Disclaimer: Los personajes de Sakura Card Captor pertenecen a CLAMP
Cerezo Agridulce
Capítulo tercero
Suposiciones y prejuicios.
(Sakura)
Moví los hombros circularmente, alzando los brazos y girando las muñecas. Me relajé un poco cuando sentí un alivio momentáneo, producto del breve estiramiento, y luego de lanzar un suspiro me dispuse a observar con orgullo la repisa ordenada con macetas llenas de tierra y flores de diversos colores que estaba frente a mí.
El trabajo de medio tiempo en la floristería de la amable señora Akiko era agotador, lo reconocía, sin embargo, dentro de todo lo difícil que pudiera ser cargar con un montón de artículos de jardinería u ordenar las pesadas macetas que contenían una enorme variedad de flores, había momentos que me provocaban cierta felicidad interesante, derivada de las sonrisas alegres de los clientes satisfechos e inclusive de las historias románticas que compartían con nosotras aquellas personas que llegaban a comprar rosas para sus seres queridos.
Aun recordaba que había comenzado a trabajar en ese lugar en una respuesta instintiva y gracias al alocado deseo por comprar artículos de belleza, ropa y zapatos para sentirme un poco más femenina. Al iniciar la escuela secundaria, las chicas a mi alrededor, Tomoyo incluida, comenzaron a preocuparse más por su aspecto personal y yo empecé a creer que eso sería lo ideal para mí también.
No obstante pedirle dinero a papá para esa clase de lujos era exactamente lo que yo no deseaba hacer y aunque su trabajo como psicoterapeuta era bien remunerado, no me sentía en la confianza suficiente como para solicitar tales caprichos.
No fue hasta unos cuantos días después cuando luego de mucho buscar, finalmente logré encontrar trabajo como asistente en la floristería y al cabo de un tiempo no sólo pude comprar un montón de ropa linda y productos de belleza, también conseguí regalos para mi padre, el cabeza dura de mi hermano Touya e inclusive para mi jefa, con la cual había logrado formar una hermosa relación de amistad que se había convertido, al tiempo, en un valioso tesoro que hacia mi vida más amena.
Aunque lo extraño e irónico del asunto, tal vez, recaía en que las cosas que compré para mi uso personal quedaron arrumbadas en un lugar que ya ni recuerdo, porque no suelo utilizarlas más que en ocasiones especiales, que generalmente ocurren una vez cada mil años en la vida.
Ni hablar.
—Increíble, el lugar ha quedado maravilloso Sakura, hasta parece nuevo —para cuando presté atención nuevamente a mi entorno, la señora Akiko ya se había acercado hasta donde yo estaba y no perdió oportunidad para darle el visto bueno al trabajo que había hecho ordenando las flores.
Sonreí alegremente cuando sentí que pasaba su brazo alrededor de mis hombros y me apretujaba un poco, en un medio abrazo cariñoso.
—Me alegra que le gustara como quedó —dije, contenta—. Por un momento pensé que le desagradaría que ordenara las flores de acuerdo al color, siendo que algunas son tan diferentes entre sí.
—Oh, pero que dices cariño, todo lo que haces es perfecto, ¿cómo podría disgustarme? —la señora Akiko rio estruendosamente y yo sentí que me contagiaba de su mismo entusiasmo, como cada vez que alababa mi trabajo—. Pero es tarde ya, es hora de que te vayas y descanses, ya hiciste demasiado el día de hoy y no pretendo que tu padre se preocupe por tu tardanza.
—No se preocupe, yo llamé antes para avisar que llegaría algo más tarde.
—De todos modos, una chica tan linda como tú no debe andar sola por las calles a horas inapropiadas —sentenció, yo sonreí—. Así que quítate ese mandil y ve a casa, te veré mañana a la misma hora de siempre.
—Como usted diga —haciendo lo dicho por la señora, me quité el mandil que era parte del uniforme, lavé mis manos en una pileta que quedaba a un lado del perchero donde colgaba mi abrigo y mi maletín y luego de despedirme emprendí marcha hacia mi casa.
