Dejo los lineamientos de siempre.

Aclaraciones:

Narración.

— Diálogo —

"Pensamientos".

Advertencias:

Posible OoC en los personajes.

Situaciones sexuales implícitas o explícitas.

Lenguaje inapropiado o soez.

Género: Romance | Humor.

Clasificación: T.

Disclaimer: la serie y sus personajes no me pertenece a mí, sino a ®Masashi Kishimoto.

Nota de Autor:

Si hay algún comentario o disconformidad, ya saben, pueden dejarla ahí abajo en la cajita de comentarios. Recuerden siempre dirigirse a los escritores con respeto, yo les responderé en la medida de lo posible. Los comentarios son siempre bien recibidos, y les estoy enteramente agradecida por tomar unos minutos de su tiempo para leer mis historias y de paso, comentarlas. Mil gracias. Es en parte por ustedes que yo sigo al pie del cañón, además de ser uno de mis pasatiempos favoritos.


Capítulo III.

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«La maternidad es la más importante de todas las profesiones. Exige más conocimiento de cualquier otro asunto relacionado con el hombre».

Elizabeth Cady Stanton.

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Primer trimestre:

Mareos, vómitos y desacuerdos.


Otro día, misma rutina… Prácticamente Nanami saltó de la cama para correr hacia el baño, tirando en el proceso a Kakashi al suelo.

Para la kunoichi este era un desarrollo habitual, había llegado a acostumbrarse a las náuseas matutinas y los vómitos incesantes en prácticamente todo el día, no obstante, para Kakashi era otro asunto. No estaba muy habituado a que una mujer lo arrojara de la cama, a menos claro que se tratara de algo "divertido".

El shinobi se levantó con parsimonia del suelo (sobándose la cabeza por el golpe que se dio en la esquina de la mesa) y caminó hacia el baño, se encontró con una escena poco usual. Nanami con el rostro enterrado en el retrete, la pobre daba arcadas como si no hubiera un mañana…

Ella comenzó a preocuparse, pues no podían cesar sus arcadas y su esófago empezaba a resentirlo, los ácidos estomacales comenzaban a pasarle factura irritándole y, posiblemente inflamándole la garganta. A ese paso, el ardor sería insoportable haciéndole difícil tragar e incluso, hablar con claridad… Hablaría con la Hokage para poder controlar sus vómitos matutinos.

Nanami sintió una mano grande tirar con suavidad su cabello hasta recogerlo por completo, mientras con la otra sobaba delicadamente su espalda. Reconocía esas manos, alguna vez la habían tocado con intensidad… Se dio una bofetada mental antes de que los recuerdos de hace tres meses la inundaran y esperó a que su malestar cesara.

¡Maldición! ¡¿Es que acaso nunca terminaría?!

Ahora no solo le dolía la garganta, sino también el estómago. Juró que había devuelto hasta lo que se comió hace dos días…

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Quince minutos y nueve mil arcadas después, pudo levantarse del piso (con ayuda de Kakashi porque ella no podía ni con su alma). Él la ayudó a asearse y la cargó nuevamente hacia la cama, mientras la llevaba, Nanami quería gritar, llorar y patalear. ¡Quería golpearlo con un demonio! No, golpearlo sería muy poco; ¡ella quería matarlo! ¡Maldito Ninja Copia!

No obstante, el deseo de que su hijo creciera con una figura paterna valía más para ella que el placer que le daría torturarlo hasta la muerte… Se sentía muy mareada y cansada. Todas esas semanas de batalla contra su estado y, la ausencia de un plan para su situación la tenía sumamente agotada. En ese momento, agradecía enormemente que Kakashi estuviera ahí para no dejarla azotar contra el piso.

Lo miraba y sentía rabia, lo veía tan despreocupado y fresco, lo único que le desataba era irritación. Quería estamparle un puño en la nariz, ¡juraba que sí! Pero no podía ni con su alma mucho menos darle un buen golpe. Se consolaba con imaginarlo tirado en el suelo sangrando profusamente, desfigurando ese rostro de modelo de revista.

