Los personajes no me pertenecen, más la trama es mía mía y cualquier intento de plagio/copia está prohibida. La traducción, difusión y/o adaptación están prohibidas sin un previo consentimiento por mi parte.


Summary: Edward y Bella se conocen en Francia, cuando sólo eran unos adolescentes. Fue un más que un amor de verano, pero jamás lo dijeron. Uno de los dos se va, uno de los dos se queda con algo del otro. No se ven más, hasta que diez año después algo los vuelve a reunir./ UA.


"I was so happy we had met, It was the age of no regret"

Our Last Summer


Después de meses tratando de convencer a mis padres, sin resultado, me veía estudiando arte en Paris. No me había quedado de otra que escapar de mi hogar, no sin antes sacar grandes cantidades de dinero de nuestra cuenta bancaria y tomar el primer avión rumbo al viejo continente. Seis meses han pasado y no los he llamado ni ellos me han encontrado, tan solo me habían dado por desaparecida. Secuestrada fue la palabra de mi madre ante los noticieros americanos, por lo tanto solo después de un tiempo y de conocer a cierta gente pude cambiar mi nombre para así no ser encontrada.

Bella Swan, ya no era Isabella Marie como todos me buscaban.

Por información de otro supe que luego de un tiempo mis padres se habían dado por vencidos. Y en el fondo sabía que ellos sabían dónde me encontraba para su mala fortuna, la excusa solo fue para que sus amistades no hablaran. Un gran empresario con una hija bohemia, la burla de la sociedad.

La clase de hoy había sido la más vergonzosa de todas. Habían llevado a un modelo que no paraba de mirarme y guiñarme el ojo mientras intentaba retratarlo y poder salir con la máxima calificación. Sabía que definitivamente no me ganaría la vida dibujando hombres desnudos pero era un ramo obligatorio.

Vi como un chico, más bien un Dios griego caminaba mirando el paisaje. En un principio yo lo miraba igual de embelesada, era la ciudad del amor. De la moda –como si me importara – y de un montón de cosas más. Intenté esquivarlo pero gracias a mi conocida torpeza logré chocar con él.

Murmuré en francés una disculpa pensando que tal vez me entendería pero en su cara no había rastro de entendimiento.

"Lo siento ¿estás bien?" preguntó con un acento inglés tan seductor como su aterciopelada voz. Me costó centrarme un poco en lo que decía y en lo que debía hacer, hasta que recordé que llevaba mis dibujos sueltos. Los comencé a recoger y él me ayudó. "Muy bonitos "dijo cuando me entregaba uno del rostro de Ben.

"Gracias" le dije mientras tomaba lo que me tendía y tomaba las ultimas hojas de mi muy usada croquera. Vi en su expresión que se sorprendía, tal vez por mi acento o algo.

"Vaya, alguien a quien al fin puedo entender" dijo el riendo y pasando su mano por su cabello. Detuve el impulso de estirar mi mano y tocarlo.

Reí nerviosa ¿por qué me hablaba? "Si, claro" contesté mirando a mi alrededor. "Debería irme, gracias por la ayuda nuevamente" dije intentando irme a descansar. Dos bochornos en un día no era bueno para mi cara, que cada cualquier tipo de comentario, acción u otra cosa se coloreaba de un brillante rojo. Comencé a caminar pero sentí que alguien me seguía, me voltee y el estaba ahí con una sonrisa que me dejó sin aire.

"Ni siquiera sé tu nombre. Estaré por un tiempo aquí y sería bueno tener con quien conversar" bufé, no lo conocía. Y sabía cómo eran los hombres. Conversar era sinónimo de sexo desenfrenado. De tonta no tenía ni un pelo.

"Ni lo sabrás, no soy bufón ni doctora amor de nadie" contesté antes de caminar hasta la parada de bus, donde afortunadamente estaba el que me llevaba a mi departamento. Lo tomé, y esperé no verlo más. Idiota.


.

.

"¡Mami!" escuché que alguien entraba corriendo a la casa. Anne había llegado.

