Hola, aquí les tengo el tercer capítulo esperando que sea de su agrado
Déjenme contarles que hace poco fue mi cumpleaños, ¿qué les parece si me regalan un hermoso Review con su opinión (sea buena, alguna crítica o sugerencia)?
Disclaimer: Los personajes y la obra Fairy Tail pertenecen a Hiro Mashima
Aclaraciones:
*Universo Alterno (U.A.)
*OoC
*Lenguaje y acciones explícitas
*Al final contestaré los reviews de los invitados
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Capítulo 3
"¿Tenemos un trato?"
Dejó el vaso de café sobre la barra de la cocina y en cambio deslizó ambas manos por su trasero para levantarla y obligarla a sostenerse de su cintura. Sin mucha dificultad la llevó de regreso a la habitación.
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Era casi la una de la tarde cuando Gray se terminó de vestir, Juvia se había vuelto a poner ese ajustado vestido y él trataba de no verla demasiado, ahora sí tenía que llegar al trabajo.
-Juvia debe irse, Gray-sama- la vio tomar su abrigo y su bolso -Juvia le agradece mucho...por...por todo.- se veía jodidamente adorable tan sonrojada y avergonzada. Era tan diferente a la chica que llena de seguridad le había arrancado la ropa un par de horas antes.
-¿Hacia dónde vas?
-Juvia va al centro.
-Estamos en el centro, muñeca.- la expresión que puso la chica no tuvo precio y Gray no pudo evitar sonreír, ¿enserio esa mujer se había ido con un extraño y sin siquiera fijarse a dónde la había llevado? -¿Vives por aquí?
-No, Juvia vive en el norte de Magnolia, pero ella irá a 8-island para ver a su amiga.
-La pelirrosa- no fue una pregunta, pero aun así ella asintió antes de dirigirse a la salida.
Gray la siguió a paso rápido, tenía el celular junto a su oído y parecía estar llamando un taxi.
-Eso no es necesario- él la adelantó, abrió la puerta del frente y cuando ella salió le señaló el negro vehículo -Sube, el 8-island me queda de camino.
El camino fue silencioso, Gray mantenía la vista al frente y ella no sabía qué decir para romper el hielo, la noche anterior no habían cruzado más de 5 palabras que no tuviesen alguna insinuación de trasfondo, por lo que eran prácticamente extraños.
Cuando finalmente detuvo el automóvil frente al concurrido establecimiento ella llevó sus ojos hasta los orbes grises y lo observó con la expresión de una niña que sale del parque de atracciones en el que pasó el mejor día de su vida.
-Fue un gusto conocerlo, Gray-sama.
-Lo mismo digo, Juvia- le sonrió galantemente -Ojalá podamos volver a vernos, no me molestaría repetir lo de hoy.- agregó cuando ella había salido del vehículo y antes de que cerrase la puerta.
Gray le hizo un giño con el ojo mientras arrancaba el vehículo y se incorporaba a la carretera.
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Meredy ya había llegado al restaurante, pidió la mesa que siempre ocupaban y ordenó el platillo favorito de su amiga mientras esperaba.
Aun no habían traído la comida cuando vio una cabellera azul abrirse paso entre las concurridas mesas.
De no haberla conocido desde hacía años, Meredy habría obtenido una pista de lo que ocurría cuando se percató de que vestía la misma ropa que el día anterior, ¡pero se trataba de Juvia, por amor de dios!
-El verte en una sola pieza sólo hace que me den más ganas de asesinarte- dijo cuando ella tomó asiento, pero su expresión no engañaba a nadie, estaba aliviada de verla sana y salva.
-Juvia lo lamenta mucho, Meredy.
-Sería más creíble si llegaras con los brazos rotos, sólo así tendrías excusa para no contestar mis malditas llamadas- Juvia se limitó a sonreírle con franqueza, no podía culparla por haberse preocupado. -Pero supongo que debes tener una magnífica historia para justificarte y claro que quiero oírla- señaló con un gesto la ropa que usaba.
Juvia abrió la boca para confesar todo, pero la cerró al ver que una mesera se acercaba con las bandejas de comida.
