Capítulo II: The Middle
Parte I
.
.
.
—¡Resistan! —Sakura presionaba la herida de Sasuke para detener el sangrado. En cuanto creyó conveniente que era seguro, acumuló su chakra para empezar la curación en Naruto — No sé si gritarles o desesperarme. Sus brazos...— con lo poco que pudo ver con su ojo inflamado, el moreno notó el intento de ella por no llorar.
La batalla final entre los eternos rivales había llevándose a cabo. Esa que se debían después de tanto.
—Supongo... — habló Naruto, su respiración agitada tras todo el esfuerzo de la lucha — Supongo que... es la última vez que visitamos este lugar.
—¿Acaso sientes nostalgia ya, Naruto? —contestó.
El Valle sin Fin... Esta había sido la tercera vez que el lugar era escenario de sus batallas. En cada una, ninguno se echó atrás, lucharon hasta que sus últimas fuerzas abandonaron sus cuerpos. Y siempre comenzaban con el mismo patrón: Sasuke quería dejar atrás su vida en la aldea, cortar los vínculos, junto a ello el rubio shinobi; Naruto, en cambio, quería recuperar al que llamaba su amigo, regresarlo.
Por última vez, lo intentaron. Debía cortar lo vínculos, pero no lo lograría.
—¿Por qué te preocupas tanto por mi?
—¿Por qué más? Somos amigos.
La mañana llegó, y despertaron de lo que supuso ser un gran desmayo. Ninguno podía mover el cuerpo. Las heridas que se propiciaron fueron extremas, tanto que no creyeron sobrevivir la noche. Ya no eran los mismos del pasado, todo estaba en su curso de cambio.
.
—Lo acepto —dijo Sasuke mirando las estrellas. Estaba muy cansado como para moverse mínimamente, pero no era necesario, ver el cielo, sin más, parecía lo más calmo que había hecho en mucho tiempo.
—¿Aceptas? —preguntó el rubio. Él también miraba quieto hacia arriba.
—Mi derrota.
Una risa entre apacible y sonora salió del otro muchacho. Giró la cabeza para ver qué le sucedía; él también lo miró.
—Esta pelea no puede ganarse o perderse. Porque es una pelea entre amigos.
.
—¿Puedes quedarte quieto, Naruto? — pidió la kunoichi, para luego terminar su curación — Ya bastante me duele verlos así como para que intentes lastimarte más.
Sasuke la vio otra vez, ella también había cambiado con el pasar de los años. No solo la recordaba como una de las chicas que lo perseguía, y eso en verdad lo había molestado, pero Sakura resultaba ser también su compañera; y otra de las que incansablemente intentó regresarlo a la aldea. Ya no lloraba ni gritaba como esa niña de doce años, ahora ella protegía y atacaba. El equipo siete estaba en el mismo rango de espacio en paz por primera vez desde que él los abandonó.
—Sakura — la llamó entonces —. Lo siento. Por tod...-
—No hables — le interrumpió. Las lágrimas que intentaba contener, se desbordaron —. Yo los salvaré. Luego tendremos tiempo.
—No te preocupes, Sakura-chan —habló Naruto —¿Qué es echar en falta un brazo? Si con ello volvimos a estar juntos.
.
.
.
El nuevo Hokage la había mandado a llamar. Debía ir, aunque no se encontrara en un buen momento. Su cuerpo aún mostraba las secuelas de los enfrentamientos en los que participó, ya sea el moretón en su mejilla izquierda, y la venda que cubría toda su mano hasta llegar al codo. Esa herida tardaría un poco más en sanar, puesto que había sido quemada gravemente, aunque el aplicar sus ungüentos acelerara un poco el proceso.
Pero esas heridas eran nada a comparación con el dolor en su corazón. Habían triunfado, pero algunas personas no estaban allí para ver los resultados de sus sacrificios. Inclusive su primo.
Paró en seco su andar. Costaba darse a la idea de que Neji había muerto.
Lo siento, Hinata-sama. No podré seguir protegiéndola.
Las lágrimas que ya tan bien conocía desde ese trágico momento volvieron a hacerse presentes. Tan solo dos días habían pasado desde el final de la guerra, con la victoria de La Gran Alianza Shinobi. Tras cuarenta ocho horas de lucha, en que debieron enfrentar el peligro traído por Kabuto, con grandes figuras y enemigos del mundo shinobi vivos nuevamente, la individualidad de Madara, y finalmente el bijuu de diez colas, con todo lo que ello acarreó, el bien triunfó. Naruto y Sasuke, quien había decidido pelear por Konoha, unieron fuerzas para derrotar la alianza enemiga.
