse en su propio mundo. Albus se preguntó de dónde había sacado ese aire tan misterioso y concluyó que probablemente era de Draco Malfoy, ya que su madre parecía ser una mujer bastante animada y amable.

- Rose viene hacia acá. – Dijo Albus.

El rubio dio un salto por la impresión y fijó sus grandes ojos metálicos en los del moreno.

- ¿Qué? – Preguntó, confundido.

Albus le señaló disimuladamente hacia la entrada del comedor y Scorpius se encontró con la figura de Rose Weasley, quien se acercaba rápidamente hacia ellos. El rubio desvió la mirada con culpabilidad y simuló que estaba comiendo. La pelirroja se acercó hacia su primo y lo abrazó con fuerza. Albus le acarició suavemente el cabello y luego le sonrió. Rose era increíblemente tierna.

- Al... Yo. – Dijo la pelirroja, con una expresión preocupada.

El moreno negó con la cabeza.

- Deja de preocuparte por mí, estaré bien. – Dijo, con firmeza.

Albus miró de reojo a Scorpius quien se encontraba jugando con la comida. La gryffindoriana se sentó al otro lado del moreno y ambos empezaron una conversación normal cuidándose de no tocar el tema de la competencia. De repente, Albus tuvo una idea. Quizás lo único que necesitaban tanto Rose como Scorpius era un pequeño empujón.

- Rose, Scor. Tengo que ir a la biblioteca. ¿Les importa esperarme unos minutos aquí? Hay algo que quiero decirles. – Dijo.

Ambos adoptaron una expresión de incomodidad, pero asintieron débilmente. Cuando Albus se puso de pie notó que tanto su prima como su mejor amigo guardaban la mayor distancia que podían, como dos imanes repeliéndose mutuamente. "Bueno, los opuestos se atraen", pensó.

Caminó con tranquilidad hasta llegar a la biblioteca y se propuso buscar uno que otro libro que pudiera contener información sobre la historia de la competencia en Hogwarts, pero tan pronto cuando entró sus ojos se dirigieron hacia la figura de Maya, quien se encontraba sentada en una mesa frente un gran ventanal de colores. La luz del sol penetraba la ventana e iluminaba el rostro de la pelirroja, resaltando su belleza.

Definitivamente, ella era la chica más hermosa que había visto jamás. Tenía un rostro ligeramente ovalado y unas facciones perfectas. Sus labios eran color rosa natural, mientras que su cabello era liso en la parte superior, cayendo en ondas hasta su cintura. Su nariz era pequeña y su piel blanca porcelana. Se preguntó si tendría algo de veela en su sangre, porque realmente jamás se había sentido así de embelesado por una mujer. Se quedó momentáneamente hipnotizado por sus suaves curvas, sus labios color fresa carnosos y sus ojos de un color amarillo leonados, increíblemente intrigantes.

La pelirroja parecía estar totalmente absorta en la lectura, fue por esa razón que Albus dio un respingo cuando escuchó la voz de Maya dirigiéndose hacia él, sin mirarlo.

- ¿Qué quieres, Potter? – Preguntó en un tono neutro.

Albus se acercó a ella y se sentó en la mesa, dirigiéndole una sonrisa amable.

- En primer lugar, me gustaría preguntarte si acaso nos conocemos de antes. – Hizo una pausa – Esa es la única razón que se me ocurre para justificar lo que pasó ayer. –Dijo el moreno.

Maya enarcó una ceja y le dirigió una mirada de confusión.

- ¿Lo que pasó ayer? – Dijo, y le dirigió una mirada indiferente – No sé de qué hablas.

El moreno clavó sus ojos maduros e inteligentes en los de la pelirroja y habló con serenidad.

- Maya, creo que no tienes idea de quién soy. No me gustan este tipo de situaciones, si no hablamos no podremos solucionar nada. Estoy acostumbrado a no pelear y no adoptar una actitud infantil. Te pregunto otra vez, ¿Por qué me besaste? – Preguntó.

La pelirroja bajó la guardia y Albus pudo percibir en sus ojos un atisbo de dolor.

- Quizás sí, quizás no. Eso tendrás que descubrirlo tú. Ahora, si me disculpas, tengo cosas que hacer. – Dijo, aun manteniendo una gran distancia entre ellos, y no precisamente física.