Con lentitud recorrí las calles de la ciudad, iluminadas artificialmente gracias a la luz que desprendían varias farolas, pero no fue hasta mucho después, cuando cruce el parque pingüino, que el pensamiento de todo lo acontecido en el día me asaltó, de forma casi inminente.
Todavía me provocaba cierta inestabilidad y enfado el recordar el episodio tan amargo por el que había tenido que atravesar esa mañana. Lo más estresante de todo, tal vez, no era que cierto chico castaño me hubiera dejado en ridículo con todos nuestros compañeros de clase o que hubiera rechazado cualquier intento mío por ser amable, sino que todavía quedaba ese reciente compromiso que tenía con la profesora Kaho y que indirectamente me obligaba a acercarme de nuevo, aunque estaba completamente insegura de hacerlo y dentro de mí se alojaba ese típico mal presentimiento que suele asaltar a las personas, cuando sabes que lo que estas a punto de hacer es, en realidad, una pésima idea.
No obstante estaba segura que ponerme a pensar en Shaoran Li y en su apatía no era una buena forma de terminar el día, por lo que me decidí a dejar el pensamiento en un rincón muy alejado de mis pensamientos, por el momento y sin más que hacer, continúe con mi caminata de la forma más tranquila posible, disfrutando de la brisa otoñal y viendo hacia el cielo nocturno donde ya se lograban observar varias estrellas, algunas más brillantes que otras.
Para cuando llegué a casa, luego de quince minutos, papá ya se encontraba en la cocina preparando la cena y yo le miré entre sorprendida y extrañada, pues no era muy común verlo realizar ese tipo de actividades últimamente y menos por las noches, siendo que su trabajo lo tenía tan ocupado y asfixiado que apenas y tenía tiempo para dormir.
¿Me habría perdido de algo?
—Ehm, estoy en casa —saludé, con cierta duda que no pasó desapercibida para él, aunque en lugar de recibir una mirada consternada, su respuesta se transformó en una radiante y contagiosa sonrisa.
—Bienvenida hija, ¿qué tal tu día?
—Bien, ya sabes, clases normales y trabajo pesado —respondí con simpleza—. ¿Y el tuyo?, por lo que veo no tienes trabajo esta noche.
—En realidad decidí tomarme un descanso, además de que quería aprovechar la ocasión para hablar contigo de algo muy importante.
—¿Estabas esperándome? —él asintió—. Oh, entiendo, ¿de qué se trata eso tan importante?
—Hace tiempo dijiste que te gustaría trabajar conmigo en algún caso para acercarte al campo de la psicología, porque te interesaba mucho, pero en ese entonces yo no tenía idea de en qué podrías ayudarme, ¿recuerdas? —evocó, yo moví la cabeza, afirmando—. Hace un momento una mujer acaba de llamarme para pedir una cita mañana por la tarde, al parecer su hijo tiene problemas serios de conducta y por la situación que me planteó, es un caso un poco complicado.
—Ya veo.
—Me ha dado la impresión de que el muchacho en cuestión necesita relacionarse con alguien de su edad, una persona que le inspire confianza y que pueda tratar con él de una forma un poco más directa —explicó—. Yo estaré charlando con él durante las sesiones de terapia, pero pensé que podría existir también alguna especie de "compañero de terapias" con el que pueda convivir diariamente para lograr buenas interacciones personales.
—Entonces, quieres que te ayude, ¿siendo la "compañera de terapia" de ese chico?
—Si aún estás interesada en ayudarme y aprender directamente sobre psicología, sí, me gustaría que trabajaras conmigo —propuso—. Pero piénsalo bien, no tendrías que abandonar el trabajo con la señora Akiko si eso te preocupa, pero tendrías que dedicar algo de tiempo para darme reportes relacionados con la conducta del muchacho, mientras convivas con él.
—De acuerdo papá, te prometo que voy a pensarlo —mi padre asintió haciendo uso de su sonrisa amable de siempre y yo le lancé el mismo gesto de vuelta, aunque internamente estaba hecha un revoltijo.
Tantas cosas que pensar en una sola noche y yo tan despistada, la combinación más imperfecta del mundo.
