Capítulo 3: Resultados
Yo sabía que volver a buscar a esa cuatroojos para finalmente hablar sobre el avance de Eren solo redundaría en problemas.
-Así que eso es lo que ayer te tenía tan preocupado como para traerte a mi despacho a las seis de la mañana...
-No es eso, había...
-Habías pensado que era pertinente analizar los cambios en Eren de tan solo dos día. Dos días en 15 o más que estamos trabajando. ¿No te parece un poco pretencioso creer que ha mejorado de golpe y que, encima, eso se debe a tu cara bonita?
Ni siquiera la patada que le di le quitó del rostro esa boba sonrisa burlona. Me retiré de la habitación con gran irritación: sobretodo temía qué haría esa maldita Hange con la valiosa información que estúpidamente yo le había dado.
Y ahora, frente a mí, está la respuesta a esa horrible pregunta.
Eren, tras pedir permiso, ingresa a mi habitación con un paquete "enviado por la líder de escuadrón Hange Zoe". Lo miro con desconfianza de arriba abajo.
Han pasado tres días desde esa conversación ridícula con ella pero yo sabía que en cualquier momento pasaría algo. Mientras tanto, vigilé a este mocoso ir de un lado al otro tras ella durante los experimentos. Él me miraba de soslayo; otra vez había empezado a sonrojarse tontamente, ¿por qué era eso? ¿Qué había cambiado?
No sé qué ocurrió pero durante los tres días él quedó sentado al lado mío en la cena. Miré a Hange buscando pruebas de su conspiración contra mí pero solo me encontré con su habitual sonrisa.
Podía oler a Eren si estaba tan cerca. Olía a transpiración, a haber estado entrenando sin descanso todo el día. Pero sus manos y su rostro estaban increíblemente limpios: yo sabía que lo hacía por mí, que cuando no tenía el tiempo de bañarse se lavaba con obsesión lo más visible de su cuerpo. Cuando recién había llegado a la Legión, más de una vez lo mandé a lavarse antes de comer. Ahora, ya había aprendido. Sus manos, aunque grandes y torpes, se veían impecables. Seguramente, tendrían la aspereza del jabón, pero no por eso serían menos agradables al tacto... Y me pasé las tres cenas pensando en estas boberías: ¿era esto lo que querías, Hange?
Bien, y hoy, ahora, justo ahora que no puedo sacarme de la cabeza todas estas cosas, aparece Eren tan campante en mi despacho con ese paquete misterioso.
-Esa cuatroojos... a ver, dámelo.
Eren apoya el paquete rectangular en mi escritorio y espera. Yo lo tomo y desarmo las cintas oscuras que lo enlazan. Puede ser solo una broma pero estas cintas no son nada baratas. ¿Qué se trae Hange entre manos? Y entonces, entiendo el chiste: es una caja de fino té negro. Le debe de haber salido una fortuna. Hange se está literalmente riendo de mi discursito sobre las responsabilidades y la negación de los placeres por banales. Ja. Levanto la vista: aunque haya metido al mocoso en esto, se trata de un código interno. El pobre no debe de entender nada. Solo mantiene la tenacidad definitiva de su mirada en mí, y espera. Abro la caja y la huelo. Hace al menos dos meses que no pruebo un té de esta calidad. Quiero probarlo ya mismo.
-¿Sabés qué es esto, Eren?
-¡No, señor! -Responde, sin desarmar la posición de firmes.
-Es té negro.
Me observa sin comprender.
-Pero ya hay té en la bodega, señor.
-Bah, eso no merece llamarse té... lo rebajan con cualquier pasto, sobre todo desde que perdimos María y las plantaciones de té se redujeron a una décima parte. Esto es té de verdad.
-¡Entonces, es un artículo de lujo!
Abre grandes los ojos, brillosos. Es evidente que es lo más parecido a la riqueza que ha visto en su vida. Pero enseguida su expresión da lugar a una suerte de decepción.
-Creía que en la Legión nos caracterizábamos por nuestra austeridad.
Tsk. Ya ha comprendido.
-Así es. Pero además de... -Ya está, he caído en la trampa de Hange, no tiene sentido escapar. -Además de soldados de la Legión, parece que también somos humanos. Y yo, en particular... tengo mi debilidad en el té.
Está sorprendido, aunque aún no vislumbro si para bien o para mal. Se queda quieto con sus ojos fijos en mí. Cierro la caja de té y luego dejo que me vea, en silencio.
Estamos así aproximadamente un minuto. Al final, es él el que rompe el hechizo.
-Capitán... ¿no va a ordenar que me retire?
-Noté que te gusta observarme. Como tu superior, no me cuesta nada darte ese gusto de cuando en cuando. Podés retirarte cuando lo desees, tu responsabilidad está cumplida.
Se sonroja hasta la punta de las orejas. Vaya a saber uno en qué gusto está pensando en verdad. Sea como sea, no se retira. Decido molestarlo un poco. Solo un poco. Doy la vuelta al escritorio y quedo junto a él.
- ¿En qué porquería estás pensando que te hace sonrojar así?
Por supuesto, el color de su rostro aumenta. Sinceramente, parece que va a desmayarse o que le explotará la cara de un instante a otro. Doy un paso hacia él, por lo que se inclina hacia atrás (¿teme rozarme sin querer?), se tambalea y finalmente debe volver a su posición original.
-Usted-usted sabe en qué estoy pensando, señor. Por favor no se burle de mí.
Lo dice con mucho sentimiento y me obliga a preguntarme por qué hago esto, qué puedo ganar yo. ¿Por qué habría de esforzarme tanto para beber un poco de té? ¿Por qué ahora pongo en duda el valor de limitarme a esa bebida aguada que se pierde entre las provisiones de rutina?