- Espera, hay otra cosa que quiero preguntarte. – Dijo el moreno.

Maya no pudo evitar recorrer el cuerpo y rostro del moreno. Recordaba haber entrado al gran comedor y haberlo notado casi de manera automática. Tenía el cabello ligeramente desordenado, la piel blanca, pómulos marcados y unos ojos increíblemente hermosos e inteligentes. Además de que los músculos de sus brazos y abdomen se marcaban aunque llevaba el uniforme, su nariz era ligeramente respingada y sus labios tenían las proporciones perfectas. Unos labios que ya había probado y encontrado bastante suaves.

- ¿Qué? – Dijo, con fastidio.

- Creo que deberíamos trabajar juntos, mientras estemos aquí en Hogwarts. A ti te serviría de ayuda mi conocimiento sobre la competencia y el castillo, y a mí me serviría cualquier información que tengas sobre la historia de la competencia en Beauxbatons. Tendríamos más posibilidades si nos ayudamos entre todos. – Dijo, con amabilidad.

La pelirroja pareció no estar muy segura de qué hacer.

- Primero tendrás que probarme que eres digno, serpiente. – Maya le dirigió una media sonrisa, desafiándolo. – Te reto a un duelo. Mañana. En la torre de astronomía a medianoche. – Dijo, y volvió la vista hacia el libro que tenía en las manos, dando por terminada la conversación.

Albus sonrió, sintiéndose mejor al saber que por lo menos no se había ganado el odio de Maya, o eso creía. La pelirroja lo observó ponerse de pie y caminar hacia la salida de la biblioteca, cuando de repente se tropezó con una chica de Gryffindor que se sonrojó y le dirigió una sonrisa coqueta al moreno. Maya frunció el ceño. Albus parecía tener demasiadas admiradoras en Hogwarts.

4.-

Scorpius Malfoy

Scorpius maldijo en su mente. ¿Por qué demonios Albus había tenido que dejarlo a solas con Rose justo en ese momento? Sentía la tensión emanando de cada uno de sus poros y no podía dejar de mirar a la pelirroja con culpabilidad. Ella se encontraba leyendo un libro tranquilamente, ignorando por completo al rubio. Definitivamente Rose Weasley terminaría acabando con su vida.

Rose sintió la mirada del slytherin clavándose en su nuca durante algunos minutos, incomodándola. Al principio decidió ignorarlo, pero después de un rato se volvió insoportable y lo miró directamente con frialdad.

- ¿Acaso nunca te han enseñado que quedarse mirando a alguien es de mala educación, Malfoy? – Dijo, irritada.

Scorpius le dirigió una media sonrisa divertida, arrogante.

- No puedo evitarlo, tu belleza es abrumadora. – Dijo sarcásticamente.

Rose se puso de pie, dispuesta a alejarse nuevamente de la serpiente.

- Estoy harta de ti. – Lo observó con desprecio. – No tengo idea de qué te hice, pero estoy segura de que nada merece que me trates como si fuera una inútil. No sé ni siquiera porqué intenté razonar contigo.

La pelirroja entornó los ojos y abandonó el gran comedor rápidamente. Scorpius la siguió, esperando que estuvieran lo suficientemente lejos de todos y la acorraló en contra de la pared. Observándola con sus grandes, intensos y metálicos ojos. Por alguna razón, siempre terminaban en esa posición. Tenía que hacer algo. La situación se estaba convirtiendo en algo repetitivo; una especie de caza en la que siempre terminaba arrastrándose hasta los pies de la gryffindoriana. ¿Era acaso él la presa? ¿O era el cazador?

- No sé porque me molesto yo en decirte esto, Weasley. Pero... Discúlpame. – Parecía que le había costado muchísimo pronunciar la palabra. Rose se relajó un poco, bajando la guardia. – No pretendí ofenderte, pero la realidad es que jamás te he agredido de ninguna forma.

Rose lo observó en silencio durante algunos segundos. Sí, tenía razón. La verdad era que se sentía completamente molesta e irritada porque Scorpius la conocía. Quizás era simplemente que era transparente y fácilmente descifrable, pero había dado en el blanco una y otra vez. Sabía cómo irritarla sin agredirla, pues aunque le costaba reconocerlo, Scorpius Malfoy era todo un caballero.

