Él se consideraba un hombre objetivo y con sentido común, pero en aquellos momentos le daban ganas de golpearse la cabeza contra la pared.
¿Qué le estaba llevando en busca de una desconocida cuando su plan ya estaba casi completo? No tenía respuesta para ello, pero pensaba encontrarla. ¿Curiosidad tal vez? Una Akuma no mi basada en la energía era algo extraño de ver, tal vez su parte científica deseaba conocer más de ella, o su parte médica salía de nuevo a relucir como había hecho horas antes y a sabiendas de que la mujer estaba sufriendo quería salvarla. No pudo evitar plasmar una mueca de repulsión en su rostro al pensar aquello, sonaba demasiado a lo que haría un príncipe de cuento en vez de un temible capitán pirata. No sabía que le estaba llevando a hacer aquello, pero se sentía estúpido.
A pesar de que la primera parte del trayecto estaba pulcramente señalizada, esta última ya no poseía ningún cartel ni ninguna pista que pudiera indicarle por donde continuar el camino. Pero, puede que por suerte o mera coincidencia, un pequeño grupo formado por cinco hombres vestidos con el característico atuendo de un científico, una bata blanca, pasó frente a él sin percatarse de su temible presencia.
Law, enfadado y mosqueado por la situación no hubiera dudado en descuartizarlos para desahogarse un poco, pero la conversación que los tenía tan ensimismados le llamó la atención.
-Hoy el Dr. Stoock está realizando las pruebas en la sala de muestras- habló uno de ellos, subiéndose las grandes gafas que se deslizaban por el puente de la nariz.
-¿Creéis que dejará entrar a mirar? Tengo gran curiosidad para ver como se desencadenan esas pruebas. Últimamente el rendimiento de la red eléctrica es mejor que nunca- añadió otro de ellos.
-Stoock es un hombre listo, si ha pasado a hacer las pruebas en la sala de muestra significa que piensa que ha hecho un gran descubrimiento y quiere mostrárnoslo. Es un genio realmente engreído- gruñó el más mayor del grupo, con su canoso pelo blanco peinado hacia atrás y la piel ligeramente arrugada, a pesar de parecer mayor su porte le hacía parecer más joven.
Ellos continuaron la conversación a medida que avanzaban por el pasillo, pero para esos momentos Law ya había decidido no matarlos aún y dejarse guiar, así que se cargó la nodachi al hombro, se colocó una bata que se encontraba próxima a él colgada de un perchero junto con otras tantas y les siguió por aquel estrecho pasillo mientras continuaba escuchando la conversación.
-He escuchado decir a uno de sus ayudantes de laboratorio que estaba buscando poder manipular los átomos con esa energía-
-¿Eso sería posible?- preguntó el hombre de las gafas grandes, era con diferencia el más joven de todos. Apenas llegaría a los treinta años.
-Dependiendo de la forma en la que canalice la energía de la muchacha, pero si, por poder podría- le explicó uno de ellos. El chico asintió, procesando lo que su compañero había dicho. Law todavía no comprendía exactamente qué era lo que hablaban esos hombres, pero con la escasa información que le había proporcionado el archivo y sus intuiciones como cirujano tuvo una ligera idea. Manipular átomos con la energía proporcionada por la mujer. Lo veía tan improbable que le pareció hasta absurdo.
Continuaron caminando hasta que acabaron por introducirse en una pequeña habitación con varios asientos colocados de forma escalonada sobre unas gradas, asemejándose a aquellas salas de hospital que permitían ver lo que ocurría en ciertos quirófanos. Un gran cristal hacía de pared a la vez que comunicaba y mostraba una sala un poco más grande que en la que se encontraban ellos, apenas ocupada por cuatro personas;el famoso Dr. Stoock, el cual había conocido tras su irrupción en la celda, dos hombres más vestidos con dos monos azules que enredaban tras unas máquinas y, por último, la mujer pelirroja por la que había abandonado su ya acabado plan. "Estúpido" pensó.
