CAPÍTULO 3
Albert Ardley entró en el despacho del director general a primera hora del lunes. Desde el sábado algo había estado dándole vueltas en la cabeza. La imagen de una hermosa rubia como cita de su mejor amigo, el directivo de su empresa y que por cierto estaba casado. Tenía que encarar al sinvergüenza de su amigo.
Al observarlo entrar ,sin dudarlo Terry se levantó de su escritorio y lo rodeó para acercarse y abrazar a su viejo amigo. Le dio unos golpecitos en la espalda como para asegurarse de que no se lo estaba imaginando.
-Aún no puedo creer que hayas vuelto. Y menuda entrada que hiciste en el club. Entraste pavoneándote en la pelea de la otra noche, con toda la calma del mundo, como si nunca te hubieras ido.-Terry observó el rostro incómodo de Albert-¿Efectos del jet lag otra vez?
Albert suspiró irritado antes de contestar.
-Bastante. Había olvidado lo frío y seco que es el aire de Chicago. Te golpea en cuanto bajas del avión. Pero no me importa, nunca me acostumbré del todo a la humedad de Australia.
-Bien, eso significa que en el corazón sigues siendo de Chicago.
-O tal vez signifique que tenga que probar con San Francisco la próxima vez -contestó Albert encogiendo los hombros y sentándose en el sillón de cuero que había junto al escritorio de Terry.
"Bien- se dijo a sí mismo Albert, a lo que vine..."
-Conocí a tu cita la otra noche en la pelea. –inició la conversación Albert.
-Así que has conocido a la segunda mujer de mi vida -dijo Terry con una amplia sonrisa.
Albert miró a Terry con los ojos entreabiertos pensando en sus palabras, y en ese momento Terry rompió a reír.
-No me mires así, Ardley. Es la mejor amiga de Susana. Mi pobre esposa apenas puede subir las escaleras, mucho menos aguantar una función como la de la otra noche en un club nocturno, así que llevé a Candy.
-¿Y cómo es? -preguntó Albert que se sentía infinitamente aliviado.
-Ya la conoces. Es bajita, rubia, embarazada –dijo Terry buscando su cartera-. Puedo enseñarte una foto.
Albert giró los ojos.
-Me refería a Candy, y lo sabes.
-Ah, Candy - Terry se guardó la cartera.
-¿Os lleváis bien? -preguntó Albert sin querer mostrar que estaba interesado.
-Sí, tanto que me ha metido en un lío para que le encuentre al hombre perfecto.-contestó riendo Terry.
-¿De veras? -preguntó Albert sorprendido. No le había parecido el tipo de mujer que necesitara una cita ciegas, pero ya que él estaba en la ciudad tal vez...
-No sólo un hombre -continuó Terry sacudiendo la cabeza y sonriendo comprensivo-, sino un marido, un esposo.
Plafff! La imagen que tenía Albert en la mente se disolvió.
Una cita a ciegas era una cosa... No hacía más que un par de días que había regresado y ya se había cruzado dos veces con la misma mujer, y las dos veces había quedado profundamente impresionado. Pero acababa de encontrar el bálsamo para aquella quemazón: buscaba marido. De pronto, San Francisco le parecía la mejor idea.
-No está mal, ¿no crees? -preguntó Terry con un brillo en los ojos.
-Sí -contestó Albert, si eso era todo lo que se le ocurría para describir unos increíbles ojos verdes, unas piernas kilométricas y un cuerpo de infarto.
La voz de Terry lo sacó de su ensoñación.
-¿Te dijo si le había gustado la pelea?
Albert lo miró sin emoción alguna.
-Nos conocimos justo antes de que empezara, en realidad, pero eso no le impidió decir lo que pensaba nada bueno por cierto, de la pelea y de mi empresa en general.
-Muy típico de Candy. ¿Te... presentaste? -preguntó Terry que parecía buscar las palabras con cuidado-. ¿Sabía quién eras cuando habló contigo?