Una vez se retiró, Meredy clavó su mirada esmeralda en ella.
-Anoche Juvia no fue a casa- hizo una pausa pensando las palabras correctas -Luego de que Meredy se fue ella estuvo un rato más bailando y después...- buscó los ojos de su mejor amiga y al encontrarlos tan amables como siempre se llenó de confianza -Y después Juvia se fue con un hombre que conoció en el club. Juvia pasó toda la noche con él, por eso ella no pudo responder las llamadas de Meredy- confesó todo con una sola bocanada de aire, por lo que tuvo que inhalar hondo cuando terminó.
A la pelirrosa casi se le salen los ojos y agradeció no tener nada en la boca, porque seguro se habría atragantado.
Juvia la vio girar la cabeza a todos lados y rebuscar entre los adornos de la mesa.
-Y entonces, ¿en dónde están?
-¿Meredy?
-Las cámaras, casi me la trago.- se rió alegremente, pero al ver la expresión de su amiga su risa derivó en una más bien nerviosa -Porque bromeas, ¿cierto?- Juvia negó un tanto cohibida, esperando su reacción. -Oh, cielos- dijo tras unos segundos en completo silencio -¿...y cómo estuvo?
-¿Cómo?- Juvia parpadeo un par de veces sorprendida. Meredy se inclinó sobre la mesa acercándose un poco más a su amiga.
-Hablo de los detalles, ¿era guapo, fue bueno o era un completo perdedor?
No era como si Juvia esperase ser juzgada o algo, pero definitivamente esa reacción de parte de su amiga la tomó por sorpresa y Meredy lo notó.
-Vamos no me mires así, durante años me la pasé incitándote a vivir más, ¿quién soy para reprocharte cuando finalmente lo haces...aunque decidiste hacerme caso algunos años después.- le restó importancia al asunto y corrió su silla para estar más cerca de ella y no perderse ningún detalle -Anda suéltalo ya, quiero detalles.
-Bueno, Juvia cree- una sonrisa se extendió por sus labios al rememorar las últimas horas, ¡estaba tan feliz de poder hablar sobre eso con alguien! -Fue grandioso- dijo decidida mientras las mejillas comenzaban a teñírsele de rojo -Gray-sama es increíblemente atractivo y muy bueno para...- la cara de Juvia se tiñó de escarlata en su totalidad y Meredy sonrió ampliamente al comprender lo que quería decir.
-Maldita sea, Juvia, tú siempre eres tan afortunada. Ya me imagino que debió ser más que sexy para que lograra llevarte a su casa. Yo no tuve suerte.
-Pero Meredy, Juvia recuerda que ayer te fuiste con un chico rubio, ¿no?- ella asintió en respuesta -¿No te fue bien con él?
-Con un idiota, querrás decir. No bien terminó tomó sus cosas y se fue, así sin más.- hizo un gesto para restarle importancia -Te lo juro Juvia, o bien los hombres son todos unos tarados o yo sólo atraigo de esa clase.
-No digas eso Meredy.
-Hablo enserio, ¿sabes por qué ahora siempre me aseguro de ir a mi casa?, porque en una ocasión un imbécil me sacó de su apartamento no bien habíamos acabamos de follar. Al menos así me aseguro de no terminar en la calle en la madrugada sintiéndome como una ramera.- Juvia agradeció que el bullicio reinante en el lugar no dejaba que oídos curiosos se entrometieran en su conversación. -¿Dónde quedaron los hombres que te llevaban el desayuno al día siguiente?- eso le recordó a la peliazul que no había comido nada en todo el día. Miró el delicioso platillo frente a ella y pudo escuchar un gruñido proveniente de su abdomen.
-Juvia cree que sólo es una mala coincidencia. ¿Recuerdas a ese chico...Sting-san?, él era muy amable.- tomó los cubiertos para comenzar a comer.
-Sí, es verdad, y era bastante guapo.- concedió imitando las acciones de su amiga. -Es una lástima que se fuese a otro país. Pero no hablemos de mí ahora, ¡quiero escuchar TODOS los detalles!
