Disclaimer: Desde las profundidades siniestras de nuestra mente, hemos vuelto, con esta pasión prohibida, rompiendo con las parejas establecidas y desafiando los estándares de la sociedad mágica. Claro, los personajes le pertenecen a JK Rowling.
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DESLEAL TENTACIÓN
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The Darkness Princess & Lady Muerte
*La esperanza es el peor de los males, porque prolonga el tormento de los hombres. —F. Nietzsche.
*º*º*º
Obitus.
La pelirroja se encontraba en el baño sollozando, la sola alusión a compromiso y a matrimonio, siempre le hacían evocar el recuerdo de Harry Potter.
Varios minutos pasaron en los que las lágrimas siguieron delineando sus mejillas, en su mente imágenes de su pasado con su gran amor giraban como un tornado dejando a su corazón más desolado.
*º*º*º
El tiempo había corrido lentamente desde que la guerra había finalizado. Ginny se encontraba jugando exitosamente para las Arpías de Holyhead, un nuevo contrato le esperaba pero ella estaba a punto de concluir con éxito sus estudios y aunque consideraba el Quidditch una de sus pasiones, había comprendido que encontraba mayor satisfacción en curar a las personas.
Después de haber visto la cruel realidad de una batalla, de perder seres queridos, de ver la muerte pasar tan cerca de ella, entendió que debía de haber alguna forma de ayudar a tantas personas y a aquellos niños que habían sufrido los estragos de esa guerra.
Se encontraba disfrutando de una cena en un íntimo restaurante que estaba ligeramente iluminado lo que hacia el ambiente más romántico.
—Es un lindo lugar, nunca me habías traído aquí —mencionó distraídamente admirando el lugar notando que extrañamente su mesa estaba alejada de todas las demás.
—Lo sé, pero me pareció que te iba a gustar y sé que no nos hemos visto últimamente pero quería estar contigo sin tanto público —musitó jugueteando con el cubierto.
—Oh… sí lo sé, es difícil manejar todo lo que ha sucedido últimamente, pero sabes que aprecio que vayas a mis partidos —comentó risueña, tomando su mano con dulzura.
—En realidad lo decía por tu familia, quería verte antes de que fuéramos allá mañana —continuó, estrechando su mano.
Ginny lo miró confundida. —¿Pasa algo? —Enarcó su ceja con un gesto curioso.
Harry tomó un profundo respiro dándose el valor necesario para lo que mencionaría, podía luchar contra mortifagos y magos oscuros pero las cuestiones de amor, era algo que no se le daba con facilidad. Se incorporó pensando que estaría menos nervioso si lo hacía así, caminó hasta ella y tomó su mano haciendo que se incorporara la llevó hasta el balcón.
—Harry… ¿qué esta pasando? —interrogó liada por las acciones de su novio.
—¿Tegustaríacasarteconmigo? —preguntó atropelladamente, notando la expresión turbada de Ginn que reaccionó minutos después.
—¿Q-qué? —preguntó con el corazón latiéndole furiosamente.
—¿Te gustaría casarte conmigo? —repitió pero esta vez con más calma, sacando de la bolsa de su pantalón una pequeña caja que le ofreció a la luz de la luna.
*º*º*º
Un toquido y una lejana voz la hizo regresar abruptamente de ese lastimoso recuerdo que en algún momento significó una gran felicidad pero todo se había vuelto una vil y cruel mentira.
—¿Se encuentra bien? —insistió la mujer.
Ginn sentía su garganta tan seca, tomó unos cuantos cuadros de papel y se trató de limpiar el rostro.
—Iré por alguien —avisó alejándose.
«Olvídate de eso… olvídalo, olvídalo.»
Se repetía a forma de orden en un intento por controlarse, le costaba respirar pero finalmente logró calmarse lo suficiente para salir, le ardían los ojos se dirigió al lavamanos observando su imagen demacrada en el reflejo del espejo, desvió sus ojos y se mojó el rostro una y otra vez.
Cerró la llave y se secó la cara lentamente perdida en sus tormentos, la puerta se abrió nuevamente, dejando ver a una enfermera que revisaba los cubículos, al no encontrar nada sospechoso salió.
Ginn se trató de arreglar y salió dirigiéndose al lugar que calmaría sus males, el pabellón de los niños, la mayoría se encontraba ya en sus camas, el sólo hecho de llegar ahí ya le causaba a su corazón una calidez inigualable, aún más por saber que pronto varios de ellos saldrían de ahí para volver con sus familias y amigos.
Caminó lentamente entre las camas, topándose con las enfermeras que cuidaban de los pequeños, les sonrió acercándose a abrigar a unos cuantos, los contempló un poco más no quería salir de ahí y regresar a su realidad, pero evidentemente lo tenía que hacer, tenía deberes que cumplir.
Cruzó el umbral de la puerta lentamente, inhaló ostentosamente ese elemento vital y obligándose a si misma, recorrió el camino de regreso a la habitación de la señora Malfoy. No le terminaba de gustar la idea de cuidar a esa mujer, pero ella no debía hacer distinciones, sólo esperaba no tener tantos roces con Lucius Malfoy aunque sabía que eso iba a ser poco probable, era claro que a ese hombre no le había agradado para nada la idea, quizás si debía capacitar a Soizic.
