¡Un poco de acción!
Disfruten.
Capítulo 3
Despertó antes de que la alarma sonara. Se metió al baño al instante. Sus ojeras solo demostraban el cansancio que tenía. Apenas pudo dormir. Tenía muchas cosas en su cabeza. Se dio una ducha rápida y se vistió con un pantalón azul marino y botas, y una camiseta de tiras blancas.
"Summers, saldremos en un rato, levántate."
Le dio un grito a su acompañante mientras buscaba en su perchero la chaqueta que combinaba con el pantalón. Buscó sus guantes de cuero y su cinturón para poner su arma. Guardó un par de cartuchos en uno de los bolsillos.
Soltó un largo suspiro.
Había una sola cosa que la mantenía concentrada.
Golpeo la puerta vecina un par de veces. No estaba cerrada del todo, así que la abrió. La chica estaba acostada con su pelo por todos lados, y una cara de sueño inquebrantable.
"Summers."
"Uhm…si, si, ya desperté…"
Y a pesar de lo que sus palabras decían, su cuerpo permanecía inerte en la cama.
"Tienes cinco minutos para bañarte, vestirte y subirte al auto. O te dejaré en una celda por el resto del día."
La chica despertó de golpe. Mas que la amenaza, quizás ver a la rubia con ropa prácticamente de combate, fue más amenazador.
"¡No sé cómo haré eso, pero por favor ten piedad!"
"Si no puedes hacerlo, solo ríndete. Sería más fácil para todos."
"Espera… ¿Qué?"
La chica se cayó de la cama de la impresión. Tomó una toalla y corrió al baño de invitados. Por un segundo pensó que estaba siendo muy ruda con la chica, pero sintió que era algo divertido el hacerla sufrir así. Salió del cuarto en el tiempo límite, estaba armándose las trenzas con rapidez.
"Listo, estoy lista, tiempo fuera."
Elsa Storm le dio una sonrisa prepotente.
"Era una broma."
La chica frunció el ceño.
"No lo puedo tomar en broma cuando pareciera que vas a la guerra."
La rubia solo mantuvo su cara indiferente. Inspeccionó la ropa de la chica, pantalones gastados, y una sudadera verde y azul. Su labio y su sien parecían estar mejor. Buena recuperación para haber pasado solo un día. Tomó unos documentos y caminó a la salida. La pelirroja corrió tras de ella.
"Espera, ¿Era en serio? ¿Dónde vamos? ¿Desayunaremos fuera?"
"Haremos una parada antes."
Subieron al auto y recorrieron un camino similar al que se hacía para llegar al departamento de policía. Se detuvieron en un recinto de tiro, cercano a la costa. El lugar desteñía un poco en comparación a los edificios modernos y lujosos del centro. Por dentro estaba bien arreglado, con pisos limpios, mesones llenos de armas y accesorios. Un hombre con cara amable y cuerpo corpulento les saludó.
"¿Lo de siempre?"
Elsa solo movió el rostro afirmativamente. El hombre dejó unos cartuchos en la mesa y Elsa los tomó. Hizo una seña de número tres con su mano y la rubia caminó por un pasillo hasta una cabina con el número tres. Se puso unos cascos para protegerse los oídos, y puso las nuevas municiones en su pistola. Unos blancos con marcas empezaron a moverse frente a la comandante, pero ella, con una experticia increíble, le daba a cada una en medio de la diana. Tiros perfectos y limpios. Anna estaba sorprendida.
La joven se quedó mirando las manos, sin ningún tipo de amarre, luego miró a su cuidadora, con sus oídos protegidos de cualquier sonido.
Sonrió para si misma y salió del lugar lo más imperceptiblemente que fue capaz.