Juvia le contó la magnífica noche que había pasado en los brazos del pelinegro, omitiendo cuidadosamente algunos detalles y comparaciones. Meredy era su mejor amiga, pero ni siquiera ella conocía la verdad sobre los problemas que tenía en cuanto a la atracción sexual con su esposo, nadie lo sabía.
-Juvia, no pienso juzgarte- susurró cuando al pastel sobre sus platos ya le faltaba más de la mitad -Pero creo que sabes que lo que pasó no fue precisamente...
-Juvia sabe...lo que le hizo a Lyon-sama fue terrible.- levantó los ojos azules a los esmeralda -¿Meredy cree que Juvia deba contarle a Lyon-sama?
-¿Bromeas?- la pelirrosada se tomó un segundo para pensar bien lo que respondería -Juvia, como tu amiga te aconsejaría que no lo hicieras...no importa que tan buenos o dulces sean, a ningún hombre le gustará saber que fue engañado, así se tratase de una sola vez. Aunque siempre será tu decisión, conoces el carácter de Lyon mejor que yo.
La peliazul se mordió el labio, lo que ella conocía de su esposo había sido básicamente su gentileza. No era que jamás hubiesen tenido peleas y gritos, pero nunca eran demasiado grandes o duraderas, Lyon se caracterizaba por ser muy condescendiente...al menos para con ella. Había escuchado sobre acaloradas discusiones e incluso peleas en las que su marido había tomado parte y por anécdotas de boca del propio albino podía concluir que era tan humano como cualquier otro hombre.
Pensó en las palabras de su amiga y decidió que aún si había dos posibilidades -una en la que se enojara con ella y otra en la que la perdonara- el resultado directo de ambas sería el mismo, lo lastimaría, sobre todo cuando al verla a los ojos se diera cuenta de que no estaba realmente arrepentida.
-Meredy tiene razón, no sería algo agradable.
-Una cosa más, Juv- la mujer de ojos esmeralda puso su mano sobre la blanca muñeca de la peliazul -Está bien tener una aventura de una noche, mientras se quede en eso, en una noche- la aludida clavó sus azulados orbes en el rostro de su amiga -No me lo tomes a mal, pareces demasiado entusiasmada con ese desconocido.
Juvia no supo que responder, por su mente no había cruzado la posibilidad de volver a ver a Gray, es decir, su nombre era lo único que sabía de él; y luego estaba ese pequeño anillo dorado que representaba su atadura a otro hombre, un hombre que sólo había sido bueno con ella.
-Juvia lo sabe, Meredy.- bajó la cabeza
-¿Por qué no vamos de compras?- preguntó tratando de animarla un poco -Así podemos buscar un conjunto sensual para que recibas a Lyon, ¿qué mejor forma de olvidar ese desliz que tener una maravillosa noche con tu sexy esposo?
Meredy no lo decía con mala intención, estaba feliz de ver que su amiga se había dejado llevar por una vez, sin embargo no quería que una noche de sexo afectara el feliz matrimonio de su mejor amiga, porque ante sus ojos al igual que ante los demás, así era la vida de Juvia.
La peliazul sonrió, deseando haberle contado sobre la falta de emociones que tenía para con Lyon. Pero no lo había hecho y por lo tanto no esperaba que comprendiera, así que se limitó a sonreír y disfrutar de su compañía el resto de la tarde.
Y cuando esa noche estuvo de vuelta en su hogar trató de convencerse a sí misma de que las palabras de su mejor amiga no podían ser más ciertas; que había hecho promesas a Lyon y tenía obligaciones para con él.
Observó la reluciente alianza que descansaba en su dedo una vez más y suspiró resignada.
Toda esta situación era sólo su culpa, se había cerrado creyendo que con el tiempo podría corresponder sentimientos que no tenía y cuando al cabo de unos años se dio por vencida ya era tarde. Lyon era "perfecto" y la vida que llevaban juntos era "perfecta", se veían bien juntos y su convivencia era cordial, Juvia estaba consciente de lo afortunada que era, ella no creía merecer la mitad de lo que tenía y por ende deseaba no decepcionar a las personas que se lo habían dado.