«Debo hablar con ella, jamás mencionó que estaba emparentada con ese estirado e irritante hurón… ¿por qué no me lo habrá dicho? No es que me importe, total ella jamás me ha trató mal ni me ha echado en cara su apellido, ni nada de teorías de sangre.»
—¡Por Merlín! ¿Dónde has estado? Allá las cosas están color hormiga, mi tío… bueno el señor Lucius se esta quejando de la poca atención —comentó dejando su frase incompleta, al notar en el rostro de Ginn, la piel irritaba alrededor de sus ojos y el tenue rojo que los cubría—. Estuviste llorando.
—No ha sido nada, ¿crees qué deba sacar de una buena vez mi varita para defenderme? Digo, por si me quiere lanzar alguna maldición —bromeó tratando de evitar una reprenda por parte de su amiga—, quizás podría probar como se ve en su faceta como algún animalillo, ¿cuál crees qué le quede? Porque el hurón es su hijo…
—Ginn —murmuró negando con su cabeza, mientras una sonrisa aparecía en sus labios.
—¿Qué? Sólo fue un comentario… no es como si lo fuera hacer, aunque quisiera, pero ¿por qué no me dijiste qué tu y Malfoy son familia?
—¡Por fin aparece! —comentó Wolfgang, separándose de algunas enfermeras— ¿Qué pasa con usted últimamente?
—Lo siento, fui al pabellón de los niños, pero ya pensé en algunas variaciones para el tratamiento de la señora Malfoy, quizás debamos aumentar la dosis de pociones, así como el ingrediente que hace esto posible pero el problema es que no sabemos qué reacción pueda tener, quizás tengamos que contrarrestar los efectos secundarios que le pueda ocasionar, pero eso no es lo que más preocupa sino que este demasiado débil para soportarlo —manifestó impasible, externando sus deducciones.
El medimago analizó con cuidado sus palabras, frunciendo ligeramente su frente.
—¿Qué quiere decir? —interrogó demandante Lucius.
—Tío, por favor —pidió Soizic, apenas tocando su brazo en un gesto tranquilizador.
—No podemos perder el tiempo, tendremos que correr el riesgo y aplicar algunas pociones vigorizantes —indicó el sabio anciano—, entonces podrá comenzar a aplicar el tratamiento.
—Claro. —De inmediato comenzó a elaborar una lista de las pociones que necesitaba, mientras a lo lejos podía percibir como su amiga trataba de serenar a su tío.
En ese momento se escuchó una voz que solicitaba la presencia del medimago Wolgang en el piso 5.
—Debo retirarme pero vendré más tarde para observar los resultados —le indicó a Ginny, quien asintió con un gesto—. Lucius, confía en que está en las mejores manos.
Lucius simplemente dejó salir un bufido de inconformidad, mientras apuñalaba con su mirada a la pelirroja, quién inmediatamente se sintió incomoda.
—Es mejor que vayas a la Sala de espera, deja que las sanadoras hagan su trabajo. —Con esto lo obligó a caminar con él.
—Vaya, yo estaré al pendiente, cualquier noticia le avisare —murmuró Soizic brindándole una tenue sonrisa, que sabía no lograría calmar el estado de alteración de su tío, pero era lo que podía hacer por el momento.
Ginevra dejó salir el aire que habían contenido sus pulmones, relajándose al verse por fin librada de ese hombre. —Pufff siento que en cualquier momento esto terminara mal.
—Tranquila ya se fue, dame la lista yo iré por lo que necesitas. —Se ofreció amablemente, comprendiendo la tensión de su amiga.
—No es necesario, pensaba dársela a una enfermera, además esta noche es tu guardia en el pabellón de los niños —comentó recordando ese pequeño dato.
—Si, pero lo cambie con Laing, me quedare mañana —expuso tomando el pergamino—. Además por hoy creo que es mejor que este aquí para ayudarte a llevar esto.
Ginny le agradeció silenciosamente, se giró tomando una gran bocanada de aire. Dio vuelta a la perilla entrando en la habitación sorprendiéndose al encontrar aún a Draco y su prometida ahí, esperaba que alguien ya les hubiera dicho que debían estar en la Sala de espera, pero era evidente que eso no había sucedido.
Avanzó lentamente notando como el hurón aún seguía estrechando la mano de su madre, mientras Astoria yacía sentada en una silla al lado de la cama y aunque su corazón se compungía al recordar la alusión a compromiso, no se permitió pensar en ello debía concentrarse en hacer su deber con eficacia.
Se aclaró la garganta para llamar la atención de los presentes. —Lo siento, pero deben salir podrán esperar noticias en la Sala que se encuentra cerca de los elevadores —comunicó serena.
Draco separó sus pupilas de su madre posándolas en la pelirroja, notando como ella esquivaba mirarlos concentrándose en algunos aparatos que se encontraban ahí.
«¿Qué le pasa?... primero no aparece y ahora esto.»
—Amor, debemos salir —indicó Astoria incorporándose. Él no respondió regresó su mirada a su madre, estrechando un poco más fuerte su mano, recibiendo apenas como respuesta una mueca por parte de la débil mujer, que sabía lo que su hijo trataba de decirle.
—Voy a estar bien —logró decir en un frágil murmullo.
—Claro que estará bien —apoyó Astoria, sonriéndole suavemente a su suegra.
