Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Beyblade, esta sólo es una historia de fanáticos para fanáticos.

Advertencia: Contiene lime (aunque muy leve)


Etnia

By Arden.Due

Capitulo 3

Llegar hasta donde se encontraba su gente no resultó nada difícil, si bien el lugar estaba algo alejado del fortín de Voltaire donde había pasado la noche. Rei agradeció a cualquier deidad que hubiera intervenido al evitar que el infeliz peliazul que ahora tenía por pareja regresara a la habitación.

Había escuchado movimiento toda la madrugada y supuso que, fuese lo que fuese, había sido el motivo que mantuvo alejado al heredero. Rei aprovechó ese tiempo para estudiar algunos de los documentos que Kai tenía en su habitación. Sin nada mejor que hacer, se había dedicado a inspeccionar el lugar y su curiosidad por conocer más de su 'nueva vida' fue mayor al deseo de ser indiferente a ella. Fue así como localizó la nueva aldea nekojin, se enteró de los horarios para cambios de guardia, los responsables de las mismas y analizó la lista de víveres que se había enviado a su gente. Los cuales parecían estar a cargo de alguien llamado Bryan. También se dio una muy buena idea de cuánto trabajo realizaba Kai en su pueblo y, de mala gana, tuvo que admitir que era realmente impresionante la labor que desempeñaba. Prácticamente dirigía cada mínimo detalle del lugar.

Lejanas risas y murmullos familiares le devolvieron a la realidad, estaba a sólo metros de reencontrarse con su gente y una gran sonrisa apareció en sus labios con esa sola idea.

-¡Oh es el joven Rei¡Miren a llegado!

-¡El joven Rei¡El joven Rei!

-¡Rei¡Rei¡Bendito Xolotl que ha vuelto!

Un eco de voces se levantó cuando los aldeanos pudieron verlo, quienes no tardaron en rodearlo y comenzar a contarle lo difícil que era para ellos vivir ahora en aquel lugar, mientras varios le pedían que no volviera a irse. Abrumado pero enternecido por aquella actitud, el pelinegro estrechó manos, repartió sonrisas y prometió hacerse cargo de todo lo que sucedía en el refugio.

Los Mayores, alertados de su presencia, no tardaron en acudir a recibirlo, despidiendo a los aldeanos para que pudieran hablar de la situación política real de los nekojins.

Tratar con 'Los Mayores' no era precisamente lo que Rei deseaba, hablar con ellos era recordar que ahora estaba enlazado; más sabía que seguía siendo el hijo del patriarca y en su ausencia, le correspondía encargarse de estas reuniones. Swanji le había informado que tanto su padre como Zigi y otros dos Mayores, permanecían en las tierras bajas, batallando con los humanos y sus ataques. Una punzada de atrición e inquietud atravesó el corazón del pelinegro. Él debería estar ahí, apoyando a su padre junto con Driger para así, asegurar la victoria.

En su lugar, Rei inició un ligero recorrido por el área destinada a los felinos. No pudo contener un resoplo de asombro cuando delante de él podía ver reconstruida su antigua aldea. El paisaje era casi idéntico al que habían tenido montañas abajo; mientras más recorría el lugar, más se impresionaba de ver la similaridad que reinaba en el pueblo.

-Debo admitir, rehicieron la aldea muy rápido Swanji – murmuró Rei al Mayor que lo acompañaba, aun absorto en los detalles del lugar.

-¿Rehacer? Oh no joven Rei, este lugar no lo edificamos nosotros. Fue orden del señor Kai su construcción y la localización dentro de este pequeño bosque. Cuando llegamos, estaba casi listo.

-¿Cómo? – preguntó confuso el pelinegro, esa revelación no era algo que esperara saber. Tampoco lo era el detalle del peliazul.

-Así es su… ehm par, ha sido muy atento con nosotros si bien, algo distante – por toda respuesta Rei simplemente resopló, no quiso detenerse a pensar en mucho en cómo Swanji había mencionado al peliazul. Siguiendo al Mayor en el recorrido que realizaban, no tardaron mucho más en llegar a lo que parecía ser un almacén de alimentos. Al cuestionar sobre el, Swanji le indicó que todo su contenido era proporcionado igualmente por el nieto de Voltaire, sin embargo, la gente del pueblo seguía desconfiando de los nahuales de fuego y se resistían a aceptar las provisiones.

Rei arrugó el rostro al saberlo, sintiendo un incómodo ardor en el estómago; ¿cómo podía su clan ser tan descortés con el peliazul, luego de lo hacía por ellos? Él se encargaría de que no hubiera más desprecios a la atención de Kai.

Un momento… ¿Acababa de sentirse ofendido por la actitud hacia Kai?... ¿y en qué momento dejo de ser el 'infeliz peliazul' para ser… Kai?

Sacudió la cabeza, no era que le importara… no, sólo era simple y cortés diplomacia. Sí eso era.

