La Flor del Desierto

*Ikhny Shy

Todo lo que está encursivaes lo queGajeel Imagina.

Levy caminó junto al Dragon Slayer con la mirada fija en el suelo, mientras sus brazos apretaban con fuerza su libro contra su pecho. Su mente estaba plagada de preguntas, casi todas relacionadas con el hombre que avanzaba a su lado a quien no lograba comprender para nada… A veces parecía que lograba resolver algún fragmento del inmenso misterio que Gajeel representaba, solo para que él hiciera algo que destruiría aquello que ella creía haber descubierto… y la maga volvía al punto actual donde no podía comprender las acciones de su compañero… y la curiosidad, la intriga volvían a ella con mayor intensidad que antes… Levy amaba los enigmas y quizás por eso se sentía tan atraída por el enigmático Dragon Slayer de Hierro.

Lo miró de soslayo tímidamente, el mago caminaba con sus brazos cruzados, espalda y hombros erguidos y una siempre presente expresión severa en sus facciones. Levy se preguntó si las órdenes de Makarov eran por ella ya que durante los eventos del torneo el Maestro no le había advertido del peligro de Raven Tail y ambos estaban en las gradas observando el transcurso de las batallas… Pero Gajeel no tenía motivos para mentir, ¿Verdad?

-Oye, Gajeel… - Comenzó ella con la voz suave y su mirada aún fija en el suelo. El aludido no la miró, emitió un corto sonido que le indicó que estaba escuchando. –Dijiste que el Maestro te envió… y deduje que era por Raven Tail… - Continuo agudizando su mirada en un punto distante, como tratando de comprender algo muy difícil –Pero… ¿Te envió por Lucy… o… por mí? – Su voz finalizó la frase con un hilo muy débil, insegura, casi temerosa. Gajeel la miró fugazmente y chasqueó la lengua.

-Estoy yéndome contigo, ¿No? –

-Pero… - Siguió, todavía esforzándose por comprender. -¿Porqué a mí? –

-Y eso que importa?! – Exclamó el mago exasperado. Levy no se inmutó por el exabrupto, ya se estaba acostumbrando al carácter explosivo del Dragon Slayer. -¿Acaso te molesta? –

Ambos se detuvieron. Levy negó con la cabeza fijando sus ojos en los rojos de su compañero, tan intensos que parecían penetrar en su mirada.

-No, no es eso. – Respondió con voz suave y forzó una sonrisa. –No quise… -

-Entonces, ¿Porqué tantas preguntas? – Gruñó el mago y se cruzó de brazos.

-Por nada… es que yo… solo quiero entender. –

-¿Entender qué? ¿Qué es lo que no entiendes? –

-¿Porqué el Maestro te envía a cuidar de mi? Raven Tail solo atacó a los miembros que están participando en los Juegos y yo… Oye! –

Levy comenzó a trotar detrás del mago que la había dejado en medio de su reflexión y marchaba a pasos agigantados por el pasillo hacia la habitación de Levy.

-No me dejes hablando sola, Gajeel!. – Chilló la maga ofendida por la actitud del moreno.

-Estoy cansado y quiero dormir. No estoy de humor para tus… tus divagaciones. – Respondió él con tono áspero. Levy se cruzó de brazos y lo miró con notoria furia en sus facciones. El mago la observó fijamente, irguiendo su cuerpo, imponiendo su diferencia de altura. Levy ni se inmutó por el intento de intimidación que Gajeel desplegaba y devolvió su mirada desafiante.

-¿Es así como va a ser? – Preguntó ella molesta, luego de unos largos instantes de silencio profundo. –¿Vas a tratarme de esa manera? Porque la verdad que no pienso aguantarte así. –

-Pues lo lamento, enana. Te guste o no vas a tener que soportarme. –

-¿Porqué? –

-Ya te lo dije, ordenes del viejo. – Contestó desviando la mirada, mirando hacia un costado.

-Prefiero escuchar las órdenes del propio Maestro. –

-¿Qué significa eso? – Preguntó él, volviendo su atención a ella y frunciendo aún más el ceño. Levy continuó observándolo con aire desafiante. -¿Crees que estoy mintiendo, enana? – Permanecieron mirándose fijamente unos instantes. -¿Porqué iba a mentirte con esto? – La chica lo meditó un momento y su expresión se suavizó, bajó sus ojos fijándolos en la punta de los zapatos de Gajeel y dejó caer sus brazos al costado de su cuerpo…

-Es verdad… - Suspiró y volvió la mirada al Dragon Slayer. –No tienes motivos para hacer esto, si no fuera una orden… -

Levy reanudó la marcha hacia su habitación, se notaba que todavía seguía pensando, analizando y Gajeel la dejó avanzar sola antes de seguirla. El mago cerró los ojos con fuerza y apretó sus puños. La discusión con su compañera dejaba en sus hombros una carga pesada y la tensión del momento le había acelerado los latidos, necesitaba calmarse antes de continuar, no se sentía capaz de seguir mintiéndole, pero ciertamente tampoco quería decirle la verdad.