En el altillo donde él estaba había más hombres a parte de los cinco que lo habían guiado, sin saberlo, hasta allí. Ninguno de ellos se percató de la presencia nueva y extraña. "Que gente más despistada" pensó de nuevo el moreno mientras se apoyaba oculto en una esquina. Podía ser que no le hubieran descubierto todavía, pero no quería arriesgarse. Percatándose más en lo que ocurría en la gran sala de muestra, Law pudo ver cómo la pelirroja tenía distribuidos por todo su cuerpo unos pequeños parches que se unían a las máquinas, cuyos botones parpadeaban sin parar, mediante unos finos cables blancos. La mujer, consciente, se removía intentado que las tiras de cuero que la tenían esposada a la camilla se rompieran. Parecía desesperada, su pecho ascienda y descendía muy rápido y su pelo se pegaba a su cara por lo que Law supuso era sudor. A su lado, el doctor apuntaba ciertos datos en la carpetilla.
-Ahora quiero que ascendáis la potencia de forma lenta pero gradual y aumentando diez voltios más que la vez anterior- pidió el hombre a los otros dos que lo acompañaban. -Si mis cálculos no son erróneos está tendría que ser la combinación perfecta- aquello último lo murmuró más para sí que para los hombres.
Law pudo ver sus labios moverse, pero no lo escuchaba directamente, sino por un altavoz que debía comunicar el sonido de la sala. Por cómo observaba la joven el cristal que separaba las salas, sin fijar la vista en ninguno de los científicos que se encontraban con él, Law supuso que se trataba de un espejo-cristal. Ellos podían verlos y escucharlos, pero los del interior de la habitación no. Ingenioso.
Los hombres de azul hicieron lo que el doctor les pidió y cuando movieron la pequeña rueda hacia la derecha la mujer puso los ojos en blanco y volvió a gritar. Su grito fue desgarrador y cualquier persona con corazón se habría apiadado de ella, pero para su mala suerte ninguno de los presentes que observaban poseía uno, y por ello, en vez de prestar atención a los gritos agonizantes y al dolor de la mujer posaron su mirada en la bola de cristal que se encontraba a la derecha de la pelirroja, donde se empezaron a formar pequeñas bolas de luz que iban creciendo a medida que los hombres giraban la rueda y la mujer gritaba.
-Lo ha conseguido- apenas murmuró uno de los señores mayores que acompañaban a Law, quien no podía dejar de mirar la bola de cristal y su interior. Aquello era imposible. -El malnacido de Stoock a conseguido manifestar los átomos con la energía- la envidia era palpable en el rostro de todos los científicos.El doctor, sin embargo, observaba lo que había conseguido con una orgullosa y altiva sonrisa pintada en sus labios.
Law, al contrario que los demás, se percató de cómo la mujer convulsionaba sobre la camilla y de cómo un hilo de sangre se deslizaba desde su nariz. La estaban llevando al límite, si continuaban así la matarían o conseguirían que explotase todo aparato que emplease energía en un radio de veinte metros. Silencioso, igual que como entró, salió de la estancia y buscó la puerta que llevaba a la sala donde estaban ellos. No debía encontrarse muy lejos. Law buscó y buscó por el pasillo, pero todas las puertas que habría daban a despachos o a pequeños almacenes donde guardaban material médico o científico. Frustrado, gruñó por lo bajo. Las luces parpadearon un par de veces, advirtiendo al moreno que se le acababa el tiempo. Intentando averiguar qué era lo que había pasado por alto recordó que él y el resto estaban en un altillo a una altura superior, lo que indicaba que ellos debían de estar en un nivel inferior. Al paso más acelerado que pudo, para no llamar la atención de los que pasaban por su lado, caminó en busca de las escaleras, las cuales se encontraba a apenas unos metros. No le llevó mucho tiempo llegar al piso inferior, solo tuvo que descender dos tramos de escaleras hasta que encontró la puerta que marcaba "Piso -1".
Las luces parpadeaban cada vez más y resultan más difícil distinguir el camino, pero Law no lo perdió de vista y en seguida abrió la primera puerta que encontró en el nuevo pasillo. No esperaba dar tan pronto con ellos, por eso se sobresaltó cuando al abrir la puerta se encontró de frente al Doctor Stoock y sus ayudantes, quienes también se sorprendieron al verle entrar.
