Saint Seiya es propiedad de Masami Kurumada Y TOEI. Yo escribo sin fines de lucro y por diversión
Decisiones
Eso la orilló a los extremos para regresarlos a la vida.
-Athena ¿Está completamente segura de lo que piensa hacer? Creo que podríamos analizarlo un poco mejor.
-En ningún momento ha existido duda de mis acciones. Si te comenté lo que haría, fue sólo como consideración a lo vivido en el pasado, sabes perfectamente que pude actuar sin avisarte. Así que te pido de favor que te ahorres comentarios que no fueron solicitados.
-Entendido, mis disculpas.
La Deidad empezó a avanzar a pasos seguros mientras que el joven que la acompañaba, se retrasaba un poco examinando lo mucho que había cambiado aquella mujer que conoció encerrada en el Soporte Principal.
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Las semanas fueron transcurriendo y si bien el ánimo de la joven Athena no había regresado a ser el mismo, al menos ya no sufría los ataques de los primeros días. Los cinco jóvenes trataban con ahínco de ayudarla a salir de la depresión en la que se encontraba, siempre estaban con ella, le hacían plática, recordaban anécdotas de niños, la llevaban a caminar por el bosque, trataban de distraerla lo mayor posible, la cuidaban, la protegían. Saori, por más que trataba de no dejarse llevar por la tristeza y poder corresponder a esos cinco pares de ojos cálidos que siempre estaban con ella, le era imposible apartar el dolor que por la noche la perseguía y recordaba el sufrimiento de la Élite Dorada.
Cada día sentía una parte de su alma perderse, era como si estuviera con ellos en el encierro.
Pasados dos meses, Saori empezó a recobrar su vitalidad, ya no parecía fantasma deambulando por la casa, comía a sus horas, mantenía cortas y amenas pláticas con sus amigos, e incluso salía sola de paseo-aunque muchas veces Ikki la vigilaba de lejos. Desafortunadamente sus ojos seguían sin recuperar el brillo que todos adoraban y en ocasiones se quedaba abstraída.
Seiya sabía que las pesadillas de la pelilila seguían atormentándola todas las noches, y si ahora estaba más tranquila era por ellos cinco. Estaba tratando de no causarles más penas e incomodidades, se estaba tragando su dolor, aunque con eso se ahogara en un mar de desconsuelo. Por eso, un día, desesperado por la falsa actitud de la muchacha la llevó a donde todo había comenzado. El monolito.
Fue una acción desesperada de la cual inmediatamente se arrepintió. Pero la tranquilidad lo embargó cuando la joven, el lugar de alterarse o caer en estado de letargo, caminó serenamente hacia la estructura de piedra y pidió perdón, envuelta en lágrimas, a los doce hombres que arriesgaron su vida por ella.
Una vez que regresaron a la casa, las reprimendas no se hicieron esperar, pero estaban felices de darse cuenta que la mirada esmeralda de la joven había recuperado fulgor y algo…que en ese momento, no pudieron reconocer.
Al día siguiente la declaración que hizo los impactó.
-¿Regresarlos a la vida…eso es posible?-los ojos castaños se abrieron sorprendidos.
-Estoy segura de que pueden ser liberados, lamentablemente no tengo conocimiento de cómo. Pero si puedo lograrlo, traerlos al mundo de los vivos será una tarea más simple-el tono esperanzado, levantó el ánimo de todos.
-Entonces el primer pasó es liberar sus almas-Hyoga analizó las palabras de la Diosa.
-Es correcto. Averiguaré la forma.
-Nosotros te ayudaremos en lo que sea-sentenció el portador de Andrómeda.
Saori soltó un leve gracias a sus amigos, y dirigió la mirada al cielo que empezaba a mostrar las primeras estrellas.
Tenía que apurarse, sabía que cada minuto que pasaba, el alma de los Dorados se sumía en la agonía cada vez más. No podía desperdiciar el tiempo.
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-Un gran discurso sin duda Athena-la voz de la Reina de los Dioses se hizo presente en la sala-pero ¿No crees que es un poco arrogante de tú parte, venir hasta aquí, sólo para soltar un reto a tus iguales?-los ojos rojizos de su madrastra la miraron con dureza.