Draco besó la suave mano de su madre y al lado de su novia se dirigió a la puerta, la dejó cruzar primero. —No lo olvides Weasley, tenemos un trato —siseó apenas logrando encontrar los ojos irritados de la pelirroja, quién cerró inmediatamente la puerta.
No era como si las palabras del rubio arrogante la hicieran sentirse mejor, sabía lo que debía hacer y tenía claro el trato que habían hecho. Se encaminó nuevamente hacia Narcissa, sintiéndose extraña al contemplar a una mujer que siempre había sido tan bella, de un porte impecable y que sin duda había tenido un papel tan importante en la sociedad de sangres puras, ahí simplemente sin fuerzas para continuar. Había logrado sobrevivir a la Batalla contra Voldemort, al desprestigio de su familia y ahora se encontraba derrotada ante una enfermedad.
Fue entonces que le dio razón a esas palabras que tanto decía su madre "nadie tiene comprada la vida" y aquí el dinero no podía hacer mucho por ella, ni la elegancia, ni mucho menos la sociedad. Ahora sólo estaba en sus manos y en las de alguien superior.
—En su expediente menciona que hace un par de meses que adquirió la enfermedad, ¿puede darme más detalles de cómo fue?
Narcissa entreabrió sus parpados la luz le lastimaba, ni siquiera se molestó en lanzarle una mirada de superioridad o de desprecio, se sentía tan mal que eso ahora no le importaba, las fuerzas se le estaban yendo.
—Hace unos meses con algunas distinguidas señoras que forman parte de la Sociedad de caridad visitamos un Orfanato para proveerlos de ropa y otras cosas, ahí al parecer había niños que estaban contagiados.
Ginny se quedó perpleja asimilando la información, hacia unos meses algunos niños habían ingresado al Hospital y era gracias a ellos que habían comenzado a desarrollar ese tratamiento.
En ese momento Soizic entró trayendo consigo un pequeño carro con todos los instrumentos y pociones que necesitaban.
—Traje todo aunque por lo que entendí aumentaras la cantidad de un ingrediente — comentó expectativa.
—Sí eso haré en este momento, ¿puedes comenzar a prepararla para el tratamiento? — mencionó, dejando la carpeta en una mesa cerca y dirigiéndose al carrito.
*º*º*º
En la Sala de espera, Lucius vivía todo un tumulto de sensaciones encontradas, pero tenía que mantenerse sereno no podía dejar que los demás notaran su real estado, tenía una imagen que mantener o al menos lo que quedaba de ésta. Después de lo que había sucedido en los últimos años no podía negar que perder de esa manera a su esposa lo derrumbaría, ella no merecía estar sufriendo, él era el que debía pagar por todos sus actos pasados que lo acompañaban en cada momento de su vida.
Draco se encontraba sentado junto Astoria, la cual tenía tomada su mano, mientras su cabeza reposaba en el hombro de él.
—Es tarde, te llevare a tu casa —anunció haciendo que ella se incorporara.
—Pero… —intentó negarse, quería estar con él.
—Lo entiendo, pero acabas de llegar de tu viaje debes estar cansada y es mejor que vayas a descasar, si pasa algo te avisare inmediatamente —musitó impasible.
—Pero… ah está bien, pero estaré aquí mañana —anunció obstinada—, espero que mis padres ya estén de regreso, pero si no les mandare una carta contándoles lo sucedido.
—Preferiría que esperaras hasta que mi madre éste más repuesta —puntualizó con seriedad.
—Yo… no entiendo por qué, además pronto seremos familia, es lógico que estén enterados —interpeló conflictuada.
—Sólo hazlo —pidió esperando que lo entendiera. Su madre no deseaba que la vieran en ese estado y él no quería que la importunaran con lo del compromiso, ya había hecho demasiado por ese asunto.
—Esta bien —aceptó no del todo convencida.
—Respecto al compromiso, sé que mi madre no desea que cambiemos la fecha pero yo creo que podemos postergarlo hasta que mejore.
—Pero… ella dijo que siguiéramos con los planes, mi madre se encargara de todo —objetó soltando su mano. No es que quisiera llevarle la contraria, pero no quería posponerlo, entendía que su suegra se sintiera mal, pero ella estaba tan emocionada con esto, era como siempre había deseado todo de ensueño. Incluso tenía su príncipe azul.
La realidad era que en el fondo tenía miedo de perderlo, no es no creyera que su relación no llegaría tarde o temprano a una boda, después de todo era lo que todos esperaban incluida ella y no podía negarse que era de las pocas relaciones serias que le habían conocido sino es que la única, todo indicaba que así debía ser.
—Comprendo, pero solo serán unos días… ya que ella no querrá que pase mucho tiempo y no deseo causarle un disgusto —explicó pasivamente, notando en las facciones de su novia el efecto de sus palabras.
—Será como tú digas —respondió después de unos segundos, se incorporó siendo secundada por Draco.
—Astoria, gracias — murmuró antes de que llegaran con Lucius—. Padre volveré enseguida, debo ir a dejar a Astoria —informó, notando que su padre estaba absorto en sus pensamientos.
—Hasta luego Lucius, todo saldrá bien.
