¡Hola a todos de nuevo!

Aquí le traigo un capítulo más, espero les guste.

Espero que les guste como mis anteriores historias, esta historia es mía de mí para ustedes.

Los personajes pertenecen a S. Meyer, yo solo juego con ellos. Por favor pasen, lean y dejen sus reviews, ya que eso me motiva para seguir escribiendo. Gracias.

ATTE: *Little Saturnito*


Destiny

Capitulo 3

Edward P.O.V:

Siempre había escuchado a las personas desear tener dinero, fama y esas cosas materialistas, pero también decían que la felicidad no se puede comprar.

Al principio no le tomaba importancia.

Había nacido en lo que llaman "una cuna de oro", mi padre era dueño de una de las mejores empresas automotrices de Chicago y mi madre había sido una de las modelos más cotizadas, pero ahora se dedicaba a la organización de eventos. Al ser el único hijo mi destino como sucesor de mi padre había sido marcado.

Crecí con la firme creencia de que eso era lo que tenía que hacer, pero como iba creciendo me daba cuenta de que eso no era lo que yo quería hacer con mi vida.

Al igual que mi padre y toda la familia Cullen, tenía el don de Midas, todo lo que tocaba se convertía en oro o eso es lo que tantas veces había escuchado.

- ¡Si sales por esa puerta jamás verás un dólar de mi fortuna! - fue lo último que escuche decir a mi padre cuando me revele ante sus deseos de que empezara a trabajar en la empresa.

Desde el día que cumplí dieciocho años había decidido que no quería ser igual que mi padre, no quería estar atado al mismo lugar de trabajo día tras día, hasta ahora había logrado negarme poniendo como excusa la universidad, las tareas o los clubs.

Mis padres habían aceptado mis negativas, incluso llegaron a pensar que mi etapa de vestir de negro era algo pasajero, pero jamás imaginaron la verdad detrás de mis hechos.

Durante mí tercer semestre en la universidad donde estudiaba economía y administración de empresas, tal como mis padres querían, había conocido a Alistair y Alec, dos hermanos de origen ruso, ellos estudiaban negocios y querían abrir algo propio. No tenían muy claro el tipo de negocio que querían, pero aun así me invitaron a unirme a ellos y con los conocimientos que teníamos los tres iniciamos nuestro camino a algo nuevo.

Y después de tanta búsqueda e investigación llego el momento.

Sin que mis padres se dieran cuanta, tome algo de dinero que tenía guardado en una cuenta separada e invertimos en la compra de un bar/antro en quiebra y pusimos manos a la obra.

Siete meses después abrimos "Eclipse"

Los tres habíamos quedado como propietarios y no podíamos estar más que felices ante nuestro logro. En menos de cuatro meses nos habíamos convertido en uno de los mejores lugares de moda y había recuperado el dinero que invertí.

Fue ahí cuando me di cuenta de lo que en verdad quería hacer y me decidí a hacerlo sin que me importara nada. Sabía que perdería el apoyo de mi padre e incluso el de mi madre y ni que decir el de la familia por completo, pero no me importaba, había encontrado mi destino y le seguiría.

Trabajé en "Eclipse" sin que mis padres supieran y hasta seguí estudiando lo que ellos querían pues comenzarían a sospechar si dejaba la universidad de pronto.

Un año después no solo éramos el lugar de moda, sino que nos habíamos establecido entre uno los mejores negocios emprendidos por jóvenes según una revista y el periódico local y nacional, claro oficialmente los que salían en público eran Alistair y Alec mientras que yo me mantenía en el anonimato como el misterioso inversionista. También así podía escuchar los comentarios de aceptación de mi padre sin que supiera que su propio hijo era quien estaba detrás.

Pero días después de que "Eclipse" cumpliera un año, Alistair y Alec hablaron conmigo seriamente. Al parecer su padre, quien vivía en Rusia, enfermo gravemente y habían decidido regresar para estar con su madre, como no sabían cuando regresarían o si lo harían querían darme su parte del bar y después de negociaciones y algunas negativas por su parte aceptaron el dinero que les ofrecí por su parte.

