Capítulo 3. Encantada de conocerte… otra vez.
Cuando la luz entró de forma brusca en mi habitación protesté y me tapé completamente con las mantas.
- Querida hermana… - noté cómo un peso se sentaba a mi espalda en mi cama, y la voz era de Alison. - Ya son horas de levantarse. - me destapé para mirarla con el ceño fruncido y sin poder enfocarla por no llevar las gafas.
- ¿Qué hora es? - pregunté indignada.
- Son las tres de la tarde. - contestó tranquilamente.
- ¿Las tres? ¿Y me despiertas? No llevo ni ocho horas dormida. Que te den. -me volví a tumbar mirando hacia la pared y me tapé otra vez.
- He venido a preguntarte si quieres venir a pasar las Navidades con nosotros. - volví a mirarla destapándome.
- ¿Con Donnie y contigo? ¿Y qué hago yo? ¿Os tomo la temperatura para ver si estás receptiva para quedarte embarazada? - pregunté levantando la ceja.
- No, tonta. - se rió suavemente y volvió a mirarme. - Vi que hablasteis Delphine y tú, y hablé con ella y me explicó que estuvisteis bien… Y me dijo que podría invitarte, y ya que estás aquí…
- ¿Delphine? - y me acordé. - Y su prometido también, ¿no? - ella asintió.
- ¿Cómo te ha sentado la noticia? - preguntó preocupada.
- Bien, ¿cómo me va a sentar? Si yo te contara con cuantas he estado… - me puso la mano en la boca.
- Por favor, no necesito saberlo.
- Bueno, que está superado, estoy bien, no te preocupes, bicho. - solté y le despeiné el flequillo sonriendo al verla fruncir sus labios enfadada antes de volver a tumbarme. -Vale, iré, pero deja que lleve yo también acompañante. - la miré desde mi posición.
- No, no te lleves a ninguna para hacer guarradas allí. - yo fruncí el ceño otra vez.
- ¿Y qué mierda vais a hacer vosotros? No es justo que vosotros estéis follando y yo mirando las musarañas, yo también me lo quiero pasar bien… - protesté.
- Cosima, por favor…
- Vale, está bien… - cerré los ojos dispuesta a seguir durmiendo. - ¿Y a dónde vamos?
- A Leavenworth, en Washington.
Estar otra vez paseando por medio de la ciudad me traía muchos recuerdos, y era extraña esta sensación de bienestar y paz mientras pasaba entre los grandes edificios. No soy persona de regalos, pero me he dado cuenta que igual un detalle por Navidad para mi familia y para agradecerle todo lo que han hecho por mí desde que me fui a Canadá no estaría mal por mi parte.
Me perdí en el centro comercial buscando algo para mi hermana, para mis padres fue fácil, pero para mi hermana no sabía que cogerle. Igual podría cogerle un consolador para que estuviera más contenta, no sé si Donnie podía estar a la altura. Pero teniendo en cuenta cómo era Alison, el consolador iba a servir de arma letal contra mí.
Iba metida en mis pensamientos y escuché a alguien saludarme y agarrar mi brazo. Oh, Delphine…
- Delphine… ¿compras de última hora? -le sonreí y ella me devolvió el gesto levantando algunas bolsas.
- Lo mismo que tú, ¿no? - asentí divertida. -¿Vienes mañana a Washington? Es el segundo año que vamos, es precioso en Navidad.
- Claro, ¿por qué no? Aunque Alison no me deje llevar ligues.
- Ya la conoces. Bueno, van dos amigas, igual puedes intentar lanzarle la caña a alguna. - dijo divertida haciéndome reír. - El pueblo es increíble, y las luces que lo decoran también, ya lo verás.
- Me muero por verlas. - sonreí e hubo un segundo de silencio, sus ojos bajaron a mi sonrisa, y aproveché para mirar sus labios también.
- Bueno, voy a seguir con las compras… ¿Nos vemos mañana entonces? - yo asentí y ella empezó a andar en la dirección que iba.