- Muévete, tengo pociones y voy tarde. – Dijo la pelirroja, cortante.

Scorpius le sonrió con diversión y le colocó un mechón de cabello detrás de la oreja, acariciando ligeramente su rostro.

- Qué casualidad, yo también. – Dijo el rubio.

La gryffindoriana se dio media vuelta dispuesta a perder de vista al rubio. Su cabello se agitó ligeramente, desprendiendo un olor a rosas que fue captado inmediatamente por Scorpius. Se quedó momentáneamente prendido al olor; el olor más perfecto que jamás había percibido de una mujer. El slytherin la siguió hasta que llegaron al aula de pociones, dándose cuenta de que ambos habían llegado tarde y que el profesor les dirigía una mirada severa.

- Weasley, definitivamente esto no lo esperaba de ti. – Rose bajó la mirada, avergonzada – Del señor Malfoy no me sorprende, ya que parece que no le interesa en lo más mínimo asistir a mi clase. Cinco puntos menos para cada uno, y tendrán que trabajar juntos ya que todos los grupos están llenos.

Todos en el salón observaron a Scorpius y a Rose con curiosidad. Una cosa era ver a un Potter y a un Malfoy juntos, que ya se había hecho normal en los últimos años, pero la rivalidad de parte de los Weasleys aún seguía tangente. La pelirroja se sentó, irritada por todo lo que estaba haciendo el rubio con su vida. Desde que había decidido pedirle que fueran amigos todo había cambiado, y para mal. Antes por lo menos las peleas no la afectaban emocionalmente ni académicamente. Había pasado seis años en Hogwarts sin perder ningún punto, cosa que acababa de cambiar gracias al engreído, arrogante y despreciable Scorpius Malfoy.

El rubio sintió la ira de la gryffindoriana, dándose cuenta de lo que había provocado. En realidad no había querido llegar tan lejos, pero por alguna razón molestarla le daba un placer excepcional. Todo en su vida era increíblemente aburrido, encontrar algo interesante y que le divirtiera un poco era como encontrar una aguja en un pajar, y desde que se había dado cuenta de que le encantaba pelear con Rose Weasley la había empezado a buscar inconscientemente, todo sin darse cuenta del daño que le estaba haciendo, ya que de una manera u otra ella era una mujer. "Una increíblemente hermosa", pensó, mientras observaba la curvatura de sus labios color fresa.

Decidió que intentaría ser un poco más amable, dejarla hacer la poción sin estorbar y ayudarla en silencio. Pero ella no se daba cuenta de todo lo que estaba haciendo por ella, lo ignoró por completo. El rubio sintió que estaba siendo exageradamente considerado, pero que sus esfuerzos eran insignificantes para la pelirroja. De manera automática sintió la ira recorrer sus venas. ¿Quién se creía que era? Ahí estaba él, doblegándose por una Weasley mientras ella lo trataba como si fuera un inútil.

¿Pero eso no era lo mismo que había hecho él con ella?

No. Rose era vengativa e inmadura, y ese era el problema. Se había topado con una rosa; y desafortunadamente, toda rosa tiene espinas.

5.-

Faltaban exactamente cinco minutos para las cuatro de la tarde. Lorcan se encontraba caminando de un lado a otro en el mismo lugar que había estado el día anterior, cerca del campo de Quidditch. ¿Por qué estaba tan nervioso? Quizás se debía a que la gryffindoriana tenía un carácter fuerte que lograba poner nervioso a cualquiera. Empezó a temer que no apareciera, cosa que no sería raro. Lily Potter era la chica más popular y codiciada de Hogwarts, ¿Y quién era él? Al lado de Scorpius o Albus no era la gran cosa.

Alzó la vista, y a lo lejos divisó la figura femenina de la pelirroja. Suspiró, aliviado. Se acercó hacia ella y le sonrió animadamente.

- Pensé que no vendrías. – Dijo el rubio.

Lily lo observó con indiferencia.

- Lógicamente. Espero que no me hagas perder mí tiempo, Scamander. – Dijo la pelirroja.