Cuando Elsa Storm terminó su práctica y agradeció al dependiente, junto con darse cuenta que la chica bajo su mando estaba desaparecida, su rostro se volvió más gélido de lo que era usualmente. Salió del recinto con desesperación. Tendría que llamar a todas las unidades para iniciar una búsqueda de una sospechosa de homicidio. Y luego la bajarían de puesto por no cumplir con una tarea tan fácil como cuidar de una adolescente.
No terminó de pensar en su posible futuro luego de este incidente y vio a la pelirroja fumando al lado de su auto. Se veía tranquila. Soltó un suspiro. Al menos no había hecho nada tonto como eso. Agravaría su situación.
Empezaba a andar un poco de gente, debían de ser la siete de la mañana. El mundo poco a poco empezaba a despertar. Se apoyó en el auto, al lado de ella. Se quedaron mirando la nada unos segundos.
"¿Fuma, comandante?"
"No."
"Me lo imaginé, ¿Te asusté? Te veías divertida, no quería estorbarte."
"Si no hubieses estado aquí te habría disparado si te encontraba."
"Lo sé, y ahora tengo claro que no fallarías el tiro."
La chica soltó una risa ante su aclaración y apagó el cigarrillo con la suela de su zapato. La rubia se quedó pensando unos segundos respecto a la proveniencia de aquel cigarrillo, pero pasó todo por alto cuando empezó a sonar la interferencia del intercomunicador del auto.
"Atención unidades, avisan de un 10-10 en el Parque Pumphouse."
Elsa metió su cuerpo por la ventanilla y tomó el radio entre sus manos.
"10-4, procederé a ir al lugar."
La rubia abre la puerta y le hace una seña a la pelirroja para que haga lo mismo. Ambas se sientan y abrochan sus cinturones.
"¿Quién es el 10-11?"
"Comandante Elsa Storm, NYPD, cambio y fuera."
Aceleró de inmediato. No estaban lejos del lugar, solo a un par de cuadras. No había mucha gente por ahí a esa hora, solo un par de personas trabajadoras que se alejaron de ahí al escuchar los disparos. Avanzaron lo que más pudieron sin ser vistas por algún sospechoso. Se podían ver a un tumulto de personas en la zona central del parque.
"Ponte las esposas y baja del auto, necesito que te quedes cerca de mí."
"No saldré ahí afuera para que me maten."
Se quedaron de piedra cuando una bala llegó en el capó del Camaro, soltando chispas. Ambas se miraron.
"A veces solo llega la hora de morir."
Dijo la pelirroja mientras buscaba los objetos.
Elsa le dio un vistazo a los alrededores mientras se iba bajando del auto, cubriéndose con el mismo y tomó de nuevo la radio.
"10-13, Solicito refuerzos, al menos ocho sospechosos armados en el centro del parque Pumphouse."
"10-4, llegaran en la brevedad, proceda con precaución."
Anna salió agachada del auto, con sus manos ya amarradas. Se puso tras la comandante que le hacía gestos con sus manos.
"Lo siento, pero nunca he tenido entrenamiento militar, si me hablas con palabras sería mejor."
La rubia soltó un suspiro. Tenían que prácticamente gritarse. Los disparos sonaban con fuerza. Sonaban como ametralladoras, pero no estaba realmente segura. Escuchaba sonidos de pistolas y también petardos. Era muy confuso.
"Sígueme."
Avanzaron entre los árboles. Al parecer aún no se daban cuenta de su presencia. No tenía bombas de humo o lacrimógenas, así que tenía que esperar a que los refuerzos llegaran para armar un plan de contingencia. Si se exponía algunas de las personas no dudarían en disparar a quemarropa.
Los refuerzos llegaron, pero no como preferiría. Las alarmas hicieron que todos se sobresaltaran y corrieran en diferentes direcciones, para cuando lanzaron las bombas de humo ya era demasiado tarde. Los uniformados se desplazaron con la intención de capturar a los sospechosos para meterlos al retén policial. Ella misma atrapó a uno de los sospechosos que corrió sin darse cuenta justo hacia su dirección. Le hizo una llave tras su espalda y lo mantuvo en el suelo hasta que otro uniformado se acercó para esposarlo. El lugar empezaba a calmarse, hasta que escuchó un disparo cerca suyo. Sacó su pistola y apuntó de donde probablemente estaría el tirador.