-¿Pero qué? ¿Quién eres tú? ¿Qué haces aquí?- preguntó el doctor conmocionado por su brusca interrupción. Pareció que en un principio no le recordó de haberle visto hacía unas horas en la celda, pero tras unos segundos donde lo observó fijamente sus ojos se abrieron presa del pánico. -¡Eres el pirata! ¿Cómo has escapado? ¡Guardias!- empezó a vociferar. Como respuesta a sus gritos, uno de los hombres de azul apretó el botón rojo que se encontraba distante del resto de máquinas, causando que las ya de por sí parpadeantes luces blancas se sustituyeran por una roja que también parpadeaba mientras la acompañaba una estruendosa sirena en forma de alarma.
"Estupendo" pensó "Mi plan completamente arruinado". Él tenía la intención de irse de allí sin llamar la atención, pero todo ellos se había visto ya imposible, y por ello gruñó, aquello daba un nuevo giro de los acontecimientos. Por eso odiaba la improvisación.
De forma relajada, pues cuando sus planes fracasaban estrepitosamente él tendía a reaccionar con un plan más violento que solía consistir en descuartizarlos a todos, observó al famoso doctor que ahora lo miraba aterrado y utilizando la pequeña carpetilla a modo de escudo. La maquiavélica mirada del capitán, mezclada con cierto sentimiento de enfado, consiguió el efecto deseado, causar miedo. Estúpidos serían si no lo tuvieran. "Cobarde" fue lo que le vino a su cabeza ante la imagen del Doctor. Mucho maltratar a sus sujetos de experimentación pero bien que actuaba como un gallina ante una amenaza que sabía era superior a él.
-Creo que es hora de que nos vayamos- habló Law en un escalofriante tono frío refiriéndose a la pelirroja y a él. Ante su comentario el científico pareció olvidar por unos segundos la temible amenaza que era Trafalgar Law y puso una mueca de desagrado.
-Ella no va a ninguna parte. Ya te lo dije antes chico, ella es nuestra y no se irá de aquí a no ser que nosotros la dejemos, o lo haga en una bolsa para cadáveres- el moreno no cabía en su asombro. ¿De verdad estaba diciendo aquello?
-Room- dijo el pirata a la vez que extendía su mano y de ella salía una luz azul que acabó formando una pequeña cúpula que los rodeó a todos. Los hombres parecieron realmente sorprendidos, y ciertamente asustados.
-¡Es un usuario! ¡¿Por qué no le esposaron con esposas de kairoseki?!- el doctor cada vez parecía más asustado. -¿Dónde están los guardias? ¡Guardias!- gritaba realmente histérico mientras su cara se tornaba cada vez más roja, pero casi no se le distinguía debido a que la luz roja continuaba parpadeando junto con el sonido de alarma.
Justo en aquel momento, como surgido por la llamada del hombre, un grupo armado de diez soldados apareció por la puesta y se introdujeron en el interior, entrando en el domo azul creado por el cirujano. Estaban cayendo en sus redes y no saldrían en buen estado de allí. Todos y cada uno de ellos le apuntó con su pistola, dejando al pirata con diez armas apuntando en su dirección. Consciente del escenario frente a él y de que estaba perdiendo el tiempo decidió acabar con aquella tontería ya.
De forma lenta y pausada desenfundó con mucha elegancia su nodachi, dejando a la vista su deslumbrante hoja. Los hombres rieron. ¿Qué era una espada contra unas rápidas balas? Nada. Todos quitaron el seguro de las pistolas de forma sincronizada, pero antes siquiera de que pudieran presionar el gatillo Law ya había deslizado su arma por el aire en un movimiento limpio y espectacular, causando que ellos lo miraran divertidos. Se desarían con demasiada facilidad de aquel pirata de pacotilla.
Puede que ellos tuvieran armas, que fueran mayores en número o que pensaran de manera ciega que iban a ganar, pero todos aquellos pensamientos desaparecieron tan rápido como la pólvora cuando la empuñadura de la nodachi del moreno tocó el principio de la funda, encerrándola de nuevo en su sencilla vaina. No pasaron más de dos segundos antes de que gritos desoladores y aterrorizados se expandieran por toda la habitación. Todos los hombres en la sala estaban cortados por la mitad en un limpio corte de manera torcida a la altura del abdomen. Todos observaban y gritaban horrorizados al verse separados del resto de su cuerpo. ¿Qué clase de brujería era esa?