- Espera. - la agarré de la mano, seguía siendo la mujer con dedos de hielo. - Oh, Dios, estás congelada. - me reí viendo su sonrisa. - Te invito a un chocolate caliente si me ayudas a encontrar un regalo para Alison. - le propuse.
- Vale, pero quiero ese chocolate, no se me olvida, ¿eh? - comentó divertida.
- Soy una mujer de palabra. - levanté mis manos para que viera que no cruzaba los dedos ni nada por el estilo.
- Eso espero, porque ahora lo necesito. - me reí al escucharla.
Al final no le cogí un consolador, Delphine me comentó que mi hermana tenía últimamente ganas de una tablet, yo no lo entendía, teniendo un móvil… Pero bueno, se la cogí. Y ahora estábamos sentadas en una terraza hablando tranquilamente. Estaba muy a gusto con ella, la parte de incomodidad que había a veces entre nosotras parece que desapareció. Nos reíamos, soltábamos tonterías, y nos contábamos cómo nos había ido desde la última vez que hablamos.
- Bueno, háblame de tu hombre, que ayer casi no tuvimos tiempo de hablar con tanta gente, tampoco creo que fuera el lugar más indicado. - estuve todo el rato sonriéndole, para que sintiera lo poco que me importaba que estuviera con un tío.
- ¿Daniel? - lo decía con acento en la a, muy francés.
- ¿Estás saliendo con más gente? - cuestioné con media sonrisa, provocando que riera.
- No sé, ¿qué quieres saber?
- ¿Cuánto lleváis juntos?
- Cinco años, y poco más.
- ¿Cuándo os casáis?
- No nos vamos a casar... - se río. - Bueno, algún día, supongo, no lo sé.
- Y te lo has buscado francés, no hay a quien engañe con ese acento. - comenté divertida.
- Sí, fuimos al instituto juntos, fue casualidad encontrármelo allí en San Francisco.
- ¿También vive allí? - pregunté llevándome la taza de chocolate a los labios para beber.
- Vivimos juntos.
- Oh. - sonreí. - Interesante… ¿Y en qué trabaja? ¿O qué hace con su vida?
- Es médico, cirujano.
- Entonces será bueno con las manos. -noté cierto rubor en sus mejillas y sonreí. - ¿Es el primer tío con el que estás después de, bueno, lo que pasó? - pregunté pícara.
- No, he estado con otra gente antes de con él.
- ¿Puedo ser sincera y directa? - pregunté echándome sobre la mesa como si le fuera a decir un secreto, ella hizo lo mismo asintiendo y sonreí de nuevo. - ¿Tan mal lo hice para que acabaras con un hombre y no con una mujer? - me reí al ver su expresión de sorprendida, y solté una carcajada cuando noté cómo me daba una patada debajo de la mesa.
- Que idiota eres… - se rió ella también.
- Pero no me has respondido… - tanteé y ella bebió de su chocolate, y se lamió los labios para limpiarse antes de volver a posar la taza en la mesa.
- No lo hiciste mal, y lo sabes… No sé qué es lo que quieres oír… - dijo seria, pero cuando me miró que sonreía, también lo hizo ella divertida.
- Me vale con esa afirmación, ya sabía yo que no lo hice mal… - le guiñé un ojo.
- ¿Y qué hay de ti? ¿Alguna chica por Canadá? Aunque por lo que me has dicho antes dudo que haya alguna relación seria, ¿no? Por eso de llevar ligues a Washington...
- Nada serio, Cosima está soltera y entera. - me eché en la silla sonriendo satisfecha.
- ¿No has tenido ninguna relación desde entonces? - el tono de la conversación cambió de repente.
- Emm… - empecé, y lamí mis labios, otra vez su mirada bajó a ellos, siempre ha tenido la manía de mirar los labios, pero bueno, no me voy a quejar, así aprovecho y echo yo también un vistazo a los suyos. - No, no he tenido parejas, solo he ido de flor en flor. Es más divertido así. ¿Y tú? ¿Cuántas relaciones serias?