Algunas horas después en las que los las personas descansaban mientras la luna estaba en su punto más alto y siendo opacada por las nubes de que dejaban caer una suave lluvia sobre Londres, el medimago Wolfgang, Soizic y Gonny, seguían con el tratamiento de la señora Malfoy, y finalmente sólo les quedaba esperar a que este comenzara a hacer efecto.
—Realizó un buen trabajo, ahora sólo queda aguardar, les avisare a los Malfoy, quizás ustedes deban ir a descansar y con eso me refiero a usted señorita Weasley, últimamente no se ve muy bien —señaló Johan, mirándola con seriedad.
—Preferiría quedarme para ver la evolución del tratamiento, además tengo otros pacientes que…
—Señorita Weasley, es una orden, la veré en unas horas —aseveró con firmeza—. Encárguese señorita Rosier de que eso ocurra —añadió sin dar pie a más dialogo.
—Ahora que estamos aquí con una humeante taza de café que nos quitara las pocas horas de sueño que tendremos, ¿quieres decirme qué sucede?, ¿qué te pasó hoy?
Ginny miraba su reflejo distorsionado en el cálido líquido. —Es que… sabes que Mafloy está comprometido con Astoria y eso hizo que yo recordara mi compromiso con Harry, cuando él me pidió que nos casáramos —confesó en un hilo de voz, sintiendo como su pecho se oprimía y su corazón se estrujaba, mientras una gota salina caía por sus mejillas llegando hasta su taza, donde causó ondas en el oscuro liquido.
Soizic la miró conmovida, no podía entender del todo cómo se sentía su amiga ya que ella nunca había estado en una situación similar, nunca había estado comprometida, si había sufrido unas rupturas y una en especial que la había marcado pero eso había sido hace mucho tiempo ya.
El dolor que sufría su amiga sin duda era mayúsculo, a tal punto en que no había logrado superarlo a pesar del tiempo que ya había pasado, sabía que no podía dejarla perderse más en esa depresión, tenía que ayudarla a entender que debía continuar sin él, entendiendo que él había tomado su decisión y que ella tenía derecho a rehacer su vida.
—Ginn… perdona que te diga esto, pero deberías dejar ir tu pasado no te hace bien seguir dándole vueltas a ese asunto.
—Yo… lo sé, pero es que… —Más lagrimas se deslizaron por sus mejillas— ¿y si él vuelve?, ¿y si tal vez pudiera volver a ver un nosotros?
Soizic tomó su mano estrechándola. —Pelirroja, no te hagas más daño.
Ginevra se llevó las manos a su rostro dejando salir su dolor en ese llanto, mientras su amiga la abrazaba susurrándole palabras de consuelo, poco después la chica se quedó dormida. Soizic la levitó a su cama arropándola cuidadosamente, para después retirarse para darse un regaderazo, cambiarse y tomar una poción para poder sobrevivir ese largo día.
Esperaba que poco a poco su amiga recuperara el ritmo de su vida y dejara de una buena vez ir ese dolor, aunque lo que más le preocupaba ahora, era el asunto de esos hombres que la perseguían.
Draco se encontraba en esa incomoda Sala de espera no se había despegado de ahí desde que había vuelto de casa de su novia. A partir de ahí las horas se le habían hecho eternas, la espera lo desquiciaba, pero al menos le había permitido meditar sobre los cambios que estaba sufriendo su vida, pero principalmente en la salud de su madre y lo que esto había traído consigo.
*º*º*º
Malfoy acababa de volver de un viaje, donde había trabajado en otros negocios que tenía. Estaba en su departamento revisando algunos papeles que le había llevado Nott sobre nuevos casos de personas que debían defender.
—Hijo, pensé que irías a vernos —musitó su madre entrando al Despacho.
—Madre —De inmediato se incorporó para saludarla—. ¿Te encuentras bien? Te ves un poco débil —exclamó ayudándola a sentarse en un sillón.
—Sí, esperaba que fueras a la mansión en cuanto llegaras.
—Pensaba ir a verte pero no quería toparme con mi padre, no después de la última pelea que tuvimos —explicó tratando de no sonar tan brusco, pero eso fue inútil—, lo siento madre, pero…
—Draco, no juzgues tan severamente a tu padre —pidió compasiva.
—No hablemos de eso, estuve investigando sobre tu enfermedad incluso fui en mi viaje a ver a unos especialistas pero…
—Hijo, perdona que te interrumpa, pero quiero hablarte de algo —anunció con seriedad, logrando que él le lanzara una mirada de confusión.
—¿Pasa algo más? —inquirió enarcando su ceja.
—Draco tu sabes que mi enfermedad me está consumiendo lentamente —Colocó una mano en la boca de su hijo impidiéndole que le dificultara lo que debía decirle—, eso es una realidad, aunque no lo deseemos y pensando en eso me di cuenta que quizás no esté para él día en que tu decidas sentar cabeza.
El ex Slytherin frunció su ceño deduciendo hacia donde iba esa plática, no era la primera vez que su madre hablara de eso con él, pero ahora las circunstancias habían cambiado.
—Sé que tu aún no deseas comprometerte, pero tienes a tu lado a una gran mujer, que pertenece a una familia sangre pura… no sé por qué aún no te has decidido a casarte con ella, quizás incluso pensar en tener hijos, yo estaría encantada de conocer a un nieto.