Con aquella banda sonora de fondo Law se aproximó a la mujer, que continuaba esposada a la camilla, y vio como ella miraba toda la escena asombrada. No gritaba de pánico ni de miedo, solo tenía los ojos abiertos del asombro ante tal imagen. Cuando notó la presencia del desconocido a su lado desvió su mirada hasta la de él, encontrándose con unos fríos ojos grises que no desvelaban nada. Misterio y hermetismo fueron las primeras palabras que le vinieron a la cabeza a la pelirroja ante la imagen del pirata que la miraba con el ceño levemente fruncido, como si le mosqueara estar en esa situación.
-Gracias- fue lo único que sus labios pudieron formular, pero su voz salió ronca y desgastada de sus cuerdas vocales. Él hizo un gesto con la cabeza restando importancia al asunto.
-No tienes porqué dármelas- respondió el moreno escueto. Ella no sabía como tomarse su respuesta. En sí parecía que no le importaba haber hecho eso pero algo en su mirada y en la casi imperceptible mueca de su cara le indicó que él no estaba tan satisfecho con su situación. Extraño.
Law, volvió a desenvainar su nodachi y apuntó hacia la mujer, la cual, asustada, no pudo evitar cerrar los ojos con fuerza al imaginarse como aquel hombre le haría lo mismo que a sus captores, pero tras varios segundos en los que no sintió nada los abrió lentamente, esperando encontrarse con tan desafortunado destino, pero no, ella continuaba estando de una pieza pero con la sutil diferencia de que ya no continuaba atada a la mesilla. Había cortado sus ataduras. No pudo evitar sentirse avergonzada por su forma de actuar pese a que él no le había hecho nada malo.
Se intentó incorporar rápidamente pero su jugada le salió caro, ya que un fuerte e intenso mareo la sacudió de pies a cabeza, la vista se le nubló y notó los músculos débiles y entumecidos. Malditos efectos secundarios de los experimentos. Sentía su cabeza dar vueltas a un ritmo demasiado rápido e intentó llevarse una mano a la frente pero otra más grande y fría la interceptó. Un escalofrío recorrió su columna, hecho que no ayudó a mejorar su estado.
-No te muevas, tu cuerpo está demasiado débil y sin energías, cuantos más movimientos hagas más te costará recuperarte- le aconsejó la voz del hombre. No podía enfocarle ya que sus ojos apenas veían y unas sombras oscuras opacaban la mínima visión que mantenía.
-Si me quedo aunque sea cinco minutos reponiendome ellos llegarán antes y no podremos salir- intentó hablar y aunque sus palabras se entendieron, estas sonaron roncas y demasiado lentas.
-Supongo que serás incapaz de moverte- intuyó Law. La mujer hubiera soltado una risa irónica si no sintiera cada terminación nerviosa de su cuerpo doliendole.
-Supones bien- fue lo único que logró articular.
Law la observó desde su posición; continuaba extremadamente pálida y podía ver como temblaba levemente, aunque no sabía si se debía al frío o a su debilidad, el cabello estaba todo desordenado y los parches con los cables continuaban adheridos a su cuerpo. Ella no podría caminar, y mucho menos correr, y si no se daban prisa llegarían más guardias y se les complicaría las cosas. Gruñó. Solo quedaba una opción.
-¿Cómo te llamas?- escuchó la pelirroja la grave voz del joven. No se esperaba aquella pregunta, y tampoco creía que fuera el lugar y el momento indicado para las presentaciones, pero no estaba de humor como para replicarle.
-Mai- contestó simple. Law asintió, conforme, aunque ella no fue capaz de verlo.
-Bien, pues Mai, será mejor que te agarres bien fuerte y que aguantes las nauseas, porque es hora de salir de aquí- sentenció el cirujano mientras se acercaba a ella y afianzaba un brazo en su cintura mientras que el otro sujetaba la nodachi al hombro.
Mai, sorprendida por el repentino contacto del moreno no pudo evitar pegar un leve brinco y ponerse todo lo tensa que sus débiles músculos le permitieron. Law apenas disimuló la sonrisa socarrona en sus labios ante la reacción de la pelirroja.
-Agárrate fuerte Mai-ya- susurró en su oído antes de pronunciar unas palabras desconocidas para ella.
Room.
Shambles.
Y ambos desaparecieron de allí sin dejar rastro de su presencia.