"En el estudio, cariño" grité y no pasaron ni cinco minutos cuando mi bebé llegaba con una hermosa sonrisa. Con el tiempo me había preguntado si había sido un castigo del destino por ser tan cobarde, que mi hija fuera igual a su padre. Cabello cobrizo, ojos verdes y sonrisa ladina. De mi solo tu torpeza y palidez había heredado. Era una chica hermosa y con solo diez años ya causaba que hombres se voltearán a verla. No aparentaba su edad y en este momento deseaba tener un marido que me ayudara a criarla. "¿Cómo te fue?"

"Bien, tío Ben dijo que te dijera que quería que fueras al hospital a visitarlo pronto" dijo rápidamente mientras acariciaba la cabeza de Bobbie, su perrito. Rodé los ojos, Ben había sido el único que había estado conmigo cuando me había enterado de mi embarazo. El se había marchado y yo no lo seguí, ni lo busqué. Fui demasiado orgullosa. Y ahora después de diez años, aún podía sentir sus manos en mi piel. Sus besos, sus caricias. Aún podía recordar esa tarde en que luche contra mis palabras, y no le dije que se quedara. Que fuera mío por siempre, que estaba enamorada de él.

Pero después de diez años, ya todo era distinto. El nunca volvió, yo no me fijé en nadie más y me hice conocida. Terminé mi carrera y luego estudié arquitectura, para luego ser una de las más conocidas. Cambié mi nombre a Isabella Swan nuevamente, hablé con mis padres y les conté de Anne.

Ya todo había cambiado, todo menos lo que sentía por él.

Eso jamás cambiaría. Mi hija, era su vivo retrato. Era lo más hermoso que tenía, lo más valioso, lo único que jamás dejaría de querer.

Ben, se había casado hace un par de años con una chica que conoció en un bar, Angela. Eran el uno para el otro, ella era psicóloga y el estudió cardiología. Su decisión fue lo que me hizo alejarme de él. Cuantas veces Edward habló sobre querer estudiar medicina, de ser como su padre. Pero más de alguna vez debía pasar por ahí, era mi deber como amiga. Se lo debía.

Después de cenar con Anne decidimos ver una película, ninguna duró demasiado antes de caer rendidas luego de un largo día. A la mañana siguiente, una vez desayunadas y vestidas, nos marchamos rumbo al hospital. Sería hora de ver a Ben, una vez más.

Caminamos por los pasillos que tanto conocía, gracias a mi torpeza. Anne caminaba sonriendo y sosteniendo mi mano, era una pequeña muy hermosa. Cuando vimos a Ben, ella corrió cayendo de rodillas a mitad del trayecto. Me apresuré para levantarla pero alguien se me adelantó. Un hombre de cabello cobrizo la levantó y le preguntó si estaba bien. Esa voz.

"Anne, ¿estás bien?" le pregunté sin fijarme en el hombre que la ayudó. Ella me respondió que sí y se levantó; estaba por agradecerle al doctor cuando me interrumpió.

"¿Bella?" dijo y lo miré. Esto debía ser una jugarreta del destino. Edward.


Hola!, no he actualizado mucho esta historia no porque no quisiera sino que no he tenido tiempo. Las que leen mis otras historias saben que tampoco he podido actualizarlas y si lo he hecho son cortas y aburridas. En el caso de esta historia me comprometo a actualizar una vez al mes, dos si me es posible. En todo caso en mi perfil hay una encuesta voten por esta historia si deseen que termine de actualizar esta primero antes que las otras cuatro y así. Deben escoger dos y de todos los votos comenzaré a actualizar. Independiente si salga o no esta historia actualizaré una vez al mes.

Entonces ¿qué les ha parecido? ¿va todo muy rápido? Dejen review, me hacen feliz y me alientan a escribir. Al fin y al cabo, sus comentarios y apreciaciones son nuestro único sueldo. Lo hacemos por pasión y no por ambición.

Saludos, Caro.