Recordaba algo difuso el momento en que Uchiha Sasuke apareció.
.
Sintió una fuerte presencia venir por sobre su cabeza. Una imagen difuminada de aspecto amarillo aterrizó cerca suyo. Estaba por posicionarse en forma de ataque cuando Naruto dijo "Papá". El hombre sonrió y se dio la vuelta para verlo, dejando ver en su espalda las palabras "Cuarto Hokage". A continuación, tres figuras más cayeron junto a él: eran los antiguos Hokages resucitados.
Entre la sorpresa y el asombro de no solo ver que aquellos no estaban siendo controlados, sino también enterarse que Naruto era hijo de Namikaze Minato, su corazón dio un brinco cuando alguien aterrizó detrás suyo. Su chakra exuberada demasiado poder. Y sabía de quién era, pues ya lo había enfrentado una vez.
—Llegas tarde, Sasuke —dijo Naruto frente a ella, con una sonrisa.
Que dijera en voz alta su nombre confirmaba quien estaba allí. Despacio, se dio la vuelta y se llevó una mano al corazón al verlo tan cerca a ella. Solo centímetros los separaban.
—Creí haber dicho que te cuidaras, Hyuuga — le dijo ladeando la cabeza. Su mirada negra se posó sobre su mejilla, la cual había empezado a dolerle luego de uno de los combates previos a su llegada ahí.
—Sasuke-kun —la voz de Sakura se hizo oír a sus espaldas, con un leve movimiento, puedo verla mirando al muchacho con confusión, pero a la vez nostalgia. Aun así, él no le contestó, por lo que volteó a verlo, seguía mirándola fijamente — Sasuke-kun, ¿qué haces aquí? — volvió a insistir su compañera.
Él no dejaba de observarla, lo que le empezaba a incomodar. Solo se habían visto una vez, y no había sido un momento agradable. Bajó el rostro para dejar de sentir su escrutinio. Tras lo que pareció un largo momento, pareció desistir y se alejó de ella, en dirección hacia su antiguo equipo, no sin antes murmurar unas palabras que la sorprendieron:
—La presencia en el bosque. Casi me descubres. Bien logrado.
¿Eso significaba que...? Entonces había tenido razón, alguien estaba cerca en ese momento. Sus sentidos estuvieron en alerta extrema durante su trayecto por ese camino, ella y un grupo de su equipo de la Segunda División, de Combate de Corto Alcance, habían sido requeridos como refuerzos. Cuando se internaron en el bosque, quienes los lideraba estaba seguro que no habría peligro, por lo que podían viajar tranquilos. Pero a ella eso le preocupaba. Decidió ir última, con su técnica activada, solo por si acaso. Y por lo visto su primo tenía las mismas inquietudes, pues había hecho lo mismo. En un momento, sintió algo extraño en el ambiente. No había nadie, ni siquiera alguien que intentara ocultarse, pero aun así algo la llamaba a mirar en dirección de los árboles. Se detuvo. Preguntó. Ninguna respuesta. Pero estaba allí, ¿o acaso el cansancio le estaba jugando una mala pasada? Terminó por pensar eso cuando Neji regresó sobre sus pasos a buscarla. Si él no había sentido nada, entonces no era importante.
.
—Neji...
¿Pensar en él sería siempre tan doloroso? ¿Alguna vez podría escuchar su nombre y romper en llanto, sino recordarlo con una sonrisa?
Su primo estaba muerto.
Y todo por protegerla.
Luego que Madara y Obito revivieran al Juubi, la alianza se precipitó a detener los ataques, a la vez que intentar detenerlos. Pero un ataque de la bestia hizo que grandes y filosas estacas cayeran sobre los shinobis. Ella se encontraba cerca de Naruto, y en su corazón sintió que debía protegerlo con todo su ser. Él era la esperanza del triunfo, y también su amigo, por lo que no lo pensó cuando se interpuso entre su cuerpo y el ataque.
Pero nada había llegado.