"No todos tenemos lo que queremos, pero si tenemos lo que necesitamos debemos conformarnos con eso y estar agradecidos" las palabras de la directora del orfanato resonaron en su cabeza y recordó cuando las escuchó por primera vez.
Había sido poco después de que finalmente la adoptaron, se trataba de una familia asidua a las adopciones que, bajo las apariencias que le dejaban ver al sistema, eran una familia por demás disfuncional, y con la cual Juvia siempre fue infeliz.
Recordaba que sabiéndose menos miserable en el orfanato había tratado de volver, y fue entonces cuando la normalmente gruñona anciana le había dicho eso a modo de consejo de vida.
En ese tiempo no comprendía por qué, si a esa familia no les agradaban los niños, entonces habían acopiado a tantos; y sería hasta muchos años después que entendería que esa razón estaba escrita con tinta sobre un cheque bancario y según las normas del estado correspondían a uno por cada cabeza acopiada.
Fue tiempo después que también comprendió que el concejo básicamente consistían en recordarle que ella era una niña sin hogar ni familia que le brindase un sustento, si esas personas eran capaces de ofrecerle un techo sobre su cabeza y un pan para llevarse a la boca, lo demás no importaba. Podrías sobrevivir sin amor, pero no sin comida o abrigo para el invierno.
En ese punto se deshizo de sus pensamientos, no quería recordar esos días. ¡Oh, les debía tanto a Gajeel y a Lyon!
Se levantó del cómodo sofá en el que estaba sentada, dejando de lado el libro que había tomado para leer, no estaba de humor para trabajar. Subió las escaleras de vidrio templado y se encaminó al baño de su habitación, puso a llenar la tina y agregó un poco de sales de jazmín; quería relajarse un poco para despejar su mente de todo tipo de pensamientos y así poder regresar a su vida al día siguiente.
Se desnudó con calma y entró a la cálida agua. No estaba de humor para hablar con nadie por lo que tomó su celular para mandarle un mensaje a Lyon y así no tener que llamarle como solía hacerlo todas las noches que él se encontraba fuera.
No pasó demasiado tiempo antes de que recibiera una respuesta deseándole dulces sueños, que hizo que una espina se clavase en el corazón de Juvia. Colocó el pequeño aparato en la repisa más lejana que le fue posible alcanzar y se acomodó en la bañera cerrando los ojos e intentando no pensar en nada, sin embargo su mente no compartió sus planes, porque imágenes explícitas de la noche anterior comenzaron a invadirla apenas cerró los ojos.
No podía olvidarlo y eso lejos de relajarla estaba empezando a tensar su cuerpo, ¡necesitaba volver a sentir algo así!
Deslizó su mano a través del agua rosando su vientre mientras en su cabeza se fijaba la imagen de Gray acariciando su piel en busca de un objetivo en específico.
No era la primera vez que ella hacía algo como eso, tiempo atrás ya había intentado revivir su única experiencia placentera por sí misma, aunque por desgracia no resultó como ella esperaba. Y por demás estaba decir de que nunca lo había hecho pensando en alguien.
Cuando su mano finalmente llegó a su intimidad paseó su dedo medio por los pliegues, abriéndose paso hasta llegar a rozar su clítoris y comenzó a masajear ese centro de placer como recordaba que Gray lo había hecho la noche anterior. Se sentía bien, pero no lo suficiente, no como cuando él lo había hecho. Para estimularse más rememoró las palabras que le había susurrado exigiéndole decir cuánto deseaba que introdujera sus dedos en ella.
-Juvia quiere más, Gray-sama. Juvia quiere sentir sus dedos adentro.- las palabras salieron de su boca sin que ella fuese plenamente consciente.
Deseosa de sentir que eran las manos del pelinegro las que la masturbaban introdujo su dedo índice en su vagina y comenzó a moverlo, primero de forma lenta pero luego comenzó a incrementar la velocidad a tiempo que con su otra mano apretaba uno de sus pechos que sobresalía ligeramente del agua.
