Capítulo 3

Jugando

Gary estuvo todo el día de ayer y antier junto a Ash, pudo conocerlo más y para su sorpresa, Ash no era un chico presumido y tonto como creía, sino que era un jovencito muy inteligente y amigable cuando se le trataba, pensaba que el estar junto a él iba a ser sumamente aburrido pero se equivocó a decir verdad, nunca se aburrió junto al chico; el día de hoy ambos se encontraban en casa del jovencito, en la sala mientras hablaban. En eso Gary sacó una cajetilla de cigarrillos y un encendedor para comenzar a fumar cosa que a Ash le molestó y le quitó el cigarro para apagarlo.

–¿Qué te pasa? –preguntó el castaño enfurecido por aquella acción.

–No puedes fumar, ¿qué no sabes que los cigarros provocan cáncer y arruinan tu voz? –preguntó el pelinegro observando a Gary molesto.

–Eso no te da derecho de quitármelo –respondió el más grande.

–Puede ser, pero, no quiero que después te enfermes, así que no debes fumar, si quieres distraer tu boca con esas cosas, usa algo más –mencionó Ash.

Gary se dio cuenta que al parecer el pelinegro era algo protector y que al parecer se preocupaba por él, extraño, era la primera vez que alguien le demostraba eso; en eso el castaño liberó una sonrisa pícara y se colocó sobre el más joven.

–¿Qué te sucede? –preguntó Ash nervioso.

–Me dijiste que distraiga mi boca con algo más, bueno ya no fumaré pero a cambio –al terminar de hablar el joven besó a Ash en los labios durante varios segundos.

Gary adoraba tener al chico en su poder, le encantaba besarlo y tocarle su cuerpo de joven, era realmente increíble tenerlo en sus brazos. Ash lo separó para verlo.

–¿Qué sucede? –preguntó Gary.

–Siempre haces esto y ni… siquiera… me has dicho qué somos –mencionó Ash con miedo.

Gary se quedó callado ante eso, no esperaba aquellas palabras, no podía decirle que todo se trataba de un juego, tenía que lograr que chico se entregara a él, pero para hacerlo necesitaba engañarlo.

–Es obvio, ¿no?, somos pareja, eres mío y de nadie más –dijo Gary mientras observaba a Ash sonrojarse aún más.

Después de eso, volvió a besarlo sintiendo como el chico le devolvía el beso provocando que fuera mucho mejor la sensación de tener los labios unidos.

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Un día nuevo y Ash y Gary decidieron salir al parque de la ciudad para conversar, Gary escuchaba los sueños del joven, deseaba ser cantante, para sorpresa de Gary, el pequeño sabía tocar piano, violín y guitarra, lo había escuchado ese mismo día tocar la guitarra y le gustó bastante, la voz del pelinegro era hermosa, le encantaba y sabía que lograría ser un excelente cantante.

–¿Sólo quieres ser eso?, ¿no te gustaría estudiar otra cosa? –preguntó Gary.

–Bueno me gustaría estudiar diseño gráfico –mencionó Ash después de beber un poco del agua que había comprado–. ¿Y tú?

–La verdad nada, ya terminé la preparatoria y con eso basta, no tengo ganas de meterme a estudiar de nuevo –mencionó Gary.

–¿Por qué?, ¿acaso no quieres tener un buen futuro? –preguntó el de piel bronceada.

–No creo que estudiando implique tener un mejor futuro.

–Yo creo que sí –dijo Ash–. Por cierto, nunca me has hablado de tu vida, siempre preguntas de la mía o te quedas callado nada más.

–No hay mucho de qué hablar, vivo con mi abuelo desde niño debido a que mis padres murieron cuando tenía ocho y… –Gary se quedó callado al ver la cara de Ash de tristeza–. ¿Ocurre algo?

Ash le abrazó con fuerzas.

–Lo lamento, no fue mi intención hacerte recordar eso –Ash empezó a llorar, Gary por su parte no sabía qué estaba ocurriendo–. Estoy seguro que tus padres estén en donde estén, están muy orgullosos de tenerte como hijo.

Gary se separó del joven, limpió las lágrimas del rostro del chico y le sonrió.

–No te preocupes, ahora deja de llorar, que te ves más lindo cuando sonríes –mencionó Gary sin pensar.

Ash sonrió provocando un leve sonrojo en el mayor.

–Será mejor que te lleve a tu casa, ya se está haciendo tarde –mencionó Gary.

Se despidieron y Gary fue a su hogar para sólo tener una cosa en su mente, al pequeño pelinegro, aquel chico que cada día que lo conocía le agradaba más, sin duda, era un chico muy amable y muy lindo, le quería, por unos momentos olvidó aquella apuesta que provocó que lo conociera.