El resto del día Rei lo pasó recogiendo información sobre las actividades nekojin; reorganizando la guardia y ordenando junto a los Mayores una serie de actividades que ayudarían a mantener cierta independencia de los nahuales de fuego. Rei también tuvo que lidiar con las constantes felicitaciones de los aldeanos por su enlace y las curiosas preguntas sobre su nueva vida como par de Kai.

El atardecer ya comenzaba cuando murmullos molestos de los aldeanos llamaron la atención de Rei, quien decidió investigar lo que sucedía abandonando así el chalet que se había dispuesto para él. Un nuevo cargamento de vegetales arribaba y a la cabeza se encontraba un joven alto de semblante duro y cabellos lavanda; según Swanji, era el encargado de realizar aquella tarea.

'Debe ser Bryan' – meditó para sí el pelinegro, percatándose de que el recién llegado parecía reconocerlo y su gesto se extrañaba de encontrarlo ahí. Cuando sus ojos se encontraron, el nahual elevó una ceja, para luego hacer una mueca con los labios. Rei observó cómo el otro murmuró algo a su escolta izquierda, quien de inmediato regresó por el camino que hacia segundos les trajo a la nueva aldea. Entonces, bajando se su caballo, el pelilavanda se acercó hasta donde se hallaba.

-No esperaba encontrarlo aquí – dijo el pelilavanda, haciendo una leve reverencia en dirección de Rei – Supongo que fue por su intervención que el almacén luce vacío ahora.

-Correcto. No habrá más problemas con las provisiones – respondió el de ojos dorados- te agradezco el traer todo esto para mi gente.

-No hay problema. Kai me lo asignó como un trabajo especial. Quería asegurarse que no habría contingencias – respondió indiferente el más alto.

-Bien. ¿Qué hay en éste cargamento?- continuó con seriedad Rei, quien al escuchar la familiaridad con que Bryan mencionó al peliazul, sintió nuevamente aquel inexplicable ardor en el estómago y le hizo arrugar ligeramente el ceño. No le gustaba. Ni el ardor por el desprecio a las acciones del otro, ni sentir esa posesividad hacia el peliazul; tampoco esta insistente sensación de querer verlo. Mucho menos, los placenteros escalofríos que le recorrían cuando lo tocaba… aunque esos comenzaron antes del ritual.

Rei sabía que cuando dos nahuales se enlazaban, el ritual no sólo los unía ante su clan. El beber la sangre del otro generaba cierta dependencia entre ambos que les mantenía como pareja hasta el fin de sus vidas. Una unión que se agudizaba y completaba por entero con la intimidad física del apareamiento. Mas nada había pasado –ni pasaría- entre ellos, así que esas sensaciones inherentes al enlace, tendría que aprender a controlarlas y restarles importancia.

Sumiéndose en el trabajo de organizar la nueva mercancía y armar paquetes para los aldeanos, Rei sepultó sus previos pensamientos. Acompañado del pelilavanda, él mismo se encargó de repartirlos y asegurar a sus pobladores nuevamente, que no debían de temer nada, que los nahuales de fuego no les darían comida envenenada. La mayoría de los nekojin aceptaban su palabra sin protestar pero algunos cuantos, especialmente los nobles de la aldea, le cuestionaban su procedencia, le demandaban su validación y en algunos casos no desistían hasta que molesto, les recordaba que ahora él era parte del clan de fuego y que su alfa no les lastimaría.

Cuando finalizó el día y la luna podía ya verse en el cielo nocturno, Rei desestimó la escolta que Bryan le ofreció para llevarlo de vuelta al fortín. El pelinegro, le aseguró que se quedaría en la nueva aldea nekojin y no hubo forma en que el pelilavanda le convenciera de lo contrario. Ese era su lugar, junto a su pueblo.

La escéptica mirada del pelilavanda le indicaba que más allá de no aprobar su decisión, le estaba advirtiendo de su mala elección. Por supuesto eso no lo comprendió hasta entrada la noche, cuando un decidido y furioso nahual de fuego irrumpía en su chalet con una ferocidad atemorizante. Su sola mirada congeló al sorprendido nekojin, quien de pronto se encontró contra la pared atrapado por dos poderosas manos que le sujetaban dolorosamente fuerte de los brazos. Impidiendo que se moviera.

-¿Qué demonios…¡Suéltame! – demandó al recuperar algo de conciencia, tratando de no escucharse tan estremecido como lo estaba bajo esa intensa mirada carmesí que parecía querer quemarlo vivo.

-Ayer te prohibí salir de mi habitación Rei. No me gusta ser desobedecido– siseó entre dientes Kai, conteniendo lo más que podía su molestia.

-¿Desobedecido? – repitió Rei y arrugó el rostro ante esa palabra. Su orgullo enardecido haciendo hervir sus venas y llevándole a mover lo suficiente sus manos como para sujetar en dos puños la camisa del peliazul, empujándole lo suficiente como para que no lo tuviera más arrinconado contra el muro.

-¡Yo no soy un subordinado tuyo¡No puedes ordenarme dónde estar!

-¡Eres MI beta!