-En ningún momento fue mi intención retarlos, Hera-le regresó la misma mirada-sólo dejé clara mi posición. Si lo tomaste como afrenta, te aseguro, que mis palabras no fueron las culpables-de todos en esa reunión, sabía que Hera y Ares serían los más complicados. Pero estaba preparada.
La Diosa soltó una leve risa irónica
-Al parecer estuvimos en dos reuniones diferentes querida-el "querida" le revolvió el estómago a la de ojos verdes-porque, a mi parecer, y estoy segura que el de muchos otros, las frases dichas hace un momento fueron una clara amenaza hacía a los Dioses-la sonrisa ladina que adornó las bellas facciones de la esposa de Zeus no pasó desapercibida para nadie. Hera detestaba a Athena, ponerla en aprietos era su deporte favorito-y no creo que en tu posición te puedas dar el lujo de hacer ese tipo de declaraciones
-Reafirmo lo dicho Hera, en ningún momento mi intención fue retarlos, espero que haya quedado claro-continuó con voz serena-si quisiera lanzar una amenaza hacia ustedes-hizo una pausa pasando la mirada por familiares-lo hubiera hecho hace ya mucho tiempo, y con muchos más argumentos-dirigió sus iris hacía el regente de los cielos- pero si no lo hice antes, no pienso hacerlo ahora, aunque ganas no me faltan. Pero, ese no es el tema discutir. Ya expuse mi posición y es irrevocable -definitivamente la hija favorita de Zeus hacía gala del porte que la caracterizaba.
-Me parece que mi hermana ya dejó lo suficientemente claro que no va a cambiar de posición Hera-todos voltearon sus miradas al Dios del vino quien observaba detenidamente los movimientos ondulatorios que hacía el líquido carmesí en su copa al moverla con la mano-el que nosotros apliquemos un escarmiento a esos hombres, será motivo para que ella nos ataque.
La joven Diosa se mordió la lengua para no corregir bruscamente la palabra ataque con defenderse, aunque sabía que las palabras de Dionisio no eran maliciosas-dado que su hermano sólo decía lo que pensaba sin tapujos-no pudo evitar que cierta molestia surgiera en su interior. Pero tenía que controlarse, cualquier falla sería utilizada para hundirla.
-Lo que Athena acaba de darnos es una clara advertencia, no una declaración de guerra. Si nosotros queremos o no tomarlo en cuenta, será nuestro problema-dicho eso, bebió el contenido de su copa.
-¿Acaso estás diciendo que debemos tenerle miedo a esta chiquilla orgullosa?-las palabras despectivas de Hera no hicieron efecto en la Diosa, estaba acostumbrada a los constantes malos tratos de su madrastra.
-Estoy expresando que si estamos aquí, es para resolver conflictos, no crear nuevos. Deja de realizar interpretaciones erróneas de las palabras de los demás-Hera soltó un bufido molesto y estaba a punto de contraatacar a las palabras del Dios (quien para la Diosa del matrimonio no era más que un entrometido al ocupar el lugar de Hestia) cuando Hermes interrumpió.
-Concuerdo con Dionisio. Estamos perdiendo el tiempo con está palabrería sin sentido cuando desde el inicio sabíamos que mi hermana no se quedaría observando como condenábamos a esos humanos-Athena apretó los puños-lo que realmente debería importarnos-el Dios esbozó una sonrisa enigmática-es conocer la posición de Hades y Poseidón en esta situación, ya que, hasta donde recuerdo, se encontraban encerrados. Estoy seguro que debe ser excesivamente interesante lo que nos tienen que decir-los aludidos, colocaron su mirada en los dorados ojos de su sobrino sin cambiar las caras serias que tenían desde que entraron.
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En otras noticias, el joven Julián Solo inauguró un nuevo hospital infantil para las personas de escasos recursos. Sin duda alguna, este muchacho es el ejemplo de la filantropía…
Saori dejó de revisar de golpe los cuantiosos pergaminos que tenía sobre el escritorio cuando escucho el nombre de su antiguo pretendiente. Concentró la vista en el reportaje transmitido en la televisión sobre las actividades altruistas que hacía el único heredero de los Solo.
Se encontraba en su despacho, era la tercera noche en vela investigando algo que le diera una sola pista de cómo anular el encierro del Castigo Divino. Los muchachos hacía rato que terminaron por quedarse dormidos en los sillones del salón.