Entre la poca visión del humo, y el movimiento de cuerpos de un lado a otro, vio a un hombre con una pistola en sus manos, apuntando hacia la pelirroja. Esta perdía la fuerza y caía al suelo. Frunció los labios y en un tiro rápido le dio al tirador justo en la pierna, haciendo que este soltara el arma y cayera contra el suelo, chillando como animal.
Otros oficiales se acercaron para tomar al delincuente. La rubia no podía creer el estar viendo a la pelirroja en el suelo, frunciendo el ceño, con un montón de sangre manchando su ropa. Se acercó a ella, y tomó la mano que la pelirroja débilmente estaba tendiendo. Sus ojos comenzaban a cerrarse, sin fuerzas.
"Lo siento, Storm…"
"Summers…"
"Era mi momento…"
Sus ojos se cerraron por completo. Apretó los labios. No podía creer que algo así había ocurrido bajo su tutela. No podía estar pasando. Un oficial llamaba a los paramédicos. No podía estar pasando. No podía.
"¿Estarías triste si me muero?"
La pelirroja abrió uno de sus ojos mientras una sonrisa se formaba en sus labios.
"¡MALDICIÓN SUMMERS!"
La pelirroja rio sin tapujos, hasta que su cuerpo se retorció de dolor. Si bien había sido herida con el disparo, no era nada de gravedad, pero la sangre si que era mucha.
"Te mataré yo por asustarme de esa forma."
"¡Oh vamos! Solo quería ver si me querías."
Los paramédicos le hicieron un torniquete rápido mientras se enfocaban en tratar al sospechoso. Mientras la comandante hablaba con el líder de escuadrón que llegó al llamado. Tenía que reprobar su maniobra. Se debe tener cuidado cuando hay sospechosos armados, sobre todo si son un montón de ellos. Vio a Anna correr fuera del parque, y tuvo que seguirla.
Cuando la alcanzó la vio con sus ojos brillantes y emocionados. Ahí estaba el puerto. El mar brillaba con los rayos del sol. Los barcos se meneaban grácilmente con la marea. Los edificios altos y lujosos resplandecían con la luz mañanera. Era un lindo espectáculo.
"Es bonito aquí."
"Lo es, aunque tenemos que ir a la central, haré que un amigo mío te trate bien esa herida."
Se subieron al auto, el cual tenía un lindo raspón en el capó. Al parecer a Elsa eso no le importó en lo más mínimo, pero Anna se sintió mal por lo lujoso del auto y por tener tal percance. No parecía un buen día. Entraron a la central, pero no subieron los pisos correspondientes para la oficina de la comandante, sino que lo contrario, bajaron. Había un piso subterráneo, diferente al del estacionamiento. Era lúgubre, blanco, y con un olor a desinfectante que hacía doler la nariz.
Anna Summers siempre tuvo miedo de los hospitales. Un horrible miedo. Así que cuando iban por ahí, donde había camillas de metal, luces parpadeantes, y sonidos sordos, su miedo solo se intensifico. El típico doctor de sonrisa diabólica de película antigua aparecía ante ellas. Anna dio un salto y chilló, ocultándose detrás de la comandante. Sus piernas temblaban.
"Summers, ten más respeto."
La chica salió de su escondite y le dio al médico una sonrisa forzada.
"Él es Olaf, médico forense, ha estado trabajando aquí desde que tengo memoria. Es un hombre trabajador e inteligente."
"Oh, Elsa, no hagas que me sonroje."