-¡NO¡Esta farsa es sólo para proteger a nuestra gente! – Espetó interrumpiendo al peliazul- ¡Yo no soy nada tuyo¡Nunca seré nada tuyo arrogante infeliz!

Al instante en que las palabras abandonaron su boca, Rei se arrepintió. Tragó saliva con dificultad al ver cómo las rojizas pupilas de Kai ardían furiosas oscureciendo su color, al tiempo que la gema de su guante comenzaba a destellar interrumpidamente. Señal inequívoca de que su espíritu guardián fénix, deseaba salir para aplacar la ira de su amo. Un amenazador gruñido escapó de la garganta del peliazul luego de soltar uno de sus brazos y violentamente tomar su muñeca para levantarla hasta el campo de visión de ambos jóvenes.

-Esto dice que eres mío – remarcó apretando la muñeca que soportaba la mano donde se encontraba la herida de su enlace ritual. Rei ahogó una queja ante la fuerza que Kai usaba sobre la articulación, mirándolo desafiante a pesar de ello.

-Y tu lugar es donde yo quiera que estés. ¡Y te quiero cada jodida noche en MI cama!- Espetó con furia. La misma que impregnaba sus labios, los que se apoderaban dictadores de la boca del pelinegro; quien no pudo evitar gemir adolorido cuando los dientes del ojirojo se clavaron en su labio inferior haciéndole partir sus labios y así, invadir su cavidad y proclamar su boca como entera propiedad.

Era extraño. Rei odiaba los avances de Kai, pero en ese momento… justo ahora que le tenía abrazado a su cuerpo, saboreando su boca y haciéndole sentir cada célula de su organismo a punto de explotar; algo dentro de él impulsaba su nula resistencia, alimentaba el ansia de apegarse más al calor del otro e incrementaba la sensación de satisfacción por estar junto suyo… ¡Maldita sea! Por haber pasado todo el día lejos del peliazul, ahora el lazo entre ellos le estaba haciendo desear las atenciones de Kai.

-¡Joven Rei un intruso ha… penetrado… en…!- la oración que inició alarmada en la voz de Swanji, instantáneamente murió en sus labios cuando sus ojos le mostraron que 'el intruso' por el cual los aldeanos se habían alterado tanto, no era otro sino el joven señor de los nahuales de fuego.

-¡Oh… señor Kai!... disculpe mi insolencia, no sabíamos que era usted nuestro visitante. –trató de excusarse el Mayor, sintiendo un temblor recorrerle cuando los intensos ojos grana de Kai se posaron sobre su figura. El peliazul, giró tres cuartas partes de su cuerpo para enfrentar con porte orgulloso al anciano. Afianzó uno de sus brazos sobre el cuerpo de Rei, a quien apegó posesivamente contra sí, haciendo que el felino no tuviera más opción que amoldarse a él; elevando los brazos para dejarlos flexionados sobre el pecho de Kai. Su entrecortada respiración acariciaba la base del cuello del peliazul, pues por el momento mantenía el rostro oculto de la inquisitiva mirada de Swanji.

-Entiendo. No pretendí inquietar a los pobladores con mi llegada. –replicó el peliazul con fría seguridad en su voz, actitud que desconcertó al pelinegro junto a él. Era la segunda vez que Kai se comportaba con entera sobriedad luego de estar besándolo tan apasionadamente. No entendía. ¿Cómo podía cambiar tanto en sólo segundos?

-Descuide señor, yo aclararé todo- dijo haciendo una reverencia y caminando un par de pasos hacia atrás para retirarse y no importunar más a la pareja, mas antes de cerrar la puerta volvió a pronunciar palabra.

-En unos minutos vendrá mi asistente personal, para acomodar la habitación privada-

-¿Cómo? – preguntó Rei, por fin levantando el rostro para mirar desconcertado al Mayor, quien devolviendo la misma mirada titubeo un poco antes de responder.

-Es… algo tarde para que vuelvan al fortín ahora… hmm, se quedaran a dormir¿cierto joven Rei?

Ante esta pregunta, el ojiámbar de inmediato volvió su vista a Kai. La mirada del nahual de fuego volvía a brillar intensa y provocadora. Un apretón en su cintura y Rei entendió la orden. Cerró los parpados con fuerza antes de resoplar derrotado y volver a mirar a Swanji.

-Sí, nos quedaremos.-

-Partiremos mañana temprano, asegúrese que tengan listo mi caballo. – concluyó imperativo Kai, despidiendo con ello la presencia del nekojin, quien volvía a hacer una reverencia y cerraba tras de sí la puerta del chalet.

: º :

Los tenues rayos del sol alcanzaron su rostro, despertándolo. Se removió un poco buscando ocultar la cara para continuar durmiendo un poco más, pero la calidez y el brillo del la luz del día despejaron por completo su somnolencia. Suspiró y resignado a no poder dormir nuevamente intentó levantarse, sólo para sentir su cintura atrapada bajo el peso de un fornido brazo.