- No sé, ¿tres? - se quedó pensativa y afirmó. - Tres y Daniel ahora.
- Me alegro por lo tuyo con Daniel. -comenté sonriéndole antes de volver a beber de mi taza, ya se estaba terminando, así que eso hice.
- Gracias. Estoy feliz con él, la verdad.
- Ya sabes que se me hace raro pensar en los hombres como algo con lo que estar feliz… - empecé a bromear. - ¿Al menos el sexo es bueno? - guiñé un ojo y me reí al verla otra vez avergonzada.
- Sí, es genial. -comentó tímida.
- Entonces también me alegro por ello. - miré su sonrisa unos segundos antes de volver a sus ojos. - ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Vuelves a casa?
- Sí, he dejado allí a Daniel con mis padres para que no viera su regalo.
- Pago y te llevo, he traído el coche, yo también he terminado ya.
- Oh, no, Cosima, no hace falta que pagues.
- Sí, he dicho que te invitaba. - me levanté y ella agarró mi muñeca con sus dedos.
- Ya lo sé, pero… Deja que yo pague lo mío.
- No seas tonta, que no me voy a arruinar por un chocolate. - me reí y fui a pagar.
El espacio entre nosotras volvía a ser reducido, le ayudé a meter las bolsas que llevaba en el maletero y me senté respirando hondo, y maldije porque lo que conseguí fue impregnarme de su olor, y seguía oliendo demasiado bien. La miré antes de arrancar el coche y que se escuchara lo podrido que estaba ya el pobre.
- A pesar de parecer un viejo tosiendo sigue siendo sexy, admítelo. - y acaricié el volante mirándola pícara, ella se rió con la broma y fuimos a casa.
No había nada mejor que el cuerpo desnudo de una mujer. Las curvas de sus pechos, las de sus caderas, las de su culo, y cuando sus labios te suplicaban por más o, mejor, cuando esos labios te hacían a ti suplicar por más.
Salir con Felix por Los Ángeles siempre lo he recordado como algo borroso, borroso por lo borracha que iba siempre, y me gustó salir con él y otros amigos después de tanto tiempo a lo mismo, a emborracharnos y buscar a alguien que nos dejara disfrutar un poco más de la noche.
Felix se conformaba con hacerlo en los baños, pero yo prefería que me invitaran a sus casas. Los baños me parecían muy incómodos y, a veces, muy poco higiénicos, no mentiré.
Me apoyé en la barra con otra copa, no sabía ya cuántas llevaba, y tenía ya ganas de acostarme con alguien. Empecé a mirar y vi a una chica rubia que me miraba desde una mesa con las que supongo que eran sus amigas, eran cuatro en total. Todas me miraron en ese momento, y las saludé con la mano sonriendo. Agarré mi copa y me acerqué a ellas cogiendo una silla de una mesa vacía para sentarme con ellas.
- Hola, chicas, ¿qué tal va la noche?
- ¡Hola! - contestó una muy entusiasta. - Celebramos su despedida de soltera. - y señalaron a la rubia en cuestión, y la miré divertida.
- Casarse es para toda la vida, ¿estás segura? - bromeé, inclinándome hacia ella, y la vi nerviosa, haciendo que sonriera más. - Por cierto, soy Cosima. - me presenté a todas.
- En su despedida queremos que cumpla una fantasía que tiene… - se empezó a reír una de ellas. - Quiere liarse con una chica. - y levantó la ceja mirándome.
- Y estáis en un bar de ambiente para buscar una presa, ¿no? - comenté. - Es una idea genial… ¿Queréis que os ayude? - y me giré haciéndome la tonta como si mirara a las chicas que habían en el bar, sé que ellas ya habían elegido.
- Me gustas tú, Cosima. - me dijo la chica rubia, y yo la miré pícara.
