Disclaimer: Ellos le pertenecen a muchas compañías. Yo sólo juego con ellos. La trama es mía.
Pareja: KiWoon.
Advertencia: OoC, y otras cosas.
Canción que use: You, by B2ST.
Dance for me III
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La luz se filtraba por las cortinas. No quería levantarme, mi cuerpo dolía, no podía moverme bien, quería seguir durmiendo, pero esto era extraño. Abrí mis ojos para encontrarme en una habitación muy elegante, mi cuerpo se encontraba recostado en una mullida cama cubierta por un edredón de seda azul.
Me incorporé tratando de pensar en el dolor que me provocaba el sólo hecho de moverme. Mi cuerpo estaba cubierto de hematomas, pero también traía puesta una elegante bata de dormir. Esto era extraño, no podía recordar mucho.
La puerta de la habitación se abrió dejando ver al Señor Choi, me asusté. Traté con la mirada de buscar alguna salida, y él lo notó.
—No tengas miedo…—susurró. Claro, y luego pagaría para que no le tuviese miedo. Mi respiración se cortaba, sentía como las paredes de la habitación se iban achicando. Su mirada se posaba en mí y en mis heridas. Estiró su mano para tocar el golpe que tenía en mi rostro, pero inconscientemente me eché hacia atrás. Podía sentir el fuerte olor de su perfume mezclado con cigarrillos.
Tocó —casi imperceptible— el hematoma de mi mejilla izquierda. Con suavidad deslizó su frío y delgado dedo índice, como si fuese a romperme. Cerré mis ojos para sentir aquella caricia que hacia años que no sentía. Dentro de mí un calor se extendió por todo mi cuerpo, sentía como mi sangre se derritiera tal barra de chocolate expuesta al sol fuera.
Abrí mis ojos.
Apartó su mano de mi rostro, y volteó a buscar algo. En sus manos traía una especie de pomada, aplicó un poco en sus dedos y untó en la zona afectada. A medida que aplicaba me fijaba en sus marcadas facciones, era atractivo.
—Listo —susurró con su voz ronca—, tienes que comer algo, pediré que te envíen algo —suspiró pesadamente y salió de la habitación.
Sentí mis mejillas arder.
Al poco tiempo la comida llegó, no me fije qué era, simplemente la llevé a mi boca mecánicamente. No sabía que hacer, necesitaba ver la hora para poder irme. Comencé a buscar mi teléfono. Revisé mi pequeño bolso, el dinero en él no estaba ni mi teléfono móvil, seguramente esos tipos me habían robado también.
Una gran decepción inundó mi cuerpo. También había perdido el número de Dongwoon.
— ¿Qué haré ahora? —comenté al aire. No había notado que el Señor Choi estaba parado en la entrada. Le miré con los ojos abiertos como platos, mis mejillas se encendieron automáticamente.
Se acercó lentamente, tomó asiento en el sofá que estaba cerca del gran ventanal.
—¿Qué sucede? —preguntó escaneando mis expresiones. Alcé mis manos y negué con ellas, no quería que se preocupara.
Había decidido que era hora de marcharme a casa. Quité el edredón que cubría mi cuerpo, y comencé a levantarme. Unas manos me detuvieron.
Era él.
—¿Qué crees que haces? —preguntó el Señor Choi un tanto molesto. Mis ojos estaban abiertos por la sorpresa.
—Yo…Yo me iba a casa ya, no puedo quedarme más y…—pero fui interrumpido por sus palabras, las cuales no escuché. Se oía bastante molesto.
—Te quedarás aquí hasta que te recuperes —dijo cuando ya estaba cerca del umbral de la puerta.
Mi cuerpo tembló por la ira. Me estaba dando órdenes sin más.
— ¡No puede decirme qué hacer! —le grité, como respuesta obtuve una risa sin gracia.
—Puedo —abrió la puerta —, y lo haré —dijo antes de salir y cerrar fuertemente.
Me levanté y caminé hasta el ventanal. Abrí la ventana, y comencé a ver cuantos metros eran para saltar al primer piso. Una caída desde el segundo piso no bastaría para matarme.
Revisé los cajones y hallé una muda de ropa que me quedaba perfecta. Me la puse rápidamente. Tomé un lápiz y un papel, le escribiría una nota de agradecimiento. Tomé mi bolso y me tragué el miedo.
Como si de una película se tratase, amarré la sábana a la cama. Cuidadosamente comencé a bajar por la ventana.
Al tocar el suelo, mi alma regresó a mi cuerpo. Comencé a correr ignorando el dolor de mi cuerpo. No quise mirar hacia atrás, seguí corriendo.
Me detuve cuando mi pecho comenzó a doler, estaba en un parque. Inhalé todo la pureza del aire.
—¿Escapando de alguien? —su voz resonó por todo el lugar, aunque fui el único en ponerle atención.
Levanté mi vista, y ahí estaba leyendo. Su imagen de artista de cine aún no se iba. Mi corazón se volvió frenético ante su sonrisa.
No podía responderle, mi voz no salía.
—Al parecer sí —rió y mis piernas temblaron, era como un osito de goma —. Tendré que ayudarte a escapar —cerró su libro y se puso de pie.
Tomó mi mano como si estuviera con algún amigo de toda la vida. Comenzamos a correr en dirección desconocida, el dolor se había ido —por el momento —, el lugar era muy elegante. Me sentía incómodo.
Llegamos a una heladería, él pidió un café y yo un helado. En cada sorbo que le daba a su café, me miraba y sonreía. Mi corazón estaba sufriendo, era como una fan frente a su ídolo.
—Pensé que me llamarías —soltó luego de un momento en silencio. Elevé mi vista hacia él, y se veía decepcionado.
—Yo…perdí mi teléfono —le comenté apenado. Soltó un "oh" comprendiendo todo. Miró su reloj y frunció el ceño, le miré sin comprender. Nuestras miradas se encontraron, y me sonrió nuevamente.
Tomó una servilleta, y de su chaqueta sacó un lápiz de tinta y escribió su nombre seguido de su número de teléfono.
—No lo pierdas —comentó poniendo dinero en la mesa y disculpándose con la mirada —. Tengo una reunión con mi padre —se encogió de hombros —, lo siento.
Antes de que pudiese responderle, él se había ido.
Terminé mi postre, y salí del lugar. Un auto comenzó a seguirme apenas puse un pie fuera, mis nervios se alertaron. Los recuerdos de la noche anterior volvieron a mí.
Caminé más y más rápido, casi corriendo. Pero el auto me seguía aún.
Del auto se bajo un sujeto robusto, comencé a correr, pero él era más rápido. Me puso en su hombro, y me llevó a la fuerza al auto.
—Te dije que lo podía hacer —comentó el Señor Choi, bebiendo una copa de champagne. Suspiré rendido, me tendría que quedar en su hogar hasta que mis heridas sanaran.
—Está bien —murmuré sumiso ante su petición. Quizás no le conocía mucho, pero había algo que me hacia confiar en él, algo pequeño pero era eso a nada.
Cerré mis ojos apretando en el bolsillo el número de Dongwoon, compraría un teléfono y le llamaría.
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Holi, holi, ya después vendrá más acción :c I swear. , las amo –lapatean-, gracias por sus RRRRRRRRRRRRRRRR anteriores.
LD.