Lorcan sonrió y le indicó que lo siguiera. El rubio los dirigió hacia un pasadizo que llevaba a Hogsmeade y se dirigieron a las tres escobas. Instintivamente dirigió su mirada hacia Lily y como siempre, se quedó embelesado por sus finas facciones, por las pequeñas pecas en sus mejillas y sus ojos azul marino. No sólo se sentía atraído por su físico, había algo en la forma en la que se comportaba que resultaba increíblemente intrigante.

Lily enarcó una ceja.

- ¿Esto es lo que ibas a mostrarme? – Le dirigió una sonrisa desafiante – No van ni diez minutos de esta salida y ya estoy aburrida. Qué decepción.

Al slytherin no le sorprendió la actitud de la leona.

- Claro que no. Esto es solo el calentamiento. – Lorcan le hizo señas al mesonero – Pensé que podríamos tomar algo antes de la sorpresa que te tengo, no creo que aguantes ver algo tan asombroso de todas formas.

A la pelirroja le gustó la respuesta. Lorcan no era como la mayoría de los hombres que la acosaban constantemente.

- Creo que te sorprenderías si supieras lo que soy capaz de aguantar, Scamander. – Dijo, venenosamente.

Lorcan le sonrió, cada vez más intrigado por la gryffindoriana. Pidió dos whiskys de fuego y ambos bebieron en silencio; pero no un silencio incómodo, ya que asombrosamente a los dos les agradaba el silencio y se preocuparon en observarse mutuamente, examinándose, probándose.

- ¿Entonces? – Lily se cruzó de brazos – ¿Nos quedaremos aquí toda la tarde o qué?

El rubio le sonrió y la guió entre callejones que ella jamás había visitado hasta llegar a lo que parecía ser un pequeño estadio de Quidditch. La cantidad de bancas era mínima, y por supuesto, el lugar no estaba adornado con los diferentes escudos de las casas como en Hogwarts. Parecía bastante descuidado, pero no fue eso lo que le llamó la atención. Un grupo de niños volaban sobre unas escobas desgastadas lanzándose la quaffle y soltando risas. La gryffindoriana no podía recordar la última vez que había visto a alguien disfrutar tanto del Quidditch, y entonces se sintió identificada, recordando porqué le gustaba tanto el deporte en primer lugar.

Lorcan le hizo un gesto y la invitó a subirse a una escoba, mientras él se subía a otra. Ambos volaron sobre el campo y se unieron al grupo de niños, que no tenían más de once años.

- Hola chicos. – Los niños se detuvieron y observaron a la pelirroja con intriga – Ella es Lily, y le gustaría jugar con nosotros hoy. ¿Quién la quiere en su equipo? – Preguntó el rubio.

Todos alzaron la mano, sonrientes. Lily se sintió conmovida y no pudo evitar sonreírles de vuelta.

- Está bien, Lily jugarás para Alex. – Señaló a un niño bastante pequeño, de cabello castaño y con pecas. – Y yo jugaré para el otro equipo.

Ambos se posicionaron en lados diferentes y los niños se colocaron en formación. La pelirroja observó a una niña de cabello color miel colocarse debajo de ellos y lanzar la quaffle, mientras sonaba el silbato al mismo tiempo. Lily pensó que por ser niños de once años probablemente jugarían mal, pero se había equivocado. En un instante, Alex había atravesado el campo con una velocidad tan grande que lo había perdido totalmente de vista. No lo vio hasta que lanzó la quaffle, atravesando el aro del medio.

- ¡Punto para los guepardos! – Gritó la niña.

El resto del partido transcurrió bastante igualado. Lorcan anotó unos 60 puntos mientras que Lily anotó casi 100. Aunque la gryffindoriana sentía que el rubio estaba reprimiéndose, dándoles la oportunidad a los chicos de lucirse y darle una lección de lo que era realmente el Quidditch. El partido finalizó 370 puntos para los guepardos y 310 para los avestruces. Observó al slytherin bajarse de su escoba y darle un beso en la mejilla a la niña de cabello color miel, y fue en ese instante en el que supo que estaba completa y totalmente perdida.

Lorcan se acercó hacia ella y le sonrió con alegría.

- ¿Y entonces? ¿Cumplió sus expectativas, mi lady? – Preguntó el rubio, mientras hacía una reverencia.