Así fue como el bar paso a ser mío por completo y fue cuando decidí que tenía que hacer algo.

Algunas semanas después decidí terminar con toda la farsa que había mantenido.

Lo tenía todo planeado, así que el día antes de mi cumpleaños número veintiuno decidí darme de baja en la universidad, tal como esperaba mi padre se enteró a primera hora del día siguiente, tuvimos una gran discusión y sin decir nada tomé algunas de mis cosas personales, la nueva motocicleta que acababa de comprarme y salí de esa prisión en la que me había visto obligado a vivir.

Mi nueva vida se basó en viajar por las diferentes carreteras, los diferentes estados y los más bellos paisajes que jamás llegué a pensar, conocí a personas interesantes y que me enseñaron mucho de la vida.

Meses después de emprender mi viaje llegué a Washington y decidí visitar al hermano de mi padre, Carlisle. Tanto él como su esposa Esme y su hijo Emmett siempre me habían caído muy bien.

Mi tío Carlisle era una persona muy calmada y no le gustaba mucho las discusiones por lo que se había mantenido alejado de la familia y sus problemas.

Fue muy relajante pasar tiempo con alguien de la familia que no me juzgaba por hacer lo que quería hacer y no por lo que debía, tal vez sea porque mi tío había hecho lo mismo en su tiempo. También decidí quedarme un par de meses y fue ahí cuando me llego la oportunidad de poder abrir un nuevo bar en Seattle por lo que sin pensarlo dos veces acepte.

Casi cuatro años después de abrir "Eclipse" en Chicago, la nueva sede abrió sus puertas al público de Washington y tal como había pasado la primera vez, el éxito fue inmediato.

- ¡Hey Eddie, mi primo favorito! - escuche a mi primo Emmett gritar por el otro lado de la línea. Él y yo nos llevábamos muy bien a pesar de que teníamos una diferencia de cinco años.

- Hola Emmett, ¿Como has estado? - pregunte dejando de lado lo que me encontraba haciendo, había decidido dar una vuelta por el bar en Chicago y es que, aunque estuviera en muy buenas manos no quitaba que de vez en cuando tuviera que estar presente para revisar que todo estuviera en orden.

- Muy bien, muy bien, ya sabes, lidiando con la universidad, con el amor a distancia con mi amada Rosie y extrañando a mares la comida de mi madre y los postres de las "mujeres del bien" - ambos reímos ante su referencia al grupo de la iglesia en donde su madre era voluntaria.

- Con tu apetito feroz te creo - respondí.

- Y... ¿Dónde estas? No nos has venido a visitar por algún tiempo - por el tono de su voz sabía que quería pedirme algo, pero tenía que tantear el campo.

- Estoy en Chicago visitando el bar - dije mirando el clima nublado desde la ventana de mi oficina.

- Oh... - fue lo único que escuche decirle y se quedó callado por un tiempo - ¿Cuándo vas a regresar a Seattle?

- No sé todavía, ¿Por qué? ¿Necesitabas algo? ¿O sucedió algo malo? - cuestione, pero no me respondió - ¿Emmett?

- ¡SI, AQUÍ ESTOY! - exclamó tan fuerte que tuve que quitarme el móvil del oído.

- ¡EMMETT! -

- Si, lo siento no quise gritar - se disculpó y podía notar que era sincero, pero también que si voz se notaba algo nerviosa.

- Ya Emmett, dime lo que quieres -

- Rosie va a cumplir dieciocho años la próxima semana y quería llevarla al bailar - dijo lentamente.

- Oh, claro que puedes ir, solo dime el día que quieres ir y le diré a Félix que los deje entrar - dije sonriendo, Emmett me había contado mucho sobre su novia, pero hasta ahora no había tenido el honor de conocerla en persona, tal vez podría llegar de sorpresa al bar.

- Eh... Gracias - su tono de duda llamo mi atención.

