N.A: Por fin he acabado el capítulo, pensé que moriría. xD Muchísimas gracias por vuestro apoyo, no tenéis ni idea de lo mucho que me ayuda. ;; Espero que os guste el cap, amor para todos/as.

Pairing: RiRen [LevixEren]

Advertencias: BxB, si te desagrada el género, mejor escapar ahora. OoC. [Sorry not sorry. (?]

Disclaimer: Shingeki no Kyojin y sus personajes le pertenecen a Hajime Isayama.


Étude Op. 10 No. 3


Eren no era un chico cualquiera y Levi se encargó de descubrirlo desde el día de la audición.

Sólo para empezar, desde que el sonido de su violín llego a los oídos del moreno aquel Miércoles, la música ocupó el cien por cien de sus pensamientos —aunque antes lo hacía en un noventa y cinco, la diferencia no era demasiada—, las ganas de poder tocar de nuevo le podían más que nunca, pero la realidad se encargaba de recordarle su actual situación cuando sus dedos tocaban de más el piano. Era bastante cruel. Por eso a veces le gustaba simplemente echarse en el suelo del aula de música —tras las clases, mientras los demás acudían a clubes en los que por lo menos aparentaban hacer algo—mirando a la nada, tocando en el más libre instrumento jamás creado, su propia imaginación, que le permitía tocar cualquier composición, sin ningún tipo de limitación. Sus dedos se deslizaban por la nada, posándose en teclas rellenas de aire que su propia mente había creado, mientras los sonidos de cada toque aparecían de manera ordenada.

–Eh, Levi. Toda una sorpresa no verte golpeándolo el teclado.

El pequeño momento de tranquilidad del más bajo fue interrumpido por una voz bastante más grave que la que últimamente se alojaba en sus pensamientos. Suspiró cansado ante la idea de tener que levantarse y mantener una conversación con Erwin, preferiría mil veces quedarse tirado en el suelo fingiendo estar muerto pero sabía que entonces el rubio llamaría a Hanji, quién encantada se encargaría de comprobar que tan muerto estaba lanzándole extraños experimentos a la cara. Ya había pasado una vez y no le apetecía en demasía repetir la experiencia.

–También es toda una sorpresa verte a ti por aquí, pensé que el consejo estudiantil y hacer una cuidada selección de las ofertas de peluquines en AliExpress te dejaba sin tiempo para perder con alguien como yo.

–Tan ingenioso como siempre, Levi. —Erwin ya estaba tan acostumbrado a las contestaciones mordaces del más bajo, así que más que enfadarse, se sentía satisfecho por haber recibido una respuesta—Pero tienes razón, mi tiempo últimamente es muy limitado.

–Entonces no deberías estar aquí perdiéndolo, solo ocupas sitio.

–Ocupo bastante más sitio que tú. —Aquello logró el objetivo del rubio, que vio como el moreno se levantaba para encararle, ya que hasta ahora había estado tirado en el suelo, contestándole sin siquiera mirarle— Eh, tranquilo, tranquilo. Vengo en son de paz, sólo quería devolvértela. A lo que vamos, deberías entender que sí estoy aquí cuando podría estar haciendo cosas más beneficiosas para mi persona, es que se trata de algo importante.

Levi respiró hondo, posando una de sus manos sobre el puente de la nariz, las ganas de arrancarle las cejas de una pasada a Erwin crecían en él como una planta al sol. Pero tenía que tranquilizarse, una pelea en el aula de música solo provocaría:

a) Una catástrofe de la suciedad, y limpiar sangre no era la cosa más sencilla del mundo, la verdad.

b) Otra sesión de "Levi, eres un buen alumno, pero tus acciones violentas no están permitidas en el centro, me temo que…" con el director, que al moreno no le interesaba escuchar.

–Pues si es tan importante habla de una vez, cejudo. —Atacó Levi, mejor el daño psicológico a dejar la sala de música hecha una hecatombe—

–Verás, Hanji e Isabel me han dicho una cosa curiosa por la mañana. —Si esas dos estaban incluidas, el de tez pálida ya sabía que la conversación no sería buena para él— Que hoy, de camino al instituto, estabas raro. Y además, no estás tocando el piano. No me negarás que es algo anormal.