Se dio la vuelta para ver qué sucedió, y allí estaba él: su primo, con los brazos abiertos y una estaca atravesando su cuerpo. Sintió como si su mente se separaba de ella y se elevaba para ver desde otro lugar la escena. No podía oír nada, tampoco ver, nada que no fuera la silueta agonizante de su primo. Pero entonces reaccionó cuando de la oscuridad en la que se estaba sumiendo, dos orbes blancas se dirigieron a ella. Parecía llamarla, con el último esfuerzo de su vida, estiraba el brazo, pidiendo su mano. Su cuerpo volvió a sentirse completo y se movió rápido entre sollozos y gritos.
—N-niisan... t-tranquilo. R-resiste.
—Lo siento, Hinata-sama. No podré seguir protegiéndola.
—¡N-niisan!
—Gracias... por todo.
Dolía. Y ese recuerdo volvía a ella todo el tiempo. Dos días desde aquello. Dos días de volver a vivirlo en su mente. Tal parecía que llevaba en su pecho una de esas estacas que le había arrebatado la compañía de su primo. La oprimía y le recordaba que ya no lo vería, que no la acompañaría... Y más claro fue todo aquella mañana, cuando se paró frente a su tumba. Aún sentía en su ropa el aroma de las flores que le había dejado. Y como si fuera poco, había sido llamada con urgencia por el Hokage luego de la procesión, incluso seguía vistiendo de negro.
Sacudió su cabeza e inspiró profundo. Debía componerse. Sí, estaba sufriendo, y lo seguiría haciendo por mucho tiempo, pero también había cosas que hacer. Muchos perdieron familiares y amigos, pero seguían siendo shinobis de Konoha, y como tal no debían renunciar a su realidad. Se secó las lágrimas y emprendió su andar.
Cuando llegó a la torre, se dirigió directamente al despacho en donde la esperaban. Recibió algunas miradas de compasión y tristeza por los pasillos, pero intentó que eso no hiciera flaquear sus fuerzas. Al tocar en la puerta, la voz del Sexto Hokage la alentó a entrar.
—B-buenos días, Sexto... Tsunade-sama — la vio sentada en un sillón cerca de la pared. Tenía los brazos con vendas y su rostro se veía deteriorado. A su lado y de pie, Kakashi le ofrecía un vaso con agua.
La mujer le mostró una sonrisa de tristeza y con un movimiento lento de su mano, le indicó que se acercara. Si bien la autoridad de la aldea había cambiado de manos, aún no lo parecía, pues la mujer, a pesar de su aspecto debilitado, parecía mantener el control de todo. El hombre a su derecha, el verdadero mandatario, por su parte, no parecía querer demostrar que estaba a cargo. Sus ropas parecían las de un shinobi común, logrando mantener la misma apariencia de siempre, a excepción de su rostro, que ya no mostraba un solo ojo, y el otro oculto por el protector, sino que podían verse ambos bajo la sombra del sombrero característico del Hokage.
Kakashi quedó mirando a la mujer, quien a su vez le devolvió la mirada y enarcó una ceja.
—Oh, cierto. Sigo olvidando que estoy a cargo — con una mano se refregó los ojos en un gesto cansado. Cuando se detuvo, se dirigió a ella —. Lo siento mucho, Hinata. En verdad lamento tener que llamarte cuando aún estás...—
—N-no se preocupe —lo interrumpió, no quería escuchar nada relacionado a su situación o quebraría en llanto —¿P-para qué me necesitaba?
—Yo también lamento el llamarte, Hinata —habló la mujer —. Vine a pedirle al Sexto refuerzos en el hospital. Tenemos... un asunto que vigilar.
"Un asunto que vigilar", no había necesidad de seguir escuchando cuando ya sabía a qué se refería. Si necesitaban refuerzos de vigilancia, se referían entonces al Byakugan.
—Entiendo. Necesitan un Hyuuga para vigilar a un herido en particular —espetó ella. Y el asentimiento serio del hombre le dio una idea de a quién.
.
.
.
Abrió los ojos para cerrarlos nuevamente. A pesar de haber despertado hace unas horas, aún le costaba acostumbrar su mirada al blanco resplandor que contenía la habitación del hospital.
Todo era blanco: las paredes, la puerta, las sábanas, el vendaje en su brazo faltante, los muebles...
El Byakugan que lo vigilaba.