Extrañado, Rei giró el rostro para ver por sobre su hombro la figura de Kai. Aun dormía. El pelinegro enarcó una ceja, con este sol eran ya cuatro desde que el peliazul había ido a buscarlo a la aldea nekojin; y en todos y cada uno de esos días el de alborotados cabellos añiles siempre se había levantado antes que él siquiera despertara. Sí, desde aquella luna y las que siguieron, ambos habían dormido en el mismo lecho, dentro del fortín del nahual de fuego y sí, Kai había intentado en más de una ocasión hacer otras actividades que dormir. Sin embargo Rei había logrado detenerle siempre, aunque cada vez con mayor dificultad debía admitir.

Negociador nato y habilidoso orador, Rei consiguió hacer un trato con el tatuado. Él pasaría por voluntad propia cada noche en su cama y le permitiría que le abrazara -como parecía gustarle hacer- si el nahual de fuego limitaba sus avances a sólo eso.

No fue fácil, pero luego de gruñidos, ácidos comentarios y algunos besos robados, Kai cedió finalmente a ese trato. Aquel día acordaron también que intentarían llevar una relación cordial, fuera de insultos e imposiciones. Tenían que lograr que tanto los nahuales nekojin como los nahuales de fuego aceptaran su unión y vieran al otro clan como parte del mismo; y sólo lo conseguirían trabajando juntos.

Con cuidado de no despertar al ojirojo, Rei giró entre su abrazo hasta quedar frente a frente. El peliazul murmuró algo inteligible y afianzó el semi abrazo en el que lo tenía. Rei lo observó con atención, Kai estaba aun más pálido de lo que era y sus agraciados rasgos lucían en extremo relajados.

Debía estar realmente cansado, pues era obvio que había bajado por completo la guardia. Durante esos cuatro soles Kai había estado casi todo el tiempo metido en reuniones y viajes hacia la antigua aldea nekojin. Los humanos parecían haber incrementado la frecuencia de sus invasiones en el área desde que su pueblo se refugió en las montañas.

Lo admiraba, sin importar todo el trabajo que pudiera tener Kai siempre volvía por la noche para dormir a su lado. Debía admitir también, que se estaba acostumbrando a tener el calor del peliazul abrigando su cuerpo cada luna.

Rei dejó que sus ojos vagaran por el rostro de Kai; sabía que ésta era una oportunidad para mirarlo sin que el otro se percatara, que pocas veces se presentaría. Ciertamente lucía demasiado pálido, el contraste de sus marcas azules sólo incrementaba lo fantasmagórico de su piel y esas ligeras sombras olivo bajo sus parpados estorbaban la beldad de sus rasgos. Kai tenía una estructura ósea perfecta. Pómulos marcados, nariz recta ni tan larga ni demasiado corta y un mentón angular que afilaba su rostro. Ahora que dormía, sus cejas se apreciaban como dos definidas y pobladas líneas añil que sabía enmarcaban los más intensos ojos grana que existirían jamás; y sus labios, sin la presión del día sobre ellos sus labios no eran más una tensa línea, se les veía suaves y coloreados, el inferior sobresalía un poco en grosor haciendo su boca perfecta.

Una boca que sabía era capaz de hacerle sentir arder por dentro mientras volvía sus piernas gelatina.

Levantó su mano cuidadosamente y en un par de ocasiones dudó en seguir el trayecto que le llevaría hasta la mejilla del peliazul; pero finalmente la tentación fue mayor y las puntas de sus dedos acariciaron la tersa y tatuada superficie. Era extremadamente suave y ligeramente fría; una tenue sonrisa se posó en los labios del nekojin sin que él se diera cuenta, sus dedos recorrían el rostro de Kai con cosquilleantes roces que hicieron al peliazul ladear el rostro en busca de más contacto y logró que entreabriera los labios murmurando sin sentido. Era increíble, cómo Kai podía lucir tan sereno y etéreo en este momento y al salir de la habitación mostrar un semblante férreo e impasible. El peliazul le desconcertaba, con él Kai se mostraba como un torbellino de fuego que lo atrapaba dentro de su irrefrenable ardor; no le importaba tomar su mano e incluso besar su mejilla aun cuando pudiera verle, pero al momento en que alguien más estaba en su presencia, su actitud con el visitante se volvía completamente hermética y fría.

Si tuviera que definirlo, diría que era impredecible… y eso le fascinaba.

De pronto su mano fue sujetada en un brusco movimiento y cuando Rei volvió su vista al rostro frente suyo, se encontró con los intensos ojos grana de Kai fijos en si. Rei se vio reflejado en las profundas iris sintiéndose arrastrado, consumido y devorado en ellas; no supo cuánto tiempo permanecieron mirándose uno al otro, sólo que su respiración entrecortó y desvalido contra el hechizo de esos ojos, no puso resistencia alguna cuando la mano sobre su cintura ejerció la suficiente presión como para acercarlo al fornido cuerpo frente suyo, que lo recibió con la calidez de su aroma y embriagadora cercanía.