Tal como había previsto, la charla giró acerca de los desvaríos mentales de ambas chicas. Suspiró cansado, ¿qué tan mal había hecho durante su vida para merecer este castigo divino? ¡Oh, Higia, ¿por qué?! Si se había asegurado que ninguna mota de polvo habitase en su hogar antes de salir camino a la academia.

–… y creen que el causante podría ser Eren. —Oh, sí, porque Erwin no había acabado, y con el final de la oración se había lucido más que nunca. Levi comenzó a preguntarse cuánto costaría un internamiento en un manicomio, porque a sus amigos parecía hacerles mucha falta.

–Déjame entenderlo. ¿Me estás diciendo que aunque no ha pasado ni siquiera un puto día Hanji e Isabel me han analizado psicológicamente gracias a sus nulos conocimientos en psicología y han determinado que la causa de mi supuesto cambio de hábitos se debe a un asqueroso crío maleducado, malhablado e insoportable que conocí ayer por primera vez en mi maldita vida? ¿Es eso? ¿Han sorteado papeletas para ganar retraso hoy y os han tocado todos los premios o qué coño os pasa por la cabeza?

–Me parece que están en lo correcto. —Determinó el rubio, sin dejar de mirar al moreno.

No es que Erwin estuviese sordo, había escuchado perfectamente a Levi y aquello era lo que lo había llevado a su conclusión. En casos como estos —porque no era la primera vez que tenía que acudir al lugar para hablar con el más bajo sobre alguna teoría de Hanji, Isabel, o ambas— Levi solía ignorarlas, como mucho contestándole con "me la suda lo que piensen" o "me importa tanto lo que digan como tu carencia de cabello, ya ves tú". Pero hoy había sido diferente, el moreno había explotado, soltando improperios por todos lados, insistiendo demasiado en los "defectos" de Eren y tratando de desvirtuar cualquier cosa que proviniese de ambas chicas. Parecía estar tratando de convencerse más a sí mismo que cualquier otra cosa.

– ¿Has pegado hoy tu peluquín con algún producto corrosivo? Porque creo que se te ha metido en el cerebro y te ha matado todas las jodidas neuronas, y eso que ya tenías pocas. —Escupió Levi, incapaz de entender de donde sacaban esos tres esas tonterías.

–Sabes que eso es imposible, Levi. Y ahora hablemos de lo serio, no hay nada de malo en que Eren haya cambiado algo en ti, de hecho, creo que te hacía bastante falta. Diría que tu cejo está fruncido en al menos tres grados menos de lo habitual. ¿Ves? Ahora no darás tanto miedo cuando vayas por el pasillo, me han llegado rumores sobre gente que acababa llorando solo por la cara con la que los mirabas. Todo son ventajas, deberías juntarte más con él.

–No me jod–

– ¡ERWIN SMITH, SÉ QUE ESTÁS AQUÍ!

La escandalosa voz se hizo presente, evitando que Levi respondiese al incoherente comentario de Erwin. Ambos conocían a la poseedora de ese chillido tan característico que recorría los pasillos como si hubiese sido lanzado mediante un megáfono. También conocían esa manera apresurada de correr por los pasillos, haciendo sonar sus pisadas como las de un titán enfurecido. Era sorprendente la cantidad de ruido que Isabel, siendo tan pequeña, podía hacer. Y también la fuerza que tenía, el moreno estaba seguro que de no ser porque la puerta era muy consistente, la pelirrojo la habría partido a la mitad allí mismo del portazo que le propinó. Parecía enfadada, y eso no era buena señal.

– Claro que estoy aquí, Isabel, vosotras mismas me pedisteis que hablase con Levi… —Fue lo único que respondió el rubio, con una mirada de confusión en el rostro, todo lo contrario a la ardiente de Isabel, sus ojos clamaban enfurecidos lo que su silencio no contaba—

– ¡No trates de hacerte el bueno ahora, cerdo! —La chica de ojos verdes emanaba furia por todos lazos, parecía que en cualquier momento se lanzaría a estrangular al rubio, y, bueno, Levi no sería quién se lo impidiese— ¡Acabo de ver a Mina llorando a moco tendido porque el señor rubiales no le ha hecho maldito caso en dos semanas! ¡Pensé que habías dicho que ibas en serio con ella, trozo de mierda!