Llegaron a la habitación y al cerrarse la puerta tras Gajeel, Levy se paralizo en su lugar. Sus ojos ensanchados y sus labios partidos en medio de decir algo. El mago la observó curioso, pero no le dijo nada. Ya sabía que la chica no tenía compañero de habitación por lo que se imaginó que el lugar era bastante pequeño, solo tenía una cama de 1 plaza, un armario y el baño. Enfrentado a la cama se encontraba un enorme ventanal con cortinas blancas, el Dragon Slayer se acercó y se asomó por la ventana, miró hacia todas direcciones, enfocó sus sentidos hasta asegurarse que no había nadie en las proximidades, luego cerró la ventana con seguro.

-¿Vas a quedarte ahí toda la noche? –

Levy movió la cabeza hacia los lados, distrayendo su mirada de la cama, donde se habían concentrado sus pensamientos. Caminó hacia el armario y de allí sacó unas mantas extras que arrojó en el suelo.

-Yo dormiré aquí. – Le dijo señalando las mantas.

-Nada de eso. Es tu habitación. – Discutió el mago mientras se inclinaba frente a las mantas para esparcirlas como un colchón.

-Necesitas descansar bien. – Respondió ella. –Si mañana te toca luchar… -

-Patearé el trasero de quien sea. – Contesto él sonriendo confiado.

-Pero… -

-¿Tienes que discutir por todo? No quiero dormir en tu cama. –

Gajeel sintió un calor intenso ascender desde su estómago hasta sus orejas, podía estar seguro que todo su rostro estaba rojo. Tan solo pensar en dormir bajo las sábanas donde había dormido Levy… movió la cabeza, obligándose a apartar el pensamiento y se forzó a enfocarse en diseminar las mantas.

Levy inclinó la cabeza, no comprendiendo porque el mago no querría aceptar la cama ni porqué se había sonrojado tanto. Prefirió ignorarlo y caminó hacia el baño para cambiarse.


-¿Así que a Gajeel le gusta Levy? ¿Quién lo hubiera pensado? – Preguntó el Dragon Slayer de Fuego mientras se acomodaba donde antes se había acostado su compañero de Hierro. -¿Y Levy? ¿Lo sabe?-

-No. Ni se da cuenta. – Suspiró la maga de espíritus apoyando su espalda contra la pared, sentada en su cama.

-Pero a Levy… ¿Le gusta Gajeel? – Lucy lo miró extrañada.

-¿Desde cuando te interesan este tipo de cosas? – Natsu se encogió de hombros y distrajo su mirada en el techo.

-No lo sé. Me da curiosidad… - Respondió el mago con una sonrisa.

-Bueno… ya sabes porqué Gajeel estaba aquí… Ahora… - Lucy lo observó fijamente con una expresión seria, abrazando sus rodillas contra su pecho. -¿Qué haces tú aquí? –

-¿Eh? Bueno… hay una cama extra, ¿No? – Respondió él con simpleza.

-Sí… pero… tú también tienes tu propia habitación. –

-Prefiero estar aquí. Esta cama es muy cómoda. – El chico se acomodó mejor en el colchón enfatizando su comentario. Lucy prefirió no presionar más el asunto, aunque una sensación de cálida la invadió por dentro. No quería dejarse ilusionar, pero… Observó a su amigo, quien había cerrado sus ojos, pero se notaba que aún estaba despierto… La maga de espíritus se deslizó en el colchón hasta estar acostada, atrajo sus mantas a su cuerpo y apagó la luz de su lámpara.

-Buenas noches, Natsu. –

-Hasta mañana, Lucy. –


Gajeel había movido las mantas hasta estar contra la pared opuesta a la cama de Levy, justo debajo de la ventana. La maga de escritura sólida tardó varios minutos en dormirse, el Dragon Slayer observó todo el rato mientras la chica se colocaba en distintas posiciones y se obligaba a mantener los ojos cerrados. Él entendía a la pobre pequeña que se sentía nerviosa con su presencia en la habitación, pero aun así no podía darle el gusto de irse, sí le concedió la tranquilidad de creer que él estaba dormido, incluso fingió algunos ronquidos para completar su actuación.

El mago de hierro se sentó en el suelo, apoyando su espalda contra la pared, mirando fijamente a la chica que ahora sí dormía profundamente. Se permitió una diminuta sonrisa de afecto que reservaba solo para ella, para cuando nadie podía verlo y se levantó de su lugar para mirar otra vez por la ventana, apoyándose contra el marco y sin abrirla.