El hombre sonrió fingiendo sonrojarse. Su cara era tan pálida. Cualquiera que lo viera pensaría que ha pasado todos los días de su vida trabajando en el subterráneo sin ver la luz del sol. Lo único colorido en su rostro era su nariz, como si tuviese un perpetuo resfriado.
"¿Y tú quién eres?"
La chica dio un salto al ver al lúgubre hombre acercarse.
"Soy…Anna Summers…"
"¡Oh! Dijeron que la traerían, pero no imaginé que estaría contigo."
"Pues así es, y hoy hemos tenido un día agitado."
"Pasen entonces."
Entraron a la sala de autopsias. Era más horrible que un hospital, porque ahí solo entraba gente muerta. Al menos no era la sala de la morgue, o la pelirroja ya estaría llorando. El hombre se sentó en una silla cerca de un mesón con herramientas quirúrgicas.
"Sácate la sudadera y veamos ese raspón."
La pelirroja se acercó a la rubia para que le sacara las esposas. Estaba nerviosa, Elsa pudo notarlo porque le costó meter la llave en el agujero. Sus manos temblaban. Quiso darle a la chica una mirada tranquilizadora, o decirle que todo iba a estar bien, pero no fue capaz de hacer nada. Solo sostuvo la prenda manchada con sus manos.
"Uhm, igual es un gran corte, tendré que ponerte puntos. Si se te infecta o algo, acude a mi rápidamente. Elsa, si puedes dale algún antibiótico y un analgésico a la pobre chica."
"Lo haré."
Olaf sacó un frasco con un líquido extraño, agujas, hilo, algodón y gasas. Lo verde del frasco perturbó a la pelirroja.
"¿Qué es ese líquido?"
"Una invención mía, te hará bien."
El líquido verdoso recorrió su piel, quemándola. Al menos ese dolor evitó que sintiera la aguja atravesándole la carne. El hombre solo sonrió. Le limpio y luego le vendó con gasa. No tenía mucha longitud, pero si profundidad. Al menos no le quedaría una cicatriz muy notoria. O eso le dijo él.
"Lo siento si dolió, no soy muy bueno tratando con vivos."
"Me alegra haber sobrevivido para servir de experimento."
Elsa mordió su labio para contener la risa. Luego de eso, ambas subieron. Elsa se detuvo en la sala de reuniones. Debía de dar el reporte de lo sucedido antes de que fuera tarde. Sobre todo, enmarcar que su protegida sufrió lesiones debido a aquel altercado. Hablar de los actos irresponsables de sus compañeros. Cosas así.
Había hombres con traje sentados en esa sala. Mirándose las caras, con muy poco ánimo. La pelirroja se quedó en una esquina mientras los escuchaba hablar. Elsa reclamaba calurosamente. Daba explicaciones y argumentaba sus acciones. Anna no supo en que momento había parado en el suelo. El cansancio, el hambre y el estrés la hicieron caer en un profundo sueño. Vio a Elsa frente a ella, estaba agachada y le tendía una mano.
"Vamos a comer algo, estás pálida."
La chica no dijo nada, solo aceptó la mano y se levantó. No era consciente de lo mal que estaba hasta que se sentó en el auto.
"¿Dónde iremos?"
"A casa."
"¿Cocinas?"
"Que me guste ir a restaurantes y que me atiendan no significa que no pueda hacer las cosas por mí misma."
"Espero no morir intoxicada."
Anna lo dijo en tono burlesco y desvió la mirada. Ver a la mujer tan segura de si misma hizo que algo en su estómago se revolviera.
Elsa Storm solo se rio internamente al ver a la joven, que antes había despreciado sus habilidades en la cocina, atragantándose con el plato que tenía frente a ella. Cada vez que tomaba aire aprovechaba de soltar un improperio adulando el sabor de la comida. No era la gran cosa, pero parecía deleitada.
"Joder, en serio está buenísimo."
"Me alegro."