Malfoy se incorporó sintiéndose presionado y agobiado por esas palabras, miró a su madre, toda ella exclama que le estaba hablando con el corazón en las manos, incluso podía notar cuanto le costaba aceptar que le quedaba poco tiempo. El estómago se el encogió, se pasó la mano por su cabello, aunque en realidad lo que quería hacer era gritar de frustración y enojo, deseaba encontrar la manera de salvar a su madre.
—Draco, por favor piénsalo —Se levantó lentamente llegando hasta él—, sólo deseo que seas feliz y Astoria es lo que tú necesitas a tu lado, has estado con ella un largo tiempo, debes saber que no eres el único que la pretende y quizás alguno otro pueda adelantársete.
Él ya ni siquiera estaba escuchando las palabras de su madre, estaba realmente turbado, no era una decisión que él quisiera tomar de esa manera. Repentinamente su madre se sintió mal, desmayándose prácticamente en sus brazos.
*º*º*º
No es que se arrepintiera de la decisión que había tomado después de eso, Astoria era como había dicho su madre una gran mujer, con la cual había encontrado muchas cosas, además claro que sentía algo especial por ella, no sabía si era amor, pero tenía claro que no lo había sentido por ninguna otra mujer.
Dejó salir un hondo suspiro de su pecho, mientras llevaba una mano a sus ojos tañándolos suavemente, sentía la vista cansada, el cuerpo adolorido y algunas partes acalambradas, se incorporó para estirar un poco sus piernas y despejar su mente.
Había estado observando cómo entraban y salían del elevador el personal de St. Mungo, pero no lo había hecho sólo por entretenimiento, había tenido la idea de que en algún momento aparecería la Weasley, deseaba interrogarla más a fondo sobre la salud de su madre y cómo le había ido con el tratamiento, pero evidentemente ella no deseaba verlos, ya que no había tenido ni si quiera la educación de presentarse para dar algún informe.
Por otra parte la última imagen de ella no era la mejor, estaba tan demacrada y parecía haber estado llorando, pero no entendía por qué.
«¿Qué le pasara a esa? Tal parece que le hubiera pasado algo, ¿tendrá qué ver con los hombres de la otra noche?, ¿le habrán hecho algo?».
Ante la sola idea sintió repulsión, pensando en lo peor, su mente recreó imágenes de mujeres que habían sido atacadas en el pasado por mortifagos, sacudió su cabeza detestaba tener ese recuerdo.
«Pero ¿dónde diablos esta el héroe del mundo mágico, ese Cara-rajada? Él es después de todo el Jefe de Aurores, debería empezar por cuidar de su noviecita ¿o no será qué… él se cansó de ella?».
En ese momento apareció Soizic con un buen número de carpetas de los pacientes que tenía que revisar, aunque lo primero que había hecho al llegar a St. Mungo había sido preguntarle al medimago Wolfgang sobre la salud de su tía, así como avisarle que posiblemente Ginevra llegaría tarde.
—Buenos días, tío, Draco les traigo noticias, pueden pasar a ver a mi tía, aún no ha despertado, se espera que lo haga en algunas horas y al parecer el tratamiento está funcionando aunque será un largo proceso, deberán agradecérselo al medimago Wolfgang y a la sanadora Weasley —expuso apenas denotando su tono optimista, observando cómo los rostros de su familia se relajaban ligeramente, había quitado un peso de sus almas.
Lucius no dijo nada ante eso, simplemente se dirigió en silencio a los corredores de las habitaciones.
—¿Es verdad eso? —preguntó queriendo tener una certeza.
—Sí, estará un poco más débil, quizás tenga unos malestares pero está reaccionando favorablemente —repitió sonriéndole—. Por cierto, mi madre llegara en unos momentos para acompañar a mi tía, aunque mi hermano tardara en llegar, tiene algunos compromisos.
—¿Terry vendrá? —inquirió sorprendido.
—Así es desea estar aquí, sabes que adora a tu madre —respondió cómplice—, pero es mejor que vayas, y te ves fatal, desvelarte no es lo tuyo.
Draco curvó sus labios en una sonrisa que no llegó a iluminar sus ojos. —Sabes que eso es una mentira yo siempre me veo bien, recuérdalo soy perfecto.
—Tonto, tengo que irme, te veré más tarde.
—Espera, ¿dónde está… esa, la Weasley? ¿No está ella encargada del tratamiento de mi madre? —cuestionó tratando de sonar frío e indiferente.
—Deberías tenerle más respeto, es muy buena sanadora, le debes el que tu madre se esté recuperando y está descansando, no han sido días fáciles para ella, pero seguramente la veras más tarde, ahora me voy. —Se perdió en el pasillo, dejándolo meditabundo y caminando hacia el cuarto de su madre.
*º*º*º
Unas cuantas horas después Ginny despertaba abruptamente, el sudor perlaba su frente, su pecho subía y bajaba agitadamente. Se llevó la mano a su cara, una vez más había tenido una pesadilla, siempre era la misma, Harry la dejaba y se terminaba yendo con otra.
El dolor la recorrió calándola nuevamente tenía deseos de quedarse ahí y llorar pero sentía sus ojos arenosos y secos cansados de derramar tantas lagrimas, sin que el consuelo le llegase. No recordaba cómo había llegado a su cama, pero suponía que Soizic se había encargado de todo, giró su rostro en busca de su reloj, encontrándose con la sorpresa de que eran las 10:00 am, sin pensarlo aventó las mantas, una vez más iba a llegar tarde.