- Oh, así la ayuda será más fácil y directa. - y me acerqué a ella. - ¿Quieres bailar? - y escuché a sus amigas emocionarse con mi pregunta, les dirigí una mirada divertida antes de levantarme y ofrecer mi mano para que me acompañara.
Estaba muy buena la chica, tenía unos pechos increíbles que notaba perfectamente cuando se pegaba a mí mientras bailábamos. Yo le estuve tentando para que buscara mis labios, acariciando su cuello con ellos o con mi lengua y no tardó mucho en besarme, haciéndome sonreír, las mujeres de aquí eran mucho más cálidas, eso era así. Su lengua se introdujo en mi boca en la pista de baile aun, agarraba mi cuello con sus dos manos, manteniéndome cerca de ella. Besaba bien, la verdad sea dicha.
- Vamos a mi casa. - me susurró aun con sus labios pegados a los míos.
- Perfecto… Muéstrame la dirección. - la observé toda excitada por la situación, me llevó hasta su casa, y me lanzó contra el sofá mientras me desnudaba muy rápido y algo torpe.
- Es la primera vez que voy a mantener relaciones sexuales con una mujer… -empezó a decir.
- Algo así he oído... - sonreí. - Es halagador que me hayas elegido a mí. - agarré su cuello mientras empezaba a lamer mis pezones, pasando de uno a otro, y cuando no estaba su boca en uno estaba su mano pellizcándolos.
Cambió mucho mi punto de vista desde que fui "la otra" por primera vez con Delphine, cambió de un "sé lo que duele" a un "es su problema". Y el problema si nos pillaban en este mismo instante era de la chica que acariciaba mi cuerpo desnudo muy interesada porque soy la primera mujer que se iba a tirar.
- Va a ser raro que no haya una polla aquí… -su mano empezó a acariciarme, y yo jadeé.
- Va a ser mejor... - mordí mi labio mirándola, esa forma de tocarme indecisa por no saber qué era lo que más podría gustarme me estaba excitando, porque tocaba todo. - ¿Te gusta? - pregunté elevando mis caderas, notando cómo seguía moviendo sus manos hacia arriba y hacia abajo.
- Es todo muy húmedo… - susurró, y empezó a mover sus dedos tanteando el terreno.
- En la boca es mejor… - sugerí a la chica, que se lamió los labios mientras bajaba hasta arrodillarse en el suelo, y yo me apoyaba en el respaldo del sofá mirándola y agarrando su pelo para pegarla a mí, suspirando cuando sacó su lengua.
Me puse el pañuelo bien cuando salí a la calle de madrugada, me habría quedado a dormir, pero me acordé que debía coger otro avión, dirección Washington esta vez. Al menos con el sexo la borrachera se me había pasado un poco. Más que nada porque, la chica era un bombón, pero no se callaba, todo lo comentaba, comparando el sexo con los hombres, diciendo que llega a probarlo antes y no se casaba.
No tardé en llegar a mi calle, y me quedé un rato frente a la casa de Delphine, mirando su ventana con luces apagadas, estaría ahí con Daniel.
Sacudí de nuevo mi cabeza y seguí andando hasta mi puerta para intentar descansar un poco antes del avión, si me dejaban los pensamientos y recuerdos hacerlo.
*** Flashback Navidad parte 2 ***
Jadeé cuando me pegó otra vez contra el colchón y pude notar cómo me miraba. Esos ojos oscuros me estaban dejando sin respiración. Se apoyó en sus manos, y se empezó a echar sobre mí, pero no para quedar ella a mi altura, sino para que lo hicieran sus pechos, y, joder, los quería tener ya en mi boca, así que antes de que lo hiciera del todo, levanté mi torso para agarrar uno de sus pezones con mi boca y escuché a la chica que había sobre mí gemir cuando decidí tantearla mordiendo su seno.
– Hazlo otra vez. – la escuché susurrar agitada.
– ¿El qué? – pregunté distraída buscando su otro pecho para también lamerlo y erizar su pezón en mi boca.