- ¿Sucede algo más? - pregunte algo más preocupado, Emmett no era de los que se andaban por las ramas.

- Es que... Rosalie tiene dos amigas, pero ellas todavía van a cumplir los dieciocho y sé que Rose no ira si ellas no van - me explicó, así que eso era.

Ahora entendía el porqué de su nerviosismo, era un dilema.

- De acuerdo, voy a dejarlas pasar, pero tienes que prometerme que no tomaran nada de alcohol, no quiero meterme en más problemas si alguien se entera que deje pasar a menores de edad - dije firmemente.

- Claro, Jasper y yo nos encargaremos de ello, no tienes que preocuparte - aseguro.

Después de darme la fecha y de platicar un rato más terminamos la llamada mientras mi mente elaboraba mi plan.

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- Hola Félix, ¿Como van las cosas por acá? - pregunte mientras él entraba a mi oficina para tomar las llaves del local.

Félix había trabajado como seguridad por casi diez años y en los meses que tenía trabajando para mí me había demostrado que era alguien de confianza por lo que le había asignado el puesto como gerente del bar. Al principio se sorprendió, pero puso su condición de que seguiría haciendo su trabajo como seguridad.

- Muy bien, ya sabes uno que otro borracho con el que lidiar, pero ningún problema serio - respondió seriamente.

- Muchas gracias por hacerte cargo del lugar - agregue mientras nos dirigíamos a la reunión del personal que se hacía cada tarde.

- Muy bien chicos, ya saben lo que tienen que hacer y dar lo mejor de si - dije frente a los empleados, había un total de veinte personas trabajando en el bar desde bartenders, guardias de seguridad, meseros y DJ´s - También esta noche vendrá un grupo de cinco personas en el VIP Green, quiero que todos estén atentos y no les den nada de alcohol, por favor - agregué usando el código que tenía para cada grupo VIP: El verde era para pedidos especiales, el gris era limitado y el negro era ilimitado.

Después de la junta me puse a revisar algunas cosas del bar, desde la apertura algunos meses atrás todo iba muy bien, también se había convertido en un lugar popular entre las personas de todas las edades y no solamente los jóvenes.

Me entretuve tanto haciendo las cuentas, revisando el inventario y esas cosas que cuando mire mi reloj me di cuenta de que lo más seguro es que Emmett y sus amigos hubieran llegado ya por lo que me fue a la habitación que tenía acondicionada para mí y me arregle, no podía esperar para ver la cara de Emmett y para conocer por fin a su novia Rosalie.

Me puse una camisa negra de botones junto a unos pantalones negros algo desgastados y por más que trate no pude hacer nada con mi rebelde cabello.

Cuando baje hasta el bar, Víctor uno de los bartenders me confirmo que el grupo de Emmett había llegado hacía una hora aproximadamente y habían estado tomando cócteles sin alcohol y estaba a punto de ir a su mesa cuando algo blanco en medio de la pista llamo mi atención.

Ella está ahí, sola, bailando y moviéndose sensualmente al compás de la música como si nada le importara.

- Dame una cerveza - le dije mientras me apoyaba en el mostrador mirando a la bella chica.

Estuve cerca de una hora mirando como se movía, podía darme cuenta de que no era el único al que tenía cautivado, pero hasta ahora los chicos que se habían acercado a ella fueron rechazados o Emmett y otro chico rubio se acercaban a ella, decían unas palabras para que el chico se fuera y volvían a dejarla sola.

Fue cuando vi a un idiota hablando con uno de sus amigos y riendo mientras la miraban que me decidí acercarme a ella.

Su delicioso olor a fresias me golpeo de pleno cuando mis brazos se enredaron en su pequeña cintura atrayéndola hacía mí, la sentí tensarse por un segundo, pero después comenzó a moverse mucho más sensual.

No supe cuánto tiempo estuvimos bailando de la misma manera sin importarnos el cambio de música, lo único que me importaba era el pequeño cuerpo de la chica entre mis brazos, sus caderas moviéndose de manera que despertaron mi hombría mientras sus manos sujetaban mi cabello y tiraban de el ligeramente cada que mi aliento chocaba con su piel, dejaba ligeros besos en su cuello o acariciaba su cuerpo.