Fue totalmente inconsciente el que sus parpados se cerraran cuando el rostro de Kai estuvo tan cerca que su aliento acarició la piel de su mejilla, justo antes de que un par de suaves labios alunizaran sobre ella en irreal contacto.

-Kai…- susurró suplicante por el escalofrío que recorriendo su cuerpo hizo enarcar las vértebras de su espalda, apegándose aun más al peliazul. Kai no desaprovechó el movimiento del felino y deslizó uno de sus brazos por la espalda de Rei para abrazarlo contra sí mismo, mientras su mano libre alcanzaba la saludable mejilla del pelinegro, sosteniendo su rostro en el ángulo perfecto para inclinarse y atrapar sus entreabiertos, dispuestos y rojizos labios con los propios.

Lo extrañaba, tenía dos días que no había logrado robarle un beso y sentir esos labios temblar bajo los suyos, amoldarse a su demanda y ceder a su control dejándole probar el sabor de una tibia boca a la que cada minuto de había más adicto.

Rei se estremeció como nunca antes. Este era un beso tan distinto a los que Kai solía arrebatarle. Era suave y acompasado, estaba lleno de pasión pero no demandaba opresor; disfrutaba del contacto con sensual lentitud y derramaba latente fuego. Todo su cuerpo, cada uno de sus sentidos respondió al incitante beso con idéntica avidez, al punto que ambos regalaron gemidos a la boca del otro cuando la deliciosa sensación fue imposible de contener en la garganta.

No fue la única parte de su anatomía que sintió sensaciones tremendamente placenteras, un intenso cosquilleo que se arrebolaba en sus entrañas hizo despertar una parte de su cuerpo que había intentado mantener controlada desde la primera electrizante caricia que Kai le procuró. Sin embargo ahora, ese control estaba cediendo en proporción al aumento de calor que invadía su cuerpo y punzaba entre sus piernas.

-NO –dijo de pronto, separándose de los labios del peliazul e intentando alejarse de él. Su respiración entrecortada y lo quebrada de su voz no habían sido tan imperativas como deseó; aun así, Kai accedió a la petición, aflojó la presión con que le abrazaba y dejando un último beso sobre la sien del pelinegro, murmuró quedo contra su piel algo que Rei interpretó como un 'Pronto, serás mío'.

Incómodo, el pelinegro se incorporó de la cama sintiendo la mirada del ojirojo en su cuerpo. Mas negándose a enfrentarla, Rei permaneció dándole la espalda, arreglando su largo cabello como pretexto para evitarle.

-Necesito que estés presente en la reunión de hoy – dijo de pronto el peliazul, haciendo que los ojos ámbar de su beta viraran para verle demandando mas información que eso; pero Kai no solía dar explicaciones, ni siquiera al nekojin con quien compartía su cama.

El dueño del Fénix se levantó igualmente y buscando una muda de ropa se dirigió al cuarto de aseo de donde emergió tan sólo diez minutos después. Alistado e impecable como siempre el peliazul bicolor se acercó a Rei, quien terminaba de trenzar su coleta, ahora sentado en la cama. Se plantó frente suyo con su aguda mirada carmesí y una extraña sonrisa en los labios.

-Enviaré por ti en media hora – sentenció inapelable antes de alcanzar entre sus dedos la mejilla del pelinegro y dejar sobre ella un tenue caricia, para acto seguido, dar media vuelta y dejar la habitación que compartían sin mayor explicación.

Rei arrugó el rostro luego de verle desaparecer. Odiaba quedarse estático cuando aquel le sorprendía de esa manera. Odiaba que su cuerpo nunca reaccionara a tiempo para evitar sus caricias o eludir el contacto.

Odiaba la agradable sensación que le dejaba.

Odiaba desear que siguiera sucediendo.

: º :

-Espero, por tu propio bien, que esta vez me traigas la información que necesito. – preguntó el hombre de larga capa oscura que permanecía admirando el paisaje a través del ventanal. Mientras acariciaba lenta y afectuosamente el pequeño animal de negros pelajes que sostenía en brazos.

-Por supuesto mi Señor, los prisioneros hablaron –respondió ceremonioso el amenazado mortal- está montaña arriba, en un refugio custodiado por los nahuales de fuego; por eso no lo encontrábamos. El asalto está listo sólo espero su orden y partiremos.

-Entonces puedes ir Zeo y no vuelvas hasta traerle contigo o yo mismo te destazaré vivo. – concluyó sereno, con su voz aterradoramente amable y calculadora; muy pronto conseguiría lo que por años había plagado sus mas profundos sueños.

: º :

-De acuerdo entonces, Bryan se encargará de supervisar el cargamento que proceda de la aldea base y a su vez, llevará nuevas tropas al área. ¡No puede volver a repetirse semejante pérdida, Tala! –indicó tajante el peliazul, sabía que no había sido responsabilidad absoluta de su pelirrojo amigo la baja de al menos veinticinco felinos a manos de los irritantes humanos, cinco de ellos capturados; los nekojin aun se resistían a seguir sus órdenes sin cuestionar, pero era el señor del Lobo quien tenía bajo su cargo la tarea de mantener en alerta las brigadas. No había disculpa.

