Una nueva familia.

Konoy terminó de contar su historia en el bosque, Balto lo observaba con detenimiento. ¿Sería cierto que ese pequeño sobreviviera a esos eventos?, y más importante, ¿su procedencia era realmente desconocida para él?, ¿estaba solo?, ¿sin clan ni familia?, Balto pensó profundamente, se sintió identificado, hacía mucho tiempo que no pensaba en su madre, aquella loba blanca que lo protegía desde el otro mundo.

-Konoy, antes de llegar quisiera pedirte algo- Balto se detuvo y miró al pequeño lobo a su izquierda.

-¿Qué?-

-No quiero que le digas a mi hija que es parte lobo-el pequeño miró extrañado a Balto -Mira chico, fue muy difícil para mí entender mi herencia y Aleu tiene ilusión de ser adoptada como sus hermanos-

Konoy agitó las orejas sin entender aun que quería decir pero podía entender la preocupación que Balto sentía –Ok- respondió y continuaron juntos su camino.

Al llegar al bote, Balto encontró a Boris cuidando a Aleu.

-¿Usted vive aquí?- Konoy seguía a Balto subiendo por el puente de madera.

-Sí...- suspiró- Balto vivía en ese bote desde que era pequeño, lo llamaba hogar y al estar siempre en él lo hacía sentir realmente aliviado. –Es viejo pero es cálido aún en las noches más frías… ¿te gusta? Aquí dormirás mientras que estés con nosotros-

-¡Balto, al fin regresaste!- el ganso se levantó rápidamente y se acercó al mestizo –Aleu se cansó y se quedó dormida-

-¿Dónde están Muck y Luck?-

-Ellos se fueron hace poco, dijeron que regresaría al bosque… - Boris vio a Konoy que se ocultaba entre las patas de Balto -Hola pequeño-

-Oh, casi lo olvido, Boris te presento a Konoy-

-Hola Konoy, soy el tío Boris- El ganso se acercó al lobezno para verlo mejor, pero este se asustó y retrocedió

-Parece que das miedo Boris- Balto trató de tranquilizar a Konoy y con una pata lo empujó para adelante- No te preocupes, el tío Boris será como de tu familia-

-¿Un ganso?- Konoy habló al fin

-Sí, él fue quien me crio cuando yo era pequeño-

-¿Konoy, porque no vas y conoces un poco el barco? –El ganso se dirigió a Konoy que felizmente aceptó con la cabeza y comenzó a husmear de pies a cabeza el bote. Balto y Boris se quedaron en la cubierta charlando.

Bajó unas escaleras que daban a la parte inferior del barco, dentro no existía mucha luz, algunos orificios en el casco del barco la dejaban entrar como un taladro en la oscuridad, al fondo de la cabina, se encontraba un viejo colchón, era duro como una roca, los resortes oxidados la volvían aún más incómodo, rodeó un par de veces olfateándola, luego se subió y se acomodó, notó que era cálida, aún si era incómoda era un gran lugar para reposar.

En la cubierta del barco Balto y Boris charlaban en voz baja para que Konoy no escuchase.

-Balto, ¿acaso piensas que se quedará?-

-Tranquilo Boris, será temporalmente, encontraremos una manada que quiera adoptarlo-

-¿Y si no encontramos la dichosa manada?, sabes que los humanos no quieren a los lobos-

-Me quisieron a mí-

-Pero por lo que hiciste Balto, si no lo notaste a tu hija Aleu no la quieren, aun siendo tu hija-

-Alguien la querrá, yo estoy seguro de eso-

-Si Balto, pero ellas es parte lobo, a diferencia de Konoy que si es raza pura, su instinto es mayor, lo que lo vuelve peligroso-

-Tranquilízate Boris, no pasará nada-

Konoy subió las escaleras encontrando a Balto y Boris, pero no puso mucha importancia a su plática y salió del barco.

-¿A dónde crees que vas?- Balto lo notó intentando escabullirse.

-Solo pienso dar una vuelta, necesito despejarme un rato-

-Te acompañaré- Balto se acercó a Konoy – ¿podrías cuidar a Aleu?-

-Por supuesto Balto- el ganso contestó-

Ambos lobos salieron del barco y se dirigieron al pueblo, Balto tenía una idea que no había mencionado a Boris. Cuando estuvieron lo suficientemente lejos del barco se dirigió a Konoy usando una voz baja.

-Lo pensé un poco y creo que es buena idea, iremos con mi compañera Jenna, y hablare con ella, no te preocupes, no has hecho nada malo- Balto miraba Konoy con una mirada de cómplice, esperando que su idea resultara.