– Muérdeme. – sonó como una orden, y me sorprendió y excitó mucho. Levanté mi ceja mirándola sonriendo de nuevo desde la almohada.
– Mmmm… – me empecé a reír y giré nuestros cuerpos otra vez. – ¿Te gusta que te muerdan?
– Eso parece… – ahora me pellizcó el pezón sin piercing antes de que yo comenzara a bajar por su cuerpo, lamiendo cada centímetro de piel, descubriendo lo bien que sabía su cuerpo y su sudor, y entreteniéndome en su pecho con mi lengua al principio. Agarró mi cabeza cuando mordí un lado de su relleno pecho, sintiéndolo en mis dientes, y pasando mi lengua para calmarlo mientras me arqueaba contra ella totalmente excitada. – Más fuerte…
Un escalofrío recorrió mi cuerpo, ¿a Delphine le gustaba fuerte? Si era así, no sé si aguantaría hacerlo con ella sin morir de un infarto al corazón. Volví a arquearme, sintiendo su entrepierna en mi abdomen, al escuchar ese gemido tan alto derritiendo mi cerebro cuando apreté más mis dientes totalmente excitada, notando como "húmeda" era poco para describir lo que yo sentía entre mis piernas en esos momentos.
Se sentó un segundo sólo para agarrar mi cara y besarme, gruñí sin poder evitarlo cuando sus dedos se hincaron en mi pantalón, apretándose sobre mi intimidad y volviéndome loca. Nunca había estado así de sensible por nadie, si aun no nos habíamos quitado la mitad de lo que llevábamos encima de ropa, joder.
Me escondí en su cuello cuando bajó en un mismo movimiento mis pantalones y ropa interior, dejándolas bajo mi culo, supongo que sus brazos no daban para bajarlos más. Me dejé tocar por ella, porque necesitaba que lo hiciera, si no me corría ya, eso de ahí abajo iba a explotar solo. Acarició mi pubis con sus dedos, y la escuché suspirar. Y algo me extrañó, cuando sus dedos no pasaron por mi clítoris, sino que fue directamente hacia abajo tras acariciar mis labios externamente. Sintiendo mi humedad, como si fuera a penetrarme sin más.
– Espera, Delphine… Por favor… – me levanté de encima de ella y noté lo que dolía el placer que llevaba acumulado en la entrepierna. Si quería penetrarme, sería mejor deshacerme de la ropa, porque necesito abrir bien las piernas para que haga lo que quiera conmigo. Me miró de arriba abajo antes de llevar los mismos dedos que habían acariciado mis labios a la boca. – Maldita…
Me fallaron las piernas, eso era así. La mirada de Delphine, y esos labios tan jodidamente sexys que tenía lamiendo sus dedos y gimiendo, supongo que al notarme en ellos, me volvió loca. Agarré el pantalón de su pijama y lo arranqué de su cuerpo antes de lamer su muslo mientras seguía mirando lo que hacía con sus dedos.
Miré la mancha de humedad que había en su ropa interior, y suspiré contra su muslo notando otra vez cómo se me olvida levemente cómo respirar, es más, creo que se me olvidó cómo se hacía cuando lancé la última prenda bien lejos de allí, no quería verla por unas cuantas horas cerca, y pude ver su centro claramente haciendo que separara bien sus piernas con mis manos apoyadas en el interior de sus muslos.
Me quedé en la misma posición, apoyada en su muslo, intentando respirar para no morirme, y viendo su intimidad llena de flujos, y era por mí. Se me hacía la boca agua con solo la visión. Tanto tiempo deseándola tener así, toda para mí, y ahora que la tenía, no podía parar de mirar esa parte de su anatomía. Era perfecta tal y como estaba, incluso con el vello fino y claro que decoraba la zona del pubis.