Apenas Kakashi la colocó en la cama dejó caer la cabeza sobre las esponjosas almohadas, suspiró frustrada por toda esa situación extraña. El shinobi por su parte la observaba divertido, provocar a sus alumnos siempre fue un hobby; y a pesar que Nanami no fue su estudiante gozaba de verla frustrada e irritada. Sí, sabía que era algo cruel, pero así era él.

― ¿Te sientes mejor? — su parsimonia la irritaba, así que gruñó en respuesta.

Nanami no encontraba una razón coherente del porqué le exasperaba tanto el tono de voz de Kakashi, discernimiento que únicamente le alentaba a detestarlo.

― ¿Tú que crees? ― la ironía era latente.

Sin duda estaba molesta, el shinobi sabía que no era para menos, no tenía justificante.

— Supongo que no — respondió el shinobi.

Nanami alzó una ceja, mordaz y cansada, los círculos debajo de sus ojos evidenciaban su falta de reposo.

¿Era tonto o se hacía?

La verdad no quería indagar, le resultaba patético de por sí encontrarse en esa habitación sin tener otro tema de conversación y mucho menos con el derecho de reclamar. Ignoraba como actuar en esas circunstancias. Se levantó de la cama, con cuidado y a duras penas, le costaba mantener el equilibrio por la intensidad de sus mareos. Su mejor opción era salir de ese lugar cuanto antes.

Sí, huía, tomaba la salida fácil.

— ¿A dónde vas? — interpeló Kakashi.

La kunoichi se detuvo, respiró hondo y sin voltear contestó.

— ¿A dónde más? A trabajar.

Nanami salió antes de que él pudiera detenerla o siquiera contestar, no tenía aliento para ir al hospital, pero era eso o quedarse ahí hablando de lo que sucedió hace tres meses y no quería sostener esa conversación de nuevo.

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Le tomó cuarenta minutos llegar al hospital, se sentía más animada y menos mareada. En realidad las duchas con agua fría le funcionaban de maravilla, despejaban su cabeza del estrés y se sentía más relajada; hasta que su estómago gruñó en protesta por no haber desayunado.

¡No era por falta de ganas! ¡De verdad que no!

El detalle radicaba en que Sakura cocinó esa mañana (de hecho lo hacía todos los días), lo malo era que a la medic-nin le gustaba mucho experimentar con el arte culinario. Nanami no catalogaba como pérfido al deseo de Sakura de mejorar, no, al contrario, era alentador hasta cierto punto… El problema radicaba en eso, no sabía freír ni un huevo, ¡se le quemaba hasta el agua!

A veces se preguntaba como una chica tan talentosa para la medicina era tan mala en la cocina, no conseguía una explicación por mucho que lo pensara. En una ocasión escuchó a Ino mencionar que no siempre fue mala para la cocina, pero volcar todos sus esfuerzos en forjar su camino como kunoichi; dejó de lado esa parte que la hacía femenina. Nanami personalmente creía que tener ciertas dotes culinarias no la hacían más ni menos mujer, simplemente era un dogma creado por las personas con pensamientos machistas.

Suspiró.

Si tenía suerte, el experimento gastronómico resultaría en un veneno letal que mandaría al Ninja Copia al hospital. Sería gracioso verlo en esa situación, ya que le huía como las plantas a la plaga. A menudo indagaba porque razón al shinobi no le agradaban los hospitales.

Respiró hondo y compuso una sonrisa, su día apenas empezaba y ella solo quería volver a su habitación para dormir por horas…

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Estaba sentado cómodamente en el sillón de la sala, leyendo su libro favorito. Al mismo tiempo escuchaba a Naruto y Sasuke por el mando del televisor. La pelea inició porque uno de sus alumnos quería sintonizar un canal donde daban un programa médico, mientras el otro deseaba ver una película de acción. Al no encontrar solución pasaron a los insultos, Sasuke al final le dijo a Naruto que su programa era ñoño, indignando al Uzumaki.