Los dos lobos entraron al pueblo y caminaron por varios minutos por los estrechos callejones de Nome, varios pueblerinos miraban curiosos a la pareja, Konoy husmeaba todo lo que encontraba a su paso, hasta que llegaron frente a una gran casa, antes de entrar Balto mostró a Konoy a lo lejos una choza con forma de granero.

-Mira, ese lugar es el cuarto de calderas, ahí los perros de trineo descansan después de competencias o duros días de trabajo, también solemos hacer reuniones y todos nos podemos expresar libremente.-

Después de estas palabras Balto rascó la puerta y ladró un par de veces; un par de minutos después salió la misma niña pelirroja, que feliz de ver a Balto lo abrazó con gran fuerza, Konoy los observaba desde una distancia un poco lejana y oculto, esa pequeña humana quería mucho a Balto realmente.

Seguido de la niña la Husky de pelaje rojo salió, contenta de ver a Balto se lanzó a él y lo lengüeteó varias veces, dentro de aquella pudo escuchar varias voces.

-¡Rosy, entra a comer!-

-¡Ya voy mamá!-

La niña entró nuevamente a la casa dejando a Jenna y a Balto afuera.

-¿Qué haces aquí Balto?, pensé que vendrías más tarde-

-Vine a visitarte antes, necesito hablar contigo-

-¿Qué sucede?-

-Nada malo solo que traje a…-Balto notó la ausencia de Konoy

-¿A quién?- Jenna rio al ver a Balto confundido buscando a Konoy, que salió de la sala de calderas lleno de hollín en todo su cuerpo, que en vez de ser blanco era completamente negro.

Jenna y Balto rieron al ver al pequeño de color negro en vez de blanco, que apenado se trató de sacudir cubriendo a Balto y Jenna con el mismo hollín. Esta vez fue Konoy quien reía.

-Muy gracioso jovencito- Jenna habló con su dulce voz sacudiéndose.

-Konoy, ¿te importaría esperar unos minutos mientras que Jenna y yo hablamos?-

Balto y Jenna se alejaron unos metros caminando, Konoy esperaba pacientemente sentado, le gustaba sentir la nieve, por lo que para pasar el tiempo se tiraba y rodaba sobre de ella riendo, una gran figura tapó el sol que lo deslumbraba, asustado Konoy se levantó de un brinco encontrando frente a él un perro viejo, con una cara cansada y arrugada por la edad.

-¡Un pequeño lobo blanco!, no había visto uno en toda mi vida- un perro viejo habló lentamente con voz cansada por su edad -¿Qué haces aquí pequeño?-

La timidez de Konoy regresó dejándolo estupefacto. -Yo, yo solo…- Konoy había perdido el habla.

-¡Oh, señor Duque!- Balto se acercó al gran perro seguido por Jenna.

-Balto, han pasado algunos meses, ¿cómo se encuentra usted?-

-Muy bien señor, muchas gracias por su interés-

El perro viejo miro nuevamente a Konoy. –Trajiste a un pequeño lobo según lo veo-

-Es una larga historia señor, pero pienso contarla en una reunión.-

-Entonces nos reuniremos, adiós jovencito - el perro viejo dio media vuelta y se marchó.

-Adiós-

Ya por la tarde los perros de Nome se habían reunido en la gran sala de calderas, Konoy esperaba afuera tratando de escuchar lo que sucedía dentro pegándose a las viejas paredes de madera.

-¿Y que pasará, no podemos aceptar a un lobo en el pueblo? Balto, sabes que hay riesgos para los humanos- uno de los perros habló.

-Yo fui aceptado por ustedes y los humanos, saben que ser lobo no es peligroso para nadie, además el aún es pequeño-

-Pero contigo fue diferente, tú eres parte perro, los instintos asesinos de lobo son suprimidos, a diferencia del pequeño tu puedes controlarte, no sabemos qué sucederá cuando el crezca -

-El no será peligroso, yo lo enseñaré a no ser agresivo-

-Pero Balto, tú no puedes hacer que sus instintos se desvanezcan, sin contar que no conocemos su procedencia, ¿y si su manada lo encuentra?, el pueblo entero se vería en peligro con una manada de lobos a las afueras-

-Él no tiene familia, no lo podemos dejar a su merced en el bosque, hay cazadores y animales salvajes-

Los perros discutían creando una gran conmoción y haciendo inentendible la discusión, Konoy trataba de escuchar con más atención, pero no lograba escuchar.

-¡Orden, orden!- el perro más viejo ladró –hemos escuchado muchos puntos de vista, todos son aceptables, pero aún tenemos que tomar una decisión-

-Yo sé que hacer…- Balto se animó- …después de una larga platica con mi compañera Jenna antes de esta reunión pensamos en la posibilidad de adoptar al pequeño Konoy-

-¿Qué?- todos los perros hablaron en coro.