–Ah, Mina, yo… Bueno, pensaba ir con ella a casa hoy, pero…

– ¡Ni pero ni nada, Smith! ¡Ahora mismo te vienes conmigo a disculparte con ella!

Levi se mantuvo como espectador mientras la pelirroja no reparaba en insultos para describir a Erwin y su incapacidad para mantener un mínimo compromiso con nadie. No era un secreto para nadie que el presidente del consejo estudiantil había repartido su amor a casi la mayoría de su instituto, tanto chicos como chicas. Al moreno le impresionaba cómo la gente se arrastraba para conseguir la atención de ese chico aún cuándo sabían que Erwin nunca salía con menos de tres personas a la vez, no entendía que veían en ese calvo con peluquín cuyas cejas servían como pista de aterrizaje como mínimo.

Pero bueno, a él eso no le interesaba demasiado. Mientras los fanáticos locos del rubio no le molestasen, él no tendría razones para quitárselos de encima mediante métodos seguramente poco ortodoxos. Aunque, bueno, de vez en cuando no podía evitar que el salón de música se convirtiese en un pequeño campo de guerra cuando Erwin le daba calabazas a alguna amiga o amigo de Hanji o Isabel. La castaña solía traer con ella productos químicos —sacados de alguna mezcla de raros compuestos que por algún tipo de intervención divina no le habían explotado en la cara— que seguramente podrían desfigurar hasta el esqueleto del rubio, la pelirroja, en cambio, solía conformarse con lanzarle al más alto una serie de improperios acompañados de algún que otro puñetazo —que a pesar de no causarle daño físico al de ojos azules, le causaba cierta satisfacción a Isabel—. Pero solían ser eventos aislados, quizás una vez cada dos meses. Pero eso no era ni de broma la frecuencia con la que Erwin dejaba a alguien llorando a su persona, si esos pequeños altercados pasaban con ese lapso de tiempo entre ellos es porque, dentro de lo posible, intentaban evitar que Levi estuviese durante ellos. No por nada en especial, la verdad, simplemente por el hecho de que sabían que si le interrumpían en demasía —una vez cada dos semanas o así— con lo que el de cabello azabache consideraba "gilipolleces de calvos", era probable que salieran al día siguiente en la sección de esquelas del periódico.

La tranquilidad de Levi nunca debe ser alterada, debería ser un mandamiento. Seguro que en la biblia de la limpieza de Higia interrumpir la tranquilidad del más bajo estaba considerado como un pecado mortal. Pecado mortal, que, por cierto, tanto Isabel como Erwin acababan de cometer. Levi sabía que aunque se tirara de nuevo en el frío suelo del salón de música, era poco probable que la tranquilidad volviese a él. Era posible que lograse relajarse, pero dudaba mucho que siquiera una pizca de calma llegase a albergarse en su ser. Aquello le animó a irse del lugar, seguramente estaría más cómodo en su casa. Bueno, eso y también el hecho de que en cualquier momento podía aparecer Hanji por allí para acabar lo que Erwin no había podido, y si ya el rubio se había puesto pesado con el tema aún cuando no había sido él ni siquiera quién se lo había planteado, no quería ni saber a qué tipo de interrogatorio sería sometido por la castaña loca. Quizás le ataba a alguna silla o algo, y, bueno, no era el mejor plan para pasar la tarde, siendo sinceros.

Con esa idea en mente, sus pies empezaron a deslizarse fuera del lugar. Cuando se había dado cuenta, sus manos ya habían cerrado con llave la puerta de aquella estancia. Para Levi aquel cuarto era un refugio, una segunda casa. Pero sentía que debía alejarse un poco de él, no demasiado, pero un poco de espacio entre el piano allí atrapado y su persona no le vendría mal.

Quizás era verdad que Eren había influido un poco en él.