Lily entornó los ojos y se dio media vuelta, ocultando la sonrisa que se había formado en su rostro.

- Digamos que no estuvo tan mal. – Dijo la pelirroja.

Ambos se dirigieron nuevamente hacia el castillo a través del pasadizo secreto y se dieron cuenta de que ya había anochecido. Procuraron no ser vistos por nadie mientras Lorcan acompañaba a la gryffindoriana hacia su sala común. El rubio la observó en silencio, sintiendo como su corazón empezaba a palpitar con rapidez.

Lily por primera vez le dedicó una sonrisa amable. Sin sarcasmo, sin segundas intenciones.

- Me divertí mucho hoy. Gracias por hacerme recordar porqué amo tanto el Quidditch. – Dijo la pelirroja, se acercó al slytherin y le dio un pequeño beso en la mejilla y luego, desapareció en la oscuridad, dejando al rubio con una satisfacción y alegría que creyó que jamás podría llegar a sentir.

6.-

Albus tomó la capa invisible que había heredado de su padre y se dirigió a la torre de astronomía, esperando no encontrarse con ningún prefecto en el camino. Tuvo suerte. Cuando llegó al lugar, se dio cuenta de que Maya ya había llegado. Sabía que debía haberse quitado la capa inmediatamente al llegar, pero por alguna razón no lo hizo. Se quedó inmóvil, observándola. Ahí, sola, la pelirroja tenía una expresión totalmente inocente. Se preguntó si la actitud que había tenido hacia él sería solo una fachada.

Finalmente se quitó la capa y se acercó lentamente hacia ella, intentando no sobresaltarla.

Maya lo vio y clavó sus ojos amarillos en él.

- Llegas tarde, Potter. – Dijo.

Albus le sonrió, despreocupado.

- Discúlpame, Maya. – Dijo, con sinceridad.

La pelirroja se sintió momentáneamente mareada. Jamás había conocido a alguien tan transparente. Cada palabra que el moreno decía era sincera, cómo si no temiera ocultar nada de sí mismo. Sacó su varita del bolsillo y le dirigió una mirada de completo desafío.

- Saca tu varita, serpiente. – Dijo la pelirroja.

Albus se colocó en posición, sacó su varita y se acercó hacia Maya. Ambos alzaron sus varitas, luego la bajaron y dieron media vuelta. Un paso, dos pasos, tres pasos y:

- ¡Expelliarmus!

- ¡Rictusempra!

La varita de Maya salió despedida por los aires, mientras Albus se mantenía de pie, ileso. La pelirroja abrió los ojos, sorprendida. Al principio se sintió ofendida. ¿Cómo había sido derrotada por una serpiente en un solo hechizo? Pero poco después las palabras del moreno atravesaron su mente. "Estoy acostumbrado a no pelear y no adoptar una actitud infantil" Y ella no podía seguir comportándose de una forma tan inmadura. Por lo que simplemente lo observó en silencio.

- Vaya, eres mejor de lo que pensé. – Dijo.

El moreno le dedicó una amplia sonrisa.

- ¿Me dejas mostrarte algo? – Preguntó el slytherin.

Maya asintió débilmente. Albus le indicó que lo siguiera hasta la cumbre de la torre de astronomía y abrió la cerradura de la puerta que se encontraba bloqueándoles el paso. La pelirroja observó impresionada cómo se veía el cielo desde aquel lugar. Las estrellas parecían brillar con mayor intensidad, mientras que la luna se veía increíblemente cerca. Un viento refrescante les golpeaba el rostro con suavidad. Instintivamente cerró los ojos, era un lugar muy hermoso.

Albus se acostó en el suelo y se quedó mirando el cielo estrellado en silencio. Maya lo imitó, colocándose a su lado.

- Eres extraño. – Dijo la pelirroja.

El moreno observó sus ojos amarillos, que brillaban en la oscuridad de la noche.

- Tú no te quedas atrás.

Maya sonrió, la respuesta le había gustado.

- Esto es hermoso. – Dijo, mientras observaba el cielo con admiración.

En ese momento, Albus se preguntó momentáneamente qué era más hermoso, si el cielo estrellado o Maya Leveque.