Kakashi simplemente se divertía escuchándolos enfrentarse por cualquier tontería. En ocasiones llegaba a la conclusión que ninguno de sus alumnos maduró, porque, aunque Sasuke mostrara esa pose seria y fría; en el fondo seguía siendo un niño al que Naruto provocaba con una facilidad extraordinaria.

— ¡Dame el control, Sasuke! — exclamó Naruto.

— Ya te dije que no quiero ver ese programa, es para ñoños — replicó el otro, la indiferencia del Uchiha crispaba los nervios de Naruto.

— ¡Qué no es ñoño!

— No comprendo porque lo ves, si no sabes nada de medicina, Naruto — continúo Sasuke —. A penas y conoces los números — añadió mofándose.

El aludido colocó una mano sobre su pecho, en un gesto sobre exagerado de enfado, ¡¿cómo era posible que Sasuke le ofendiera de esa manera?! No es que estuviera mintiendo, ¡¿pero cómo era posible?!

— Eso es porque tú no sabes apreciar un buen programa — era su mejor defensa, pincharle un poco su sentido de la perspicacia.

Desafortunadamente para Sasuke (y predecible para Kakashi), Naruto consiguió su cometido. Provocarlo. Esa pequeña frase haciendo alusión a que su inteligencia era incapaz de ver la grandiosidad de ese programa, bastó para que el Uchiha se quedara clavado en el sillón mirando el susodicho programa.

Hatake sonrió bajo su máscara, eran como niños. Hizo un gesto negativo con la cabeza y redirigió la mirada hacia su pequeño libro naranja, sus alumnos nunca cambiarían.

Sin embargo, su entretenimiento aun no terminaba, ¡oh no! Faltaba la mejor parte…

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¡Por fin su último paciente se retiraba!

No es que no amara su trabajo, claro que le fascinaba, el problema era que estuvo recetando antibióticos y antigripales para; prácticamente toda la aldea. Al parecer todos estaban infectados con el dichoso virus.

Nanami se tomó un respiro recostándose en el sillón del consultorio que había usado casi todo el día, sí, casi. De vez en cuando la Quinta la mandaba a urgencias y luego a cirugía. Ese día en particular parecía una kunoichi multiusos.

Estaba agotada, tenía mucho sueño y pensar en la sencilla tarea de levantarse le generaba cansancio. Más no le quedaba de otra si quería regresar a su habitación y descansar un poco. Su fatiga esta vez era más grande de lo normal, en semanas anteriores se había sentido así, pero en este día específicamente lo resintió más.

Finalmente decidió levantarse para tomar su abrigo y regresar a casa, en el fondo no quería llegar pero no tenía a donde ir. Solo entraría y subiría a su habitación, de todas maneras lo único que le apetecía era dormir. Se hallaba lo suficientemente irritada como para enfrentar de nuevo a Kakashi.

"¿Qué se supone que haremos ahora?", pensó mientras caminaba a casa.

Todavía no determinaba que sucedería entre Kakashi y ella ahora que sabía lo del bebé, tampoco como llevarían su relación; si es que existía alguna… Lo único que sabía es que debían tratarse de la mejor manera posible para llevar la fiesta en paz, por el bien del bebé y de ambos.

Nanami llegó a la casa antes de lo planeado, bueno, tal vez no sintió el viaje debido a sus divagaciones. Abrió la puerta principal y entró sin saludar subiendo directamente las escaleras hacia su habitación, por ese día no quería socializar…

"Claro, engáñate", señaló su subconsciente.

Refunfuñó, ¡obviamente era una excusa! No deseaba enfrentarlo otra vez, no por lo que restaba del día.