Al menos la chica estaba tan ocupada comiendo que no vio el sonrojo que aparecía en su rostro. Nunca había cocinado para nadie, por ende, jamás habían adulado nada que hiciera. Era una sensación desconocida.
"Tendremos que volver, dame tu ropa para dejarla en la canasta."
La chica no se movió de su lugar, así que la rubia se acercó para tirar de su sudadera.
"¡Hey! ¿¡Que haces!?"
"Necesita estar en remojo para que salga la sangre"
"¡Pero no me desvestiré frente a ti!"
"Somos chicas, no hay nada de raro en eso."
Algo cambió en el rostro de Anna en aquel segundo. Una mueca de miedo. De desesperación. Pero tan rápido como apareció, desapareció. Apuntó con su dedo algún punto detrás de la rubia, y gritó que se había prendido fuego de manera espontánea. Elsa, ingenuamente, miró hacia atrás, confiando en las palabras de la chica. Pero obviamente no había nada. Cuando volvió a mirar a la más joven, un bulto de ropa le cayó encima, cegando su visión lo suficiente para que la pelirroja hiciera un rápido escape.
Elsa solo soltó un suspiro mientras sostenía en sus manos la ropa de la chica. Estaba aún caliente. A pesar del olor metálico, el olor a antiséptico, y el leve aroma a pólvora, se podía distinguir un olor primaveral. Teniendo a la chica viviendo ahí, no había sido consciente del aroma.
Era un olor tranquilizante.
Se reprochó a si misma. Parecía una especie de pervertida olisqueando la ropa ajena. Sus orejas empezaban a tomar color.
Caminó a la lavadora y dejó las dos prendas ahí. Luego caminó hasta la puerta de la habitación vecina y la golpeó levemente. Luego de unos segundos se dio cuenta que la ducha estaba funcionando. Su cuerpo también debió quedar manchado con sangre. Vaya día para la pobre.
Una parte de ella se sentía tranquila. Si fuese el caso de que alguien intentaba tenderle una trampa y culparla de lastimar a la chica, ya no podrían. Ya había un reporte de que la chica salió lastimada en un tiroteo. Todas sus heridas serían tomadas en aquel incidente. Aunque hubiese preferido que jamás hubiese sido lastimada desde un principio.
Aprovechó de tomarse una ducha también, y vestirse con su ropa de trabajo. Quizás alguien diría que esa ropa no era la mejor para perseguir sospechosos o hacer trabajo de terreno, pero en sus años como detective aprendió a correr muy bien usando tacones. Dejaba la ropa de batalla para misiones especiales.
Se sentía fresca y tranquila, pero al parecer su compañera no lo estaba. Parecía estar refunfuñando desde que salió de la ducha. Intuyó de que estaba molesta por haber tenido que hacer maromas para no mojarse los vendajes. Siguió molesta hasta que entraron al auto, donde la chica estaba tan concentrada en estar fastidiada con el mundo que cuando quiso sacar el rostro por la ventana y mirar mejor hacía afuera, su rostro chocó de lleno con el vidrio. Estaba tan distraída que había olvidado que estaba cerrada.
La rubia simplemente soltó una carcajada al escuchar el sonido del choque y luego el quejido.
La pelirroja iba a quejarse de la burla, pero ver a la rubia riendo tan fuerte y animada le subió el ánimo, terminó riendo también.
Elsa se puso manos a la obra apenas llegaron a la oficina. Tenía que hacer el reporte escrito de lo sucedido en la mañana. Ya eran cerca de las dos de la tarde y tenía los reportes de sus subalternos acumulándose en su escritorio. Iba a ser una dura tarde.
Ya estaba oscureciendo cuando logró terminar todo. La pelirroja había tomado una siesta luego de tomarse los medicamentos recetados por Olaf. Su cuerpo estaba débil, le hizo bien tomarse un descanso. Cogió las carpetas de la mesa, juntando ahí todos los reportes pendientes. Debía entregárselos a su jefe. Podría demorar.