Afuera soplaba algo de viento, la luna brillaba en la inmensidad del cielo nocturno rodeada de estrellas. Ni un alma transitaba las calmas calles de la villa, pero esta tranquilizadora imagen no ayudaba a que el mago se olvidara del potencial peligro. Volvió su atención a Levy y resistió la tentación de acercarse. Junto a la cama de la chica, sobre una mesa de noche, yacía el libro que Levy le estaba leyendo a Lucy. Gajeel se despegó de la ventana y se acercó a la mesa. Tomó el libro y con él en sus manos caminó hacia su improvisada cama… Tal vez la lectura le ayude a dispersarse y así poder conciliar el sueño.

Abrió el tomo donde Levy lo había marcado procurando no perder el punto donde se habían detenido o seguro que conocería la ira de la pequeña maga. La miró alzando los ojos y sonrió, pensado que pocas personas deben conocerla furiosa, luego volvió su atención al libro y comenzó a leer…

En su mente oía su propia voz relatando la historia y bufó frustrado. No era lo mismo, su voz gruesa y masculina no lograba transportarlo como la voz de Levy lo hacía, pero de igual forma se obligó a concentrarse y a tratar de imaginar ese mundo que el libro transmitía, aunque una parte de él deseaba que la maga de escritura sólida fuera quien le leyera…

El sol ya se había escondido tras los médanos, dándole paso a la noche. La ausencia del astro traía un alivio al agobiante calor del día, pero acarreaba el martirio del frío… el desierto y sus temperaturas extremas castigaban a todo aquel que se atrevía a desafiarlo y aventurarse en el mar de arena.

Se levantó lentamente, sentándose en la cama. Su cuerpo agradecido por el merecido descanso, ya no se quejaba con dolor por su castigo en el desierto. Levantó la vista notando la bandeja con comida que lo esperaba en una mesa redonda de mármol en el centro de la habitación y su estómago gruñó demandante, incitándolo a caminar hacia la comida. Bajó los pies de la cama y con mucho cuidado se levantó completamente, dio pasos cortos y medidos, todavía estaba algo mareado. Sus ojos se clavaron en el alimento y su cuerpo volvió a gruñir de hambre. Se llevó una mano al estómago y se sentó en un cómodo sillón de un cuerpo frente a la mesa y engulló sin preámbulos una presa de pollo que lo esperaba sobre una bandeja de plata…

La puerta de la habitación se abrió lentamente y una cabeza se asomó por su borde, un hombre de edad avanzada, estatura pequeña, bigotes y cabello blanco, se hizo paso en el cuarto con una sonrisa complacida adornando su avejentado rostro. Dio un pequeño salto frente a uno de los sillones, para treparse al asiento y allí sentarse, mientras el guerrero continuaba comiendo, mirándolo con atención…

-Me alegra volver a verte… - Le dijo el hombre, recibiendo un sonido como respuesta. –No ha habido día de tu ausencia que no me haya preocupado por ti. – El guerrero se limpió la grasa de su boca con el reverso de su brazo. El sultán mantenía sus ojos fijos en el suelo.

-No había de que preocuparse. – Le dijo en voz ronca y volvió a atacar su alimento vorazmente.

-Ahora lo sé. – Respondió el viejo alzando la mirada. –Espero que estés de buen humor, hijo mío, por que hay un tema que nos quedó pendiente antes que te marcharas. –

El moreno bajó su alimento lentamente, fijando sus ojos en ese rostro sonriente que lo observaba detenidamente.

-No, no, no… te dije que te olvidaras de eso. – El viejo le sonrió ampliamente.

-De ninguna manera. Mañana mismo comenzamos con la selección de… -

-No, ni quiero escucharlo! – Exclamó el joven cubriéndose los oídos.

-Ah, no seas infantil! Sabes que no puedes librarte de esto. – El mayor se cruzó de brazos y volvió a sonreírle. –Ya tenemos todo arreglado, mañana mismo vendrán las candidatas para que elijas a tu futura esposa… -

-¿Esposa? – Gajeel releyó el texto y una mueca de desagrado cruzó sus facciones, sintiendo que el contenido lo expulsaba del interés en el que había caído anteriormente. Levantó la mirada y frunció el ceño molesto por el giro de los hechos.

El guerrero lo miró seriamente y bajó su comida, luego se limpio la boca correctamente con una servilleta. Se acomodó contra el respaldo de su asiento, todo el tiempo manteniendo su mirada con el viejo, quien no paraba de sonreír aunque emanaba de él un aire de autoridad incuestionable…

-También dijiste que si encontraba a alguien por mi cuenta… - El viejo se resbaló del asiento sorprendido.

-¿Acaso…? – El tono rojo en el rostro del joven le dio la respuesta obvia. El sultán se reincorporó en su lugar y se abalanzó contra el moreno para abrazarlo con fuerza. –Estoy tan feliz! ¿Quién es la joven afortunada? – Hubo un corto silencio, el guerrero fijo sus ojos en el suelo.

-No sé su nombre… -

-¿Dónde la conociste? –

-En el desierto… -

CONTINUARÁ

IKHNY

Gracias a todos una vez más por sus reviews y favs! Espero que este capítulo también les haya gustado! Será hasta el próximo