Este mocoso está a mi cargo. Ya existe la posibilidad de morir por él de todas maneras, ¿no es cierto? Y no debo tomar un gran compromiso con el té: solo debo beberlo.
- Sí, sé en qué estás pensando.
Avanzo un paso al frente y lo beso en la boca. En verdad es solo un niño: mantiene los labios cerrados y apretados, no tiene idea de cómo besar. Me separo, un poco irritado.
- Eren, no se hace así.
Le meto dos dedos en la boca y se la dejo ligeramente abierta. Él parece a mitad de camino entre el pánico y la excitación. Saco los dedos.
- Quedate de este modo.
Y vuelvo a besarlo, esta vez pasando la lengua por sus labios para que no pueda cerrarlos. Lo hago, sin embargo, con delicadeza: no quiero asustarlo. Aunque no debería serlo, quizás se trate de su primer beso. No me imagino a alguien que habla la mayor parte del tiempo de matar titanes coqueteando con una chica. Quiero, no sé por qué, que se lleve una buena impresión de esto. Pero, por otro lado, deben de ser años desde la última vez que hice algo semejante. En realidad se siente... agradable.
Solo me mantengo allí, besándolo. Él tiene los hombros encogidos y los brazos retorcidos en una mueca inmóvil de desconcierto. Estiro mi mano derecha y aprieto su nuca contra mí. Percibo su cuello como un pañuelo de seda y las puntas de sus cabellos que se me enredan en los dedos. Me siento bien y es muy extraño tomar conciencia de eso. Debo decir que ahora comprendo un poco mejor a Hange.
Lo suelto. Él había cerrado los ojos con fuerza durante el acto pero ahora los abre de pronto, con la misma cara de pánico con la que comenzamos.
- Ca-capitán q-qué... qué... yo...
Lo miro con el ceño fruncido.
- Ahora sí, retirate.
- ¿Qu-qué?
- Que te retires. Podés volver a tus actividades.
- Yo... digo... ¡Sí, señor! ¡Adiós, señor!
Creo que necesita tiempo para procesar lo ocurrido. Estar solo es lo mejor para él en este momento. Además... no puedo hablar seriamente con alguien que tiene una erección como esa. Nadie pensó en ello cuando diseñaron estos malditos pantalones ajustados para los soldados.
Pasaron al menos cuatro horas antes de que Hange entrara en mi despacho a los gritos.
-¡Leeeviiiii! ¿Qué demonios hiciste con Eren...?
Apenas levanto los ojos de mi deliciosa taza. Le apunto levemente con ella, para que la note.
-Recibí el mensaje que me enviaste.
Dando unas zancadas, se sienta frente a mí.
-¿Mi mensaje...? ¡Mi mensaje era sobre que fueras menos duro con vos mismo y que te permitieras algún pequeño placer! ¿Qué tiene que ver Eren con eso?
Alzo las cejas, un poco confundido.
-Lo mandaste a mi despacho.
-¡Sí, para que te diera el maldito té!
Dejo la taza.
-Ah. Creí que era parte del paquete.
Pero al escucharla gruñir y ver lo enojada que está, empiezo a preocuparme. ¿Acaso le pasó algo? ¿Se convirtió en titán y salió corriendo? ¿Mató a alguien?
Lentamente me pongo de pie y me acerco a la ventana, desde donde se supone que debía de vigilar las actividades de la mañana. Pero, bien, hoy estuve un poco desconcentrado y delegué mis tareas.
Me alivia ver a Eren allí, en el patio. Está sentado en el suelo, con vida. Petra lo abraza. Eld también está por allí. Al parecer, el mocoso está restregándose el llanto y los demás intentan consolarlo.
-No sé por qué me mirás asi, yo lo veo vivo y con todas las partes de su cuerpo enteras.
Suspira, como si la agotara lidiar conmigo. En todo caso, no creo que la agote más que a mí lidiar con ella.
- Sí, claro que está vivo... ¡pero vino hecho un manojo de nervios! Primero, que estaba sonrojado y con... con... ¡bueno, ya sabés a lo que me refiero! Sé que es un adolescente pero eso no había pasado antes. No se podía transformar y estaba todo el tiempo llevándose las manos a la boca. Pero quiero decir, no para morderse, solo para, no sé... ¡tocársela! Murmuraba... ¡Pensé que se había vuelto loco! Y todo eso fue después de pasar por tu despacho.
-No es para tanto. Por tu grito cualquiera diría que se transformó en titán y se comió a mi equipo.
-Si hubiera pasado eso no venía a gritarte, venía a rebanarte en pedacitos directamente.
Hago una mueca, pero no agrego nada.
-Mirá, Levi... no sé qué entendiste de mis palabras pero no te olvides de que Eren solo tiene 15 años y ninguna herramienta para manejar estas situaciones. Últimamente había mejorado mucho y venir a tu despacho hoy hizo que diera todo en el traste. Así que... vos lo arruinaste, vos lo arreglás. Le di la tarde libre a Eren... mañana espero ver resultados distintos.
Se levanta y se va como vino.
Estoy de nuevo en el punto de partida, o peor.
Notas de la Autora: Charán, he aquí un primer beso! Me di cuenta de que estaba sacando mal las cuentas de los días, así que lo corregiré en el primer capítulo, que se ubica a 15 días de ingresado Eren en el escuadrón de operaciones especiales y no a un mes de eso.
Gracias por sus mensajes y sobre todo gracias a la increíble JAZMÍN NEGRO que lee todo antes de que lo publique y me da sus opiniones a pesar de que a veces no le haga ningún caso y siempre la esté apurando xD Si no la conocen busquen su hermosa página de arte en Facebook. Estoy un poco trabada en la escritura del capítulo 6, por favor déjenme reviews para inspirarme :3
Abrazos y hasta el próximo viernes!