Antes nunca se había planteado el siquiera dejar de tocar el piano un día. Su vida dependía en su totalidad de las notas que el instrumento le daba, no había nada más para él en el mundo que posar los dedos sobre las notas blanquecinas y negras. Los sonidos que emitían eran su legado al mundo, su aportación. Una que no había sido muy buena últimamente. Pero no podía ofrecer mucho más. La música era su vida, la oía en los pasos que daba en la calle, en el sonido del claxon de los coches, en los murmullos de la muchedumbre de las calles. Lo oía en todos lados, y, sobre todo, en el sonido que el chico de ojos esmeraldas era capaz de emitir con su piano. Aquello era libertad, era alma, eran sentimientos, era música, la más pura que había escuchado en mucho tiempo.

Maldito crío dramático y egocéntrico. ¿A cuántos diablos le había vendido su alma para conseguir esas melodías?

–¡Hey! ¿De verdad vas con esa cara de estreñimiento por la calle? ¡Qué miedo! Aunque no se puede esperar otra cosa de un pervertido acosador como tú.

Esa voz. Cantarina y melódica, como si de algún modo perteneciese a un tritón. Incluso con las palabras soeces que le dedicaba, Levi era incapaz de negar la belleza de aquel timbre vocal. Maldito niño, en serio. Levantó la mirada —porque de algún modo, cuando caminaba siempre miraba hacia abajo— dispuesto a encararlo, y lo que vio le sorprendió. Eren llevaba el mismo uniforme que él, con la única diferencia en el color de la corbata que portaba, su tono era verde mientras que el de Levi era más similar a un carmesí, lo que demostraba que el castaño estudiaba en el mismo lugar que él pero un curso más bajo, como Isabel.

En realidad, aquello era algo que se había planteado desde el primer momento, pero finalmente había acabado descartando la idea. Eren era un tipo excéntrico, con un comportamiento bastante extravagante y sin duda destacaba entre el resto de las personas, no solo por su personalidad, su aspecto físico también tomaba parte en esto, al más bajo le parecía imposible que tal como era Eren, no hubiese oído nada de él —a pesar de ser de años diferentes— en todo lo que llevaban de curso, que no era poco. Pero parece que se había equivocado, o quizás el chico era más comedido en clase, debería preguntarle a Isabel.

– ¿Qué miras, acosador? En serio, no tienes ni idea de lo raro y perturbador que es que un tío con esa cara te mire durante más de dos minutos sin parpadear.

El comentario del más joven le sacó del trance en el que se había quedado. Una respuesta como esa solo dejaba entrever la impaciencia del chico al no recibir respuesta ante su provocación. Levi se preguntaba cada vez más seriamente como un crío como ese, tan infantil y caprichoso, podía siquiera tocar bien el violín. La hipótesis de la venta de su alma al diablo cobraba fuerza por momentos.

–Solo me preguntaba porqué estás vistiendo nuestro uniforme cuando es evidente que por tu edad mental deberías estar cursando la guardería.

– ¡Ja, ja! Qué gracioso. ¿Te ha llevado tanto tiempo pensarlo o ya lo tenías preparado? —A pesar de la respuesta, Eren no podía evitar que el mayor viese como sus orejas se habían vuelto rojas ante el comentario de Levi, quizás era la vergüenza de ser tratado como un pre-escolar.

–No ha hecho falta pensarlo, con verte ya apareció en mi mente.

–Lo que tú digas, acosador. ¿Sabes dónde está Erwin? Tenía pensado esperar a que pasara por aquí para asustarlo o algo.

La pregunta no sorprendió a Levi. En realidad, alguna parte de su ser la estaba esperando. El día anterior, después de la actuación y de que dieran los resultados —había sido sorprendente descubrir que había un premio del público, que, evidentemente, había sido entregado a Eren, lo que le permitiría participar en la última fase del certamen— Erwin se había llevado al castaño y se había pasado el día hablando con él. Quién sabe si había usado alguna técnica de seducción poco legal para persuadir al niño que ahora Levi tenía delante. Después de todo, Eren conservaba esa cara de inocencia que volvía locos a calvos pederastas en proceso como Erwin. Y como magia, con la imagen del rubio le vino a la cabeza el recuerdo de la pequeña pelea que había tenido lugar en el salón de música. Dudaba mucho que hoy Erwin se librara de pasar el día con la tal Mina.