-Gray-sama, Juvia quiere más, ¡Juvia quiere sentirlo!- protestó frustrada.
No se sentía mal, imaginarse a Gray tocándola mejoraba bastante las sensaciones, pero no lograba que esa presión comenzara a acumularse en su vientre.
Quería escuchar su voz ronca de excitación, quería sentir su mano grande cubriendo la mayoría de su pecho y no sólo los roces de la pequeña suya, quería que el varonil olor de sus sudor invadiera sus sentidos, ¡demonios quería sentirlo dentro de ella!
Había abierto sus piernas por completo y para este punto su cuerpo se había deslizado bajo el agua hasta que el borde de ésta le cubrió la mitad del cuello. Cansada echó la cabeza hacia atrás recargándola en el borde de la bañera y sacó la mano de su cuerpo. Resopló. Empezaba a creer que eso ya era patológico; en cuestión de minutos Gray la había llevado a su primer orgasmo de esa forma, ¡¿porque ella no podía hacerlo?!
¡Que mierda, ¿era demasiado pedir el poder disfrutar de sensaciones como esas?!
Permaneció bajo el agua un rato más, con la mente totalmente en blanco, tan sólo contemplando el techo del baño y cuando empezó a sentir un poco de frío finalmente salió envolviéndose en su toalla.
Dejó que la bañera se vaciara y se secó para poder ponerse su bata de baño. Estaba demasiado cansada y frustrada para arreglarse, así que sin nada más cubriendo su cuerpo y con el cabello aún húmedo se metió a la cama.
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Al día siguiente se quedó en su casa y se excusó con Meredy diciendo que tenía trabajo por hacer, era domingo después de todo y el plazo de entrega era esa misma noche, lo único que no mencionó fue que había terminado ese mismo viernes antes de salir.
Juvia era escritora, cuando Metallicana la había acogido le había permitido ir a la universidad y tomar la carrera que mejor le pareciera. Ella eligió literatura y letras, y movida por deseo propio había tomado de forma simultánea la carrera de artes plásticas y visuales.
A ella le gustaba crear, impregnar sus sentimientos en lo que sus manos hacían y si desde pequeña crear era de las pocas cosas que la hacían feliz, la idea de dedicarse a ello no parecía nada descabellado.
Pero de nuevo la vida no siempre era lo que esperaba -o al menos ese parecía ser su caso-.
Poco después de recibir su título comenzó un trabajo en la revista Weekly Sorcerer como columnista. Se encargaba de las reseñas literarias, lo que no estaba tan mal, cada dos semanas debía leer un nuevo libro -solicitado por el público o a elección propia- y dar su opinión.
Era un buen trabajo, le pagaban bien y era bastante estable.
Tomó uno de los libros que habían enviado solicitando su aparición en la revista. Pasaron un par de horas durante las cuales que intentó concentrarse en las palabras escritas sobre las hojas que pasaba y pasaba.
Cuando su estómago comenzó a reclamarle la falta de alimento ya iba en la página 50 y no se había enterado de que trataba el libro.
Su mente divagaba entre recuerdos e imaginaciones. Trató de ocuparse en diferentes actividades pero hiciera lo que hiciera no le era posible sacar la imagen de esos penetrantes ojos grises atravesándola mientras su dueño la embestía, llevándola a la gloria.
-Juvia debe olvidarlo- se recriminó cuando sus pensamientos comenzaron a subir de tono y un ligero cosquilleo se apoderó de su intimidad.
-Juvia no lo volverá a ver...ni aunque quiera hacerlo- se mordió el labio inferior -Aunque Juvia sí quiere...¡pero no!, Juvia no puede, ella ni siquiera sabría como volverlo a ver, Gray-sama no le pidió su número a Juvia ni le dio el suyo, pensar en esa posibilidad es absurdo.
Como si estuviera peleando consigo misma, su mente le recordó el trayecto que Gray había recorrido al llevarla al restaurante donde se encontró con Meredy. Si realmente quería podía ir.