Pasé un dedo, y suspiré contra su muslo, pasando la lengua por su piel, imaginando por unos segundos que era lo que sentía mi dedo, esa humedad que iba a acabar con mi cordura. Separé sus labios ahora con dos dedos, observando su clítoris hinchado, su estrecha y casi virginal entrada.
Era como estar viendo una película, mi mano libre bajo hasta mi propia intimidad, no estaba segura de si Delphine podía apreciarlo, pero me toqué suavemente. Prometo que si me entretenía unos segundos más con mi propio clítoris tendría un orgasmo ya muy intenso.
– ¿Qué haces? – escuché su voz nerviosa pero a la vez muy excitada, y fue como si sufriera una desconexión de lo que pasaba entre sus piernas a la realidad, y la miré de nuevo a los ojos.
– Es mejor de lo que esperaba… – me salió la voz tan ronca que casi ni me reconocí en ella. – No sé ni por dónde empezar… – la chica estaba algo sonrojada devolviéndome la mirada. – Lo siento, no quería incomodarte…
-Ven aquí.
Agarró mi brazo ayudándome a ponerme de pie antes de besarme rodeando mi cuello. Gemí contra su boca, estaba siendo demasiado bueno todo de repente, se me había olvidado todo y solo existía en ese momento Delphine. Delphine y la cama de su habitación donde iba a hacerle el amor, y esperaba que fuera muchas veces.
La empujé suavemente contra la cama antes de ponerme sobre ella de nuevo. Necesitaba cambiar de zona húmeda. Necesitaba cambiar de labios. Por fin podía controlar mi cuerpo, y bajaba lamiendo todo lo que encontraba, acariciando, apretando sus pechos y sus costados con mis dedos. Fui separando sus piernas, abriendo paso a mi boca, la que se moría por probarla ya y que estaba en esos momentos entretenida en su ombligo.
Pasé mi lengua por su pubis, bajé por su ingle, y la lamí, estaba también húmeda, y casi me muero por lo poco que pude notar de su sabor. Podía olerla, y estaba produciendo unas cosas increíbles en mi cuerpo. Olía demasiado bien, era increíble, metería ahí mi nariz, y que sea lo que Dios quiera, porque ese olor me estaba dejando la boca con ganas de fundirse con lo que lo producía.
Dispuestos a producir un infarto en mi persona, tuve dos opciones cuando escuché que una puerta se abría en el piso de abajo. Y las pensé mucho. Uno, comérmela hasta que se corra, y conseguirlo en tiempo record. O, dos, vestirme rápidamente para que no nos pillen desnudas en la cama. Obviamente la mejor opción era la primera, pero Delphine empezó a empujarme y se comenzó a vestir.
Oh, joder.
Me puse las gafas de mala gana y busqué mi ropa para vestirme antes de que llegara el demonio infernal que había hecho que esto se acabara por hoy. Delphine volvió a encender la televisión y se sentó a mi lado en la cama que estaba algo muy deshecha, pero no pasaba nada.
Entró la madre de Delphine, hablando en francés, pero me sonrió cuando me vio.
– Hola, Cosima, ¿cómo estás? Cuanto tiempo. – cambió el chip lingual, y se acercó para darme dos besos, estos franceses besucones. No creo que le agradara si le dijera que mi boca ha estado a punto de cometer un delito entre las piernas de su hija.
– Muy bien, ¿y a usted? – sonreí ladeando mi cabeza.
– Oh, no me hables de usted, por favor. Y muy bien, solo he venido a ver como estaba Delphine, que veo que la estás cuidando. Te veo mejor cara, hija… – se acercó a la que había junto a mí en la cama y puso su mano en la frente.
– Oh, no me hagas esto. – me empecé a reír junto a su madre cuando vi que cara ponía la pobre.
– Bueno, tu padre me está esperando abajo, nos vamos con John y Marie a tomar algo. No nos esperes despierta. – oh, no sabía que la señora Cormier era tan fiestera…
Antes de salir por la puerta nos lanzó un beso y Delphine nada más desapareció se levantó de mi lado yendo hacia ella.