En algún punto le di media vuelta y no me resistí a besarla, al principio pareció dudar un poco pero después me respondió con energía erótica que jamás había visto en una mujer.

- Quiero hacerte mía - susurre contra su oído haciendo que su cuerpo se estremeciera logrando que soltara un gemido en forma de respuesta, volví a besarle con mucho más ardor antes de separarnos, tomar su mano y guiarnos entre la multitud de los cuerpos.

Durante nuestro trayecto hasta mi oficina, notaba un ligero nerviosismo en su mano por lo que me detuve para asegurarme que eso era lo que quería y su única respuesta fue tomar mi rostro entre sus manos y besarme apasionadamente.

Hacer el amor con ella fue algo que jamás había experimentado, cuando me adentre en ella fue como si estuviera en casa, el modo en que mi pene se ajustaba a su interior era malditamente perfecta, cada movimiento era como si estuviéramos sincronizados, como si no fuera la primera vez que estaba en su interior y cuando llegamos al clímax fue algo de otro mundo.

Estaba a punto de preguntar su nombre cuando el sonido de un móvil hizo que ella se separara rápidamente de mí, recogiendo su vestido mientras respondía.

No sé quién pudo haberle llamado, pero salió tan pronto como arreglo su vestido sin decirme ni su nombre o su número.

Sin importarme mi desnudes me acerqué a la ventana que daba al piso de abajo y pude distinguirla llegar a lado de una chica de baja estatura, también pude ver como dirigió su mirada hacía donde está la oficina antes de seguir a su compañera.

Soltando un suspiro mientras sonreía di media vuelta llegando al sillón donde hacía solo unos minutos había tenido el mejor sexo de mi vida, iba a tomar mi pantalón de una esquina de mi escritorio cuando algo llamo mi atención.

Un pequeño trozo de encaje blanco estaba debajo de mi escritorio por lo que me agache para tomarlo y cuando alce mi mirada pude apreciar unas pequeñas manchas que resaltaban en mi mesa blanca.

¿Sangre?

Unas pequeñas gotas de sangre seca estaban en la mesa, junto donde había estado sentada ella cuando me adentre por primera vez en su interior.

- Ella era virgen - susurre con mi mirada fija en la clara prueba.

Sin duda yo había sido el primer hombre en su vida, pero... ¿Porque no me lo dijo?

No se veía del tipo de chica a la que le gustaba pasar de hombre en hombre, aún recordaba la forma en que se estremecía entre mis brazos con el más ligero toque, sin duda no tenía planeado entregarse a un desconocido en un bar.

- No te preocupes hermosa, te encontrare y cumpliré mi promesa, serás mía por completo - dije sonriendo mientras mi puño se cerraba alrededor de las bragas de la chica misteriosa.

Pero nunca me espere que el mismo destino haría que nos volviéramos encontrar.

Mi sorpresa fue máxima cuando la vi parada en la cocina de mi tía Esme, la madre de Emmett.

De todos los lugares posibles jamás llegue a pensar que estaría tan cerca de mí.

- ... Y ella es Bella, hija de Renee - dijo mi tía cuando termino de presentarnos, una sonrisa divertida se formó en mis labios cuando la note nerviosa ya que no quería hacer contacto visual conmigo.

Las amigas de Esme eran unas viejas chismosas que me hicieron una y mil preguntas mientras que ella se mantuvo callada todo el tiempo, aunque podía notar como se movía sutilmente haciendo que mi sonrisa se volviera traviesa.

"Oh nena, igual despiertas la excitación máxima en mi cuerpo" pensé dándome cuenta como sus pezones se notaban ligeramente por la blusa blanca que traía.

Si pensé que con su vestido blanco y corto se veía sensual con el uniforme que tenía puesto era como la personificación de una fantasía, sin duda lo más erótico que uno podía ver.