Su voluntad flaqueó ligeramente, pero ¿quién le aseguraba que estaría en casa o que quisiera volver a tener algo con ella?, ¿y si estaba con otra mujer?, después de todo resultaba lógico que un hombre como ese pudiera llevarse a cualquier mujer que quisiera. Juvia bien podía haber sido la conquista de esa noche.
Además por lo que había vivido, experiencia no le faltaba...y en cambio ella ¿qué podía ofrecerle?, no se podía describir a la altura de él, apenas y se aceptaba bonita. De experiencia no podía ni hablar, Lyon era más bien tradicional, habían probado diferentes posiciones y estimulado el uno al otro con las manos, pero eso no le había servido con Gray ya que apenas la tocó ella cayó rendida a sus pies incapaz de hacer nada que él no le ordenase.
Posó la vista en las bolsas de compras, aun no había acomodado nada. Las llevó a la habitación y vació el contenido en la gran cama.
Había comprado un par de vestidos y faldas, pero la fuente de su interés eran los conjuntos de lencería que había adquirido por consejo de su amiga. Sus mejillas se ruborizaron al sostener frente a sí las prendas de encaje y transparencias.
Sin pensarlo mucho se deshizo de su ropa y se puso esas dos delicadas prendas. Se miró en el espejo de su recámara y tuvo que admitir que se veía bien, el color contrastaba con su pálida piel y el corpiño le ajustaba perfectamente en los pechos, levantándolos y marcándolos aun más; el encaje bajaba hasta unirse a una traslúcida tela de gasa del mismo color que descendía haciendo ondas hasta la mitad de su trasero, en su espalda un escote en forma de rombo se extendía desde donde se abrochaba el sostén hasta su espalda baja y era contorneado por delicado encaje. Le gustaba, no se veía como pensó que lo haría, ni se sentía incómoda.
Levantó la vista hacia el reloj junto a su cama, apenas eran las 5 de la tarde y entonces tomó una decisión.
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El timbre de la entrada sonó y Gray puso los ojos en blanco. Dejó la cerveza que estaba bebiendo sobre la mesita de café frente al sofá en el que estaba por sentarse. De mala gana se dirigió hacia la puerta.
-¿Ahora qué mierda quieres, flamitas?- reclamó al abrir.
Sin embargo al otro lado de la puerta en lugar de encontrar a la persona que esperaba ver, se encontró con una delgada mujer de largo y ondulado cabello azul, quien lo observaba nerviosamente. Sus ojos se abrieron demás debido a la impresión, la recordaba, era la mujer que había conocido en el club dos noches atrás.
-Ahh...- de sus labios salieron algunos sonidos que él no pudo interpretar, pero los cuales asumió eran un intento de saludo. Una sonrisa ladina se extendió por su rostro, de cierta forma le gustaba verla quedarse sin palabras y se preguntaba si era así normalmente o sólo le ocurría con él.
-Ésta sí que es una sorpresa...Juvia, ¿cierto?
-S-sí- susurró -Juvia sólo...ella sólo...- se exprimía los sesos intentando hallar una forma de decir lo que quería, pero ¿cuáles eran las palabras adecuadas para pedirle otra noche de sexo? -¿Juvia lo interrumpe?
"Gallina" se recriminó mentalmente "Sólo dilo, antes de que te cierre la puerta en la cara"
-No, supongo que no.-
Elevó la vista hacia la calle y después de repasarla volvió a concentrarse en la chica que tenía enfrente, se veía diferente. Lo primero que notó fueron sus penetrantes ojos, enmarcados por unas espesas pestañas pintadas de negro que en conjunto con el delineador del mismo color le daban una profundidad casi abrumadora a su mirada. Sus labios estaban coloreados de un tono carmesí que los hacía ver realmente apetitosos. Por entre el ligero maquillaje de su rostro se podía apreciar el natural rubor de sus mejillas.
-Juvia vino porque...
-¿Por qué no continuamos esta charla adentro?- la interrumpió tomándola de la muñeca para introducirla en la casa, aun era temprano y no le gustaban los vecinos entrometidos.