(Shaoran)
Había llegado demasiado temprano al instituto ese día y considerando que Ieran prácticamente me había echado de casa por la mañana, alegando que no iba a permitir que me convirtiera en un impuntual, se intuía que no tenía muchas opciones a la vista como para entretenerme o hacer alguna otra cosa distinta, porque para variar no conocía la ciudad y eso me impedía pensar en algún lugar en el que pudiera pasar el rato, mientras las clases empezaban.
Al entrar al aula de clases, luego de que dudara bastante en abrir la puerta, me encontré con que ésta se encontraba completamente vacía, por lo que me dispuse a tomar asiento cuanto antes, al mismo tiempo que se paseaba por mi cabeza la idea de mi tan ansiada venganza, en contra del imbécil ese que se había encargado de fastidiarme la existencia.
Todavía rondaba por mi mente el hecho de que Ieran hubiera decidido llevarme a terapia con un loquero. Lo que aún no comprendía, sin embargo, era como las cosas habían llegado hasta ese extremo y casi me sentía en la necesidad de averiguar cómo era que mi madre me veía o qué clase de perspectiva extraña tenía sobre mí, porque a su parecer yo estaba lo suficientemente desquiciado como para necesitar ayuda profesional y encima de parte de un sujeto desconocido, que seguramente se encargaría de abrumarme con su palabrería innecesaria y preguntas personales.
Con esos pensamientos en la cabeza me pasé los últimos minutos, observando a través de la ventana, haciendo repasos mentales sobre la situación y tratando de idear algún plan para zafarme del embrollo en el que me había metido por una simple estupidez. Sin embargo, justo cuando creía que había encontrado la respuesta a mis preguntas, la puerta del aula se abrió y tras ella apareció una chica, la misma que se sentaba al frente y que el día anterior había intentado darme alguna especie de discurso de bienvenida.
Patético…
Desvié la mirada nuevamente hacia la ventana, sin ánimo de hacer alguna otra cosa diferente. Las ramas de los árboles se mecían con el viento de afuera y en la distancia se veía un leve flujo de estudiantes que comenzaban a llegar al instituto, avanzando uno tras otro de forma desordenada, algunos en grupo y otros completamente solos.
Y todo habría estado en orden de no ser porque minutos después escuché una voz hablarme, entre temblorosa y dubitativa, proveniente de la única persona que estaba compartiendo aula conmigo en ese momento.
—Ayer no tuve oportunidad de hablar contigo, pero bueno, mi nombre es Sakura Kinomoto y sólo quería decirte que si quieres, puedo mostrarte el instituto después de clases, supongo que te gustaría saber dónde estarás estudiando y…
—No me interesa.
—No he terminado.
—No me interesa que lo hagas, en dado caso —su ceño se frunció notablemente en una muestra de enojo y yo sentí que una carcajada estaba por escapar de mi boca, al presenciar el espectáculo tan particular.
Sin embargo, justo cuando estaba por hacerlo, la chica al frente pareció recobrar la compostura y luego de susurrarse a sí misma quien sabe que cosas, volvió a hablarme, con decisión.
—Ya sé que no te interesa nada, pero en Tomoeda las personas somos lo suficientemente amables como para querer ayudar a los recién llegados a adaptarse a la ciudad —dijo y yo levanté una ceja, con sarcasmo—. De todos modos, mi invitación sigue en pie, si la aceptas sólo debes decírmelo.
—No sé cómo sea en esta ciudad, pero no suelo aceptar invitaciones por parte de personas hipócritas que sólo hacen las cosas para quedar bien —sentencié, levantándome de donde había estado y ella volvió a mirarme, con duda—. Odio a las personas falsas como tú y no necesito nada de ti, créeme, así que ahórrate tu invitación.
—No me conoces como para decir que soy una falsa —contestó, sin despegar su mirada de la mía—. Y en cambio, Li, yo de ti puedo decir que eres una persona llena de rencores e inseguridades y que por eso te comportas así —una risa se escapó de mi boca al escuchar el patético argumento y al hacerlo ella se sonrojó, como si estuviera pasando la peor de las vergüenzas.
Sí que era una chica estúpida.