Se incorporó apresurada esquivando el tiradero que tenía en el suelo de su cuarto, ropa, zapatos, algunos periódicos… revistas y demás cosas, pero en su camino se topó con el cesto de la ropa sucia, el cual no pudo esquivar logrando hacerse un rasguño en su brazo, lloriqueando se metió a ducharse.
«Ahora si me correrán y no tendré con que pagar este departamento, ni cómo ayudar a esos niños del Orfanato.»
Se comenzó a enjabonar, sintiendo un poco de ardor en su nuevo rasguño mientras que de sus anteriores heridas ya sólo le quedaban algunas manchas verdosas.
—De seguro ese Lucius Malfoy debe estar despotricando contra el servicio del hospital, ojala que su esposa este reaccionando favorablemente ante el tratamiento, la enfermedad de Obitus no es fácil de combatir.
«El hurón se veía realmente preocupado por su madre o al menos aparentaba estarlo, quizás después de todo no sea un insensible, me ayudo cuando me perseguían, tal vez no es un caso perdido del todo.»
Se terminó de duchar y se vistió con su uniforme color lima con el escudo de St. Mungo, se secó el cabello y se lo amarró con una coleta, se colocó su perfume de flores y listo. Cogió en un bolso algunas cosas y salió apenas tomando una galleta para el camino.
*º*º*º
Cuando al fin llegó al cubículo que ocupaba con Soizic, dejó sus cosas encontrando sobre su escritorio un reporte sobre la salud de Narcissa Malfoy, además de una nota de su amiga.
Ginn, quédate tranquila le avise al medimago Wolfgang que te retrasarías estuvo de acuerdo en que descansaras y no te preocupes por tus pacientes me hice cargo de ellos, pero es mejor que vayas a revisar a la señora Malfoy.
Ginevra estaba agradecida por el apoyo que le mostraba cada día su amiga, además de la compresión de su jefe, tomó el reporte y salió rumbo al tercer piso.
Al salir del elevador esperaba encontrar en la Sala de espera a los odiosos rubios pero al no verlos comprendió que de seguro estarían en la habitación, dejando caer sus hombros llegó ahí, quedándose afuera estaba a punto de abrir cuando escuchó un par de voces, repentinamente la puerta se abrió dando paso a Draco, logrando que ella se hiciera unos pasos hacia atrás.
—¡Vaya! Hasta que apareces —exclamó dejando salir un tono de reclamo.
—Oye no tienes porque hablarme así y si no había venido era porque estaba ocupada, ahora si me permites voy a pesar a revisar a mi paciente, ni siquiera sé por qué te estoy dando explicaciones. —Intentó pasarlo pero él la detuvo tomándola del brazo logrando que de los labios de ella saliera un chillido de dolor.
—No me toques. —Arrebató su brazo.
Él observó el rastro de dolor en su rostro. —¿Qué diablos te sucede? —preguntó al no entender su quejido, ni siquiera había aplicado mucha fuerza.
—Nada que te importe —replicó a la defensiva, entrando a la habitación dejándolo contrariado—. Buenos tardes —saludó a los presentes dando un pequeño vistazo a sus rostros, reconociendo a la mujer que yacía ahora al lado de Narcissa—, les voy a pedir que por favor me permitan revisar a la paciente, más tarde podrán volver a verla.
Lucius dejó salir un gruñido mientras azotaba su bastón antes de salir mirándola con desconfianza, mientras que Selelie Rosier se acercaba a ella saludándola educadamente.
—Señora, es un gusto verla. Disculpe si he rechazado sus invitaciones a comer pero la verdad he estado muy ocupada —pronunció apresurada.
—No te preocupes, Soizic me lo ha explicado todo, pero en realidad ahora vengo por Cissa, ¿mejorara? —preguntó con preocupación.
—Eso esperamos.
—Entiendo, estaré en la Sala de espera, aunque después me gustaría que fueras a la casa a comer, estas demasiado delgada —prorrumpió estudiándola, saliendo de la habitación.
Al por fin quedarse sola comenzó a hacer su trabajo, notando como comenzaba a despertar la mujer quejándose ligeramente.
—¿D-donde estoy? —preguntó desubicada.
—Tranquila, está en St. Mungo, por su tratamiento contra Obitus —explicó suavemente.
—Oh… me duele la cabeza y tengo nauseas —exclamó casi sin voz.
—Entiendo, es normal pero con estas pociones se sentirá mejor —indicó acercando un pequeño frasco a los labios pálidos de la mujer, quien realizó un esfuerzo por beberlas.
Finalmente Ginny utilizó unos cuantos hechizos para hacerla sentir mejor.
—¿Dónde están mi hijo y Lucius?
—Hasta hace un rato estaban acompañándola, pero debía revisarla así que salieron, más tarde podrá verlos, pero ahora descanse… pediré que le traigan un poco de comida, regresare en unos momentos voy avisarle a sus familiares que su cuerpo esta asimilando el tratamiento —expuso para después salir.
Draco se encontraba mojándose el rostro, observándose en el espejo del baño.
«¿Qué demonios le pasa a esa? Parecía que tenía una herida en su brazo, ¿será verdad lo qué creo y esos sujetos la habrán atacado?».