-Debía saberlo -dijo Albert pensando en el gesto reconocimiento de Candy-. No lo sé ..¿Importa acaso?
-Supongo que no.
Albert asintió y se puso de pie. Terry lo acompañó hasta la puerta.
Terry se quedó en silencio unos segundos, observó a su amigo y se dijo a sí mismo que nada perdía intentando.
-¿Qué vas a hacer esta noche? -preguntó Terry-. ¿Te apetece cenar cordero asado? Hace años que Susana no te ve y le encantaría que le contaras novedades y tus pavoneos.
Aunque tenía un montón de trabajo pendiente Albert pensó que una cena en la grata compañía de sus amigos no sería ningún problema y no podía rechazarlo.
-¿A qué hora?
-¿Hacia las siete?
-A propósito, yo nunca ando pavoneándome –dijo Albert desde la puerta del despacho de Terry.
Terry, lanzó una carcajada.
OOO
Candy no pudo contenerse y se había ido a ver a su mejor amiga a la clase de yoga para contarle del desastroso evento al que su querido esposo la había llevado.
-Fue horrible -se quejaba Candy doblada con la cabeza sobre las rodillas.
-Terry te la ha jugado -dijo Susana estirándose también bajo la atenta mirada de su instructor de yoga.
Candy miró a su amiga como si le hubiera crecido dos cabezas.
-Claro que lo ha hecho. Es un hombre y me ha demostrado ser un neandertal.
Susana la miró con dulzura y comprensión.
-Te prometo que si me hubiera dicho que era ese tipo de fiesta nunca le habría sugerido que te llevara con él. Le conté algunas cosas de tu padre pero no lo suficiente.
Susana le puso una mano en el brazo a Candy y ésta sacudió el brazo aunque al momento se arrepintió de haberlo hecho. Hacía tiempo que había enterrado aquellos recuerdos y sabía que no era para tanto.
-Terry piensa que ese Ardley es un tipo «inspirado» -continuó Candy con media voz-. Y a mí me parece que piensa al revés. Si quiere que sus empleados se relajen en uno de sus establecimientos, ¿por qué no monta un balneario y los envía allí? ¡Yo podría organizar una fiesta mejor que él medio dormida y con una mano atada a la espalda!
Susana sonrió .
-O con la cabeza entre las rodillas, es evidente.
Candy le devolvió la sonrisa a su amiga desde aquella posición.
-¿Entonces conociste a alguien encantador?-insistió Susana.
-No -dijo Candy recordando al instante los brillantes ojos color azul cobalto. Además, no era encantador. Era su enemigo.
-No me sorprende. ¿Puedo preguntarte cómo pensabas conocer a alguien en la «sala común» de paso hacia los lavabos?- inquirió Susana.
Candy suspiró frustrada.
-Para entonces lo único que deseaba era encontrar un lugar donde esconderme de aquella brutalidad.
-No sería una bonita historia que contar a tus nietos: «Nos conocimos de camino a los lavabos...».-bromeó
-¿Para qué? -Candy suspiró mientras se estiraba para tocarse la punta de los dedos de los pies-. No encontraré marido, no tendré nietos a los que contar historias.
-Bueno, si ésta es tu actitud será mejor que cancele tu cita para cenar esta noche.
-¿Cenar? -Candy se levantó tan deprisa que tuvo que sujetarse para no perder el equilibrio.
Susana se levantó más despacio y se dirigió hacia el rincón donde había dejado la ropa. Candy la siguió.
-Para resarcirte por lo de la pelea, Terry te ha organizado una cena con uno de sus compañeros esta noche en casa. Esperaba que los dos os conocierais, se enamoraran y os casarais. Pero si no te interesa...
Susana siguió su camino como quien no le importa el asunto. No contó ni uno y ya Candy estaba tras ella.
-Claro que me interesa. ¿Lo conoces? ¿Es simpático? ¿Inteligente? ¿Qué hace? No, no me lo digas. No quiero saberlo. ¿Es guapo?
-Ven a casa a las seis y media y lo sabrás.