Si aquello pasaba, era probable que Eren se acabase enterando mientras esperaba de manera indefinida allí, y bueno, Erwin tenía muy buena labia, pero Levi dudaba de que simples palabras pudiesen calmar al demonio de ojos esmeralda que tenía delante. Sería gracioso ver aquello, puede que Eren le metiese el arco del violín por la boca, sería como esos magos que se meten las espadas por el morro, pero sin truco. ¿Sobreviviría? Podría hacer apuestas sobre ello. Pero si esta vez le salvaba el culo al rubio, éste le debería una muy gorda. Podría hacérsela pagar en el futuro con una gran humillación. ¿Quizás pasearse desnudo por el comité? ¿O sería mejor depilarle esas hectáreas de cejas que tenía en la ceja? Miles de ideas fluían por su mente en un reguero inagotable de posibles humillaciones para el de ojos azules. Oh, sí, Levi, eres un puto genio. ¡Vengan a ti todos los nobel!

–Si pretendes esperar aquí por el peluquín con patas te recomiendo empezar a acampar. —Contestó Levi, con su permanente indiferencia— Se ha convocado una reunión del consejo estudiantil. Esos aburridos se pasarán la tarde ahí, por lo menos hasta la medianoche.

–¿En serio? Supongo que no podrá ser, entonces.

Al moreno le sorprendió esa respuesta. Eren tenía cara de ser un niño mimado y terco que siempre pensaba que tenía la razón. Había pensado que el chico sugeriría ir a la reunión o mismo echar fuegos artificiales en el instituto para que la junta tuviese que disolverse —de algún modo se le antojaba como algo que el chico de orbes esmeralda probablemente haría—, pero nada de aquello había pasado. Quizás Erwin ya iba viejo y sus encantos no habían hecho tanto efecto como se esperaba en el joven violinista.

Bueno, eso tampoco era su problema. Al menos no lo era mientras no le afectara a la música que el chico creaba con su violín. O eso creía.

–Pero ya que Erwin no está… —Oh, no, alerta, ¡que se activen todas las alarmas! Levi sabía que ese chico no podía haberse convencido tal fácilmente si no tenía ya otra cosa en mente— ¡Hoy serás su sustituto!

Ah, no, por eso Levi no pensaba pasar. ¿Sabéis que pone en el diccionario de sustituto? "m. Persona que reemplaza a otra y desempeña sus funciones." Él no era el sustituto de nadie, eso solo significaba ser un reemplazo de alguien, una segunda opción —un desecho, desde el punto de vista del mayor—. ¿Ser sustituto de un cejudo con alopecia? ¡Ni loco! ¡Ni siquiera siendo drogado por los para nada saludables compuestos inventados por Hanji aceptaría algo como eso! Ya podía aparecer Jesucristo o el mismísimo Dios, él no aceptaría tan degradante sustantivo para describir a su persona.

–No.

Negación absoluta. No había manera de cambiar su mentalidad. Levi siempre era fiel a sus principios. Dejarse avasallar por otros es de débiles, Levi no lo era. No se dejaría amedrentar por un niño menor que él.

–Ah, bueno, supongo entonces que tampoco podré dar una vuelta contigo. —Contestó Eren con simpleza, pero algo en su mirada le decía al más bajo que eso no era para nada el fin de la discusión— Supongo que iré a casa, para no aburrirme en el camino creo que estaría bien hablar con Hanji sobre como un pervertido tiene una foto mía en su teléfono en la que se–

–Está bien, vayámonos a dar una vuelta.

Levi era un hombre de principios. Nunca se dejaba amedrentar. Jamás dejaba que nadie cambiase su mentalidad, y cuando tomaba una decisión, ésta era inalterable. Excepto si se trataba de Eren.

Lo de ser un sustituto… ¿No sonaba tan mal, no?