La pelirroja le dio una mirada suplicante.
"Intentaré no demorarme."
La chica sonrió, intentando no preocupar a la mayor.
"Estaré bien."
Se quedó unos segundos meditando en la puerta de la oficina. Sacó de su camisa la pequeña llave, y fue donde la chica. La liberó de sus ataduras mientras esos ojos turquesas la miraban con duda.
"Confío en tu buen criterio, no hagas que me arrepienta."
"Confío en que apures ese buen trasero."
Se sonrojó al escuchar a la chica hablarle de esa forma. Por cosa de segundos quiso golpearla o hacer algo similar, pero seguía tan herida que no era capaz.
Los pasillos de ese piso estaban desiertos. Normalmente los pisos más altos eran para los jefes, tenientes, administradores, gente importante, y los más bajos estaban todos los oficiales, cadetes y detectives, y claro, el médico forense y los cirujanos. Era hora del cambio de turno. Sin olvidar que los altos rangos rara vez se quedaban hasta tarde en la central.
Las luces apenas iluminaban.
Al llegar a la oficina de su jefe fue detenida por voces en el interior. Espiar era algo horrendo, muy poco ético y moral, pero el nombre de "Summers" hizo que todo eso dejara de tener importancia. Se quedó en silencio, sin siquiera respirar, mientras se acercaba a la puerta.
"Esa niña nos está dando más problemas de lo que imaginé"
"¿Qué pretende que haga la niña, señor?"
"Confesar, renunciar a sus derechos, tiene que decir algo para dar el tema por zanjado."
"¿No habían dicho que las pruebas eran confusas?"
"No puedes decir nada de eso, es clasificado."
Elsa se quedó paralizada en su lugar. Los personajes de ahí dentro, el jefe de departamento, y probablemente uno de sus asistentes, ya habían cambiado de tema. Se alejó de la puerta y soltó un suspiro. Volvió a caminar a la puerta, ahora pisando con fuerza. Golpeó la puerta dos veces.
"¿Sí?"
"Disculpe, he traído los reportes pendientes."
Logró que su voz sonara tan fría y calculadora como siempre, aunque dentro de si misma hubiese una gran batalla.
"Pasa."
Su jefe le dio una sonrisa, mientras su acompañante se quedó en una esquina, sin hacer gesto alguno.
"¿Cómo va la chica?"
Dejó el papeleo en la mesa mientras pensaba en algo convincente.
"Terminará sucumbiendo a la presión y aceptará su participación en el homicidio."
"Me gusta eso. Así se saltan todo el papeleo y nos liberan de este problema. ¡Le pones algo de presión, sigue así!"
"Así será, señor, con permiso."
Caminó a paso lento. Insegura. Su cabeza era un mar de confusión. ¿Pruebas confusas? Significa que las pruebas no dan por sentado que Anna Summers es la asesina, o que, en otro caso, que no haya sido un homicidio premeditado, de ser así la condena ya sería menor. Si lo están ocultando con tanto fervor, es porque la chica tiene algo de inocencia. Si lo están ocultando, y no están intentando ayudar a la chica, es porque tienen que tenerle algún tipo de rencor.
La música del ascensor solo pudo ponerla más tensa.
Los altos rangos de Los Ángeles que tenían el caso debieron ser manipulados de alguna forma para aceptar tal cosa, y a la vez alguien debió darse cuenta de lo malo de la situación y mandar el caso a Nueva York. Era una escapatoria o solo una oportunidad para deshacerse de la joven.
Se detuvo en seco. El ala de su oficina estaba en la penumbra. Estaba oscuro. Estaba callado. Como si no hubiese nadie más ahí.
Corrió a su oficina, pero no había nadie.
Anna había huido.