El aludido simplemente asintió, comprendía bien el peso que recaía sobre Kai debido a su falla. Ahora, la desconfianza y recelo hacia el peliazul como comandante en jefe de todos los guerreros nahuales se incrementaba y suponía, que esa era una de las razones por las cuales en esta ocasión Rei había asistido a la reunión. Su presencia demostraba el respaldo hacia las decisiones del peliazul, pues aunque el rostro del nekojin mostró sorpresa y confusión al saber lo ocurrido con su gente, no hizo comentario alguno que devaluara la autoridad de Kai frente a los guerreros nekojin que también asistieron a la reunión.

Una frugal mueca apareció en su rostro. Usar de esa manera a su par, había sido definitivamente un movimiento inteligente pero seriamente arriesgado por parte del ojigrana.

-Hay un último asunto que debemos concluir – continuó Kai- necesito saber que parte de su territorio puede servir como ruta de acceso alterna. Los humanos están empujando hacia el este, si terminamos acorralados en ese punto seremos vulnerables.

-Hemos revisado cada ruta posible, no hay otra forma de salir excepto por el río. –Respondió Lee, el guerrero nekojin más condecorado luego de Rei. Y hasta ahora, el más fiero oponente al liderazgo de Kai.

-Tiene razón, sólo evitando el sitio se podría mantener una ruta alterna de fuga –Acotó Tala, explicando su posición sobre uno de los mapas que detallaban el territorio nekojin invadido por los humanos. Kai resopló fastidiado por esa respuesta, levantándose abruptamente de su asiento. No necesitaba conformismos ahora, sino soluciones. Todos los presentes permanecieron en silencio, sus ojos fijos en la cartografía, intentando descubrir lo que el peliazul pedía.

-La montaña – dijo de pronto Rei, ganándose la mirada tanto de los oficiales de fuego como la de los nekojin presentes. Kai enarcó una ceja al notar la decisión en los ambarinos ojos, asintió y regresó sus pasos hacia donde estaba el nekojin señalando una ruta con la punta de su dedo sobre el plano.

-Aquí. Existe un acceso que cruza la montaña desde este punto hasta el valle a espalda nuestra. Es un paso difícil pues se tiene que escalar un buen tramo, pero esa dificultad lo hará completamente impenetrable a los humanos.

Kai estudió el punto señalado, había escuchado por Voltaire en alguna ocasión de la existencia de esa abertura pero no su ubicación exacta. Rei tenía razón en apuntar su grado de dificultad como ventaja sobre sus enemigos y dado que no parecía haber otro camino, ese sería el último recuso de retirada si es que se veían en la necesidad de salir de la aldea base.

-Es una buena ruta. Bastará.- pronunció Kai, mostrando una leve sonrisa al pelinegro antes de voltear el rostro hacia los demás presentes y continuar- Tala, Bryan, Lee asegúrense de que sus tropas estén enteradas del paso de la montaña, envíen pequeñas unidades a explorarlo para que se familiaricen con el terreno y preparen equipos y provisiones para que sean ocultos en el mismo por cualquier eventualidad.

Los referidos asintieron a la orden y por primera vez el nekojin no había objetado el comando de Kai. Probablemente porque la idea había sido sugerida por el joven Rei y el respeto que demostró a su opinión el peliazul, congració al nahual de fuego con el veterano capitán de los guerreros nekojins.

-Bien señores, eso es todo. Vuelvan a sus puestos y espero el reporte del día a la puesta de sol.- concluyó Kai, haciendo un movimiento con su mano para enfatizar sus palabras. Los reunidos se incorporaron de sus asientos y solo minutos después ya sólo se encontraban en el lugar los cabeza de cada clan.

-¿Por qué no me dijiste de la situación real en la aldea base? – reclamó Rei al segundo que sintió que estaban completamente fuera del rango de ser escuchados. -¡Tengo derecho a saber qué ocurre en mi tierra y con mi gente!

Kai dedicó una seria mirada al enfadado rostro del nekojin, evaluando su respuesta mientras cruzaba sus brazos sobre el pecho. Su demanda tenía fundamento y lo sabía.

-El ataque de ayer ocurrió durante mi travesía hacia la aldea. Cuando regresé aquí tú ya estabas dormido. No tuve ocasión de avisarte.

-¡Pudiste despertarme! –replicó el pelinegro levantándose de su lugar para enfrentar temerario al estoico peliazul, quien simplemente se encogió de hombros como respuesta dándose la vuelta hacia la puerta. Molesto, Rei arrugó el rostro y aceleró su caminar hasta plantarse frente al nahual.

-¡No me ignores Kai¡Te exijo que me mantengas informado o...!

-¡O qué! –interrumpió el otro desafiante e imperativo, descruzado los brazos para sujetar entre ellos el cuerpo del nekojin en un opresivo abrazo.