No sabía cuánto tiempo había estado durmiendo desde la batalla, pero los dolores en sus músculos le daban un pista, como si no hubieran pasado más de dos o tres días. Pero fue esa misma mañana en que despertó, y lo primero en ver, tras combatir con la luz que dañaba sobre todo su ojo izquierdo, el que todavía intentaba controlar para no activar el Rinnegan adquirido. En cuanto sintió su vista establecida, vio hacia la persona que estaba de pie junto a su cama. Había sentido una presencia, pero no esperaba tener un Hyuuga a centímetros de él.
No lo conocía, aunque tampoco era que conocía a muchas personas de ese clan a excepción de aquella muchacha y su primo, quienes fueron los que más resaltaron en ese casi encuentro en el bosque.
—¿Quién eres tú? —le preguntó. Amagó a refregarse el ojo pero se detuvo cuando no pudo. Miró hacia el cúmulo de vendas que prevenían que un muñón quedara expuesto. Bueno, tendré que acostumbrarme a luchar con el otro brazo, pensó. Sería extraño de ahora en adelante.
Su acompañante lo seguía mirando, con su técnica activada. Si bien parecía cansado, su postura era rígida, mientras miraba con los brazos cruzados.
—¿No responderás?
Aquel siguió silencioso, como si estuviera a cargo de una planta. Al menos podría decirle quién era, pues el por qué estaba ahí no era relevante, era seguro que debían tener bajo control a Uchiha Sasuke, quien a pesar de ayudar a la aldea, antes había sido su enemigo.
Como no recibía respuestas, decidió también ignorar. Se sentía cansado, y pensaba que hacía mucho que no descansaba. Sus párpados se cerraron y cayó en la inconsciencia.
No supo cuánto durmió, pero antes de volver de todo en sí, algo pareció llamarlo, como si sus sentidos le dijeran que debía despertar, que conocía a quien estaba cerca.
Luego de acostumbrarse a la claridad de la habitación, volteó para verla. Esperaba encontrarla en la misma posición que su anterior guardián pero, en cambio, ella se sentaba en la silla frente a la pared. Sus ojos estaban cerrados.
¿No se supone que debe vigilarme?
Acomodó la cabeza en la almohada y se la quedó mirando. Parecía haberse quedado dormida porque se inclinaba incómodamente contra el mueble a su lado. Su rostro no lucía relajado, sino que casi podía verse cómo fruncía el ceño por momentos, lo que hacía que viera las ojeras bajo sus ojos. Sus labios se movían, pronunciaban palabras que no escuchaba. Y una lágrima comenzó a descender por su mejilla.
—¡R-resiste!
Sus ojos se abrieron y se mostró desorientada por unos segundos. En eso, se posaron sobre él, y rápidamente se levantó de su asiento para acercarse.
—¿N-necesita algo...?
Todo movimiento se detuvo cuando él secó su lágrima. Seguramente estaba sorprendida, y no podría decirle nada que explicara su gesto, pues él no entendía por qué lo había hecho. Incluso no sabía qué hacía hasta ver sus dedos en la pálida mejilla.
—Tengo sed —bajó su mano y se acomodó en la cama, restándole importancia. Mejor era seguir las cosas con normalidad. Ella le alcanzó un vaso del cual bebió —. Eres más receptiva que el anterior Hyuuga, aquel apenas parecía respirar — le devolvió el envaso vacío —. Preferiría que en su lugar venga tu primo.
El ruido del cristal hizo que volteara a verla. El vaso que le había retirado ahora estaba hecho añicos por todo el piso. Ella se agachó rápido y empezó a recoger mientras murmuraba disculpas. Fue entonces que prestó atención a su vestimenta: estaba de luto.
No lo sabía, y por un momento sintió un poco de culpa. Sacudió su cabeza para hacer a un lado ese sentimiento, él no era así, de sentirse mal por las personas que apenas conocía.
La muchacha terminó de juntar los cristales y lo depositó en un tacho. Intentaba esconder su rostro, pero pudo ver que lágrimas amenazaban con salir. Intentaba no ceder al llanto, lo sabía.
—Puedes retirarte —soltó, para luego alejar su mirada de ella y dirigirla hacia la ventana. Se acomodó mejor en la almohada y por el rabillo del ojo pudo notarla quieta —. Dile a tu jefe que ya he despertado, por si necesita hablar conmigo.
Le daría la oportunidad de aliviar ese sentimiento sin nadie que la viera.
Podría llorar en el camino.