Después de algunas preguntas por parte de su madre me excuse diciendo que tenía que hacer una llamada y no pasaron más de algunos minutos cuando la escuche salir del salón en donde se encontraban todas esas mujeres.

Cuando la vi apoyarse en la mesa y soltar un suspiro en total silencio me acerqué a ella tomando su cintura entre mis manos para darle media vuelta y capturar sus labios en un beso que enseguida respondió.

Ella ni cuenta se dio cuando la senté en la encimera de la mesa y me acomode entre sus piernas mientras mis manos se perdían debajo de su falda sintiendo como se estremecía ante mis suaves caricias, mis labios bajaron lentamente por su barbilla, su cuello hasta llegar al escote de su blusa, pero logre que soltara un gemido de placer cuando dos de mis dedos se adentraron en su interior.

- Estás igual de húmeda que aquella noche - murmure contra su cuello haciéndola estremecer mientras movía mis dedos un poco pero antes de que pudiera hacer o decir algo más la voz de su madre llamándola hizo que nos separáramos de inmediato.

Pude ver como trataba de acomodar su ropa mientras yo me escondía detrás de la puerta trasera mientras la veía toda sonrojada y tratando de inventar escusas ante el interrogatorio de su madre.

La vi salir de la casa de Esme para dirigirse a la casa de enfrente por lo que la seguí sin que ella se diera cuenta y la tomé por la cintura mientras tapada su boca introduciéndola al interior de la casa.

La chica frente de mí despertaba el deseo y excitación total de mi cuerpo y al parecer lo mismo ocurría con ella ya que de un momento a otro nos encontrábamos haciendo el amor en su habitación... En su cama...

Lo que encendió mucho más las cosas fue la llamada de su novio, podía sentir que ella no le quería por la manera en que le hablaba y por cómo se mojaba ante la acción.

El clímax fue igual de intenso que la primera vez que lo hicimos y tal como había sucedido a vez pasada fuimos interrumpidos cuando la iba a tomar por segunda vez.

Me aleje de ella después de darle un apasionado beso y de prometerle que tendríamos que hablar antes de escabullirme a tiempo por su ventana.

No sabía si me había creído, pero volvería esa misma noche, tenía muchas cosas que discutir con ella.

- Espero que sepas lo que haces Edward, por el bien de todos, en especial el de ella - dijo mi tía Esme cuando entre a la cocina por la puerta trasera.

Siempre supe que ella era muy observadora, aunque nunca lo comentara y sus palabras confirmaban mis sospechas.

- Claro que lo sé, sabes que la época de hacer lo que me decían termino, ahora hago lo que quiero y siento correcto - respondí mientras me ponía a su lado para ayudarle a secar las tazas que habían usado.

- Es una pena verla atrapada entre sus deberes y sus deseos - dijo mirando por la ventana que tenía la vista hacía la casa de enfrente.

- Ella es como yo, pero no tiene la fuerza necesaria para escapar de ello - mi mirada siguió la suya.

- Solo ten cuidado, pero sabes que cuentas con nosotros para cualquier cosa - dijo dándome un fuerte abrazo, el cual correspondí.

Desde que me había ido de casa de mis padres, mis tíos y Emmett se habían convertido en los únicos familiares con los que podía contar, ellos no me juzgaban por mis acciones, mis deseos, mis preferencias ni nada por el estilo.

- Gracias tía, pero todo está en las manos del destino a partir de ahora - dije mientras ella se separaba de mí para verme incrédula por lo que agregué - Yo solo le ayudare a que todo quede como tiene que ser - ambos rompimos a reír mientras seguíamos en nuestra labor.

Sin duda yo haría que el destino jugara a mi favor.

Por ahora, tenía que averiguar algunas cosas en torno a Bella.

Se lo había dicho aquella noche, seria mía para siempre.

Le gustara o no, el destino siempre decide lo que va a pasar.


* ¿Y bien? ¿Qué les pareció este capítulo? Ya conocimos lo que hay detrás de la vida de Edward, su primera impresión sobre Bella y su decisión.