No. No podía ser así. ¿Por qué huiría si es inocente? Solo agravaría las cosas. Miró el suelo. Había unas marcas de tierra. Eran pisadas. Y mucho más grande que la talla de la pelirroja. Alguien había entrado a su oficina nuevamente. La tierra se quedó en la moqueta gris. No había más huellas para seguir.
Sonrió al ver unas pequeñas gotas de sangre saliendo de la oficina. Por un segundo agradeció que la chica estuviese herida. Fue cosa de perseguir las pequeñas gotas que desaparecían y reaparecían en la penumbra del suelo.
Era uno de los sectores más abandonados del departamento. Con la tecnología ya todos los expedientes escritos terminaban en la bodega. En desuso. Todos estaban escaneados y archivados en la red.
"¡ELSA!"
Tenía que estar ahí. Abrió la puerta de golpe. Se sobresaltó al ver a dos oficiales sosteniendo a la pelirroja por los brazos. Quiso sacar su arma, pero no la tenía en su cinto. Uno de ellos tenía la nariz rota. No sabía que hacer.
"¡Anna! ¡Hey, déjenla en paz, o haré que los despidan!"
Los hombres la ignoraron por completo, aun intentaban mantener quieta a la pelirroja, que no dejaba de moverse de un lado a otro.
"¡Elsa! ¡No son policías!"
Ah. Eso lo hacía más fácil.
Tomó a uno del hombro, y cuando este se volteó para atacarla, le hizo una llave para levantarlo por los aires. Cayó al suelo tosiendo, y antes de que se parara, le dio un taconazo en el estómago, quitándole la respiración. El de la nariz rota se acercó con la intención de vengar a su compañero. Elsa simplemente tomó una de sus muñecas, y la giró, haciendo que todo su brazo tronara con fuerza, y con un golpe certero terminó de quebrarle el tabique. El hombre cayó de rodillas quejándose de dolor.
Mientras los hombres estaban fuera de pelea, se acercó a la chica, intentando socorrerla. Con el fuerte agarre de los hombres su herida comenzó a sangrar. La herida de su labio estaba abierta nuevamente. Si Olaf no estaba en el departamento tendría que curarla ella misma. Al menos solo se veía agotada. Imaginó lo peor por algunos segundos. Le ofreció la mano para ayudarla a levantarse.
"¿Puedes caminar?"
"Creo que si, les di buena pelea."
La comandante agarró al primer sujeto de la ropa, y con una fuerza que hasta a ella misma le sorprendió, levantó al hombre del suelo, empujándolo contra la pared. Su mirada lograba intimidar a cualquiera.
"¿Quiénes son ustedes? ¿Quién los envió?"
"Cumplimos ordenes, no diremos nada."
"¡Habla ahora o te romperé a ti también la nariz!"
"Lo único que diremos es que la chica tiene que confesar."
El de la nariz rota habló con dificultad. La sangre rebosante de su nariz debió pasarse a su laringe, obstruyendo alguna de sus vías.
Elsa respiró frustrada. Dejó caer al hombre al suelo. Estaba enfadada. Cada vez se ponía peor la situación. Temía hacer un escándalo. Si le decía a su jefe, o a quien fuese que estuviese involucrado en la farsa, todo lo que ocurría, pensarían que es un estorbo. Estaría evitando que todo siguiera el curso que ellos quieren. Y luego de todo eso, podrían darle la custodia de la chica a otra persona.
Siempre había sido fiel a su jefe. Todo lo que él decía o hacía era la ley. Fue un gran jefe cuando empezó, y gracias al ganarse su confianza, él la ayudó a escalar. De no ser por él no estaría ahí. Él confiaba en que, aunque ella notara la farsa, no haría nada al respecto, porque le debía su posición. La estaba manipulando.
Metió a los hombres en unas celdas. Los empujó con más fuerza de la necesaria. Estaba enojada. Muy enojada. Y si hacía lo correcto podría empeorar las cosas.