Mientras subía las escaleras pensaba en lo hambrienta que estaba, no pudo probar bocado en todo el día y no era por mero gusto, no, resultaba que cada que intentaba saciar su apetito terminaba vomitando.

Exhaló. Exhausta y famélica eran dos palabras que la describían perfectamente en ese momento.

Nanami sonrió, estaba frente a su aposento, ¡al fin descansaría! Necesitaba dormir. Se apresuró a abrir la puerta y lo único que pudo soltar un grito, un chillido angustioso que alertó a todos en la casa.

— ¡¿Qué pasa?! — preguntó exaltado Naruto, segundos después se presentaban los demás.

Kakashi se encontraba al final de la cola con una sonrisa bajo su máscara. Nanami estaba alarmada, su rostro lo decía todo. Nerviosa y desconcertada, intercambiaba miradas entre los chicos y su habitación, ¿qué carajos había pasado?

— ¡Mis cosas! ¡Han robado mis cosas! — señaló, no lo podía creer, ¿cómo carajos había pasado?

Los miembros de la casa se miraron entre sí sin saber que responder, honestamente ninguno tenía idea de cómo pudo suceder un robo en la casa sin que lo notaran. ¡Eran ninjas! ¡¿Cómo no lo sabrían?!

— Nanami-chan, no creo que… — Naruto estaba a punto de decir que no era posible porque estuvieron todo el día ahí, hasta que recordó que Sasuke y él tuvieron un llamado de la Hokage y salieron por alrededor de dos horas.

El único que se había quedado era…

— Kakashi-sensei, ¿usted no escuchó nada? — cuestionó inocentemente el rubio.

El aludido sonrió bajo su máscara e hizo una señal negativa con la cabeza.

— Entonces… — Hatake lo cortó con un movimiento de mano, antes que siguiera sacando conclusiones y volteó hacia Nanami.

— Tus cosas están en mi habitación.

El silencio reinó en el pasillo del segundo piso, nadie dijo nada, ni siquiera parpadearon. No entendían nada, ¿por qué Kakashi trasladaría las pertenencias de la kunoichi a su habitación?

— ¿Disculpa? — inquirió desconcertada.

— Estoy seguro que escuchaste bien — respondió Kakashi.

Su despreocupación le irritaba, eso era evidente. Una cosa era que su personalidad le resultara exasperante y otra que se tomara el atrevimiento de mover sus pertenencias.

¡¿Con qué derecho?!

"Calma, Nanami, calma. Es por tu bien y el del bebé".

Trató de controlarse, ¡pero era tan difícil cuando le quería partir el cuello a ese hombre!

— ¿Con qué derecho te crees para llevarte mis cosas? — cuestionó, con toda la tranquilidad que fue capaz de reunir, respiraba profundamente para no exaltarse pero era inútil.

Tarde o temprano explotaría, Kakashi lo sabía, sin embargo, debía establecer algo.

— El derecho me lo da ese bebé que llevas en tu vientre — afirmó, sin ninguna duda, asombrándola.

¡Maldita sea! No quería que los demás se enteraran de esa manera acerca de quién era el padre de su hijo.

Nanami dejó de lado a Kakashi para observar los rostros de sus compañeros de casa, como era de esperarse estaban estupefactos ante semejante confesión. Aparentemente ninguno se la esperaba (ni siquiera ella).

¿Todos oyeron bien? ¿Kakashi era el padre del hijo de Nanami? Ninguno lo creía, pero tal parecía que sí, ella no replicó ni negó su afirmación.

— ¡Felicidades, Kakashi-sensei! — gracias al cielo Naruto rompió el hielo, abrazó exageradamente a su maestro.

Los demás imitaron al rubio (omitiendo los abrazos, excepto Sakura). Mientras Nanami cerró los ojos apesadumbrada. Aseguraba que pronto toda la aldea lo sabría.

Sería una verdadera pesadilla.

¡Maldito Ninja Copia!