Las imágenes de un Julián sonriente acompañado de un chico de ojos rosas en una población rural pasaban una tras otra mientras la comentarista se desvivía en halagos para el joven.
Había decidido hacer lo imposible por liberar las almas de los Santos. Miró el montón de papeles desperdigados por la oficina y supo lo que realmente tenía que hacer.
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Sorrento sintió la humedad del ambiente incrementar mientras la cálida cosmoenergía rodeaba las ruinas de lo que antes era el Templo Marino, sus ojos rosas no perdían detalle de las acciones que realizaba la mujer que se encontraba a tan sólo unos pasos frente a él. La expectación que lo embargaba crecía conforme las piezas de coral y concreto se iban ensamblando.
Seguía renuente ante lo que estaba por suceder.
Días atrás, cuando la heredera de Mitsumasa se presentó en la Mansión Solo-sin ningún acompañante y mirada indescifrable-sospechó que la visita tenía un propósito más profundo que sólo saludar al que en un pasado le había pedido matrimonio-y que casualmente estaba en Japón. Sus ideas fueron confirmadas cuando la joven, después de una breve conversación-que a su parecer, fue más protocolaria que por gusto-donde él le mencionó que Julián estaba en una reunión de negocios, la Diosa sin vacilar, aclaró que necesitaba hablar con Poseidón, no con el heredero Solo.
-Mi Señor no se encuentra, no he sabido nada de él desde que ayudara a los Santos de Bronce trasladando las armaduras doradas a los Campos Elíseos-la suave brisa salada movía lentamente sus cabellos, había decidido llevarla al balcón principal para poder hablar en privado.
-Ya veo. Dado que deje una cantidad importante de su esencia en el cuerpo de Julián, para que los mares no violentaran, y hace poco mi cosmos sufrió una alteración, imaginé que su presencia se había hecho más constante-la vio sumirse en sus pensamientos y no pudo evitar indagar.
-¿Sucedió algo importante?-supo por la cara ensombrecida de la Diosa que su cuestionamiento no era adecuado-lo lamento, no quiero ser inoportuno, pero comprenderá que esta situación me causa algo de inquietud.
-No te preocupes, entiendo que mi visita fue inesperada-la vio posar su atención en la majestuosa vista que tenían del mar-me hubiera gustado antes de proceder, hablar aunque fuera un poco con Poseidón; pero ya que el resultado será el mismo, no veo el problema en decírtelo, fuiste de gran ayuda en el pasado-cuando sus miradas se encontraron, se sintió realmente intimidado por la representante de la Tierra-Además, puede que también termines implicado.
Pensó que eso era obvio, todo lo que tuviera que ver con Poseidón lo incluía automáticamente.
-Restauraré el Soporte Principal. Tu Señor regresará a sus dominios.
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El estremecimiento del terreno lo sacó de sus pensamientos, sus ojos se abrieron con evidente incredulidad ante la visión que presentaba ante si. El Soporte Principal se alzaba imponente y totalmente reconstruido en aquel paisaje marino, irónico que la responsable fuera la persona por la cual había sido destruido en primer lugar.
Se acercó con precaución a la pelilila, últimamente no sabía que esperar de Athena.
-¿Se encuentra bien?-preguntó con todo tacto posible.
-Sí, estoy bien, muchas gracias por preocuparte-ahí estaba de nuevo la cálida mirada que había conocido- ya que mi cosmos sólo puede reconstruir el Soporte en el aspecto externo, el esfuerzo que requerí fue mínimo. Para que vuelva a tener la resistencia de antes, necesita el poder del Dios de los Mares, pero por el momento bastará con que este de pie.
-Entiendo-no quiso agregar nada más, seguía pensando que le estaban abriendo las puertas a los problemas.
-Sorrento-su mirada indecisa se posó en las brillantes esmeraldas-comprendo perfectamente la turbación que sientes en este momento. Debe ser difícil para ti que, después de llevar una vida pacífica y normal, tengas que atenerte nuevamente a los caprichos de los Dioses-desvió la mirada, se sentía débil ante ella-pero te aseguro que no hay que temer. Mis acciones tienen un fin concreto y créeme cuando te digo que iniciar una nueva guerra entre nosotros no es una de ellas. Busco que todos los conflictos lleguen a su fin.