-Sí, sí, sí. De acuerdo -le dio a Susana un abrazo-. Sois tan buenos conmigo.
-¿Incluso Terry? Hace un momento era un neandertal.
-¿Terry un neandertal? Nunca. Es el hombre más maravilloso del mundo.
Susana asintió, contenta.
OOOO
A punto de dar las siete, Susana gritó a Terry que llevara a Candy al salón y la retuviera allí. Candy se sentó en el salón y se removió inquieta hasta quedarse en una posición. Se mordisqueaba las uñas perfectamente arregladas y no dejaba de subir y bajar la pierna.
De pronto, empezaron a oír un rítmico golpeteo sobre el tejado. Candy miró la lluvia caer formando artísticos regueros en los cristales.
-¿Terry?
-Sí, Candy.
Oh rayos! Terry conocía ese tono. Él estaba sentado y se pasaba los dedos por el cuello.
-¿Qué es lo que sabe de mí?-preguntó ansiosa la rubia.
-¿Estás segura de que quieres saberlo?- Terry la observó divertido- ¿Estás segura de que no vas a interrumpirme en cuanto empiece a hablar?
-Estoy segura. Dímelo. No lo puedo soportar. Necesito saber algo.
-De acuerdo -dijo él-. Le he dicho que eres muy guapa.
-¿Le dijiste que soy guapa? Qué dulce eres.
-Le dije que Susana y tú sois amigas desde hace mucho...
-¿Conoce a Susana tanto como para que le dijeras que somos amigas? -Candy dio un grito y miró el pequeño músculo que se activaba en el pómulo de Terry.
Diantres, Terry sabía muy bien que una vez que empezaba Candy con las preguntas no había forma de controlarla.
-Tal vez debería saber quién es. No, no puedo. ¿A Susana le gusta? ¿Qué más le dijiste?¿Qué color son sus ojos?¿Crees que le gustaré yo?...
Las luces de un coche atravesaron los cristales y de pronto se apagaron. Candy tragó con dificultad al oír que el ruido del motor se apagaba. Acababa de llegar.
-No puedo hacerlo -suspiró-. Ayúdame.
Terry se puso de pie y se acercó a ella. La tomó de la mano y la retuvo.
-¿Quieres saber qué más le dije?
Terry la empujó hacia la puerta. Candy sabía que le había obligado a hacerlo, y sonrió pidiendo disculpas.
-No creo que quiera saberlo.
Pero era demasiado tarde. Terry tenía sus propios planes y sonrió traviesamente. El timbre sonó y justo antes de que Terry abriera la puerta le susurró en el oído a Candy:
-Le dije que estabas buscando marido y que él era el candidato perfecto.
OOO
Hola a cada una de ustedes, espero que este capítulo les agrade. Este fic no será muy largo y los capítulos serán cortos pero sustanciosos. Con mucho humor, sarcasmo y amor. Gracias a cada una de ustedes por seguirme en esta historia como en las otras. Les deseo un día de sonrisas y relax. Sé que muchas veces no es fácil, pero no por eso imposible. Por eso para las que me conocen y saben que muchas veces peco de optimista, mi lema siempre será:
"A pesar de que tu corazón llore, sonríe siempre hasta que te duelan las mejillas". No se den por vencidas ante las adversidades y si se caen, pues a la levantarse con la frente en alto que de los errores y horrores aprendemos ;)
Les deseo de todo corazón a las que comentan como a las que no, pero me siguen tras la pantalla anónimamente, un excelente Albertdía!
Saludos a mis amigas del aquelarre CBA, donde pertenezco y también al grupo "Historias de Albert y Candy " en FB.
Gracias por sus comentarios a:
Lu de Andrew, MiluxD, Sarah Lisa
Nadia M de Andrew , Patty A. , Patty Castillo
Josie , Mayra Exitosa, Lili A , Liovana Hernández
Ale Salinas, Laura Galido, Rachybonita
Un abrazo en la distancia,
Lizvet