La peliazul no opuso resistencia alguna, y una vez adentró lo vio caminar hasta la sala para tomar una botella de cerveza y apoyándose en el respaldo del sofá clavar la mirada en ella, recorriéndola de pies a cabeza.
-Entonces, ¿qué te trae por aquí otra vez?- ella no contestó enseguida, caminó hacía él con paso titubeante y gracias a que la estancia estaba más iluminada pudo apreciar mejor su rostro de porcelana seductoramente maquillado.
En esta ocasión también llevaba un vestido, pero éste sólo se ceñía a su cintura, marcándola antes de caer en una amplia falda que terminaba arriba de sus rodillas.
Por alguna razón Gray no podía dejar de pensar en lo fácil que resultaría abrir sus piernas, con una falda así no sería necesario quitarle el vestido para poder introducirse en ella.
La necesidad de volver a escucharla gemir su nombre mientras yacía bajo él se apoderó de su ser, despertando su virilidad.
Le dio un trago a su cerveza para apartar esas ideas y recordó la razón por la que debía dejar de observarla con la única intención de rememorar su cuerpo desnudo.
-Juvia está aquí porque ella pensó que...que tal vez Juvia y Gray-sama podrían volver a...- su rostro estaba encendido pero se esforzaba en atrapar la mirada de esos relucientes ojos grises -¿Gray-sama recuerda lo último que le dijo a Juvia?
-Escucha, bonita, lo de la otra noche fue muy divertido y todo, pero no creo que sea buena idea repetirlo- la expresión de Juvia se volvió triste, ¿cómo se le había ocurrido que ella podría gustarle para más de una noche? -No me malinterpretes- continuó como si pudiese leer sus pensamientos -Eres muy sexy y todo, pero no creo que te queden ganas de estar aquí cuando te lo diga.
-¿Qué cosa?- la voz de la peliazul sonó nerviosa, lo que menos necesitaba ahora era una enfermedad venérea.
Gray levantó su mano izquierda para mostrarle la argolla, incrédulo de que no lo hubiese notado antes.
-No estaba en ese club buscando sexo, no te confundas.- Juvia abrió mucho sus ojos, pero no dijo nada -Deberías estar alagada, nunca había sentido ese nivel de tensión sexual con alguien, no me detuve a pensarlo demasiado.
-Juvia entiende- susurró de forma apenas audible e inconscientemente.
-No te ofendas has sido el desliz más exquisito que he tenido, pero pareces la clase de mujer que busca algo serio y yo no te puedo ayudar en eso.- los ojos azules de Juvia lo observaban fijamente y él comenzaba a desesperarse, habría esperado molestia o alguna clase de drama, pero ella no parecía reaccionar -Y es una lástima, porque el sexo no estuvo nada mal.
La vio rebuscar entre su bolsa y sacar un pequeño aro dorado.
-Juvia está en las mismas circunstancias, Gray-sama. A Juvia no le importa, siempre y cuando a Gray-sama no le importe.
El pelinegro abrió demás los ojos, la mujer frente a él había sacado un anillo de matrimonio, pero le decía que no le importaba, ¿a caso le estaba pidiendo tener una aventura?
-Juvia no le pedirá nada, si Gray-sama la hace disfrutar tanto como la otra vez, Juvia se dará por bien servida, y a cambio Gray-sama puede utilizar el cuerpo de Juvia para satisfacerse.
Casi al instante en que las palabras abandonaron su boca se arrepintió de lo que había dicho.
"Ahora pensará que eres una cualquiera"
ante sus palabras Gray no pudo más que dejarse invadir por sus deseos y sin perder tiempo se apoderó de sus labios haciéndola avanzar hacia atrás hasta que su espalda chocó contra la pared y una vez la tuvo acorralada separó sus bocas.
-¿Hablas enserio?, ¿estás dispuesta?
-Sí- Juvia respondió jadeante y se lanzó contra él, buscando volver a unir sus labios.
Las manos del pelinegro repasaron las redondas caderas por encima de la amplia falda de la mujer y se abrieron paso entre los pliegues de la tela hasta poder acariciar sus piernas.