Rei no esperó el movimiento, por lo que de pronto se encontró a centímetros del rostro altanero de Kai, con sus pupilas devorándolo y su respiración acariciándole la piel. Por instinto Rei había levantado sus manos, las que ahora estaban atrapadas entre sí y el pecho del peliazul; tuvo que tragar saliva, la camisa que este día portaba Kai era de una fibra tan ligera que podía sentir la firmeza de sus pectorales y el calor de su cuerpo traspasando entre sus dedos.

No fue inesperado el que Kai eliminara la distancia entre ellos y asaltara sus labios; lo que no esperó fue sentir sus manos recorrer con descaro su espalda. Deslizarse sin pudor hacía la parte baja para sujetar con un firme apretón sus nalgas. Se escuchó gemir y aun así no hizo nada por retirar el cuerpo de Kai del suyo.

'Es puro deseo.' Trató de repetirse en su mente. Después de todo, el instinto era muy fuerte y aunque quisiera negarlo, Kai era el mejor espécimen en no sólo su clan, podría incluso aventurar que de todos los nahuales.

Giró su rostro y lo ladeó para permitir que los dientes del mayor comenzaran a atacar sin piedad su morena piel y sintió como un escalofrío recorría su espina dorsal, haciéndolo arquearse al tibio cuerpo de Kai. Podría apostar que en ese momento sus mejillas estarían sonrojadas y que, aun cuando quisiera, la voz no brotaría de su garganta.

-Sujétate. –escuchó la voz ronca contra su oído, un ligero mordisco en el lóbulo de su oreja y entonces sus piernas dejaron de sostenerlo. Instintivamente llevó sus manos hasta el cuello del otro y se abrazó con ímpetu mientras sus labios eran atacados por un pasional beso que le arrancó el aliento.

Sus piernas se enredaron en la cadera de Kai y pudo sentirlo sonreír sin permitir que el contacto de sus labios terminara. Y lo odio. Por tener semejante poder sobre él. Su mente le gritaba que se alejara, que golpeara su rostro y borrara aquella estúpida sonrisa de su rostro.

Pero su cuerpo parecía tener vida propia, y aunque intentara reprimir las reacciones que tenía a cada experta caricia, no podía sino responder con igual deseo.

Cuando finalmente el beso terminó, su espalda descansaba contra la superficie de la mesa en la que minutos antes se discutía la situación de la aldea base. Su pecho subía y bajaba tratando de controlar su respiración. Sus labios palpitaban y se sentían húmedos por la saliva con la que fueron impregnados. Cerró sus ojos con fuerza y apretó sus puños. Se sentía traicionado por su propio cuerpo e instintos.

Sólo podía recobrar su juicio por breves instantes antes de que un ataque de besos y caricias nublaran sus pensamientos de nuevo. No era justo. Kai podía manejarlo a su antojo y él no podía hacer nada al respecto, si al menos tuviera algún punto a su favor…

-¡No! –gimió cuando sintió como sus piernas eran separadas para permitirle al otro acomodarse entre ellas mientras las recorría con sus largos dedos. Pero su replica no fue tan firme como pensó que había sido pues las manos curiosas de Kai subían por sus largas extremidades deteniéndose sólo para provocarle placenteros espasmos que le formaban un delicioso cosquilleo en la base de su estómago.

-¿No, qué? –murmuró Kai. Sus dedos retiraron la ropa que le cubría parte del cuello y sin que Reí pudiera -o quisiera en realidad- hacer algo para evitarlo, sólo pudo sentir como su piel se rasgaba bajo los dientes de Kai.

Mordió su propio labio para evitar así que un fuerte grito desgarrara su garganta. ¡Maldito Kai! Maldito él y el estúpido influjo que tenía sobre su cuerpo. Cerró sus ojos una vez más. Entonces una idea lo golpeó y una sonrisa se formó en sus labios.

Kai parecía bastante complacido con someterlo… Pero… ¿qué si no fuera el gatito sometido que él esperaba que fuera¿qué pasaría si de pronto él se convirtiera en la presa del poderoso tigre?

Sin meditarlo demasiado sus dedos se enredaron en los mechones oscuros de la cabellera de Kai y lo atrajo con un firme movimiento hasta atrapar sus labios para besarlo. Le daría el mejor beso de su vida, uno que lo dejaría tan confundido que podría escaparse.

Y así lo hizo, su inexperta lengua comenzó a recorrer la boca de Kai, sin dejar ningún rincón por explorar, tocó sus dientes, su paladar, hasta que se tropezó con la de su alfa y se enfrascó en una lucha por conseguir en control de la situación.

Control que Kai perdió al sentir las delgadas manos de Rei sobre su trasero. El beso terminó y Rei sonrió victorioso al contemplar la mirada confundida del peliazul.

Satisfacción. Orgullo. Triunfo.

Le parecía una eternidad desde que se había sentido así, desde que se enteró que sería pareja de Kai para ser exacto. Pero ahora, viendo su desconcierto y momentáneo pasmo, aquellas sensaciones se le antojaban extasciantes.