Turbado ante esos pensamientos, regresó a la Sala de espera, deseaba ir a tomar una ducha y cambiarse, además de que quería ir al Despacho, pero cuál fue su sorpresa que al llegar ahí, sus dos amigos ya lo esperaban.
—Hermano, tu secretaría nos avisó esta mañana lo que había sucedido y en cuanto pudimos acomodar los asuntos pendientes, vinimos —dijo Blaise extrañamente con seriedad.
—Ya nos puso al tanto tu tía de la condición de tu madre —indicó Nott templado.
—Ya veo —añadió escuetamente, aunque saber que ellos se encontraban ahí lo hacía sentirse ligeramente mejor.
—¿Dónde está Astoria? —cuestionó Blaise al no verla cerca.
—Ayer la lleve a su casa, debe estar por llegar.
La menor de los Weasley aclaró su garganta, tratando de llamar su atención, sorprendiéndose al ver a dos ex Slytherins ahí, los podía recordar compañeros y amigos de Malfoy, Blaise Zabinni y Theodore Nott. Comenzaba a sentirse de nuevo como en el Colegio.
—Sólo vengo a avisarles que la paciente ha despertado y que el tratamiento está comenzando a crear las defensas que su cuerpo requiere, pero esto no quiere decir que mejorara de un día a otro…
—¿E-esa es la Weasley? —balbuceó Zabinni sorprendido, sin poder apartar su vista de ella.
—Cierra la boca —siseó irritado por la actitud de su amigo. Si ellos sabían desde su sexto año en el Colegio que Blaise se sentía atraído por la chica, pero jamás lo había admitido públicamente y mucho menos había hecho el intento de conquistarla.
—…podrán verla más tarde, les aconsejo que en este tiempo vayan a cambiarse y a comer algo, con permiso —culminó y se retiró yéndose por el pasillo de las habitaciones.
—No lo puedo creer así que es sanadora y no cualquiera sino la que se está encargando de tu madre —enunció Blaise aún sin salir de su estupor.
—¿Cómo fue qué eso sucedió? ¿Y es ella la chica que ayudaste? —cuestionó Nott, notando el fastidio en el rostro de su amigo.
—Mmm sí. —Salieron rumbo a una cafetería donde Draco los puso al tanto de la situación.
—¿Un trato, eh? No puedo creer que pequeño es el mundo mágico —espetó Zabinni bebiendo de su agua.
—No puedo creer que Weasley sea la que cuide a tu madre —expresó con una sonrisa enigmática.
—¿Qué puedo decir? Era la que había desarrollado el tratamiento y Soizic no lo había manejado, no nos dejaron otra opción —reveló austero, manteniendo para sí los detalles, además de sus sospechas.
—Tu padre no se ve muy convencido —mencionó Blaise, no se necesitaba mucho para darse cuenta.
—Lo sé —profirió con un suspiró cansado.
—¿Algo más pasa? —interrogó Nott astuto.
—Le pedí a Astoria que retrasara la fiesta de compromiso —divulgó fatigado, comenzaba a sentir los estragos de estar despierto más de 24 horas.
—¿Cómo lo tomó? —preguntó con cuidado Blaise, en otra ocasión hubiera hecho alguna broma pero no creía que su amigo las soportaría en ese momento.
—Al principió estuvo renuente, pero lo comprendió sólo falta que se lo diga a mi madre, espero que lo entienda.
—De seguro que sí, de todas formas espera un poco para decírselo —aconsejó Theo.
—Eso haré, es mejor que me vaya a cambiar quiero volver para ver un rato a mi madre, quizás en la noche revise los pendientes de la oficina, háganme llegar los pergaminos — pidió incorporándose dejando un par de billetes en el lugar, había detestado esa comida pero lo que menos lo importaba ahora era eso.
—No te preocupes, vendremos cuando salgamos del Despacho —anunció Blaise con una sonrisa misteriosa que incluso dejaba ver un toque malicioso.
—No estás pensando lo que creo que estas pensando ¿o si? —increpó Malfoy con mala talante, mirándolo acusadoramente.
—Draco te viste lento, yo ya lo suponía desde que la vio de nuevo —habló Theodore dejando salir su tono burlón.
—¿Qué? Sólo quiero venir a visitar a tu madre y a acompañarte como tu buen amigo que soy —pausó dejando que una gran sonrisa se colara en sus labios—, claro que si veo a la Weasley no estaría mal —dijo descaradamente—. Además, se ve que los años le han sentado bien, detrás de ese uniforme parece haber una buena figura.
Draco negó con su cabeza dejando salir un resoplido de enojo, no pudo evitar que las palabras de su amigo le evocaran las imágenes de cuando la chica estuvo en su departamento, más específicamente cuando la había visto en ropa interior, él más que cualquiera de esos dos sabía que ocultaba su uniforme.
—Imbécil… —Salió de ahí más embrollado que antes.
*º*º*º
La tarde había caído y el sol se iba desvaneciendo, las estrellas comenzaron a aparecer brillando en el cielo. Ginevra se había quedado con la señora Malfoy tratando de que ella comiera, apenas y había logrado que tomara un bocado, finalmente la dejó descansar, mientras ella atendía a sus otros pacientes y en una escapada con Soizic habían ido a comer.