.
.
.
No esperaba encontrarse frente a frente con su antiguo maestro. Por lo visto, el nuevo Hokage era él. No había podido verlo por mucho tiempo durante la batalla, pero por la cicatriz en su ojo, podía entender que ya no poseía el Sharingan.
—Es bueno verte, Sasuke —acercó la silla a su lado para sentarse. Había ingresado solo a la habitación, luego de unos quince minutos en que ella había ido en su búsqueda. Sintió su presencia, estaba vigilando desde afuera la puerta.
En su ausencia, había quedado viendo el lugar donde había caído el vaso. En su mente, intentaba recordar si se le había pasado algún detalle de las pasadas batallas, saber si pudo ver algo de lo ocurrido. Más allá de su encuentro tras la reunión con los Hokages estaba seguro que no había vuelto a verla. La había mirado fijamente, eso era claro, pero no entendía por qué solo a ella. Desde allí, sentía algunos murmullos referentes a él, además del llanto de su antigua compañera de equipo. Pero luego de eso, no podía ponerle cara al resto de personas que estaban en ese momento.
Por eso no recordaba haber visto al primo. Y se habían separado, ella dirigiéndose hacia un punto opuesto al que él iba junto con Naruto. Les tocaba enfrentar a Madara, pero necesitaban de otras personas para llevar a cabo su plan, y apenas llevaban pocos metros, el rubio sintió que debía ir en otra dirección. Le dijo que presentía que necesitarían ayuda, por lo que iría para asegurarse de que todo estaba bien, encomendándole que partiera primero a buscar los refuerzos. Él también pensó que podía suceder algo, por lo que separaron caminos pronto.
Al regresar, vio varias personas turbadas, algunas llorando. Una batalla se había llevado a cabo, y terminado. Y algunos cuerpos permanecían inertes sobre la tierra, con sus rostros cubiertos. La vio a ella caminar entre los vencidos, cabizbaja, perdida en su mente. Naruto lloraba a un lado, acompañado de Sakura. Dio un paso en su dirección, pero el enemigo apareció. Luego de eso, no volvió a ver a nadie allí por tres motivos: porque peleó junto con Naruto; porque peleó contra Naruto; y porque el resultado final derivó en un desmayo que lo hizo despertar ese mismo día en el hospital.
Entonces lo había perdido a él ahí.
Hyuuga Hinata no recorría los cuerpos perturbada solo por las vidas perdidas, sino que lo hacía específicamente por una persona en especial.
—¿Y qué me dices? —la voz de Kakashi lo regresó a la realidad. Ni siquiera supo que le estaba hablando.
—¿Qué?
—Comenzarán a elaborar unos brazos para ti y Naruto, pero antes deberán hacerte unas pruebas...
—No quiero —interrumpió. No lo miraba, sino que mantenía la vista hacia el cielo azul que mostraba la ventana - No merezco nada de la aldea que procuré destruir, así me quedaré.
Kakashi pareció entender que nada de lo que dijera haría cambiarle de opinión, porque asintió y se levantó para marcharse.
—Entonces deberías saber que al darte el alta, serás enviado a prisión hasta tu juicio.
Asintió, y luego escuchó la puerta cerrarse.
.
.
.
.
.
Continuará...
Nota:
Puffff, ¡qué capítulo! Y no lo digo por el contenido, jajajaaja, sino por lo largo que quedó en el borrador, jajajaja. Es por eso que tuve que dividirlo en dos partes, así que hasta aquí la Parte I.
Si llegaron hasta aquí, quiero agradecerles por leer. También por haberle dado una oportunidad a esta historia y seguir leyéndola.
Como les dije al final del capítulo anterior, ya esta parte toma su propia impronta y se separa de la historia original. Mientras que Sasuke decidió tomar un camino de redención, yo decidí tomar el camino de Sasuhina, ja.
Este capítulo, originalmente, era más corto, pero cuando estaba releyendo algo me decía que revisara tales partes y que le agregara algo nuevo...y parece que me emocioné porque ese "algo nuevo" me llevó dos páginas mínimo en cada momento (y por eso el tener que dividirlo).
Eeeeen fin, ya dejo de hablar.
Gracias por leer, espero que les haya gustado tanto como a mi escribirlo.
Nos vemos en la segunda parte de The Middle.
Saludos y abrazos,
Konohaa Girl.