—Eres una persona muy "simpática" Kinomoto —aseguré, llenando el comentario con todo el sarcasmo que pude encontrar dentro de mi ser—. Pero necesitas más que eso para hacer que yo tome importancia de cualquier cosa que digas.
—Si esa es tu visión, no puedo cambiarla y a pesar de los insultos, mi oferta sigue en pie, no pretendo discutir contigo.
—Ni yo contigo, ya te dije, no me interesa nada que venga de nadie, así que guárdate tu oferta, no la necesito —sin afán de seguir viéndole la cara a la niñata esa, me dispuse a salir del aula, entendiendo que mi atmosfera de tranquilidad se había visto invadida por esa estúpida interrupción y ahora necesitaba con urgencia encontrar algún lugar para esperar a que las clases iniciaran, en completa soledad, justo como a mí me gustaba.
Además de que todavía necesitaba planear mi venganza y ya había perdido tiempo gastándolo en rebatir ofertas inútiles, de parte de una chica con la que no deseaba interactuar, por lo tonta e hipócrita que me resultaba.
Otra cosa más que añadir a la lista de razones por las que el imbécil de Hayato merecía morir.
(Sakura)
—¿Eso te dijo? —largué un suspiro sin atreverme siquiera a responder con una afirmación. Tomoyo me miró con cierta incertidumbre, antes de que su mano se dirigiera a mi hombro en una muestra de apoyo, pero no sabía ni que decir o hacer en un momento como ese, si agradecer o continuar pensando en las razones que podría tener Li para atacarme de esa manera tan hostil y grosera.
Si bien ya había pensado en la posibilidad de ser rechazada de forma cruel, nunca esperé que fuera de esa forma y menos con comentarios prejuiciosos respecto a mis aparentes falsas intenciones o "hipocresía". Jamás en mis diecisiete años de vida me había sentido tan insultada y Li se estaba llevando el título al mejor cretino de la historia.
¿Cuál era su problema?, es decir, tampoco es como si fuera a morir porque el chico me dijera que no le interesa recibir ayuda de nadie y mucho menos si esa ayuda proviene de mí, pero no creía que fuera el modo para expresarlo. Si tanto deseaba dejarme claro que no quería nada, bastaba con decirlo de forma cortés y amable, pero no, muy por el contrario se dedicó a llamarme falsa, siendo que yo me había acercado con las mejores intenciones del mundo.
Bueno, también estaba el factor Kaho Mizuki, porque había sido gracias a ella que me decidí a intentar presentarme nuevamente, pero con esto, estaba segura que mis ganas de hablar con Li se habían ido directamente al garete y que cualquier intento de mi cerebro por convencerme de acercarme, quedarían sólo en eso, en ideas absurdas que me encargaría de reprimir personalmente.
No planeaba morir siendo tan joven, además.
—Sólo quería cumplir con el favor que me pidió la profesora Mizuki, pero supongo que comprenderá que con el carácter de Li no se puede lidiar —hablé—. Además, ahora tengo muchas otras cosas en las que pensar y todas son más importantes que esto.
—¿Te refieres a trabajar con tu padre? —preguntó, yo asentí—. En ese caso, siento que deberías aceptar, es la oportunidad perfecta para ti, ¿O es que ya no te interesa estudiar psicología?
—Aún no lo sé, hay muchas otras cosas que llaman mi atención, pero no te puedo negar que me interesa trabajar con mi papá, no sólo por lo mucho que puedo aprender, también porque podré convivir más tiempo con él y ayudarle para que descanse aunque sea un poco.
—¿Sigue quedándose dormido en el sillón del estudio?
—Desde hace más de un mes— respondí—. Viéndolo de esa manera, creo que voy a llamar a papá durante el receso para decirle que acepto, no puedo permitir que eso siga pasando y Touya está igual de ocupado como para ayudarme a que las cosas sean diferentes.
—¿Y la señora Akiko?, porque si mal no entendí, vas a tener que sacrificar un poco tu trabajo de medio tiempo para convivir con el chico ese, ¿no?
—Tal vez sean algunos días, pero estoy segura que ella comprenderá, la señora Akiko es una mujer adorable —expliqué—. Sólo espero que ese chico no sea tan difícil como Li o no sé qué es lo que voy a hacer.