No había tenido que tratar nuevamente con Lucius o el huroncito lo cual la mantenía menos tensa, le había pedido a una enfermera que les avisara que podía entrar a ver a Narcissa, con suerte estaría despierta y podrían platicar un poco con ella, cada quien en su turno.
Poco después se enteró por Soizic que el medimago Wolfgang había estado hablando con el patriarca de los Malfoy, pero ella tenía claro que había hecho su trabajo bien, aunque tenía miedo de ir a su cubículo, la había mando traer y no sabía lo que le diría, eso le causaba ansiedad y por consecuencia se estaba comiendo las uñas de sus manos.
Se mordió el labio inferior y tocó la puerta encontrándose con la sorpresa de que ahí no solo estaba el medimago sino también el príncipe de pacotilla alias Draco.
—Señorita Weasley, adelante —indicó Johan, señalándole una silla junto al hurón.
Ginny de mala manera se sentó no sin antes lanzarle una mirada de odio Draco, el cual sonrió sarcásticamente.
—No entiendo ¿qué hago aquí?, ¿pasa algo? —preguntó desconcertada. Le molestaba sentir la fija mirada de Draco sobre ella, le causaba un escalofrío que le recorría la columna hasta llegar a su nuca.
—No, no… como sabe el tratamiento está surtiendo efecto, su trabajo ha sido bueno, pero Lucius y su hijo, han empezado a realizar los trámites para traspasar a la paciente a…
—¿Cómo? De ninguna manera, ¿acaso están locos? Eso puede ser contraproducente, además el tratamiento y… —interrumpió exaltada, no podía creer eso.
—Tranquilícese, hemos pensado que quizás su recuperación avance si se encuentra en su casa, ya que aquí se siente demasiado incomoda.
—No lo puedo creer —soltó enfurruñándose—, pero ¿quién aplicaría el tratamiento?, esto debe tener una secuencia, si lo deja no puedo asegurar que sobreviva.
—Entiendo su preocupación, pero el tratamiento usted se lo seguiría administrando, si acepta ir hasta su casa —finalizó, notando que su aprendiz tenía el rostro desencajado.
—¿Q-qué? —logró pronunciar.
Draco por una parte disfrutaba de la reacción de la chica, de sus gestos, cualquiera hubiera aceptado con facilidad pero ella sabía que lo haría difícil, después de todo iba a meterse a la casa de su enemigo del Colegio, seguramente sus padres serían los primeros en decirle que no lo hiciera.
—Me permite hablar con ella a solas —enunció con calma.
—Sí, claro —respondió el anciano, retirándose del lugar. De inmediato Ginny se incorporó impulsada por su molestia.
—¿Qué tienen ustedes en la cabeza? ¿Cómo se les ocurre esa idea de llevársela a su casa? Y por supuesto me niego a ir a tu casa, además se necesitaría adaptar la habitación…
Malfoy comenzaba a sentirse mareado por el constante caminar de la pelirroja y de su parloteo.
—Weasley, ¿quieres dejar de moverte? No estoy muy de acuerdo con esto... pero es el deseo de mi madre y mi padre hará todo lo que esté en sus manos para lograrlo y yo lo ayudare, entendemos los riesgos, pero si tu aceptas aplicarle el tratamiento en nuestra casa no te hará falta ningún material, aparato, lo que sea necesario para que ella esté bien… además estamos dispuestos a darte algunos galeones, lo que pidas —expuso con firmeza, analizando cada gesto en el rostro de Ginny, podía notar que estaba furiosa, incluso sus mejillas estaban teñidas de rojo por el coraje y sus ojos recuperaban su brillo en momentos.
—¿Q-qué? ¿Crees qué no acepto por dinero? Eres más idiota de lo que pensé…
—Entonces dime por qué no aceptas —exigió incorporándose colocándose frente a ella, retándola.
—Porque aquí tenemos acceso a todo lo que ella necesita, hay más sanadores que la estarían vigilando. Además no sé si sea lo mejor para su salud, esta delicada… apenas y ha probado bocado, y yo no podría dejar mi horario de trabajo en St. Mungo sólo para ir a ver a tu madre, tengo más pacientes, niños que me necesitan... de ninguna manera es mejor que ella se vaya, no hasta que este más recuperada.
Él podía ver que sus palabras eran sinceras y su interés por su madre así como por otros pacientes era genuino.
—Acepta, tú misma has dicho que el tratamiento en mi madre es experimental y que puede no funcionar, sino lo hace no deseo que pase sus últimos días en este deprimente lugar —repuso enfocando su mirada en sus profundas pupilas—, sólo acepta… hazlo por ella, porque es su deseo, hazlo por tu paciente. —La chantajeó.
No le gustaba la idea de tenerla en su casa y de rebajarse a pedirle las cosas de esa manera, pero esto lo hacía sólo por su madre, apretó el puño molesto por la superioridad que demostraba la pelirroja y por no poder destilar algún comentario venenoso que le punzaba en la punta de la lengua.
Ginny lo miraba extrañada nunca había tenido tan cerca de Malfoy y mucho menos hablándole de esa manera, se sentía demasiado abrumada.
—No lo sé, debo pensarlo… ver cómo evoluciona y todo dependerá de eso —concluyó saliendo de la habitación.
*º*º*º
Continuará.