-Es difícil creerlo cuando todo apunta lo contrario-murmuró azorado, ya no podía seguir guardando la preocupación por las consecuencias que se podrían desencadenar-Sé que la situación en la que se encuentra, ameritó que llegara a emplear acciones extremas, pero no estoy seguro que puedan llegar a ser compartidas.
-Tu Señor y yo hemos tenido muchas diferencias en el pasado. Pero, a diferencia de nuestros demás parientes, podemos llegar a tener una conversación civilizada cuando nuestros intereses están en juego. No permitiré que se vuelvan a repetir los mismos errores. Ambos tenemos mucho que ganar y todo que perder.
-Realmente deseo con toda mi alma que tenga razón Athena.
-La tengo-la afirmación le hizo sentir que no aceptaría réplicas-Agradezco tu compañía Sorrento, lo siguiente es completamente mi responsabilidad, comprenderé si deseas irte.
-Fui mi decisión acompañarla, no me retractaré ahora. Además, le prometí a los Santos de Bronce que la cuidaría-esbozó una ligera sonrisa-no quisiera enfrentarme a la ira de Pegaso si se entera que la dejé sola.
Athena le regresó la sonrisa.
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El escenario era deprimente, ruinas, polvo y maleza cubrían todo el terreno, se podía percibir la tristeza en el ambiente. No había sol, las nubes lo cubrían completamente, era como si el astro rey se negara a ofrecer que cualquier rayo de luz llegara a aquel lugar, olía a muerte y una ligera brisa levantaba partículas de polvo.
Lo que antes era el majestuoso Santuario de Athena, la más grande edificación de Grecia, ahora se había convertido en un paisaje desolador de tierras áridas y recuerdos destrozados. Un rincón olvidado por los Dioses.
-Saori…-el castaño susurró en tono conciliador, sin ánimo de llamar a la deidad, simplemente quería hacer notar que estaba ahí, con ella, compartiendo su dolor.
Estaban parados en lo que antes era Star Hill, el lugar con la mejor vista de todo el Santuario, pero ahora solo había tierra y despojos, parecía que se derrumbaría en cualquier momento. Analizaron el panorama.
De las doce casas, sólo quedaban escombros de aquellos imponentes templos que una vez fueron edificados; un enorme cráter reemplazaba al coliseo, no había rastro de las residencias de los aprendices, soldados o caballeros de plata; el área de las amazonas, repleta de hierba marchita y más columnas; el anfiteatro, derrumbado en su totalidad; la fuente de Athena, completamente seca, ni siquiera el pueblo de Rodorio había quedado en pie. Cualquier señal vida estaba extinguida.
Observaron con tristeza donde antes se ubicaba el reloj de fuego. El monolito se podía apreciar imponente entre toda la destrucción.
Cuatro energías se postraron detrás de ellos.
-Muchas gracias por acompañarme. Nunca les he dicho lo importantes que son para mí. Todos mis Santos son sumamente importantes, cada que uno perece, es como si una parte de mi ser muriera con ustedes. Sé que nunca lo he demostrado y mi carácter caprichoso ha sido muchas veces la causa por la cual terminan sufriendo-su mirada se llenó de determinación.
-Pero es momento de que asuma las consecuencias de mis acciones, enmiende todos mis errores y como Diosa de la Tierra tome el control de las responsabilidades que me corresponden-los jóvenes sólo asintieron en señal de apoyo.
Athena emitió un brillo dorado.
-¡El Santuario volverá a levantarse, la Sagrada Orden regresará a la vida!-estiro la mano al frente y pequeñas gotas de sangre salieron dispersándose hacia las ruinas. El viento comenzó a ser más fuerte-¡No permitiré más agravios!-cerró los ojos, mientras aumentaba su cosmos, su cabello y vestido se movía de manera etérea-¡Y juro por el Río Estigia, que, sin importar el costo, la paz regresará a este Planeta!-una brillante y enorme energía comenzó a formarse frente a ella-¡Defenderé con mis propias manos a cada uno de ustedes!- los Santos de la Esperanza observaban expectantes como la Diosa introducía su mano en la rebosante luz dorada y al cerrarla está se fragmentó en miles de partículas mostrando el báculo de Nike.