—Por eso no te preocupes Sakura, tu puedes con todo, eres una guerrera —reí ante el comentario y mi amiga hizo lo mismo poco después, ambas permanecimos en silencio, mientras el aula de clases continuaba llenándose y los minutos antes de que la clase comenzara seguían pasando.
Tal vez Tomoyo tenía razón. Había podido con cosas más complicadas que lidiar con un chico de carácter difícil y si el nuevo paciente de mi padre resultaba igual que Li, por lo menos ya tenía un poco de experiencia, considerando el episodio de hacía un rato, que había venido acompañado con insultos y palabras mordaces.
Sonreí antes de voltear a la ventana. Por lo menos Li me había ayudado en algo.
(Shaoran)
Ieran se había mantenido en un silencio mortal y completamente inusual desde que habíamos llegado hasta el consultorio del dichoso terapeuta, en una escena que estaba crispándome los nervios, además de que ya me sentía lo suficientemente estúpido de estar en un lugar como ese, siendo que yo no estaba loco.
Me recargué sobre el sillón en el que estábamos sentados y contemplé con fastidio el entorno. La sala de espera estaba en completo orden, tenía algunos detalles decorativos, plantas en rincones específicos de la habitación y un enorme reloj en una pared, el mismo que no ayudaba en nada a que mi desesperación disminuyera, porque entre más pasaba el tiempo, más creía que estaba perdiéndolo innecesariamente.
No había podido escabullirme de mi madre de ninguna manera. Para mi sorpresa, cuando atravesé el umbral de la puerta del departamento, luego de que las clases terminaran, ella ya estaba esperándome, con los brazos cruzados y el mismo gesto de reproche que no había quitado desde el día anterior de su cara. Me pareció increíble que hubiera sido capaz, incluso, de pedir un día libre en su trabajo para dedicarlo exclusivamente a mí y fue en ese mismo instante que me lamenté el haber pensado que estaba demasiado enfrascada en cumplir con sus tareas cotidianas, como para prestarme atención, porque lo sucedido estaba revelándome todo lo contrario.
Y es que mi madre era como una maldita piedra en el zapato cuando quería…
Debieron pasar algún par de minutos más, antes de que la puerta del consultorio finalmente se abriera y por ella saliera una mujer joven de unos treinta, con un pañuelo entre las manos, los ojos llorosos y una media sonrisa que distaba mucho de ser genuina.
La imagen perfecta de la superación personal…
—Tú debes ser Shaoran, ¿no es así? —giré mi cabeza, luego de quitar mi atención de la figura de la mujer de antes y fue entonces que mis ojos se encontraron con un hombre de aspecto aparentemente amable. Llevaba puestas unas gafas redondas en su cara, un traje gris y un reloj antiguo que prendía de uno de los bolsillos de su saco, que dentro de todo, era lo único que llamaba mi atención.
—Sí, soy yo —respondí mecánicamente, tratando de no parecer maleducado o de lo contrario estaba seguro que Ieran iba a golpearme, pues no podía suponer lo contrario, siendo que estaba viéndome amenazadoramente, desde su lugar en el asiento contiguo.
—Es un placer, mi nombre es Fujitaka Kinomoto y voy a ser tu terapeuta de ahora en adelante —tuve unas serias ganas de vomitar en el momento en que el loquero hizo uso de la palabra "terapeuta", pero tuve que contenerme bastante para no hacer ningún gesto de malestar, por aquello de que no quería ser brutalmente asesinado por Ieran.
—En cuanto termine de hablar con su hijo, me gustaría intercambiar algunas palabras con usted Señora Li, si no le molesta.
—Para nada doctor, yo espero —Ieran sonrió amablemente, en el primer gesto de gentileza que había visto de su parte en el día y yo tuve que levantarme de donde estaba en el momento en que el hombre me extendió un brazo para indicarme que entrara a su consultorio del terror.
Cuando me adentré al lugar que quedaba apenas unos pasos lejos de la sala de espera, me di cuenta de que se trataba de una especie de museo de antigüedades. Un escritorio al centro, un estante de tamaño considerable con un montón de libros y a un costado el típico diván de psicólogo con un sillón al lado.