– Vale, eso ha estado cerca. – comenté divertida intentando calmar la tensión tras esperar a que se fuera de la casa. Sonreí pícara cuando vi que a lo que iba era a recoger sus bragas que estaban sobre la cómoda. – Lo siento, cuando estoy excitada no calculo mi fuerza… – me tumbé y ella hizo lo mismo antes de compartir lo que pasaba por mi mente. – No es buena idea hacerlo aquí… Igual ha sido una señal para que paráramos…
Ahora que había pasado levemente el calentón inicial y la sangre empezaba a llegar a mi cerebro, no sé si podría participar en esto. Aunque visto lo visto he estado muy dispuesta. Igual la sangre todavía no está muy arriba de mi cuerpo aún…
– Lo siento… – sonreí al escuchar su voz triste y me acerqué más a ella mientras agarraba uno de sus rizos.
– Es lo que mejor se nos da. Pedir perdón y besarnos. ¿Cuántas veces van ya? – me reí, y la hice sonreír, que era lo que más me encantaba de este mundo, su sonrisa, además de ese acento matador, pero eso era otra cosa.
– Cosima, no sé qué me pasa contigo. – confesó acariciando mi mejilla y logrando que mi corazón volviera a golpear mi pecho con fuerzas. – Me atraes mucho, y me es imposible no besarte cuando estamos solas. Y ahora me siento mal.
Me alegra escuchar eso en el fondo, porque a mí también me es complicado no besar esos labios, es increíble el magnetismo que siento hacia ellos, cómo los necesito contra los míos a cada momento.
– Eh, no es tu culpa, es algo químico la atracción, y en este caso es mutuo. Y… bueno, yo también me siento mal por esa chica… No lo volveremos a hacer, ¿vale?
– Vamos a acabar haciéndolo. Las dos lo sabemos. – me acerqué para darle un lento beso en los labios. Era la realidad, no podíamos negarlo, y más viendo cómo subíamos un escalón más en cada encuentro que teníamos. – Quédate a dormir. – me suplicó, y yo no podía decirle que no si me lo decía con esa voz y esa carita de cachorrito. – Vamos, se supone que estoy malita y estás para cuidarme.
– Vale, me quedaré a dormir, pero porque es Navidad. – sonreí.
Cambio de roles, ahora era yo la que tenía un pijama de ella puesto, aunque me arrastrara un poco el pantalón, pero bueno, si era para estar metida en la cama…
Lo que estoy sintiendo con Delphine era muy intenso, y era raro. Ni cuando estaba conociendo a Shay estaba así, esta necesidad, este deseo tan incontrolable… Me gusta mucho, desde hace mucho tiempo. Ya me gustaba cuando tenía diecisiete años, pero cuando vino a la Universidad, desde que bajó conmigo en ese ascensor para hacer ejercicio juntas, desde ese día no me la podía quitar de la cabeza.
Y la más mínima oportunidad la he aprovechado, besarla en mi piso la primera vez, dejarme llevar el día que fui con ella al concierto del piano, ayudarla con sus prácticas, ver películas con ella y que agarrara mi mano… Aunque solía tener las manos frías, había momentos en los que era la mano más cálida y más suave del mundo, y sus dedos entre los míos encajaban demasiado bien.
Llevábamos un rato en la oscuridad, pero sabía que estaba aun despierta. Voy a decírselo, necesito decírselo.
– Delphine… me gustas de verdad… – confesé.
– Y tú me gustas de verdad a mí. – sonreí al escuchar esa frase, y sentí la yema de su dedo contra mis labios, acariciándolos.
Le encantaba acariciar mis labios y, ¿quién era yo para quejarme?
*** Fin del Flashback ***
Espero que tengáis un buen fin e inicio del año, y que todos vuestros deseos sean posible en el 2016.
Que os haya gustado el capítulo.
¿Os está gustando?
Gracias por comentar y por leer entre las sombras.
Nos leemos pronto.