Ambicioso, Rei elevó el cuello cortando la distancia que se había abierto entre ellos. Movió su rostro lentamente como si buscara un nuevo ángulo para besar al tatuado, rozando sus labios en el proceso. Un efímero y tentativo contacto que sólo aceleraba la respiración de Kai y le obligaba a cerrar los parpados abrumado; haciendo sonreír triunfante al pelinegro.

El inesperado llamado del cuerno de advertencia que el vigía del fortín hizo sonar, despertó de su trance al dueño del Fénix y regresó a la realidad a un sorprendido pelilargo. De inmediato, Kai se incorporó trayendo consigo al nekojin. Apenas Rei se sostenía nuevamente sobre sus pies cuando Tala ingresaba a la habitación, sus pasos urgentes, sus ojos perturbados y su piel tan pálida que parecía irreal.

-Atacaron de nuevo. Voltaire esta herido y lo han traído hasta acá- informó el pelirrojo con un deje de nerviosismo y contenida furia en su voz.

El semblantote de Kai se oscureció con la noticia, su mandíbula se tensó dolorosamente y sus manos se empuñaron furiosas. Sintió unos calidos dedos deslizarse por su brazo tomándolo suavemente, de soslayo apreció que Rei se movía hasta recargarse parcialmente en su espalda, tratando de reconfortarlo o mantenerlo contenido con ese gesto.

-¿Y mi padre? – cuestionó inseguro, si los humanos habían alcanzado a Voltaire, eso significaría que la armada de su progenitor había sido vencida… y Xiang siempre encabezaba su tropa.

Una asfixiante punzada comenzaba a latir en su pecho al notar la tardanza de Tala para responder. Su mirada permanecía fija sobre él con una indeseable compasión en ella; Kai debió percibirla también pues era ahora él quien deslizaba su mano entre la pequeña para enlazar sus dedos.

-Lo lamento Rei…-

Tres palabras. Tres sencillas y brutales palabras que destrozaron al instante el alma del pelinegro. El pinchazo en su pecho volvió el aire irrespirable, vació su estómago y llenó de indescriptible dolor su cuerpo. No podía ser real, no debía ser cierto, no lo aceptaba, no lo creería… no… no…

-No…no… - Repetía inconsciente de que su voz murmuraba la palabra y su cabeza se mantenía oscilando negativa y continuamente. Sus ojos dorados perdidos en ningún punto se llenaron de ardientes lágrimas que bajan incontenibles por sus apiñonadas mejillas. Todo su cuerpo temblando desvalido con el aliento entrecortado.

-Rei –Susurró Kai sobre su oído, envolviéndolo entre sus brazos. El pelinegro reaccionó al instante, quebrándose en desolado llanto se aferró desesperado al cuerpo de quien le acunaba protectoramente. Gruesas lágrimas caían por sus morenas mejillas y el desconsuelo que sentía le formaba un doloroso nudo en la garganta. Su pecho subía y bajaba descontroladamente por el aire que jalaba desesperado para tratar de tranquilizarse, pero era en vano. Parecía que entre más lo intentara, más pesadumbre sentía.

-Rei… -volvió a musitar Kai, sintiendo como su ropa se humedecía por las gotas de agua que brotaban de los hermosos ojos de su adorado gato. Su mano subió hasta posarse sobre la cabeza del moreno y regaló suaves caricias sobre su cabellera. Escucharle llorar de esa forma, sentirlo empequeñecer, ocultarse y estremecerse desconsolado en sus brazos, hicieron hervir la sangre del nahual de fuego por la impotencia de saberse incapaz de evitar el sufrimiento de su pareja. Cada una de esas lágrimas se clavaban como pequeñas astillas de cristal en su corazón. Jamás perdonaría a quien causara daño alguno a su beta.

Kai dejó un suave y sentido beso en la húmeda mejilla del pelinegro; afianzó la fuerza con que le abrazaba y levantó el rostro para mirar a Tala, quien aun permanecía en el salón, conmovido por el palpable dolor del nekojin.

-Reúne a los guardianes.- siseó con evidente odio en su voz- ¡Voy a destrozar a esos malditos humanos!

Los culpables del sufrimiento de Rei pagarían. Los haría sufrir a tal grado que la muerte les parecería un esperado alivio. Nadie se metía con lo suyo y una vez que estuviera seguro de que Rei estaba en mejores condiciones, se encargaría de castigar a los culpables.

Sí los humanos querían guerra, él sería su destrucción.

Continuará…


NOTAS!

Un mega agradecimiento superultra especial a Kea Langrey, quien no sólo es una súper inspiración, también me ayudó en algunas partes del fic. ¡Te aduru!

Reviews! Miles de gracias por dejarme uno con sus comentarios sobre el fic, en verdad los aprecio; espero este capitulo también sea de su agrado.

Gracias a: Nekot, Dita-Anime-fan, Selene-Kagome-Vampire92, Murtilla, Akire 777, Okami reiko, AsulaHao, Elian, Mey430, Misaki y Addnight.