Perfecto, jodidamente perfecto.
—Toma asiento, por favor —indicó, pero yo no estaba del todo seguro en obedecer a esa indicación y menos ahora que Ieran ya no estaba ahí para amenazarme con la mirada—. Puedes sentarte en donde tú quieras, no tiene que ser específicamente en el diván —no quise hacer un drama respecto al lugar en el que quería estar, así que opté por sentarme en el sitio que era específico para eso, por mucho que no estuviera de acuerdo en hacer nada y menos en "charlar" con ese sujeto desconocido.
El hombre sonrió complacido y seguidamente tomo su lugar en el sillón de al lado.
—Veo que no te agrada mucho estar aquí, ¿me equivoco?
—No, pero no tengo opción —confesé, él volvió a sonreír.
—Tu madre me dijo que tienes algunos problemas con muchachos de tu edad, al parecer te desagradan un poco —quise reírme ante la palabra "desagrado", pero reprimí el impulso en el momento en que le vi hablarme nuevamente—. Quisiera saber ahora tu versión de la historia, si no te molesta.
—Mi madre le ha dicho todo, no creo que tenga algo más que decirle.
—¿Estás seguro de eso? —el hombre me miró como si tratara de develar algún secreto que probablemente estaba guardándome, pero no hice nada para evitar su escrutinio, al contrario, me mantuve viéndolo fijamente.
Por alguna razón se me hacía conocido.
—Mire, lo único que puedo decirle es que no me agrada la idea de estar aquí sólo porque me defendí de un par de idiotas en el instituto —contesté, sin reparos—. Si vine es para darle gusto a mi madre, pero no soy un desquiciado y tampoco estoy loco.
—Agradezco mucho tu sinceridad Shaoran, no todos los pacientes dicen lo que realmente sienten durante la primera sesión —respondió, complacido, y yo levanté una ceja sin entender a qué iba el "halago"—. Y es evidente que no estás loco, si te encuentras en este lugar, es porque tu madre se preocupa por ti y quiere que te relaciones mejor con otros muchachos de tu edad.
—No es mi estilo relacionarme con nadie —agregué, haciendo especial énfasis en la última frase—. No lo necesito tampoco, me siento bien solo.
—La soledad es buena a momentos, pero también puede ser divertido compartir instantes de nuestras vidas con otras personas —rebatió—. No tienes por qué relacionarte con alguien que no te agrada, pero para saber eso primero tienes que conocer un poco más a los otros.
—Basta con verlos, eso dice muchas cosas.
—Puede ser, pero no puedes juzgar a un libro sólo por su portada —aseguró—. Dime una cosa Shaoran, ¿te gusta leer?
—Sí.
—En ese caso, quiero proponerte algo —el sujeto se levantó de donde estaba y caminó hasta el estante con libros, luego de pensarlo un poco tomó uno de tamaño considerable y seguidamente volvió hacia mí —. Quiero que leas esto, seguramente podrás terminarlo para nuestra próxima sesión la semana entrante, si no te agrada, entonces podrás retirarte de la consulta y no regresar, pero si por el contrario, la lectura te complace y la historia del libro te parece interesante, tendrás que continuar con las sesiones cada semana hasta terminar, ¿te parece?
—Supongo —el hombre sonrió nuevamente y yo desvié mi mirada hasta posarla sobre la portada del libro. El título llevaba por nombre "Cerezo Agridulce" y estaba envuelto en ramas con flores rojas y pétalos que hacían la ilusión de caer hasta la base.
Así como se veía seguramente se trataba de uno de esos libros de temática cursi que a mí no me gustaban para nada, pero ya había hecho un trato con el loquero y por mucho que me desagradara no iba a echarme para atrás, además de que era más que seguro que la lectura en cuestión terminaría por hartarme.
Lo ojeé un poco, tratando de ver de cuantas páginas estaba compuesto, pero no pude terminar con mi inspección cuando escuché la voz del sujeto nuevamente.
—Quisiera agregar una clausula más a nuestro trato, si no te molesta —lo miré y asentí, incitándolo a continuar—. Junto con el libro, tendrás a un compañero de terapias a partir de ahora, es una muchacha con la que deberás convivir en los próximos días, con el propósito de que puedas relacionarte mejor con otras personas.