Detuvo a los hombres por suplantación de identidad e invadir la propiedad del departamento de policía de Nueva York. No mencionó nada más al respecto. Haría un reporte y lo archivaría, como todo lo demás.
Fueron caminando hasta al auto, pero a la mitad del estacionamiento la pelirroja perdió el equilibrio. Casi cae al suelo, pero Elsa la logró atrapar. Su rostro estaba enrojeciendo y su respiración estaba difusa. La agarró con fuerza y con cuidado a la vez, mientras la guiaba al Camaro. La ayudó a subirse y le abrochó el cinturón. Cuando se subió al lado del piloto, la escuchó hablar.
"Me llamaste por mi nombre ahí atrás…"
Se sonrojó levemente. Si. Eso había hecho. Fue un momento extraño.
"Estas divagando, descansa, llegaremos pronto."
Y así fue. La ayudó a bajarse y a subir hasta su piso. La guio hasta su habitación. Logró detener el sangrado, pero ya debía de cambiarle el vendaje. Le sacó con cuidado su sudadera burdeo que tenía. Su camiseta dejaba ver sus brazos moreteados y ahora lastimados. Era triste ver a una chica así. Buscó el frasco de líquido verde que Olaf le había dado. Los puntos permanecían intactos, así que puso el líquido en la herida y luego la vendó. También desinfectó la herida del labio.
Todo ese momento la chica estuvo en silencio. Ni siquiera se quejó del ardor de la mezcla. Estaba ardiendo en fiebre. Por un momento no supo que hacer. Se vio obligada a llamar a Olaf. Si bien él no era un médico de vivos, tenía mucha experiencia en remedios caseros. No le dio muchos detalles, pero él tampoco la presionó. Hizo caso a las instrucciones. Paño húmedo, agua caliente, cobijas. Le llevó un agua de hierbas y la ayudó a acomodarse para beberlo.
"Parece que no es tu día."
"Digo lo mismo."
"Igual eres encantadora cuando estas inerte y en tu lecho de muerte."
Lo dijo para reírse, pero realmente se sentía mal al decirlo.
"También serías encantadora en este estado."
La pelirroja rio con dificultad.
La acompañó hasta que cayó en un profundo sueño. Realmente no era su día. Le acomodó el cabello de la frente y le puso el paño húmedo. Apagó la luz y cerró la puerta. Pero antes de completar esa acción fue detenida por un leve susurro.
"Hermana."
Se fue a su cuarto, con la palabra rondándole en la cabeza. Había tantas cosas que no entendía. Todo a su alrededor era confuso. Ya no sabía en que creer. Todas eran suposiciones.
Se acostó en su cama. Sacó del cajón aquel teléfono celular, a ver si en el encontraba algo que la ayudara a despejar su mente. La mayor parte de la información había sido borrada, pero quedaban unos videos. Abrió uno de ellos, al parecer el más antiguo.
Enfocaba un rio, de fondo se veían las montañas. La pelirroja salía del agua. Su cabello caía por sus hombros completamente mojado, junto con la camiseta que estaba en el mismo estado. Se tapó con sus manos, riendo, mientras re decía algo al camarógrafo que no se lograba entender.
Otro video mostraba a la chica corriendo por un camino lleno de flores y árboles. Su vestido ondeaba con el viento, al igual que su cabello.
En el último se ven en la playa, con una parrilla. La chica falla al voltear un trozo de carne y luego un chico le quita el puesto. Castaño con patillas. La chica refunfuña.
"Te crees mejor solo por ser un Wrestler Isles."
Se queda uno segundo inmóvil. Hans Wrestler Isles era el nombre de la víctima. Ahora al fin conocía a aquel hombre. ¿Quién era él? ¿Qué clase de persona era?
Si se querían, ¿Por qué llegó a tal fatídico resultado?
Pobre Elsa, siento que le dará un ataque al colon por darle tantas vueltas a las cosas xD No la dejan en paz.
¡Nos leemos pronto!