Empuñó con seguridad la poderosa arma mientras la sangre cubría la superficie de la misma, apuntó el báculo hacía el cielo, la cosmoenergía seguía incrementando descomunalmente. Abrió los ojos pero éstos ya no mostraban los iris verdes, si no que ahora parecía como si una galaxia estuviera en ellos. Un rayo de luz salió disparado del báculo hacia las nubes, y al llegar al punto más alto, el poder de la Diosa explotó cubriendo todo a su paso con una intensa luz dorada.
Por la fuerza del impacto, automáticamente las armaduras divinas cubrieron a los Santos presentes, quienes a pesar de contar con ellas, no pudieron evitar caer de rodillas ante la energía que se expandía. Cerraron los ojos, el brillo era demasiado cegador, ahora lo único que escuchaban era el crujir de la tierra.
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Los pasos de Athena eran rápidos y sigilosos, tenía que ser muy cuidadosa si quería cumplir su cometido sin que nadie notara su presencia, daba gracias a no haber pisado su Templo Olímpico desde muchos siglos atrás y que su familia le diera tan poca importancia como para revisarlo de vez en cuando, por eso se encontraba sin vigilancia y a kilómetros de distancia de cualquiera que pudiera verla. Aun así actuaba con precaución, no podía ser descuidada, no ahora que estaba tan cerca.
Empujó la enorme puerta de roble adentrándose al Salón Principal, aquel donde mucho tiempo atrás se realizaban elegantes eventos artísticos para entretenimiento de los Dioses; alejó de su mente los recuerdos que se amontonaban como fantasmas y fijó la vista detrás del trono principal, su trono. Se posicionó unos pasos detrás de éste, una blanca pared impedía el paso.
Colocó la mano derecha frente al muro postrado frente a ella y un brillo dorado emanó del mármol despidiendo una fuerte energía, que, de haber sido otra la persona que se encontrara en ese momento, seguramente hubiera sufrido varias heridas. La energía reaccionó ante su cosmos quebrando el obstáculo en miles de pedazos que se desvanecieron inmediatamente, observó con detenimiento los objetos que se encontraban al centro del recinto secreto; aún no era momento para que ambos regresaran a donde pertenecían, aún faltaban doscientos años para que su energía fuera lo suficientemente débil y las cadenas que los ataban fueran fácilmente rotas.
Sin vacilar, avanzó hasta tomar entre sus brazos ambas piezas, una azul, otra negra.
Apuró el paso hacía la salida, todavía tenía que restaurar los dominios de la tierra y el mar. Sin mirar atrás salió de aquellas tierras elíseas de la misma forma en la que entró, sin ser vista.
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El ambiente empezó a aligerarse, poco a poco los movimientos de la tierra se fueron calmando, la intensidad de la luz disminuyó. Cinco pares de ojos se abrieron con precaución tratando de adaptar nuevamente la vista al escenario que tenían enfrente. Una vez que sus pupilas lograron visualizar algo concreto, éstas se abrieron desmesuradamente debido a la impresión.
Los templos, las cabañas, el pueblo, el Palacio, todo estaba nuevamente en su lugar, inclusive podría decirse que se veía aún más majestuoso que antes; la inmensa vegetación rodeaba todo hasta donde la vista alcanzaba, el cielo azul se encontraba completamente despejado sin una sola nube alrededor y los cálidos rayos del sol iluminaban el escenario otorgándole un brillo glorioso.
El Santuario de Athena estaba completamente restaurado.
Bien aquí tenemos la tercera parte, como podrán notar Athena ya está actuando para rescatar a los Santos Dorados.
Entiendo que a más del 70% de los fans no les agrada mucho la Diosa, pero tenía que reivindicarla aunque fuera un poco. Siempre me imaginé que debía tener algo de aprecio hacia los dorados y de haber vivido junto a ellos en el Santuario, tal vez su actuar en las batallas hubiera sido diferente. Más a lo Lost Canvas.
Agradezco mucho a las personitas que dejaron sus comentarios y aquellos que siguen la historia. Muy pronto llegará el final, ahora sí verán el enfrentamiento entre Dioses y el renacer de los amados Dorados.
Nos leemos pronto.
Saludos.