—¿Y eso para qué?, ya le dije que…
—Entiendo bien tu punto de vista y podrás librarte de las terapias y de tu compañera si el libro no es de tu agrado, justo como acordamos —respondió, interrumpiéndome—. Sin embargo, hasta entonces, me gustaría que hablaras con ella, es de tu edad, así que probablemente tengan cosas en común, además de que asiste al mismo instituto.
—¿Sólo será por una semana?
—Si el libro no te agrada, sí —suspiré con fastidio, antes de asentir, sin estar del todo convencido con la idea—. Perfecto, entonces la haré pasar para que se conozcan —quise replicar que no era necesaria ninguna absurda presentación ni nada por el estilo, pero cuando intenté hacerlo el loquero ya había caminado hasta la puerta y luego de hacer un gesto con una de sus manos llamó a la supuesta "compañera de terapias".
En el momento en que la vi atravesar el umbral, supe inmediatamente que la semana se iba a convertir en un verdadero infierno y que la vida me odiaba bastante, además de que me reproché una y otra vez el no haber puesto atención a los detalles que estaban rodeándome, como lo era el maldito apellido del terapeuta.
Puta suerte de mierda.
—Ella es Sakura y estará conviviendo contigo de ahora en adelante.
N/A:
¡Hola, hola, hola!
Pues bien, me he tardado un poco por aquello de las ocupaciones, universidad y otros etcéteras, el capítulo ya estaba listo desde antes pero le hacían falta algunas correcciones. Espero que así como quedó les guste tanto como me gustó a mí el resultado final y que la historia les siga pareciendo interesante, justo como me hicieron saber en sus reviews ;)
Como ya leyeron en el capítulo, Shaoran ya empezó con sus terapias xD y se ha llevado una enorme sorpresa al final, Sakura y él han tenido también un breve "enfrentamiento" y lo que sigue… ya lo verán en los siguientes capítulos xD por ahora tendrán que soportar el ligero suspenso xDD
Pasando a otra cosa…
Ustedes saben lo mucho que aprecio a los que se toman el tiempo y la dedicación de leer los capítulos, así como los que siguen la historia y la agregan a sus favoritos. Leo cada uno de los reviews que me dejan porque me interesa conocer su opinión y me hace sentir infinitamente halagada que mi trabajo les guste. Igual me gusta resolver todas sus dudas y es por eso que procedo a responder una pregunta que me hicieron y que causo una pequeña confusión en los reviews del cap. pasado, respecto al por qué se retrata a Shaoran de la misma manera en todos los fanfics, como un chico malhumorado, solitario y que trata mal a la adorable Sakura.
Hablando por mí, la personalidad de Shaoran la he escrito así porque a mi apreciación personal, nuestro castaño favorito en el anime/manga original es solitario, callado, sin amigos y en un principio se llevaba terrible con Sakura xD. Evidentemente hay detalles que estoy agregando y hasta cierto punto exagerando, pero créanme que tienen su razón de ser y serán explicados conforme la historia avance.
Esta historia está hecha con la finalidad de entretener y que mis lectores pasen un rato agradable leyendo, respeto mucho si a algunos la historia no les gusta, no les llama la atención o que tengan una opinión diferente de ella, no tengo ningún problema con que pasen del fic, porque sé que hay muchos otros que pueden leer y les pueden parecer mucho mejores que este, es simple cuestión personal de cada quien y como ya dije, se respeta totalmente ;)
Pero bueno, no se hable más del asunto…
A todos los que les ha gustado la historia, quiero agradecerles por su apoyo y los reviews y decirles que aprecio muchísimo sus comentarios, siempre logran sacarme sonrisas y cooperan mucho a que la musa llegue a llenarme de inspiración xD. Espero estar muy pronto por aquí con el capítulo cuatro y ya saben que dudas, comentarios, sugerencias, etc, etc, pueden dejármelas mediante review, PM o vía Facebook, cuyo enlace está en el profile, como siempre ;)
¡Gracias por leer hasta aquí y que las musas siempre los acompañen!
Bye-Bye