-Piénsenlo, si adopto a Konoy y los humanos nos ven tranquilos junto a él sabrán que no es peligroso y que pueden confiar en él, además no creo que alguno de ustedes tenga una idea mejor-

Los perros murmuraban sin parar, algunos estaban de acuerdo con su idea.

-Si Balto lo quiere así yo lo acepto, y espero que ahora ustedes lo hagan- La idea fue sometida a votación, pero no tuvo muchos votos en contra.

Fuera del cuarto de calderas Konoy se quedó paralizado de la impresión, no lo podía creer, se sentía feliz como nunca, ¿su soledad realmente terminaría?, se sentía feliz, tenía ganas de gritar, aullar, correr, su felicidad se había elevado a unos niveles muy grandes.

-Haz pasar al pequeño- se escuchó la voz del perro mayor, y la puerta se abrió –pasa Konoy- los perros lo observaban fijamente, Konoy caminó directamente a Balto con la cabeza gacha para evitar la mirada de los perros. Al llegar junto a Balto se escondió entre sus patas.

-Konoy, desde hoy eres mi hijo, y Jenna será tu madre-

-Ehm…- Konoy trató de hablar – ¿podré llamarlos… mamá y papá?- se sintió sumamente agradecido e incluso sintió un impulso de llorar –gracias-

-¡Claro pequeño!, desde hoy somos familia- Balto lo miraba con ternura y compasión, los perros ladraron de felicidad, y celebraban al nuevo miembro del pueblo.

Los perros de la reunión se fueron retirando uno a uno al llegar el atardecer, Jenna los dejó al escuchar la llamada de Rosy, la pequeña niña que siempre abría la puerta. Los dos lobos se quedaron sentados hasta que todos los demás perros se fueron.

-¿Papá, te puedo hacer una pregunta?-

-Adelante Konoy-

-¿Por qué decidió adoptarme?-

-¿Sabes? A mí de pequeño me hubiese gustado que me adoptasen, me sentí identificado contigo y no quería que fueras huérfano como yo-

-¿Es porque usted es mitad lobo?-

-Sí, verás yo fui adoptado por Boris cuando era pequeño, yo no sabía de mi familia o mi procedencia. Dentro de una tormenta de nieve, Boris apareció y me dio refugio, después de eso me trajo hasta Nome, con la esperanza de que alguien me adoptara, pero no sucedió, por lo que él decidió cuidarme por largo tiempo, yo no era aceptado por los perros adultos, incluso los otros cachorros me hacían a un lado, crecí y algunos humanos se acostumbraron a mi presencia, pero no era suficiente como para que me consideraran como uno del pueblo.

-Hace diez meses una terrible epidemia de difteria cayó sobre Nome infectando a los niños y unos pocos adultos; los doctores propusieron una cuarentena para evitar la propagación. Mediante una carrera los humanos buscaron a los perros más rápidos para enviarlos en un trineo, yo me metí en la carrera y la gané, pero un perro evitó que fuese aceptado. Durante varios de días los perros elegidos para el viaje pasaron por todos los puntos del control, pero desaparecieron dentro de una tormenta muy fuerte y espesa- Balto dio una pequeña risa –como en la que llegaste a este pueblo-

Los dos lobos salieron del cuarto de calderas, y se encaminaron al bote, ambos se sentían alegres, Aleu y sus hermanos debían saber sobre el nuevo miembro de la familia. Balto continuó su historia

-Nadie sabía dónde podían estar, los niños empeoraban a cada minuto, mi compañera Jenna estaba preocupada por su humana, su alegría se había desvanecido completamente, me dispuse a buscarlos, recorrí algunas millas buscándolos hasta hallarlos desorientados del pueblo, el perro guía segado por el egoísmo, no permitió que los ayudase, intentando iniciar una pelea a la que me negué, el cayó por un barranco. Tomé el liderato del trineo y lo dirigí de vuelta, pero su ira era mayor, se adelantó a nosotros y llenó los arboles con las mismas marcas que yo use para orientarme. Gracias a Jenna encontramos el pueblo una dura noche, y llegando al fin fui reconocido por primera vez en mi estancia en Nome, gracias al apoyo de Boris y Jenna logré salir adelante. No quiero que tú seas rechazado por los perros del pueblo, solo por ser lobo, todos somos canes, y no somos muy diferentes.-

Al terminar su historia, ambos llegaron al bote donde Boris yacía dormido junto con Aleu, Konoy subió al barco tras de Balto que se metió dentro de su manta, la noche había llegado, dio un último vistazo al cielo buscando la luna.

Bajó las escaleras llegando a aquella vieja cama que lo acobijó completamente, como en días anteriores, miró contento la resplandeciente luna, se sentía protegido las noches, pero… pensó en aquella maravillosa familia que lo había adoptado reconociéndolo como su hijo, por un mestizo con un buen corazón.