Juvia se sostuvo de los hombros del ojigris cuando interrumpieron el beso debido a la falta de aire y los labios de él se deslizaron a su cuello. Sintió como pasó su lengua por toda la extensión de éste hasta llegar a la piel detrás de su oreja haciéndola estremecer y pudo escucharlo reír debido a su reacción.
-No empieces algo que después no puedas terminar, linda.- sus manos habían subido por debajo de la falda hasta encontrarse con la pequeña tanguita.
-Juvia habla enserio, podrá hacerle lo que quiera a Juvia siempre y cuando Gray-sama...
-Haga esto, ¿no?- la interrumpió al tiempo que hacía a un lado la delgada tela y de una sola vez metía en su interior dos de sus dedos. La espalda de Juvia se arqueó de tal forma que su cabeza se golpeó contra la pared, pero eso poco le importó a ambos.
-Mmm- ronroneó ella mientras movía la cadera para hacer fricción con los dedos de él.
-¿Te gusta no es así?- inquirió con voz prepotente -Eres toda una pervertida, una zorrita pervertida.
-Juvia lo es...- Gray no había comenzado a mover los dedos en su interior y ella trataba de mover sus caderas para incitarlo -Juvia quiere sentirlo.
-Ven acá- dijo con rudeza mientras sacaba los dedos y dejaba sus piernas para tomarla de la cintura y la giraba para hacerla apoyar las manos en la pared. Levantó la amplia falda y le sacó el vestido de un sólo movimiento. –Vaya, vaya pero qué tenemos aquí-
Se alejó un par de pasos para poder contemplarla mejor y Juvia, libre de su agarre, se giró para verlo de frente.
Al sentir el pequeño encaje de la tanguita Gray se había imaginado que la peliazul vestía ropa más interesante que la noche en que la conoció, sin embargo no llegó a pensar que usara algo así. Pudo sentir como su miembro se endurecía.
Juvia sonrió al ver la reacción del hombre, le había gustado, podía notarlo no sólo por el bulto de sus pantalones, sino por esos grises y fieros ojos que parecían querer arrancarle la poca ropa que le quedaba.
-Entonces, Gray-sama, ¿quiere cerrar el trato con Juvia?- se acercó a él contoneando las caderas, deleitándose con la forma en que sus ojos la seguían en cada movimiento. Una vez frente a él pasó sus brazos alrededor del masculino cuello y decidida se acercó lo suficiente para que sus labios se rozaran.
-Juvia será una buena chica- dijo con voz suave, no sabía mucho sobre seducción, pero recordaba vagamente lo que había visto en una película. Se frotó contra su cuerpo sintiendo el montículo de su erección contra su vientre bajo.
Gray mandó al diablo todos sus debates mentales y se sacó los finos brazos de encima para poder tomar una de las pequeñas manos y llevarla por debajo de su pantalón.
-En ese caso espero que te responsabilices de lo que has provocado- Juvia sonrió, eso era todo lo que necesitaba.
-No se preocupe Gray-sama, usted deje a Juvia ocuparse de eso, ella sabe justo en donde ponerlo para hacerlo sentir mejor.
-Seguro que lo sabes, pero yo tengo una mejor idea- con la mano libre pasó uno de sus dedos por el rojizo labio inferior separándolo ligeramente.
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Y hasta aquí llega el capítulo de hoy, sé que algunas esperaban un poco de "mañanero", pero ya será para otra ocasión ;D
Pero entonces cuéntenme ¿la sorprendí aunque sea un poquito con este cap?
Por último no les quiero prometer nada seguro, pero está semana tendré tiempo libre así que puede ser que les suba otro capítulo durante ella, haré todo lo posible, y por supuesto que ese sí traerá un poco más de lemmon 7u7
Lymar Vastya ¿y quién no?, Gray es demasiado sexy como para poder resistirse, y con semejante hombre nadie podrá culpar a Juvia (Ok, mala excusa)
¿más hot?, créeme que trataré de que eso no falte ( ͡° ͜ʖ ͡°)
